LA ESENCIA DE LA LANZA

Traducciones

Heino Gehrts, Alemania

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Ensayo se publicó por primera vez en alemán en 1984/85 – Jahrbuch der Klages-Gesellschaft, Bouvier Verlag, Bonn 1985, p. 71–103.

La lanza1 se siguió utilizando en Europa hasta hace muy poco, aparte de la lanza para jabalíes, ahora mayormente decorativa, y la lanza deportiva especializada. Me topé con esta arma hace poco más de medio siglo durante una maniobra del Reichswer. En aquel entonces, su caballería todavía estaba equipada con lanzas –veinte años antes de Hiroshima. La lanza emblemática que uno de mis amigos encontró en Mallorca era incluso más joven, treinta años menor. Apareció en la vida cotidiana: en dos vestuarios, inicialmente utilizados indiscriminadamente por los huéspedes, lo que causó molestias y provocó cambios. Estos se diferenciarón más tarde por dos cuadros: uno de un hombre con una lanza en su mano derecha y otra de una mujer con una cesta en la cabeza– una antigua polaridad, como veremos.

La lanza más antigua2 que conocemos fue hallada en Lehringen, cerca de Verden an der Aller. Hecha de madera de tejo, medía 2,40 metros, estaba afilada con cuchillos de piedra y endurecida al fuego.3 Según la teoría astronómica, su antigüedad se estima en 150,000 años. La lanza estaba clavada entre las costillas de un elefante de bosque euroasiático. Durante cientos de miles de años, la lanza ha acompañado a los humanos; ¿cómo no iba a estar su esencia profundamente entrelazada con la de los humanos? ¿Cómo podría, habiendo perdido su presencia física, no poseer una presencia aún mayor a través de su mera ausencia?

Lo que sigue es una pequeña fracción de lo que significa este antiguo dispositivo humano y lo que varios pueblos y épocas han desarrollado a partir de él como una experiencia de significado (Sinnerlebnis4).

Entre las numerosas asociaciones con el nombre y la imagen de la lanza, recordemos algunas formas importantes en las costumbres y la literatura. Estas incluyen la lanza del gobernante, la lanza imperial, la lanza de Longino en la leyenda cristiana primitiva, la lanza del Grial en la leyenda medieval, la lanza de Odín en la mitología nórdica, las lanzas de culto en los grabados rupestres escandinavos y los ídolos de lanza de muchos pueblos. Ante tantos ejemplos, solo podemos seguir un camino estrecho. Aun así, creo que nos lleva al centro del bosque, a la esencia de la lanza. Los ejemplos anteriores son manifestaciones particularmente distintivas de esa esencia.

El propósito de caza de la lanza de Lehringen, la más antigua de todas, es evidente. Algunos podrían pensar que nada podría ser más simple que un comienzo así. Sin embargo, supongo que quien la empuñaba entonces veía un significado más allá de su propósito práctico. La investigación racional a menudo pasa por alto o subestima esto, tratándolo como algo meramente accidental. Se dice que la sustancia física cumple una función, mientras que la esencia de la imagen se considera un accidente. En su libro sobre los nativos americanos, publicado hace varios años, Lindig y Münzel informan que las lanzas de caza de ciertas tribus «solían servir como emblemas de sociedades guerreras… De esta manera, su función original cambió», continúan, «y conservaron su significado simbólico incluso después de ser reemplazadas por armas de fuego»5. Estos etnólogos, por lo tanto, consideran la lanza como un objeto portador de significado, una modificación de una herramienta de caza práctica. Saben que la caza era en gran medida un ritual para los pueblos indígenas y que, por lo tanto, la lanza era un objeto ceremonial.

Mis exposiciones se basan, por lo tanto, en la premisa de que los seres humanos siempre han experimentado una esencia en un dispositivo, es decir, en el portador de una función, y que el uso del objeto y sus transformaciones han estado significativamente determinados por este significado experimentado. Partiendo de esta premisa, cuento con el apoyo de al menos todos aquellos investigadores que ya sitúan la invención de los dispositivos primitivos en el ámbito del significado experimentado y la representación del significado, y que solo admiten que surja un uso práctico posteriormente, lo que podría incluso conllevar una pérdida de significado.6

Por supuesto, incluso en esta arma más reciente, hay mucho más que experimentar de lo que sugieren el combate y el entrenamiento. Por lo tanto, la abolición de la lanza ha encontrado resistencia por parte de líderes militares reflexivos incluso en tiempos recientes. No fue en vano que en el siglo XVII, un líder militar tan importante como Raimund Montecuccoli, mariscal de campo, líder de las tropas imperiales y, junto con Turenne, el escritor militar más importante de su tiempo, afirmara: “La lanza es la reina de las armas”7. Bismarck también se pronunció en contra de la abolición de la lanza para toda la caballería en 1870. Su razonamiento es psicológico, una conclusión que a menudo pasan por alto los tácticos; Bismarck cree que “la lanza le da al hombre una gran confianza en sí mismo».8

La forma en que el hombre se representa en la lanza y su importancia en la comunidad tribal puede derivar de una costumbre de los Hamar etíopes, entre los que solo uno de cada veinte hombres tiene derecho a hablar en la asamblea tribal.9 Sin embargo, los pocos oradores forman una jerarquía en la que el orden de sus apariciones está regulado y determinado también por el comportamiento del hombre durante su discurso. Además, la escena no se limita a un discurso, sino que está estructurada y organizada, comenzando con acusaciones y reproches contra la multitud de hombres, continuando con su respuesta coral y la aparición de otros oradores individuales; un evento dramático seguido de danzas tempestuosas en las que participan todos los guerreros y sus mujeres. Sin embargo, el inicio de todo, que puede culminar en una campaña militar decisiva, reside en el hecho de que el orador principal revela su lanza. Porque cada orador tiene una lanza que simboliza su privilegio… (y) antes de que el Hamar comience a hablar, retira la vaina de cuero que protege la afilada hoja de su lanza…». Luego se unta con el contenido estomacal del animal sacrificado y comienza su danza retórica. Los siguientes oradores, sin embargo, solo pueden comenzar después de que se les haya entregado la lanza que fue revelada primero.

Este significado, el sí-mismo del hombre en su lanza, también se encuentra en relatos antiguos o primitivos, y algunos de estos informes se citan aquí. En la Argonáutica de Apolonio de Rodas, I, p. 460 y ss., Idas, el hermano de Linceo, jura que sus compañeros no encontrarán la desgracia destructiva, que ninguna empresa fracasará mientras él los apoye, incluso si un dios se opone a ellos, y hace este juramento sobre su lanza: «…la lanza me es más útil que el propio Zeus». Más profundo que este discurso presuntuoso parece es lo que una saga islandesa cuenta sobre un joven llamado Ref.10 Como en muchas historias, primero nos presenta a su futuro héroe como Kolbitr11, quien malgasta su vida en el hogar. En respuesta a las palabras provocadoras de su madre, que le exigen que se vengue, se pone en marcha, lanzando su lanza delante de él y luego saltando detrás de ella. Consigue vengar al verdugo de su madre, pero antes debe abandonar el país, lo que lo impulsa a emprender hazañas aún mayores y a una vida de logros. En esta partida ejemplar, vemos, de una manera muy particular, cómo el héroe, con su lanza, se abre camino en el terreno accidentado de su vida, lo que finalmente lo lleva a cumplir su destino. Con su lanza, expande el estrecho espacio que ha ocupado hasta ahora hacia la inmensidad que, en realidad, le pertenece por derecho.

Con sus lanzamientos iniciáticos, Ref se trasciende a sí mismo y a lo que ha sido su ser hasta ahora. Sin embargo, siempre permanece arraigado en el mundo físico de los actos que le han sido impuestos. Los cuentos de hadas describen lanzamientos similares. No obstante, en estas historias, el hombre abre los confines del mundo físico al mundo de otros seres. El lanzamiento da «espacio» al verdadero impulso humano de trascender todo lo que existe. Este es un motivo introductorio muy extendido que también aparece en cuentos de hadas locales. Lo conocemos del cuento de hadas Achmed y Peri Ban, donde los hermanos príncipes compiten con flechas por la codiciada novia. Aquí, como suele ocurrir en culturas que usan arcos, la flecha representa la lanza del hombre. En un cuento de hadas de Kordofán12, dos hermanos usan sus lanzas. Pero no las lanzan en una competición. En cambio, los hermanos mayores clavan sus lanzas en el suelo frente a la casa de su novia elegida dentro de la aldea. Solo el menor realiza el lanzamiento fatídico hacia el vasto espacio exterior. Al igual que el príncipe Achmed, no encuentra su arma en el lugar donde pudo haber caído, ni en ningún otro sitio cercano. «Mi lanza», dice, «ha sido mi mejor amiga desde niño; no puede haberse escapado de mí como una esclava rebelde». «Mi lanza no es tonta como un palo de choza. Sabe que debo buscarla como una madre busca a su hijo. ¿Qué ha hecho mi lanza?». Más tarde, cuando tiene a la niña mono en su casa, sentada en el árbol atravesado por su lanza, comienza a ver más allá de su naturaleza etérea por primera vez. Al vislumbrar su cabello de seda dorada entremezclado con piel de animal, pasa la mano sobre la lanza y le dice: «Amiga mía, puedes volar bien y correr lejos, pero no puedes hablar. ¿Qué más podrías decirme sobre esto?».

En el lenguaje simbólico y cargado de significado de un cuento de hadas osetio13, el curso del destino se desarrolla así. El compañero del héroe es el hermano de su madre. Ha forjado un enorme arco y flechas con carros llenos de acero para el viaje nupcial de su sobrino. Al partir, reza esta plegaria: «¡Oh, Dios mío, Dios de dioses! Disparo esta flecha, que vaya delante de nosotros, que abra un surco como un arado y llegue al lugar donde… (la novia llamada Luz del Corazón)… está; ¡pero allí permanecerá clavada en la tierra!». Los dos cabalgan entonces por el camino arado. Al llegar a su destino, la flecha se clava en la tierra. Siete gigantes luchan en vano por sacarla.

Luz del Corazón también es una novia del mundo de otros seres, como la niña que aparece por primera vez como un mono en el ejemplo anterior. Esto se hace aún más evidente en un cuento de hadas chukchi.14 Allí, un hombre se casa con una osa, y sus hermanos se la llevan. Para traerla de vuelta a casa, parte hacia la tierra de los osos y tiene que cruzar el mar. Lo hace disparando cuatro flechas al agua, una tras otra. Las flechas crean una franja de tierra en la dirección en la que viaja, hasta que llega a la orilla opuesta con la última flecha y se encuentra con los hijos que la osa dio a luz.

En un relato mítico de los Koryaks del este de Siberia, el otro mundo al que se llega se nombra explícitamente.15 Allí, la esposa de Ememqut, hijo del Gran Cuervo, fue raptada por un Kala, un demonio del inframundo, que emergió del fuego del hogar y desapareció con ella. Poco después, Ememqut se enteró de esto por una araña, que le dio una flecha para despejar el camino. Regresó a casa, tomó la flecha y la disparó al camino de fuego que conducía al inframundo, el cual se abrió ante él. Al llegar, encontró al Kala dormido. Tomó a su esposa y regresó con ella a través del hogar. Luego, sacó la flecha. El camino se cerró y el fuego volvió a arder. En las culturas rituales, los centros, incluido el hogar de la casa, son las puertas habituales a los mundos superior e inferior. En nuestro ejemplo, lanzar una flecha abre el camino.

Hay filósofos culturales que también hablan de la lanza como una proyección de un órgano,16 como si fuera un cuchillo sujeto a la punta de un asta, para que los humanos puedan cortar incluso donde no están. Pero si hablamos de una proyección, entonces lo que se proyecta no es un órgano, sino el sí-mismo, el alma del propio lanzador de lanza. Estas palabras también evocan el misticismo del tiro con arco, donde el círculo del arco tensado representa el universo y la flecha en la cuerda representa al arquero.

Con nuestros relatos de la fatídica apertura del camino por la lanza y la flecha, con el objetivo de la autorrealización del hombre, ya hemos avanzado mucho en el reino donde la lanza arrojada revela un poder creativo. Volvamos primero a este concepto en sí. Desde el principio, reemplacemos el concepto empobrecido de la lanza, tal como lo ha desarrollado la investigación racional, con algunas imágenes vivientes. La primera proviene de la epopeya tibetana Gesar. Proporciona una descripción de una lanza en la que también se aclaran las partes principales del arma: el asta con su empuñadura en la sección central, la punta y la zapata.17 «La lanza que sostiene en su mano es un bambú negro que ha crecido alto. Desde la mitad hacia arriba, ha sido endurecido en agua venenosa. El enemigo muere con este veneno negro. Desde la mitad hacia abajo, fue frotado con las seis mejores medicinas. Esta medicina nutre el corazón del héroe (…). La punta de la lanza estaba hecha de hierro fuerte. El centro fue forjado a partir de hierro fundido sólido y caliente. La punta afilada (que probablemente se refiere a la base de la lanza) fue forjada en bronce caliente. (…) Cuando la punta de la lanza llega al enemigo como una lengua de fuego llameante, y él es como hierba seca, se incendia inmediatamente. Cuando el centro de la lanza aparece como una serpiente venenosa que se alza con su lengua venenosa, no hay salvación. Cuando el asta de la lanza se apoya contra la roca, cien hombres fuertes apenas pueden moverla.» La base de la lanza proporciona estabilidad en el suelo.

La leyenda irlandesa cuenta la historia de la lanza de Celtchar, llamada Luin. Es un arma veloz y valiente. Como muchas otras armas milagrosas, se inquieta antes de las batallas y las predice.

Esta lanza está tan llena de fuego que brotaría del asta en torrentes rojos y quemaría a su portador si no se mantuviera constantemente fría. Debe sumergirse en un caldero negro sediento de sangre lleno de la horrible sangre de perros, gatos y hechiceros. Cuatro mercenarios sumergen la punta de su mano en él cada hora, cuando la furia de la lanza la invade, para apagar su rabia venenosa.18 La lanza que hemos experimentado es un ser vivo. «Toda buena arma tiene poderes mágicos», escribe Ernst Jünger en Marmorklippen. «Nos sentimos maravillosamente fortalecidos con solo mirarla».19 Los poetas del Tíbet e Irlanda han capturado esta realidad del arma de lanza en imágenes emocionantes. En las visiones de su ser interior, la lanza aparece llena de fuego. El lugar donde brota el fuego es la punta. Allí se hace visible, en forma de banderín o estandarte.

Por lo tanto, los antiguos estandartes de Europa eran rojos o dorados. El Oriflamme francés, que significa flamma auri, y el estandarte imperial de fuego, descrito por Carlos IV, llevan un nombre similar.20 En el antiguo Irán, donde la doctrina del fuego constituía el trasfondo, esto también era importante. El portador divino del estandarte, Vroragna, el dios del ataque victorioso, es llamado barô.xvarenă, que significa portador celestial del fuego, en una de nuestras fuentes (Videvdat).21 Sin embargo, esta visión no se limita a una perspectiva iraní. En cambio, es una comprensión de la esencia de las cosas que se revela allí a partir de la actitud particular y, por lo tanto, tiene validez general.

Profundicemos un poco más. Si la antigua lanza de Lehringen presenta quemaduras en la punta, no necesariamente significa que se endureciera al fuego por razones prácticas; también podría decirse que muestra rastros de fuego en la punta. Ampliaremos este análisis más adelante. Ahora, tras esta introducción, que abordó diversas conexiones, pasemos de forma más sistemática a la esencia espacial de la lanza.

El guerrero tibetano no describe su lanza como bajada en la carga de un jinete contra el enemigo. En cambio, está erguida: la punta está arriba, no al frente, y la base está abajo, no atrás. La lanza entera se compara con un bambú maduro. El verdadero poder y la esencia de la lanza se revelan aquí y en innumerables mensajes en el plano vertical. Por eso, por supuesto, los grandes lanceros se mantienen de pie. Nosotros tampoco tomaríamos una lanza tumbados. Algunas costumbres de lanza de Roma y Germania se basan en este entendimiento. El romano hasta es un nombre directamente relacionado con la palabra alemana Gerte (bastón, ramita; cf. gótico gazds, nórdico antiguo gaddr). Combina los significados de asta y lanza. El hasta era el arma nacional de la antigua Roma. Según Macrobio, el nombre que los romanos llevaban como ciudadanos, Quirites, se remontaba a una palabra sabina para lanza curis = quiris.22 La lanza también era la antigua insignia de los reyes romanos. En forma de hasta pura sin hierro, era el honor militar más antiguo. Legalmente, la hasta era un símbolo de justum dominium y se erigía como «hasta fixa o posita en el Foro Romano, especialmente en el tribunal centumviral».23 Convocar a dicho tribunal se denominaba centumviralem hastam cogere, literalmente: reunir la lanza de los cien hombres.24 Varios actos jurídicos, subastas y arrendamientos también se realizaban bajo el signo de la hasta levantada. De ahí el uso reciente de la palabra subhastation en el lenguaje jurídico alemán para la venta obligatoria de bienes inmuebles, bajo la hasta erguida.

Para la corte germánica, debemos imaginar también la lanza como un signo colocado en el centro del recinto consagrado de la asamblea. Esto se indica mediante la palabra lombarda gairethinx, formada por gaire (de Ger, es decir, lanza) y thin (cosa). Diversas costumbres individuales también lo demuestran. Según una proclamación de la ley consuetudinaria (Weistum), el Zenner —el juez de cien— golpea tres veces la lanza erguida durante las proclamaciones y anuncios solemnes. Esto ocurre en actos de proscripción, destierro y condena, por ejemplo, con el grito: «Hombre culpable, te proclamo hoy; tu esposa quedará viuda; tus hijos, huérfanos; sufrirás la orden del rey Carlos; cabalgarás sobre un árbol estéril…».25 En otros casos —y especialmente en épocas posteriores— este rasgo esencial de la lanza se transfirió al bastón del juez. Durante todo el juicio, el juez lo sostenía erguido; levantarlo y bajarlo marcaba la apertura y el cierre formales del tribunal. A veces, la lanza se sustituye por un simple asta o un cetro, del que cuelga el escudo del patrón que protege la corte o la asamblea. Como centro más solemne, donde el heraldo convoca a toda la caballería feudal a la guardia nocturna, la lanza o asta (lignum) aparece en la Dieta Imperial en los campos de Roncaglia. Se erige aquí in altum, es decir, en una colina designada para tal fin, y se cuelga de ella un escudo, en este caso sin duda el de Federico I, el emperador, como señal de que la asamblea se celebra en su paz. Jacob Grimm añade que la erección del escudo del señor siempre pareció ser «el símbolo solemne de la presencia del príncipe en el ejército o en la corte».26 Tengamos presentes las palabras erección y presencia; son de crucial importancia para el simbolismo que aquí se analiza.

El wœpentacl27 anglosajón es una forma particularmente característica en la que la lanza del señor y la lanza del vasallo aparecen en la práctica habitual. El término en inglés antiguo también se refiere a un distrito judicial porque, por costumbre, el nuevo señor de la corte es recibido con un wapentac. El señor desmonta de su caballo en el lugar habitual y alza su lanza. Todos los reunidos tocan su lanza con la suya, confirmando así la paz del distrito y de la corte. Podría decirse que el seguidor, en la forma de su lanza bajada, rinde homenaje al señor, que aparece en la forma de la lanza alzada. De manera similar, en Alemania, los asesores jurados (Schöffen) se atan en el centro de la asamblea de la corte. Clavan sus lanzas con las puntas juntas en la tierra dentro del límite, las cuales, según Kalchofen,28 permanecen clavadas hasta el final de la corte y la lectura en voz alta del veredicto.

En un tribunal de Holstein, incluso en tiempos modernos, se declaró: «Estos buenos Holsten… han tomado sus astas, han alzado sus lanzas, han vuelto sus rostros hacia la ley».29

Hemos citado algunos ejemplos de la lanza erguida y la hemos comparado con el simple poste, el bastón y el árbol en crecimiento; el ejemplo tibetano menciona explícitamente el árbol. La lanza erguida se considera un símbolo del centro y se relaciona con la columna de la corte, el tilo de la corte, el pilar, el menhir como marcadores centrales y el poste sacrificial en el centro del lugar de culto. Esto refleja una experiencia humana primordial del centro y del símbolo que surge de él. A partir de esto, también podemos esperar comprender la esencia de la lanza. Debemos entonces preguntarnos qué sucede cuando se erige una lanza en el centro.

Para comprender esto, nos referimos a un mito, en consonancia con la afirmación de Bachofen: «El mito es la exégesis del símbolo».30 El mito en cuestión es sin duda uno de los más antiguos conocidos por la humanidad, pues está universalmente extendido y, por lo tanto, también aparece en Australia, cuyo patrimonio, por lo demás, diverge en muchos aspectos. Es un antiguo mito de los orígenes humanos, cuyo significado espiritual sigue teniendo efecto incluso donde ha sido completamente olvidado: es el mito de la separación del cielo de la tierra, que originalmente estaban cerca, de la tierra permaneciendo cerca y el cielo elevándose hacia sus alturas azules, y ambos a su vez conectados con la postura erguida de los humanos de pie sobre la tierra y extendiéndose hacia el cielo.31 El ser que provoca la separación del cielo y la tierra es un dios primordial o el hombre mismo, y también se encuentra con la planta en crecimiento, con la que un dios primordial asciende o que ella misma empuja el cielo hacia arriba. El ser primordial a menudo usa un bastón como herramienta, o tal vez un huso o un mortero –incluso involuntariamente—o una lanza. Particularmente conocido es el mito egipcio de Shu, quien alza a la diosa del cielo Nut mientras Geb, el dios de la tierra, permanece en las profundidades. Las representaciones pictóricas a veces también muestran los cuatro pilares del cielo que lo sostienen. En numerosas imágenes egipcias, el cielo se representa emblemáticamente como un rectángulo alargado o un arco. Está sostenido a cada lado por dos cetros. Basándonos en estas imágenes, las narrativas míticas y sus herramientas, podemos hablar de un mito del árbol, el bastón, el cetro y la lanza. En Germania, el mito de la separación del cielo y la tierra solo puede probarse indirectamente.32 Sin embargo, existen varias tradiciones sobre pilares celestes. Pensamos en particular en el mito del fresno cósmico, Yggdrasil –el mejor de los árboles en el centro del mundo. Allí, los dioses se reúnen diariamente para juzgar. También pensamos en el Irminsul, la columna universal casi sustentadora de todo, el soporte del universo. Incluso en este siglo, se registró una leyenda en la zona de Reichenhall. Describe un abeto gigante en Walserfeld como un pilar del cielo. Si se derrumbara, el cielo caería a la tierra.33

¿Qué aporta este mito a nuestra comprensión del centro, especialmente de la lanza y su posición vertical? Obviamente, el mito nos ofrece una imagen muy primigenia de la existencia. Con la elevación del pilar del cielo, se abre un espacio libre para la vitalidad humana. En este espacio, los seres humanos obtienen el aire para respirar y la luz para ver el mundo presente. Esta idea se narra a menudo explícitamente en los mitos. En el espacio del presente, el alma vive su apertura. Se percibe una primera noción del tiempo, que aún no se experimenta como un transcurso horizontal, sino como una elevación vertical, como la de una planta. La forma humana expresa esto en la postura primordial de oración: con los brazos extendidos hacia el cielo y la mirada alzada hacia las estrellas. Johann Gottfried Herder escribió unas pocas frases sobre este tema. En ellos, compara la dirección de la planta con la postura erguida de la persona que reza: «Así como la flor se mantuvo allí y, en su forma erguida, cerró el reino de la creación subterránea, aún sin vida, para regocijarse en el dominio del sol de la primera vida, así también el hombre se yergue de nuevo por encima de todos aquellos que se inclinan hacia la tierra. Con la mirada elevada y las manos alzadas, se yergue allí como un hijo de la casa, esperando el llamado de su padre».34 

Desde la perspectiva del mito de la separación del cielo y la tierra, esta es la imagen primordial del hombre: una imagen genuina y tradicional. Hoy, por supuesto, ha sido olvidada. El fotolibro de Ernst Haas, La Creación, puede considerarse sintomático. Contiene imágenes excepcionalmente buenas, típicas e ilustrativas de la vida de los elementos: paisajes, plantas y animales. Sin embargo, falla por completo al representar a los seres humanos, mostrando a una pareja desnuda arrastrándose indistintamente entre la hierba. Esto representa la pérdida del sentido de la vida en la imagen, la pérdida del árbol, del pilar del cielo, de la imagen del centro, e incluso de la lanza en la imagen del hombre. Es comprensible que esta pérdida central sea perceptible en todas partes. Durante cientos de miles de años, los humanos necesitaron un eje del mundo como símbolo de existencia, especialmente la lanza como compañera constante, como un segundo yo. La humanidad no abandona su antigua lealtad a símbolos tan sutilmente efectivos sin graves consecuencias.

