ELEMENTOS CHAMÁNICOS EN LOS CUENTOS DE HADAS

Traducciones

Heino Gehrts, Alemania

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Titulo original «Schamanistische Elemente Im Zaubermärchen» pp. 48-89, en Schamanentum und Zaubermärchen editado por Europäische Märchengesellschaft Rheine en 1986.

Una visión general

Los estudiosos actuales de los cuentos de hadas han intentado definir su objeto de estudio describiéndolos como una enumeración de lo completamente fantástico, a lo que nada en la realidad verificable podría corresponder.1 Sin embargo, al mismo tiempo, se ha reconocido que existen, o han existido, ámbitos de la experiencia humana en los que se manifiesta algo similar a los cuentos de hadas. El ejemplo más obvio es el mundo onírico individual, cuyas posibilidades, libres de las limitaciones del cuerpo, parecían no contradecir en absoluto los procesos propios de los cuentos de hadas. Por otro lado, tampoco permitían una explicación exhaustiva de su verdadero significado, de sus estructuras recurrentes y específicas. Solo cuando los sueños mismos, cuando ciertos elementos oníricos, se reconocen como transformaciones o reflejos de condiciones psicológicas más generales, surgen conexiones más claras y significativas, a través de las cuales incluso la aparente naturaleza fantástica de los cuentos de hadas adquiere una nueva fuerza vinculante. Sin embargo, estas reflexiones van acompañadas de la constatación de que las estructuras observadas no solo se expresan en sueños de carácter más general y en cuentos de hadas tradicionales, sino también en otras formas histórico-culturales. Por lo tanto, la interpretación de los cuentos de hadas desde una perspectiva psicológica profunda, cuando la practican personas cualificadas, siempre ha buscado utilizar las formas míticas, esotéricas, ritualísticas y épicas tradicionales para contribuir a una comprensión más amplia de los cuentos de hadas.

Desde sus inicios, la investigación sobre los cuentos de hadas ha intentado de diversas maneras establecer vínculos con otros legados de la antigüedad. En la época de los hermanos Grimm, era particularmente natural vincularlos con el segundo gran tesoro de la narrativa tradicional: los mitos, que se habían registrado tempranamente. Dado que en aquel entonces los estudiosos también redescubrían las tradiciones escandinavas y otros vestigios germánicos, era lógico buscar allí el vínculo más estrecho posible. Desde muy pronto se hizo evidente que los cuentos de hadas estrechamente relacionados estaban muy extendidos entre un círculo de pueblos mucho más amplio que el germánico, y que trascendían con creces el ámbito de las lenguas indoeuropeas. El propio Wilhelm Grimm, a mediados del siglo XIX, se inspiró en tradiciones de todo el mundo y destacó el carácter humano universal de algunos de ellos. En aquel entonces, ya conocía no solo las tradiciones de cuentos de hadas de los pueblos fino-ugrios vecinos, sino también las de origen turco, tártaro, mongol y del Lejano Oriente, así como las tradiciones de los nativos americanos de Norteamérica y las tradiciones africanas de Sudán y Bechuana.2

Sin embargo, la originalidad y autonomía de los mitos, como uno de los sistemas narrativos autónomos más antiguos, ya se cuestionaban en el siglo anterior. Crecía la comprensión de que muchos mitos solo revelaban su verdadero significado al ser considerados junto con sus rituales asociados. Durante demasiado tiempo, la erudición había tomado el mito griego como su único modelo, una narración coherente.3 Solo en este siglo se puede considerar ejemplar el hecho de que el mito egipcio de Isis y Osiris nunca se registrara como una historia completa en su tierra natal, sino mucho más tarde y en el extranjero por el griego Plutarco.4 En las culturas rituales, la palabra narrativa mítica suele estar integrada en la representación corporal y performativa del significado del mito dentro del ritual, y no necesariamente se concibió como una narración independiente. Por otro lado, también existía la narración de cuentos como una costumbre ligada al ritual, y es aquí donde el mito de estilo griego, como historia autónoma, encuentra su lugar. Por supuesto, a menudo solo lo parece, mientras que en realidad está profundamente arraigado en las costumbres festivas y el trabajo diario, en el orden de la vida y los acontecimientos mundiales, y solo en este contexto adquiere significado e importancia.

Es inevitable que dicha narración también introduzca el significado de todas las actividades mencionadas anteriormente y, en consecuencia, las investigaciones han constatado que muchos cuentos de hadas típicos también representan tales introducciones. Esto podría interpretarse desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, de modo que preparan al oyente para las decisiones vitales que posteriormente serán necesarias y contribuyen a generar cambios transformadores, o bien, que las imágenes de estos cuentos de hadas remiten al simbolismo de los ritos de iniciación de culturas antiguas. Esta era la convicción de Saintyves y Propp, y Mircea Eliade coincidió con ella, aunque con ciertas reservas.5 Propp, en particular, buscó demostrar, utilizando abundante material, que muchos sucesos de los cuentos de hadas se corresponden con las prácticas e ideas de los ritos de iniciación de jóvenes en culturas rituales.

Toda una serie de hallazgos de este tipo resultarán irrefutables; sin embargo, es apropiado enfatizar en este punto qué no existen “los cuentos de hadas” ni “el cuento de hada” como relatos de un contenido específico, sino que el mundo de los cuentos de hadas contiene narraciones de orígenes y desarrollos muy diferentes, y que los tipos, versiones y motivos requieren cada uno una investigación más detallada como tal. Por otro lado, muchos cuentos de hadas también comparten similitudes significativas que atestiguan concepciones antiguas relacionadas y permiten clasificaciones culturales. Antes de continuar, cabe señalar que incluso cuando se dice algo sobre un cuento de hadas en particular en aras de la brevedad, esto se refiere solo a un cuento de hadas específico, un tipo particular o un grupo limitado, y el alcance de la afirmación está determinado por el contexto específico. Añadimos además que todos los elementos histórico-culturales de los cuentos de hadas, como se entiende, no sobreviven como tales, sino más bien como motivos épicos y grupos de motivos. Sin embargo, esto no es razón para ver con escepticismo el rastreo de los cuentos de hadas hasta sus orígenes histórico-culturales. Por el contrario, parece absolutamente necesario sacar a la luz el significado original de un cuento de hadas si se pretende utilizarlo pedagógica o terapéuticamente. De lo contrario, uno estaría actuando como alguien que toma un medicamento o alimento de una lata cuya etiqueta se cayó hace muchos años. Puede superar temporalmente la dificultad intentando determinar el contenido de la caja psicoanalíticamente; sin embargo, dada la variedad de métodos analíticos, un enfoque histórico-cultural para determinar el contenido parece preferible para su uso práctico. Por supuesto, un conocimiento profundo de los cuentos de hadas es un requisito indispensable para ello.

Cabe mencionar que algunas inconsistencias en la trama de los cuentos de hadas, que ningún narrador posterior, por muy diligente que sea, puede resolver, apuntan directamente a las conexiones significativas establecidas en el estrato cultural más antiguo. Por otro lado, los cuentos de hadas clásicos permanecieron sujetos a corrección y adaptación durante mucho tiempo por parte de quienes comprendían su significado. Una de las razones de la coherencia de los tipos es la experiencia del significado, que a menudo pasan por alto los defensores de una génesis literaria de los cuentos de hadas.

Una característica clave de las culturas rituales6 es el poder de la tradición. Amplios repertorios de rituales inmutables se conservan en la memoria consciente de quienes los realizan y se transmiten de generación en generación. La representación ritual de un mundo entero, la imagen completa de un mundo tal como existe, se conserva y se hereda en máscaras, roles, rituales, símbolos, oraciones, canciones y textos narrativos: una enciclopedia viviente de valor incalculable, ya que todo el significado y la coherencia de la existencia, así como todo el sustento, los animales de caza y los cultivos, el hogar y el entorno, las estructuras y los roles sociales, las herramientas y los materiales, se fundamentan en ella y se sustentan gracias a ella. Por otro lado, esta naturaleza hereditaria de las culturas rituales también da lugar a una de sus vulnerabilidades. La pérdida de quien desempeña un rol, por ejemplo, por muerte o deserción, no representa simplemente la pérdida de un solo elemento, sino una profunda alteración que sacude todo el sistema.7 Cómo las distintas culturas mitigan este peligro, por ejemplo, mediante sociedades rituales que representan colectivamente a quienes desempeñan roles específicos, no es el tema que nos ocupa aquí. Solo es necesario abordar un detalle, ya que nos lleva directamente a nuestro tema principal.

La principal fuente de supervivencia de estas culturas es, sin duda, la tradición y su transmisión a la juventud mediante la iniciación. Sin embargo, en toda sociedad primitiva que aún no se ha vuelto rígida, también se produce la afluencia de lo transformado y lo nuevo a través de la experiencia visionaria, particularmente mediante los sueños reveladores. De este modo, incluso en casos de pérdida fortuita, todo el sistema ritual encuentra su sanación creativa. Podemos suponer que, originalmente, todo el legado ritual transmitido surgió por estos medios. Así, nos encontramos con una relación más primigenia entre las personas, las comunidades y el mundo, el sentido de la existencia y el modo de vida; es decir, un modo de vida en el que la humanidad dialoga continuamente con los seres que dan vida al mundo. Se trata también de seres que moran en los fondos más profundos, amplios y elevados, en los subterráneos y en las capas superiores de la existencia, y que o bien se presentan ante el ser humano para atormentarlo, o bien hacia los que este se dirige para obtener su consejo, su ayuda y su fuerza vital para su existencia aquí en la Tierra.

Para reconocer esta relación más primitiva de una comunidad humana con el mundo como cultura chamánica, solo hace falta una característica más: que haya personas consagradas, capacitadas o incluso titulares de cargos que hayan sido especialmente elegidas para mantener, también en nombre de los demás, esa conexión con el mundo de los seres y para reactivarla en caso de necesidad. Este sería el chamán, y a continuación se analizarán las huellas de su papel, sus experiencias y sus tareas en los cuentos populares. A este respecto, afirmamos con rotundidad que la experiencia chamánica del mundo y la existencia no nos parecen limitadas desde el punto de vista histórico, geográfico o tribal, aunque el término “chamán” y una serie de descripciones antiguas de este tipo procedan de los relatos de viajeros que visitaron Siberia. Más bien, al igual que otros investigadores, consideramos el chamanismo como una forma de vida y de experiencia humana primitiva y, por lo tanto, lo consideramos de difusión generalizada. Sus formas culturales particulares deben considerarse, por tanto, como desarrollos de una constitución humana fundamental; sus vestigios se pueden encontrar en amplios ámbitos, y el resurgimiento espontáneo de formas chamánicas, incluso en culturas muy desarrolladas, es por ello posible en cualquier momento y, de hecho, también se puede observar. Solo quien contempla la realidad aparente a través de estrechos filtros conceptuales puede pasar por alto los contenidos chamánicos del mesmerismo y el espiritismo.

La siguiente sección intentará presentar sistemáticamente aquellos tipos y motivos de cuentos de hadas que se corresponden con formas chamánicas de experiencia y acción. Esto proporcionará simultáneamente una visión general de aspectos esenciales del chamanismo en general; o, dicho de otro modo, ciertas partes del repertorio europeo de cuentos de hadas ofrecen material a través del cual se pueden ilustrar plenamente las características esenciales del chamanismo. Estas correspondencias formales son, como debería ser evidente, ciertas, al igual que las características rituales en el repertorio de cuentos de hadas están bien establecidas. Una tarea completamente distinta, que no abordaremos aquí, sería determinar la naturaleza de estas conexiones, es decir, investigar si se trata simplemente de diferentes manifestaciones de un mismo conjunto de arquetipos, a veces en forma de acción humana, a veces en poemas épicos, o si los cuentos de hadas contienen sus propias reliquias o relatos importados de chamanismo practicado en forma narrativa; o, finalmente, si los cuentos de hadas, como poesía, unen indistinguiblemente elementos arquetípicamente renacidos y elementos históricamente transmitidos en una forma perfecta.

Visión del mundo y viajes por el mundo

La cosmovisión típica del chamanismo se divide en tres etapas: el mundo intermedio de la humanidad, es decir, la Tierra; el mundo superior; y el mundo inferior8. Estos tres niveles también están claramente delimitados en los cuentos de hadas; los encuentros y experiencias de estos tienen lugar en los tres. El mundo intermedio posee sus propias criaturas maravillosas, pero el mundo superior también alberga seres de la zona inferior —llamémoslos demoníacos aquí, o, como hace Siuts, ctónicos— y seres del mundo superior, cuyo verdadero hogar suele describirse en los cuentos de hadas como seres de resplandor, oro, luces celestiales y belleza sobrenatural. Los nombres originales y ancestrales de estos seres y sus lugares de origen, por supuesto, se han perdido o se han oscurecido en gran medida en Europa. Sin embargo, entre las figuras del dragón, el diablo, el trol, el enano malévolo y otros, el demonio del inframundo de las tradiciones más antiguas a menudo puede reconocerse fácilmente. El diablo, en particular, suele ser un ser tan benévolo, y sirve con tanto empeño al heroe, que su conexión con seres ctónicos de naturaleza más benévola resulta innegable. Esto se aplica especialmente a su madre, abuela o esposa. De hecho, esta es una característica clave de los mundos del chamanismo siberiano: que los seres inferiores no son del todo malvados, ni los superiores del todo buenos. Además, como cosmovisión propia de culturas antiguas, existe otra diferencia en la valoración, ya que allí los poderes malignos suelen ser vistos como un vis a tergo, “que siempre desea el mal y siempre crea el bien”. Incluso en las adaptaciones posteriores de nuestros cuentos de hadas, este tipo de valoración dualista más antigua a veces aún parece manifestarse. Esta falta de claridad en la naturaleza es particularmente notoria en los poderes iniciadores del inframundo de los tipos 313 y 314, es decir, en los cuentos de hadas en los que la pareja o el joven deben alejarse de ellos mediante una huida mágica, pero se llevan consigo un valioso tesoro vital de su reino.

Los seres celestiales suelen caracterizarse por su propia naturaleza, como las manifestaciones humanoides del sol y la luna, las estrellas y el viento, este último a menudo especializado según su dirección o fuerza. La ambivalencia de estos seres, a la vez caníbales y benevolentes, suele subrayarse mediante rasgos marcados, y su lado más accesible se representa como su madre. Carecen por completo de cualquier designación como dioses, semidioses o deidades de la naturaleza. Un ser singular del mundo superior, concebido sin duda en una fase remota de la historia humana, es la Doncella Cisne, una figura que, a diferencia de todos los demás seres celestiales, apenas ha perdido su naturaleza etérea en medio de las transformaciones de la historia religiosa. Por supuesto, cuando esta naturaleza se entrelaza épicamente con los acontecimientos terrenales, los narradores posteriores a veces se enfrentan a dificultades casi insuperables, que, sin embargo, nosotros, acostumbrados a la semántica del lenguaje de los cuentos de hadas, apenas percibimos. Así, en el cuento de hadas de los hermanos Grimm “El niño tamborilero”, la doncella cisne debe ser una princesa encantada, aunque incluso con este recurso, la libertad de sus vuelos entre mundos y su esclavitud a la “bruja” de la Montaña de Cristal difícilmente pueden conciliarse. Sin embargo, el cuento de hadas nos ha acostumbrado tanto a la peculiar sensibilidad de sus princesas que casi nunca nos damos cuenta de que el término “princesa” en muchos casos no se refiere a otra cosa que a un ser de otro mundo, a menudo sobrenatural.

Sin embargo, hemos adoptado una palabra de los celtas que nos permite designar directamente a un ser de otro mundo, específicamente de un reino estrechamente relacionado: la palabra “hada”. En nuestra tradición, este término se especializa para seres femeninos y se ha incorporado principalmente a los cuentos de hadas literarios, mientras que los cuentos populares transmitidos oralmente emplean otros términos. A menudo, a estos seres se les llama simplemente “ancianas” o “ancianos”, hombres y mujeres de baja estatura que se encuentran con el héroe y lo ayudan en su viaje. Entre ellos también hay varios seres conocidos como brujas, que difieren significativamente de la bruja común del pueblo tanto en su hábitat como en su utilidad. Las maravillas terrenales también incluyen a los señores o señoras de los animales, un motivo sorprendentemente frecuente en nuestros cuentos de hadas, sorprendente porque sin duda está conectado con las antiguas culturas de cazadores-recolectores en las que el chamanismo también tiene sus raíces. El héroe vaga sin rumbo, su objetivo le está oculto, solo conoce su nombre. Afortunadamente, se encuentra con seres de diversos nombres, a quienes más tarde también se les denomina ermitaños, que viven en la naturaleza y parecen mortales, pero que habitan muy alejados unos de otros y son los amos de los animales de cuatro patas, las aves y los peces. Ellos convocan y consultan a su gente, y algún zorro, cuervo o carpa que aún sobrevive conoce el reino secreto y puede servir al héroe como guía o incluso como montura.

En los cuentos de hadas alemanes, el inframundo solo se menciona como tal en contadas ocasiones. En el cuento de hadas tipo 301, el héroe desciende al inframundo a través de un agujero en la tierra, como si fuera una mina, y muchos lectores adultos de cuentos de hadas aún recordarán lo asombrados que quedaron de niños al descubrir que allí, en la tierra, existía, según creían, un mundo brillante y soleado. Según la concepción original, este es el mundo bajo tierra, y algunos cuentos de hadas orientales enfatizan aún más este motivo al hacer que el héroe caiga inesperadamente desde allí a un mundo aún más profundo9. Para muchas culturas chamánicas y con influencia chamánica, los tres mundos también representan simplemente una división aproximada en la que podrían incorporarse niveles adicionales. Es notable que incluso este inframundo más profundo esté plagado por un dragón que bloquea el agua, y que el héroe obtenga su regreso como recompensa al matar a este dragón. Regularmente renuncia a la princesa, nativa de ese reino y ofrecida como su esposa, ya que está prometido a la princesa terrenal que había sido llevada al inframundo más cercano a la tierra y liberada por él: descenso al inframundo, batalla con demonios para liberar un alma llevada allí, caída fatídica a un nivel aún más profundo, batalla repetida con demonios para liberar el agua viva, adquisición de la riqueza para ascender desde allí de regreso al mundo intermedio, matrimonio con la princesa liberada: no un evento unidimensional, sino que abarca múltiples mundos. O tal vez sea unidimensional, ya que el chamán y el héroe de los cuentos de hadas encuentran accesibles todos los mundos y, al vagar en busca de su destino, se funden en un mundo mayor.

Es posible que la multifacética superposición de mundos, tal como la encontramos en estos cuentos de hadas, aún contara con el respaldo, aunque tardíamente, de la cosmovisión de la Iglesia medieval. Sin embargo, resulta sorprendente que en los cuentos de hadas encontremos reinos subterráneos, comunes en las cosmovisiones chamánicas, mil años después del cristianismo, sin ninguna referencia a Dante ni a sus predecesores y sucesores eclesiásticos. De manera bastante sencilla, en un cuento de hadas de la colección hessiana de Johann Wilhelm Wolf de 1851, AT 302, el narrador afirma que el héroe ha volado hasta «el mundo más bajo»; allí todavía le queda «un buen camino» por recorrer y luego llega ante un «maravilloso castillo… con imponentes puertas». En un cuento de hadas de Hannover, perteneciente a la colección Colshorn de 1854, sobre las tres princesas extasiadas (AT 301AB), el traicionero enano, a quien el hijo del oso ha perseguido hasta el fondo del pozo, huye “hacia otro mundo”. En Vorarlberg, un cuento de hadas del tipo 313, “escape mágico”, menciona explícitamente el inframundo y el mundo terrenal como el mundo superior. Resulta particularmente notable que aquí, en el entorno alpino, el héroe no sea llevado a través de una cueva de montaña, sino que sea “transportado al inframundo” al tocar el suelo, lo cual le está prohibido. El viaje de regreso tampoco es por ascenso, sino, como es típico, en forma de un escape transformador —que siempre parece transcurrir horizontalmente— y que finalmente termina “en una región bien conocida por el joven conde”.10

El grado de «esoterismo» que suponían las ideas subyacentes a la trama de ese cuento de hadas cuando se transmitieron tan tardíamente se puede apreciar en las palabras recogidas alrededor de 1850 de boca de una anciana en Stöckheim, al oeste de las montañas Harz. Allí, antiguamente se decía, sobre todo entre los niños, «en secreto»: que debajo de este mundo había otro mundo (habitado), rodeado por una masa de agua amplia y profunda, que había que cruzar para llegar al mundo inferior. “Pero ya nadie lo cree.”11

El Mundo Superior es accesible para la mujer y el hombre errantes de una manera muy peculiar. Por lo general, no se necesitan medios especiales para llegar a las moradas de las estrellas y los vientos; el único camino que siguen los viajeros, que los lleva a través de bosques y montañas, se extiende hasta los reinos del sol, la luna y el viento. Sin embargo, existen destinos lejanos que requieren ayudas especiales para alcanzarlos, lo que da lugar a una estratificación correspondiente de los reinos. La Montaña de Cristal, que representa la montaña del mundo en los cuentos de hadas, a menudo solo puede ser escalada por el viajero con la ayuda de patas de gallina —como recompensa por un sacrificio de gallina, podría decirse— y solo puede ser alcanzada volando hasta ella con los objetos mágicos que rescata de las disputas de herencia de gigantes u otros seres.

Otras dos imágenes que representan el camino hacia el mundo superior son la planta que crece hasta alcanzar el cielo y el árbol que se eleva hacia el firmamento.

El propio viajero celestial presencia el brote de la planta; este motivo se utiliza a menudo de forma caprichosa y ficticia en los cuentos de hadas y dista mucho del árbol que la sesión chamánica evoca, como una escalera viviente para ascender al mundo superior.12 El árbol que se eleva hacia el cielo, en cambio, no es una planta mágica, sino que se encuentra en el mundo y también puede desvanecerse. Escalar el árbol requiere un viaje de muchos días que conduce a través de maravillosos reinos de metal hasta el Reino Dorado y su prodigioso habitante. En los cuentos de hadas, este árbol probablemente migró a nuestra región desde el Este; además, está directamente relacionado con el Árbol del Mundo, ese árbol primordial que conecta todos los suelos de la Tierra, un concepto particularmente extendido en el norte euroasiático y que, como el Árbol Chamánico, también pertenece al trasfondo mítico del chamanismo siberiano.13

Un motivo recurrente en las descripciones anteriores del mundo es el del viaje. En general, la imagen del mundo nunca se concibe como un fin en sí misma; más bien, siempre aparece de forma incidental en la representación de los viajes. Especialmente en los cuentos de hadas más significativos y característicos, el hombre y la mujer son viajeros cuyo destino se encuentra muy lejos, y esta distancia, según la comprensión moderna, no se ubicaría en el mundo terrenal y corpóreo, sino entre los espíritus, los gobernantes de los mundos inferior y superior. Por lo tanto, entre este mundo —la aldea, la corte real o el reino— y el otro mundo —la montaña de cristal, el castillo dorado, la fuente de la vida— suele existir una zona de transición o incluso una línea divisoria. En nuestras regiones, esta zona puede ser el bosque o las montañas, e igualmente el mar; ejemplos de líneas divisorias son el lago y el río, o un paso rocoso. El cuerpo de agua, especialmente el río, es conocido en muchas mitologías alrededor del mundo como el límite entre este mundo y el otro. Por lo general, se manifiesta de tal manera que los vivos pueden cruzar fácilmente, pero este otro no puede cruzarlo en absoluto o con una dificultad casi insuperable. Esto también se aplica en algunos cuentos de hadas a los seres que habitan en el otro lado. Cuando el héroe y la heroína huyen de ellos, los perseguidores, y por ende, los gobernantes del inframundo, se topan con un obstáculo insuperable en la orilla del agua. El punto de transición encuentra su expresión más fuerte en el motivo de los simlegatos, las rocas articuladas, que está muy extendido por todo el mundo y desempeña un papel en los viajes al más allá de muchas culturas, incluidos los viajes chamánicos y de cuentos de hadas al otro lado.14 Con respecto a los seres del más allá, el límite se describe a menudo como el límite de su «poder».

El viaje alrededor del mundo como alma es muy característico de toda la tradición chamánica; también es característico del cuento de hadas bien entendido, más precisamente de aquella parte de los cuentos de hadas mágicos cuya imaginería atestigua que el viaje conduce no solo a través del reino terrenal, sino también a una vida después de la muerte experimentada desde la antigüedad, accesible al alma. Antti Aarne ya expresó la naturaleza «sobrenatural» de muchos elementos de los cuentos de hadas con este término en su tipología de 1910. Johannes Siuts proporcionó un estudio exhaustivo de este tema en su disertación «Motivos de la vida después de la muerte en los cuentos populares alemanes», presentada ese mismo año y publicada en 1911.15 Dado que la investigación sobre cuentos de hadas ha seguido predominantemente otros caminos desde entonces, sus hallazgos aún no se han aplicado a la comprensión de los cuentos de hadas en la medida que el tema lo requiere.

Esto puede deberse en parte a que Siuts no estableció la conexión histórico-cultural a través de la cual los motivos del más allá adquieren todo su peso, a saber, con el chamanismo. Su enfoque se centró principalmente en las manifestaciones del más allá y sus habitantes, y no en la persona que lo busca. Sin embargo, concluyó sus hallazgos con las siguientes frases, que también se aplican al viaje chamánico: “Si bien no es lícito atribuir los cuentos de hadas en su totalidad a experiencias en el más allá, cabe señalar que el narrador o poeta es más generoso con ningún otro conjunto de motivos que con aquellos que le ofrece el viaje del alma al más allá al separarse de su cuerpo»”. Añade la siguiente nota: “Describir las experiencias del alma vagando fuera del cuerpo como «visión» o como «sueño» —con esto nos acercamos al uso que le da von der Leyen— podría ser cuestión de gusto; en cualquier caso, sin embargo, estos términos son demasiado indeterminados para expresar las formas básicas, constantes pero a la vez en constante cambio, del cuento de hadas en la continua vida de esta poesía.”

Lo experimentado más allá no siempre tiene por qué caracterizarse por la distancia. Como mundo manifiesto, el otro puede, en principio, abrirse en cualquier lugar, y por mucho que viaje el indigno, el otro mundo sigue sin concederle acceso; incluso allí se lo niega. Entre los omnipresentes rincones de la existencia de otro mundo, el castillo aparece como un lugar predilecto, o al menos ese lugar ilusorio recibe ese nombre en los cuentos de hadas. Sería un error considerarlo simplemente como un análogo del castillo encantado de la leyenda debido a los encuentros con fantasmas que allí se producen. Ciertamente, existen conexiones narrativas entre el castillo de la leyenda y el castillo del cuento de hadas; sin embargo, el tipo de búsqueda del hombre, específicamente su forma especial 400B, deja perfectamente claro que el héroe se encuentra con el castillo como si fuera una casa común, pero que está embrujada.16 Pero el regreso milagroso de allí, en forma de éxtasis, y las dificultades espaciales encontradas al intentar llegar a él de nuevo desde casa, atestiguan que este castillo de cuento de hadas tiene su verdadera ubicación en otro lugar; en otras palabras, demuestran que no se sitúa aquí o allá, sino que simplemente aparece aquí como un fenómeno concedido al elegido en el momento oportuno. En este sentido, el castillo de cuento de hadas de la leyenda medieval se corresponde enteramente con el Castillo del Grial, que también puede aparecer repentinamente tras un promontorio en la zona circundante, en gran parte deshabitada, pero solo para aquel destinado al Grial.

