He visto psicólogos trabajando con sustancias metafísicas, haciendo ego-psicología (elevando la autoestima, sanando el niño interior, curando enfermedades físicas y/o mentales, categorizando síntomas, escuchando los mensajes de los sueños, encontrando el sentido en el sufrimiento, contactando con las emociones, leyendo historias para sanar, integrando lo femenino o lo masculino, reestructurando constructos cognitivos, cerrando gestalts, haciendo talleres para padres, orientando, encontrando el emergente sistémico, contactando a los dioses en cada persona, mitologizando, analizando, leyendo al inconsciente como lenguaje, aplicando programas de reforzamiento, buscando la consciencia en las estructuras cerebrales, reduciendo los fenómenos a sus formas arquetípicas, amplificando, desensibilizando y resensibilizando, acercandose al espíritu, programando el comportamiento, hipnotizando al estilo clásico y moderno, trabajando con el cuerpo, perfilando, encontrando el arbol genealógico, el relato verdadero, jugando a la quiromancia, a la cartomancia, a la astrología…) y yo mismo, mea culpa, he sucumbido a todo ello. Pero la psicología no fue el tema que alimentaba todos esos enfoques, todas esas prácticas, pues nos centrábamos en el hombre y no en la psicología, nuestro quehacer era el del sanador, el del médico, el del antropólogo, el del sociólogo, el del maestro o el del cura; pero el tema de la psicología es la psicología misma, el alma de los fenómenos, el fenómeno del alma. Hay tantos psicólogos y tan poca psicología.

La psicología y la psicoterapia son diferentes. La psicología exije rigor científico, la psicoterapia muchas veces no. Excelente reflexión.
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Muchas gracias. Un gran saludo.
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