Echemos ahora un vistazo rápido a África para confirmar lo que hemos logrado hasta ahora y la universalidad de la lanza.35 Allí también, la lanza erguida suele indicar la presencia del rey. Un ejemplo típico: en Nyoro, la lanza del rey se guardaba por la noche en la sala del trono, junto al trono, pero durante el día, un hombre debía mantenerla erguida en uno de los patios de la residencia real. No se podía bajar, sino que debía entregarse a un sustituto para los descansos, y solo en caso de emergencia se podía colocar en un soporte preparado para tal fin. Si el rey no podía cuidar de las vacas sagradas, se le representaba con una lanza. La muerte del rey no solía mencionarse explícitamente. Por lo tanto, se decía:

«¡Un árbol majestuoso ha sido arrancado de raíz!» Entre los Saramo, existían expresiones como: «¡El cielo se ha derrumbado!» «¡La lanza ha caído!» Esto vuelve a poner de manifiesto, de la forma más sencilla, el contexto mítico-ritual real.36

Tras examinar la lanza erguida como símbolo de existencia sostenida y encarnación de una condición determinada, como la presencia real o la corte, podemos ahora pasar a imágenes donde la movilidad de la lanza sugiere un aspecto diferente de su significado. En primer lugar, debemos preguntarnos cómo se coloca erguida. Esto lo encontramos particularmente en el simbolismo del poder: el establecimiento, la erección y la organización de un reinado. Estas expresiones originalmente denotaban gestos espaciales muy específicos. Aquí, también podemos ver cuán importante es el extremo inferior, la punta de la lanza. No debemos subestimarla junto con la punta y el asta. De la leyenda de Carlos proviene el siguiente ejemplo: Roland es investido con la Marca Hispánica cuando el emperador le entrega ceremonialmente una lanza con estandarte, y él mismo promete bautizar y proteger a los paganos. Luego sube a una hermosa colina con la lanza con el estandarte y se detiene allí sobre una piedra. La piedra pierde su fuerza, por lo que el asta de la lanza la penetra medio metro, como si fuera masa.37 En esta saga, vemos la interacción de dos símbolos de soberanía. La tierra recibe el impacto de la lanza en la piedra de la colina. Este acto asegura el reino para el rey predestinado y otorga a su antiguo poder flotante un lugar permanente entre los campos.

Aún más notable es un episodio legendario de la Crónica Imperial Alemana (Kaiserchronik). Trata sobre un acontecimiento que se remonta mucho más atrás: la batalla entre un duque bávaro llamado Adelgêr y el emperador Severo.38 Los bávaros avanzan hacia el oeste, cantando canciones de guerra. Los romanos (die Welschen, es decir, los pueblos de habla romance) no saben ni huir ni luchar. El propio emperador arroja su espada. Este acto no significa otra cosa que renuncia a su propia potestad. Es derribado por el portaestandarte bávaro. «Entonces el duque de Baviera clavó su flecha en el manantial de avellanos: “La tierra que he conquistado, para honor de los bávaros. De ahora en adelante les pertenecerá”». No hace falta decir que en los primeros tiempos germánicos, el manantial rodeado de avellanos era un santuario. Esto es comparable a la losa de piedra sobre la colina. Así, tras obtener una victoria, Adelger toma posesión del terreno y erige la lanza en un santuario o dentro de él.

En su fórmula para tomar posesión, el duque utiliza la palabra honor. El peso que esta palabra y su significado pueden tener en tales contextos se puede ilustrar con el siguiente suceso: una forma, hoy perdida, de dirimir disputas bajo el signo de la lanza mediante el combate. En un poema de Rudolf von Ems del siglo XIII, el conde de Henao y el duque de Brabante se encuentran inmersos en una implacable disputa.39 El origen de la disputa son problemas fronterizos, seguidos de los daños causados por la misma. Un intento de mediación por parte del gobernante de Francia, estrechamente emparentado con ambos bandos, fracasa. Uno de los contendientes entonces hace una propuesta: la disputa debe resolverse en un día específico. Dice: «Quiero que se clave una lanza en la tierra entre Henao y Brabante. Quien logre apoderarse de ella en la batalla será el vencedor». Más adelante, se describe la lanza: «Mientras tanto, la lanza había sido clavada en el suelo y se le había atado una bandera roja que brillaba intensamente desde lejos. Una pequeña colina, no muy alta, se extendía por la llanura, sobre la cual se podía ver la lanza». Más adelante, se repite: «…la colina donde la lanza había sido clavada en el suelo para la batalla». Se trata, por lo tanto, de un auténtico encuentro de espadas. La posición central de la lanza con la bandera en la colina lo subraya, en marcado contraste con la habitual división del campo en torno a dos estandartes opuestos.

Sin embargo, lo más sorprendente de todo el asunto es el efecto legal que supone para una de las partes ganar la lanza. Esta norma resulta aún más extraña en el contexto de esta disputa sobre «lo mío y lo tuyo». El duque acepta de inmediato y sin reservas la propuesta del conde: «Quien se lleve la lanza de aquí, sin que el otro pueda impedírselo, poseerá en adelante el premio y el honor del otro, y le dejará a su pueblo, con sus tierras intactas y sin quemar». En otras palabras, el derrotado en el encuentro queda satisfecho y reafirmado en sus pretensiones de posesión. El vencedor, mientras tanto, se apropia de un valor superior, encarnado en la lanza.

En las leyendas de Roldán y Adelgêr, alzar la lanza simboliza la ocupación. La colina, la piedra y el manantial de avellanos ya están allí como lugar sagrado, y el gobernante o su representante trae la lanza que confirma su autoridad y la clava en el centro.

Estas ocupaciones suelen ir precedidas de un lanzamiento de lanza. Este lanzamiento primero debe alcanzar el centro del área a conquistar. Para ello, primero debe romper el cerco que rodea dicho centro. Aquí, no es la punta de la lanza la que penetra en el suelo, sino la punta la que toma la delantera. Tales ritos nos son atestiguados en amplias regiones del mundo. En Germania, tendríamos que incluir el lanzamiento de lanza que abre la batalla. Dedica el campo y a sus caídos a Odín. Este acto es una repetición del lanzamiento de lanza mítico con el que Odín había iniciado la primera guerra.40 Los espartanos solían lanzar un fuego sacrificial entre las líneas de batalla de manera similar, un fuego que los invencibles Pirforos llevaban delante del ejército como una bandera.41 No en batalla, sino como acto de apertura de la guerra, oficiales especiales de los romanos, los fetialis, lanzaban una lanza a través de la frontera enemiga.42 Esta lanza era la famosa hasta sanguinea praeusta (literalmente, lanza ensangrentada, chamuscada). Era una lanza teñida de rojo con la sangre de animales de sacrificio, chamuscada en la punta como la lanza de Lehringen. Esto se hizo no solo por la dureza, sino también, sin duda, por el fuego sacrificial.

La saga de Alejandro incluye un famoso lanzamiento o estocada de lanza. Este acto rompe el cerco alrededor del territorio enemigo o reclama su centro sagrado.43 Ya desde el mar, al cruzar el Helesponto, Alejandro realiza tal lanzamiento hacia la orilla. La lanza vuela delante de él, hinchada de confianza en la victoria, hacia el territorio donde se tomará la decisión; de hecho, en imagen, la lanza ya cumple lo que la acción del lanzador aún está por venir: la toma de posesión de la tierra. A pesar de las diferencias de tiempo, objetivos y lugar, este uso de la lanza es similar a la acción espontánea del islandés Ref, que lucha por venganza. Pseudo-Calístenes y Julio Valerio relatan que Alejandro, después de la batalla de Issos, al regresar hacia Grecia, clava una poderosa lanza en la cima del Tauro, la fija allí y amenaza con la destrucción a cualquiera que se atreva a sacarla. En la cima de la montaña, cumple la promesa hecha con el primer lanzamiento de lanza. En el Itinerarium Alexandri, el rey, poco después de desembarcar, clava la lanza en el suelo durante un solemne sacrificio a los dioses y héroes de Ilión; sin duda, para él, ese lugar era el más sagrado de Asia, al igual que, según otra fuente, corona las tumbas de Patroclo y Aquiles, dedica sus armas a Paladión y las intercambia por antiguas armas troyanas.

Según el paradeigma germánico, al golpe de lanza que ocupa es seguido por otro lanzamiento. Esto está atestiguado en muchas fuentes. El segundo lanzamiento se realiza, por así decirlo, desde el centro. Marca el límite exterior, el alcance del poder, la esfera de libertad y el espacio para el sí-mismo. Hay amplia evidencia de esto en el derecho civil, donde los lanzamientos también pueden realizarse con piedras, hachas, martillos o rejas de arado.44 El gobernante realiza este lanzamiento con una lanza. Cuando Carlomagno derrotó a los sarracenos en España, ofreció sus oraciones de agradecimiento en la tumba de Santiago, el santo patrón del país. Luego se dirigió desde este lugar a la piedra fronteriza. Allí, clavó su lanza en el mar, agradeció nuevamente al santo y declaró que no podía avanzar más.45 Pablo Diácono relata que el rey lombardo Autari avanzó por Spoleto y Benevento hasta Reggio, la última ciudad en tierra firme frente a Sicilia. Allí, se erigió un pilar en las olas del mar. Authari se acercó a caballo, la tocó con la punta de su lanza y exclamó: «¡Aquí se alzará la frontera de los lombardos!». Hasta el día de hoy, este pilar se conoce como el Pilar de Authari.46

La Crónica Imperial dice poco sobre Lotario de Hohenstaufen. Sus versos concluyen con una imagen similar: después de pacificar Italia e instalar un duque en Bari, «no se abstendrá de cabalgar hacia Otranto: arrojó su lanza al mar. Reinó durante doce años, doce semanas y doce días», y se debe rezar por él.47 En este relato, dado que el lanzamiento de la lanza es seguido inmediatamente por el fin de la vida del emperador, el acto parece, de una manera peculiar, significar el alcance de la vida del emperador, convirtiéndose en la imagen misma de la culminación de la obra de la vida de un gobernante.

El hecho de que hubiera llegado al límite también se expresa en otro lanzamiento de lanza al mar. El rey Dietrich, obligado dos y tres veces a la venganza de sangre de su hermano y los hijos del rey, persiguió a Wittich. Wittich se arrojó al mar, donde su antepasada lo recibió, permitiéndole escapar del rey. La versión nórdica de la leyenda dice: «Dietrich le arrojó la lanza, y el asta se clavó en el suelo donde había entrado al río. Todavía permanece allí hoy, y todo aquel que va puede verla.»48 Aquí también se establece una marca.

Mucho más significativo y misterioso que el lanzamiento de ocupación es el que encuentra y establece el centro en primer lugar. La leyenda romana nos proporciona un excelente ejemplo. En el monte Aventino, Rómulo trae el emblema del ave para la fundación de Roma. Luego lanza la lanza desde allí hacia el monte Palatino. La lanza se clava en el suelo, brota y crece hasta convertirse en un árbol.49 Un ritual que establece el centro de un nuevo asentamiento es una necesidad indispensable para todos los pueblos primitivos. Los caminos y las tuberías no abren la tierra deshabitada que necesita ser cultivada. En cambio, un centro y su marca lo hacen mediante las cuatro direcciones principales que resultan de la interacción de la marca del centro y el horizonte y por el eje que apunta hacia arriba y hacia abajo y guía el camino. La leyenda del lanzamiento de la lanza de Rómulo es una tradición que cuenta la creación ritual de tal centro.

En Japón, se habla de un proceso muy similar para alcanzar un centro sagrado. La leyenda cuenta que Kükai, también llamado Köbõ Daishi, fue un gran maestro del budismo y fundador de la escuela Shingon. Durante una peregrinación a China, arrojó su bastón de hierro al cielo, prediciendo que el lugar donde cayera difundiría y florecería su enseñanza. El bastón cayó en el monte Koya, al sur de Kioto. Allí, Kükai fundó el famoso monasterio de su escuela. En el lugar donde cayó el bastón, ahora crece un pino con la forma del bastón de hierro frente al santuario.50 Que no se trate de una lanza no nos preocupa en la comparación. El bastón del líder espiritual es, en otra forma, el asta de lanza del gobernante temporal.

Si la creación de un centro sagrado inicia la creación del área circundante, como acabamos de demostrar con el lanzamiento de Rómulo, entonces no se puede negar que este proceso es similar a la creación original de un mundo humano en un desierto primigenio, inhóspito y sin lugar. Conocemos el centro de los romanos en la época clásica: el mundus, un pozo en la parte más antigua del foro. Este foro se llamaba Comitium, el antiguo lugar de reunión de los ciudadanos romanos. El mundus era un pozo redondo para la comunicación con el inframundo, generalmente cubierto con una piedra y abierto solo en ciertos días de sacrificio. Este mundus no estaba en el Palatino. Aun así, debemos imaginar que la leyenda del descenso de Rómulo habría designado otro mundus más antiguo como el santuario romano primigenio. Esto es similar a la leyenda alemana del duque bávaro Adelgêr clavando su asta en Haselquell: como símbolo de gobierno, símbolo de ley y, más profundamente, como eje de un santuario. Mundus también significa mundo. Podemos comprender el extraño doble significado de la palabra a partir de su creación primordial. Usando hastam, podríamos decir, con un doble sentido, Romulus creavit mundum: con su lanza, Rómulo creó el mundo.

Cabe añadir que el hasta, al convertirse en árbol, experimenta una transformación en su naturaleza. No se trata simplemente de que el objeto haya sido girado, ni de que el asta de la lanza del fundador se haya utilizado como símbolo central. La orientación esencial ha cambiado: lo que impulsaba el crecimiento hacia arriba, el reverdecimiento, no es lo mismo que lo que impulsaba el crecimiento hacia abajo, en un caso, y la acción humana como obra del hombre, en el otro. Sin embargo, en su transformación en árbol, se expresa que el genius loci (espíritu del lugar) del Palatino, de acuerdo con el oráculo del Aventino, acepta y afirma el lanzamiento fundacional de Rómulo. El follaje que brota atestigua la fertilidad del contacto ritual entre el instrumento ceremonial y el genius loci. Esto también se evidencia en el pino del bastón de hierro frente al santuario en el monte Koya. Algo similar se expresa en numerosas leyendas germánicas. Aquí también, la madera muerta destruida por manos humanas vuelve a brotar, concretamente en el bastón o palo que el hombre inocentemente condenado clava en la tierra en la leyenda de Tannhäuser, y las hojas que brotan dan testimonio de la inocencia del condenado. Muy a menudo en estas leyendas, es el Gerichtslin51 del mismo el que crece de una estaca seca, de la estaca de la víctima, el centro del distrito amado.52 La similitud de estos procesos en el norte y el sur de Europa y en Asia oriental no tiene por qué basarse en ninguna conexión histórico-cultural; me parece mucho más probable que en ambos casos surjan del mismo tipo de experiencia humana de significado.

Profundizamos en la comprensión del poder creador del mundo que ejerce la lanza a través de un mito cosmogónico japonés. Este mito ahora tiene un efecto tangible. Como consecuencia directa, el establecimiento de un eje central y el uso de la lanza en medio del caos provocan la consolidación de un lugar y la formación del mundo. Esto se observa en el mito de la lanza enjoyada.53 Resumimos la recensión del Kojiki y las variantes del Nihongi según su significado común. Inicialmente, emerge una tríada de deidades autosuficientes e incorpóreas. Luego, de la tierra —que se asemeja a aceite flotante o medusas a la deriva— brotan otras deidades. Ellas también son autosuficientes y carecen de cuerpo. Finalmente, aparecen cinco parejas de dioses, las últimas de las cuales son Izanami e Izanagi. Están destinadas a dar origen a las tierras mediante la procreación sexual. Antes de hacerlo, reciben la Lanza Celestial Joyada (Ame-no-Nuboko) de las deidades celestiales. Se les encomienda la tarea de «¡crear, establecer y completar esta tierra errante!».

En consecuencia, las dos deidades se encuentran ahora sobre el puente flotante del cielo, en medio de la bruma celestial, o sentadas en las altas esferas. Clavan sus lanzas hacia abajo. El éxito de esta clavada se describe en variantes con ligeras diferencias. En todos los casos, la punta de la lanza se hunde en el mar. El resultado de este contacto es la isla de Onogoro, «la autocoagulada». Lo curioso de este mito es que no se trata realmente de un contacto procreativo. En cambio, es una localización: la fijación de un centro en algo vacilante y borroso, una ubicación en lo indefinido. El mito primordial japonés continúa esta búsqueda ritual de un centro. Las dos deidades descienden a la isla. Lo primero que deben hacer es establecer el centro. Erigen el pilar del cielo. Según los comentaristas, este sería la lanza enjoyada misma. Sin embargo, el mito no lo afirma explícitamente porque no se materializa en algo concreto. Las dos deidades construyen entonces un palacio alrededor del pilar, expandiendo un mundo espacial desde el centro en forma de palacio cósmico. Izanagi e Izanami descubren sus diferencias físicas, y el dios dice: «Siendo así, dejemos que ambos, tú y yo, caminemos alrededor de este pilar celestial en direcciones opuestas, nos encontremos y luego nos reunamos en el lecho de descanso».

Aquí vemos cómo la lanza primordial da origen al primer lugar en el espacio sin dirección. En este lugar se erige el eje del mundo y se construye una morada de gran importancia mundial.

A continuación, se establece la naturaleza de los seres. Esto ocurre cuando se inventan dos tipos de transformación: una a la izquierda y otra a la derecha del pilar central. De este modo, se posibilita el encuentro generativo. Si hemos descubierto una naturaleza primigenia en la lanza y si el material original también contiene evidencia de una interpretación fálica, entonces ahora comprenderíamos correctamente este aspecto fálico de la lanza. Sin embargo, no debemos aplicar la frase irreflexiva de identidad simbólica. ¿Con qué frecuencia escuchamos afirmaciones como: «En este mito, la lanza es un falo». Entendida correctamente, la afirmación debería ser: «En este contexto, la lanza también es un falo (es decir, un órgano reproductor), ¡pero con la esencia de una lanza!».

Respecto a la lanza en movimiento, cabe mencionar una peculiar costumbre legal extendida por toda la región germánica. Esta costumbre es completamente distinta a todo lo que hemos visto hasta ahora. La lanza no aparece ni de pie, ni derribada, ni lanzada, sino sostenida, y además, cruzada. Parece existir cierta contradicción con la naturaleza de la lanza. Sin embargo, incluso en esta forma, todavía crea espacio, no en el reino espiritual e imaginario sino en el reino físico mediante la medición. Sostenido de esta manera, asegura el ancho requerido de los caminos y puertas reales.54 El soberano o su representante, que originalmente siempre era un hombre del rey, debía cabalgar en medio de las calles y puertas con una lanza debidamente medida, generalmente de 16 o 18 pies de largo. La sostenía cruzada sobre sí mismo en la silla de montar. Todo lo que los extremos de la lanza tocaban, ya fueran árboles o edificios, tenía que ser talado o derribado. La naturaleza antigua de esta regla es clara porque, en un caso, se menciona un buey como la montura del rey. El buey es conocido por nosotros como el animal de tiro del carro del rey, especialmente entre los merovingios. Allí, seguramente se remonta a cultos antiguos. En consecuencia, supondríamos que el despeje con la lanza del rey llevada transversalmente también tiene sus raíces en el culto y sus conexiones simbólicas. La solemne procesión del rey es conocida por nosotros por la práctica consuetudinaria. El rey sagrado no solo tenía su trono en el centro, sino que también cumplía su función ritual cuando, moviéndose en el sentido de las agujas del reloj y recorriendo los cuatro puntos cardinales del país, rodeaba este centro. En Noruega, para despejar los caminos rurales, se colgaban aros de sauce en los extremos de las lanzas: uno en la punta y otro en el extremo del asta. Tocarlos se consideraba prohibido si se desprendía uno de los aros. Esta costumbre se llamaba baugreid (en nórdico antiguo, literalmente, paseo en aro). Los aros en el asta nos recuerdan al mástil de mayo adornado con guirnaldas. Queda claro una vez más que en la extensión transversal de la lanza reside algo inorgánico y violento. Esta cualidad también se expresa en la tala forzosa de árboles y la destrucción de partes de edificios. El efecto del derecho constitucional general contra el crecimiento y la construcción locales sigue siendo bastante evidente en la lanza que se lleva cruzada.

Por supuesto, también podemos recordar el eje del carro y sus ruedas, una innovación que permite ganar espacio, para la cual la medida de la carretera es incluso más importante que para el conductor.

En la tradición celta, el derecho señorial y el ejercicio de la ley, junto con su aberración en violencia y arrogancia, se exponen claramente.55 Según un relato irlandés basado en sucesos del siglo VI, el portador de la lanza del rey Dermot, Aedt Baclamh, había estado enfermo durante un año. Al recuperarse, preguntó a su señor si la paz real se había mantenido durante su ausencia. El rey no había notado ninguna disminución, pero el portador de la lanza quería recorrer el territorio para investigar. Llevaba la lanza del rey sobre ambos brazos. Quería inspeccionar todos los salones y cruzar todos los umbrales con la lanza. Lo acompañaba el heraldo que proclamaba la paz del rey. Sin embargo, un terrateniente, que ya había abierto una brecha suficiente en su empalizada de roble rojo, se negó a ensanchar la puerta principal. Surgió una disputa y el terrateniente mató al lancero real. Tras este suceso, se desató una lucha entre Dermot y el clero. Esto, en última instancia, le costó la vida al rey y puso fin al reinado ancestral de Tara, la antigua fortaleza principal de Éire. Este notable ejemplo nos permite discernir, de una manera peculiar, en la alteración del simbolismo de la lanza y la inversión de su contenido original —es decir, en su desprecio— la causa de una catástrofe histórica.

Mucho más magnífica y profundamente entrelazada con otras estructuras simbólicas es una serie de eventos en la Leyenda del Grial. Esta serie también comienza con el mal uso de una lanza y, como antes, culmina en una catástrofe. Esta catástrofe primero estalla internamente, dentro del reino del Grial. Luego desgarra la realidad externa del reino, el reinado de Arturo, en ruinas. Esta es una escena clave al comienzo de toda la leyenda. En mi opinión, es la versión más significativa de uno de los pocos eventos verdaderamente centrales que rodean al Grial. Es una de las descripciones del ‘coup douloureux’, el ‘golpe doloroso’, o el golpe de dolor.56 Estas historias están destinadas a explicar por qué el Rey del Santo Grial, que tiene el milagro más preciado en su castillo —el recipiente de la abundancia— es un hombre que sufre con una herida incurable que necesita redención.

Según la versión de Thomas Malory, Arturo está en proceso de establecer su reino y la Mesa Redonda sometiendo a los pequeños reyes de Britania, como Harald Harfagr hizo más tarde con los de Noruega. En esta tarea, recibe la valiosa ayuda de los hermanos gemelos Balin y Balan. Balin, el más vigoroso de los dos, recibe el encargo de llevar a un caballero a la corte de Arturo, prometiéndole un salvoconducto mediante un juramento de caballero. Sin embargo, el caballero que cabalgaba bajo su protección es apuñalado con una lanza por un jinete invisible, y Balin se ve obligado a vengar al hombre asesinado. A continuación, asume otra obligación similar y, en busca del asesino, llega al Castillo del Grial. El asesino no es otro que el hermano del Rey del Grial.