En las prácticas chamánicas, la meta distante y el acceso local también se entrelazan, por un lado como imagen del más allá real y, por otro, como la apertura local del mundo presente para el gran viaje al otro lado. El mundo físico y el mundo de las cosas, en su impenetrabilidad, se abren en los estados de trance, y como detalle particular, cabe mencionar la penetración en la tierra misma, que, en la sesión, debe abrirse bajo la casa, la tienda misma, y otorgar al chamán acceso al inframundo17, comparable a ese agujero en la tierra a través del cual, en el Tipo 301, el héroe desciende hasta las princesas raptadas. Que no pueda volver a ascender en ese punto, que sea abandonado por sus traicioneros compañeros y deba realizar el ascenso de otra manera, ciertamente se corresponde con las experiencias chamánicas, según las cuales el viaje de ida y vuelta también suele transcurrir de maneras diferentes. El hecho de que el héroe no sea libre en la elección de su camino, sino que dependa de encuentros fatídicos, también se relaciona con el carácter iniciático de las experiencias descritas en el cuento de hadas, ya que el viajero al más allá descubre por primera vez los poderes y posibilidades que existen en el otro lado. En el tipo 302, «Corazón del monstruo en el huevo», la diminuta forma de transformación del héroe —como una abeja o una hormiga, en la que se arrastra por cerraduras o estrechas grietas en la tierra— parece simbolizar la capacidad del alma para penetrar enormes barreras, incluida la propia tierra.18

Caminos

El héroe también debe experimentar por primera vez los caminos que hay más allá19; el viaje del cuento de hadas suele dirigirse hacia un destino cuyo nombre es completamente desconocido en el mundo secular. Sin embargo, la mujer y el hombre emprenden el viaje, y este mismo debe transmitirles el conocimiento de los caminos y los medios para recorrerlos. Incluso cuando los hermanos parten, como en los dos cuentos del Pájaro Dorado, AT 550/551, y cuando los caminos individuales se caracterizan en una encrucijada, los hermanos mayores suelen elegir la ruta segura o razonablemente segura. El camino del menor, sin embargo, suele estar marcado con una fórmula que también indica el camino al reino de los muertos: el camino sin retorno. Pero esto es precisamente chamánico: que el chamán —y casi solo él— también es capaz de cruzar el umbral del viaje de regreso. La caracterización del camino por la negación del regreso a casa, la afirmación de este camino por parte del personaje del cuento de hadas y su regreso real desde la meta lejana hacia la que fue dirigido, no tienen por qué entenderse exclusivamente en términos chamánicos. Podemos discernir un significado doble adicional. En primer lugar, el significado psicológico-desarrollista, tal vez en el sentido de Heráclito: ¡Aunque puedas regresar, ya no eres tú quien regresa a casa! En segundo lugar, contiene el significado heroico: es decir, una afirmación del objetivo supremo de la vida, incluso al precio de la muerte, para esta afirmación, el regreso aún sería posible en la medida en que el logro del objetivo supremo en sí mismo ya asumiría el significado de un regreso eterno a casa. En ambos casos, las imágenes del más allá se usarían solo figurativamente; la concepción chamánica las toma en su sentido literal.

Los caminos también desempeñan un papel inesperadamente importante en el chamanismo. El mundo del éxtasis chamánico no es un sueño vacilante e informe ni un reino de embriaguez, sino más bien un paisaje con montañas y arroyos, árboles y senderos, en el que un chamán iniciado sabe cómo orientarse. El acceso a estos caminos es crucial para su competencia profesional; pues los seres que debe buscar tienen sus moradas designadas y solo pueden ser encontrados en el camino correcto que conduce a ellas. La iniciación es también, y sobre todo, una introducción a los senderos del más allá.

Espíritus que ayudan

La capacidad de orientarse allí no se basa únicamente en el conocimiento local. De hecho, se podría afirmar con mayor contundencia que en ese otro mundo no hay lugares que el mero conocimiento pueda cubrir.

Sabemos por los cuentos de hadas que los vagabundos a menudo deambulan durante mucho tiempo por caminos sin salida; conocen el nombre de su destino, pero no saben cómo llegar a él. Para dominar el camino siempre se necesita un ser que lo conozca y lo guíe, y a menudo es precisamente este ser el que los lleva al destino, y luego de regreso. El chamán siberiano tiene sus espíritus ayudantes, a los que puede recurrir a través de la mediación de su espíritu principal, que está conectado a él como a otro yo, o que, en particular, es para el chamán un compañero espiritual, y para su esposa un esposo espiritual. En la superstición impuesta a los hechiceros a finales de la Edad Media, a estos compañeros espirituales, debido a la restricción sexual de su naturaleza, se les denominaba súcubo e íncubo. Con la supresión de la superstición, tales relaciones se han vuelto completamente ajenas a las concepciones europeas. Solo los mitos antiguos han conservado algo de esto para nuestra conciencia de una forma más refinada, como la relación entre Atenea y Odiseo, o Afrodita como una madre cariñosa con Eneas. El folclore local, por otro lado, ofrece una imagen escalofriante de la falta de comprensión con la que nuestro pueblo ha considerado durante mucho tiempo el mundo y el más allá. Consideremos, por ejemplo, las cuevas del tesoro mal utilizadas con su advertencia espiritual malinterpretada: “¡No olvides lo mejor!”, y los innumerables intentos fallidos de “redención” acompañados de los lamentos de los espíritus femeninos, especialmente las Doncellas Blancas, que siguen siendo incomprendidas a lo largo de las leyendas. En las leyendas medievales de origen celta, estas relaciones a menudo se representan de forma más favorable, como en la leyenda del hada Hinde; allí, Hinde, como tentadora, le muestra al cazador el camino al más allá, donde puede aparecerse ante él como una mujer. Este motivo también ha dejado su huella en los cuentos de hadas, y si aparece también en los cuentos de hadas indios, por ejemplo, entonces probablemente podamos atribuirlo a la difusión general de una experiencia, así como a la migración del motivo narrativo.21

El motivo de los sacrificios

En el norte de Siberia, el reno es el animal familiar, utilizado como montura, y por lo tanto es también el animal que transporta al chamán en sus viajes. Dado que el viaje chamánico alrededor del mundo debe realizarse por aire, el reno es simultáneamente similar a un ave. Además, en las antiguas culturas ecuestres de Asia, el caballo suele ser el guía espiritual de apoyo y con capacidad de vuelo. Asimismo, en nuestros cuentos de hadas, el caballo juega un papel importante como el ayudante más confiable del héroe; es su consejero, que comienza a hablarle en su primera salida, y a quien visita repetidamente en el establo en busca de consuelo y guía; sobre todo, este caballo es el único que le permite cruzar la frontera. Lo lleva al lugar en el otro mundo al que debe llegar, y también es capaz de traerlo de regreso aquí, por ejemplo, cuando huye de sus perseguidores en ese mundo. Ocasionalmente, el animal se «agota» al cumplir tales tareas; solo puede dar instrucciones para su sacrificio, pero en su muerte se transforma en un entorno fértil y nutritivo para su compañero humano. Así, este cuento de hadas nos ofrece una maravillosa imagen del significado del sacrificio animal, y en particular, del sacrificio de caballos. El animal no solo nos lleva al otro lado y de regreso a la tierra de los vivos, sino que también establece nuestra felicidad aquí. El significado del sacrificio animal se expresa de una manera algo diferente en el tipo más conocido de «Tierra-Fresco» o «Un Ojo, Dos Ojos…» AT 511, donde el animal no se transforma en el entorno circundante, sino en un centro interior que otorga poder, en el árbol frutal como dador de felicidad que llena la vida.23

Los motivos mencionados no son estrictamente chamánicos, pero complementan de forma acertada la imagen del poder inherente del animal. Otro motivo de muerte, peculiar y distinto, se acerca más al complejo chamánico de los cuentos de hadas: después de que el animal benefactor haya cumplido sus tareas, a menudo exige que el héroe lo decapite. Al héroe le cuesta un esfuerzo considerable acceder a esta petición, que parece constituir un terrible acto de ingratitud. Pero tras la decapitación, el animal se revela en una radiante forma humana: como un príncipe, tal como se describe en la traducción de los cuentos de hadas antiguos a los modernos, pero en su verdadero significado, por supuesto, como el espíritu benefactor que siempre ha sido.

Cabe destacar, sin embargo, que esta revelación también puede ocurrir sin el drástico paso intermedio de la decapitación, como, por ejemplo, en el cuento de hadas de los hermanos Grimm de Juan de Hierro, aunque aquí no desde la forma animal sino desde la del hombre salvaje, AT 502, o en las versiones uzbekas del cuento de hadas del Pájaro Dorado, AT 550. Allí, inmediatamente después de traer los tres tesoros e incluso antes de la traición de los hermanos, el animal servicial invita a su protegido a unas «vacaciones reparadoras» —a su castillo— para sorpresa del héroe, que había esperado una cueva animal como hogar del animal servicial.24 Si esta transformación final se describe como redención en nuestros cuentos de hadas, entonces esto nos abre los ojos al hecho de que la redención en los cuentos de hadas significa algo completamente diferente de la redemptio en nuestra religión y también de la «redención» en nuestros cuentos populares, que está influenciada por la religión y generalmente fracasa.

En el transcurso del viaje del héroe de los cuentos de hadas, que puede interpretarse como chamánico, aparecen motivos sacrificiales también en otras fases, siendo la primera la que establece el apoyo mutuo entre los compañeros: la ofrenda de comida poco después de comenzar el viaje. Incluso cuando los hermanos mayores parten, y la encrucijada no es el factor decisivo, todo lo que sigue está determinado por el hecho de que los primeros se niegan a ofrecer una parte de las provisiones a un suplicante o animal, mientras que el hermano menor comparte generosamente sus a menudo escasas provisiones de viaje. Es peculiar que esta ofrenda pueda ser un caballo, el caballo de montar del héroe, con el que realiza un sacrificio equino y así obtiene la ayuda del más poderoso, la montura espiritual, como el lobo.25 Ya hemos mencionado el sacrificio de la niña en la Montaña de Cristal; añadimos que este se completa con el sacrificio del dedo, el de su propio dedo, para el último peldaño de la escalera.26 En el caso del hombre, este motivo corresponde a un tipo diferente de sacrificio a caballo.

Cuando un ave sirve de montura al héroe, este suele tener que cargar con una enorme cantidad de carne durante el vuelo, quizás una docena de ovejas sacrificadas: un magnífico sacrificio animal para el ave que lo ayuda. Pero la provisión nunca es suficiente, y para cubrir el último tramo del viaje, el héroe debe sacrificar su propia carne. Sin embargo, al final del viaje, con los músculos de sus piernas al descubierto, no queda lisiado, y el cuento de hadas ofrece su propia imaginería para explicarlo, como el ave regurgitando la comida en la herida.27 Si quisiéramos comprender esta integridad objetivamente, podríamos decir que el héroe no sacrifica con carne y hueso, sino, de acuerdo con la naturaleza del viaje, con sustancia espiritual, es decir, con el alimento sacrificial en sí – por eso la oveja sacrificial también puede ser transportada por el ave – y esta sustancia nunca se puede perder, porque el concepto de sacrificio contiene inherentemente el retorno de lo sacrificado en forma de un aumento de vida28.

No es necesario que sea una ofrenda de comida la que conecte al héroe del cuento con el ayudante del más allá. Es posible que el ser de otro mundo esté orientado hacia el ser terrenal desde el principio, como ocurre con la madre en los cuentos de Cenicienta o Moirin (AT 510, 510A). Por parte de los vivos, es entonces la conmemoración de los muertos la que se honra y la que mantiene el vínculo con los vivos. El motivo de la vigilancia de la tumba tiene claramente un significado antiguo; aquí también, los hermanos mayores, al negarse a velar la tumba de su padre por la noche, pierden el derecho a ayudar a los muertos. El menor, en cambio, al asumir el servicio por ellos y por sí mismo, obtiene así las tres monturas espirituales del difunto.29 En el grupo de cuentos de hadas que tratan sobre el hombre muerto servicial, el héroe se gana al propio hombre muerto como ayudante, específicamente para tareas claramente chamánicas, de una manera diferente: es decir, organizando el entierro del hombre muerto insepulto. Un cuento popular noruego ha desarrollado el motivo de la ingeniosa manera en que el hombre muerto es congelado en un bloque de hielo: una imagen del destino de una muerte postergada, que se resuelve cuando, como en otras versiones, el héroe paga el funeral y el velorio.30 Las ofrendas monetarias ya no nos parecen tener un significado profundo, pero en su origen son, sin embargo, de valor vital, y el cuento popular subraya el carácter sacrificial al hacer que los viajeros entreguen las monedas no de una abundancia, sino como toda su posesión, un motivo que a veces aparece aún más pronunciado cuando las pocas monedas representan toda la herencia del hombre pobre.

Merecen mención otras tres formas peculiares en las que se recluta al animal ayudante. El motivo del fruto dañado —ya sea el árbol frutal robado o el campo saqueado o pisoteado— suele conducir únicamente a un primer encuentro con seres maravillosos, a un atisbo, a una experiencia que invita a emprender un viaje iniciático. Sin embargo, también puede ser que quien daña el fruto sea en sí mismo una montura prodigiosa, disponible para el héroe tras su desenmascaramiento31. De naturaleza aún más distintiva es el motivo de los pastos prohibidos32. El héroe es un pastor al que se le prohíbe cruzar cierta frontera; al otro lado se extienden pastos mucho más exuberantes, pero la muerte lo acecha. Si se atreve a cruzar la frontera, él o su animal ayudante logran matar a los seres elementales que allí gobiernan y así obtienen sus monturas, sus armas y sus armaduras, es decir, las brillantes vestiduras del otro mundo. Así transformado, y montado, el héroe puede entonces tras tres pruebas sucesivas en el

torneo, la lucha contra el dragón o la cabalgata por el monte de cristal, conquistar a la princesa. Cabe destacar que en algunas versiones, los dueños de los pastos que deben ser derrotados son caracterizados como seres subterráneos, como seres ctónicos, y que los establos con los caballos prodigiosos se ubican entonces bajo tierra.

El motivo de los pastos prohibidos también está muy extendido en los cuentos populares alemanes; desde Oriente llega otra versión de la historia sobre la adquisición del caballo mágico. A menudo se relaciona con el tipo de cuento de hadas del “inmortal Koščej”, que narra el intento de traer de vuelta a casa a la novia que el monstruo portador de la muerte ha raptado33. El héroe necesita para este propósito un caballo incluso mejor que el del monstruo. El propio monstruo tiene su propio caballo de la yeguada de la bruja, donde uno debe servir como cuidador de caballos durante tres días, que representan tres años terrenales. Pero cada día los caballos desaparecen, y al pastor infructuoso le acecha la muerte cada vez. Sin embargo, tres animales —a menudo animales de la tierra, del aire y del agua— están en deuda con el héroe, y por la tarde le devuelven los caballos desde los tres elementos34. Al final, tiene que elegir entre los caballos de la bruja. El peor de ellos, sin embargo, es el mejor para sus propósitos, y a pesar de la resistencia de la bruja, elige el más anodino. Aquí, el motivo del mundo al revés se hace claro, en que lo que parece sin valor en el otro lado es de máximo valor aquí, y viceversa. La zona en la que Koščej, el demonio de la muerte, reina ya está ubicada en el otro lado; pues recuperar a la novia de su poder es la tarea orfeana en una forma de cuento de hadas, chamánica y, por lo tanto, alcanzable. La granja de la bruja, sin embargo, yace aún más profundamente en el mundo interior, ya que allí se participa de una ganancia de poder que incluso permite triunfar sobre la muerte, y esta profundidad, que incluso socava la muerte, también está indicada en el motivo del tiempo: que los días son años.

Iniciación

Al examinar los motivos del viaje, el camino y la ayuda en los cuentos de hadas y las experiencias chamánicas, casi siempre nos vimos obligados a hablar del inicio del viaje, del primer hallazgo del camino y de la adquisición inicial de espíritus protectores. Los cuentos de hadas no hablan de los experimentados, de los veteranos, de aquellos que realizan su tarea rutinariamente por centésima vez, sino de los jóvenes, de los más jóvenes, que se aventuran en lo desconocido y apenas comienzan a adquirir la habilidad para interactuar con él y dentro de él. Es precisamente aquí donde el carácter iniciático de las narrativas de los cuentos de hadas se hace más evidente. El héroe y la heroína son siempre los más jóvenes, los inexpertos, los necesitados, aquellos expuestos a la tarea imposible. Pero los cuentos de hadas también hablan de su naturaleza especial, de su capacidad para comunicarse con los seres del mundo y, por lo tanto, obtener ayuda para el viaje y para cumplir las tareas que se les exigen.

Los jóvenes se encuentran en una situación difícil, aunque por caminos muy diferentes, una situación de la que solo pueden liberarse adquiriendo habilidades extraordinarias y salvando a otros. Un ejemplo curioso de la iniciación juvenil de grandes destinos con una tarea primaria chamánica se puede encontrar en el tipo «Fiel e Infiel», AT 53135. En su cabalgata, el joven ve una pluma tirada al borde del camino. O la recoge en contra del consejo de su caballo, o el caballo predice que se arrepentirá por igual tanto si la deja como si la recoge. El joven toma el ligero objeto, pero solo se le permite un breve tiempo para jugar con la pluma: en el establo de la corte real, donde se ha alojado. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, se desatan eventos abrumadores a partir de este despreocupado juego infantil: servicios reales aparentemente imposibles, incluso el rapto de la bella mujer del más allá, y cada empresa está bajo la amenaza de una muerte súbita. Finalmente, se encuentra atrapado entre el Rey de la Muerte y la Novia de la Vida, bañándose en el caldero de las transformaciones: de esto emerge con una vida intensificada y listo para casarse con la novia que ha ganado al otro lado; Pero el rey tiránico muere hervido en la leche hirviendo. La historia comienza con el descubrimiento más insignificante del camino, con una elección aparentemente sencilla; luego continúa con una necesidad ineludible y la constante amenaza de la muerte, hasta que finalmente el portador del destino encuentra su lugar en el trono junto a una reina que regresa de ultratumba.

Coacción fantasmal y seres que se llevan a las personas

Así como las grandes ganancias al final nunca son consecuencia de la libre elección de carrera, tampoco lo es el verdadero chamanismo; la llamada proviene del más allá, los espíritus mismos eligen al aprendiz y le brindan las experiencias iniciáticas en su propio reino. Los cuentos de hadas ofrecen el símbolo más poderoso de esto en la figura de los propios padres del niño, quienes lo consagran a un ser de otro mundo a petición de este último.

El motivo del cuento de hadas del tipo Eros y Psique, AT 425A, es muy distintivo. Allí, el deseo de la niña ya está dirigido hacia el reino del más allá, de modo que cuando el padre intenta cumplirlo, cae en las ataduras sobrenaturales del destino y solo puede liberarse entregando a su hija a un ser mágico36. El camino es más sencillo en el tipo 400, relacionado pero contrastante, “La búsqueda del hombre”, donde el padre confía al niño a un ser cuya ayuda solicita, y este ser llega en el momento señalado para buscar al niño ya adulto37. En este tipo, el papel del ser que busca se limita principalmente a llevar al niño al lugar del encuentro iniciático con el espíritu. En otros tipos, como el de la huida mágica, el ser que reclama al adolescente es también quien desarrolla sus habilidades bajo adversidades y amenazas de muerte38.

Ante la presión mortal, bajo la cual se practica la iniciación en los tipos mencionados y muchos otros, corresponde de manera peculiar a la exigencia iniciática que plantea Juan Matus, cuyo cumplimiento es, para él, la condición indispensable para la formación del Brujo: traer la muerte al primer plano, es decir, mantener la propia muerte constantemente presente, para aumentar la fuerza en el progreso, para elegir el camino más elevado, el único que vale la pena recorrer.39 Por supuesto, también hay seres del más allá y de la redención en los cuentos de hadas que parecen más benévolos que el señor del inframundo, aunque también tienen exigencias estrictas, como el Hombre Salvaje del tipo 502, cuya versión de Grimm se llama Juan de Hierro. Aquí, como en muchos ritos de iniciación alrededor del mundo, las profundidades del bosque son el lugar donde se adquiere la consagración. Pero que el muchacho se vea obligado a huir allí —de la amenaza de muerte de su propio padre— es orquestado por el hombre del bosque que se dejó capturar. Ahora le otorga sus maravillosos dones, pero llegado el momento, lo obliga a aventurarse en el mundo. Allí, el muchacho vive inicialmente con un secreto oculto, bajo el nombre de Grindkopf, y solo más tarde revela su verdadera identidad como aquel capaz de cabalgar como fantasmas, sobre los caballos que el espíritu del bosque le proporciona.

En los tipos enumerados, 425, 400, 313/14, 502, el motivo “la iniciación en el éxtasis” se demuestra con especial claridad. El concepto del ser espiritual también existe en las culturas rituales; allí aparece como guía corpórea de los iniciados, y también bajo la apariencia o el rol de un dios o espíritu. Pero en las culturas chamánicas y en los relatos de cuentos de hadas, el propio ser espiritual arrebata al neófito; Ebermut Rudolph aporta pruebas contundentes de ello en este volumen. Este motivo también ha perdurado en Europa como una herencia ancestral hasta nuestros días.40

La enorme amenaza de muerte, así como la ascensión al mundo espiritual, son en sí mismas similares a morir; sin embargo, también existen cuentos de hadas y experiencias chamánicas en las que se representa una muerte real, un fallecimiento dentro del cuerpo. No es necesario que el héroe del cuento de hadas sufra esta muerte a manos del mundo espiritual o del ser iniciador del más allá; también puede encontrarla aparentemente por casualidad a través de un villano local, como si fuera un accidente en el camino. Tal es la secuencia de eventos en el tipo 665, el soldado veloz.41 Mediante un acto de sacrificio, el joven recibe de un ser espiritual el don de múltiples transformaciones animales, dotadas aquí de velocidad, lo que le permite superar las distancias espaciales de forma chamánica. Un hombre envidioso asesina al joven transformado, se apodera de un objeto real que había recuperado de lejos y cree haber asegurado así a la princesa como su esposa. Pero el difunto resucita, principalmente gracias al ser al que debe sus habilidades; experimenta su serie de transformaciones con la princesa, y en cada ocasión, ella le devuelve el cabello, las plumas y las escamas de pescado que le había arrancado antes, cuando se le presentó como mensajero de su padre. Esta armoniosa cadena de interacciones sirve, por un lado, a la aparente identificación del viajero del alma, pero fundamentalmente, como cabría sospechar, y de hecho, a su completa reencarnación como culminación de su iniciación.

Uno de los motivos de muerte más peculiares entre las experiencias de iniciación chamánica es el del desmembramiento: el cuerpo del iniciado es desmembrado por los espíritus, consumido en su carne y reconstruido a partir de los huesos.42 Según las teorías siberianas sobre esta experiencia, el novicio obtiene así poder precisamente sobre los espíritus que participaron en la matanza y la alimentación. El motivo del desmembramiento aparece de una forma muy peculiar en el relato de la esposa infiel, AT 590A, pero43 parece que aquí también el desmembramiento no ocurre entre los espíritus, sino en el mundo real entre humanos hostiles. En consecuencia, la resurrección no puede tener lugar en la esfera, sino solo en el retorno al mundo interior, cuyos seres espirituales el hombre había ganado previamente como ayudantes. Como resultado, él mismo expresa el deseo, antes de que el adversario lo mate, de ser descuartizado. Al parecer, la muerte no le basta; no quiere ser simplemente un cadáver, sino que desea ser descuartizado por completo y luego, por supuesto, cargado íntegro sobre su caballo. El adversario, un hombre del mundo real, no tiene reparos en descuartizar al enemigo muerto y arrastrarlo a caballo al mundo. Pero este es un caballo mágico, y corre hacia los espíritus amigos del héroe, con quienes no solo vuelve a la vida, sino que también recibe el don de la transformación y, además, el poder de regresar a la vida por sí mismo si muere de nuevo en el mundo físico en sus diversas formas. Sin embargo, no enteramente por su propio poder; necesita la cooperación de una mujer, una criada, una joven, una niñera, que de otro modo serían completamente impotentes, quienes deben ayudarlo en el mundo físico: cada una debe recoger un fragmento de su existencia y confiarlo al reino del renacimiento, al jardín, al estanque. Esto revela un notable paralelismo con el tipo del soldado veloz y con la suposición antes mencionada de que la intervención de la princesa también propiciaría la reintegración.

El suceso en el contexto del viaje de búsqueda del hombre, propio de un cuento de hadas, en AT 400, se asemeja más al ritual de desmembramiento siberiano.

En dos de sus subtipos, la historia se estructura de tal manera que el héroe, quien inesperadamente se topa con el castillo encantado, se deja torturar, desmembrar y matar en silencio por los espíritus que allí lo gobiernan durante tres noches consecutivas a petición de la «princesa encantada»: un tormento ascético mediante el cual «redime» a la hija del rey. Las versiones en las que estas matanzas no son llevadas a cabo por una banda sombría de espíritus, sino por un grupo ordenado liderado por un maestro o coronel, resultan particularmente peculiares.44 Si bien esas escenas recuerdan, y ciertamente contienen reminiscencias de, los procedimientos en las cámaras de tortura y los lugares de ejecución de la justicia de principios de la Edad Moderna, estas versiones tienen un carácter más ritualístico y, por lo tanto, aunque son una minoría, merecen especial atención. Por lo general, es la propia princesa quien cura o revive al hombre torturado, pero también pueden ser otros seres o incluso ella misma en su forma encantada. El final siempre culmina con el matrimonio de la mujer redimida en su reino lejano, más allá de los mares y las montañas, es decir, en el Otro Mundo. Entre medias se desarrolla una peculiar serie de acontecimientos que se entrelazan de dos maneras distintas, constituyendo así la principal diferencia entre los dos subtipos del cuento de hadas.

O bien la princesa, tras su rescate, ordena una reunión especial con su salvador, a la que él siempre falta porque se queda dormido. O bien se le concede un permiso para regresar a casa, rompiendo así su voto de silencio; perdiendo de esta forma su conexión esencial con el espíritu y la capacidad de volver mágicamente con ella. En ambos casos, se ve obligado a emprender una búsqueda y, con ella, la necesidad de adquirir espíritus protectores y medios mágicos para el viaje al otro mundo de su esposa.

Los cuentos de hadas son obras de arte, y en sus mejores versiones, son obras de arte altamente logradas. Por lo tanto, plantean menos un enigma para el oyente que la implicación inherente de su contenido extremadamente peculiar. ¿Qué significado, en esencia, conecta las partes del tipo que acabamos de describir? ¿Y qué tipo de significado, por ejemplo, permite un curso de eventos tan diferente en la sección central de los dos subtipos? ¿Cómo se puede diferenciar la progresión después de un comienzo similar o idéntico, y aun así lograr el mismo objetivo? Ya hemos dado nuestra respuesta a estas preguntas y simplemente reiteramos aquí que la fragmentación se origina en las tradiciones chamánicas, que la «redención» del espíritu consiste en su liberación del aislamiento del más allá, es decir, en su reconexión con la existencia terrenal recuperada a través del héroe, y que el matrimonio en el más allá podría significar originalmente el vínculo entre un chamán y el espíritu heterosexual como ama de sus espíritus ayudantes. Añadimos que este matrimonio, sin un retorno explícito a este mundo, podría, más allá de sus motivos chamánico-prácticos, contener también el significado de una realización erótico-mística de la existencia del chamán, una realización que ya no se preocupa por los fines de este mundo.

El tipo 400A contiene un peculiar motivo del sueño. La princesa redimida está lista para llevar al redentor consigo a su reino lejano, y aparece en su carroza a la hora exacta. El héroe suele perder la cita porque se queda dormido en ese preciso instante. Una explicación plausible parece residir únicamente en el hecho de que, efectivamente, se desea dormir, pero no un sueño sordo y profundamente inconsciente, sino un sueño lúcido, un trance, el único en el que sería posible un encuentro con el espíritu que aparece: un motivo chamánico por excelencia. Hay narradores que señalan explícitamente que la princesa redimida no se encuentra todavía en el mundo inmediato con la intención de partir de él, sino que siempre proviene del reino lejano de su padre, al que el héroe solo llegará después de atravesar vastos espacios por todo el mundo. Esto revela ideas claras sobre lo que realmente nos cuenta el cuento de hadas: acontecimientos completamente “reales” basados en ideas chamánicas, experiencias que no provienen en absoluto de la pura fantasía.45

Estructura bipartita

El tipo 400, descrito anteriormente, en todos sus subtipos, presenta de forma particularmente marcada la característica de una estructura dual: la progresión hacia un resultado aparentemente completo y la necesidad de un segundo intento tras la pérdida de todo lo logrado. Esta apariencia de éxito totalmente satisfactorio es especialmente fuerte en algunas variantes del subtipo 400B. Los tormentos y la muerte han terminado, el espíritu ha sido redimido, el matrimonio con ella ha llevado al hombre al trono, e incluso la pareja ha tenido hijos; la abundancia de vida estandarizada se ha hecho realidad. Pero todo esto se pierde en un abrir y cerrar de ojos, y el hombre queda completamente expuesto donde empezó, incluso más lejos de su objetivo; pues el sistema de recuperación que inicialmente lo arrojó al corazón del mundo espiritual ya no está disponible. En el subtipo A, a menudo se producía inicialmente un tropiezo involuntario y juvenil hacia el mundo mágico, hacia el castillo de los espíritus —una entrada sin búsqueda, como Parzival entrando en el Castillo del Grial—, pero ahora no queda nada más que deambular sin rumbo.

Solo el subtipo C del cuento de hadas, la Doncella Cisne, suele proporcionar un lugar de guía, donde la muchacha con la capa de pájaro fue originalmente conquistada y donde aún reside un ser consejero.46 Sin embargo, en los tres subtipos, es necesario que el hombre emprenda un viaje alrededor del mundo que dure años. El segundo y último éxito es fruto del deseo inquebrantable de alcanzar la meta y de la búsqueda incansable en este mundo, incluso llegando a las estrellas, como en el tipo 425A con el Errante o en la leyenda de Parzival. Así, es solo en la segunda parte donde el don del chamán se realiza verdaderamente: partir cuando lo desee, hacia donde quiera…

La estructura en dos partes de los grandes cuentos de hadas no siempre tiene el mismo significado, pero en todas partes se fundamenta en la dualidad o naturaleza dual del mundo. En el Tipo Dorado (AT 314 y 502), la consagración se obtiene “allá” o “adentro”, del monstruo o del Hombre Salvaje; la insignia del otro mundo, el cabello dorado, se ha ganado, pero debe permanecer oculta, y uno se disfraza de jardinero y de bribón; los caballos mágicos pueden ser invocados, pero por el momento, el héroe cabalga el último caballo de los establos reales. La situación es similar para aquellos que han ganado los caballos fantasma y las vestiduras de luz en los pastos prohibidos o en la guardia de la tumba. Ellos también permanecen por el momento como pastores y campesinos y están obligados a ocultar lo que son y lo que han ganado. En la segunda parte de la trama, sin embargo, sucede algo muy diferente a lo que ocurre en las búsquedas. No es que haya que llegar a ese mundo de nuevo, sino que el viaje espiritual chamánico debe realizarse y autenticarse en este. Incluso tal empresa sigue siendo iniciática; todo lo que la precedió fue un proceso en el reino del alma, no aquí, donde las cosas chocan en el espacio. Así, incluso en el tipo Goldener, solo la segunda parte conlleva la realización efectiva del don chamánico, y en este caso, no la partida a ese mundo, sino más bien el viaje del alma hacia el lugar decisivo para el destino en este mundo.

Las cabalgatas de Goldener ofrecen un curioso ejemplo del misterio que rodea al héroe. Cabalga hacia la batalla, triunfa y elude el premio, al igual que el Jinete de la Montaña de Cristal tras su cabalgata a gran altitud. Si bien este último arrebata la manzana de oro, el anillo y la corona a la princesa, después resulta tan difícil de localizar como al victorioso Goldener. La razón es probablemente la misma en ambos casos. Nunca están completamente presentes físicamente en el campo de batalla, y se requiere una situación específica para distinguir al jinete resplandeciente del simple o el flacucho que se sienta en casa. No se puede encontrar prueba alguna donde actúa como ser espiritual, sino solo donde, en su forma física, lleva la marca de haber estado presente. En el caso de Goldener, esta es característicamente la herida infligida al ser espiritual, que, según preceptos antiguos y nuevos, también ha afectado al cuerpo abandonado.48 El Jinete de la Montaña de Cristal solo puede ser visitado por los sirvientes del rey o por la propia hija del rey, o bien ser identificado en la asamblea general convocada por el rey- tras la presentación sus obsequios simbólicos49.

Como otro ejemplo de la dualidad chamánica-iniciática de un cuento de hadas, analicemos el tipo 516, Juan el Fiel, que es bastante diferente. Las difíciles y peligrosas acciones o faltas de los dos personajes principales se desarrollan a partir del aprieto en el que se encuentra el —demasiado— fiel sirviente de los dos reyes, el viejo y el joven. Para caracterizar este tipo, aplicamos excepcionalmente aquí el único motivo de un grupo de variantes; sin embargo, la transgresión siempre ocurre, aunque con motivación variable. La visión que el príncipe tiene de la novia de otro mundo le exige un viaje a través del mundo bajo amenaza de muerte. El sirviente, sin embargo, está atado por su voto en el lecho de muerte del viejo rey y, por lo tanto, cree que no debe exponer al joven rey a los peligros iniciáticos. En lugar de dejarlo al gran destino predicho en su visión, él, que posee un don chamánico-clarividente, rapta a la noble novia y la trae a este mundo mediante un robo. En la segunda parte, la consecuencia de esto es la intrusión del mundo espiritual en el plano físico, que permanece incomprensible para los narradores y que suele explicarse superficialmente, rara vez de forma convincente. Su objetivo es la venganza y amenaza, repetidamente y con creciente peligro, con arrastrar al joven rey al reino de los muertos. No existe otro cuento de hadas en el folclore local con un enemigo tan terrible, que culmina con la matanza de los hijos de la realeza.

Muestra las consecuencias que surgen cuando el elegido evita la exigencia del enfoque iniciático y de alto riesgo para alcanzar la meta visionaria y, en cambio, intenta una iniciación segura de su realización, supuestamente sin peligro mortal; una advertencia también para el siglo XX.

En otro tipo de problema remotamente relacionado, la naturaleza en dos partes del recuento surge de la necesidad de compensar la iniciación después del logro directo.

Por supuesto, en el tipo 461, “El cabello dorado del diablo”, la novia no se obtiene mediante un sacrilegio, como en el 516, sino únicamente gracias a la buena fortuna con la que el héroe está dotado desde su nacimiento. Esta fortuna le permite, sin esfuerzo y sin ser consciente de la amenaza constante de la muerte, ganar la mano de la hija del rey y el trono. Es evidente que el suegro no tiene otra opción que enviar a este hombre afortunado, a quien ninguna circunstancia en este mundo puede amenazar realmente, al otro lado del río, ante el mismísimo dios de la muerte. La buena fortuna acompaña al iniciado también en este viaje; sin embargo, reside principalmente no en la ayuda de su compañero de viaje al otro lado, sino más bien en el encuentro con la triple adversidad aquí y en la disposición a afrontarla. Solo con ellos obtiene el derecho a consultar al oráculo de la muerte, y solo ellos le permiten traer a casa los tres cabellos dorados como señal de su exitoso viaje iniciático. Existen versiones en las que, además de estos símbolos intrínsecamente insignificantes, el héroe mismo tiene una petición vital que hacer al poder sobrenatural, pero, sensatamente, debido a que los demás ya han expresado sus tres deseos, debe abstenerse de presentar el suyo. Sin embargo, en el viaje de regreso, sucede que su propia realización surge precisamente de su capacidad para anteponer las necesidades de los demás a las suyas51.

Normalmente, sin embargo, el orden de los pasos se invierte, al igual que en el tipo Goldener. Hay una iniciación en los medios de la práctica chamánica, seguida de su aplicación en la realización práctica de lo adquirido y, finalmente, si corresponde, una revelación separada como practicante. Esta secuencia no es, en absoluto, universalmente evidente para nuestra comprensión.

El Cuento de los Dos Hermanos, con su importante episodio de la matanza del dragón, parece ser una historia en varias partes, mientras que el relato de la matanza del dragón en sí parece bastante simple. Sin embargo, incluso dentro de él hay una curiosa cesura, especialmente en aquellas versiones donde el héroe, después de derrotar al dragón, es golpeado hasta la muerte y silenciado por el supuesto vencedor.52 El falso libertador, sin embargo, es en Goldener altamente indicativo de lo que realmente sucedió. Incluso en las batallas del tipo Goldener, el vencedor permanece desconocido, aunque generalmente no se presenta ningún impostor fraudulento, y ya se ha dicho que la presencia y la huida del héroe deben entenderse como hazañas puramente espirituales. Lo mismo se aplica al matador de dragones. Él tampoco se encuentra con una criatura escamosa como un caballero físico, sino como el alma de una aparición demoníaca, y verdaderamente ya no está allí después de haberla vencido. Precisamente por esta razón, la princesa no puede simplemente despedir al impostor. La narración explica su comportamiento a través del juramento forzado, elevando así el evento chamánico, con un estilo verdaderamente de cuento de hadas, al nivel de una aparente encarnación. En realidad, sin embargo, incluso el vencedor del dragón solo estuvo presente como una aparición, y su aparición física aún está por llegar. En la narración, necesita un año entero para darse cuenta de esto, y seguiría siendo un año inexplicable si no fuera el año en que viajó por primera vez a la princesa y su reino terrenal. El viaje transcurre sin incidentes, pero eso no significa que carezca de significado; está completamente absorbido por la tarea de llegar al lugar donde la victoria ya se había obtenido un año antes y reclamar los frutos de esa victoria.

En los grandes cuentos de hadas, el protagonista es casi siempre un vagabundo, y sus andanzas transcurren tanto en este mundo como en otro. Sin embargo, la dirección de sus movimientos no siempre es la misma.

En la búsqueda del hombre en el tipo de cuento de hadas 400, el objetivo siempre se encuentra muy lejos, en el otro mundo; la búsqueda de la mujer, sin embargo, se detiene en un lugar intermedio, ya dominado por demonios, y la pareja luego regresa aquí. Quizás la fórmula más aplicable sea la que Tolkien utiliza para su héroe: Ida y vuelta —al maravilloso mundo de dragones, trolls, elfos y enanos— y de regreso a Hobbiton. Los dos cuentos del Pájaro Dorado ejemplifican este movimiento; en ambos casos llegar hasta la «Princesa» del más allá, y en el segundo caso, hasta la fuente de la vida que fluye junto a ella. A continuación, el movimiento se dirige de vuelta al mundo de la muerte, y esto de forma literal, ya que los hermanos mayores “llevan al foso” al benjamín triunfador, a veces muerto, a veces vivo, pero siempre de tal manera que le roban las joyas de la vida, los tesoros conquistados en el mundo del alma. Le ayudan en su regreso a la vida el espíritu animal que le acompañó en el viaje y la princesa que conquistó al otro lado. Solo entonces, aquel que aquí también se ha hundido hasta convertirse en una especie de mente atontada asciende hacia su verdadero destino en una vida elevada y se revela en todo su esplendor real53.

El movimiento se extiende mucho más allá del cuento de hadas de los cuñados animales, desde cuyos hogares, en una variante, parte el camino hacia la novia maravillosa54; también en el cuento de hadas de las hermanas envidiosas, donde los niños abandonados solo logran regresar con su padre y liberar a su madre del pozo, la mazmorra, al traer del reino de la muerte, donde todos los seres vivos se convierten en piedra, lo más vivo que existe: el árbol que canta, el agua que salta, el pájaro profético; y en muchas versiones, una novia del reino de las maravillas toma el lugar del pájaro55. El movimiento es similar en los cuentos de hadas de las tres princesas raptadas, los zapatos gastados por el baile, la hija del inframundo como ayudante del héroe, el árbol que se eleva hacia el cielo, el cabello dorado del diablo y la fidelidad y la infidelidad.56

El sanador

Hasta ahora, hemos examinado el elemento chamánico en el cuento de hadas a través de la lente de la iniciación, identificando características como la cosmovisión, los viajes, las transiciones, los caminos, la adquisición de espíritus protectores, los sacrificios en el camino, la novia del más allá y la estructura de dos partes de la narración. Ahora pasamos a la práctica chamánica y nos preguntamos si el cuento de hadas también ofrece contrapartes o ejemplos de la misma. Dado que el chamán es conocido principalmente como sanador, primero analizaremos este motivo en los tipos discutidos. Aparece de forma más directa en el cuento de hadas del pájaro dorado y especialmente en el segundo, que está vinculado al motivo del agua de la vida. El rey está débil por la edad, enfermo, ciego o melancólico, y sus hijos parten en busca del remedio, el pájaro o el agua. Los cuentos de la hermana o madre traicionera (AT 315, 590) presentan repetidamente remedios milagrosos: la leche de animales salvajes, el fruto de árboles custodiados por demonios, el agua vivificante tras las rocas de Klappfelsen. Durante los viajes a estos reinos, el hermano o hijo también adquiere animales de compañía y el amor o la amistad de un espíritu del más allá, al que a veces incluso “redime”. Es notable, aunque prácticamente evidente, que entre los pueblos indígenas, los curanderos también emprendan a menudo largos viajes y peregrinaciones a través del espacio para buscar el remedio que necesitan.57

De mayor importancia para el contexto que nos ocupa es la idea demoníaca fundamental en la que se basan las curaciones chamánicas: la noción de que las enfermedades son causadas por demonios que atormentan a la persona afectada, ya sea desde dentro o desde su entorno; la enfermedad como posesión u obsesión. En consecuencia, la curación se logra exorcizando y expulsando a los demonios. Huelga decir que las batallas contra demonios son un tema central en los relatos mágicos; sin embargo, es igualmente obvio que no todas pueden entenderse como curaciones individuales. Las desgracias causadas por demonios también pueden afectar a grupos enteros de personas, y no es necesario pensar necesariamente en epidemias en este contexto. La leyenda celta conoce tales aflicciones, por ejemplo en el Mabinogion, pero también en otras tradiciones, incluido el motivo del Pays Gaste de las leyendas del Grial: Gaste Pays, la tierra yerma, que es golpeada por un interdicto mágico, una maldición que destierra la alegría y la fertilidad de un plumazo58. Así, la obsesión en los cuentos de dragones puede interpretarse tanto como una calamidad del reino como la esclavitud de un individuo al demonio. La princesa abandonada como alimento para el dragón casi siempre representa un sacrificio que el reino debe realizar. Fundamentalmente, como hemos demostrado, la lucha contra el dragón no se libra en el plano físico, sino en el plano espiritual, de manera chamánica. Es particularmente singular en el tipo 302, «Corazón del Monstruo en el Huevo», donde la conexión con el Pays Gaste es inconfundible. Durante su viaje por el bosque, el héroe adquiere poderes animales, en este caso la capacidad de transformarse en diversos animales, y luego, en la forma más discreta, como una hormiga, se adentra en el castillo transportado al inframundo. Allí, de forma imperceptible, descubre dónde se encuentra el instigador mágico y cómo neutralizarlo. Este instigador se presenta como un dragón, pero no puede ser derrotado como tal, ya que su fuerza vital se encuentra contenida en múltiples formas animales. El héroe, gracias a su propio poder de transformación, vence a su oponente en su forma de dragón y luego en sus múltiples formas protectoras. Finalmente, obtiene su preciado tesoro y ahora puede matarlo. En cambio, en algunas versiones —no en todas, pero ingeniosas en todas— él arrebata uno o más objetos diminutos: guijarros, perlas. Los deja caer en ese inframundo mágico, el castillo se alza y el Odland circundante se llena repentinamente de nuevo de gente alegre.59 Dado que el oponente del chamán es regularmente un demonio o el chamán enemigo, este cuento de hadas ofrece claramente un ejemplo del enemigo desde dentro, reconocible, entre otras cosas, por el hecho de que la lucha por la liberación no se libra en el inframundo —con un retorno chamánico— como en el tipo 301, sino más bien, después de una exploración subterránea de las conexiones, en la Tierra. El motivo del núcleo de vida asegurado, motivo E710, también es probable que sea más humano-mágico que demoníaco.

En cambio, las hazañas propias de los cuentos de hadas dirigidas contra los demonios se revelan con mucha claridad en otros dos tipos: en el cuento de los zapatos gastados por el baile, AT 306, y en el del compañero de viaje, al que denominamos así por Andersen, AT 507A.

Estos dos cuentos de hadas narran cómo la princesa cae presa del mundo de los demonios cada noche. En el primero, este mundo es el inframundo, y las entradas son una trampilla y una escalera bajo la cama: una clara indicación de que se trata de experiencias ocurridas en un estado especial de sueño. La mañana revela lo sucedido únicamente a través de la imagen de sus zapatos desgastados. Solo alguien que pueda seguir a la princesa al inframundo y traer de vuelta recuerdos que la joven deba o pueda confirmar podrá desvelar el secreto de la noche. Quien lo logra, completa simultáneamente su propia iniciación; quien fracasa, como es costumbre en los cuentos de hadas, se enfrenta a la amenaza de muerte, que tiene un significado iniciático recurrente, pero también constitucional: nadie puede jactarse de haber pasado la noche en la alcoba del heredero al trono. Quien lo consigue ya ha recibido los medios necesarios: una bola giratoria que lo guía, el encantamiento de la invisibilidad representado por diversos objetos y, sobre todo, la capacidad de conservar y desvelar recuerdos: una bolsa o un saco para las cosas del más allá. En un cuento de hadas ruso, el saco contiene en realidad todo el inventario del castillo del más allá; no es una invención nacida de un engaño mágico, sino una imagen de la simple verdad de que el viajero del mundo es capaz de retener todo lo que experimenta en el otro lado.60

El cuento de hadas relacionado de la princesa sometida a un solo demonio, AT 507A, tiene un carácter diferente. Que podamos interpretar el suceso del cuento de hadas de esta manera también lo atestigua la forma bíblica apócrifa, a saber, la leyenda de Tobías, en la que el suceso adquiere un matiz religioso. Allí, el demonio Asmodeo es de naturaleza diabólica; ya ha matado a siete de los maridos de una muchacha en su noche de bodas, pero ahora el ángel de Dios, Rafael, espíritu protector de Tobías, lo lleva lejos, al desierto egipcio (AT 507B). En la versión de cuento de hadas, sin embargo, el verdugo suele ser un monstruo subterráneo, un espíritu de las cavernas, y el protector es un muerto, como ya se describió. Aconsejado y ayudado por este muerto, el héroe del cuento de hadas también participa en los viajes nocturnos de la princesa en algunas versiones de este tipo, pero aquí no al inframundo propiamente dicho, sino a una grieta del mundo terrenal infestada de demonios. En otras versiones, el muerto realiza estos vuelos nocturnos solo, pero por la mañana le proporciona al héroe el conocimiento adquirido o las cosas que debe presentar, finalmente con la cabeza del demonio. Ambos tipos de progresión, el viaje del propio sanador o solo el de sus espíritus protectores, también se encuentran como métodos de los chamanes. Aarne ya señaló la similitud de este tipo con el de los zapatos de suela curvada en la primera versión de su catálogo tipológico.

En el cuento de hadas tipo 507A, por supuesto, hay un epílogo que falta en AT 306. Con la pérdida del poder del demonio, la novia aún no está completamente desencantada; ella misma también debe liberarse de lo demoníaco que lleva dentro, y esto ocurre mediante un baño de transformación en la noche de bodas. En el tipo 507C, Doncella Serpiente, el hombre muerto abre el cuerpo de la mujer y caen una o más serpientes, una imagen de posesión demoníaca.

Otro “sufrimiento” de origen demoníaco, y por lo tanto susceptible de tratamiento chamánico, es el éxtasis, una peculiar “enfermedad” relacionada con las ya mencionadas. Desempeña un papel importante en los cuentos populares europeos, especialmente en los cuentos de hadas del tipo 301, que narra la historia de las tres princesas raptadas. Los cuentos de hadas y las leyendas nunca lo presentan como una mera ausencia psíquica o espiritual; el éxtasis no se origina en el ser humano, sino que aparece como una abducción física por seres demoníacos, inducida por el mundo o el entorno. En las leyendas, se trata de seres del mundo intermedio, una vida después de la muerte estrechamente relacionada; en los cuentos de hadas, suelen ser dragones del inframundo. Si solo el alma se viera afectada por esta condición, el éxtasis podría considerarse una especie de muerte o muerte aparente, y recuperar el alma, capturarla y reintegrarla sería entonces una tarea típicamente chamánica, frecuentemente descrita en culturas chamánicas. En la leyenda, o en el relato legendario de experiencias, el intento de alcanzar a la mujer que se ha extraviado suele quedar en manos de su marido; las instrucciones para ello a menudo se las da la propia mujer.

El lugar de su intervención se sitúa en el paisaje local, en cierto sentido, donde se cruzan los caminos terrenales y los de otro mundo.

Dado que en el tipo 301 los acontecimientos se narran inicialmente como en la leyenda, es decir, como un éxtasis físico, y puesto que los cuentos de hadas en general tienden a representar experiencias psicológicas mediante imágenes corporales, no es necesario distinguir si se trata de un éxtasis similar a la muerte o a una posesión demoníaca. En el inframundo, la «enfermedad» de la princesa vuelve a manifestarse como una posesión del dragón. Al matar al dragón, el héroe rompe tanto el hechizo demoníaco como el éxtasis, e inmediatamente envía a la princesa redimida de vuelta al mundo terrenal, siguiendo el camino que ya ha recorrido, aunque ahora no puede seguirla. Pues su viaje chamánico se desarrolla de dos maneras distintas: inicialmente, el liberador, a diferencia de la leyenda, alcanza a la princesa extasiada haciéndola descender al inframundo, y asciende de nuevo solo por medio de un ave que lo acompaña o algún otro espíritu protector. Como rasgo particularmente peculiar, cabe mencionar que en algunas versiones la princesa redimida es capaz de resumir su entorno allá abajo, el castillo, el reino, en una joya y así llevarla consigo al mundo terrenal, lo que puede considerarse una señal de que incluso para la raptada, ser arrancada y traída de vuelta a casa no queda sin un enriquecimiento interior e iniciático”62”.

El cazador

Finalmente, para concluir esta lista de elementos de cuentos de hadas que pueden interpretarse desde una perspectiva chamánica, cabe mencionar la caza, ya que este elemento desempeña un papel fundamental en muchas culturas chamánicas; o, a la inversa: el chamanismo se desarrolló originalmente en culturas de cazadores, y estas lo han conservado como un elemento aún vigente hasta nuestros días.

La caza como tal aparece en muchos de nuestros cuentos; entre quienes la practican encontramos al guardabosques y al cazador profesional, al noble que caza, al caminante que persigue a un animal por hambre. Sin embargo, no es necesario profundizar aquí en este tipo de caza, ya que no constituye una particularidad cultural. Solo cabe mencionar el disparo con el que el héroe del cuento amenaza a un animal, del que se abstiene a petición de este y que, de este modo, le lleva al animal como ayudante. En el KHM aparece bellamente formulada: Querido cazador, déjame vivir, también te daré dos crías63. Propp señaló el contenido chamánico de la correspondiente caza del águila: tres veces el cazador se prepara para disparar, se abstiene cada vez, lleva el ave a casa para cuidarla, lo que resulta en sacrificios excesivos al águila, posiblemente incluyendo el sacrificio de todo el ganado doméstico. Pero al final, el ave se convierte en la montura del héroe; vuela con él al otro mundo y le proporciona allí grandes riquezas, que, sin embargo, solo se manifiestan como tales en este mundo. Esta iniciación tampoco está exenta de peligros mortales. Fiel a la triple amenaza del cazador, el ave que lo acompaña provoca que caiga al mar tres veces durante su vuelo hacia el más allá, haciéndole creer que se ahogará64. Ya hemos señalado anteriormente que el motivo de los maestros animales, y la forma particular en que se obtiene la ayuda animal a través de ellos, es un legado de la cultura chamánica-cazadora.

Además de estos motivos, que pertenecen directamente al círculo de animales benéficos, cabe mencionar el motivo de la caza mágica, a menudo vinculado a la limpieza simultánea de los terrenos de caza para los demás cazadores. Este motivo aparece en relación con los Cuentos de Hadas Goldener, concretamente en lugar de la ayuda bélica extática65. Sirve para resolver la rivalidad con los otros yernos inútiles y, finalmente, para revelar la verdadera identidad del esposo de la hija menor, tal como solo su esposa lo había reconocido hasta entonces. El rey pretende poner a prueba a sus yernos mediante una cacería; pero el que no es reconocido oculta toda la presa a los demás y les vende la deseada, que solo él puede cazar, a cambio de una marca oculta o una mutilación menor, como el corte de un lóbulo de la oreja o un dedo del pie. La naturaleza extática de su cacería también se evidencia en el hecho de que parte después de los demás, pero llega a los terrenos de caza antes que ellos, y allí se le encuentra sin ser reconocido en su verdadera forma dorada, como el amo de la caza con un magnífico campamento de tiendas y séquito, y con la presa preparada. La revelación también tiene lugar en la corte y, como suele ocurrir en los cuentos de hadas de la Edad de Oro, a través de marcas físicas, pero ahora no como una herida en el héroe, sino como una marca en los rivales.

El rey

En los cuentos de hadas, la adquisición del don chamánico y su demostración inicial no siempre, pero sí muy a menudo, conducen a la sucesión al trono y a la realeza. Esta conexión frecuentemente asumida entre la iniciación chamánica y el gobierno «político» no se observa, por supuesto, con tanta simplicidad en el material histórico y etnológico.66 Sin embargo, esta discrepancia no constituye una objeción a la interpretación chamánica de los cuentos de hadas en cuestión. Un rol de gobierno puramente político solo ha existido durante unos doscientos años. El llamado derecho divino de los reyes, invocado formalmente por los Hohenzollern y otras casas reinantes hasta nuestros días, atestigua incluso en la era más reciente una forma de gobierno cuya esencia, al menos en teoría, no se agota en el rol exclusivamente político.

Sin embargo, cuanto más profundizamos en nuestro propio pasado, o cuanto más ampliamos nuestra perspectiva para incluir las culturas de otros continentes, más se pierde el motivo del poder puramente político en contextos completamente diferentes. Si examinamos los antiguos rituales de gobierno, nos encontramos con una riqueza universal, concebida metafísicamente, de relaciones inherentes a la realeza, una riqueza que ya no puede definirse en términos políticos y que incluso revela la justificación religiosa del gobierno como un concepto tardío y sustitutivo. Anteriormente, toda la realeza estaba entrelazada con los poderes del mundo, y el rey no era ni más ni menos que el portador del rol ritual principal, a través del cual esos poderes ejercían su influencia en su esfera natural y humana, en su «reino». Estas ideas son demostrables y persistieron en la literatura de Europa Occidental hasta bien entrada la Edad Media. La leyenda celta aún transmite la conexión mágica entre la salud del rey y su reino: tan pronto como el rey resulta herido en el órgano reproductivo, el reino degenera en Pays Gaste, una tierra yerma.

Este no es el lugar para profundizar en las diferencias entre la cultura chamánica típica y la cultura ritual típica; ya se han mencionado algunos puntos al respecto. El rol de rey pertenece sin duda a la etapa cultural ritual, mientras que el de chamán pertenece a la que lleva su nombre. Uno se convierte en rey mediante el ritual tradicional, realizado según la costumbre con cada portador del rol, lo que ofrece seguridad; el otro se convierte en chamán mediante un encuentro individual y espontáneo con los espíritus, que también expone al recién llegado a peligros mortales, y en los cuentos de hadas, el carácter de esta prueba se enfatiza particularmente. Por otro lado, la realeza se heredó en parte del rol del chamán, y algunos aspectos de tales transiciones pueden reflejarse directamente en los cuentos de hadas. Además, sería comprensible que, en culturas con una base ritual, tan pronto como adoptaron los cuentos de hadas chamánicos como reinterpretaciones completas, el rol principal se reinterpretó o se renombró como el de rey, y, como se ha dicho, esto no fue en absoluto una mala interpretación. Es más, esta sustitución corresponde a aquella otra, aún posterior, a la que nos hemos tenido que referir repetidamente. La contraparte del aprendiz del chamán, su «ánima», si se nos permite decirlo así, era un espíritu «sobrenatural»; en nuestros cuentos de hadas, la encontramos nuevamente como el ánima del heredero al trono, es decir, como la etérea y bella «princesa». Se trata de una figura de cuento de hadas con un nombre «político», en cuyo caso la transformación de espíritu o semidiosa a menudo puede demostrarse fácilmente a partir del repertorio de variantes.