Cabe mencionar brevemente que, en una novela francesa antigua y muy inusual sobre el Grial, el héroe del Grial se llama Perlesvaus. En este relato, también hay un desdoblamiento fraternal. Estos hermanos son enemigos mortales. El oscuro posee el castillo de la muerte. Este Rey de la Muerte asedia temporalmente el castillo de su hermano, el Rey del Grial. Es una enemistad asesina entre los polos fraternales de la muerte y la vida.57 Sin embargo, esto parece indicar un giro cristiano al simbolismo del Grial. En nuestra versión, el hermano mortal se llama Garlon. Malory lo describe como de rostro negro, pero en su fuente francesa, se le llama pelirrojo. En la mitología celta, el cabello rojo se refiere claramente al dios de la muerte. Una lanza fantasmal y hiriente, aparentemente sin portador y que actúa desde el reino invisible, también aparece en otra rama de la Leyenda del Grial. Esto sucede en la versión en prosa de Lancelot, específicamente en el Castillo del Grial.58 Esto parece atestiguar una polaridad más primitiva, antes de que los hermanos se separen. La herida infligida al recién llegado por la lanza tiene un significado iniciático. Marca al iniciado con el signo de la muerte en el castillo de la vida. La sangre del joven, antes de su consagración, se recogía en el recipiente. Balin, el precursor de Arturo en el establecimiento de su reinado, está destinado a romper este vínculo sacrificial-ceremonial.

Cumpliendo con su deber de venganza, Balin mata a Garlon sobre la mesa en el Castillo del Grial con el máximo sacrificio. Entonces todos los caballeros presentes se abalanzan sobre él, liderados por el Rey del Grial, Pellam, con una temible arma. Balin intenta contraatacar con su espada, pero esta se rompe. Huye desarmado de habitación en habitación del castillo. Finalmente llega a una cámara lujosamente amueblada y decorada. Hay una cama cubierta con una sábana dorada y, sobre una mesa dorada con patas de plata, una lanza maravillosa y de extraña factura. Según la fuente francesa de Malory, la lanza flota libremente, con la punta hacia abajo, sobre un precioso recipiente de oro y plata. «Balin agarró la lanza, se volvió contra Pellam y le infligió una grave herida con ella» —entre los muslos, como sabemos por otras versiones, concretamente en los testículos—. Pellam se desplomó y, al mismo tiempo, las paredes y el techo del castillo se derrumbaron. Balin también cayó y quedó incapacitado para mover manos y pies, e incluso para recuperar el conocimiento. Como consecuencia de este golpe, la mayor parte del castillo quedó en ruinas. Tres países cayeron instantáneamente en la miseria y la muerte: el motivo del Gaste Pays, por ejemplo, la Tierra Baldía, el imperio desolado e irredimible que permanece sin nacimiento ni fruto.

Merlín llega después de tres días. Despierta a Balin, le da un caballo y lo envía a cabalgar. Balin atraviesa el Páramo, donde los supervivientes claman por él. El destino de Balin se cumple cuando se encuentra con su hermano gemelo Balan. Sin reconocerse, se matan mutuamente. Los escritores cristianos medievales, en consonancia con este tema, concluyen la historia del Grial con la Lanza Sagrada y el Santo Grial siendo llevados del mundo al reino celestial. Mientras tanto, en el reino terrenal, Arturo y Mordred se condenan mutuamente a la muerte en una guerra sangrienta que marca el fin de los tiempos. Estos acontecimientos presagian la era actual y sus procesos en curso, cuyos efectos presenciamos hoy.

La vida y la muerte son polaridades primordiales; sin mortalidad, la plenitud y la procreación no pueden existir. Por eso, el Rey del Grial y el Rey de la Muerte son originalmente hermanos. El ser humano que se encuentra bajo el destino de la muerte comprende la hermandad en el sacrificio. Balin, un gemelo humano, perturba la armonía fraternal entre las dos figuras simbólicas Garlon y Pellam al seguir lo que él cree que es un deber de venganza: mata al Rey de la Muerte y luego roba al Rey del Grial, con cuya arma rompe la suya.

—con la lanza de su fertilidad. Provoca el cambio radical derribando la lanza sagrada que se encuentra en la Capilla del Grial y usándola como arma punzante. Al hacerlo, ataca al reino mismo, destruye su coherencia sacrificial-mágica, ritual-orgánica, y lo arroja al suelo.

Cabe mencionar que la mitología germánica relata un evento posiblemente comparable: la muerte de Baldr. Este evento está precedido por una inversión similar y también representa una amenaza para la existencia del mundo.59 El ciego Höör —cuyo nombre está etimológicamente relacionado con Hader— dispara al brillante dios de la paz (Baldr) con la lanza. Esta lanza aparece en la poesía éddica, inicialmente en posición vertical, antes de ser bajada para asestar el golpe fatal: «Alto sobre los campos se alzaba el hermoso brote de muérdago». Posteriormente, la lanza se denomina meit, un término difícil de asociar con la imagen de la planta arbustiva y parásita comúnmente conocida como muérdago. Para meit, en nórdico antiguo, significa patín, viga, estaca, horca y árbol, y en alto alemán antiguo, también significa árbol o incluso el árbol del mundo.60 Y aun sin esto, las mismas palabras de la Edda que acabamos de citar bastan para que comprendamos la inversión indicada: pero justo ahora, un brote alto, es arrancado por Loki —con las raíces, como dice el Códice de Uppsala de la Edda de Snorra— y en su mano, el esbelto árbol se transforma en el harmflaug hotlig, el horrible misil que trae dolor. Según el mito, Loki usa el retoño como arma de muerte porque, solo en su juventud, había permanecido sin jurar. Pero es precisamente el significado simbólico de esta transformación lo que da la clave del acontecimiento; como un presagio, apunta al cambio catastrófico del destino del mundo, y precisamente también —bajo una imagen aparentemente muy diferente— con respecto al suceso central de la saga de Balin.

Habiendo incluido en la leyenda del Grial la tradición que más utiliza la imagen de la lanza, concluiremos ahora analizando su conexión con el recipiente de la abundancia. Si consideramos primero la imagen del recipiente, tenemos la ventaja de que, a diferencia de la lanza, estamos familiarizados con sus diversas formas en la vida cotidiana: en forma de ollas, copas, cuencos y platos. Sin embargo, esto no significa que el significado de estos recipientes nos resulte más obvio. De hecho, es precisamente en formas que nos son menos familiares, como urnas, ánforas, copas, cálices y mantequeras, donde el significado de lo que abarca, contiene y presenta, la plenitud cumplida y generosa, puede parecernos más claro. Solo en el cáliz de la Última Cena encontramos un recipiente significativo. Reflexionemos, pues, sobre la esencia de la contención al experimentar su ausencia en dos leyendas.

Para empezar, recordemos la maravillosa fábula india de la mujer brahmán que no necesitaba recipiente para sacar agua. En cambio, sus manos sagradas formaban el agua en una esfera clara. Lo hace hasta que ve el rostro sonriente de un hermoso joven Gandharva en las olas. Confundida en su corazón, entonces ve el agua escurrirse entre sus dedos.61 Consideremos esa extraña historia del líder del clan guerrero irlandés, Finn.62 Su esposa había lanzado un hechizo de amor sobre uno de sus guerreros, pero ahora Finn está mortalmente herido por un jabalí mágico. Solo el agua de un manantial, vertida en su boca por el propio Finn, puede curarlo. Finn lo intenta tres veces. Dos veces, las palabras burlonas de una persona maliciosa impiden que el don curativo surta efecto. Cada vez, el agua corre por sus manos temblorosas. Al tercer intento, el burlón exclama: «¡Qué deliciosa es la poción curativa de las manos del cornudo!». Una vez más, las manos de Finn comienzan a temblar, y el último sorbo de agua se escurre entre sus dedos. Las manos huecas son un recipiente maravilloso, aunque imperfecto.

La mano, y después el recipiente, sirve para recoger agua. En nuestro mundo, rara vez realizamos acciones tan simples pero significativas como recoger agua. Pero de esta manera, el hombre extraía su parte de la gran fuente cristalina del mundo. Los rituales a menudo conservan lo antiguo, incluso lo improvisado, porque hacen más visibles las verdaderas conexiones. En el antiguo ritual ducal del Zollfeld en Carintia, el campesino que investía al duque le servía agua con un sombrero.

El recipiente también sirve para recoger agua. Donde apenas un hilo de agua se filtra entre el musgo y la hierba, solo el recipiente puede proporcionar suficiente agua para saciar la sed a largo plazo. En los recipientes, se percibe, con mucha más fuerza que al recoger agua, algo del sentido de la oración a los dioses dadores. El recipiente se limita más al significado de la existencia humana cuando sirve para mezclar. Mezcla agua y vino, o leche y miel. Además, en la recolección y acumulación no solo de agua, sino también de leche y leche agria, se hace evidente la gran importancia del recipiente para la vida humana. Apenas podemos imaginar —bajo el dominio de los llamados sistemas de abastecimiento— lo que significaba el recipiente recolector en una cultura menos mecanizada. Las fiestas de los cazadores-recolectores, donde grandes grupos se reúnen sin almacenar provisiones, dependen de condiciones estacionales y ambientales muy específicas para su sustento. Sin ellas, no es posible la confraternidad festiva. Las fiestas de los pueblos sedentarios en los grandes estados de la antigüedad requerían enormes provisiones. Estos recursos solo podían complementarse de forma limitada durante el período festivo para proporcionar a cientos, incluso miles de participantes, algo más que una mera subsistencia. Un festín festivo requería más. De ahí la necesidad, por un lado, de bebidas agrias o fermentadas, y por ende, más duraderas. Por otro lado, existía la necesidad de aquellos poderosos recipientes de la antigüedad: los calderos de bronce, las tinas e incluso inmensos cuencos de cerámica bellamente decorados. Esta necesidad y el deseo de tales recipientes dieron origen a la abundancia de ellos en el mundo mítico. Había calderos de bebidas inagotables y alimentos indestructibles, que recordaban al Santo Grial y que se atestiguan en numerosas ocasiones, especialmente entre los celtas. Pero las tribus germánicas también conocían un gigantesco caldero para elaborar cerveza. Incluso los dioses tenían que pedirlo prestado a la lejana Hymir, a orillas del océano mundial, para sus festivales.

Al recoger, capturar, recolectar y mezclar, se hace evidente la importancia del recipiente en términos de posesión y almacenamiento. En el consumo surgen formas igualmente importantes. Existe el disfrute simple o la bebida ceremonial, con sus diversas formas de presentación, credences y regalos, con la bebida curativa y la bebida de bienvenida, esta última incluso marcando el destino de la muerte, ya que lo primero que las Valquirias ofrecen al héroe que entra en Valhalla es un cuerno para beber.63 Hasta la forma más elevada, la comunicación de dos o más personas en un recipiente o del hombre con Dios, bebidas de hermandad y deificación, con libación, una rociada o goteo que evoca labios divinos o muertos, hasta el derramamiento, lo opuesto a recoger y atrapar, un acto mortalmente serio, ya que expresa la irreversibilidad de todos los acontecimientos vivientes.

¿Cómo se conectan originalmente la lanza y el recipiente? Hemos visto una de las funciones originales de la lanza en la creación y el establecimiento de la marca. Esta marca, junto con su entorno, forma un santuario o asentamiento. El centro, marcado por la lanza, permanece como fuente de poderes vitalizantes internos. Es un lugar de encuentro con poderes espirituales, dioses y espíritus de los muertos. Pero la vida material también necesita renovarse de su entorno. Si pensamos en la lanza más primitiva —la lanza de caza de Lehringen— aprendemos algo importante. El mundus del sacrificio continuo creado por la lanza necesita algo externo para mantener su existencia. Languidece y pierde vitalidad. Solo en la lanza el hombre poseía el poder de recuperar la fuerza perdida mediante un nuevo sacrificio. Tan pronto como aparece el animal cazado, la naturaleza adquiere significado y dirección. La herida infligida al animal por la lanza lanzada crea un centro temporal que da vida. En casa, la lanza se planta con su punta ensangrentada. Ahora sabemos: «¿Por qué la lanza se ensangrenta?» Esta famosa pregunta se formuló por primera vez en francés antiguo: «¿Por qué sangra la lanza?». Cualquiera que haya sido la respuesta en la literatura medieval, y comoquiera que haya sido formulada y especializada por su predecesora, la antigua sabiduría ritual celta, la respuesta no histórica, eternamente humana, es: de la sangre del sacrificio. El recipiente que usaban las mujeres de Lehringen para recoger el sacrificio animal habría sido una cesta. Humedecida o untada con arcilla, también servía para recoger y contener la sangre. Una de las cestas pudo haber sido colocada al pie de la lanza en el centro del círculo de chozas, sub hasta, como sacrificio para el centro. De todas las demás cestas, la aldea recibe la abundancia de poder, la ganancia del sacrificio.

Este diseño revela, junto con la lanza, la génesis del recipiente. El animal desgarra a su presa. El hombre la trocea, ofrece una parte a los dioses, otra al reino animal y recibe su porción del recipiente. El recipiente es tan sagrado como la lanza porque contiene alimento sacrificial y se convierte en el donante de la fuerza vital liberada por la lanza. Aquí se hace visible una polaridad original: la lanza creativa y el recipiente receptivo y generoso, como una cesta, un caldero, un cuenco o un cáliz. Esta es una polaridad seductora, y ciertamente se ha visto en épocas productivas y simbólicas como una polaridad masculino-femenina, o más específicamente, como la unión generativa del miembro viril y la vagina.64 Pero aquí también se aplica lo que se acaba de decir sobre la lanza: la cesta o el cáliz como vagina, ciertamente, pero con la esencia del cáliz o la cesta. Porque si uno sistematizara tales simbolismos en una tabla de ecuaciones, ya no se movería entre símbolos, sino entre pálidas alegorías, el deleite de Europa.

Esta antigua polaridad de lanza y recipiente es inherente a la naturaleza humana. La encontramos en todo tipo de estructuras míticas y rituales. En Atenas, una lanza y un cuenco se encuentran en las manos de la diosa tracia Bendis.65 De manera similar, aunque sin el filo dañino, Santa Gertrudis lleva un bastón y una copa. En Ghana, muchos pueblos aún conservan un santuario en un árbol.66 Este consiste en un poste con tres o cuatro tocones. Un cuenco de agua se encuentra en él, con una hoja de hacha de piedra sumergida en el agua. El significado de esta duplicación es probablemente similar al del santuario portátil que todo sacerdote lleva consigo: una lanza tallada decorada con oro y plata, con un coco en su punta. La lanza atestigua que el espíritu protector del sacerdote puede traer la muerte; el coco muestra que puede traer la vida.67 Este motivo aparece aún con más fuerza en un relato mitológico indio. Allí, el arma más letal de Rudra-Shiva, que podría amenazar la existencia del mundo, se guarda en el lago Amta, el lago del elixir de la inmortalidad.68 En el cuento de hadas bretón Peronnik, que guarda semejanza con la leyenda del Santo Grial, los dos tesoros son un cuenco de oro y una lanza de diamante. El cuenco otorga todas las riquezas y resucita a los muertos, mientras que la lanza mata y destruye todo.69 Recordemos que los tesoros de los cuentos de hadas a menudo otorgan poder sobre la vida y la muerte –agua de vida y agua de muerte. También suelen aparecer como pociones y armas. Los cazadores de dragones elegidos primero deben disfrutar de la poción de fuerza antes de poder empuñar el arma que liberará al mundo.

En el ritual hopi del solsticio de invierno, se prepara una poción curativa en un cuenco sagrado que simboliza el centro del mundo. Se vierte agua en él desde todas las direcciones.

Se añaden piedras, conchas, huesos, puntas de lanza y de flecha, sesos enemigos secos y raíces de hierbas masticadas. Las raíces masticadas se escupen en el cuenco. El jefe de guerra se sitúa al norte del cuenco, en el papel del dios de la guerra. Su asistente sostiene un bastón en posición vertical dentro del cuenco, al que están atadas puntas de flecha y de lanza. Rezan y cantan. El dios remueve la poción curativa y las piedras, y luego la purifica con humo. En cierto momento del ritual, el segundo portador del papel apuñala al dios de la guerra con la punta de lanza de piedra que ha sacado del cuenco. Este acto va acompañado de los gritos de guerra de todos los participantes del ritual. El agua de la vida que se encuentra en el cuenco es parcialmente bebida por los participantes y parcialmente llevada a casa en el recipiente más primitivo: sus bocas. Luego, sus familiares son cubiertos con ella en el pecho y las extremidades para asegurar su supervivencia durante otro año.70

La polaridad primordial de la lanza y la poción vivificante se representa de forma impactante en un relieve germánico de una cruz paleocristiana, conocida como la Cruz de Gosforth en Cumberland.71 Allí, la lanza aparece como el objeto de culto vivificante en la mano derecha del hombre. Con la lanza, mantiene separados a dos monstruos de aspecto idéntico. La punta y el asta de la lanza están cada uno en la boca de uno de ellos. Esta escena es sin duda una característica del dragón del mundo único, cuyas mandíbulas superior e inferior se mantienen separadas por el objeto de culto, preservando así el mundo. Gap es la palabra nórdica de culto y mitológica para el espacio primordial abierto y bostezante –Ginnungagap. El dios primordial sostiene la lanza en su mano derecha. En su mano izquierda, de acuerdo con el simbolismo, sostiene la cornucopia. Como siempre, la cornucopia es el recipiente que da vida a la bebida de culto –el hidromiel, la cerveza, el soma, el néctar que otorga la inmortalidad.72 

En varias versiones de la leyenda del Grial, el Grial y la lanza también se presentan espacialmente en su conexión esencial de significado, no solo en la secuencia de la procesión del Grial. Ya hemos mencionado esta maravillosa combinación anteriormente en el episodio de Balin. La doble estructura también se ilustra de manera particularmente impresionante en la Crône del caballero carintio Heinrich von dem Türlin.73 Dos jóvenes caballeros traen la lanza. Dos doncellas traen el cuenco. Juntos, estos cuatro colocaron la lanza sobre la mesa, con el cuenco debajo. Entonces ocurrió un gran milagro ante los ojos de Gawan (el héroe del Grial). En virtud del misterio divino, la lanza arrojó tres grandes gotas de sangre en el cuenco que estaba junto a ella. También se afirma claramente aquí que esta sangre sirve para sustentar al Rey del Grial muerto. Esta alimentación tiene lugar una vez al año, en una reunión festiva de los muertos, con las diosas designadas para cuidarlos. El misterio permanece. El significado completo de estos eventos no se revela, pero aquí también, los recuerdos paganos ciertamente coinciden con la reinterpretación cristiana.

Si consideramos que el relieve anglosajón mencionado anteriormente, que aparece en una cruz cristiana, también debe tener un significado sincrético, surge una nueva perspectiva. Al dirigir nuestra mirada al monte Gólgota, vemos el cordero sacrificial colgado del árbol, en la viga. La lanza alzada lo atraviesa, y brotan sangre y agua. Estas simbolizan el vino de la Última Cena y el agua del bautismo. Bajo la cruz se encuentra Ecclesia, recibiendo la salvación sacrificial en el cáliz. En el desarrollo de la leyenda cristiana, los Tratados sobre el Evangelio de Juan, el mercenario, reciben el nombre de Longino en una etapa temprana.74 En la Edad Media, José de Arimatea ocupó el lugar de Ecclesia, recogiendo la sangre sacrificial con el cuenco de la comunión o con el cáliz de la comunión. Esta transformación tuvo lugar en la poesía del Grial. En este punto, la leyenda cristiana se vincula con la tradición celta. Todavía no se ha resuelto la controversia sobre si la poesía del Grial de Chrestien de Troyes se desarrolló esencialmente a partir de la matière de Bretagne, es decir, del material narrativo de los británicos celtas, o de la tradición cristiana.

A partir de lo expuesto aquí sobre la esencia de la lanza, su origen arquetípico resulta innegable. En el uso ceremonial de la lanza de caza de la antigüedad y del recipiente necesariamente asociado a ella, ya se vislumbran las formas posteriores; estas se desarrollan, en el contexto histórico y las condiciones histórico-intelectuales correspondientes, y en interacción con las imágenes culturales guía específicas —entelequias—, hasta alcanzar su forma definitiva.


NOTAS

1. Para información general: Percy Ernst Schramm, Herrschaftszeichen und Staatsymbolik. Beiträge zu ihrer Geschichte vom 3. bis zum 16. Jahrhundert,…mit Beiträgen verschiedener Verfasser, vols. 1-3, Stuttgart

1951-1956. En particular: págs. 492-537, Die ‘Heilige Lanze’.

2. Nota de Wolfgang Giegerich: Posteriormente se descubrieron lanzas de madera aún más antiguas en Schöningen, Baja Sajonia: de 400.000 años de antigüedad. Hartmut Thieme en Nature, vol. 385, 1997, pág. 807.

3. Gustav Schnwantes, Deutschlands Urgeschichte, Stuttgart 1952, p. 25. Cerca de Datteln in Westphalia, se encontró una punta de lanza tallada en marfil de mamut junto al cráneo de un ciervo gigante (Megaloceros), cuya antigüedad se estima en unos 75 000 años: Rudolf Rohrbach, Ölschiefer Geschichten und andere, Balingen 1973, p. 71.

4. Nota del traductor: La traducción literal «experiencia de significado» no transmite el peso real de este término. No se refiere a una percepción meramente subjetiva del significado, sino a un encuentro con la realidad objetiva. Erleben/Erlebnis aquí no denota la experiencia subjetiva de un significado, sino más bien un contacto interno con la esencia misma: una participación en el significado.

5. Wolfgang Lindig, Mark Münzel, Die Indianer, Múnich 1976, p. 97.

6. Adolf E. Jensen, Die getötete Gottheit. Weltbild einer frühen Kultur, Stuttgart 1966, p. 11 y sigs., con referencia a: Ed. Hahn, Die Entstehung der Pflugkultur, Heidelberg 1909.

7. Brockhaus, 14ª edición, vol. XI, Leipzig 1903, pág. 1005 (Montecuccoli), e ibíd. vol. X, 1902, pág. 963 (Lanze).

8. Bismarck Gespräche, editado por Willy Andreas (y) KF Reinking, Birsfelden-Basel, sin fecha, vol. Yo, pág. 310.

9. Harald Dieter Budde, Der Ethnologe Igor (richtig: Ivo) Strecker untersuchte die Sexualrituale der Hamar, Sexualmedizin, 1978, presumiblemente basado en los registros y películas del etnólogo. Véase también: Ivo Strecker, Hamer Situaciones del habla, en: The Non-Semitic Languages of Ethiopia, editado por Honel Bender, Last Lansing, Michigan. Además: Jean Lydall, vo Strecker, The Famar of Southern Ethiopia I-III, obras del Instituto de Etnología de Gotinga, vols. 12-14.

10. Grönländer und Färinger Geschichten, Thule vol. 13, Dusseldorf 1965, pág. 143.

11. Nota del traductor: Palabra islandesa que se traduce como «mordedores de carbón» en inglés.

12. Das Schwarze Dekameron, Geschichten aus Afrika, compilado por Leo Frobenius, Düsseldorf 1969, p. 199 y sigs. – El cuento de hadas pertenece al tipo 402, más precisamente al 402 A Ind. Los equivalentes alemanes son: Grimm No. 63, 106.

13. Märchen aus dem Kaukasus, edición de Isidor Levin, Düsseldorf 1978, núm. 17, p. 109£.

14. Märchen aus Sibirien editado por Hugo Kunike, Jena 1940, núm. 41, p. 171.

15. Waldemar Jochelson, Los Koryak, Memorias del Museo Americano de Historia Natural, VI,1. Nueva York 1905, págs. 140 y ss.

16. Nota del traductor: Del término alemán Organ Projektion, acuñado por Ernst Kapp, todos los artefactos técnicos pueden entenderse en última instancia como proyecciones de órganos. Así, un martillo puede verse como una extensión del puño, una sierra como reproducción de los incisivos, etc.

17. Das National-Epos der Tibeter Gling König Ge sar traducido por Matthias Hermanns SVD, Ratisbona 1965, p. 612.

18. Mesca Ulad, o la intoxicación de los ultonianos, con traducción de William M. Hennessy, Dublín 1889, Todd Lecture Series Vol. I, Parte 1, pág. XIV y ss., 37.

19. Ernst Jünger, Auf den Marmorklippen, Hamburgo 1939/41, p. 83.

20. Herbert Meyer, Die rote Fahne Diario del Sav. Stftg. F. Rechtsgeschichte (Fundación para la Historia del Derecho), sección alemana, vol. 50, Weimar 1930, págs. 310-353, esp. págs.322, 340.

21. E. Benveniste y L. Renou, Vitra et Vroragna, Étude de Mythologie indo-iranienne Cahiers etc. III, París 1934, págs. 28, 49.

22. Pauly-Wissowa, Real-Encyclopadie, vol. VII, 1912, págs. 2501-09.

23. Jacob Grimm, Deutsche Rechtsaltertümer, reimpreso Darmstadt 1974, vol. 2, pág. 483, nota 1.

24. K.E. Georges, Lateinisch-Deutsches Handwörterbuch, sv centumviralis.

25. Jacob Grimm, Deutsche Rechtsaltertümer, reimpreso Darmstadt 1974, vol. Yo, pág. 59, 481, vol. II, págs. 484 y siguientes, 524.

26. Ibíd., vol. II, pág. 484 y nota 1.

27. Ibíd., vol. II, pág. 384 y siguientes.

28. Herbert Meyer, Das Handgemal. Forschungen zum deutschen Recht, vol. Yo no. 1, Weimar 1934, pág. 88, nota 4.

29. Nota del traductor: La redacción original aquí es «andlat». Nota de Heiko Gehrts: Ibíd., pág. 88. ¡No encontré la palabra ‘andlat! El antiguo alto alemán antlâz = ‘remitir, liberar’ aparentemente tiene un significado diferente.

30. J.J. Bachofen, Oknos der Seilflechter. Ein Grabbild 1859, prefacio.

31. Willibald Staudacher, Die Trennung von Himmel und Erde, disertación inaugural, Tubinga 1942, Belege aus aller Welt (Evidencias de todo el mundo), págs. 3-43.

32. Heino Gehrts, Die Gullveig-Mythe der Völuspá, Revista de Filología, vol. 88, págs. 321-378, esp. pag. 335.

33. Sagen, Märchen und Geschichten um Karlstein… recopilado por Alfred Dieck, publicado por el municipio de Karlstein, p. 39

34. Ideen zur Philosophie der Geschichte der Menschheit, Libro V, Capítulo 6. Véase también Libro IV, Capítulo 2: «Kurz, der Mensch ist, was er sein soll (und dazu wirken alle Teile), ein aufstrebender Baum, gekrönt mit der schönsten Krone einer feinern Gedankenbildung.» («En resumen, el hombre es lo que debe ser (y todas sus partes trabajan para ello), un árbol en ciernes coronado con la más hermosa corona del pensamiento refinado.»)

35. Tor Irstam, El rey de Ganda, Studies in the Institution of Sacral Kingship in Africa. The Ethnographical Museum of Sweden, Stockholm, Nueva Serie. Publ. N.º 8, Lund 1944, págs. 92 y ss., 150.

36. En cuanto a la etimología de los nombres indoeuropeos para la lanza, aquí solo se mencionarán los aspectos esenciales, según los diccionarios etimológicos más conocidos (CD Buck, A Dictionary of Selected Synonyms in the Principal Indo-European Languages, Chicago 1949, p. 1390 y ss., sv spear; Julius Pokorny, Indogermanisches etymologisches Wörterbuch, Berna 1959; Friedrich Kluge, Etymologisches Wörterbuch der | deutschen Sprache, 17.ª ed., Berlín 1957; Jan de Vries, Altnordisches etymologisches Wörterbuch, Leiden 1961). En general, puede afirmarse que en toda el área indoeuropea, nuestro objeto lleva nombres cuyo significado está arraigado en las nociones de lanzar, empujar, punta y asta. En el texto se menciona la conexión entre hasta y Gerte, con la que se asocia el sentido de ramita y vara; pera pertenece a sperren (barrera) y Sparren (viga) y, por lo tanto, no se refiere a la lanza como arma; se cree que los sinónimos ‘Spieß’ (brocheta) y ‘Ger’ (lanza arrojadiza germánica) se refieren originalmente al pastoreo, lo que podría parecer improbable dados los orígenes antiguos de la lanza y el período tardío del pastoreo. Sin embargo, tales consideraciones nos llevarían a la cuestión extremadamente difícil de la creación del lenguaje y sus orígenes temporales. La lanza, del latín «lancëa», a través del francés antiguo «lance», era originalmente una lanza arrojadiza en su uso celtíbero, pero los jinetes se referían a su arma de embestida como “lanza”-uno de los muchos ejemplos de una profunda diferencia entre los significados históricos y originales de las palabras. Sin embargo, la etimología real de la palabra «lanza» es desconocida. El verbo francés «lancer», del latín tardío ‘lancëare’ = «balancear una lanza», ha adquirido un significado muy general, de modo que también se puede «lanzar» piedras y miradas.

37. Der Stricker, ‘Karl der Große’, editado por Karl Bartsch, Quedlinburg 1857, V. 3930ff.

38. Kaiserchronik, editado por H.F. Massmann, Quedlinburg 1849, V. 7127ff.

39. Rudolf von Ems, Willehalm von Orlens, editado por Viktor Junk, Berlín 1906, v. 396 y ss.

40. Ninck, Martín. Wodan und germanischer Schicksalsglaube. Jena, 1935. p. 94 y sigs. Edda, Völuspá, estrofa 24.

41. Friedrich Schwenn, Der Krieg in der griechischen Religion, ARW XXI, 1922, págs. 58-62.

42. «Livio» I, 32.

43. “Diodorus Siculus» 17,7 – „Justinus» 11,5 – „Itinerarium Alexandri» c. XVIII – „Pseudo-Kalistenes» I,42 – „Julii Valerii Res Gestae Alexandri» 1,56.

44. Jacob Grimm, Deutsche Rechtsaltertümer, reimpreso Darmstadt 1974, vol. Yo, pág. 78 y sigs.

45. La crónica de Turpin. Les textes de la chanson de Roland, vol. III, París 1941, c. III, pág. 679.

46. «Paulus Diaconus» III, 32.

47. Kaiserchronik, editado por H.F. Massmann, Quedlinburg 1849, V. 17170ff.

48. Die Geschichte Thidreks von Bern, Thule Vol. XXII, Jena 1924, p. 365. El lanzamiento de lanza falta en el episodio correspondiente de la Batalla de los Cuervos, v. 962ff.

49. Servius zu Aeneis III, 46 – bei: J. Vahlen, „Über das Stadtgründungsaugurium bei Ennius»,Sitzungsber. Der Akademie der Wiss. zu Berlín 1894, II. Hbd. S. 1149 Anm. 1. – Ohne Zusammenhang mit dem Augurium wird der Speerwurf erwähnt Plutarco, Rómulo c. 20,5 y Ovidio, Metamorphosen 15,560.

50. Ueda Akinari, Unter dem Regenmond, traducido por Oscar Benl, Stuttgart, sin fecha, págs. 83 y siguientes, 168.

51. Nota del traductor: Gerichtslinde, en alemán, significa literalmente «el tilo de la corte», un árbol sagrado bajo el cual, según la costumbre germánica, tradicionalmente se celebraban asambleas y juicios.

52. Eckart Stallmann, Der Baum in der deutschen Volkssage, Phil. Disentimiento. Masch., Erlangen 1951, pág. 103

53. Karl Florenz, Die historischen Quellen der Shinto-Religion, Gotinga 1919, p. 10°F. 126°F.

54. Jacob Grimm, Deutsche Rechtsaltertümer, reimpreso en Darmstadt en 1974, vol. Yo, pág. 98. – Heinrich Frhr. von Minnigerode, «Königszins, Königsgericht, Königsgastung im altsächsischen Freidingrechte» (Tributo real, corte real, hospitalidad real en los derechos de Freiding del antiguo Sajonia), Göttingen 1928, pp. 84-94; buey como montura, p. 87.

55. Silva Gadelica, „A Collection of Tales in Irish”, ed… y trad. de Standish H. O’Grady, Londres 1892, Vol. II, pp. 70, 80.

56. The Works of Sir Thomas Malory, editado por Eugène Vinaver, Oxford 1948, pág. 79 y ss., con comparación de fuentes francesas pág. 1308 y ss. – Véase también Jean Marx, ‘La légende arthurienne et le Graal’, París 1952, pág. 167 y ss.

57. Le Haut Livre du Graal. Perlesvaus editado por William A. Nitze y T. Atkinson Jenkins, Chicago, Vol. I, 1932, Vol. II, 1937. La ocupación del castillo del Rey Pescador por el Rey del Castillo de la Muerte, Líneas 5086ff.

58. Véase en Jean Marx, La légende arthurienne et le Graal, París 1952, pág. 260, 359. The Works of Sir Thomas Malory, Ed. por Eugène Vinaver, Oxford 1948, Libro XI, Kap. 4.

59. Edda, Völuspá Str. 31f.

60. Edda, Grimnismál 34,9; Hávamáál 138, 2,7. – Jan de Vries, Altnordisches etymologisches Wörterbuch, Leiden 1961, p. 331.|

61. Basado en la balada Legend de Goethe. Véase Heinrich Zimmer, Maya. Der indische Mythos, Zurich, 1952, pág. 193 y sigs.

62. Irische Volksmärchen, editado por Käte Müller-Lisowski, Düsseldorf 1957, págs. 52-54, en la historia de Diarmuid y Gráinne.

63. Por ejemplo, Eric Graf Oxenstierna, Die Nordgermanen, Stuttgart 1957, lámina 85 y texto en la p. 106.

64. Jessie Weston, From Ritual to Romance, Cambridge 1920 et al., defendió enfáticamente el carácter iniciático de los eventos en el Castillo del Grial, además de que la lanza y el Grial eran antiguos símbolos de género, que aparecían como símbolos de vida, especialmente cuando la lanza flotaba sobre el Grial, y en esta forma tenían su lugar en un ritual de vitalidad generativa: pág. 75 de la edición de bolsillo, Nueva York 1957. Por otro lado, Eckhard Neumann, «Wesensmerkmale der Lanzensymbolik» (Características esenciales del simbolismo de la lanza), Tesis doctoral, Berlín, 1977, pág. 57, llega a la siguiente conclusión tras un examen exhaustivo del material etnológico: «En conclusión, de las discusiones anteriores sobre las contribuciones psicoanalíticas al simbolismo de la lanza debe concluirse que una ecuación de la lanza en relación con el pene aún no ha sido corroborada por material empírico.»

65. Joseph Wiesner, Die Thraker, Stuttgart 1963, TV

66. Johann Wilhelm Wolf, Niederländische Sagen, n.° 359, Minne de Santa Gertrudis.

67. Eva L.R. Meyerowitz, The Akan of Ghana, Londres 1958, p. 28 y pie de foto T. 5.

68. Mahabharata VII, 80 y siguientes.

69. Französische Volksmärchen, traducido por Ernst Tegethoff, vol. 2, Jena 1923, núm. 35.|

70. Don C. Talayesva, Sonnenhäuptling Sitzende Rispe Kassel 1964, págs. 165-168.

71. Jan de Vries, Altgermanische Religionsgeschichte, vol. II, Berlín 1957, T. XVII.

72. Según Otto Höfler, Germanisches Sakralkönigtum I, vol. 1, Tübingen 1952, p. 154 y ss., según Halfssaga, Odín puso’su lanza en la cerveza’ para Geirhild, quien le rogó que la ayudara a elaborar cerveza para que ella pudiera superar a su rival con su marido gracias a la bondad de su cerveza, una versión ritualmente posible y significativa, pero que se contrasta en otras versiones de esta saga con el don de la saliva divina como levadura. Sin embargo, dado que la saga a la que se refiere Höfler, publicada por A. Le Roy Andrews, Halle 1909, p. 71, menciona claramente el hráki del dios = saliva y no su lanza, la versión de Höfler, que sin duda acogeríamos con agrado y que también cita Josephine Bilz, ‘Märchengeschehen und Reifungsvorgänge’ (Eventos de cuentos de hadas y procesos de maduración), 1961, p. 109 y ss., parece basarse en un error. Es posible que Höfler confunda la frase ‘han satte sit spyttrolet en AxerOrk, Danmarks Heledigning II’, Copenhague 1910, p. 182, que remite a la Hálfssaga: ‘han satte sit spyt turonet’, la palabra spyt = escupir con spyd = lanza. Sin embargo, el error del gran germanista sigue siendo, aunque de otra manera, un curioso ejemplo de la polaridad experimentada entre lanza y recipiente sagrado para beber.

73. Heinrich von dem Türlin, ‘Diu Crône’, editado por GH P. Scholl, reimpreso Amsterdam 1966, v. 29409 y sigs. – Véase también Le Haut Livre du Graal. Perlesvaus, editado por William A. Nitze y T. Atkinson Jenkins, Chicago, Vol. I, 1932, Vol. II, 1937. Líneas de texto 1409 y siguientes, 2425 y siguientes, Vol. II, pág. 270.

74. The Acts of Pilates 10.1, también conocido como el Gospel de Nicodemus.

ELEMENTOS CHAMÁNICOS EN LOS CUENTOS DE HADAS

Traducciones

Heino Gehrts, Alemania

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Titulo original «Schamanistische Elemente Im Zaubermärchen» pp. 48-89, en Schamanentum und Zaubermärchen editado por Europäische Märchengesellschaft Rheine en 1986.

Una visión general

Los estudiosos actuales de los cuentos de hadas han intentado definir su objeto de estudio describiéndolos como una enumeración de lo completamente fantástico, a lo que nada en la realidad verificable podría corresponder.1 Sin embargo, al mismo tiempo, se ha reconocido que existen, o han existido, ámbitos de la experiencia humana en los que se manifiesta algo similar a los cuentos de hadas. El ejemplo más obvio es el mundo onírico individual, cuyas posibilidades, libres de las limitaciones del cuerpo, parecían no contradecir en absoluto los procesos propios de los cuentos de hadas. Por otro lado, tampoco permitían una explicación exhaustiva de su verdadero significado, de sus estructuras recurrentes y específicas. Solo cuando los sueños mismos, cuando ciertos elementos oníricos, se reconocen como transformaciones o reflejos de condiciones psicológicas más generales, surgen conexiones más claras y significativas, a través de las cuales incluso la aparente naturaleza fantástica de los cuentos de hadas adquiere una nueva fuerza vinculante. Sin embargo, estas reflexiones van acompañadas de la constatación de que las estructuras observadas no solo se expresan en sueños de carácter más general y en cuentos de hadas tradicionales, sino también en otras formas histórico-culturales. Por lo tanto, la interpretación de los cuentos de hadas desde una perspectiva psicológica profunda, cuando la practican personas cualificadas, siempre ha buscado utilizar las formas míticas, esotéricas, ritualísticas y épicas tradicionales para contribuir a una comprensión más amplia de los cuentos de hadas.

Desde sus inicios, la investigación sobre los cuentos de hadas ha intentado de diversas maneras establecer vínculos con otros legados de la antigüedad. En la época de los hermanos Grimm, era particularmente natural vincularlos con el segundo gran tesoro de la narrativa tradicional: los mitos, que se habían registrado tempranamente. Dado que en aquel entonces los estudiosos también redescubrían las tradiciones escandinavas y otros vestigios germánicos, era lógico buscar allí el vínculo más estrecho posible. Desde muy pronto se hizo evidente que los cuentos de hadas estrechamente relacionados estaban muy extendidos entre un círculo de pueblos mucho más amplio que el germánico, y que trascendían con creces el ámbito de las lenguas indoeuropeas. El propio Wilhelm Grimm, a mediados del siglo XIX, se inspiró en tradiciones de todo el mundo y destacó el carácter humano universal de algunos de ellos. En aquel entonces, ya conocía no solo las tradiciones de cuentos de hadas de los pueblos fino-ugrios vecinos, sino también las de origen turco, tártaro, mongol y del Lejano Oriente, así como las tradiciones de los nativos americanos de Norteamérica y las tradiciones africanas de Sudán y Bechuana.2

Sin embargo, la originalidad y autonomía de los mitos, como uno de los sistemas narrativos autónomos más antiguos, ya se cuestionaban en el siglo anterior. Crecía la comprensión de que muchos mitos solo revelaban su verdadero significado al ser considerados junto con sus rituales asociados. Durante demasiado tiempo, la erudición había tomado el mito griego como su único modelo, una narración coherente.3 Solo en este siglo se puede considerar ejemplar el hecho de que el mito egipcio de Isis y Osiris nunca se registrara como una historia completa en su tierra natal, sino mucho más tarde y en el extranjero por el griego Plutarco.4 En las culturas rituales, la palabra narrativa mítica suele estar integrada en la representación corporal y performativa del significado del mito dentro del ritual, y no necesariamente se concibió como una narración independiente. Por otro lado, también existía la narración de cuentos como una costumbre ligada al ritual, y es aquí donde el mito de estilo griego, como historia autónoma, encuentra su lugar. Por supuesto, a menudo solo lo parece, mientras que en realidad está profundamente arraigado en las costumbres festivas y el trabajo diario, en el orden de la vida y los acontecimientos mundiales, y solo en este contexto adquiere significado e importancia.

Es inevitable que dicha narración también introduzca el significado de todas las actividades mencionadas anteriormente y, en consecuencia, las investigaciones han constatado que muchos cuentos de hadas típicos también representan tales introducciones. Esto podría interpretarse desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, de modo que preparan al oyente para las decisiones vitales que posteriormente serán necesarias y contribuyen a generar cambios transformadores, o bien, que las imágenes de estos cuentos de hadas remiten al simbolismo de los ritos de iniciación de culturas antiguas. Esta era la convicción de Saintyves y Propp, y Mircea Eliade coincidió con ella, aunque con ciertas reservas.5 Propp, en particular, buscó demostrar, utilizando abundante material, que muchos sucesos de los cuentos de hadas se corresponden con las prácticas e ideas de los ritos de iniciación de jóvenes en culturas rituales.

Toda una serie de hallazgos de este tipo resultarán irrefutables; sin embargo, es apropiado enfatizar en este punto qué no existen “los cuentos de hadas” ni “el cuento de hada” como relatos de un contenido específico, sino que el mundo de los cuentos de hadas contiene narraciones de orígenes y desarrollos muy diferentes, y que los tipos, versiones y motivos requieren cada uno una investigación más detallada como tal. Por otro lado, muchos cuentos de hadas también comparten similitudes significativas que atestiguan concepciones antiguas relacionadas y permiten clasificaciones culturales. Antes de continuar, cabe señalar que incluso cuando se dice algo sobre un cuento de hadas en particular en aras de la brevedad, esto se refiere solo a un cuento de hadas específico, un tipo particular o un grupo limitado, y el alcance de la afirmación está determinado por el contexto específico. Añadimos además que todos los elementos histórico-culturales de los cuentos de hadas, como se entiende, no sobreviven como tales, sino más bien como motivos épicos y grupos de motivos. Sin embargo, esto no es razón para ver con escepticismo el rastreo de los cuentos de hadas hasta sus orígenes histórico-culturales. Por el contrario, parece absolutamente necesario sacar a la luz el significado original de un cuento de hadas si se pretende utilizarlo pedagógica o terapéuticamente. De lo contrario, uno estaría actuando como alguien que toma un medicamento o alimento de una lata cuya etiqueta se cayó hace muchos años. Puede superar temporalmente la dificultad intentando determinar el contenido de la caja psicoanalíticamente; sin embargo, dada la variedad de métodos analíticos, un enfoque histórico-cultural para determinar el contenido parece preferible para su uso práctico. Por supuesto, un conocimiento profundo de los cuentos de hadas es un requisito indispensable para ello.

Cabe mencionar que algunas inconsistencias en la trama de los cuentos de hadas, que ningún narrador posterior, por muy diligente que sea, puede resolver, apuntan directamente a las conexiones significativas establecidas en el estrato cultural más antiguo. Por otro lado, los cuentos de hadas clásicos permanecieron sujetos a corrección y adaptación durante mucho tiempo por parte de quienes comprendían su significado. Una de las razones de la coherencia de los tipos es la experiencia del significado, que a menudo pasan por alto los defensores de una génesis literaria de los cuentos de hadas.

Una característica clave de las culturas rituales6 es el poder de la tradición. Amplios repertorios de rituales inmutables se conservan en la memoria consciente de quienes los realizan y se transmiten de generación en generación. La representación ritual de un mundo entero, la imagen completa de un mundo tal como existe, se conserva y se hereda en máscaras, roles, rituales, símbolos, oraciones, canciones y textos narrativos: una enciclopedia viviente de valor incalculable, ya que todo el significado y la coherencia de la existencia, así como todo el sustento, los animales de caza y los cultivos, el hogar y el entorno, las estructuras y los roles sociales, las herramientas y los materiales, se fundamentan en ella y se sustentan gracias a ella. Por otro lado, esta naturaleza hereditaria de las culturas rituales también da lugar a una de sus vulnerabilidades. La pérdida de quien desempeña un rol, por ejemplo, por muerte o deserción, no representa simplemente la pérdida de un solo elemento, sino una profunda alteración que sacude todo el sistema.7 Cómo las distintas culturas mitigan este peligro, por ejemplo, mediante sociedades rituales que representan colectivamente a quienes desempeñan roles específicos, no es el tema que nos ocupa aquí. Solo es necesario abordar un detalle, ya que nos lleva directamente a nuestro tema principal.

La principal fuente de supervivencia de estas culturas es, sin duda, la tradición y su transmisión a la juventud mediante la iniciación. Sin embargo, en toda sociedad primitiva que aún no se ha vuelto rígida, también se produce la afluencia de lo transformado y lo nuevo a través de la experiencia visionaria, particularmente mediante los sueños reveladores. De este modo, incluso en casos de pérdida fortuita, todo el sistema ritual encuentra su sanación creativa. Podemos suponer que, originalmente, todo el legado ritual transmitido surgió por estos medios. Así, nos encontramos con una relación más primigenia entre las personas, las comunidades y el mundo, el sentido de la existencia y el modo de vida; es decir, un modo de vida en el que la humanidad dialoga continuamente con los seres que dan vida al mundo. Se trata también de seres que moran en los fondos más profundos, amplios y elevados, en los subterráneos y en las capas superiores de la existencia, y que o bien se presentan ante el ser humano para atormentarlo, o bien hacia los que este se dirige para obtener su consejo, su ayuda y su fuerza vital para su existencia aquí en la Tierra.

Para reconocer esta relación más primitiva de una comunidad humana con el mundo como cultura chamánica, solo hace falta una característica más: que haya personas consagradas, capacitadas o incluso titulares de cargos que hayan sido especialmente elegidas para mantener, también en nombre de los demás, esa conexión con el mundo de los seres y para reactivarla en caso de necesidad. Este sería el chamán, y a continuación se analizarán las huellas de su papel, sus experiencias y sus tareas en los cuentos populares. A este respecto, afirmamos con rotundidad que la experiencia chamánica del mundo y la existencia no nos parecen limitadas desde el punto de vista histórico, geográfico o tribal, aunque el término “chamán” y una serie de descripciones antiguas de este tipo procedan de los relatos de viajeros que visitaron Siberia. Más bien, al igual que otros investigadores, consideramos el chamanismo como una forma de vida y de experiencia humana primitiva y, por lo tanto, lo consideramos de difusión generalizada. Sus formas culturales particulares deben considerarse, por tanto, como desarrollos de una constitución humana fundamental; sus vestigios se pueden encontrar en amplios ámbitos, y el resurgimiento espontáneo de formas chamánicas, incluso en culturas muy desarrolladas, es por ello posible en cualquier momento y, de hecho, también se puede observar. Solo quien contempla la realidad aparente a través de estrechos filtros conceptuales puede pasar por alto los contenidos chamánicos del mesmerismo y el espiritismo.