No teníamos la intención de que la historia de los cuentos de hadas, sus orígenes y transformaciones, fuera el tema central de esta presentación, sino que nos habíamos limitado al contenido chamánico de los distintos tipos y motivos. Sin embargo, dada la importancia de los roles de rey y princesa, consideramos necesario hacer una excepción y esbozar brevemente los cambios de rol y nombre asociados a estas figuras.

La experiencia

Tras haber abordado la iniciación, las pruebas iniciáticas y la práctica del chamán, subsiste un elemento esencial que hasta ahora solo ha desempeñado un papel marginal: la experiencia. Esto se nos revela con mayor claridad en los cuentos de hadas que en los relatos etnográficos del chamanismo. El viaje del alma sobre el viento no es, sin duda, una mera forma de viaje aéreo parapsíquico —cuyo propósito principal es alcanzar un destino lejano en el menor tiempo posible—, sino más bien una realización en sí misma, a menudo la realización de todas las cosas. Si tomamos como ejemplo a la bruja, que no cabalga sobre una horca ni un bastón, sino sobre una cabra, entonces no debemos sobreestimar el simbolismo sexual. Pues la cabra también expresa, en gran medida, ese deleite por el movimiento turbulento que, derivado del nombre latino de la cabra, caper, ha dado lugar a metáforas lingüísticamente significativas. En italiano, esto dio origen a Capriole, en francés a Caprice, y en inglés al verbo to caper, que significa precisamente saltar alegremente, y, cruzando fronteras lingüísticas, a escapade, la repentina ruptura de la vida cotidiana – con los sinónimos en inglés lark, spree, frolic – una erupción de joie de vivre muy original en una movilidad explosiva.

Con esta comprensión, el viaje del alma podría aparecer como el verdadero objetivo del entrenamiento chamánico, el auténtico tesoro a adquirir. Rara vez aprendemos algo sobre él en las leyendas de hechiceros y brujas; la Inquisición de la Edad Moderna, con su crueldad y tortura, inculcó sus ideas preconcebidas en sus víctimas. A pesar de todo, el atractivo del Gran Viaje a veces resuena en la tradición oral. Permanece inconfundible en la leyenda carintia del mago Jaggl; él, como otros de su clase, participaba en el arte de empujar las nubes, y se dice que esto “es bastante divertido”. Por lo tanto, es fácil imaginar que “una vez… empujó las nubes hasta Turquía” e incluso emprendió un laborioso viaje de regreso, hambriento y transformado en una liebre blanca; por cierto, un curioso ejemplo de la típica diferencia entre los viajes de ida y vuelta en algunos viajes chamánicos67. También aprendemos algo sobre la experiencia interior del único relato detallado del entrenamiento correspondiente que poseemos, el de Carlos Castaneda68. Allí, tras el primer «salto», el maestro abraza al alumno con una mirada de amor profundo e inquisitivo, nunca antes visto, preguntándole si ha experimentado lo inefable en toda su plenitud y profundidad, una pregunta a la que solo la mirada ahora comprensiva, no la lengua, puede responder. Pero para nosotros, el cuento de hadas, en la belleza de su mundo y las experiencias de sus personajes, nos permite vislumbrar lo que pudo haber significado la verdadera plenitud de la experiencia chamánica, más allá de cualquier propósito69.


Notas

Por razones de espacio, no ha sido posible citar los correspondientes ejemplos chamánicos paralelos, extraídos de la literatura etnológica y de las ciencias de la religión, para cada uno de los motivos de los cuentos de hadas. Por ello, nos remitimos aquí a dos obras en las que se puede encontrar lo más importante sobre el tema, así como referencias a bibliografía complementaria: Adolf Friedrich, Georg Buddruss: Schamanengeschichten aus Sibirien. MünchenPlanegg 1955. Hans Findeisen, Heino Gehrts: Die Schamanen. Köln 1983.— A los amantes de los cuentos de hadas que se inician en los estudios sobre el cuento de hadas les puede parecer complicado que los cuentos se citen con números de tipo; sin embargo, esto es imprescindible y, además, siempre se incluye al menos una versión concreta característica. El índice de tipos de cuentos populares se publicó en las Folklore Fellows Communications con el n.º 184 en Helsinki en 1964: Antti Aarne, Stith Thompson: The Types of the Folktale. Quien no tenga acceso a esta obra fundamental, encontrará una alternativa útil en el Lexikon der Zaubermärchen de Walter Scherf, Stuttgart 1982. 

En cuanto a la relación entre los cuentos de hadas y el chamanismo, cabe señalar lo siguiente a partir de la bibliografía anterior. Los recopiladores húngaros pueden consultarse en la contribución de Ágnes Kovács a este volumen; un trabajo de Sándor Solymossy del año 1929 se encuentra en alemán en las publicaciones de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas, volumen 7, Kassel 1984, Die Welt im Märchen, 123-139: «El castillo sobre la pata de pato». Además, cabe mencionar: Karl Meuli: «Scythica». En: *Hermes*, vol. 70, Berlín, 1935, 121-176, esp. 162 y ss. — Vladimir Jakovlevič Propp: *Le radici storiche dei racconti di fate*. Turín, 1981. (Publicado originalmente en ruso en Leningrado en 1946 y en italiano desde 1949). Especialmente pp. 80, 144, 153 y ss., 267 y ss., 285 y ss., 293, 300 y ss., 337 y ss. — Reidar Th. Christiansen: “Ecstasy and Arctic Religion”. En: Studia Septentrionalia IV, 1953, 19-92. — Mircea Eliade: Wissenschaft und Märchen. En Wege der Märchenforschung, hrsg. von Felix Kar-linger. Darmstadt 1973, 311-319. (Zuerst 1956) – Friedrich von der Leyen, Kurt Schier: Das Märchen. 4. Aufl. Heidelberg 1958, 65f., 74-80. – Sergius Golowin: Die Magie der verbotenen Märchen. Hamburg 1973. – Ronald Grambo: Traces of Scha-manism in Norwegian Folktales and Popular Legends. In: Fabula Bd. 16, 1975, 20-47. Max Lüthi: Märchen. 7. Aufl. Stuttgart 1979, 66, 118, 123. El mismo autor: Das Volksmärchen als Dichtung. Köln 1975, 24, 60, 192, 199. – Heranzuziehen sind des weiteren: Fritz Harkort: Volkserzählungsforschung und Parapsychologie. En Volksüberlieferung, Festschrift für Kurt Ranke. Göttingen 1968, 89-105. – Otto Huth: Der Glasberg. In: Die Welt im Märchen. Kassel 1984, 139-156. (Zuerst 1961) – Hannsjost Lixfeld: Dia Guntramsage. AT 1645A. En Fabula Bd. 13, 1972, 60-107. – Ernst-Dietrich Güting: Die Guntramsage als Busch-Gedicht. In: Wilhelm Busch-Jahrbuch 1979/80. Hannover 1980, 20-30. – Cabe señalar también la breve reseña de Güting en Fabula Bd. 22, 1981, 349, sobre mi artículo citado anteriormente en la introducción, nota 1, relativo a este tema; con ella queda desmontada la opinión altiva e intransigente de Haiding, publicada en el Schweizerischen Archiv für Volkskunde, 77. Jg., 1981, 103. – Por último, cabe destacar especialmente la ponencia de Luise Resatz: Das Märchen als Ausdruck elementarer Wirklichkeit, ya que no compara elementos concretos —es decir, motivos de los cuentos de hadas y rasgos del chamanismo—, sino que destaca la coincidencia de sentido en la experiencia de ambos. Publicado en: Die Freundesgabe, Jahrbuch der Gesellschaft zur Pflege des Märchengutes der europäischen Völker 1959/II, 35-41.

1. Por ejemplo Friedrich Panzer en: Deutsche Volkskunde, hrsg. von John Meier. Berlin 1926, 219

2. Kinder- und Hausmärchen, Ausgabe letzter Hand, Bd. III. Göttingen 1856, 352ff., bes. 362, 382

3. Por ejemplo Andrew Lang: Custom and Myth. London 1885. Ders.: Myth, Ritual and Religion. London 1887

4. Eberhard Otto: Osiris und Amun. München 1966, 28

5. Propp und Eliade como en la nota 0. Pierre Saintyves: Les contes de Perrault et les ré-cits parallèles. Leurs origines… Paris 1923

6. Distingo entre los estratos de las culturas chamánicas, rituales y religiosas, que pueden justificarse desde el punto de vista de la historia de la humanidad; para más detalles, remito por el momento a mi trabajo citado en la nota 1 de la introducción, pág. 73 y ss.

7. Ejemplos en Hermann Baumann: Ethnologische Feldforschung und kulturhisto-rische Ethnologie. In: Historische Völkerkunde, hrsg. von Carl August Schmitz. Frankfurt a. M. 1967, 158f.

8. Véase al respecto Max Lüthi: Diesseits- und Jenseitswelt im Märchen. In: Die Welt im Marchen. Kassel 1984, 9-21

9. Por ejemplo Wunderbaum und goldener Vogel. Slowenische Volksmärchen, hrsg. von Else Byhan. Kassel 1958, 13-19, bes. 15f.

10. Deutsche Hausmärchen, hrsg. von Johann Wilhelm Wolf, Neudruck Hildesheim 1972, 85 f. – Märchen und Sagen von Carl und Theodor Colshorn. Neudruck Hildes-heim 1978, 25. – Richard Beitl: Im Sagenwald. Neue Sagen aus Vorarlberg. Feld-kirch 1953, Nr. 600

11. Niedersächsische Sagen und Märchen. Hrsg. von Georg Schambach und Wilhelm Müller. Göttingen 1855. A. Nr. 244, dazu S. 366

12. AT 317. 328, 804A, 1889K. Findeisen, como en la nota O, S. 114, 220ff.

13. Dazu Ágnes Kovács, hier, und in: Die Welt im Märchen, wie Anm. 8, 74-84

14. Dazu Heino Gehrts: Die Klappfelsen. In: Die Welt im Märchen, como en la nota 8, 92-122

15. Johannes Siuts: Jenseitsmotive im deutschen Volksmärchen. Phil. Diss. Kiel

1910, Greifswald 1911. ((Incluye las páginas 1-58 de la publicación completa:) Hans Siuts: Jenseitsmotive im deutschen Volksmärchen. Teutonia 19. Heft. Leipzig 1911. Para sus referencias, Siuts utiliza los siguientes tipos: 300, 301, 303, 307, 313, 314, 314A, 315, 327A, 327B, 400A, B, C, 402, 461, 502, 516, 530, 531, 551, 560, 561, 562, 563, 566, 569, 590, 590A, 650A, 707, 710, (1541), Ziburtius (lo denomino así según Wisser; no se puede numerar según el Antiguo Testamento). Está claro que no todos los tipos importantes para el tema chamánico desempeñan un papel en la obra de Siuts y viceversa. Sin embargo, sorprendentemente, en su obra también faltan los tipos 304, 306, 468, 507A y 550, de los que sin duda conocía algunas versiones.

16. Denomino «400C» al cuento de la mujer cisne; más adelante abordaré con más detalle las diferencias entre los otros dos subtipos de AT 400.

17. Åke Ohlmarks: Studien zum Problem des Schamanismus. Lund 1939, 198f.

18 Wolf (Como en la nota 10), 86, als Biene durchs Schlüsselloch. Deutsche Märchen seit Grimm. Hrsg. von Paul Zaunert. Bearb. von Elfriede Moser-Rath. Düsseldorf 1964, 67, als Ameise durch ein einziges Ritzchen im Glasberg.

19. Véase al respecto: Katalin Horn: Der Weg. In: Die Welt im Märchen (Como en la nota 8) 22-37

20. Friedrich, Buddruss (Como en la nota O) 27, 154. Vilmos Diószegi: Tracing Shamans in Siberia. Oosterhout 1968, 55f., 65ff.

21. Carl Pschmadt: Die Sage von der verfolgten Hinde. Greifswald 1911. Versión india en AT 462. Versión irani en Gyula László: Steppenvölker und Germanen. Herrsching 1970, 105f.

22. Georgische Märchen, hrsg. von Heinz Fähnrich, Leipzig 1980 (Wiesbaden), 79, 111f. Un sacrificio de ganado similar en 281. Walachische Mährchen, hrsg. von Arthur und Albert Schott. Stuttgart 1845, Neudruck Hildesheim 1979, Nr. 16.

23. Das Erdkühlein en el apéndice de: Charlotte Rougemont: …dann leben sie noch heute, Münster 1962 u. ö. – Einäuglein, Zweiäuglein, Dreiäuglein, KHM 130

24. Usbekische Volksmärchen. Traducidos del ruso von Vera Nowak. Moskau 1981, 90f. Märchen aus Turkestan und Tibet, hrsg. von Gustav Jungbauer, Jena 1923, 54

25. Nordische Volksmärchen II, übers. von Klara Stroebe, Jena 1919, 121

26. Sagen, Märchen und Lieder der Herzogtümer Schleswig, Holstein und Lauenburg, hrsg. von Karl Müllenhoff, Neue Ausgabe, Schleswig 1921, 407

27. Türkische Märchen, hrsg. von Otto Spies, Düsseldorf 1967, 39f.

28. Llama la atención que el héroe y la heroína experimenten a menudo su exaltación al mismo tiempo que la humillación o la muerte de parientes cercanos; resulta especialmente llamativa en los cuentos del pájaro de oro la ejecución de los hermanos. Para la comprensión moderna, estos deben ser representados entonces como villanos. Sin embargo, es posible que tras tales adaptaciones y valoraciones tardías se oculten antiguos roles de sacrificio, y en el marco de la iniciación chamánica estos podrían ser los parientes cuya muerte, según la tradición siberiana, permite la ascensión del nuevo chamán del clan (Findeisen, como en la nota O, 74 y ss.). No obstante, el motivo aislado en el cuento no permite sacar conclusiones certeras.

29. Wunderbaum, como en la nota 9, 48. AT 530

30. Stroebe, como en la nota 25, S. 25f. AT 507A

31. Feldwache Mot H 1471. Ludwig Bechstein: Sämtliche Märchen, hrsg. von Walter Scherf. Darmstadt 1974, 83. AT 530

32. El motivo tiene su propio número de tipo: AT 314A. Las caballerizas se sitúan expresamente en el inframundo: «El árbol milagroso», como en la nota 9, pág. 59 y ss. – AT 530

33. Volksmärchen aus Pommern und Rügen, recopilados Ulrich Jahn. Norden 1891, Nr. 3. AT 468

34. Número de tipo propio para el cuidado de los caballos veloces por parte de la bruja: AT 556F

35. KHM 126. Nordische Volksmärchen I, übers. von Klara Stroebe, Jena 1915, schwed. Nr. 9. En este tipo, el papel del «malo» es claramente la fuerza motriz decisiva para que el «bueno» alcance la máxima ganancia iniciática.

36. Véase al respecto Heino Gehrts: Der weiße Wolf. Die Suchwanderung des Weibes. In: Die Frau im Märchen. Veröffentlichungen der Europäischen Märchengesellschaft Bd. 8 Kassel 1985, 17-50

37 Von Königen, Hexen und allerlei Spuk, Märchen… hrsg. von Gottfried Henßen, Schloß Bentlage 1959, Nr. 16, S. 76

38 Grünus Kravalle, in: Wolf, wie Anm. 10, 286-300. AT 313

39 Carlos Castaneda, Einzelbände I-VI, Penguin Books, Harmondsworth 1970ff. II, 53, 156ff., III, 50f., 168ff., IV, 233f.

40. Friedrich S. Krauss: Volksglaube und religiöser Brauch der Südslaven. Münster i. W. 1890, 97ff. bes. 101. Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry. Ed. by W.B. Yeats. London (1888), 146

41. Moser-Rath, como en la nota 18. Nr. 28, nach August Ey: Harzmärchenbuch 1862. Véase también Isidor Levin: Zarensohn am Feuerfluß. Russische Märchen von der Weißmeer-küste. Kassel 1984, Nr. 12 Iwan-Soldat

42. Zerstückelung auch bei Castaneda, como en la nota 39, IV, 71

43. Ungarische Volksmärchen, hrsg. von Agnes Kovács, Düsseldorf 1966, Nr. 14. – Sería un error, desde una perspectiva contemporánea, interpretar la infidelidad de la madre, la hermana y la esposa de forma cuasi biográfica o histórica. Simplemente ofrece un paradigma de la pérdida de toda seguridad en el mundo terrenal y expresa la necesidad, casi metafísica, de buscar un nuevo lugar en un mundo universal que incluya el más allá. Lo mismo se aplica a la infidelidad del padre en la continuación AT 465 de AT 402; también en este caso con motivación sexual por parte del progenitor, mientras que en el caso del hijo se produce la iniciación mediante un auténtico viaje al Hades para visitar a la madre fallecida. Versión editada por Joseph Schütz, Frankfurt a. M. 1972, Nr. 19, nach Preindlsberger-Mrazović: Bosnische Volksmärchen 1905

44. Bei Schambach-Müller, wie Anm, 11, S. 254, zwölf Geister, »über dem Kopfe« ein Meister mit zwei Gesellen zur Seite; bei Jahn, wie Anm. 33, S. 306, zwölf Kerle mit einem Obersten; bei Ignaz und Joseph Zingerle: Kinder- und Hausmär-chen aus Süddeutschland, Regensburg 1854, Neudruck Hildesheim 1975, 243, sieben Soldaten mit einem König.

45. Para otros motivos relacionados con el sueño, basta con remitirse aquí a los tipos 400B, 300, 304 —sobre los que se hablará más adelante— y 313. He tratado este tema en un trabajo más extenso, aún inédito, titulado »Vom Schlaf im Märchen«.

46. Según las versiones orientales, el lugar de encuentro está habitado por espíritus y situado en el «más allá cercano», siendo la más conocida la versión de Las mil y una noches: el joyero Hasan de Basora y las princesas de las islas de Wakwak. En el cuento chino, este lugar es la morada del ciervo Sika: Chinesische Märchen, hrsg. von Rainer Schwarz, Leipzig 1981 (Wiesbaden), 158 y ss.

47. Los narradores mencionan de vez en cuando expresamente la orden de guardar silencio; según esto, parece que, incluso más tarde, tenían una idea más clara del verdadero sentido de los cuentos.

48. La implicación física desempeña un papel importante en las leyendas sobre el lanzamiento del cuchillo al remolino de viento con el que viajan los barqueros de las almas.

49. Los recuerdos simbólicos pueden ser lo visto en el campo de batalla u objetos que se llevan consigo. En este último caso, se hablaría de una especie de «aportación».

50. KHM 6. Erich Rösch: Der getreue Johannes. FFC No 77, Helsinki 1928

51. La renuncia en el cuento chino, como en la nota 46, p. 230

52. AT 300, VIc, el asesinato del vencedor del dragón, por ejemplo, en Schott, como en la nota 22, n.º 10, Agnes Kovács: Der grüne Recke. Ungarische Volksmärchen. Kassel 1986, 75

53. KHM 57=AT 550; KHM 97=AT 551

54. AT 552; Mabik und der Wolkenriese. Volksmärchen aus der Bretagne. Ubertr. von Dagmar Fink. Stuttgart 1977, 90-103

55. AT 707; KHM 96. Eine Fee als Braut bei Spies, como en la nota 27, Nr. 5

56. AT 301, 306, 313, 468, 461, 531

57. Rolling Thunder by Doug Boyd. New York 1979, 69f. Douglas Sharon: Wizard of the Four Winds. New York 1978, 35f. Una Maclean: Magical Medicine. A Nige-rian Case-Study. Harmondsworth 1971, 71

58. The Mabinogion, transl. by Gwyn Jones and Thomas Jones, London 1977, 43,

90f. Sir Thomas Malory: Le Morte d’Arthur, Buch II, Kap. 15ff. Jessie L. Weston: From Ritual to Romance. New York 1957, Index s. v. Waste Land.

59. El desarrollo de la trama en las variantes de AT 302 es bastante diferente. Tal y como se recoge en el texto, por ejemplo, en: Weißbär am See. Schwedische Volksmärchen, recopilados por von Waldemar Liungman. Kassel 1965, 44ff. Plattdeutsche Volksmärchen, recopilados por von Wilhelm Wisser. Jena 1922, 200f.

60. AT 306. KHM 133. Russische Volksmärchen, traducidos por von August von Löwis of Menar. Düsseldorf 1959, Nr. 36

61. AT 507A=Stroebe, como en la nota 25, Nr. 7. 507BC=Löwis of Menar, wie Anm.

62. AT 301. Die unterirdischen Reiche als Metallringe in: Russische Volksmärchen, übertr. von August Albert, München 1961, 304f. Gestirnskleinode aus der Unter-welt in: Wilhelm Busch: Aus alter Zeit. Stuttgart 1982, Nr. 15

63. KHM 60= AT 303. También en el cuento del pájaro de oro, el disparo no realizado puede llevar a ganarse al animal como aliado: KHM 57, AT 550; ebenso in KHM 191, AT 329. Seht eigenartig auch in einem Mischtypus mit AT 315, Die verräterische Schwester, als Träger der Handlung, in Levin (wie Anm. 41), 10ff.

64. Propp, véase la nota O, 267f. Löwis of Menar, véase la nota 61, 166-169=AT 537

65. El motivo tiene su propio número de tipo: 530A. Como conclusión de AT 314 en Jungbauer, como en la nota 24, n.º 6.

66. Véase al respecto Doerfer, más arriba, págs. 90 y ss. Historische schamanistische Herrscher im Osten bei: Sergius Golowin: Das Reich des Schamanen. Basel 1981, 19f., 24

67. Georg Graber: Sagen aus Kärnten. Graz 1944, 186-188

68. Castaneda, como en la nota 39, IV, 269

69. Schönheit als grundwesentlich für das Märchen vor allem bei Lüthi 1975, como en la nota 0, 11-52

Hermandad de Sangre, Venganza de Sangre y Devotio

Traducciones

Miradas a la psique arcaica

Wolfgang Giegerich, Alemania

Artículo publicado en ‘Soul-Violence’, volumen III de sus artículos reunidos en inglés, capítulo 6, pp. 267-316

Traducción de Alejandro Chavarria

En psicología, solemos partir del supuesto de que -a pesar de todos los marcados cambios culturales que se han producido a lo largo de la historia de la humanidad (desde la recolección de alimentos y la caza, pasando por las sociedades agrícolas, hasta las industriales y tecnológicas; desde el politeísmo hasta el monoteísmo y, posteriormente, hasta los tiempos seculares; desde el ritualismo mitológico hasta la metafísica y, posteriormente, hasta las formas de civilización científicas y basadas en la información)- la constitución básica de la psique humana ha permanecido igual. Mucho ha cambiado en las formas de expresión de la mente humana, pero su estructura subyacente, creemos, no ha estado ni está sujeta a cambios. Si bien esto es probablemente cierto, y es una misma estructura de la mente humana la que opera en el hombre en todas las etapas del desarrollo cultural, en todos los tiempos y en todas las regiones del mundo, no podemos suponer que los presupuestos básicos sobre la constitución fundamental del modo humano de ser-en-el-mundo que actualmente poseemos y que simplemente damos por sentado sean válidos en todo momento. Es un gran error -aunque extremadamente tentador- retrotraer a épocas anteriores ciertas formas de percibir la vida y el mundo, ciertos modos fundamentales de ser-en-el-mundo y ciertas formas de autocomprensión del hombre que para nosotros hoy parecen simplemente naturales y una cuestión incuestionable, pero que pueden no haber sido los modos de otras épocas históricas. Jung dijo muy acertadamente respecto a la psicología personal:

Cada uno piensa que la psicología es lo que él mismo conoce mejor: la psicología es siempre su psicología, y sólo él la conoce, y al mismo tiempo su psicología es la psicología pura y dura. Instintivamente supone que su propia constitución psíquica es la general, y que todo el mundo es esencialmente como todo el mundo, es decir, como él mismo. Los maridos presuponen esta semejanza de sus esposas, las esposas la presuponen de sus maridos, los padres de sus hijos, los hijos de sus padres. Es como si cada uno tuviera el acceso más directo a lo que sucede en su interior, lo conociera íntimamente y fuera competente para opinar sobre ello, como si su propia alma fuera al mismo tiempo un alma universal que también está en todas las demás personas, de modo que sin dudar se postulan los hechos de la propia naturaleza como universalmente válidos. (CW 10 § 277, traducción modificada)

Lo que es cierto para el ámbito de la psicología personal en el contexto de la vida moderna es aún más importante con respecto a épocas anteriores y civilizaciones extranjeras. Es muy natural (Jung dijo «instintivo») pensar que la forma en que sentimos y pensamos hoy en día con respecto a ciertas cuestiones esenciales debe, por supuesto, haber sido también la forma en que todas las épocas anteriores a la nuestra, y los pueblos indígenas de otras partes del mundo también, sintieron y pensaron.

Los atentados suicidas de los terroristas islamistas nos han enseñado en los últimos años lo cautelosos que debemos ser con respecto a estas suposiciones generales. En general, habíamos dado por sentado que la motivación más profunda de los individuos era el afán de autoconservación. A la vista del gran número de asesinos suicidas, creo que tenemos que decir que obviamente no es así, y una mirada a otras épocas, en las que la gente a menudo sentía la necesidad de poner su vida en juego por sus creencias religiosas, por su honor, por su rey o por su país, apoya este destronamiento del impulso de supervivencia como la motivación más poderosa.

Para Jung, el prejuicio tácito de la uniformidad psíquica es un vestigio -pero muy potente- de un marco mental ingenuo y primitivo basado esencialmente en una conciencia insuficientemente diferenciada (CW 10 § 280). Es «una reliquia marcada de aquella noche primordial de la conciencia en la que no había ninguna diferencia perceptible entre el yo y el tú, y en la que todos pensaban, sentían y actuaban de la misma manera. Pero si ocurría algo que demostrara que alguien no era de la misma opinión, se producía una perturbación inmediata» (CW 10 § 282, traducción modificada). Cuanto más inconscientes somos y más poder tiene este prejuicio sobre nosotros, mayor es la decepción, incluso la ofensa, cuando descubrimos que otros sienten o piensan de forma diferente en determinadas situaciones. «La diferencia dolorosamente evidente parece una contravención del orden natural», es «difícil de soportar, o incluso insoportable, una falta, y reprobable» (CW 10 § 277, traducción modificada). Es un pequeño, o quizás no tan pequeño, insulto narcisista a nuestro yo, si no una franca lèse-majesté.

Una tarea importante de la diferenciación psicológica y de la educación y el cultivo de la conciencia es, por tanto, tomar conciencia de la subjetividad y relatividad fundamentales de la propia psicología personal y abrirse a la alteridad de la psicología de los demás: la discriminación. En el ámbito de la vida moderna, la distinción entre «mi» psicología y «la tuya», aunque no siempre es fácil (¡cuántos matrimonios se rompen por este problema!), es sin embargo sólo una dificultad «psíquica». En la medida en que la alteridad psíquica de otras personas consiste en su diferente constitución personal, podemos aprender a aceptar esta alteridad. Se trata simplemente de variedades individuales de la misma constitución psíquica básica, por ejemplo, variaciones en la tipología psicológica descrita por Jung (extraversión frente a introversión, tipos de sentimiento, pensamiento, sensación, intuición). En tal caso, sabemos que las dos orientaciones y las cuatro funciones pertenecen a todo psiquismo humano; las diferencias se producen sólo a través de diferentes énfasis en aspectos particulares de lo que todos tenemos en común. Pero enfrentarse a la psique arcaica y a su alteridad es mucho más amenazante en la medida en que pone en tela de juicio los presupuestos ontológicos básicos, todo nuestro sentido metafísico de la identidad y la unidad personal, nuestra noción de personalidad e individualidad. Se trata, por tanto, de un desafío de un orden totalmente diferente.

Hay tres razones por las que esta confrontación es psicológicamente importante.

En primer lugar, a nivel personal, contribuye a un cultivo de la conciencia en el sentido descrito anteriormente. Tomar conciencia significa adquirir una distancia con respecto a uno mismo, aprender a verse a sí mismo como desde el exterior, desidentificarse de sí mismo. Tengo que aprender a verme como el hecho contingente y, por tanto, fundamentalmente relativo que soy, y esto no sólo con respecto a mis contemporáneos.

En segundo lugar, mientras permanezcamos encerrados en nuestro propio sentido moderno de identidad personal, sólo veremos una parte de la realidad psíquica. Es deseable, y de hecho una exigencia del campo de la psicología, que tengamos una visión de la mayor parte posible de la gama y extensión de la realidad psíquica. Al observar el alma tal y como se manifiesta en los tiempos modernos, y quizás también durante el eón cristiano y hasta cierto punto en la antigüedad griega, nos movemos, por así decirlo, en un jardín bien cuidado y ordenado. Sin embargo, cuando nos enfrentamos al alma arcaica, la puerta del jardín se abre y nos encontramos con un paisaje muy diferente, mucho más salvaje, con acantilados y desfiladeros y verdaderos espacios naturales, incluso arenas movedizas. Se supera la inocuidad lógica de nuestra concepción de la realidad psicológica. Digo inofensividad «lógica», porque semánticamente sabemos que el alma puede ser cualquier cosa menos inofensiva. En ella encontramos asesinatos, castraciones, desmembramientos, desolladuras, crucifixiones, etc. Estamos acostumbrados a tales imágenes, y es en este sentido que nuestra concepción de la realidad psíquica es cualquier cosa menos inofensiva. Pero todos estos actos crueles no amenazan nuestros presupuestos ontológicos básicos. Ofenden nuestros sentimientos y destruyen figuras o entidades individuales dentro del marco ontológico que presuponemos y apreciamos, pero dejan el marco intacto. La comprensión del alma arcaica hace estallar este marco.

Y en tercer lugar, necesitamos este sentido de alteridad fundamental para que la psicología pueda volver a sí misma en un grado mucho mayor que antes. Hoy en día, la psicología sigue obstaculizada por la concepción naturalista que tenemos de ella. Es como si fuera «natural» para nosotros pensar en el alma de forma naturalista como una especie de constante antropológica, en alguna analogía vaga y normalmente no explícita con el cerebro o con otros órganos del cuerpo. O bien se hipotetiza tácitamente o, al menos, se piensa que está unida al ser humano como su sustrato. En ambos casos, se concibe como algo que tiene una existencia natural. Pero si nos vemos obligados a reconocer que la constitución del «alma» en la época arcaica era fundamentalmente diferente en aspectos esenciales, la concepción naturalista del alma no puede sostenerse. Entonces tenemos que darnos cuenta de que «el alma» no es en absoluto un «hecho» naturalmente dado; es desde el principio histórica, un producto «poiético» de la mente, una obra de la cultura, y como tal existe en su propio espacio «artificial» «por encima» del mundo físico. Es «inventado». En otras palabras, ya no podemos considerarla como el factor o agente antropológico que está detrás de la cultura humana, como esa realidad óntica que es responsable de la producción de todos los fenómenos culturales, las ideas, los valores, las instituciones, las obras que en conjunto constituyen lo que llamamos cultura. No, «el alma» es ella misma lo que produce en su despliegue histórico y nada más; es este su despliegue histórico. La segura distinción entre el productor (o sustrato) naturalmente existente y los productos culturales producidos por él (o ella) se disuelve.

La cuestión particular que puede ayudarnos a ver especialmente bien la diferencia fundamental en la constitución esencial del ser-en-el-mundo del hombre entre nuestro mundo (no sólo la modernidad, sino toda la tradición occidental de pensamiento) y los tiempos arcaicos es la cuestión de la unidad natural de la existencia humana. Es una cuestión ontológica. Para nosotros la respuesta a esta pregunta es clara. El ser humano individual es la unidad última. La sociedad, incluso la humanidad en general, está formada por individuos. Los individuos pueden comunicarse, hacerse amigos, amantes; pueden casarse y vivir juntos en familias, clanes, tribus, estados; pueden asociarse en clubes y organizaciones similares. Pueden estar objetivamente unidos en una verdadera conciencia de grupo por la misma lengua, tradición cultural y experiencia histórica. Pero en todos estos casos, el individuo es, sin embargo, ontológicamente la verdadera realidad primaria. Una conciencia de grupo puede envolver a los individuos que pertenecen al grupo y eliminar prácticamente las diferencias individuales y la verdadera independencia intelectual y emocional de los individuos. Pero esto se refiere a la condición psíquica de las personas, a su conciencia, a su mentalidad y a sus sentimientos. No tiene ninguna relevancia ontológica.

Lo que quiero mostrar a continuación, examinando dos fenómenos de la época arcaica, es que puede haber un sentido de la persona o del ser humano que de hecho trasciende la ontología del individuo. Por lo tanto, no me interesa únicamente el fenómeno de la mística de la participación, que solemos relacionar con la psicología del hombre arcaico y también, en general, con la infancia y los estados inconscientes. Aceptamos que psicológicamente el individuo siempre tiene que desarrollarse a partir de un estado primario de unidad inconsciente con los demás o incluso con el mundo físico. La noción de Jung del proceso de individuación aborda esta necesidad, pero también ve que esta necesidad se extiende mucho más allá de esta disolución de una unidad primaria e incluye la tarea de llegar mucho más lejos en un terreno culturalmente aún no conquistado. Todo esto se refiere únicamente a la posibilidad de diferenciación psicológica a partir de un estado psíquico inicial indiferenciado.

Los dos fenómenos que utilizaré como ilustración para mi argumento son, en primer lugar, la institución arcaica de la hermandad de sangre y, en segundo lugar, el primitivo ritual romano de la devotio. Cuando se trata de la psique arcaica, está claro que hay que trabajar con interpretaciones y reconstrucciones. En realidad, esto es cierto para todo el trabajo psicológico, incluso el trabajo práctico con pacientes modernos en una consulta. No hay acceso directo a la psique. Es más, nadie tiene acceso inmediato ni siquiera a su propia alma. Todo lo que notamos, pensamos, sentimos, sabemos de nosotros mismos es ya una interpretación (una autointerpretación) y no una observación de hechos desnudos. Sin embargo, la situación relativa a los tiempos arcaicos es mucho más difícil, sencillamente porque disponemos de muy pocos «documentos del alma» u otras pruebas de esos tiempos, y porque nos separa de ellos una enorme distancia histórica, lo que hace que la psicología de los pueblos arcaicos nos resulte extraña.

Al hablar de estos dos fenómenos, no presentaré investigaciones propias. Me baso más o menos en las reconstrucciones presentadas por Heino Gehrts, un erudito no sólo de asombrosa erudición y un verdadero espíritu de cazador al rastrear y reunir piezas individuales difíciles de encontrar, sino también dotado de una visión empática probablemente singular del alma arcaica.1 La erudición por sí sola no es suficiente. Hay muchos estudiosos que dan interpretaciones más bien racionalistas y simplistas a lo que encuentran, o peor aún, se acercan a los datos con una especie de mentalidad de archivo. Muy a menudo operan dentro de un horizonte positivista y totalmente cotidiano, utilitario, y no se atreven a aventurarse más allá de la descripción de los hechos positivos. Esto no es suficiente. También hay que ser capaz de sintonizar con el espíritu vivo que anima (o animó en su día) los datos individuales desde su interior, y esto requiere a su vez que uno sea capaz de dejar atrás hasta cierto punto nuestras formas modernas de pensar y ponerse en la mente de épocas anteriores. Sin penetrar en el centro de significado pulsante que produjo los fenómenos individuales de una cultura, no se trata más que de fragmentos.

Para evitar que tal esfuerzo se convierta en el mero producto de las propias proyecciones, hay que hacer uso del círculo hermenéutico, basando lo que uno cree que es el espíritu animador del aspecto de la época anterior que se va a discutir en pruebas convincentes y viendo cada prueba ya en términos de este espíritu o significado reconstruido como su fuente productiva. Pero también aquí no basta con trabajar correctamente dentro del círculo hermenéutico. Cuánto se puede captar del espíritu de una época, cuánto se profundiza en este trabajo hermenéutico, depende enteramente de la grandeza y el espíritu de la mente, de la amplitud del horizonte y de la profundidad del corazón de la persona que realiza este trabajo.

HERMANDAD DE SANGRE

Cuando hoy en día hablamos de hermanos de sangre, solemos pensar en una amistad especialmente profunda, firme e íntima, sellada mediante la mezcla de gotas de sangre de los dos hombres en cuestión. Esta hermandad de sangre es un vínculo en el plano de sus sentimientos subjetivos, y la mezcla de su sangre no es más que un acto simbólico para dar expresión visual y subrayar sensiblemente sus intenciones subjetivas. La arcaica hermandad de sangre -o hermandad jurada, como también se le llama- es, sin embargo, un fenómeno de un orden o dimensión totalmente diferente. Tiene preocupaciones mucho más serias, mucho más profundas y es una realidad muy diferente. No se basa ni se limita a los sentimientos subjetivos. Es una realidad sustancial objetiva. Habrá que demostrar lo que esto significa.

Comienzo con los principales testimonios sobre el ritual del vínculo fraternal de la literatura nórdica antigua. No todos los pasajes de los textos individuales que se refieren a él son completos en sí mismos. Tenemos que unir las distintas pruebas para obtener una imagen completa. Hay una saga en nórdico antiguo cuyo propio nombre está tomado del motivo de los «hermanos jurados», la Fóstbrœðrasaga. Trata de dos jóvenes islandeses llamados Thorgeir y Thormod, ambos llenos de espíritu de lucha.

Se hicieron amigos muy pronto, porque eran similares en muchos aspectos. Su intuición les dijo desde el principio, como de hecho se hizo realidad más tarde, que morirían a espada; porque estaban decididos a no ceder nunca, sino a salir victoriosos, sin importar con quién tuvieran que enfrentarse. Por esta razón se dieron mutuamente la firme promesa de que el que viviera más tiempo se vengaría del otro. Aunque en aquella época el pueblo se llamaba cristiano, el cristianismo en aquellos días era todavía joven y muy imperfecto, por lo que aún quedaban muchas chispas de los tiempos paganos. Así se había conservado la costumbre de los hombres de renombre, de aquellos hombres que habían establecido las leyes entre sí de que el que viviera más tiempo debía vengar al otro. Debían pasar por debajo de tres tiras de tierra, y ese era su juramento. El procedimiento era el siguiente: había que cortar tres tiras de césped de la tierra de manera que sus extremos quedaran firmemente adheridos a la tierra y levantarlas por el medio para poder pasar por debajo de ellas. Esta costumbre la llevaron a cabo Thormod y Thorgeir cuando se prometieron.

En otra saga (inventada), la Egilssaga einhenda, leemos que los dos, Aran y Asmund,

realizaron todos los ejercicios que los jóvenes acostumbraban a hacer en aquellos días, y eran tan parecidos que nadie podría haber notado una diferencia. Luego entraron en un combate de lucha, y hubo firmes agarres en su pelea, y nadie pudo determinar quién era más fuerte, y terminaron su combate sobre la base de que ambos estaban cansados. Entonces Aran le dijo a Asmud: «No pondremos a prueba nuestra habilidad con las armas, porque sería un desperdicio para ambos. Quiero que nos entreguemos al fóstbrœðralag [la orden de los hermanos juramentados], que cada uno vengue al otro y que tengamos todas las posesiones en común, tanto los bienes adquiridos como los no adquiridos.» Su juramento contenía también la disposición de que el que viviera más tiempo haría levantar la colina de la tumba para el otro y depositaría en ella tantos bienes como le pareciera oportuno.

En la Gíslisaga, tenemos el caso excepcional de cuatro hombres que deciden contraer la obligación de ser hermanos jurados. Ellos

cortaron una franja de césped del suelo de modo que ambos extremos quedaran pegados a la tierra y bajo ella, en el centro, colocaron una lanza rúnica cuyos clavos del asta un hombre podía alcanzar con las manos. Los cuatro, Thorkel, Gisli, Thorgrim y Vestein, tuvieron que pasar por debajo de ella. Entonces se cortaron y dejaron que su sangre goteara sobre la tierra que había quedado al descubierto bajo la franja de césped y que mezclaba sangre y tierra. Entonces todos cayeron de rodillas y juraron que cada uno debía vengar a los demás como a su hermano, e invocaron a los dioses como testigos.

En la mayoría de los textos se hace referencia a una fórmula mucho más breve para la promulgación de una hermandad jurada. El Ormstháttr Stórólfssonar se limita a afirmar sobre dos jóvenes, Orm y Asbjörn, que «competían en todo tipo de habilidades y eran iguales en todas aquellas en las que no era la fuerza lo que inclinaba la balanza. En estas últimas, sin embargo, Orm era siempre el más fuerte. Así sucedió que, según la antigua costumbre, entraron en una hermandad de sangre. El que sobreviviera debería vengar al otro en caso de que cayera».

Resumiendo las principales características del ritual, podemos decir que el ritual de la hermandad de sangre se representa en una fosa excavada bajo una franja de césped que ha sido levantada con lanzas; por regla general, sólo dos hombres pasan por debajo de ella; ambos dejan que la sangre se derrame en la tierra y la mezclan allí; y mientras se dan la mano e invocan a los dioses se hacen un juramento mutuo. Este juramento se refiere sobre todo (y a veces exclusivamente) a la obligación del uno de vengar al otro en caso de su muerte en batalla; además, tendrá la responsabilidad de ocuparse de la sepultura del otro. Pero con frecuencia también se afirma explícitamente que poseen en común todos sus bienes (tanto lo que aportan a la relación de hermandad como lo que adquirirán después).

Después de habernos familiarizado con estos pasajes del texto, ahora sabemos algo sobre el procedimiento, la finalidad y los objetivos de este ritual. Pero quedan dos cuestiones esenciales.

– En primer lugar, ¿cuál es el significado de la unión fáctica y física de los dos hombres en la sangre mezclada con tierra?

– Y en segundo lugar, ¿cuál es el significado más profundo del objetivo de este vínculo, a saber, la venganza? ¿Por qué es tan deseable la venganza de sangre que se considera necesario tomar disposiciones para ello con mucha antelación mediante la promulgación de un ritual especial? Debe haber una idea de que es muy importante asegurarse de que uno será vengado.

Estas preguntas no pueden responderse a partir de las antiguas referencias a la institución de la hermandad de sangre en las sagas citadas anteriormente y en otros textos, en parte porque estos textos fueron escritos en una época en la que no había necesidad de ninguna explicación de las razones, en la medida en que estas razones eran un conocimiento general, no tanto un conocimiento explícito y reflejado, sino un «sentimiento» evidente dado con el modo de ser del hombre arcaico en el mundo e inherente a él. En parte, puede ser que hayan llegado hasta nosotros muy pocos textos, y que cuanto más arcaico sea su contenido, más probable es que se pierda, porque la gente de épocas posteriores ya no podía darles sentido. También puede ser que los textos o las historias sobre hermanos de sangre se modificaran, se ajustaran para que tuvieran sentido en función de las nociones y los sentimientos predominantes en épocas posteriores. Algunos relatos de la época premedieval lograron llegar a la Edad Media, pero ahora estaban inmersos en una situación mundial caracterizada por una relación con el mundo y una percepción/experiencia del mundo muy diferentes por parte del hombre. Esto tuvo como consecuencia que ciertos motivos que habían tenido mucho sentido en épocas anteriores porque formaban parte integral de cómo se vivía la vida, estaban completamente fuera de lugar en la nueva era y debían ser reinterpretados o dotados de una nueva motivación narrativa de acuerdo con los conceptos pertenecientes a la nueva visión del mundo y al modo de ser-en-el-mundo.

De hecho, tenemos un buen ejemplo de este último proceso. En el Nibelungenlied, un texto que data de la Alta Edad Media, Sigfrido llega a la corte del rey Gunther en Worms desafiando a éste a un duelo por todas las posesiones de Gunther, sus tierras y sus castillos. El hecho de que Sigfrido y Gunther hayan sido representados en otro tiempo como hermanos jurados se ha perdido, obviamente,. Parece que cuando se compuso el Nibelungenlied, el sentido del significado, el propósito y el efecto de la institución de la hermandad de sangre había desaparecido. La motivación arcaica y ritualista del desafío al combate ha sido sustituida aquí por una motivación «psicológica» más «moderna», el deseo demasiado humano de honor y posesiones. En contraste con el Nibelungenlied del alto alemán medio, la Völsungasaga del nórdico antiguo (que tiene en parte el mismo argumento que el Nibelungenlied), sigue conservando la motivación ritualista. Dice claramente sobre los dos guerreros, Þeir saverjaz nú í bræðralag sem þeir se sambornir bræðr, «Ahora se juraron a sí mismos en el orden [o estatus] de hermanos como si fueran hermanos ‘nacidos juntos'». Sambornir, que significa literalmente «nacidos juntos», suele traducirse como hermanos «por la misma madre, los mismos padres». En nuestro contexto, quizá sea mejor decir «hermanos de una misma sangre».

A pesar de la considerable pérdida de conocimientos tradicionales, existe al menos un relato de hermandad jurada que nos llega de la poesía épica heroica del alto alemán medio, y que merece ser mencionado aquí brevemente porque nos ayuda a comprender mejor el significado ritualista de este rasgo del procedimiento del ritual de hermandad, el desafío inicial al combate, que ya hemos encontrado en algunos de los relatos citados anteriormente, pero que aún no ha sido debidamente destacado. En la doble epopeya de Ortnit y Wolfdietrich, éste se dispone a luchar con Ortnit por su herencia. Pero esto no significa ciertamente que quiera robarle a Ortnit su reino. En el contexto ritual arcaico, significa algo muy diferente: que quiere demostrar que es un combatiente vengador superior y un digno sucesor en caso de que Ortnit caiga en la batalla. Por eso Wolfdietrich dice: «Cuando lo derrote, quiero ser su Geselle [camarada, hermano de armas]». Aquí, este término más general se utiliza como sustituto de la palabra específica que significa «hermano jurado». Más adelante, después de que Wolfdietrich salga de hecho victorioso en su combate con Ortnit, tal y como había deseado, oímos que «se juraron mutuamente, los dignos señores; nadie, salvo la muerte, debería poder separar a los dos valientes guerreros».

De este pasaje de la epopeya de los Wolfdietrich aprendemos por qué el ritual de los hermanos de sangre iba precedido tan a menudo de combates entre los aspirantes a hermanos, y qué significaba este combate. También podemos entender el significado original del desafío de Sigfrido a Gunther en los Nibelungos: más que expresar un deseo impertinente por parte de Sigfrido de arrebatarle el reino a Gunther, el desafío al combate es una petición y una invitación al desafiado a entrar en una hermandad jurada con el retador. Parece ser un requisito previo para la hermandad de sangre que los dos hombres pongan a prueba su fuerza y sus habilidades el uno contra el otro y, a través de este íntimo contacto de lucha, adquieran un verdadero sentido de la valía del otro para el vínculo que están contemplando establecer, un vínculo cuyo propósito más profundo es la venganza de sangre.

LA IMPORTANCIA DE LOS CUENTOS DE HADAS

Después de todo lo dicho hasta ahora, debe quedar claro que no podemos esperar mucha ayuda de la literatura épica y de las sagas medievales en relación con las dos cuestiones sobre la unión real de dos individuos mediante la mezcla de su sangre en la tierra y sobre la necesidad y el significado de la venganza de sangre. Sin embargo, tenemos la suerte de contar con otras fuentes que pueden contribuir a una comprensión más profunda de la institución arcaica de la hermandad de sangre, a saber, los cuentos de hadas, y en particular el cuento europeo de los dos hermanos, cuento tipo AT 303 («Los gemelos o hermanos de sangre»).2 Pero primero hay que explicar por qué los cuentos de hadas pueden ser efectivamente de ayuda, ya que esto parece, a primera vista, una perspectiva muy improbable.

La razón principal por la que parece poco probable (aparte de la naturaleza ficticia del género de los cuentos de hadas) es que la mayoría de los cuentos de hadas se registraron recientemente, durante los siglos 19 y 20, basándose en las narraciones de personas que vivían en tiempos modernos. ¿Cómo podrían entonces los cuentos de hadas ser una fuente fiable de información sobre las condiciones de vida arcaicas? De hecho, vemos que en los cuentos de hadas aparecen a veces motivos que pertenecen claramente a las concepciones y situaciones sociales de la época postarcaica. Por ejemplo, en algunos cuentos de hadas aparece el diablo, una figura imaginaria que tiene su origen en el pensamiento cristiano medieval. Asimismo, aparecen reyes y reinos, ciudades y castillos, carruajes, etc., cosas que no se corresponden con la forma en que estaba constituido el mundo en la época arcaica.

Pero, curiosamente, estos rasgos superficiales no son tan significativos. La estructura básica y el argumento, así como la mayoría de los motivos esenciales de los cuentos, son sorprendentemente conservadores. Podemos ver inmediatamente que a la figura llamada diablo, por ejemplo, se le ha dado simplemente este nombre más nuevo, pero que bajo este nombre conserva todas las características de una figura que pertenece a un cuento arcaico. El llamado diablo de los auténticos cuentos de hadas no es diabólico, satánico, en absoluto. Aparte del nombre, no tiene nada en común con el diablo cristiano medieval. Lo mismo ocurre con la mayoría de los otros motivos que suenan más modernos. A través de todos los cambios de religión, civilización y mentalidad a lo largo de los milenios, el núcleo básico de los cuentos de hadas se ha conservado más o menos intacto. Obviamente, la sustancia interna de los cuentos de hadas no participó en los enormes cambios que se produjeron en la mentalidad de la gente, la organización social de la vida vivida y la cultura material en el transcurso de los milenios.

Al utilizar la palabra «milenios», doy a entender que los cuentos de hadas son efectivamente así de antiguos. Por supuesto, es difícil demostrar esta tesis, y no todos los cuentos de hadas auténticos pueden tener la misma antigüedad. Sin embargo, en unos pocos casos se puede documentar la enorme antigüedad de los cuentos de hadas. El cuento de hadas del tipo Los muertos agradecidos (AT 507) aparece ya en el libro de Tobit en los apócrifos del Antiguo Testamento. Dos cuentos, El monte volador de madera, también conocido bajo el título Las alas del príncipe (AT 575), y El hombre que perdonó la vida a su esposa infiel (AT 612A), aparecen en el Pañcatantra indio. El tipo de cuento de hadas de La búsqueda de la esposa del marido perdido, AT 425, está representado por la historia de «Amor y Psique» en El asno de oro de Apuleyo. Esto significa que, al menos para estos tipos de cuentos, podemos suponer una antigüedad de 2.000 años, aunque lo más probable es que, cuando se incluyeron los cuentos en estas obras escritas, éstos ya contaban con una larga historia previa de tradición oral.

Nuestro tipo de cuento, Los dos hermanos, AT 303, resulta estar atestiguado en una forma variante en el Antiguo Egipto,3 por lo que, al menos para este tipo de cuento, está documentada una antigüedad de más de 3000-4000 años.

Por lo tanto, la antigüedad de estos pocos tipos de cuentos está definitivamente corroborada por la historia. Para todos los demás tipos de cuentos, faltan tales pruebas histórico-factuales sobre su antigüedad. Sin embargo, se puede demostrar que los motivos y argumentos esenciales de los cuentos de hadas y el significado cultural que expresan deben atribuirse a una etapa anterior, prehistórica, del desarrollo cultural. Varios estudiosos han presentado argumentos convincentes a favor de esta tesis.

El primer estudioso que hay que mencionar es Hans Siuts. En su obra Jenseitsmotive im deutschen Volksmärchen (Leipzig, 1911) demostró que muchos motivos de los cuentos de hadas son componentes de viajes al más allá, pero que este tipo concreto de más allá, así como la naturaleza de las figuras que aparecen en él, son incompatibles con los motivos de otro mundo de las leyendas cristianas. Esto nos obliga a pensar que el origen de estos cuentos mágicos hay que buscarlo en culturas o épocas precristianas o no cristianas.

En segundo lugar, Pierre Saintyves defiende que los cuentos son «comentarios más o menos alegóricos de los rituales» y que tienen su origen en las costumbres y los actos de los pueblos prehistóricos. Afirma que los antepasados de los pueblos de Europa llevaron sin duda sus rituales iniciáticos y, asimismo, los cuentos que eran los comentarios de esos rituales.4

El tercer autor que hay que mencionar es Vladimir Propp, que en 1946 publicó en Leningrado una monografía titulada Istoricheskie korni volshebnoi skazki (Las raíces históricas del cuento maravilloso).5 A grandes rasgos, Propp elabora con detalle el contenido iniciático y ritualista de los cuentos de hadas. El cuento de hadas se revela para él como una fuente valiosa, un tesoro de fenómenos culturales que han desaparecido hace tiempo de la conciencia. Esto no significa en absoluto que, por tanto, sea el cuento de hadas el que necesite una explicación. Es al revés: ha conservado el pasado de forma tan completa, tan fiel, tan bien, que los rituales u otros fenómenos del pasado sólo reciben su verdadera iluminación a través del cuento.

Otro estudioso, Otto Huth, ha demostrado que un tipo de cuento concreto, La princesa de la montaña de cristal (AT 530), debe remontarse a los tiempos de la cultura megalítica.

Basándose en su propia investigación y en el estudio exhaustivo de un número increíble de versiones y variantes de diversos tipos de cuentos de hadas de todo el mundo, Heino Gehrts pudo reconstruir el significado interno y la lógica de muchos de estos tipos distintos e interpretarlos como representaciones en forma imaginal de experiencias chamánicas extáticas e iniciáticas. Originalmente, estos relatos contaban la primera ejecución ejemplar de determinados rituales («había una vez») y, como tales, servían de modelo y de ayuda imaginativa para prepararse para la ejecución adecuada de los rituales y para llevarlos a cabo de forma significativa y con verdadera comprensión. Pero más tarde, los rituales correspondientes cayeron en desuso porque la conciencia había pasado a una nueva etapa de su desarrollo y debido a la realización social y cultural de esta nueva etapa, los cuentos de hadas perdieron su conexión intrínseca con la promulgación de rituales. Sin embargo, los cuentos en sí no se perdieron por completo. Al contrario, se conservaron, pero ahora como narraciones independientes por derecho propio, como «literatura oral», como se denomina ahora, como meras historias interesantes y entretenidas. Gracias a la supervivencia de estos cuentos, el pensamiento y la experiencia de los tiempos pasados, que entretanto se habían vuelto en gran medida incomprensibles, se conservaron a lo largo de los años, protegidos en y por su sedimentación en las formas simbólicas de las tramas y los motivos de los cuentos.

El valor del número relativamente pequeño de cuentos auténticos es inestimable, porque en ellos, como historias completas, tenemos los únicos testimonios verbales (es decir, hablados) continuos de aquellas épocas prehistóricas anteriores a la escritura. Nos permiten ver los contextos de significado más amplios en los que los diversos símbolos individuales o motivos rituales tienen su lugar, mientras que la mayoría de nuestros otros hallazgos arqueológicos o informes sobre las culturas primitivas son fragmentos aislados arrancados de sus contextos mentales y culturales.6 Por eso también es que sólo mediante los cuentos apropiados podemos esperar obtener alguna visión de las dos preguntas sobre el ritual de la hermandad de sangre que aún nos quedan por responder, preguntas que todos los demás testimonios textuales o arqueológicos dejan sin respuesta.