La siguiente sección intentará presentar sistemáticamente aquellos tipos y motivos de cuentos de hadas que se corresponden con formas chamánicas de experiencia y acción. Esto proporcionará simultáneamente una visión general de aspectos esenciales del chamanismo en general; o, dicho de otro modo, ciertas partes del repertorio europeo de cuentos de hadas ofrecen material a través del cual se pueden ilustrar plenamente las características esenciales del chamanismo. Estas correspondencias formales son, como debería ser evidente, ciertas, al igual que las características rituales en el repertorio de cuentos de hadas están bien establecidas. Una tarea completamente distinta, que no abordaremos aquí, sería determinar la naturaleza de estas conexiones, es decir, investigar si se trata simplemente de diferentes manifestaciones de un mismo conjunto de arquetipos, a veces en forma de acción humana, a veces en poemas épicos, o si los cuentos de hadas contienen sus propias reliquias o relatos importados de chamanismo practicado en forma narrativa; o, finalmente, si los cuentos de hadas, como poesía, unen indistinguiblemente elementos arquetípicamente renacidos y elementos históricamente transmitidos en una forma perfecta.

Visión del mundo y viajes por el mundo

La cosmovisión típica del chamanismo se divide en tres etapas: el mundo intermedio de la humanidad, es decir, la Tierra; el mundo superior; y el mundo inferior8. Estos tres niveles también están claramente delimitados en los cuentos de hadas; los encuentros y experiencias de estos tienen lugar en los tres. El mundo intermedio posee sus propias criaturas maravillosas, pero el mundo superior también alberga seres de la zona inferior —llamémoslos demoníacos aquí, o, como hace Siuts, ctónicos— y seres del mundo superior, cuyo verdadero hogar suele describirse en los cuentos de hadas como seres de resplandor, oro, luces celestiales y belleza sobrenatural. Los nombres originales y ancestrales de estos seres y sus lugares de origen, por supuesto, se han perdido o se han oscurecido en gran medida en Europa. Sin embargo, entre las figuras del dragón, el diablo, el trol, el enano malévolo y otros, el demonio del inframundo de las tradiciones más antiguas a menudo puede reconocerse fácilmente. El diablo, en particular, suele ser un ser tan benévolo, y sirve con tanto empeño al heroe, que su conexión con seres ctónicos de naturaleza más benévola resulta innegable. Esto se aplica especialmente a su madre, abuela o esposa. De hecho, esta es una característica clave de los mundos del chamanismo siberiano: que los seres inferiores no son del todo malvados, ni los superiores del todo buenos. Además, como cosmovisión propia de culturas antiguas, existe otra diferencia en la valoración, ya que allí los poderes malignos suelen ser vistos como un vis a tergo, “que siempre desea el mal y siempre crea el bien”. Incluso en las adaptaciones posteriores de nuestros cuentos de hadas, este tipo de valoración dualista más antigua a veces aún parece manifestarse. Esta falta de claridad en la naturaleza es particularmente notoria en los poderes iniciadores del inframundo de los tipos 313 y 314, es decir, en los cuentos de hadas en los que la pareja o el joven deben alejarse de ellos mediante una huida mágica, pero se llevan consigo un valioso tesoro vital de su reino.

Los seres celestiales suelen caracterizarse por su propia naturaleza, como las manifestaciones humanoides del sol y la luna, las estrellas y el viento, este último a menudo especializado según su dirección o fuerza. La ambivalencia de estos seres, a la vez caníbales y benevolentes, suele subrayarse mediante rasgos marcados, y su lado más accesible se representa como su madre. Carecen por completo de cualquier designación como dioses, semidioses o deidades de la naturaleza. Un ser singular del mundo superior, concebido sin duda en una fase remota de la historia humana, es la Doncella Cisne, una figura que, a diferencia de todos los demás seres celestiales, apenas ha perdido su naturaleza etérea en medio de las transformaciones de la historia religiosa. Por supuesto, cuando esta naturaleza se entrelaza épicamente con los acontecimientos terrenales, los narradores posteriores a veces se enfrentan a dificultades casi insuperables, que, sin embargo, nosotros, acostumbrados a la semántica del lenguaje de los cuentos de hadas, apenas percibimos. Así, en el cuento de hadas de los hermanos Grimm “El niño tamborilero”, la doncella cisne debe ser una princesa encantada, aunque incluso con este recurso, la libertad de sus vuelos entre mundos y su esclavitud a la “bruja” de la Montaña de Cristal difícilmente pueden conciliarse. Sin embargo, el cuento de hadas nos ha acostumbrado tanto a la peculiar sensibilidad de sus princesas que casi nunca nos damos cuenta de que el término “princesa” en muchos casos no se refiere a otra cosa que a un ser de otro mundo, a menudo sobrenatural.

Sin embargo, hemos adoptado una palabra de los celtas que nos permite designar directamente a un ser de otro mundo, específicamente de un reino estrechamente relacionado: la palabra “hada”. En nuestra tradición, este término se especializa para seres femeninos y se ha incorporado principalmente a los cuentos de hadas literarios, mientras que los cuentos populares transmitidos oralmente emplean otros términos. A menudo, a estos seres se les llama simplemente “ancianas” o “ancianos”, hombres y mujeres de baja estatura que se encuentran con el héroe y lo ayudan en su viaje. Entre ellos también hay varios seres conocidos como brujas, que difieren significativamente de la bruja común del pueblo tanto en su hábitat como en su utilidad. Las maravillas terrenales también incluyen a los señores o señoras de los animales, un motivo sorprendentemente frecuente en nuestros cuentos de hadas, sorprendente porque sin duda está conectado con las antiguas culturas de cazadores-recolectores en las que el chamanismo también tiene sus raíces. El héroe vaga sin rumbo, su objetivo le está oculto, solo conoce su nombre. Afortunadamente, se encuentra con seres de diversos nombres, a quienes más tarde también se les denomina ermitaños, que viven en la naturaleza y parecen mortales, pero que habitan muy alejados unos de otros y son los amos de los animales de cuatro patas, las aves y los peces. Ellos convocan y consultan a su gente, y algún zorro, cuervo o carpa que aún sobrevive conoce el reino secreto y puede servir al héroe como guía o incluso como montura.

En los cuentos de hadas alemanes, el inframundo solo se menciona como tal en contadas ocasiones. En el cuento de hadas tipo 301, el héroe desciende al inframundo a través de un agujero en la tierra, como si fuera una mina, y muchos lectores adultos de cuentos de hadas aún recordarán lo asombrados que quedaron de niños al descubrir que allí, en la tierra, existía, según creían, un mundo brillante y soleado. Según la concepción original, este es el mundo bajo tierra, y algunos cuentos de hadas orientales enfatizan aún más este motivo al hacer que el héroe caiga inesperadamente desde allí a un mundo aún más profundo9. Para muchas culturas chamánicas y con influencia chamánica, los tres mundos también representan simplemente una división aproximada en la que podrían incorporarse niveles adicionales. Es notable que incluso este inframundo más profundo esté plagado por un dragón que bloquea el agua, y que el héroe obtenga su regreso como recompensa al matar a este dragón. Regularmente renuncia a la princesa, nativa de ese reino y ofrecida como su esposa, ya que está prometido a la princesa terrenal que había sido llevada al inframundo más cercano a la tierra y liberada por él: descenso al inframundo, batalla con demonios para liberar un alma llevada allí, caída fatídica a un nivel aún más profundo, batalla repetida con demonios para liberar el agua viva, adquisición de la riqueza para ascender desde allí de regreso al mundo intermedio, matrimonio con la princesa liberada: no un evento unidimensional, sino que abarca múltiples mundos. O tal vez sea unidimensional, ya que el chamán y el héroe de los cuentos de hadas encuentran accesibles todos los mundos y, al vagar en busca de su destino, se funden en un mundo mayor.

Es posible que la multifacética superposición de mundos, tal como la encontramos en estos cuentos de hadas, aún contara con el respaldo, aunque tardíamente, de la cosmovisión de la Iglesia medieval. Sin embargo, resulta sorprendente que en los cuentos de hadas encontremos reinos subterráneos, comunes en las cosmovisiones chamánicas, mil años después del cristianismo, sin ninguna referencia a Dante ni a sus predecesores y sucesores eclesiásticos. De manera bastante sencilla, en un cuento de hadas de la colección hessiana de Johann Wilhelm Wolf de 1851, AT 302, el narrador afirma que el héroe ha volado hasta «el mundo más bajo»; allí todavía le queda «un buen camino» por recorrer y luego llega ante un «maravilloso castillo… con imponentes puertas». En un cuento de hadas de Hannover, perteneciente a la colección Colshorn de 1854, sobre las tres princesas extasiadas (AT 301AB), el traicionero enano, a quien el hijo del oso ha perseguido hasta el fondo del pozo, huye “hacia otro mundo”. En Vorarlberg, un cuento de hadas del tipo 313, “escape mágico”, menciona explícitamente el inframundo y el mundo terrenal como el mundo superior. Resulta particularmente notable que aquí, en el entorno alpino, el héroe no sea llevado a través de una cueva de montaña, sino que sea “transportado al inframundo” al tocar el suelo, lo cual le está prohibido. El viaje de regreso tampoco es por ascenso, sino, como es típico, en forma de un escape transformador —que siempre parece transcurrir horizontalmente— y que finalmente termina “en una región bien conocida por el joven conde”.10

El grado de «esoterismo» que suponían las ideas subyacentes a la trama de ese cuento de hadas cuando se transmitieron tan tardíamente se puede apreciar en las palabras recogidas alrededor de 1850 de boca de una anciana en Stöckheim, al oeste de las montañas Harz. Allí, antiguamente se decía, sobre todo entre los niños, «en secreto»: que debajo de este mundo había otro mundo (habitado), rodeado por una masa de agua amplia y profunda, que había que cruzar para llegar al mundo inferior. “Pero ya nadie lo cree.”11

El Mundo Superior es accesible para la mujer y el hombre errantes de una manera muy peculiar. Por lo general, no se necesitan medios especiales para llegar a las moradas de las estrellas y los vientos; el único camino que siguen los viajeros, que los lleva a través de bosques y montañas, se extiende hasta los reinos del sol, la luna y el viento. Sin embargo, existen destinos lejanos que requieren ayudas especiales para alcanzarlos, lo que da lugar a una estratificación correspondiente de los reinos. La Montaña de Cristal, que representa la montaña del mundo en los cuentos de hadas, a menudo solo puede ser escalada por el viajero con la ayuda de patas de gallina —como recompensa por un sacrificio de gallina, podría decirse— y solo puede ser alcanzada volando hasta ella con los objetos mágicos que rescata de las disputas de herencia de gigantes u otros seres.

Otras dos imágenes que representan el camino hacia el mundo superior son la planta que crece hasta alcanzar el cielo y el árbol que se eleva hacia el firmamento.

El propio viajero celestial presencia el brote de la planta; este motivo se utiliza a menudo de forma caprichosa y ficticia en los cuentos de hadas y dista mucho del árbol que la sesión chamánica evoca, como una escalera viviente para ascender al mundo superior.12 El árbol que se eleva hacia el cielo, en cambio, no es una planta mágica, sino que se encuentra en el mundo y también puede desvanecerse. Escalar el árbol requiere un viaje de muchos días que conduce a través de maravillosos reinos de metal hasta el Reino Dorado y su prodigioso habitante. En los cuentos de hadas, este árbol probablemente migró a nuestra región desde el Este; además, está directamente relacionado con el Árbol del Mundo, ese árbol primordial que conecta todos los suelos de la Tierra, un concepto particularmente extendido en el norte euroasiático y que, como el Árbol Chamánico, también pertenece al trasfondo mítico del chamanismo siberiano.13

Un motivo recurrente en las descripciones anteriores del mundo es el del viaje. En general, la imagen del mundo nunca se concibe como un fin en sí misma; más bien, siempre aparece de forma incidental en la representación de los viajes. Especialmente en los cuentos de hadas más significativos y característicos, el hombre y la mujer son viajeros cuyo destino se encuentra muy lejos, y esta distancia, según la comprensión moderna, no se ubicaría en el mundo terrenal y corpóreo, sino entre los espíritus, los gobernantes de los mundos inferior y superior. Por lo tanto, entre este mundo —la aldea, la corte real o el reino— y el otro mundo —la montaña de cristal, el castillo dorado, la fuente de la vida— suele existir una zona de transición o incluso una línea divisoria. En nuestras regiones, esta zona puede ser el bosque o las montañas, e igualmente el mar; ejemplos de líneas divisorias son el lago y el río, o un paso rocoso. El cuerpo de agua, especialmente el río, es conocido en muchas mitologías alrededor del mundo como el límite entre este mundo y el otro. Por lo general, se manifiesta de tal manera que los vivos pueden cruzar fácilmente, pero este otro no puede cruzarlo en absoluto o con una dificultad casi insuperable. Esto también se aplica en algunos cuentos de hadas a los seres que habitan en el otro lado. Cuando el héroe y la heroína huyen de ellos, los perseguidores, y por ende, los gobernantes del inframundo, se topan con un obstáculo insuperable en la orilla del agua. El punto de transición encuentra su expresión más fuerte en el motivo de los simlegatos, las rocas articuladas, que está muy extendido por todo el mundo y desempeña un papel en los viajes al más allá de muchas culturas, incluidos los viajes chamánicos y de cuentos de hadas al otro lado.14 Con respecto a los seres del más allá, el límite se describe a menudo como el límite de su «poder».

El viaje alrededor del mundo como alma es muy característico de toda la tradición chamánica; también es característico del cuento de hadas bien entendido, más precisamente de aquella parte de los cuentos de hadas mágicos cuya imaginería atestigua que el viaje conduce no solo a través del reino terrenal, sino también a una vida después de la muerte experimentada desde la antigüedad, accesible al alma. Antti Aarne ya expresó la naturaleza «sobrenatural» de muchos elementos de los cuentos de hadas con este término en su tipología de 1910. Johannes Siuts proporcionó un estudio exhaustivo de este tema en su disertación «Motivos de la vida después de la muerte en los cuentos populares alemanes», presentada ese mismo año y publicada en 1911.15 Dado que la investigación sobre cuentos de hadas ha seguido predominantemente otros caminos desde entonces, sus hallazgos aún no se han aplicado a la comprensión de los cuentos de hadas en la medida que el tema lo requiere.

Esto puede deberse en parte a que Siuts no estableció la conexión histórico-cultural a través de la cual los motivos del más allá adquieren todo su peso, a saber, con el chamanismo. Su enfoque se centró principalmente en las manifestaciones del más allá y sus habitantes, y no en la persona que lo busca. Sin embargo, concluyó sus hallazgos con las siguientes frases, que también se aplican al viaje chamánico: “Si bien no es lícito atribuir los cuentos de hadas en su totalidad a experiencias en el más allá, cabe señalar que el narrador o poeta es más generoso con ningún otro conjunto de motivos que con aquellos que le ofrece el viaje del alma al más allá al separarse de su cuerpo»”. Añade la siguiente nota: “Describir las experiencias del alma vagando fuera del cuerpo como «visión» o como «sueño» —con esto nos acercamos al uso que le da von der Leyen— podría ser cuestión de gusto; en cualquier caso, sin embargo, estos términos son demasiado indeterminados para expresar las formas básicas, constantes pero a la vez en constante cambio, del cuento de hadas en la continua vida de esta poesía.”

Lo experimentado más allá no siempre tiene por qué caracterizarse por la distancia. Como mundo manifiesto, el otro puede, en principio, abrirse en cualquier lugar, y por mucho que viaje el indigno, el otro mundo sigue sin concederle acceso; incluso allí se lo niega. Entre los omnipresentes rincones de la existencia de otro mundo, el castillo aparece como un lugar predilecto, o al menos ese lugar ilusorio recibe ese nombre en los cuentos de hadas. Sería un error considerarlo simplemente como un análogo del castillo encantado de la leyenda debido a los encuentros con fantasmas que allí se producen. Ciertamente, existen conexiones narrativas entre el castillo de la leyenda y el castillo del cuento de hadas; sin embargo, el tipo de búsqueda del hombre, específicamente su forma especial 400B, deja perfectamente claro que el héroe se encuentra con el castillo como si fuera una casa común, pero que está embrujada.16 Pero el regreso milagroso de allí, en forma de éxtasis, y las dificultades espaciales encontradas al intentar llegar a él de nuevo desde casa, atestiguan que este castillo de cuento de hadas tiene su verdadera ubicación en otro lugar; en otras palabras, demuestran que no se sitúa aquí o allá, sino que simplemente aparece aquí como un fenómeno concedido al elegido en el momento oportuno. En este sentido, el castillo de cuento de hadas de la leyenda medieval se corresponde enteramente con el Castillo del Grial, que también puede aparecer repentinamente tras un promontorio en la zona circundante, en gran parte deshabitada, pero solo para aquel destinado al Grial.

En las prácticas chamánicas, la meta distante y el acceso local también se entrelazan, por un lado como imagen del más allá real y, por otro, como la apertura local del mundo presente para el gran viaje al otro lado. El mundo físico y el mundo de las cosas, en su impenetrabilidad, se abren en los estados de trance, y como detalle particular, cabe mencionar la penetración en la tierra misma, que, en la sesión, debe abrirse bajo la casa, la tienda misma, y otorgar al chamán acceso al inframundo17, comparable a ese agujero en la tierra a través del cual, en el Tipo 301, el héroe desciende hasta las princesas raptadas. Que no pueda volver a ascender en ese punto, que sea abandonado por sus traicioneros compañeros y deba realizar el ascenso de otra manera, ciertamente se corresponde con las experiencias chamánicas, según las cuales el viaje de ida y vuelta también suele transcurrir de maneras diferentes. El hecho de que el héroe no sea libre en la elección de su camino, sino que dependa de encuentros fatídicos, también se relaciona con el carácter iniciático de las experiencias descritas en el cuento de hadas, ya que el viajero al más allá descubre por primera vez los poderes y posibilidades que existen en el otro lado. En el tipo 302, «Corazón del monstruo en el huevo», la diminuta forma de transformación del héroe —como una abeja o una hormiga, en la que se arrastra por cerraduras o estrechas grietas en la tierra— parece simbolizar la capacidad del alma para penetrar enormes barreras, incluida la propia tierra.18

Caminos

El héroe también debe experimentar por primera vez los caminos que hay más allá19; el viaje del cuento de hadas suele dirigirse hacia un destino cuyo nombre es completamente desconocido en el mundo secular. Sin embargo, la mujer y el hombre emprenden el viaje, y este mismo debe transmitirles el conocimiento de los caminos y los medios para recorrerlos. Incluso cuando los hermanos parten, como en los dos cuentos del Pájaro Dorado, AT 550/551, y cuando los caminos individuales se caracterizan en una encrucijada, los hermanos mayores suelen elegir la ruta segura o razonablemente segura. El camino del menor, sin embargo, suele estar marcado con una fórmula que también indica el camino al reino de los muertos: el camino sin retorno. Pero esto es precisamente chamánico: que el chamán —y casi solo él— también es capaz de cruzar el umbral del viaje de regreso. La caracterización del camino por la negación del regreso a casa, la afirmación de este camino por parte del personaje del cuento de hadas y su regreso real desde la meta lejana hacia la que fue dirigido, no tienen por qué entenderse exclusivamente en términos chamánicos. Podemos discernir un significado doble adicional. En primer lugar, el significado psicológico-desarrollista, tal vez en el sentido de Heráclito: ¡Aunque puedas regresar, ya no eres tú quien regresa a casa! En segundo lugar, contiene el significado heroico: es decir, una afirmación del objetivo supremo de la vida, incluso al precio de la muerte, para esta afirmación, el regreso aún sería posible en la medida en que el logro del objetivo supremo en sí mismo ya asumiría el significado de un regreso eterno a casa. En ambos casos, las imágenes del más allá se usarían solo figurativamente; la concepción chamánica las toma en su sentido literal.

Los caminos también desempeñan un papel inesperadamente importante en el chamanismo. El mundo del éxtasis chamánico no es un sueño vacilante e informe ni un reino de embriaguez, sino más bien un paisaje con montañas y arroyos, árboles y senderos, en el que un chamán iniciado sabe cómo orientarse. El acceso a estos caminos es crucial para su competencia profesional; pues los seres que debe buscar tienen sus moradas designadas y solo pueden ser encontrados en el camino correcto que conduce a ellas. La iniciación es también, y sobre todo, una introducción a los senderos del más allá.

Espíritus que ayudan

La capacidad de orientarse allí no se basa únicamente en el conocimiento local. De hecho, se podría afirmar con mayor contundencia que en ese otro mundo no hay lugares que el mero conocimiento pueda cubrir.

Sabemos por los cuentos de hadas que los vagabundos a menudo deambulan durante mucho tiempo por caminos sin salida; conocen el nombre de su destino, pero no saben cómo llegar a él. Para dominar el camino siempre se necesita un ser que lo conozca y lo guíe, y a menudo es precisamente este ser el que los lleva al destino, y luego de regreso. El chamán siberiano tiene sus espíritus ayudantes, a los que puede recurrir a través de la mediación de su espíritu principal, que está conectado a él como a otro yo, o que, en particular, es para el chamán un compañero espiritual, y para su esposa un esposo espiritual. En la superstición impuesta a los hechiceros a finales de la Edad Media, a estos compañeros espirituales, debido a la restricción sexual de su naturaleza, se les denominaba súcubo e íncubo. Con la supresión de la superstición, tales relaciones se han vuelto completamente ajenas a las concepciones europeas. Solo los mitos antiguos han conservado algo de esto para nuestra conciencia de una forma más refinada, como la relación entre Atenea y Odiseo, o Afrodita como una madre cariñosa con Eneas. El folclore local, por otro lado, ofrece una imagen escalofriante de la falta de comprensión con la que nuestro pueblo ha considerado durante mucho tiempo el mundo y el más allá. Consideremos, por ejemplo, las cuevas del tesoro mal utilizadas con su advertencia espiritual malinterpretada: “¡No olvides lo mejor!”, y los innumerables intentos fallidos de “redención” acompañados de los lamentos de los espíritus femeninos, especialmente las Doncellas Blancas, que siguen siendo incomprendidas a lo largo de las leyendas. En las leyendas medievales de origen celta, estas relaciones a menudo se representan de forma más favorable, como en la leyenda del hada Hinde; allí, Hinde, como tentadora, le muestra al cazador el camino al más allá, donde puede aparecerse ante él como una mujer. Este motivo también ha dejado su huella en los cuentos de hadas, y si aparece también en los cuentos de hadas indios, por ejemplo, entonces probablemente podamos atribuirlo a la difusión general de una experiencia, así como a la migración del motivo narrativo.21

El motivo de los sacrificios

En el norte de Siberia, el reno es el animal familiar, utilizado como montura, y por lo tanto es también el animal que transporta al chamán en sus viajes. Dado que el viaje chamánico alrededor del mundo debe realizarse por aire, el reno es simultáneamente similar a un ave. Además, en las antiguas culturas ecuestres de Asia, el caballo suele ser el guía espiritual de apoyo y con capacidad de vuelo. Asimismo, en nuestros cuentos de hadas, el caballo juega un papel importante como el ayudante más confiable del héroe; es su consejero, que comienza a hablarle en su primera salida, y a quien visita repetidamente en el establo en busca de consuelo y guía; sobre todo, este caballo es el único que le permite cruzar la frontera. Lo lleva al lugar en el otro mundo al que debe llegar, y también es capaz de traerlo de regreso aquí, por ejemplo, cuando huye de sus perseguidores en ese mundo. Ocasionalmente, el animal se «agota» al cumplir tales tareas; solo puede dar instrucciones para su sacrificio, pero en su muerte se transforma en un entorno fértil y nutritivo para su compañero humano. Así, este cuento de hadas nos ofrece una maravillosa imagen del significado del sacrificio animal, y en particular, del sacrificio de caballos. El animal no solo nos lleva al otro lado y de regreso a la tierra de los vivos, sino que también establece nuestra felicidad aquí. El significado del sacrificio animal se expresa de una manera algo diferente en el tipo más conocido de «Tierra-Fresco» o «Un Ojo, Dos Ojos…» AT 511, donde el animal no se transforma en el entorno circundante, sino en un centro interior que otorga poder, en el árbol frutal como dador de felicidad que llena la vida.23

Los motivos mencionados no son estrictamente chamánicos, pero complementan de forma acertada la imagen del poder inherente del animal. Otro motivo de muerte, peculiar y distinto, se acerca más al complejo chamánico de los cuentos de hadas: después de que el animal benefactor haya cumplido sus tareas, a menudo exige que el héroe lo decapite. Al héroe le cuesta un esfuerzo considerable acceder a esta petición, que parece constituir un terrible acto de ingratitud. Pero tras la decapitación, el animal se revela en una radiante forma humana: como un príncipe, tal como se describe en la traducción de los cuentos de hadas antiguos a los modernos, pero en su verdadero significado, por supuesto, como el espíritu benefactor que siempre ha sido.