Para concluir esta sección sobre el significado de los cuentos de hadas, puede ser útil un breve comentario sobre una diferencia esencial entre los cuentos de hadas (Märchen) y las leyendas locales (Sagen). Mientras que en los cuentos de hadas el héroe suele alcanzar siempre su objetivo, en las leyendas el intento de salvación fracasa sistemáticamente, aunque los motivos y las tareas básicas pueden ser bastante similares en ambos casos. La pregunta es por qué. Los cuentos de hadas pertenecen a una época anterior del desarrollo cultural, a lo que yo llamo el mundo arcaico. En estas épocas, la experiencia del mundo y el modo de ser-en-el-mundo todavía estaban constituidos e impregnados por la realidad cultual, y en consecuencia tanto el héroe de cuento como su contraparte real, el iniciado, se apoyaban en la lógica de ser-en-el-mundo de toda la comunidad y su conocimiento colectivo (es decir, ¡precisamente no por un inconsciente colectivo!). Cuando el héroe de cuento o su homólogo real, el iniciado, se encontraba en una situación concreta, podía saber «instintivamente» lo que tenía que hacer para redimir al ser de otro mundo que se le aparecía en su viaje visionario, un ser cuya redención de alguna enfermedad o angustia era parte esencial de la tarea encomendada a los iniciados. Por el contrario, las leyendas locales pertenecen a una época con una lógica de ser-en-el-mundo muy diferente, a saber, la lógica de las culturas religiosas, en las que el conocimiento cultual ya había sido sustituido en gran medida por el aprendizaje religioso de un determinado conjunto de verdades doctrinales y una actitud piadosa subjetiva en contraste con el contacto e implicación iniciática personal y directa con las figuras del otro mundo. Está claro que cuando una persona que vivía bajo estas condiciones posteriores se enfrentaba espontáneamente a una tarea o experiencia iniciática que sólo podía tener sentido en términos del modo de ser-en-el-mundo de los cuentos (es decir, chamánico o ritualista), entonces se encontraba solo para afrontar esta tarea. No estaba, como los iniciados en tiempos ritualistas, preparado y apoyado, llevado, por un conocimiento colectivo y un modo de vida colectivo, que le hubiera proporcionado el comportamiento correcto necesario para la situación. Esta carencia se refleja en las leyendas locales. Aquellas experiencias reales o sucesos visionarios que se convirtieron en el contenido de las leyendas locales se presentan en estas leyendas como algo ajeno -absolutamente asombroso, milagroso- al mundo en el que se viven. Lo mismo, pero en un grado mucho mayor, se aplica a los sueños de las personas modernas que viven en un mundo constituido por la lógica de la ciencia y la tecnología. Ya ni siquiera estamos informados por una postura religiosa hacia el mundo.

LA HISTORIA DE LOS HERMANOS GEMELOS

Después de estas observaciones preliminares sobre la legitimidad y la necesidad de que recurramos a los cuentos de hadas en busca de pistas y conocimientos sobre la psique arcaica, podemos dedicarnos al cuento de «Los gemelos o hermanos de sangre». Este tipo de cuento existe en numerosas versiones de diferentes países. En lugar de entrar en las diferencias entre las distintas versiones y tratar de reconstruir a partir de ellas la forma original más probable de su desarrollo, baso la siguiente discusión, en aras de la simplicidad, en una sola versión que contiene los motivos esenciales. Esta versión está tomada de la primera edición del libro de cuentos de los hermanos Grimm (1812) y se titula allí «De Juan-Muelle y Caspar-Muelle».7 El cuento dice lo siguiente:

Un rey insistió en que su hija no se casara. Mandó construir una casa para ella en la más profunda soledad del bosque. Allí debía vivir con sus doncellas y no podía ver a ninguna otra persona. Pero cerca de la casa, en el bosque, había un manantial con propiedades milagrosas. La princesa bebió de él, y la consecuencia fue que dio a luz a dos príncipes que por esta razón se llamaron Juan-Manantial y Caspar-Manantial y de los cuales uno se parecía completamente al otro. Su abuelo, el viejo rey, les hizo aprender el oficio de cazador. Crecieron y se hicieron altos y hermosos. Entonces llegó el momento en que tuvieron que abandonar su hogar y recorrer el mundo; cada uno de ellos obtuvo una estrella de plata, un caballo y un perro para llevar en su viaje. Primero llegaron a un bosque y vieron enseguida dos liebres y quisieron dispararles. Pero las liebres pidieron clemencia y dijeron que debían aceptarlas a su servicio; podrían serles útiles y ayudarles en cualquier peligro. Los dos hermanos se dejaron convencer y las aceptaron como sirvientes. Poco después llegaron dos osos, y cuando les apuntaron con sus armas también pidieron clemencia y prometieron servirles fielmente. Así se amplió su séquito.

Entonces llegaron a una encrucijada. Allí dijeron: «Debemos separarnos, y el uno debe seguir hacia la derecha, el otro hacia la izquierda». Pero cada uno clavó un cuchillo en un árbol de la encrucijada, de cuya herrumbre querían detectar cómo le iban las cosas al otro, y si seguía vivo. Luego se despidieron, se besaron y siguieron cabalgando. Juan-Manantial llegó a una ciudad. Allí todo era silencio y tristeza porque la princesa debía ser sacrificada a un dragón que asolaba todo el país y que no podía ser aplacado de ninguna otra manera. Se anunció que quien quisiera arriesgar su vida y matar al dragón tendría como recompensa la princesa como esposa, pero nadie se había presentado. También se había querido engañar al monstruo y se había enviado a la camarera de la princesa en su lugar, pero ésta se había dado cuenta enseguida y no había estado dispuesta a ir. Juan-Manantial pensó: hay que probar suerte, tal vez tenga éxito. Y se dirigió con su séquito hacia la guarida del dragón. La lucha fue enorme: el dragón vomitaba fuego y llamas y hacía arder la hierba por todas partes, de modo que Juan-Manantial se habría asfixiado con toda seguridad si la liebre, el perro y el caballo no hubieran salido a pisar fuerte y sofocar el fuego; pero finalmente el dragón tuvo que sucumbir, y Juan-Manantial le cortó las siete cabezas, luego le cortó las lenguas y se las guardó en el bolsillo. Pero ahora estaba tan cansado que al instante se acostó y se quedó dormido.

Mientras dormía, pasó el cochero de la princesa y, al ver al hombre tendido y las siete cabezas de dragón junto a él, pensó: hay que aprovechar esto. Apuñaló hasta la muerte a Juan-Manatial y se llevó las siete cabezas de dragón. Con ellas fue a ver al rey diciendo que había matado al monstruo y que presentaba las siete cabezas como prueba. La convirtió en su novia.

Mientras tanto, los animales de John-Manantial, que después del combate se habían tumbado cerca y también habían dormido, volvieron y encontraron a su amo muerto. Vieron cómo las hormigas, cuya colina había sido aplastada durante el combate, untaron a sus muertos con el jugo de un roble cercano, lo que los devolvió inmediatamente a la vida. El oso fue a buscar un poco de este jugo y se lo untó a Juan-Muelle. Éste se recuperó y al poco tiempo estaba bastante fresco y sano. Ahora pensó en la princesa que había ganado con su lucha y se apresuró a ir a la ciudad. Allí se celebraba la boda con el cochero y la gente decía que había matado al dragón de siete cabezas. El perro y el oso corrieron al castillo, donde la princesa les ató al cuello asado y vino y dijo a sus sirvientes que siguieran a los animales e invitaran a la boda al hombre al que pertenecían. Así fue como Juan-Manantial llegó a la boda, y justo en ese momento se estaba sirviendo el cuenco con las siete cabezas de dragón que el cochero había llevado consigo. Juan-Manantial sacó las siete lenguas y las puso junto a las cabezas. Así se vio que era el verdadero asesino de dragones, el cochero fue ahuyentado y él se convirtió en el marido de la princesa.

Poco después salió de caza y persiguió a un ciervo con cuernos plateados. Lo persiguió durante mucho tiempo, pero no pudo alcanzarlo, y finalmente llegó hasta una anciana, y ella lo transmutó junto con su perro, su caballo y su oso en piedra. Mientras tanto, Caspar-Manantial se acercó al árbol en el que estaban los dos cuchillos y vio que el de su hermano estaba oxidado. Enseguida decidió buscarlo, cabalgó y llegó a la ciudad donde vivía la mujer de su hermano. Pero como se parecía tanto a él, ella lo tomó por su verdadero marido, se alegró de su vuelta a casa e insistió en que se quedara con ella. Sin embargo, Caspar-Manantial siguió adelante, encontró a su hermano con su séquito convertido en piedra y obligó a la mujer a deshacer el encanto mágico. A continuación, los dos hermanos volvieron a casa. En el camino, acordaron que uno de ellos debía ser el marido de la princesa, el que sería el primero alrededor de cuyo cuello la princesa arrojaría sus brazos. Y esto le ocurrió a Juan-Manantial.

En este cuento, tenemos el retrato narrativo y pictórico de la lógica interna de la muy extraña y difícilmente accesible institución de la hermandad jurada o de sangre, en la que queremos empaparnos a continuación.

Como es sabido, el tema de muchos tipos de cuentos de hadas es cómo llegar a ser rey. Pero en los cuentos de hadas uno no puede convertirse en «rey» simplemente por nacimiento (es decir, como hijo del rey anterior) o mediante una lucha de poder. Y tampoco basta con demostrar que se tiene una gran visión política, habilidades diplomáticas y cualidades de liderazgo. En este reino, sólo puede convertirse en «rey» aquel que pueda demostrar que ha viajado al más allá y ha adquirido allí ciertos tesoros que en los cuentos de hadas se denominan, por ejemplo, el agua de la vida, el oro del otro mundo o la princesa también del otro mundo, todas ellas encarnaciones simbólicas de la luz sustancial como fuente más íntima de la vida. La principal tarea de un «rey» era, por tanto, hacer que las fuentes espirituales del otro mundo estuvieran disponibles aquí en este mundo en beneficio de su pueblo. En otras palabras, lo que los cuentos de hadas llaman «rey» es un nombre de una época posterior para lo que en realidad es algo parecido a un chamán. También nuestro cuento de hadas trata de convertirse en «rey».

Sin embargo, lo que tiene de especial es que, desde el principio, dos jóvenes de la misma clase se lanzan a conseguir el puesto de rey. En otros cuentos de hadas sobre la realeza se trata de una sola persona o de varias personas de distinta clase que compiten entre sí. Aquí los dos son hermanos de nacimiento milagroso, y se parecen completamente y están igualmente equipados. Juntos parten, abandonando su reino natal de forma parecida a como los hermanos fóstoles abandonan el pozo de césped. Pero luego cada uno sigue su camino por separado. Es lógico que el hermano mayor tome el camino de la derecha, es decir, el de las acciones corporales. El hermano gemelo menor toma, o permanece, el camino de la izquierda, el de la actividad interior. A pesar de su separación, los hermanos se mantienen en contacto, en el cuento de hadas simbólicamente a través del cuchillo en el árbol de la encrucijada, en realidad a través de la conexión interior viva establecida a través del ritual del hermano de sangre. Pero sólo uno de los dos consigue la novia y se convierte en rey a través de ella. Es esencial que desde el principio hasta el final sólo haya una mujer, una princesa para los dos hermanos.

En algunas versiones, al final de la historia se saca de la chistera a otra hermana de la heredera al trono para que el segundo hermano también se case. Pero esta última frase en esas versiones («y el hermano se casó con su hermana») es contraria a la lógica objetiva interna de este cuento. Es una invención subjetiva del narrador para satisfacer su necesidad de una simetría que, sin embargo, está totalmente fuera de lugar aquí. Una razón, o prueba, de que es un error es el significado del motivo de ser convertido en piedra: significa la muerte. El hermano mayor, sin duda, gana la novia real y se convierte en rey gracias a su lucha heroica y su victoria sobre el dragón. Pero sólo por poco tiempo. Porque ya en la noche de bodas se le aparece una señal de muerte -un resplandor de luz, un ciervo, un gallo demoníaco- y en el reino del demonio de la muerte femenino cae presa de la muerte. Otro indicio es que, según varias versiones, la función de la señal de socorro, el cuchillo oxidado, es señalar expresamente la muerte del único hermano.

En una versión rusa, los dos hermanos se llaman, de forma bastante similar a la versión de los Grimm, Ivan-Waterson y Michael-Waterson y son procreados de forma similar. Allí la bruja mata a Iván-Waterson a mordiscos, lo descuartiza, sala los trozos, los echa en un cesto y lo entierra en el bosque. La bruja del cuento de los Grimm «Dos hermanos» no es en absoluto una mujer humana con poderes mágicos. Es una diosa de la muerte, en contextos germánicos la diosa Hel. Por lo tanto, el hermano mayor, que es el primero de los dos en aventurarse en el destino, en luchar con el dragón en aras de la realeza, el primero, en otras palabras, en exponerse, sufre la muerte. Como todo lo adquirido por cada uno de los hermanos pertenece a ambos, el mayor, el orientado hacia el derecho, conquistó la corona, el reino e incluso la esposa para los dos, es decir, también para su hermano menor. Y sufre la muerte como sacrificio para completar el destino a través del hermano menor, a través de aquel que tomó el camino de la izquierda y se quedó atrás al principio. Pero luego se vuelve activo y, según el relato, trae a su hermano de vuelta a casa, a su matrimonio y a la realeza, que están disponibles sólo en singular.

¿Cómo puede el hermano menor traer al mayor de vuelta a casa desde la muerte? Es bien conocido en el mundo germánico cómo los muertos vuelven a la vida. A menudo, el nieto recibía el nombre de su antepasado y se creía que era su reencarnación. En este sentido, podría pensarse que el hermano menor devuelve a la vida al mayor: al engendrar un hijo con la mujer que el muerto le había ganado en un principio, procura una vida renovada a su hermano. Para nosotros estas ideas no son muy convincentes, pero en la época arcaica eran algo natural.

Sin embargo, no es así como se explica el suceso del cuento. Lo que ocurrió aquí es mucho más misterioso. No se trata simplemente de que el hermano menor engendrara al hermano mayor renacido. El cuento de hadas afirma expresamente que el propio hermano mayor regresó y fue el marido principal. Y el hijo que nace es realmente suyo, del hermano mayor. Para entender esto tenemos que profundizar un poco más en el pensamiento del mundo arcaico.

Algunas frases de la obra de Vilhelm Grønbech (1843-1948) Vor folkeæt i oldtiden pueden ser útiles aquí. Afirma que (entre los teutones) los parientes se reforzaban mutuamente; no eran como dos o más individuos que unen sus fuerzas, sino que actuaban con igual tacto porque en el fondo de todos ellos había un misterio que sabía por ellos y pensaba por ellos. Incluso más que eso, estaban conectados hasta tal punto que el individuo era capaz de sacar fuerzas de sus compañeros y meterse en sí mismo. Esta característica de las personas también es bien conocida por los osos, según el folclore del norte de Suecia. Un proverbio atribuido a ese inteligente animal dice: «Prefiero luchar con doce hombres que con dos hermanos». De los doce hombres, el oso puede eliminar uno tras otro; pero a los dos hermanos no puede matarlos individualmente. Y aunque uno caiga, su fuerza pasa al otro.

UNIDAD SUSTANCIAL

Con nuestra mente moderna, es probable que leamos afirmaciones como las de Grønbech de forma demasiado psicológica. La fuerza del hermano muerto pasa al otro hermano: por supuesto, así pensamos, la muerte de uno es la ocasión para que el otro se recomponga y ejerza su máxima fuerza de voluntad. Pero no es así. No es así como pensaba la mente arcaica. En la época arcaica, lo principal era la realidad sustancial del proceso: había una verdadera in-fluencia, un influjo del muerto en el vivo.

Pero incluso en nuestra época, todavía se puede experimentar algo así. En la colección de Aniela Jaffé de informes contemporáneos sobre experiencias «parapsicológicas» o sincrónicas, un antiguo ingeniero cuenta:

El 8 de abril de 1950 murió mi hermano. Había cumplido sesenta años. El 11 de abril de 1950 fue enterrado. Unos días más tarde … me fui como de costumbre a la cama alrededor de las 8 de la tarde. Mis pensamientos no estaban con mi hermano. Tal vez durante diez o quince minutos estuve tumbado de esta manera, cuando de repente apareció aproximadamente un metro y medio por encima de mí, de entre la oscuridad que me rodeaba y como si saliera de una densa niebla. De tamaño natural, con sus ropas cotidianas vino flotando lentamente hacia mí y luego se detuvo, cruzado sobre mí, sin embargo sólo la mitad superior de su cuerpo. Ahora sucedió algo peculiar. De repente algo como una niebla muy fina salió de su cuerpo (para mí visible) y al mismo tiempo también de mi cuerpo. Estas dos formas de niebla extremadamente tenues se movieron en el medio exacto entre él y yo, mientras fluían completamente la una en la otra. Y como tal, unida, esta forma volvió a mi cuerpo.

Todo el proceso duró tal vez un minuto y sin ningún ruido y sin causar ninguna sensación. En el momento en que esta «niebla» o «espíritu» o como se llame tal aparición había desaparecido completamente en mi cuerpo, también mi hermano desapareció de nuevo, silenciosamente, como había venido.

A menudo he pensado en esta experiencia y me he preguntado cómo hay que entender todo esto, pero no puedo dar una respuesta definitiva. También pregunté a nuestro ministro, pero también sin éxito ….8

Podemos comparar esta experiencia moderna con un pasaje del poema épico del alto alemán medio llamado Eckenlied. En las dos estrofas de este pasaje tenemos la rara ocasión de que se haya conservado una sustancia muy antigua en una obra literaria medieval, y es bastante revelador que en una versión más corta de esta obra se hayan omitido estas dos estrofas.

Esta epopeya es un tratamiento de la leyenda de Dietrich. Cuenta cómo un joven guerrero llamado Ecke, que lucha al servicio de una joven, obliga a Dietrich von Bern (el personaje legendario, que en la historia era en realidad Teodorico el Grande) a luchar con él y cómo Dietrich tiene que matarlo en contra de sus propias intenciones. Entonces se encuentra con Vasold, el hermano de Ecke, que le reta a luchar como vengador de su hermano. En esta situación intercambian las siguientes palabras:

Dietrich: «Que Dios me proteja de ti: ¡eres un guerrero rojo [ein roter Degen]! El corazón de Ecke se ha metido en ti, aunque yacía en el bosque como un cadáver cuando me alejé de él. No me conviene que me ataques como dos. Déjalo, deja a tu Geselle [camarada, hermano de armas] fuera de esto. Si te enfrentaras a mí solo, esto sería verdaderamente audaz».

Vasold: «¿Por qué me acusas de tener dos corazones? En ti también está el corazón de Diether, el corazón de tu maravilloso y valiente hermano con el que juntos habéis salido del mismo vientre de mujer. En el momento en que el valiente Wittich lo mató en el campo verde de las afueras de Rávena, ¡su fuerza entró en tu cuerpo!»

Estas dos estrofas son un precioso fragmento de concepciones muy antiguas. La fuerza de los muertos, de Diether y Ecke, está presente en sus hermanos vivos, en Dietrich y Vasold, respectivamente. Se ha introducido en sus cuerpos y, de este modo, actúa en ellos en conjunción con su propia fuerza. Y esta fuerza no es nada abstracto, «fuerza» o «energía» en nuestro sentido moderno. No, es el corazón mismo de los muertos.

Esto debe entenderse en un sentido verdaderamente sustancial. El «Reginsmál» de la Edda puede ayudarnos a acercarnos a una comprensión sustancial de lo ocurrido. En este poema, Sigurd ha matado a Fafnir, el dragón instigado por Regin, aparentemente para vengar al padre de Regin, al que Fafnir había matado por el tesoro, pero en realidad porque Regin ansía el tesoro para sí mismo. Es un clan de asesinos demoníacos. Regin sólo necesitaba matar a Sigurd para tener el oro para sí mismo. Al mismo tiempo, su asesinato de Sigurd sería la venganza fraternal para Fafnir, que había sido asesinado por Sigurd. Por esta razón, Regin quiere comer el corazón de su hermano Fafnir, y Sigurd tiene que asarlo para él. Pero este corazón no es un simple trozo de carne de dragón. Es mucho más. El texto se refiere a él como fjörsegi fránn, que es difícil de traducir porque hemos perdido la palabra fjör, que aún existía en el alto alemán medio como verch, «vida, o carne como sede de la vida», y en el inglés antiguo como feorh, que suele traducirse como «vida, espíritu, alma». Fjörsegi por sí solo es literalmente la tira o trozo de «vida», positivamente algo así como el «músculo de la vida», y como tal se refiere al corazón; fránn significa «brillante». Pero, en conjunto, el verdadero significado interno de la frase quizás podría traducirse mejor como «el trozo brillante de fuerza vital, de la sustancia vital«. Esta unidad de fuerza vital sustancial encarnada no es, sin embargo, un mero componente del cuerpo de un individuo, como la anatomía o la cirugía modernas conciben el corazón. El fjör, feorh o verch es a la vez una parte del cuerpo individual y del cuerpo cósmico, hecho que se hace evidente cuando consideramos que fjör y verch están estrechamente relacionados con el gótico faírhvus, que significa «mundo» y es utilizado por Ulfilas para traducir la palabra griega kósmos. La vida y el mundo están conectados. El feorh o verch tiene una dimensión cósmica; el «corazón» como fuerza vital resplandeciente es la encarnación en un individuo de una fuerza cósmica. Si así se entendía el corazón en la época arcaica, entonces queda claro por qué Regin quería comerse el corazón de Fafnir, y también por qué en principio se consideraba posible tener una segunda vista, o comunicarse telepáticamente, u obtener conocimiento del futuro, en otras palabras, por qué podían darse esos fenómenos que Jung habría llamado «sincrónicos». A través del feorh o verch, el cuerpo individual estaba, según esta postura en el mundo, en contacto directo con el cosmos. La unidad era ontológica. Al menos esto es lo que debe concluirse de una reconstrucción de cómo se experimentaban y entendían estas cosas en tiempos arcaicos.

En cualquier caso, Regin planea acoger e integrar el fjör de su hermano Fafnir, que tiene forma de dragón, y así obtener el poder de vencer y matar a Sigurd, es decir, vengar a su hermano, de forma parecida a lo que pretende hacer Vasold, que tiene el corazón de Ecke en su interior. Pero como sabemos, Sigurd, mientras asa el corazón, lo toca con la punta del dedo para ver si está hecho. Su dedo se quema en el proceso, así que se lo lleva a la boca, y de esta manera un poco de la sangre de Fafnir llega a su lengua. Para su asombro, de repente puede entender la voz de un pájaro sobre su cabeza y de esta manera se da cuenta de las intenciones asesinas de Regin. A través del corazón de los muertos, se había abierto a la voz del mundo, a la dirección del destino.

VENGANZA DE SANGRE: REDEMPTIO EX INFERIS

Si Regin hubiera matado a Sigurd, habría entrado en posesión del tesoro del dragón. Pero lo que es más importante para nosotros es que sólo así habría obtenido realmente la «pieza brillante de fuerza vital». Al condenar a muerte al asesino de su hermano, habría sustituido al hermano muerto por una víctima de sacrificio, Sigurd, devolviendo así la vida a su hermano.

Este es el epítome de cómo «funciona» la venganza de sangre: el vengador envía al asesino asesinado a la deidad de la muerte y a cambio recibe de vuelta a su hermano muerto. El más joven se venga del mayor matando al asesino de este último y le arrebata así el alma de su hermano, o se la reclama a la deidad de la muerte consagrando el alma del asesino a la deidad. Esto nos revela el verdadero propósito de la hermandad de sangre. En virtud de la venganza de sangre, su objetivo último es hacer que el alma del hermano muerto siga viviendo en el cuerpo del hermano vengador. En este sentido es, pues, como lo cuenta el cuento de hadas: los hermanos vuelven juntos a la única novia. De ello se deduce que el matrimonio del hermano mayor no queda anulado por su muerte, sino que continúa su matrimonio en la persona de su hermano menor, y en y a través de su hermano gobierna como rey, y engendra un hijo o una Erbtocher (hija como heredera al trono),9 si hay descendencia de este matrimonio. Por el contrario, el hermano menor tiene la ventaja de que, como rey, no sólo es él mismo, sino que también está animado por un alma del reino de los muertos y, en este sentido, podría decirse que gobierna ambos mundos.

Lo que se ha descrito aquí es la redemptio ex inferis, la recompra o el rescate del inframundo. Ahora bien, cabe destacar que también en el cristianismo la salvación de los muertos se designa con una palabra del lenguaje comercial y el Cristo se llama Redemptor (redentor), una palabra que originalmente se refería a un contratista, un proveedor, un agricultor de ingresos, y que sólo en el latín cristiano tomó el significado de Salvador.

A estas alturas hemos llegado a comprender en qué sentido sustancial -incluso ontológico- el muerto vuelve a casa a través de la venganza de sangre, y también podemos entender de qué manera el hermano mayor del cuento se libera de su aprisionamiento en la piedra, cómo él mismo vuelve con su novia y es capaz de regenerarse engendrando un hijo. Pero esto también nos aclara que un «seguro de vida» en forma de promesa mutua de venganza tenía un peso extraordinario para los hombres de la época arcaica, que tenían que enfrentarse a las incertidumbres de los duelos y la guerra. El vínculo de la venganza, sin embargo, aporta la mayor ganancia a quien, como superviviente, ejecuta la venganza. Porque entonces encierra en su pecho un segundo corazón además del suyo. Adquiere un compañero de armas permanente bajo la apariencia de su hermano jurado muerto. El vivo está «poseído» por el hermano muerto. Pero esto no es en absoluto algo malo, no es una posesión kakodemónica, maliciosa. Es agatodemónica, benévola. Esto no era nada inusual para aquellos tiempos; era algo generalmente conocido, típico y esperado, como se puede ver en las palabras de Dietrich en el Eckenlied citado anteriormente: «¡Eres un guerrero rojo!» Evidentemente, se trataba de un término técnico para designar a una persona poseída por el alma de su hermano de sangre, lo que concuerda con el hecho de que el color de la muerte y de los muertos era rojo desde el Paleolítico en adelante y en amplias zonas de Eurasia. El valor y la fuerza de este guerrero victorioso se debían también, en parte, a que el verdadero guerrero era el muerto, y el vivo no era más que su medio. Sabemos por otros contextos en Germania de guerreros consagrados, wigands, y de guerreros que luchaban en enthousiasmós, los llamados berserkers. Sin embargo, ya no se puede determinar si éstos estaban poseídos por las almas de los muertos.

LA IMAGEN MÍTICA

La pareja de guerreros con el particular destino de vida y muerte y con una sola esposa parece remontarse a los tiempos indoeuropeos y reflejarse en el mito de los dioses gemelos. Los más conocidos para nosotros son los Dioscuros griegos, Kastor y Polydeukes, cuyo mito está relacionado en muchos aspectos con el de su hermana Helena. Aunque esta hermana no sea su esposa, es notable que los Dioscuros sean representados en numerosas imágenes de culto simétricamente a ambos lados de una mujer que aparentemente no es su hermana, y de hecho en algunas tradiciones no lo es explícitamente. También es significativo que cada uno de los dos tenga una relación diferente con la muerte. Kastor es mortal y al morir desciende al inframundo; Polideukes sube al Olimpo. Sin embargo, por amor fraternal, alternan entre residir un día en las alturas y otro en las profundidades.

Una relación similar con la «novia» se encuentra también en la pareja de los Hijos del Sol de Letonia, que vienen montados en sus caballos para cortejar a la Hija del Sol. O bien son ellos mismos los pretendientes, o bien son los amigos que entregan la novia a la Luna. Asimismo, el motivo de una pareja de hermanos con una sola novia aparece con los dioses gemelos hindúes, los Asvins. La carreta con la que van a buscar a la Hija del Sol se llama por esta razón de tres plazas en el Rigveda. En la segunda gran epopeya de los hindúes, el Ramayana, los hermanos Rama y Lakshmana también están unidos a una sola mujer de talla mítica, Sita, que desciende de un surco. También aquí la relación de los hermanos con la muerte es fundamentalmente diferente. Hasta ahora no se ha ofrecido ninguna explicación satisfactoria para esta extraña y notable unión de las dos deidades gemelas indoeuropeas con una sola figura nupcial. La solución más probable al rompecabezas es el mito de la pareja de hermanos de sangre, cuyos destinos de muerte y vida están entrelazados, y de los cuales uno debe morir para hacer posible que el otro, a través de su victoria vengadora, obtenga la novia de la vida.

También parece remontarse a la época indoeuropea un dicho que se refiere a una pareja de guerreros y que coincide con la sabiduría de los osos citada por Grønbech (mencionada anteriormente). La máxima se encuentra en el alto alemán medio: «Zwêne sind eines her», y aparece en una forma bastante similar en la Edda Poética como «Tveir ro eins herjar«. El significado de este dicho es, obviamente, que dos guerreros amenazan a uno solo como un ejército entero o, en la Edda, incluso como ejércitos.

Dada esta interpretación, el nombre de los guerreros de Odín, tan difícil de interpretar, se hace comprensible de forma notable: einherjar (singular: einheri). Eran guerreros que cada uno, como individuo, ya equivalía a un ejército. En la Crónica Suaba de Martin Crusius, se menciona a un gigante llamado Einheer o Einotheer, nombre que tiene el mismo significado, a saber, «aquel que por sí solo cuenta tanto como todo un ejército».