Cabe destacar, sin embargo, que esta revelación también puede ocurrir sin el drástico paso intermedio de la decapitación, como, por ejemplo, en el cuento de hadas de los hermanos Grimm de Juan de Hierro, aunque aquí no desde la forma animal sino desde la del hombre salvaje, AT 502, o en las versiones uzbekas del cuento de hadas del Pájaro Dorado, AT 550. Allí, inmediatamente después de traer los tres tesoros e incluso antes de la traición de los hermanos, el animal servicial invita a su protegido a unas «vacaciones reparadoras» —a su castillo— para sorpresa del héroe, que había esperado una cueva animal como hogar del animal servicial.24 Si esta transformación final se describe como redención en nuestros cuentos de hadas, entonces esto nos abre los ojos al hecho de que la redención en los cuentos de hadas significa algo completamente diferente de la redemptio en nuestra religión y también de la «redención» en nuestros cuentos populares, que está influenciada por la religión y generalmente fracasa.

En el transcurso del viaje del héroe de los cuentos de hadas, que puede interpretarse como chamánico, aparecen motivos sacrificiales también en otras fases, siendo la primera la que establece el apoyo mutuo entre los compañeros: la ofrenda de comida poco después de comenzar el viaje. Incluso cuando los hermanos mayores parten, y la encrucijada no es el factor decisivo, todo lo que sigue está determinado por el hecho de que los primeros se niegan a ofrecer una parte de las provisiones a un suplicante o animal, mientras que el hermano menor comparte generosamente sus a menudo escasas provisiones de viaje. Es peculiar que esta ofrenda pueda ser un caballo, el caballo de montar del héroe, con el que realiza un sacrificio equino y así obtiene la ayuda del más poderoso, la montura espiritual, como el lobo.25 Ya hemos mencionado el sacrificio de la niña en la Montaña de Cristal; añadimos que este se completa con el sacrificio del dedo, el de su propio dedo, para el último peldaño de la escalera.26 En el caso del hombre, este motivo corresponde a un tipo diferente de sacrificio a caballo.

Cuando un ave sirve de montura al héroe, este suele tener que cargar con una enorme cantidad de carne durante el vuelo, quizás una docena de ovejas sacrificadas: un magnífico sacrificio animal para el ave que lo ayuda. Pero la provisión nunca es suficiente, y para cubrir el último tramo del viaje, el héroe debe sacrificar su propia carne. Sin embargo, al final del viaje, con los músculos de sus piernas al descubierto, no queda lisiado, y el cuento de hadas ofrece su propia imaginería para explicarlo, como el ave regurgitando la comida en la herida.27 Si quisiéramos comprender esta integridad objetivamente, podríamos decir que el héroe no sacrifica con carne y hueso, sino, de acuerdo con la naturaleza del viaje, con sustancia espiritual, es decir, con el alimento sacrificial en sí – por eso la oveja sacrificial también puede ser transportada por el ave – y esta sustancia nunca se puede perder, porque el concepto de sacrificio contiene inherentemente el retorno de lo sacrificado en forma de un aumento de vida28.

No es necesario que sea una ofrenda de comida la que conecte al héroe del cuento con el ayudante del más allá. Es posible que el ser de otro mundo esté orientado hacia el ser terrenal desde el principio, como ocurre con la madre en los cuentos de Cenicienta o Moirin (AT 510, 510A). Por parte de los vivos, es entonces la conmemoración de los muertos la que se honra y la que mantiene el vínculo con los vivos. El motivo de la vigilancia de la tumba tiene claramente un significado antiguo; aquí también, los hermanos mayores, al negarse a velar la tumba de su padre por la noche, pierden el derecho a ayudar a los muertos. El menor, en cambio, al asumir el servicio por ellos y por sí mismo, obtiene así las tres monturas espirituales del difunto.29 En el grupo de cuentos de hadas que tratan sobre el hombre muerto servicial, el héroe se gana al propio hombre muerto como ayudante, específicamente para tareas claramente chamánicas, de una manera diferente: es decir, organizando el entierro del hombre muerto insepulto. Un cuento popular noruego ha desarrollado el motivo de la ingeniosa manera en que el hombre muerto es congelado en un bloque de hielo: una imagen del destino de una muerte postergada, que se resuelve cuando, como en otras versiones, el héroe paga el funeral y el velorio.30 Las ofrendas monetarias ya no nos parecen tener un significado profundo, pero en su origen son, sin embargo, de valor vital, y el cuento popular subraya el carácter sacrificial al hacer que los viajeros entreguen las monedas no de una abundancia, sino como toda su posesión, un motivo que a veces aparece aún más pronunciado cuando las pocas monedas representan toda la herencia del hombre pobre.

Merecen mención otras tres formas peculiares en las que se recluta al animal ayudante. El motivo del fruto dañado —ya sea el árbol frutal robado o el campo saqueado o pisoteado— suele conducir únicamente a un primer encuentro con seres maravillosos, a un atisbo, a una experiencia que invita a emprender un viaje iniciático. Sin embargo, también puede ser que quien daña el fruto sea en sí mismo una montura prodigiosa, disponible para el héroe tras su desenmascaramiento31. De naturaleza aún más distintiva es el motivo de los pastos prohibidos32. El héroe es un pastor al que se le prohíbe cruzar cierta frontera; al otro lado se extienden pastos mucho más exuberantes, pero la muerte lo acecha. Si se atreve a cruzar la frontera, él o su animal ayudante logran matar a los seres elementales que allí gobiernan y así obtienen sus monturas, sus armas y sus armaduras, es decir, las brillantes vestiduras del otro mundo. Así transformado, y montado, el héroe puede entonces tras tres pruebas sucesivas en el

torneo, la lucha contra el dragón o la cabalgata por el monte de cristal, conquistar a la princesa. Cabe destacar que en algunas versiones, los dueños de los pastos que deben ser derrotados son caracterizados como seres subterráneos, como seres ctónicos, y que los establos con los caballos prodigiosos se ubican entonces bajo tierra.

El motivo de los pastos prohibidos también está muy extendido en los cuentos populares alemanes; desde Oriente llega otra versión de la historia sobre la adquisición del caballo mágico. A menudo se relaciona con el tipo de cuento de hadas del “inmortal Koščej”, que narra el intento de traer de vuelta a casa a la novia que el monstruo portador de la muerte ha raptado33. El héroe necesita para este propósito un caballo incluso mejor que el del monstruo. El propio monstruo tiene su propio caballo de la yeguada de la bruja, donde uno debe servir como cuidador de caballos durante tres días, que representan tres años terrenales. Pero cada día los caballos desaparecen, y al pastor infructuoso le acecha la muerte cada vez. Sin embargo, tres animales —a menudo animales de la tierra, del aire y del agua— están en deuda con el héroe, y por la tarde le devuelven los caballos desde los tres elementos34. Al final, tiene que elegir entre los caballos de la bruja. El peor de ellos, sin embargo, es el mejor para sus propósitos, y a pesar de la resistencia de la bruja, elige el más anodino. Aquí, el motivo del mundo al revés se hace claro, en que lo que parece sin valor en el otro lado es de máximo valor aquí, y viceversa. La zona en la que Koščej, el demonio de la muerte, reina ya está ubicada en el otro lado; pues recuperar a la novia de su poder es la tarea orfeana en una forma de cuento de hadas, chamánica y, por lo tanto, alcanzable. La granja de la bruja, sin embargo, yace aún más profundamente en el mundo interior, ya que allí se participa de una ganancia de poder que incluso permite triunfar sobre la muerte, y esta profundidad, que incluso socava la muerte, también está indicada en el motivo del tiempo: que los días son años.

Iniciación

Al examinar los motivos del viaje, el camino y la ayuda en los cuentos de hadas y las experiencias chamánicas, casi siempre nos vimos obligados a hablar del inicio del viaje, del primer hallazgo del camino y de la adquisición inicial de espíritus protectores. Los cuentos de hadas no hablan de los experimentados, de los veteranos, de aquellos que realizan su tarea rutinariamente por centésima vez, sino de los jóvenes, de los más jóvenes, que se aventuran en lo desconocido y apenas comienzan a adquirir la habilidad para interactuar con él y dentro de él. Es precisamente aquí donde el carácter iniciático de las narrativas de los cuentos de hadas se hace más evidente. El héroe y la heroína son siempre los más jóvenes, los inexpertos, los necesitados, aquellos expuestos a la tarea imposible. Pero los cuentos de hadas también hablan de su naturaleza especial, de su capacidad para comunicarse con los seres del mundo y, por lo tanto, obtener ayuda para el viaje y para cumplir las tareas que se les exigen.

Los jóvenes se encuentran en una situación difícil, aunque por caminos muy diferentes, una situación de la que solo pueden liberarse adquiriendo habilidades extraordinarias y salvando a otros. Un ejemplo curioso de la iniciación juvenil de grandes destinos con una tarea primaria chamánica se puede encontrar en el tipo «Fiel e Infiel», AT 53135. En su cabalgata, el joven ve una pluma tirada al borde del camino. O la recoge en contra del consejo de su caballo, o el caballo predice que se arrepentirá por igual tanto si la deja como si la recoge. El joven toma el ligero objeto, pero solo se le permite un breve tiempo para jugar con la pluma: en el establo de la corte real, donde se ha alojado. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, se desatan eventos abrumadores a partir de este despreocupado juego infantil: servicios reales aparentemente imposibles, incluso el rapto de la bella mujer del más allá, y cada empresa está bajo la amenaza de una muerte súbita. Finalmente, se encuentra atrapado entre el Rey de la Muerte y la Novia de la Vida, bañándose en el caldero de las transformaciones: de esto emerge con una vida intensificada y listo para casarse con la novia que ha ganado al otro lado; Pero el rey tiránico muere hervido en la leche hirviendo. La historia comienza con el descubrimiento más insignificante del camino, con una elección aparentemente sencilla; luego continúa con una necesidad ineludible y la constante amenaza de la muerte, hasta que finalmente el portador del destino encuentra su lugar en el trono junto a una reina que regresa de ultratumba.

Coacción fantasmal y seres que se llevan a las personas

Así como las grandes ganancias al final nunca son consecuencia de la libre elección de carrera, tampoco lo es el verdadero chamanismo; la llamada proviene del más allá, los espíritus mismos eligen al aprendiz y le brindan las experiencias iniciáticas en su propio reino. Los cuentos de hadas ofrecen el símbolo más poderoso de esto en la figura de los propios padres del niño, quienes lo consagran a un ser de otro mundo a petición de este último.

El motivo del cuento de hadas del tipo Eros y Psique, AT 425A, es muy distintivo. Allí, el deseo de la niña ya está dirigido hacia el reino del más allá, de modo que cuando el padre intenta cumplirlo, cae en las ataduras sobrenaturales del destino y solo puede liberarse entregando a su hija a un ser mágico36. El camino es más sencillo en el tipo 400, relacionado pero contrastante, “La búsqueda del hombre”, donde el padre confía al niño a un ser cuya ayuda solicita, y este ser llega en el momento señalado para buscar al niño ya adulto37. En este tipo, el papel del ser que busca se limita principalmente a llevar al niño al lugar del encuentro iniciático con el espíritu. En otros tipos, como el de la huida mágica, el ser que reclama al adolescente es también quien desarrolla sus habilidades bajo adversidades y amenazas de muerte38.

Ante la presión mortal, bajo la cual se practica la iniciación en los tipos mencionados y muchos otros, corresponde de manera peculiar a la exigencia iniciática que plantea Juan Matus, cuyo cumplimiento es, para él, la condición indispensable para la formación del Brujo: traer la muerte al primer plano, es decir, mantener la propia muerte constantemente presente, para aumentar la fuerza en el progreso, para elegir el camino más elevado, el único que vale la pena recorrer.39 Por supuesto, también hay seres del más allá y de la redención en los cuentos de hadas que parecen más benévolos que el señor del inframundo, aunque también tienen exigencias estrictas, como el Hombre Salvaje del tipo 502, cuya versión de Grimm se llama Juan de Hierro. Aquí, como en muchos ritos de iniciación alrededor del mundo, las profundidades del bosque son el lugar donde se adquiere la consagración. Pero que el muchacho se vea obligado a huir allí —de la amenaza de muerte de su propio padre— es orquestado por el hombre del bosque que se dejó capturar. Ahora le otorga sus maravillosos dones, pero llegado el momento, lo obliga a aventurarse en el mundo. Allí, el muchacho vive inicialmente con un secreto oculto, bajo el nombre de Grindkopf, y solo más tarde revela su verdadera identidad como aquel capaz de cabalgar como fantasmas, sobre los caballos que el espíritu del bosque le proporciona.

En los tipos enumerados, 425, 400, 313/14, 502, el motivo “la iniciación en el éxtasis” se demuestra con especial claridad. El concepto del ser espiritual también existe en las culturas rituales; allí aparece como guía corpórea de los iniciados, y también bajo la apariencia o el rol de un dios o espíritu. Pero en las culturas chamánicas y en los relatos de cuentos de hadas, el propio ser espiritual arrebata al neófito; Ebermut Rudolph aporta pruebas contundentes de ello en este volumen. Este motivo también ha perdurado en Europa como una herencia ancestral hasta nuestros días.40

La enorme amenaza de muerte, así como la ascensión al mundo espiritual, son en sí mismas similares a morir; sin embargo, también existen cuentos de hadas y experiencias chamánicas en las que se representa una muerte real, un fallecimiento dentro del cuerpo. No es necesario que el héroe del cuento de hadas sufra esta muerte a manos del mundo espiritual o del ser iniciador del más allá; también puede encontrarla aparentemente por casualidad a través de un villano local, como si fuera un accidente en el camino. Tal es la secuencia de eventos en el tipo 665, el soldado veloz.41 Mediante un acto de sacrificio, el joven recibe de un ser espiritual el don de múltiples transformaciones animales, dotadas aquí de velocidad, lo que le permite superar las distancias espaciales de forma chamánica. Un hombre envidioso asesina al joven transformado, se apodera de un objeto real que había recuperado de lejos y cree haber asegurado así a la princesa como su esposa. Pero el difunto resucita, principalmente gracias al ser al que debe sus habilidades; experimenta su serie de transformaciones con la princesa, y en cada ocasión, ella le devuelve el cabello, las plumas y las escamas de pescado que le había arrancado antes, cuando se le presentó como mensajero de su padre. Esta armoniosa cadena de interacciones sirve, por un lado, a la aparente identificación del viajero del alma, pero fundamentalmente, como cabría sospechar, y de hecho, a su completa reencarnación como culminación de su iniciación.

Uno de los motivos de muerte más peculiares entre las experiencias de iniciación chamánica es el del desmembramiento: el cuerpo del iniciado es desmembrado por los espíritus, consumido en su carne y reconstruido a partir de los huesos.42 Según las teorías siberianas sobre esta experiencia, el novicio obtiene así poder precisamente sobre los espíritus que participaron en la matanza y la alimentación. El motivo del desmembramiento aparece de una forma muy peculiar en el relato de la esposa infiel, AT 590A, pero43 parece que aquí también el desmembramiento no ocurre entre los espíritus, sino en el mundo real entre humanos hostiles. En consecuencia, la resurrección no puede tener lugar en la esfera, sino solo en el retorno al mundo interior, cuyos seres espirituales el hombre había ganado previamente como ayudantes. Como resultado, él mismo expresa el deseo, antes de que el adversario lo mate, de ser descuartizado. Al parecer, la muerte no le basta; no quiere ser simplemente un cadáver, sino que desea ser descuartizado por completo y luego, por supuesto, cargado íntegro sobre su caballo. El adversario, un hombre del mundo real, no tiene reparos en descuartizar al enemigo muerto y arrastrarlo a caballo al mundo. Pero este es un caballo mágico, y corre hacia los espíritus amigos del héroe, con quienes no solo vuelve a la vida, sino que también recibe el don de la transformación y, además, el poder de regresar a la vida por sí mismo si muere de nuevo en el mundo físico en sus diversas formas. Sin embargo, no enteramente por su propio poder; necesita la cooperación de una mujer, una criada, una joven, una niñera, que de otro modo serían completamente impotentes, quienes deben ayudarlo en el mundo físico: cada una debe recoger un fragmento de su existencia y confiarlo al reino del renacimiento, al jardín, al estanque. Esto revela un notable paralelismo con el tipo del soldado veloz y con la suposición antes mencionada de que la intervención de la princesa también propiciaría la reintegración.

El suceso en el contexto del viaje de búsqueda del hombre, propio de un cuento de hadas, en AT 400, se asemeja más al ritual de desmembramiento siberiano.

En dos de sus subtipos, la historia se estructura de tal manera que el héroe, quien inesperadamente se topa con el castillo encantado, se deja torturar, desmembrar y matar en silencio por los espíritus que allí lo gobiernan durante tres noches consecutivas a petición de la «princesa encantada»: un tormento ascético mediante el cual «redime» a la hija del rey. Las versiones en las que estas matanzas no son llevadas a cabo por una banda sombría de espíritus, sino por un grupo ordenado liderado por un maestro o coronel, resultan particularmente peculiares.44 Si bien esas escenas recuerdan, y ciertamente contienen reminiscencias de, los procedimientos en las cámaras de tortura y los lugares de ejecución de la justicia de principios de la Edad Moderna, estas versiones tienen un carácter más ritualístico y, por lo tanto, aunque son una minoría, merecen especial atención. Por lo general, es la propia princesa quien cura o revive al hombre torturado, pero también pueden ser otros seres o incluso ella misma en su forma encantada. El final siempre culmina con el matrimonio de la mujer redimida en su reino lejano, más allá de los mares y las montañas, es decir, en el Otro Mundo. Entre medias se desarrolla una peculiar serie de acontecimientos que se entrelazan de dos maneras distintas, constituyendo así la principal diferencia entre los dos subtipos del cuento de hadas.

O bien la princesa, tras su rescate, ordena una reunión especial con su salvador, a la que él siempre falta porque se queda dormido. O bien se le concede un permiso para regresar a casa, rompiendo así su voto de silencio; perdiendo de esta forma su conexión esencial con el espíritu y la capacidad de volver mágicamente con ella. En ambos casos, se ve obligado a emprender una búsqueda y, con ella, la necesidad de adquirir espíritus protectores y medios mágicos para el viaje al otro mundo de su esposa.

Los cuentos de hadas son obras de arte, y en sus mejores versiones, son obras de arte altamente logradas. Por lo tanto, plantean menos un enigma para el oyente que la implicación inherente de su contenido extremadamente peculiar. ¿Qué significado, en esencia, conecta las partes del tipo que acabamos de describir? ¿Y qué tipo de significado, por ejemplo, permite un curso de eventos tan diferente en la sección central de los dos subtipos? ¿Cómo se puede diferenciar la progresión después de un comienzo similar o idéntico, y aun así lograr el mismo objetivo? Ya hemos dado nuestra respuesta a estas preguntas y simplemente reiteramos aquí que la fragmentación se origina en las tradiciones chamánicas, que la «redención» del espíritu consiste en su liberación del aislamiento del más allá, es decir, en su reconexión con la existencia terrenal recuperada a través del héroe, y que el matrimonio en el más allá podría significar originalmente el vínculo entre un chamán y el espíritu heterosexual como ama de sus espíritus ayudantes. Añadimos que este matrimonio, sin un retorno explícito a este mundo, podría, más allá de sus motivos chamánico-prácticos, contener también el significado de una realización erótico-mística de la existencia del chamán, una realización que ya no se preocupa por los fines de este mundo.

El tipo 400A contiene un peculiar motivo del sueño. La princesa redimida está lista para llevar al redentor consigo a su reino lejano, y aparece en su carroza a la hora exacta. El héroe suele perder la cita porque se queda dormido en ese preciso instante. Una explicación plausible parece residir únicamente en el hecho de que, efectivamente, se desea dormir, pero no un sueño sordo y profundamente inconsciente, sino un sueño lúcido, un trance, el único en el que sería posible un encuentro con el espíritu que aparece: un motivo chamánico por excelencia. Hay narradores que señalan explícitamente que la princesa redimida no se encuentra todavía en el mundo inmediato con la intención de partir de él, sino que siempre proviene del reino lejano de su padre, al que el héroe solo llegará después de atravesar vastos espacios por todo el mundo. Esto revela ideas claras sobre lo que realmente nos cuenta el cuento de hadas: acontecimientos completamente “reales” basados en ideas chamánicas, experiencias que no provienen en absoluto de la pura fantasía.45

Estructura bipartita

El tipo 400, descrito anteriormente, en todos sus subtipos, presenta de forma particularmente marcada la característica de una estructura dual: la progresión hacia un resultado aparentemente completo y la necesidad de un segundo intento tras la pérdida de todo lo logrado. Esta apariencia de éxito totalmente satisfactorio es especialmente fuerte en algunas variantes del subtipo 400B. Los tormentos y la muerte han terminado, el espíritu ha sido redimido, el matrimonio con ella ha llevado al hombre al trono, e incluso la pareja ha tenido hijos; la abundancia de vida estandarizada se ha hecho realidad. Pero todo esto se pierde en un abrir y cerrar de ojos, y el hombre queda completamente expuesto donde empezó, incluso más lejos de su objetivo; pues el sistema de recuperación que inicialmente lo arrojó al corazón del mundo espiritual ya no está disponible. En el subtipo A, a menudo se producía inicialmente un tropiezo involuntario y juvenil hacia el mundo mágico, hacia el castillo de los espíritus —una entrada sin búsqueda, como Parzival entrando en el Castillo del Grial—, pero ahora no queda nada más que deambular sin rumbo.

Solo el subtipo C del cuento de hadas, la Doncella Cisne, suele proporcionar un lugar de guía, donde la muchacha con la capa de pájaro fue originalmente conquistada y donde aún reside un ser consejero.46 Sin embargo, en los tres subtipos, es necesario que el hombre emprenda un viaje alrededor del mundo que dure años. El segundo y último éxito es fruto del deseo inquebrantable de alcanzar la meta y de la búsqueda incansable en este mundo, incluso llegando a las estrellas, como en el tipo 425A con el Errante o en la leyenda de Parzival. Así, es solo en la segunda parte donde el don del chamán se realiza verdaderamente: partir cuando lo desee, hacia donde quiera…

La estructura en dos partes de los grandes cuentos de hadas no siempre tiene el mismo significado, pero en todas partes se fundamenta en la dualidad o naturaleza dual del mundo. En el Tipo Dorado (AT 314 y 502), la consagración se obtiene “allá” o “adentro”, del monstruo o del Hombre Salvaje; la insignia del otro mundo, el cabello dorado, se ha ganado, pero debe permanecer oculta, y uno se disfraza de jardinero y de bribón; los caballos mágicos pueden ser invocados, pero por el momento, el héroe cabalga el último caballo de los establos reales. La situación es similar para aquellos que han ganado los caballos fantasma y las vestiduras de luz en los pastos prohibidos o en la guardia de la tumba. Ellos también permanecen por el momento como pastores y campesinos y están obligados a ocultar lo que son y lo que han ganado. En la segunda parte de la trama, sin embargo, sucede algo muy diferente a lo que ocurre en las búsquedas. No es que haya que llegar a ese mundo de nuevo, sino que el viaje espiritual chamánico debe realizarse y autenticarse en este. Incluso tal empresa sigue siendo iniciática; todo lo que la precedió fue un proceso en el reino del alma, no aquí, donde las cosas chocan en el espacio. Así, incluso en el tipo Goldener, solo la segunda parte conlleva la realización efectiva del don chamánico, y en este caso, no la partida a ese mundo, sino más bien el viaje del alma hacia el lugar decisivo para el destino en este mundo.