En la tradición griega, la sabiduría del oso toma la forma: «Contra dos ni siquiera Heracles puede hacerlo». Se trata de una alusión a una derrota particular sufrida por Heracles que entra en el ámbito de nuestro tema, a saber, su derrota frente a las Moliónidas, un par de gemelas guerreras de carros que nacieron de un huevo plateado y se unieron por la cadera.

UNA SANGRE, UNA MENTE

Hasta ahora ha quedado claro cuáles eran las consecuencias del vínculo entre hermanos de sangre, hasta e incluso más allá de la muerte. Ahora tenemos que volver una vez más al requisito previo de este vínculo, el ritual de la sangre. Habiéndonos familiarizado con las secuelas de este ritual, estamos en mejores condiciones de comprender sus fundamentos. Los historiadores del derecho ven en la hermandad jurada el establecimiento de una relación familiar creada artificialmente. Pero en la vida ritual no hay artefactos. Sólo hay una profundización o intensificación de lo real. También es significativo que la hermandad jurada no se extienda más allá de los dos hermanos en las familias de cada uno.

Hay un ejemplo trágico de este hecho en la Thorsteinssaga Vikingssonar. En ella, Njörfi, rey de Uppland, y el vikingo Vifilsson establecen un vínculo fraternal. Más tarde, estalla una sangrienta disputa entre sus respectivos hijos, y el último hijo de Njörfi también decide ponerse en contra de Viking. El hijo le dice a su padre: «No podría soportar que la matanza de mis hermanos se me pegara, y esto lo digo sin dudarlo: Vikingo no tendrá paz conmigo, ni con sus hijos, y mientras no estén en el inframundo, no me rendiré» -Así que su padre le responde: «Entonces es mi responsabilidad demostrar quién de los dos tiene amigos. Pues con todos los que me sigan me pondré a proteger al pueblo vikingo. Porque considero importante que no te conviertas en el asesino de Vikingo. Porque de lo contrario tendría que hacer una de estas dos cosas: o hacer que te maten, y eso me daría mala reputación, o romper mis juramentos de vengar a Vikingo en caso de sobrevivirle».

¡Un terrible enredo! Un dilema semejante ocurre también en la leyenda de Sigurd. Gunnar y Sigurd son hermanos de sangre, pero la esposa de Gunnar, Brynhildr, le convence de que se vengue de Sigurd por haberla traicionado. Así, Gunnar se convierte en el iniciador del asesinato de su hermano, si no en el verdadero culpable. La consecuencia predestinada es, inevitablemente, un terrible baño de sangre.

Otro ejemplo de aberración entre hermanos jurados es el Hjaðningenwíg, la lucha de Hedin y Högni, dos hombres que entran en el vínculo de los hermanos, pero que luego se enemistan hasta llegar a una batalla mortal. Cada noche, Hild, que es la hija de Högni y la esposa de Hedin, despierta a los dos hombres muertos, que se han convertido en piedra, y deben luchar de nuevo, repitiendo este ciclo para siempre hasta el Ragnarök.

Pero, ¿qué significa la hermandad de sangre, si no es la creación de una relación familiar artificial o la aceptación en otro clan? Pues significa precisamente lo que se consigue en última instancia con la muerte de uno y la venganza de sangre del otro: la unión. Los dos individuos renuncian a su existencia personal, individual; los dos, al mezclar su sangre en la tierra, unen el fjör o verch de cada uno en la tierra del cosmos. No es sólo que tengan en común todas sus posesiones, tanto las adquiridas como las no adquiridas. Ahora también tienen juntos una sola vida y un solo destino, una vida que es más grande de lo que sería cada una de sus vidas individuales. El golpe de la muerte golpea a ambos, pero en la venganza victoriosa del uno, los dos vuelven a la vida. El cuento de los «Dos Hermanos» presenta esto de forma imaginaria como la conversión en piedra y la liberación de esta petrificación. La petrificación significa que el hermano desaparece de la existencia corporal; la liberación del hechizo significa que sigue viviendo en la existencia corporal del otro hermano.

Pero la posibilidad de renunciar a la propia existencia individual en favor de una existencia común en la hermandad de sangre, una existencia común en un sentido sustancial, debió ser que uno no se definiera definitivamente como y no tuviera desde el principio la constitución de una personalidad individual autocontenida. Esto es lo que tiene de único la condición psíquica arcaica. El hecho de que un individuo, como cuerpo visible y semejante a una cosa, fuera una entidad separada no tenía una importancia definitiva. No tenía su sustancia (en el sentido filosófico, metafísico) en su condición de organismo biológico. El hombre arcaico no se dejaba impresionar demasiado por esas realidades aparentes y ónticas («realidad» del latín res, que significa «cosa»). Ontológicamente, su identidad no estaba fijada de una vez por todas y confinada en su marco corporal individual. El hombre tenía su verdadera sustancia, su propio ser, su ser último no en sí mismo, sino en algo más grande, en la realidad cultual que lo abarcaba y en la que tenía su lugar. Por eso era posible, mediante actos cultuales especiales, que dos individuos se fusionaran en uno solo, a pesar de que al principio seguían estando visiblemente en dos cuerpos separados. Y también es la razón por la que, por la misma razón, la frontera entre la vida y la muerte no era nada definitiva. La nueva identidad de los dos, es decir, una identidad que los comprendía a ambos como individuos sublimados, no se disolvió con la muerte del uno; al contrario, se completó y se realizó plenamente con esa muerte, porque mediante la muerte del uno y la venganza de sangre realizada en su nombre, la única identidad común (dual) se convirtió finalmente también en una realidad corporal visible: el guerrero rojo. Un cuerpo, un yo, pero compuesto por dos.

La individuación, el llegar a ser uno mismo, el autodesarrollo no podía ser una meta en estas circunstancias. Estos objetivos sólo podían surgir en las condiciones modernas, cuando las cosas se habían psicologizado, subjetivizado y positivizado hacía tiempo.

A los modernos nos resulta muy difícil sintonizar con ese pensamiento. Estamos demasiado influenciados por las impresiones de la realidad. Nuestro pensamiento es fundamentalmente positivista; nos aferramos a lo positivo-factual. Vemos cuerpos separados y esto proporciona la base última e ineludible de nuestra ontología. El hecho de que existamos como organismos individuales biológicamente distintos establece un límite que, para nosotros, no puede ser superado, al igual que la línea entre la vida y la muerte es, para nosotros, absoluta, insuperable. Nuestra existencia biológica determina nuestro sentido de la «sustancia», del yo y de la identidad. Por eso nunca podríamos concebir una hermandad de sangre en el sentido antiguo, o una venganza de sangre. Sería imposible para nosotros. Incluso si tratáramos de imitar lo más fiel y exactamente posible el ritual arcaico del hermano, no funcionaría, porque ya no tenemos nuestro locus en esa ontología arcaica que sería el prerrequisito para que tales rituales llegaran a ser verdaderos y reales. Tendrían que ser imitaciones falsas. Tenemos nuestro locus real e ineludible en nuestros cuerpos físicos y no en una realidad cultual abarcadora como nuestra realidad primaria. Y por eso tenemos que pensar, no podemos evitar pensar, en términos de individualidad personal, y por eso tenemos que enfatizar -si no queremos volvernos excesivamente individualistas- la comunicación, la socialización, las relaciones, la intersubjetividad, el trabajo en equipo, el amor. Todo esto se basa en la ontología del individuo.

Es cierto que podemos pensar, como hizo Jung, en un inconsciente colectivo. Pero esta noción sigue siendo una idea en el campo teórico delimitado de la psicología, que tiene vida real alrededor y fuera de sí misma. No toca ni expresa nuestra ontología vivida, nuestro verdadero sentido de la sustancia o de la realidad. La fusión real y verdadera de dos cuerpos en uno solo no es factible para nosotros. Por eso, incluso el inventor de la idea del inconsciente colectivo tuvo que centrarse en el individuo y en la individuación como verdadero objetivo y, por tanto, mantenerse fiel al cuerpo físico (positivo-factual) como norma y medida última.

En lenguaje lógico podríamos decir que para el hombre arcaico conceptos como «vida», «identidad», «yo», no eran universales abstractos, sino como universales -como realidades sustanciales no positivas-factuales, sino lógicamente negativas-concretas. El hombre arcaico no era meramente (como los filósofos de la controversia medieval sobre los universales en la tradición neoplatónica) un realista en su pensamiento teórico (no «teorizaba» en primer lugar), sino que realmente vivía la vida en un sentido muy práctico en el nivel del Concepto como real, envuelto en la realidad de los universales. Vivió el Realismo (de los universales). Era para él la constitución autoevidente e incuestionable del mundo. También podríamos decir, desde nuestro punto de vista moderno, que aún no había nacido de él, que aún no se había liberado de la negatividad absoluta en un modo «positivista» de ser-en-el-mundo y en la (¡lógica!10 ) soledad y separatividad absolutas de la individualidad. Todavía no había sido confinado en su cuerpo ni definido ineludiblemente por él. Por eso podía realizar rituales en el verdadero sentido, mientras que lo que hoy podemos llamar rituales son en realidad meras ceremonias, representaciones, espectáculos. Son meramente «simbólicos», ya no ontológicos,11 y «estéticos», ya no son reales. La razón es que ahora son promulgaciones inevitablemente «positivistas» que como tales ya no tienen el poder en y por sí mismas de superar sus propios opuestos: como actos en la vida, la esfera de la muerte; como comportamiento positivo, la negatividad psíquica; como eventos individuales, lo Universal. Pueden afectar y conmover emocionalmente al psiquismo subjetivo, pero no inciden ni alcanzan el alma objetiva, el alma o la lógica de la realidad.

He subrayado el hecho de que el hombre moderno está, en su concepción, por principio encerrado en su cuerpo biológico. Este es el análogo físico del hecho de que lo psíquico en sí mismo es, correspondientemente, definido fundamentalmente como imagen, idea, concepción, sentimiento, emoción, deseo -en otras palabras, como si en principio tuviera la realidad, lo «físico», fuera de sí mismo. Jung, por supuesto, no sólo introdujo la idea del inconsciente colectivo, sino que también nos enseñó a pensar en la psique objetiva. Pero si la imagen se considera subjetiva y personal u objetiva y arquetípica, aunque esta distinción sea ciertamente esencial y de gran alcance, no supone una gran diferencia en nuestro contexto, porque en última instancia no se extiende ni abarca los alcances ontológicos del alma, y mucho menos lo real mismo, que a priori constituía la realidad ritual y cultual en la que vivía el hombre arcaico. Podemos soñar en nuestra mente con un «anima mundi», pero esto (el sueño de nuestra mente sobre un alma mundial o unus mundus) no es como un fjör o verch, que es, de hecho y a priori, cósmico.12 El hombre arcaico no sólo vivía «la diferencia psicológica», la diferencia entre el organismo humano y el alma, sino que era, lo que es mucho más, esta diferencia en su propia definición y a priori, mientras que para nosotros la diferencia psicológica no es inevitablemente más que una posición metodológica que podemos adoptar a veces, y cuya adopción requiere, como muestra la experiencia, cierto esfuerzo y plantea bastantes dificultades. Como punto de vista metodológico, la diferencia psicológica está para nosotros siempre superada por nuestro a priori de ser definidos como hecho positivo, como organismo biológico, un organismo que simplemente tiene una psique, una mente, y quizás también «alma» y «espíritu». El alma -esta es nuestra situación actual- está dentro de nosotros, y lo que está fuera, el mundo, el cosmos, es un vis-à-vis para nosotros.

Por eso, cuando oímos un informe como el mencionado anteriormente de la colección de Jaffé sobre el antiguo ingeniero que experimentó la fusión en una de las «nieblas» o «espíritus» procedentes de una aparición de su hermano muerto y de él mismo y la entrada de ese producto de unificación en él mismo, podemos aceptarlo como un hecho, un relato verdadero de una experiencia real, pero seguirá siendo, sin embargo, absolutamente extraño para nosotros, un acontecimiento extraviado, al igual que para el propio ingeniero (no podía entenderlo). No podemos dudar de esta experiencia, pero tampoco podemos creerla realmente, como creemos en los acontecimientos ordinarios, al menos si somos sinceros con nosotros mismos. Es absolutamente ajeno a nuestro pensamiento y no puede integrarse en la ontología que vivimos o como la que existimos. Es cierto que la teoría de la sincronicidad de Jung puede ofrecernos una explicación racional. Pero esta explicación, incluso si la «compramos», sigue siendo para nosotros una teoría tan elevada y meramente intelectual como el propio acontecimiento sigue siendo una experiencia meramente subjetiva. No se apoya en lo que somos. Y por eso, aunque sea perfectamente correcta, no es verdadera. Por la misma razón, todas las personas que hoy en día hacen un uso oracular del I Ching, por ejemplo, cometen inevitablemente un sacrificium intellectus, violan su propia verdad: la verdad que son.13 Es probable que los modernos podamos reconstruir intelectual y empáticamente en cierta medida la psique arcaica. Pero seguimos separados de ella por un abismo.

SINCRONICIDAD

Los hermanos jurados, al unir mutuamente su feorh en la tierra del cosmos, renuncian a su individualidad separada y se convierten en uno solo (aunque visiblemente sigan siendo dos). De ello habría que concluir lógicamente que un golpe del destino que le ocurriera a uno de los hermanos se haría sentir inmediatamente también al otro. No son realmente dos. Son uno y tienen una sola vida en común. Esto significaría, expresado en nuestro lenguaje moderno, que tendría que haber una conexión clarividente o telepática entre ellos. Esto es, de hecho, lo que se documenta en el material arcaico.

En los cuentos de hadas, la misteriosa conexión se concreta en el signo de angustia o muerte que los hermanos acuerdan, en el cuchillo que clavan en un árbol, en la planta que plantan en la tierra con el único fin de ser un signo. Y el único hermano está siempre presente de inmediato cuando la señal habla de la angustia del otro. Esto parece milagroso. En los cuentos de hadas no se explica y, por tanto, parece una mera coincidencia. Pero también podríamos comprenderlo como un acontecimiento sincrónico en el sentido de Jung, como una coincidencia temporal que surge de una conexión en el sentido del mundo.

En la variante de Lillekort del cuento de los hermanos gemelos, basta con que un hermano llame para que el otro se ponga en marcha de inmediato. Algo análogo ocurre en un cuento de hermanos gemelos de Yakut. Uno de los hermanos está en peligro de ser vencido en una pelea con un demonio; llama a su hermano menor, y en seguida éste está presente, agarra al demonio por el pelo y lo mata. Este motivo se desarrolló con especial cuidado en una transformación medieval del cuento de los hermanos gemelos en una historia que se asemeja a una leyenda cristiana, el cuento de Amicus y Amelius. En la versión francesa, Amiles ha caído en una situación de peligro mortal. Sólo su amigo, Amis, puede rescatarlo de sus dificultades. Este último tiene un sueño angustioso en el que ve al otro, Amiles, amenazado por un cortesano traidor. Inmediatamente salta, desnudo como está, de su cama a su espada. Al mismo tiempo, Amiles parte a caballo para pedirle a su amigo que se bata en un duelo que no puede librar él mismo. En su camino, llega al prado donde los dos hermanos intercambiaron una vez su promesa de lealtad. Aquí toma la extraña decisión: «Como este lugar es tan bello y tan floreciente y por amor a mi amigo, dormiré aquí un poco para que Dios me envíe a mi camarada Amis y pueda oír noticias sobre él por las que pueda saber si está vivo o muerto». Pero mientras tanto, el propio Amis había salido a caballo a causa de su sueño de ansiedad y llega exactamente en ese momento al prado y, despertando a Amiles, se presenta ante su amigo en persona como ayudante en la necesidad. El intercambio de papeles tiene lugar de inmediato en ese prado, es decir, en el terreno del juramento del vínculo fraternal.

Lo que falta hasta ahora es alguna información textual según la cual la concordancia sincrónica de los hermanos separados físicamente se atribuya al propio ritual de sangre. Aquí tenemos que conformarnos con un informe de tiempos relativamente tardíos, del siglo 17 y los inicios del estudio de las antigüedades nórdicas en Copenhague. El médico Thomas Bartholin, a quien debemos este informe, enseñaba en la Universidad de Copenhague al mismo tiempo que Ole Worm, el conocido coleccionista de manuscritos nórdicos e impulsor de la investigación de la vida y la cultura de la antigua Escandinavia. Por ello, lo que nos cuenta Bartholin puede basarse, al menos parcialmente, en conocimientos tradicionales mucho más antiguos. Nos informa de una práctica que seguía vigente en su época, aunque el propósito y el procedimiento parecen estar ya muy racionalizados. En un ejemplar impreso hace unos dos siglos, su informe dice lo siguiente

Una persona se corta el brazo izquierdo con la punta de un cuchillo hasta que sangra y se lava cuidadosamente la sangre con una esponja; la otra persona también se hace un corte en el dedo de oro o anular y deja caer una gota de sangre de este corte en la herida de la primera persona, con lo cual la primera persona se venda el brazo y la otra el dedo, y permanecen así hasta que las heridas de ambas están completamente curadas. A continuación, la segunda persona se hiere el brazo y la primera el dedo, y después de que una gota de sangre del corte del dedo haya goteado en la herida del brazo, tanto el brazo como el dedo se mantienen vendados de nuevo hasta que estén completamente curados. Si una de estas personas, por muy alejada que esté de la otra, pincha ahora con una aguja la cicatriz de la herida cerrada, la otra persona siente simultáneamente el mismo pinchazo. Si, además, se ponen de acuerdo de antemano en lo que significa el primer, segundo, tercer, etc. pinchazo, entonces una persona puede, en cualquier momento, hacer saber a la otra su estado u otras circunstancias.

El propio Bartholin afirma,

He conocido a amigos íntimos que se transmitían mutuamente las noticias por medio de la sangre de su camarada, y esto aún persistía, por medio de ciertos signos conmemorativos, cuando estaban lejos el uno del otro, y cada uno por su cuenta. También se dice que este fue el caso entre Corfitz Ulfeldt y su esposa Ulrica Eleonora.

Ulrica Eleonora era hija del rey danés Cristianos IV; Ulfeldt, yerno de éste, alcanzó una posición destacada en Dinamarca y también fue nombrado conde imperial alemán por el emperador Fernando en 1641. Sin embargo, se hizo impopular en su país de origen, se vio obligado a huir a Suecia (entonces enemiga de Dinamarca) en 1653, y llevó una vida inquieta y peligrosa durante los 11 años siguientes hasta su muerte en Alemania en 1664. El informe de Bartholin se imprimió en 1673, es decir, nueve años después de la muerte de Ulfeldt. Es lógico que a este último le resultara muy conveniente tener una conexión telepática con su esposa para transmitirle noticias durante todas sus andanzas políticas.

Para nosotros vale la pena señalar que en la descripción de Bartholin del ritual falta una característica antigua, a saber, la mezcla de la sangre en la tierra. La conexión se establece en un contexto personal intencionado, ya no en un marco de referencia cósmico. La base ontológica y el trasfondo se han perdido. Y el hecho de que sirva únicamente como medio utilitario de transmisión de noticias disminuye aún más su correspondencia con el vínculo de destino establecido para el caso de una emergencia y muerte definitivas. Sea como fuere, el informe de Thomas Bartholin equivale a una confirmación tardía y algo unilateral de la preocupación sincrónica inherente al antiguo rito de sangre de la hermandad jurada.

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Hemos examinado el ritual del hermano de sangre casi exclusivamente en un contexto europeo, incluso específicamente germánico. Para concluir esta discusión sobre la hermandad jurada en sí misma, y como una especie de epílogo a la misma, menciono un informe de un ritual de hermano jurado de una parte muy diferente del mundo, China. Se trata de la famosa historia del juramento en el jardín de flores de melocotón del drama épico histórico Tres Reinos.

propuso Chang Fei: «Detrás de la granja hay un jardín de melocotones. Las flores están en su máximo esplendor. Mañana debemos hacer allí ofrendas al Cielo y a la Tierra, declarando que los tres nos unimos como hermanos, combinando fuerza y propósito.» A esto accedieron Liu Pei y Kuan Yü. Al día siguiente prepararon sus ofrendas, que incluían un toro negro, un caballo blanco, vino y otras ofrendas de sacrificio. En medio del incienso ardiente, los tres hombres hicieron una reverencia y pronunciaron su juramento: «Nosotros tres, Liu Pei, Kuan Yü y Chang Fei, aunque de ascendencia distinta, nos unimos ahora en hermandad, combinando nuestra fuerza y propósito para aliviar la crisis actual. Nos comprometemos a cumplir nuestro deber con el Emperador y a defender a la gente común del país. No nos atrevemos a esperar estar siempre juntos, ¡pero el mismo día nos proponemos morir! Resplandeciente Cielo imperial, fecunda Reina Tierra, sed testigos de nuestra determinación, y que dios y el hombre azoten conjuntamente a quien de nosotros falte a su deber u olvide su obligación». Hecho el juramento, Liu Pei se convirtió en el hermano mayor, Kuan Yü en el segundo y Chang Fei en el menor. Una vez concluida la ceremonia del sacrificio, descuartizaron el toro negro como sacrificio al Cielo y el caballo blanco como sacrificio a la Tierra.14

El motivo de la venganza está ausente, pero estaba anclado en la costumbre general; sin embargo, se destaca la unidad en la muerte. En el curso posterior de los acontecimientos, el motivo de la venganza aparece, después de todo, cuando Liu Pei busca vengar a Kuan Yü (que ha sido ejecutado) porque es su hermano jurado, aunque él mismo muere en el intento.

LA DEVOTIO DEL CÓNSUL P. DECIUS MUS

Entre los romanos de la antigüedad, existía una costumbre muy antigua que no pertenece exactamente al tema de la hermandad jurada, pero que, sin embargo, está relacionada en algunos puntos esenciales, especialmente en lo que se refiere al papel de la muerte.15 Merece la pena discutirla aquí porque arroja una luz sobre la realidad arcaica, sobre la constitución arcaica del alma. Lo que pone de relieve es ese aspecto particular que es el más importante para mí en este trabajo, la ontología arcaica, que da primacía a la realidad cultual que todo lo abarca frente a la existencia positiva-factual de los humanos en cuerpos separados o como organismos separados, junto con la interacción de la vida y la muerte. La antigua costumbre romana a la que me refiero es la devotio.

Hoy conocemos la devoción en el sentido de reverencia, adoración, etc. También hablamos de objetos de devoción. Debemos olvidar este pálido significado. Primordialmente, y por tanto también en relación con el ritual que se va a tratar aquí, devotio significaba algo muy distinto, algo mucho más serio y sombrío: la consagración de uno mismo o de otra persona a los dioses inferiores, a los muertos, es decir, un sacrificio.

Al tratarse de un sacrificio, no podemos esperar encontrar el motivo que era tan esencial para el ritual de la hermandad de sangre: el motivo de la venganza de sangre. La devoción no es una venganza por el asesinato de otra persona. No es el establecimiento de un vínculo a largo plazo en preparación de una eventualidad que podría surgir muchos años después. Se trata más bien de un ritual empleado «in situ», por así decirlo, en una situación concreta y con un propósito muy específico aquí y ahora. Y, por lo tanto, tiene su significado y encuentra su realización en sí mismo. ¿Cuál es el propósito de la devotio? Es la victoria sobre el enemigo. Para obtener esta victoria, un general romano se consagró al inframundo.

Tenemos conocimiento de la costumbre de la devotio sólo por tres casos en los que se dice que realmente se ha llevado a cabo o se ha intentado, y por unas pocas observaciones generales que Livio añade a sus descripciones. El primero de estos casos ocurrió en la batalla de Veseris, un pequeño río o pueblo en las cercanías del Vesubio, en el año 340 a.C.; el segundo en la batalla de Sentinum, en el año 295 a.C., durante la Tercera Guerra Samnita; y el tercero en Asculum, en el año 279 a.C., durante la Guerra Pírrica. En el tercer caso, sin embargo, la intención no se llevó a cabo.

Las tres «víctimas» del sacrificio procedían de la familia de los Decii; eran padre, hijo y nieto. Probablemente esto no se debió a una antigua tradición de sacrificio hereditario en esta familia, como la que encontramos en algunos lugares, donde en caso de emergencia estatal los clanes individuales están obligados a sacrificar. Es más probable que los dos casos posteriores fueran el resultado de un deseo por parte de los descendientes de emular el sacrificio ejemplar de su antepasado, Publio Decio Mus. El sacrificio del hijo en Sentinum, en cualquier caso, parece haber surgido de una disposición nerviosa y romántica, y se acerca más a la tradicional muerte en batalla de ciertas familias de oficiales prusianos que a cualquier obligación sacrificial antigua y heredada, completamente independiente de la elección, la voluntad, la actitud heroica o la indiferencia personal ante la muerte. El sacrificio de su padre, por el contrario, parece estar arraigado y apoyado en una tradición mucho más antigua. En el caso del padre, el significado cultual fue el factor decisivo. Su sacrificio no surgió de la valentía o el heroísmo personal, sino que fue una necesidad cultual objetiva. Sería incluso un error de interpretación si dijéramos que él vio tal necesidad y decidió aceptarla, asumirla. Más bien, seguía estando informado por un modo culto de ser-en-el-mundo y, dada una determinada situación real, esta realidad culta le reclamó y le hizo sacrificarse. Era el verdadero objeto de su acción. Una decisión por su parte, ya sea a favor o en contra, no entraba en el cuadro en absoluto. No fue una cuestión de elección. Su hijo, sin embargo, parece haber sido motivado por la voluntad personal y la búsqueda del honor. Teniendo en cuenta esta diferencia, vemos que se produjo un cambio histórico importante y trascendental entre una generación y la siguiente, un cambio de lo arcaico y verdaderamente culto a algo mucho más «moderno»

Los informes de la antigüedad sobre la devotio del padre en la batalla de Veseris, como los de Livio, Casio Dio y Plutarco, fueron escritos en épocas muy posteriores, épocas que ya no entendían correctamente el significado cultual y las necesidades del autosacrificio del padre. Pero mencionan lo suficiente los hechos extraños del caso para que Gehrts pueda reconstruir el significado antiguo. Aquí presento el procedimiento del ritual y su significado original tal y como lo reconstruyó Gehrts. Es decir, presento un resumen de sus resultados sin proporcionar los detalles que acompañan a su argumento y las pruebas que lo apoyan.

El acto inmediato de la devotio en sentido estricto se desarrolló como sigue. El general y cónsul Decio Mus -vestido por orden del pontifex maximus con la toga praetexta, la vestimenta sacerdotal oficial, la cabeza cubierta con un velo, la mano bajo la toga a la altura de la barbilla- se sube a una lanza que está tirada en el suelo y repite tras el sacerdote la fórmula de la devotio mediante la cual implora a los dioses fuerza y victoria para los suyos, y terror y muerte para sus enemigos. «Como he declarado con palabras solemnes, consagro (devoveo) -para … el pueblo y el ejército de los romanos- las legiones … del enemigo … junto conmigo a los manes y la Tierra». Decio Mus envía entonces lictores a su colega, que está al mando del otro flanco, para anunciarle el «devoveo». El propio Decio Mus, armado y vestido ritualmente, monta ahora su caballo y se lanza en medio del enemigo. No sólo se alejan de él, el guerrero vivo, aterrorizados, como si se tratara de un piaculum (ofrenda por el pecado, sacrificio propiciatorio) enviado por el cielo y cargado con la ira de los dioses, sino que también mantienen la distancia incluso después de que se haya derrumbado y haya muerto bajo sus lanzas: el contacto con el devoto, ya sea vivo o muerto, es peligroso.

Aquí también es importante ver el carácter sustancial de este proceso. El pensamiento culto es un pensamiento sustancial. A través del ritual de la devoción, la persona devota cargaba todo el peso de la ira de los dioses, todo el potencial de daño, la maldición total, como una sustancia sobre sí misma y la llevaba en sí misma y con sí misma lejos de su propio ejército y hacia el ejército del enemigo. Si queremos utilizar una analogía moderna, fue como si Decio Mus se hubiera convertido en un arma de guerra biológica, cargado con un terrible microbio causante de epidemias como el (para nosotros igualmente invisible) virus del Ébola, con la única diferencia de que en este caso la epidemia no era biológica, sino «metafísica». Pero «metafísica» de nuevo no como una mera verdad mental, una idea, creencia, convicción, sino como una sustancia absolutamente real, casi tangible, una «causa efectiva».