Las cabalgatas de Goldener ofrecen un curioso ejemplo del misterio que rodea al héroe. Cabalga hacia la batalla, triunfa y elude el premio, al igual que el Jinete de la Montaña de Cristal tras su cabalgata a gran altitud. Si bien este último arrebata la manzana de oro, el anillo y la corona a la princesa, después resulta tan difícil de localizar como al victorioso Goldener. La razón es probablemente la misma en ambos casos. Nunca están completamente presentes físicamente en el campo de batalla, y se requiere una situación específica para distinguir al jinete resplandeciente del simple o el flacucho que se sienta en casa. No se puede encontrar prueba alguna donde actúa como ser espiritual, sino solo donde, en su forma física, lleva la marca de haber estado presente. En el caso de Goldener, esta es característicamente la herida infligida al ser espiritual, que, según preceptos antiguos y nuevos, también ha afectado al cuerpo abandonado.48 El Jinete de la Montaña de Cristal solo puede ser visitado por los sirvientes del rey o por la propia hija del rey, o bien ser identificado en la asamblea general convocada por el rey- tras la presentación sus obsequios simbólicos49.

Como otro ejemplo de la dualidad chamánica-iniciática de un cuento de hadas, analicemos el tipo 516, Juan el Fiel, que es bastante diferente. Las difíciles y peligrosas acciones o faltas de los dos personajes principales se desarrollan a partir del aprieto en el que se encuentra el —demasiado— fiel sirviente de los dos reyes, el viejo y el joven. Para caracterizar este tipo, aplicamos excepcionalmente aquí el único motivo de un grupo de variantes; sin embargo, la transgresión siempre ocurre, aunque con motivación variable. La visión que el príncipe tiene de la novia de otro mundo le exige un viaje a través del mundo bajo amenaza de muerte. El sirviente, sin embargo, está atado por su voto en el lecho de muerte del viejo rey y, por lo tanto, cree que no debe exponer al joven rey a los peligros iniciáticos. En lugar de dejarlo al gran destino predicho en su visión, él, que posee un don chamánico-clarividente, rapta a la noble novia y la trae a este mundo mediante un robo. En la segunda parte, la consecuencia de esto es la intrusión del mundo espiritual en el plano físico, que permanece incomprensible para los narradores y que suele explicarse superficialmente, rara vez de forma convincente. Su objetivo es la venganza y amenaza, repetidamente y con creciente peligro, con arrastrar al joven rey al reino de los muertos. No existe otro cuento de hadas en el folclore local con un enemigo tan terrible, que culmina con la matanza de los hijos de la realeza.

Muestra las consecuencias que surgen cuando el elegido evita la exigencia del enfoque iniciático y de alto riesgo para alcanzar la meta visionaria y, en cambio, intenta una iniciación segura de su realización, supuestamente sin peligro mortal; una advertencia también para el siglo XX.

En otro tipo de problema remotamente relacionado, la naturaleza en dos partes del recuento surge de la necesidad de compensar la iniciación después del logro directo.

Por supuesto, en el tipo 461, “El cabello dorado del diablo”, la novia no se obtiene mediante un sacrilegio, como en el 516, sino únicamente gracias a la buena fortuna con la que el héroe está dotado desde su nacimiento. Esta fortuna le permite, sin esfuerzo y sin ser consciente de la amenaza constante de la muerte, ganar la mano de la hija del rey y el trono. Es evidente que el suegro no tiene otra opción que enviar a este hombre afortunado, a quien ninguna circunstancia en este mundo puede amenazar realmente, al otro lado del río, ante el mismísimo dios de la muerte. La buena fortuna acompaña al iniciado también en este viaje; sin embargo, reside principalmente no en la ayuda de su compañero de viaje al otro lado, sino más bien en el encuentro con la triple adversidad aquí y en la disposición a afrontarla. Solo con ellos obtiene el derecho a consultar al oráculo de la muerte, y solo ellos le permiten traer a casa los tres cabellos dorados como señal de su exitoso viaje iniciático. Existen versiones en las que, además de estos símbolos intrínsecamente insignificantes, el héroe mismo tiene una petición vital que hacer al poder sobrenatural, pero, sensatamente, debido a que los demás ya han expresado sus tres deseos, debe abstenerse de presentar el suyo. Sin embargo, en el viaje de regreso, sucede que su propia realización surge precisamente de su capacidad para anteponer las necesidades de los demás a las suyas51.

Normalmente, sin embargo, el orden de los pasos se invierte, al igual que en el tipo Goldener. Hay una iniciación en los medios de la práctica chamánica, seguida de su aplicación en la realización práctica de lo adquirido y, finalmente, si corresponde, una revelación separada como practicante. Esta secuencia no es, en absoluto, universalmente evidente para nuestra comprensión.

El Cuento de los Dos Hermanos, con su importante episodio de la matanza del dragón, parece ser una historia en varias partes, mientras que el relato de la matanza del dragón en sí parece bastante simple. Sin embargo, incluso dentro de él hay una curiosa cesura, especialmente en aquellas versiones donde el héroe, después de derrotar al dragón, es golpeado hasta la muerte y silenciado por el supuesto vencedor.52 El falso libertador, sin embargo, es en Goldener altamente indicativo de lo que realmente sucedió. Incluso en las batallas del tipo Goldener, el vencedor permanece desconocido, aunque generalmente no se presenta ningún impostor fraudulento, y ya se ha dicho que la presencia y la huida del héroe deben entenderse como hazañas puramente espirituales. Lo mismo se aplica al matador de dragones. Él tampoco se encuentra con una criatura escamosa como un caballero físico, sino como el alma de una aparición demoníaca, y verdaderamente ya no está allí después de haberla vencido. Precisamente por esta razón, la princesa no puede simplemente despedir al impostor. La narración explica su comportamiento a través del juramento forzado, elevando así el evento chamánico, con un estilo verdaderamente de cuento de hadas, al nivel de una aparente encarnación. En realidad, sin embargo, incluso el vencedor del dragón solo estuvo presente como una aparición, y su aparición física aún está por llegar. En la narración, necesita un año entero para darse cuenta de esto, y seguiría siendo un año inexplicable si no fuera el año en que viajó por primera vez a la princesa y su reino terrenal. El viaje transcurre sin incidentes, pero eso no significa que carezca de significado; está completamente absorbido por la tarea de llegar al lugar donde la victoria ya se había obtenido un año antes y reclamar los frutos de esa victoria.

En los grandes cuentos de hadas, el protagonista es casi siempre un vagabundo, y sus andanzas transcurren tanto en este mundo como en otro. Sin embargo, la dirección de sus movimientos no siempre es la misma.

En la búsqueda del hombre en el tipo de cuento de hadas 400, el objetivo siempre se encuentra muy lejos, en el otro mundo; la búsqueda de la mujer, sin embargo, se detiene en un lugar intermedio, ya dominado por demonios, y la pareja luego regresa aquí. Quizás la fórmula más aplicable sea la que Tolkien utiliza para su héroe: Ida y vuelta —al maravilloso mundo de dragones, trolls, elfos y enanos— y de regreso a Hobbiton. Los dos cuentos del Pájaro Dorado ejemplifican este movimiento; en ambos casos llegar hasta la «Princesa» del más allá, y en el segundo caso, hasta la fuente de la vida que fluye junto a ella. A continuación, el movimiento se dirige de vuelta al mundo de la muerte, y esto de forma literal, ya que los hermanos mayores “llevan al foso” al benjamín triunfador, a veces muerto, a veces vivo, pero siempre de tal manera que le roban las joyas de la vida, los tesoros conquistados en el mundo del alma. Le ayudan en su regreso a la vida el espíritu animal que le acompañó en el viaje y la princesa que conquistó al otro lado. Solo entonces, aquel que aquí también se ha hundido hasta convertirse en una especie de mente atontada asciende hacia su verdadero destino en una vida elevada y se revela en todo su esplendor real53.

El movimiento se extiende mucho más allá del cuento de hadas de los cuñados animales, desde cuyos hogares, en una variante, parte el camino hacia la novia maravillosa54; también en el cuento de hadas de las hermanas envidiosas, donde los niños abandonados solo logran regresar con su padre y liberar a su madre del pozo, la mazmorra, al traer del reino de la muerte, donde todos los seres vivos se convierten en piedra, lo más vivo que existe: el árbol que canta, el agua que salta, el pájaro profético; y en muchas versiones, una novia del reino de las maravillas toma el lugar del pájaro55. El movimiento es similar en los cuentos de hadas de las tres princesas raptadas, los zapatos gastados por el baile, la hija del inframundo como ayudante del héroe, el árbol que se eleva hacia el cielo, el cabello dorado del diablo y la fidelidad y la infidelidad.56

El sanador

Hasta ahora, hemos examinado el elemento chamánico en el cuento de hadas a través de la lente de la iniciación, identificando características como la cosmovisión, los viajes, las transiciones, los caminos, la adquisición de espíritus protectores, los sacrificios en el camino, la novia del más allá y la estructura de dos partes de la narración. Ahora pasamos a la práctica chamánica y nos preguntamos si el cuento de hadas también ofrece contrapartes o ejemplos de la misma. Dado que el chamán es conocido principalmente como sanador, primero analizaremos este motivo en los tipos discutidos. Aparece de forma más directa en el cuento de hadas del pájaro dorado y especialmente en el segundo, que está vinculado al motivo del agua de la vida. El rey está débil por la edad, enfermo, ciego o melancólico, y sus hijos parten en busca del remedio, el pájaro o el agua. Los cuentos de la hermana o madre traicionera (AT 315, 590) presentan repetidamente remedios milagrosos: la leche de animales salvajes, el fruto de árboles custodiados por demonios, el agua vivificante tras las rocas de Klappfelsen. Durante los viajes a estos reinos, el hermano o hijo también adquiere animales de compañía y el amor o la amistad de un espíritu del más allá, al que a veces incluso “redime”. Es notable, aunque prácticamente evidente, que entre los pueblos indígenas, los curanderos también emprendan a menudo largos viajes y peregrinaciones a través del espacio para buscar el remedio que necesitan.57

De mayor importancia para el contexto que nos ocupa es la idea demoníaca fundamental en la que se basan las curaciones chamánicas: la noción de que las enfermedades son causadas por demonios que atormentan a la persona afectada, ya sea desde dentro o desde su entorno; la enfermedad como posesión u obsesión. En consecuencia, la curación se logra exorcizando y expulsando a los demonios. Huelga decir que las batallas contra demonios son un tema central en los relatos mágicos; sin embargo, es igualmente obvio que no todas pueden entenderse como curaciones individuales. Las desgracias causadas por demonios también pueden afectar a grupos enteros de personas, y no es necesario pensar necesariamente en epidemias en este contexto. La leyenda celta conoce tales aflicciones, por ejemplo en el Mabinogion, pero también en otras tradiciones, incluido el motivo del Pays Gaste de las leyendas del Grial: Gaste Pays, la tierra yerma, que es golpeada por un interdicto mágico, una maldición que destierra la alegría y la fertilidad de un plumazo58. Así, la obsesión en los cuentos de dragones puede interpretarse tanto como una calamidad del reino como la esclavitud de un individuo al demonio. La princesa abandonada como alimento para el dragón casi siempre representa un sacrificio que el reino debe realizar. Fundamentalmente, como hemos demostrado, la lucha contra el dragón no se libra en el plano físico, sino en el plano espiritual, de manera chamánica. Es particularmente singular en el tipo 302, «Corazón del Monstruo en el Huevo», donde la conexión con el Pays Gaste es inconfundible. Durante su viaje por el bosque, el héroe adquiere poderes animales, en este caso la capacidad de transformarse en diversos animales, y luego, en la forma más discreta, como una hormiga, se adentra en el castillo transportado al inframundo. Allí, de forma imperceptible, descubre dónde se encuentra el instigador mágico y cómo neutralizarlo. Este instigador se presenta como un dragón, pero no puede ser derrotado como tal, ya que su fuerza vital se encuentra contenida en múltiples formas animales. El héroe, gracias a su propio poder de transformación, vence a su oponente en su forma de dragón y luego en sus múltiples formas protectoras. Finalmente, obtiene su preciado tesoro y ahora puede matarlo. En cambio, en algunas versiones —no en todas, pero ingeniosas en todas— él arrebata uno o más objetos diminutos: guijarros, perlas. Los deja caer en ese inframundo mágico, el castillo se alza y el Odland circundante se llena repentinamente de nuevo de gente alegre.59 Dado que el oponente del chamán es regularmente un demonio o el chamán enemigo, este cuento de hadas ofrece claramente un ejemplo del enemigo desde dentro, reconocible, entre otras cosas, por el hecho de que la lucha por la liberación no se libra en el inframundo —con un retorno chamánico— como en el tipo 301, sino más bien, después de una exploración subterránea de las conexiones, en la Tierra. El motivo del núcleo de vida asegurado, motivo E710, también es probable que sea más humano-mágico que demoníaco.

En cambio, las hazañas propias de los cuentos de hadas dirigidas contra los demonios se revelan con mucha claridad en otros dos tipos: en el cuento de los zapatos gastados por el baile, AT 306, y en el del compañero de viaje, al que denominamos así por Andersen, AT 507A.

Estos dos cuentos de hadas narran cómo la princesa cae presa del mundo de los demonios cada noche. En el primero, este mundo es el inframundo, y las entradas son una trampilla y una escalera bajo la cama: una clara indicación de que se trata de experiencias ocurridas en un estado especial de sueño. La mañana revela lo sucedido únicamente a través de la imagen de sus zapatos desgastados. Solo alguien que pueda seguir a la princesa al inframundo y traer de vuelta recuerdos que la joven deba o pueda confirmar podrá desvelar el secreto de la noche. Quien lo logra, completa simultáneamente su propia iniciación; quien fracasa, como es costumbre en los cuentos de hadas, se enfrenta a la amenaza de muerte, que tiene un significado iniciático recurrente, pero también constitucional: nadie puede jactarse de haber pasado la noche en la alcoba del heredero al trono. Quien lo consigue ya ha recibido los medios necesarios: una bola giratoria que lo guía, el encantamiento de la invisibilidad representado por diversos objetos y, sobre todo, la capacidad de conservar y desvelar recuerdos: una bolsa o un saco para las cosas del más allá. En un cuento de hadas ruso, el saco contiene en realidad todo el inventario del castillo del más allá; no es una invención nacida de un engaño mágico, sino una imagen de la simple verdad de que el viajero del mundo es capaz de retener todo lo que experimenta en el otro lado.60

El cuento de hadas relacionado de la princesa sometida a un solo demonio, AT 507A, tiene un carácter diferente. Que podamos interpretar el suceso del cuento de hadas de esta manera también lo atestigua la forma bíblica apócrifa, a saber, la leyenda de Tobías, en la que el suceso adquiere un matiz religioso. Allí, el demonio Asmodeo es de naturaleza diabólica; ya ha matado a siete de los maridos de una muchacha en su noche de bodas, pero ahora el ángel de Dios, Rafael, espíritu protector de Tobías, lo lleva lejos, al desierto egipcio (AT 507B). En la versión de cuento de hadas, sin embargo, el verdugo suele ser un monstruo subterráneo, un espíritu de las cavernas, y el protector es un muerto, como ya se describió. Aconsejado y ayudado por este muerto, el héroe del cuento de hadas también participa en los viajes nocturnos de la princesa en algunas versiones de este tipo, pero aquí no al inframundo propiamente dicho, sino a una grieta del mundo terrenal infestada de demonios. En otras versiones, el muerto realiza estos vuelos nocturnos solo, pero por la mañana le proporciona al héroe el conocimiento adquirido o las cosas que debe presentar, finalmente con la cabeza del demonio. Ambos tipos de progresión, el viaje del propio sanador o solo el de sus espíritus protectores, también se encuentran como métodos de los chamanes. Aarne ya señaló la similitud de este tipo con el de los zapatos de suela curvada en la primera versión de su catálogo tipológico.

En el cuento de hadas tipo 507A, por supuesto, hay un epílogo que falta en AT 306. Con la pérdida del poder del demonio, la novia aún no está completamente desencantada; ella misma también debe liberarse de lo demoníaco que lleva dentro, y esto ocurre mediante un baño de transformación en la noche de bodas. En el tipo 507C, Doncella Serpiente, el hombre muerto abre el cuerpo de la mujer y caen una o más serpientes, una imagen de posesión demoníaca.

Otro “sufrimiento” de origen demoníaco, y por lo tanto susceptible de tratamiento chamánico, es el éxtasis, una peculiar “enfermedad” relacionada con las ya mencionadas. Desempeña un papel importante en los cuentos populares europeos, especialmente en los cuentos de hadas del tipo 301, que narra la historia de las tres princesas raptadas. Los cuentos de hadas y las leyendas nunca lo presentan como una mera ausencia psíquica o espiritual; el éxtasis no se origina en el ser humano, sino que aparece como una abducción física por seres demoníacos, inducida por el mundo o el entorno. En las leyendas, se trata de seres del mundo intermedio, una vida después de la muerte estrechamente relacionada; en los cuentos de hadas, suelen ser dragones del inframundo. Si solo el alma se viera afectada por esta condición, el éxtasis podría considerarse una especie de muerte o muerte aparente, y recuperar el alma, capturarla y reintegrarla sería entonces una tarea típicamente chamánica, frecuentemente descrita en culturas chamánicas. En la leyenda, o en el relato legendario de experiencias, el intento de alcanzar a la mujer que se ha extraviado suele quedar en manos de su marido; las instrucciones para ello a menudo se las da la propia mujer.

El lugar de su intervención se sitúa en el paisaje local, en cierto sentido, donde se cruzan los caminos terrenales y los de otro mundo.

Dado que en el tipo 301 los acontecimientos se narran inicialmente como en la leyenda, es decir, como un éxtasis físico, y puesto que los cuentos de hadas en general tienden a representar experiencias psicológicas mediante imágenes corporales, no es necesario distinguir si se trata de un éxtasis similar a la muerte o a una posesión demoníaca. En el inframundo, la «enfermedad» de la princesa vuelve a manifestarse como una posesión del dragón. Al matar al dragón, el héroe rompe tanto el hechizo demoníaco como el éxtasis, e inmediatamente envía a la princesa redimida de vuelta al mundo terrenal, siguiendo el camino que ya ha recorrido, aunque ahora no puede seguirla. Pues su viaje chamánico se desarrolla de dos maneras distintas: inicialmente, el liberador, a diferencia de la leyenda, alcanza a la princesa extasiada haciéndola descender al inframundo, y asciende de nuevo solo por medio de un ave que lo acompaña o algún otro espíritu protector. Como rasgo particularmente peculiar, cabe mencionar que en algunas versiones la princesa redimida es capaz de resumir su entorno allá abajo, el castillo, el reino, en una joya y así llevarla consigo al mundo terrenal, lo que puede considerarse una señal de que incluso para la raptada, ser arrancada y traída de vuelta a casa no queda sin un enriquecimiento interior e iniciático”62”.

El cazador

Finalmente, para concluir esta lista de elementos de cuentos de hadas que pueden interpretarse desde una perspectiva chamánica, cabe mencionar la caza, ya que este elemento desempeña un papel fundamental en muchas culturas chamánicas; o, a la inversa: el chamanismo se desarrolló originalmente en culturas de cazadores, y estas lo han conservado como un elemento aún vigente hasta nuestros días.

La caza como tal aparece en muchos de nuestros cuentos; entre quienes la practican encontramos al guardabosques y al cazador profesional, al noble que caza, al caminante que persigue a un animal por hambre. Sin embargo, no es necesario profundizar aquí en este tipo de caza, ya que no constituye una particularidad cultural. Solo cabe mencionar el disparo con el que el héroe del cuento amenaza a un animal, del que se abstiene a petición de este y que, de este modo, le lleva al animal como ayudante. En el KHM aparece bellamente formulada: Querido cazador, déjame vivir, también te daré dos crías63. Propp señaló el contenido chamánico de la correspondiente caza del águila: tres veces el cazador se prepara para disparar, se abstiene cada vez, lleva el ave a casa para cuidarla, lo que resulta en sacrificios excesivos al águila, posiblemente incluyendo el sacrificio de todo el ganado doméstico. Pero al final, el ave se convierte en la montura del héroe; vuela con él al otro mundo y le proporciona allí grandes riquezas, que, sin embargo, solo se manifiestan como tales en este mundo. Esta iniciación tampoco está exenta de peligros mortales. Fiel a la triple amenaza del cazador, el ave que lo acompaña provoca que caiga al mar tres veces durante su vuelo hacia el más allá, haciéndole creer que se ahogará64. Ya hemos señalado anteriormente que el motivo de los maestros animales, y la forma particular en que se obtiene la ayuda animal a través de ellos, es un legado de la cultura chamánica-cazadora.

Además de estos motivos, que pertenecen directamente al círculo de animales benéficos, cabe mencionar el motivo de la caza mágica, a menudo vinculado a la limpieza simultánea de los terrenos de caza para los demás cazadores. Este motivo aparece en relación con los Cuentos de Hadas Goldener, concretamente en lugar de la ayuda bélica extática65. Sirve para resolver la rivalidad con los otros yernos inútiles y, finalmente, para revelar la verdadera identidad del esposo de la hija menor, tal como solo su esposa lo había reconocido hasta entonces. El rey pretende poner a prueba a sus yernos mediante una cacería; pero el que no es reconocido oculta toda la presa a los demás y les vende la deseada, que solo él puede cazar, a cambio de una marca oculta o una mutilación menor, como el corte de un lóbulo de la oreja o un dedo del pie. La naturaleza extática de su cacería también se evidencia en el hecho de que parte después de los demás, pero llega a los terrenos de caza antes que ellos, y allí se le encuentra sin ser reconocido en su verdadera forma dorada, como el amo de la caza con un magnífico campamento de tiendas y séquito, y con la presa preparada. La revelación también tiene lugar en la corte y, como suele ocurrir en los cuentos de hadas de la Edad de Oro, a través de marcas físicas, pero ahora no como una herida en el héroe, sino como una marca en los rivales.

El rey

En los cuentos de hadas, la adquisición del don chamánico y su demostración inicial no siempre, pero sí muy a menudo, conducen a la sucesión al trono y a la realeza. Esta conexión frecuentemente asumida entre la iniciación chamánica y el gobierno «político» no se observa, por supuesto, con tanta simplicidad en el material histórico y etnológico.66 Sin embargo, esta discrepancia no constituye una objeción a la interpretación chamánica de los cuentos de hadas en cuestión. Un rol de gobierno puramente político solo ha existido durante unos doscientos años. El llamado derecho divino de los reyes, invocado formalmente por los Hohenzollern y otras casas reinantes hasta nuestros días, atestigua incluso en la era más reciente una forma de gobierno cuya esencia, al menos en teoría, no se agota en el rol exclusivamente político.