Lo que en Livio se describe como un efecto de la cabalgata del cónsul devoto, el joven Decio lo incluye como un apéndice de su fórmula de devoción: que todos los que estén frente a él sean golpeados por la huida y el miedo, por la ira de los dioses superiores e inferiores, y que una parálisis cadavérica caiga sobre las líneas y las armas enemigas. Lo que antes era el efecto objetivo necesario de los rituales correctamente aplicados se ha convertido, después de apenas 45 años, en un deseo y una oración (al menos tal y como lo retrata la adaptación artística de Livio). Aquí vemos el cambio revolucionario del modo ritualista de estar en el mundo al religioso. Pero el joven Decio también se lanza contra la parte más densa de las líneas enemigas y cae víctima de sus lanzas.

El efecto aterrador del guerrero devoto que se precipita dependía obviamente de la nacionalidad de los adversarios. Parece haber sido mayor en Veseris, donde los romanos se enfrentaron a los latinos, estrechamente emparentados, que estaban iniciados en el mismo culto. Los latinos retrocedieron aterrorizados ante el piaculum. En cambio, la emotiva acción del joven Decio, al estar dirigida contra los aliados galos de los samnitas, no parece haber tenido el mismo efecto sobre las tropas enemigas.

En el caso del intento de devotio del nieto, Pirro y sus soldados no vieron en el devoto viviente una amenaza en absoluto, y desde luego no un piaculum, un maldito (alguien cargado de maldiciones), cuyo contacto les contaminaría a ellos también con la maldición. Vieron en él simplemente una ofrenda de sacrificio con el fin de lograr la victoria, una ofrenda de sacrificio que se completaría y cumpliría sólo a través de la muerte del guerrero. Sólo debía evitarse esta muerte, no la del propio guerrero, tal vez como hoy en día, en la lucha contra los resistentes clandestinos, se intenta evitar matar a su líder para no convertirlo en un mártir. En consecuencia, Pirro ordenó expresamente que un guerrero devoto, si lo hubiera, fuera hecho prisionero en lugar de ser asesinado. Esto habría sido absolutamente imposible entre los latinos dos generaciones antes. Además, Pirro se aseguró de que Decio fuera informado de su orden. Este conocimiento tuvo el efecto de disuadir al nieto de su devotio, ya que su auto-sacrificio sería incompleto y sin sentido si no resultaba en su muerte. Y en el hecho de que esto fuera así, es decir, que en base a tales reflexiones desistiera de llevar a cabo la devotio, vemos una vez más el enorme cambio que se produjo en la propia relación del mundo romano en el corto espacio de tiempo que siguió al acto del primer Decio. En el caso de éste, lo que estaba en juego eran las necesidades cultuales, no las virtudes heroicas personales ni las consideraciones puramente pragmáticas.

A diferencia de un civis devoto, un general devoto, si sobrevivía, no podía volver a ser culto. Esto significaba que no podía volver a la vida normal, que no podía realizar ninguna ceremonia religiosa y que no podía ocupar ningún cargo público. Podría decirse que estaba aniquilado: devoto, consagrado al inframundo.

Acerca de la lanza sobre la que tenía lugar la devotio, se nos dice que no debe permitirse que caiga en manos del enemigo (fas non est...), y en caso de que eso ocurriera, debían ofrecerse sacrificios de purificación a Marte, en concreto la Suovetaurila (el sacrificio apotropaico de tres animales machos sacrificados de diferentes tipos: toro, carnero y jabalí).

En el contexto primordial, la lanza y la espada sólo tienen su verdadero significado cuando están en posición vertical, erguida, con la punta apuntando hacia arriba, como puede verse en muchas estatuas, como la de «Roldán» en Bremen (1404) o en Calbe (1381 [?], sustituida en 1656). Esto se debe a la asociación de estas dos armas con la Luz (el fuego). En su origen, las armas no eran meros instrumentos con una finalidad práctica. Tenían un significado adicional «metafísico», sustancial. La espada y la lanza son dones de luz. Esto se muestra claramente en el banderín que a menudo se coloca, incluso hoy en día, en la punta de la lanza. El banderín simboliza una llama parpadeante, un simbolismo que se manifiesta de forma más evidente en el «oriflamme» (del latín auri flamma, llama de oro), el estandarte sagrado de los reyes de la Francia medieval, un estandarte de seda roja que tenía varias colas en el extremo de vuelo. La conexión de la espada con la luz puede verse en las representaciones simbólicas de espadas de cuya punta salen hojas. Sin embargo, la lanza utilizada en el ritual de la devoción es, de forma absolutamente atípica, una lanza horizontal tirada en el suelo. ¿Por qué? ¿Qué significa esto? La lanza sobre la que se realizó la devoción no era, obviamente, una lanza radiante de victoria, una lanza con bandera, sino una lanza de sacrificio cargada exclusivamente de perdición y pavor. Por eso también se permitió que nadie, salvo el devoto, entrara en contacto con ella.

Al permanecer sobre la lanza tumbada durante la representación de la devoción, el general devoto se identifica con ella. La absorbe en sí mismo. A la inversa, su sacrificio consagra el arma de madera, transformándola en una lanza de sacrificio. Por lo tanto, su posición sobre la lanza puede significar que su fuerza vital fluye sobre ella de la misma manera que la sangre del sacrificio fluye sobre los iniciados o devotos en ciertas ceremonias rituales. En el asalto de los dos Decii, cuya intención al lanzarse contra el enemigo no era matar, sino golpear, los propios devotos se convirtieron en la lanza de empuje.

En la medida en que esta lanza era idéntica a la lanza baneada, queda claro por qué el ejército enemigo se llenó de total terror y tuvo que temer el mero contacto con ella. Este es un segundo motivo, además del de la identificación. Ya sabemos que la lanza habría sido un regalo de luz sólo si hubiera sido el hasta que apunta hacia arriba. Pero aquí, en cambio, está llena de la noche de la muerte. Tanto la lanza como el general, en su identidad, están consagrados a los dioses del inframundo; ambos están poseídos por el poder de los muertos, llenos de una maldición.

Para liberar el lado positivo, es decir, el resplandor de la victoria, es necesario un sacrificio de purificación de la lanza. Y este sacrificio de purificación es este mismo ser sacrificado al que el juramento de devoción del hombre devoto le compromete a él y al enemigo. Esta sangre de sacrificio está destinada a absorber el poder de la muerte o la maldición en sí misma y devolverla de nuevo a los dioses del inframundo.

La matanza sacrificial prevista entre el enemigo en la batalla se anticipaba en la promulgación de la devoción: el general era simbólicamente asesinado y como ya muerto se lanzaba contra el enemigo. El «poder» del inframundo no residía en la persona, sino en el telum consagrado. En la devotio romana tenemos una reliquia de aquellos ritos mediante los cuales se «fabricaban» tales armas demoníacas también entre los celtas y los teutones. Un ejemplo es el Gungnir de Odín, que desconcertaba y embelesaba al enemigo.

Sin embargo, el significado y la finalidad de la devotio no se limitaban a matar al enemigo. El acto también estaba dirigido a conseguir una victoria que hiciera de un imperator un triunfador. Pero, por supuesto, el resplandor y el poder victoriosos generados en este ritual de batalla no podían encarnarse en el general devoto, ni siquiera si estaba inspirado por la más noble determinación sacrificial, y tampoco si permanecía biológicamente vivo, es decir, no caía en la batalla. Para nuestra forma de pensar moderna, él es el verdadero «héroe» de la batalla, pero en realidad, el triunfo no era suyo para reclamar. Su sacrificio fue también su renuncia a la victoria.

En los rituales, las personas, los seres humanos, no contaban, aunque los historiadores hablen de personas y de sus actos. Lo único que contaba eran las sustancias, las realidades de lo que se hacía y de las cosas que se utilizaban, y todo ello en el contexto del significado y propósito cultual objetivo del ritual. La irrelevancia de las personas (qua persona) involucradas se demuestra en el hecho de que un hombre devoto que sobrevivía era, en términos cúlticos, totalmente vaciado de su personalidad, privado de su núcleo. Se convirtió en una cáscara vacía. Sólo con esta visión llegamos al punto en el que la espantosa dimensión de la devotio emerge, para nosotros, de la oscuridad de los tiempos. Esta virtus Romana, que se convirtió en objeto de alabanza en tiempos posteriores, no consistía en absoluto en el sacrificio heroico de la propia vida, sino en la renuncia sobrehumana a la propia sustancia vital, a la luz o al resplandor que es la naturaleza interna de la vida, sobrehumana porque se extendía más allá de la vida del individuo. La devotio equivalía no sólo a la aniquilación empírica de la persona en cuestión mediante la muerte literal, sino también a su aniquilación «metafísica». (Esto sería quizás comparable -sin embargo, sólo con respecto a su fantasma, no en otros aspectos- a la renuncia absoluta de un cristiano medieval a su salvación eterna).

Hasta ahora sólo nos hemos ocupado de la devoción del hombre devoto. Pero esto es sólo una mitad de la imagen completa de la devoción. La realidad cultual total y coherente de la devotio incluye otra, la segunda mitad, y aquí es donde entra una cierta similitud con la hermandad jurada. Todo el acto cultual de la devotio implica, desde el principio, y juega entre dos personas, una pareja. En nuestro ejemplo, esta pareja son los dos cónsules romanos, los dos generales, Publio Decio Mus y su colega, el cónsul Tito Manlio Torcuato. Mientras que normalmente existe una relación neutra y de igualdad entre dos cónsules, el ritual de la devoción establecía un contraste entre estos dos. La salvación y la perdición del sacrificio, la perdición y la bendición del sacrificio están radicalmente disociadas. Al igual que el destino o estatus de los Dioscuros está dividido, siendo Kastor mortal y descendiendo a su muerte al inframundo, siendo Polideukes inmortal y ascendiendo al Olimpo, aquí el ritual distribuye complementariamente los papeles fatídicos de los dos colegas. Uno es el sacrificador, el otro el receptor.

Todo comenzó con un sueño, una indicación de que la devotio no se realiza por motivaciones egoístas. Antes de la batalla contra los latinos, ambos generales romanos, los cónsules Tito Manlio Torcuato y Publio Decio Mus, tuvieron la misma visión onírica en la misma noche, cuya sustancia fue confirmada posteriormente por la haruspicy (la lectura de las entrañas). El mensaje en cada caso era el mismo: de los dos ejércitos enfrentados, uno caería preso in toto de las deidades infernales y de la Madre Tierra (Deis Manibus Matrique Terrae); del otro ejército, sin embargo, sólo lo haría uno de los generales. Así, aquel general que se entregara voluntariamente a esos poderes determinaría la perdición del enemigo.

Tras el augurio, ambos cónsules se enfrentan a la misma opción. Cada uno podría elegir sacrificarse. Sin embargo, no toman la decisión ellos mismos, sino que la dejan en manos del destino. Acuerdan que aquel cuyo flanco sea el primero en retroceder se consagre a la muerte. Lo cierto es que este curso externo de los acontecimientos no fue lo que determinó la decisión. Más bien, fue un arúspice final en el propio campo de batalla el que zanjó la cuestión, porque resultó un presagio muy favorable para Tito Manlio, y para Publio Decio una señal generalmente positiva, sin duda, aunque le auguró la muerte personalmente.

Hay una correspondencia exacta con este dualismo de personas y presagios en la doble cara de la fórmula de la devotio, que sitúa al general devorador y a todo el ejército enemigo del lado de la perdición sacrificial, de los dioses infernales y de la Tierra, pero al ejército romano (junto con el general superviviente) del lado de la bendición sacrificial y de los dioses celestiales. Por lo tanto, la devotio prepara ritualmente no sólo la perdición del enemigo, sino también la victoria de los romanos (que es más o menos una conclusión previsible). De ello se deduce que debió de haber una parte adicional de este ritual de batalla que se ha perdido en los informes que nos han llegado sobre él, de hecho una parte indispensable: la recaptura de la lanza que el general devoto había arrojado al ejército enemigo y que había sido ritualmente purificada en la sangre del enemigo y representaba así la victoria. El telum pasó de la mano de un general a la del otro, aunque no directamente, sino a través, o más bien atravesando, el destino de la batalla. El impulso ritual del devoto desencadenó una tormenta táctica igualmente poderosa en su propio ejército.

El telum, purificado en la sangre del enemigo, era la victoria. Tenía que ser recuperado. Sobre Gungnir, la lanza que Odín llevaba y lanzaba, se dice que siempre volvía a la mano de quien la había lanzado. Esto no debe entenderse en absoluto (y mal) en términos meramente técnicos y positivistas, como que Gungnir es una especie de bumerán. El motivo del regreso a la mano del lanzador tiene, por supuesto, un significado simbólico, cultual. Significa que la lanza se recupera inevitablemente en la victoria que trae indefectiblemente.

Aquí, en este contexto ritual, la victoria no es simplemente un concepto abstracto, como lo es para nosotros, es decir, no es simplemente el hecho externo y positivo de que se haya ganado la batalla. En primer lugar es también sustancial: es la lanza recuperada después de que la maldición haya sido lavada con sangre y después de que esta maldición, junto con la sangre, se haya hundido en la tierra y en el inframundo, un proceso por el que la lanza se ha convertido de nuevo en la sustancia luminosa realmente existente, la sustancia de la victoria.

El general superviviente, Tito Manlio Torcuato, celebró un triunfo tras su victoria, a pesar de las fuertes críticas y objeciones por el hecho de que su camarada había muerto en la contienda. Precisamente en vista de estas objeciones, y en contraste con 2.000 años de historiografía, podemos reconocer en él y en su devoto colega a los dos últimos romanos motivados no por la virtud personal o la ambición personal, sino exclusivamente por los vínculos cultuales, por su religio. Frente a la condena contemporánea y posterior de los historiadores al triunfo de Tito, debemos concluir que el cónsul superviviente estaba francamente obligado a un triunfo, obligado por razones cúlticas. Ninguna circunstancia personal pudo disuadirle, y menos la muerte de su colega. Al contrario, la muerte de Decio fue la ocasión de esta obligación: el triunfo de uno era en sí mismo el regreso del otro.

En las culturas rituales, caracterizadas y motivadas por los cultos, el hombre aún no se constituía como un yo, como una persona, como un individuo, como un sujeto, para el que, en términos «metafísicos», todo gira en última instancia en torno a la salvación de su propia alma o a su autodesarrollo. El sujeto real, el agente real es la realidad cultual coherente en la que el individuo tenía su lugar y que le asignaba un papel. El hombre pertenecía y estaba contenido en la realidad cúltica más amplia. Estaba, como su propiedad, envuelto y envuelta en ella y tenía, bajo las circunstancias dadas, que vivir su parte asignada en el culto, ya sea como un hombre devoto o uno triunfante, por mencionar sólo este ejemplo. Las verdades y necesidades del culto eran lo realmente sustancial y real, mientras que las personas reales eran, por así decirlo, meros accidentes de esta sustancia, y sólo en las necesidades del culto y en su cumplimiento el hombre obtenía también su propia realización. No había «eclosionado» de su contención en «lo metafísico» como lo real psíquico (aquí «lo metafísico» en su forma arcaica de realidad cultual, sacramental), y mucho menos se había emancipado de ello en el sentido moderno de la Ilustración. Para nosotros hoy (o, para ser precisos, ayer) la dignidad humana del individuo es (era) la verdadera sustancia.16 Pero el hombre arcaico no tenía su verdad y su valor en sí mismo; incluso en aquellos casos en los que adquiría, a través de la iniciación, la luz sustancial y se convertía en rey en el sentido del cuento, esta sustancia vital irradiante brillaba a través de él, pero no era suya.

En el Fausto de Goethe, hay un momento en el que Fausto empieza a traducir Juan 1:1 del griego y, tras probar otras posibilidades, finalmente se decide por «En el principio fue el hecho» como la mejor redacción. Las razones y motivaciones de Fausto no nos conciernen aquí. Menciono su afirmación sólo porque puede utilizarse, fuera de su propio contexto histórico, para describir los inicios de la cultura humana, la vida psicológica humana, la experiencia humana del sentido. En el principio estaba el hecho, tà drômena, «lo que se hace», lo que se representa, se realiza, se vive en la carne (en contraste con lo que se pretende, se quiere decir, se cree, se siente; en contraste también con las actitudes, las ideas, las imágenes interiores, las doctrinas y los ideales). Esta es una tesis muy diferente a la de Hillman «En el principio está la imagen».17 La verdad y el alma y el significado no eran realidades internas, no eran mentalidades, convicciones personales de las personas. Es más, el significado y la verdad de los acontecimientos ni siquiera eran el corazón interno o la esencia invisible de lo que se hacía, su significado «simbólico» más profundo en contraste con su facticidad. No, la verdad, el alma y el significado eran los drômena, los hechos reales, en su facticidad, junto con las cosas reales que desempeñaban un papel en estas representaciones (como, por ejemplo, la espada y la lanza) y también las palabras pronunciadas en relación con ellas, palabras, sin embargo, como sustancias en sí mismas. Tà legómena (lo que se dice), es decir, los mitos o cuentos contados en torno a la drômena, por el contrario, eran al principio sólo acompañamientos secundarios, elementos de apoyo preparatorios.

En cuanto a la verdad culta, el hombre aún no había salido de esa verdad y no se situaba todavía frente a ella como «Hombre por sí mismo» (el título del libro de Erich Fromm). La individuación no era, no podía ser, una meta. En lugar de la autorrealización, el objetivo principal de la vida era la realización de la verdad cúltica, aunque esto significara la propia muerte. Aquí, por así decirlo, el hombre fue hecho para el sábado, y no el sábado para el hombre (cf. Marcos 2:27) -sin embargo, no por presión social u otras limitaciones externas, sino a causa de la propia verdad psíquica de las personas.

En el nivel religioso del desarrollo cultural, la distinción parcial entre el hombre y la verdad y la separación de ambos ya había comenzado en cierta medida. Los mitos se fueron desligando de la vida cultual y se convirtieron en doctrinas sobre la verdad sagrada, que a su vez se convirtió en una verdad imaginada, una verdad en la mente, en la representación. La salvación dejó de ser sustancial (es decir, una sustancia que se adquiere con los propios actos); ahora dependía de la actitud subjetiva de cada uno, de su piedad. Puede seguir habiendo actos, pero éstos forman parte de la conducta piadosa, en virtud de la cual el creyente puede participar de la salvación; pero no son la producción real o la consecución, aquí y ahora, de la propia sustancia salvadora. A la inversa, en la misma medida en que en la religión los dioses y la verdad religiosa se distanciaban de la vida real del hombre mortal, el hombre se convertía en un individuo por derecho propio, en una persona para sí misma con su propia alma, su propio ser, con su valor y dignidad residiendo en sí mismo. Ya estaba en parte en camino de convertirse en un sujeto. Y a la inversa, en la misma medida en que se había convertido en un individuo por derecho propio, se encontró con una mayor necesidad de salvación. Y esta salvación sólo podía venir ahora del más allá, de los dioses, a diferencia de lo que ocurría en épocas anteriores, en las que el ser humano se encargaba incluso de salvar, con sus propias acciones, a ciertos poderes de otro mundo (como suele ocurrir en los cuentos de hadas).

Por tanto, hay que distinguir radicalmente la religión de la religio, la obligación cultual, los vínculos cultuales.

En el mundo arcaico, además de la religio, existía otro poder que determinaba la vida: el destino. Al igual que el hombre era propiedad de la verdad cúltica y estaba completamente contenido en ella, también estaba a merced del destino, sin voluntad ni poder propios. Todavía no se había convertido en un súbdito. El destino y la obligación cúltica eran, por así decirlo, las dos potencias vitales polares en cuya interacción transcurría la vida esencial del hombre.

La suerte, o el destino, se consideraba en sí misma bajo una luz cultual: un acontecimiento fatídico concreto era un reto y una invitación a una representación cultual, como cuando, como hemos visto, el destino de la guerra exigía a Publio Decio Mus un autosacrificio a la manera de la devotio. El destino connotaba, pues, algo radicalmente distinto de la idea posterior de las vicisitudes representadas en la Rueda de la Fortuna, o de nuestra idea actual de la buena y la mala suerte.

Se puede ver cómo con los primeros griegos (Homero, en particular) la existencia humana ya había empezado a desprenderse un poco (¡pero no del todo!) de este pensamiento arcaico en términos de destino y de las obligaciones «religiosas» que podría imponer a alguien. Para Homero sigue habiendo un destino, Moira, que está incluso por encima de los dioses, pero la existencia de los propios dioses es en realidad fundamentalmente dichosa y sin dolor, es decir, en efecto, sin destino.

Mi anterior afirmación de que el hombre arcaico se sentía a merced del destino, sin voluntad ni poder propios, no debe interpretarse como que el hombre arcaico era una marioneta mansa y débil. Por el contrario, debemos considerar a un hombre como Publio Decio Mus, o a los guerreros que por su propia voluntad entraron en una hermandad de sangre, como seres humanos impresionantemente fuertes, de gran voluntad, poderosos e ingeniosos, personas que vivían su vida con gran determinación y seriedad. Probablemente eran lo que llamaríamos verdaderos «personajes». Su exposición sin voluntad al destino no es más que el estado lógico de la existencia humana en general en su época, algo en lo que participaron como todos sus otros contemporáneos; su fuerza de carácter personal sustancial es su característica empírica. Es muy posible que su incrustación lógica en los dos complejos coherentes del destino y la realidad cultual fuera lo que les permitió tener, empíricamente, tal firmeza de carácter.

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1 Heino Gehrts (1913-1989) es autor de numerosos libros y artículos. El más relevante en el contexto del presente trabajo es su extenso estudio, Das Märchen und das Opfer: Untersuchungen zum europäischen Brüdermärchen (Bonn: Bouvier, 1967), pero aquí sigo de cerca su artículo de resumen más breve, «Vom Sinn der Blutsbrüderschaft», Märchenspiegel 4 (1993): 2-7.

2 «AT» se refiere a la clasificación internacional de cuentos de hadas, The Types of the Folktale: A Classification and Bibliography, basada en el Verzeichnis der Märchentypen de Antti Aarne (FF Communications No. 3, 1910), traducida y enl. por Stith Thompson, 2nd rev. (Helsinki: Academia Scientiarum Fennica, 1981).

3 «Das Bata-Märchen», en Altägyptische Märchen, trans. Emma Brunner-Traut (Düsseldorf: Eugen Diederichs Verlag, 1963), nº 5 y pp. 275 y ss.

4 Pierre Saintyves, Les Contes de Perrault et les récit parallels: Leurs origines, coutumes primitives et liturgies populaires (París, 1923).

5 Este libro no parece estar disponible en español. Se tradujo por primera vez del ruso al italiano (Le radici storiche dei racconti di fate [Turín, 1981]). En 1987 apareció una traducción al alemán (Die historischen Wurzeln des Zaubermärchens) (Múnich, Viena: Hanser Verlag).

6 Podríamos inclinarnos por hacer que el cuento de hadas compartiera este singular significado con ese otro tipo de narración antigua, el mito. Este movimiento tiene cierta justificación. Sin embargo, los mitos están un poco más alejados de la experiencia ritualista primordial porque en ellos esta experiencia o promulgación ha sido sometida a un procesamiento o filtro adicional en forma de historización, eternización y personificación. En los mitos, los poderes que se encuentran en las primeras experiencias iniciáticas concretas y reales se han convertido en personas divinas, que se consideran eternas, siempre presentes, no sujetas al curso del tiempo. Los acontecimientos provocados por ellos ya no tienen lugar en el momento actual y durante la duración de los propios actos rituales que se repiten anualmente, sino que se consideran acontecimientos únicos realizados en el pasado (Eliade: in illo tempore). Los mitos pertenecen, pues, a una etapa de transición. Siguen estando relacionados con la cosmovisión ritualista, pero también anticipan el modo de ser-en-el-mundo post-ritualista, es decir, religioso, que se caracteriza por una separación mucho más marcada de la esfera de este mundo de los mortales y la esfera de otro mundo de los dioses inmortales. Véase Heino Gehrts, Von der Wirklichkeit der Märchenwelten (Ratisbona: Erich Röth, sin fecha [1992]), aquí págs. 33 y ss. La definición de Jung de los arquetipos como «intemporales y siempre presentes» (Cartas 2, 15 de octubre de 1957, a Trinick, pág. 394) indica que los concibió desde la postura mítica (si no desde una postura filosófica posterior, platonista).

7 «Von Johannes-Wassersprung und Caspar-Wassersprung», nº I. 74.

8 Aniela Jaffé, Geistererscheinungen und Vorzeichen: Eine psychologische Deutung, (Zürich y Stuttgart: Rascher, 1958), p. 62 (traducción mía). La incapacidad total de dar sentido a esta experiencia puede entenderse en términos de lo que se ha explicado anteriormente sobre la situación cultural bajo la cual surgieron las leyendas locales, en contraste con los cuentos de hadas. El presente ejemplo sería un ejemplo de ello: las experiencias visionarias aisladas irrumpen en una conciencia impotente porque esta conciencia ha perdido por completo el contexto en el que esas experiencias tienen su lugar y en el que sólo pueden tener sentido.

9 En los cuentos, suele reflejarse una tradición jurídica histórica según la cual el reino no lo heredaba el hijo del rey, sino que iba a parar al marido de la hija del rey.

10 No hablo de un sentimiento de soledad, de una noción existencialista de aislamiento.

11 En lugar de «ontológico» también podría decir «sacramental».

12 Este era también el dilema de la alquimia. Pretendía trabajar sobre la base del principio de la unidad de la mística y la física o, en términos modernos, de lo psíquico y lo químico, o el principio de la correspondencia de lo que está arriba y lo que está abajo, lo que implicaría que su trabajo era inmediatamente ontológico de la misma manera que lo era la realidad cultual abarcadora del hombre arcaico. Jung pensaba que «el proceso de fisión que separó la physiká de la mystiká se inició a finales del siglo XVI» (OC 12 § 332). Es cierto que en esa época se inició una bifurcación, que finalmente condujo a la emancipación de la química moderna como ciencia positivista de la antigua alquimia, aún completamente impregnada de lo imaginal. Pero ya en la época de los alquimistas medievales la afirmada unidad de la physiká y la mystiká, es decir, su afirmación de la dimensión ontológica de su trabajo, era en sí misma sólo una idea en la mente (el propio Jung dijo que era «una proyección»; podríamos decir, una ideología inconsciente, una creencia) y ya no abarcaba en sí misma lo físico. Ya no era verdadera. Era sólo una afirmación. La verdadera escisión se había producido hacía siglos. La mente alquímica aún conservaba algunos de los patrones de pensamiento auténticos de la psique arcaica en una época en la que el hombre, como hombre medieval, hacía tiempo que había abandonado la postura (si se me permite decirlo) «ontológica» de la psique arcaica. Ya la conciencia de los alquimistas iba a la zaga de la verdad como existía. Contrajeron facturas intelectuales que no pudieron pagar.

13 En contraste con lo que creen o desean ser, o cómo se estilan (consciente o inconscientemente).

14 Nota del editor: Este relato es un compuesto de varias versiones del cuento. Para una traducción reciente al inglés, véase Luo Guanzhong, Three Kingdoms: A Historical Novel, edición abreviada, traducida del chino con epílogo de Moss Roberts (Berkeley, CA: University of California Press, 1999), pp. 8-9.

15 Para lo que sigue, me baso en Heino Gehrts, Das Märchen und das Opfer, pp. 9 y ss.

16 La era del individuo y de la dignidad humana como valor supremo ya ha terminado. En el mundo occidental, el único que ha desarrollado la noción de individualidad y dignidad humana, estas ideas ya se han reducido en gran medida a un fetiche verbal y a un puntal ideológico al que los políticos y los grupos de derechos humanos prestan atención de boquilla, pero que ya no tiene verdad ni poder real de convicción y motivación a nivel cultural.

17 James Hillman, Re-Visioning Psychology (Nueva York: Harper & Row, 1975), p. 23.