Sin embargo, cuanto más profundizamos en nuestro propio pasado, o cuanto más ampliamos nuestra perspectiva para incluir las culturas de otros continentes, más se pierde el motivo del poder puramente político en contextos completamente diferentes. Si examinamos los antiguos rituales de gobierno, nos encontramos con una riqueza universal, concebida metafísicamente, de relaciones inherentes a la realeza, una riqueza que ya no puede definirse en términos políticos y que incluso revela la justificación religiosa del gobierno como un concepto tardío y sustitutivo. Anteriormente, toda la realeza estaba entrelazada con los poderes del mundo, y el rey no era ni más ni menos que el portador del rol ritual principal, a través del cual esos poderes ejercían su influencia en su esfera natural y humana, en su «reino». Estas ideas son demostrables y persistieron en la literatura de Europa Occidental hasta bien entrada la Edad Media. La leyenda celta aún transmite la conexión mágica entre la salud del rey y su reino: tan pronto como el rey resulta herido en el órgano reproductivo, el reino degenera en Pays Gaste, una tierra yerma.

Este no es el lugar para profundizar en las diferencias entre la cultura chamánica típica y la cultura ritual típica; ya se han mencionado algunos puntos al respecto. El rol de rey pertenece sin duda a la etapa cultural ritual, mientras que el de chamán pertenece a la que lleva su nombre. Uno se convierte en rey mediante el ritual tradicional, realizado según la costumbre con cada portador del rol, lo que ofrece seguridad; el otro se convierte en chamán mediante un encuentro individual y espontáneo con los espíritus, que también expone al recién llegado a peligros mortales, y en los cuentos de hadas, el carácter de esta prueba se enfatiza particularmente. Por otro lado, la realeza se heredó en parte del rol del chamán, y algunos aspectos de tales transiciones pueden reflejarse directamente en los cuentos de hadas. Además, sería comprensible que, en culturas con una base ritual, tan pronto como adoptaron los cuentos de hadas chamánicos como reinterpretaciones completas, el rol principal se reinterpretó o se renombró como el de rey, y, como se ha dicho, esto no fue en absoluto una mala interpretación. Es más, esta sustitución corresponde a aquella otra, aún posterior, a la que nos hemos tenido que referir repetidamente. La contraparte del aprendiz del chamán, su «ánima», si se nos permite decirlo así, era un espíritu «sobrenatural»; en nuestros cuentos de hadas, la encontramos nuevamente como el ánima del heredero al trono, es decir, como la etérea y bella «princesa». Se trata de una figura de cuento de hadas con un nombre «político», en cuyo caso la transformación de espíritu o semidiosa a menudo puede demostrarse fácilmente a partir del repertorio de variantes.

No teníamos la intención de que la historia de los cuentos de hadas, sus orígenes y transformaciones, fuera el tema central de esta presentación, sino que nos habíamos limitado al contenido chamánico de los distintos tipos y motivos. Sin embargo, dada la importancia de los roles de rey y princesa, consideramos necesario hacer una excepción y esbozar brevemente los cambios de rol y nombre asociados a estas figuras.

La experiencia

Tras haber abordado la iniciación, las pruebas iniciáticas y la práctica del chamán, subsiste un elemento esencial que hasta ahora solo ha desempeñado un papel marginal: la experiencia. Esto se nos revela con mayor claridad en los cuentos de hadas que en los relatos etnográficos del chamanismo. El viaje del alma sobre el viento no es, sin duda, una mera forma de viaje aéreo parapsíquico —cuyo propósito principal es alcanzar un destino lejano en el menor tiempo posible—, sino más bien una realización en sí misma, a menudo la realización de todas las cosas. Si tomamos como ejemplo a la bruja, que no cabalga sobre una horca ni un bastón, sino sobre una cabra, entonces no debemos sobreestimar el simbolismo sexual. Pues la cabra también expresa, en gran medida, ese deleite por el movimiento turbulento que, derivado del nombre latino de la cabra, caper, ha dado lugar a metáforas lingüísticamente significativas. En italiano, esto dio origen a Capriole, en francés a Caprice, y en inglés al verbo to caper, que significa precisamente saltar alegremente, y, cruzando fronteras lingüísticas, a escapade, la repentina ruptura de la vida cotidiana – con los sinónimos en inglés lark, spree, frolic – una erupción de joie de vivre muy original en una movilidad explosiva.

Con esta comprensión, el viaje del alma podría aparecer como el verdadero objetivo del entrenamiento chamánico, el auténtico tesoro a adquirir. Rara vez aprendemos algo sobre él en las leyendas de hechiceros y brujas; la Inquisición de la Edad Moderna, con su crueldad y tortura, inculcó sus ideas preconcebidas en sus víctimas. A pesar de todo, el atractivo del Gran Viaje a veces resuena en la tradición oral. Permanece inconfundible en la leyenda carintia del mago Jaggl; él, como otros de su clase, participaba en el arte de empujar las nubes, y se dice que esto “es bastante divertido”. Por lo tanto, es fácil imaginar que “una vez… empujó las nubes hasta Turquía” e incluso emprendió un laborioso viaje de regreso, hambriento y transformado en una liebre blanca; por cierto, un curioso ejemplo de la típica diferencia entre los viajes de ida y vuelta en algunos viajes chamánicos67. También aprendemos algo sobre la experiencia interior del único relato detallado del entrenamiento correspondiente que poseemos, el de Carlos Castaneda68. Allí, tras el primer «salto», el maestro abraza al alumno con una mirada de amor profundo e inquisitivo, nunca antes visto, preguntándole si ha experimentado lo inefable en toda su plenitud y profundidad, una pregunta a la que solo la mirada ahora comprensiva, no la lengua, puede responder. Pero para nosotros, el cuento de hadas, en la belleza de su mundo y las experiencias de sus personajes, nos permite vislumbrar lo que pudo haber significado la verdadera plenitud de la experiencia chamánica, más allá de cualquier propósito69.


Notas

Por razones de espacio, no ha sido posible citar los correspondientes ejemplos chamánicos paralelos, extraídos de la literatura etnológica y de las ciencias de la religión, para cada uno de los motivos de los cuentos de hadas. Por ello, nos remitimos aquí a dos obras en las que se puede encontrar lo más importante sobre el tema, así como referencias a bibliografía complementaria: Adolf Friedrich, Georg Buddruss: Schamanengeschichten aus Sibirien. MünchenPlanegg 1955. Hans Findeisen, Heino Gehrts: Die Schamanen. Köln 1983.— A los amantes de los cuentos de hadas que se inician en los estudios sobre el cuento de hadas les puede parecer complicado que los cuentos se citen con números de tipo; sin embargo, esto es imprescindible y, además, siempre se incluye al menos una versión concreta característica. El índice de tipos de cuentos populares se publicó en las Folklore Fellows Communications con el n.º 184 en Helsinki en 1964: Antti Aarne, Stith Thompson: The Types of the Folktale. Quien no tenga acceso a esta obra fundamental, encontrará una alternativa útil en el Lexikon der Zaubermärchen de Walter Scherf, Stuttgart 1982. 

En cuanto a la relación entre los cuentos de hadas y el chamanismo, cabe señalar lo siguiente a partir de la bibliografía anterior. Los recopiladores húngaros pueden consultarse en la contribución de Ágnes Kovács a este volumen; un trabajo de Sándor Solymossy del año 1929 se encuentra en alemán en las publicaciones de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas, volumen 7, Kassel 1984, Die Welt im Märchen, 123-139: «El castillo sobre la pata de pato». Además, cabe mencionar: Karl Meuli: «Scythica». En: *Hermes*, vol. 70, Berlín, 1935, 121-176, esp. 162 y ss. — Vladimir Jakovlevič Propp: *Le radici storiche dei racconti di fate*. Turín, 1981. (Publicado originalmente en ruso en Leningrado en 1946 y en italiano desde 1949). Especialmente pp. 80, 144, 153 y ss., 267 y ss., 285 y ss., 293, 300 y ss., 337 y ss. — Reidar Th. Christiansen: “Ecstasy and Arctic Religion”. En: Studia Septentrionalia IV, 1953, 19-92. — Mircea Eliade: Wissenschaft und Märchen. En Wege der Märchenforschung, hrsg. von Felix Kar-linger. Darmstadt 1973, 311-319. (Zuerst 1956) – Friedrich von der Leyen, Kurt Schier: Das Märchen. 4. Aufl. Heidelberg 1958, 65f., 74-80. – Sergius Golowin: Die Magie der verbotenen Märchen. Hamburg 1973. – Ronald Grambo: Traces of Scha-manism in Norwegian Folktales and Popular Legends. In: Fabula Bd. 16, 1975, 20-47. Max Lüthi: Märchen. 7. Aufl. Stuttgart 1979, 66, 118, 123. El mismo autor: Das Volksmärchen als Dichtung. Köln 1975, 24, 60, 192, 199. – Heranzuziehen sind des weiteren: Fritz Harkort: Volkserzählungsforschung und Parapsychologie. En Volksüberlieferung, Festschrift für Kurt Ranke. Göttingen 1968, 89-105. – Otto Huth: Der Glasberg. In: Die Welt im Märchen. Kassel 1984, 139-156. (Zuerst 1961) – Hannsjost Lixfeld: Dia Guntramsage. AT 1645A. En Fabula Bd. 13, 1972, 60-107. – Ernst-Dietrich Güting: Die Guntramsage als Busch-Gedicht. In: Wilhelm Busch-Jahrbuch 1979/80. Hannover 1980, 20-30. – Cabe señalar también la breve reseña de Güting en Fabula Bd. 22, 1981, 349, sobre mi artículo citado anteriormente en la introducción, nota 1, relativo a este tema; con ella queda desmontada la opinión altiva e intransigente de Haiding, publicada en el Schweizerischen Archiv für Volkskunde, 77. Jg., 1981, 103. – Por último, cabe destacar especialmente la ponencia de Luise Resatz: Das Märchen als Ausdruck elementarer Wirklichkeit, ya que no compara elementos concretos —es decir, motivos de los cuentos de hadas y rasgos del chamanismo—, sino que destaca la coincidencia de sentido en la experiencia de ambos. Publicado en: Die Freundesgabe, Jahrbuch der Gesellschaft zur Pflege des Märchengutes der europäischen Völker 1959/II, 35-41.

1. Por ejemplo Friedrich Panzer en: Deutsche Volkskunde, hrsg. von John Meier. Berlin 1926, 219

2. Kinder- und Hausmärchen, Ausgabe letzter Hand, Bd. III. Göttingen 1856, 352ff., bes. 362, 382

3. Por ejemplo Andrew Lang: Custom and Myth. London 1885. Ders.: Myth, Ritual and Religion. London 1887

4. Eberhard Otto: Osiris und Amun. München 1966, 28

5. Propp und Eliade como en la nota 0. Pierre Saintyves: Les contes de Perrault et les ré-cits parallèles. Leurs origines… Paris 1923

6. Distingo entre los estratos de las culturas chamánicas, rituales y religiosas, que pueden justificarse desde el punto de vista de la historia de la humanidad; para más detalles, remito por el momento a mi trabajo citado en la nota 1 de la introducción, pág. 73 y ss.

7. Ejemplos en Hermann Baumann: Ethnologische Feldforschung und kulturhisto-rische Ethnologie. In: Historische Völkerkunde, hrsg. von Carl August Schmitz. Frankfurt a. M. 1967, 158f.

8. Véase al respecto Max Lüthi: Diesseits- und Jenseitswelt im Märchen. In: Die Welt im Marchen. Kassel 1984, 9-21

9. Por ejemplo Wunderbaum und goldener Vogel. Slowenische Volksmärchen, hrsg. von Else Byhan. Kassel 1958, 13-19, bes. 15f.

10. Deutsche Hausmärchen, hrsg. von Johann Wilhelm Wolf, Neudruck Hildesheim 1972, 85 f. – Märchen und Sagen von Carl und Theodor Colshorn. Neudruck Hildes-heim 1978, 25. – Richard Beitl: Im Sagenwald. Neue Sagen aus Vorarlberg. Feld-kirch 1953, Nr. 600

11. Niedersächsische Sagen und Märchen. Hrsg. von Georg Schambach und Wilhelm Müller. Göttingen 1855. A. Nr. 244, dazu S. 366

12. AT 317. 328, 804A, 1889K. Findeisen, como en la nota O, S. 114, 220ff.

13. Dazu Ágnes Kovács, hier, und in: Die Welt im Märchen, wie Anm. 8, 74-84

14. Dazu Heino Gehrts: Die Klappfelsen. In: Die Welt im Märchen, como en la nota 8, 92-122

15. Johannes Siuts: Jenseitsmotive im deutschen Volksmärchen. Phil. Diss. Kiel

1910, Greifswald 1911. ((Incluye las páginas 1-58 de la publicación completa:) Hans Siuts: Jenseitsmotive im deutschen Volksmärchen. Teutonia 19. Heft. Leipzig 1911. Para sus referencias, Siuts utiliza los siguientes tipos: 300, 301, 303, 307, 313, 314, 314A, 315, 327A, 327B, 400A, B, C, 402, 461, 502, 516, 530, 531, 551, 560, 561, 562, 563, 566, 569, 590, 590A, 650A, 707, 710, (1541), Ziburtius (lo denomino así según Wisser; no se puede numerar según el Antiguo Testamento). Está claro que no todos los tipos importantes para el tema chamánico desempeñan un papel en la obra de Siuts y viceversa. Sin embargo, sorprendentemente, en su obra también faltan los tipos 304, 306, 468, 507A y 550, de los que sin duda conocía algunas versiones.

16. Denomino «400C» al cuento de la mujer cisne; más adelante abordaré con más detalle las diferencias entre los otros dos subtipos de AT 400.

17. Åke Ohlmarks: Studien zum Problem des Schamanismus. Lund 1939, 198f.

18 Wolf (Como en la nota 10), 86, als Biene durchs Schlüsselloch. Deutsche Märchen seit Grimm. Hrsg. von Paul Zaunert. Bearb. von Elfriede Moser-Rath. Düsseldorf 1964, 67, als Ameise durch ein einziges Ritzchen im Glasberg.

19. Véase al respecto: Katalin Horn: Der Weg. In: Die Welt im Märchen (Como en la nota 8) 22-37

20. Friedrich, Buddruss (Como en la nota O) 27, 154. Vilmos Diószegi: Tracing Shamans in Siberia. Oosterhout 1968, 55f., 65ff.

21. Carl Pschmadt: Die Sage von der verfolgten Hinde. Greifswald 1911. Versión india en AT 462. Versión irani en Gyula László: Steppenvölker und Germanen. Herrsching 1970, 105f.

22. Georgische Märchen, hrsg. von Heinz Fähnrich, Leipzig 1980 (Wiesbaden), 79, 111f. Un sacrificio de ganado similar en 281. Walachische Mährchen, hrsg. von Arthur und Albert Schott. Stuttgart 1845, Neudruck Hildesheim 1979, Nr. 16.

23. Das Erdkühlein en el apéndice de: Charlotte Rougemont: …dann leben sie noch heute, Münster 1962 u. ö. – Einäuglein, Zweiäuglein, Dreiäuglein, KHM 130

24. Usbekische Volksmärchen. Traducidos del ruso von Vera Nowak. Moskau 1981, 90f. Märchen aus Turkestan und Tibet, hrsg. von Gustav Jungbauer, Jena 1923, 54

25. Nordische Volksmärchen II, übers. von Klara Stroebe, Jena 1919, 121

26. Sagen, Märchen und Lieder der Herzogtümer Schleswig, Holstein und Lauenburg, hrsg. von Karl Müllenhoff, Neue Ausgabe, Schleswig 1921, 407

27. Türkische Märchen, hrsg. von Otto Spies, Düsseldorf 1967, 39f.

28. Llama la atención que el héroe y la heroína experimenten a menudo su exaltación al mismo tiempo que la humillación o la muerte de parientes cercanos; resulta especialmente llamativa en los cuentos del pájaro de oro la ejecución de los hermanos. Para la comprensión moderna, estos deben ser representados entonces como villanos. Sin embargo, es posible que tras tales adaptaciones y valoraciones tardías se oculten antiguos roles de sacrificio, y en el marco de la iniciación chamánica estos podrían ser los parientes cuya muerte, según la tradición siberiana, permite la ascensión del nuevo chamán del clan (Findeisen, como en la nota O, 74 y ss.). No obstante, el motivo aislado en el cuento no permite sacar conclusiones certeras.

29. Wunderbaum, como en la nota 9, 48. AT 530

30. Stroebe, como en la nota 25, S. 25f. AT 507A

31. Feldwache Mot H 1471. Ludwig Bechstein: Sämtliche Märchen, hrsg. von Walter Scherf. Darmstadt 1974, 83. AT 530

32. El motivo tiene su propio número de tipo: AT 314A. Las caballerizas se sitúan expresamente en el inframundo: «El árbol milagroso», como en la nota 9, pág. 59 y ss. – AT 530

33. Volksmärchen aus Pommern und Rügen, recopilados Ulrich Jahn. Norden 1891, Nr. 3. AT 468

34. Número de tipo propio para el cuidado de los caballos veloces por parte de la bruja: AT 556F

35. KHM 126. Nordische Volksmärchen I, übers. von Klara Stroebe, Jena 1915, schwed. Nr. 9. En este tipo, el papel del «malo» es claramente la fuerza motriz decisiva para que el «bueno» alcance la máxima ganancia iniciática.

36. Véase al respecto Heino Gehrts: Der weiße Wolf. Die Suchwanderung des Weibes. In: Die Frau im Märchen. Veröffentlichungen der Europäischen Märchengesellschaft Bd. 8 Kassel 1985, 17-50

37 Von Königen, Hexen und allerlei Spuk, Märchen… hrsg. von Gottfried Henßen, Schloß Bentlage 1959, Nr. 16, S. 76

38 Grünus Kravalle, in: Wolf, wie Anm. 10, 286-300. AT 313

39 Carlos Castaneda, Einzelbände I-VI, Penguin Books, Harmondsworth 1970ff. II, 53, 156ff., III, 50f., 168ff., IV, 233f.

40. Friedrich S. Krauss: Volksglaube und religiöser Brauch der Südslaven. Münster i. W. 1890, 97ff. bes. 101. Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry. Ed. by W.B. Yeats. London (1888), 146

41. Moser-Rath, como en la nota 18. Nr. 28, nach August Ey: Harzmärchenbuch 1862. Véase también Isidor Levin: Zarensohn am Feuerfluß. Russische Märchen von der Weißmeer-küste. Kassel 1984, Nr. 12 Iwan-Soldat

42. Zerstückelung auch bei Castaneda, como en la nota 39, IV, 71

43. Ungarische Volksmärchen, hrsg. von Agnes Kovács, Düsseldorf 1966, Nr. 14. – Sería un error, desde una perspectiva contemporánea, interpretar la infidelidad de la madre, la hermana y la esposa de forma cuasi biográfica o histórica. Simplemente ofrece un paradigma de la pérdida de toda seguridad en el mundo terrenal y expresa la necesidad, casi metafísica, de buscar un nuevo lugar en un mundo universal que incluya el más allá. Lo mismo se aplica a la infidelidad del padre en la continuación AT 465 de AT 402; también en este caso con motivación sexual por parte del progenitor, mientras que en el caso del hijo se produce la iniciación mediante un auténtico viaje al Hades para visitar a la madre fallecida. Versión editada por Joseph Schütz, Frankfurt a. M. 1972, Nr. 19, nach Preindlsberger-Mrazović: Bosnische Volksmärchen 1905

44. Bei Schambach-Müller, wie Anm, 11, S. 254, zwölf Geister, »über dem Kopfe« ein Meister mit zwei Gesellen zur Seite; bei Jahn, wie Anm. 33, S. 306, zwölf Kerle mit einem Obersten; bei Ignaz und Joseph Zingerle: Kinder- und Hausmär-chen aus Süddeutschland, Regensburg 1854, Neudruck Hildesheim 1975, 243, sieben Soldaten mit einem König.

45. Para otros motivos relacionados con el sueño, basta con remitirse aquí a los tipos 400B, 300, 304 —sobre los que se hablará más adelante— y 313. He tratado este tema en un trabajo más extenso, aún inédito, titulado »Vom Schlaf im Märchen«.

46. Según las versiones orientales, el lugar de encuentro está habitado por espíritus y situado en el «más allá cercano», siendo la más conocida la versión de Las mil y una noches: el joyero Hasan de Basora y las princesas de las islas de Wakwak. En el cuento chino, este lugar es la morada del ciervo Sika: Chinesische Märchen, hrsg. von Rainer Schwarz, Leipzig 1981 (Wiesbaden), 158 y ss.

47. Los narradores mencionan de vez en cuando expresamente la orden de guardar silencio; según esto, parece que, incluso más tarde, tenían una idea más clara del verdadero sentido de los cuentos.

48. La implicación física desempeña un papel importante en las leyendas sobre el lanzamiento del cuchillo al remolino de viento con el que viajan los barqueros de las almas.

49. Los recuerdos simbólicos pueden ser lo visto en el campo de batalla u objetos que se llevan consigo. En este último caso, se hablaría de una especie de «aportación».

50. KHM 6. Erich Rösch: Der getreue Johannes. FFC No 77, Helsinki 1928

51. La renuncia en el cuento chino, como en la nota 46, p. 230

52. AT 300, VIc, el asesinato del vencedor del dragón, por ejemplo, en Schott, como en la nota 22, n.º 10, Agnes Kovács: Der grüne Recke. Ungarische Volksmärchen. Kassel 1986, 75

53. KHM 57=AT 550; KHM 97=AT 551

54. AT 552; Mabik und der Wolkenriese. Volksmärchen aus der Bretagne. Ubertr. von Dagmar Fink. Stuttgart 1977, 90-103

55. AT 707; KHM 96. Eine Fee als Braut bei Spies, como en la nota 27, Nr. 5

56. AT 301, 306, 313, 468, 461, 531

57. Rolling Thunder by Doug Boyd. New York 1979, 69f. Douglas Sharon: Wizard of the Four Winds. New York 1978, 35f. Una Maclean: Magical Medicine. A Nige-rian Case-Study. Harmondsworth 1971, 71

58. The Mabinogion, transl. by Gwyn Jones and Thomas Jones, London 1977, 43,

90f. Sir Thomas Malory: Le Morte d’Arthur, Buch II, Kap. 15ff. Jessie L. Weston: From Ritual to Romance. New York 1957, Index s. v. Waste Land.

59. El desarrollo de la trama en las variantes de AT 302 es bastante diferente. Tal y como se recoge en el texto, por ejemplo, en: Weißbär am See. Schwedische Volksmärchen, recopilados por von Waldemar Liungman. Kassel 1965, 44ff. Plattdeutsche Volksmärchen, recopilados por von Wilhelm Wisser. Jena 1922, 200f.

60. AT 306. KHM 133. Russische Volksmärchen, traducidos por von August von Löwis of Menar. Düsseldorf 1959, Nr. 36

61. AT 507A=Stroebe, como en la nota 25, Nr. 7. 507BC=Löwis of Menar, wie Anm.

62. AT 301. Die unterirdischen Reiche als Metallringe in: Russische Volksmärchen, übertr. von August Albert, München 1961, 304f. Gestirnskleinode aus der Unter-welt in: Wilhelm Busch: Aus alter Zeit. Stuttgart 1982, Nr. 15

63. KHM 60= AT 303. También en el cuento del pájaro de oro, el disparo no realizado puede llevar a ganarse al animal como aliado: KHM 57, AT 550; ebenso in KHM 191, AT 329. Seht eigenartig auch in einem Mischtypus mit AT 315, Die verräterische Schwester, als Träger der Handlung, in Levin (wie Anm. 41), 10ff.

64. Propp, véase la nota O, 267f. Löwis of Menar, véase la nota 61, 166-169=AT 537

65. El motivo tiene su propio número de tipo: 530A. Como conclusión de AT 314 en Jungbauer, como en la nota 24, n.º 6.

66. Véase al respecto Doerfer, más arriba, págs. 90 y ss. Historische schamanistische Herrscher im Osten bei: Sergius Golowin: Das Reich des Schamanen. Basel 1981, 19f., 24

67. Georg Graber: Sagen aus Kärnten. Graz 1944, 186-188

68. Castaneda, como en la nota 39, IV, 269

69. Schönheit als grundwesentlich für das Märchen vor allem bei Lüthi 1975, como en la nota 0, 11-52