Lo que dice Hillman sobre la fantasia de curación en el tratamiento psicoterapéutico

Logos del alma

“El tratamiento intenta alejar la patologización, separándola del alma.”

James Hillman

En Re-imaginar la Psicología* James Hillman es claro sobre su postura terapéutica, él, un terapeuta con décadas de práctica a sus espaldas y una de las figuras más brillantes en la psicología analítica, comprende que la busqueda de curación es la enfermedad misma de la psicoterapia pues condena al movimiento patologizador del alma a la oscuridad de la esperanza del tratamiento, encerrando así el proceso de hacer alma en la simple edificación del ego, lo cual es un abordaje incompleto y perjudicial, tanto para el sujeto como para la vida psíquica en su contexto, pues para que el ego se fortalezca primero debe subordinarse al alma de manera libre, es decir intentar estar a la altura del lugar que le corresponde en el aparato anímico.

Hillman dice: “La psicología no existe sin patologización” donde la palabra patologización debe entenderse como la capacidad de la psique de crear morbilidad y sufrimiento como parte de su constante construcción de sí misma, tal proceso es importante pues nos brinda singularidad y “nos proporciona materiales con que construir nuestras vidas normales”. No hay una existencia libre de pathos, pero en la huida constante de este hecho la psicología medicaliza y patologiza la vida cotidiana.

El autor sigue diciendo: “hemos confundido estos tres descubrimientos interrelacionados: lo inconsciente, la patologización y el alma. Creemos equivocadamente que todo el mundo necesita una terapia profesional, como si en ella fuésemos a reencontrar el alma. Pero no es así” y no lo es porque en principio la morbilidad animica es una parte normal de la vida, es aquello que le da movimeinto y contradicción, ademas no se debe olvidar que fueron “Los síntomas, no los terapeutas, [quienes] condujeron este siglo al alma”, fue en el análisis donde la patología se manifesto pero que ese trabajo fue un recipiente no porque lo patológico tuviera que ser tratado sino porque necesitaba manifestarse. Cuando el terapeuta se confunde con un sanador se inmiscuye en un ejercicio dogmático propio de la religión, entonces “Uno acude a la terapia para crecer, no porque esté afligido: como si crecimiento y aflicción se excluyesen mutuamente. Se ha abierto una sima entre el alma y el síntoma”.

Así, dice Hillman “Al atender a mi yo enfermo, me he metido de lleno en la fantasía médica” y entonces surge, como producto, la fantasía de tratamiento, “El tratamiento intenta alejar la patologización, separándola del alma”, no obstante no se debe olvidar que “cuando somos psicológicos con respecto a la patologización, no la estamos tratando; cuando tratamos la patologización, no estamos siendo psicológicos con respecto a ella”, ya que cuando dejamos de lado esta premisa requerimos de recipientes que carguen con la fantasia medica, es decir para sostener la necesidad de tratamiento es una exigencia tener recipientes para la patología, en consecuencia “Al interpretar la fantasía mórbida del alma como patología clínica, el enfoque clínico crea lo que luego debe tratar. Crea pacientes clínicos.”

La terapia de Hillman, en cambio parte de una premisa básica: “Servir al alma significa dejarla mandar; ella nos guía, nosotros la seguimos” e “Intentamos seguir al alma adonde quiera que vaya, intentamos aprender qué hace la imaginación en su locura”, así conservamos la dignidad del síntoma y su autonomía al asumir que:

“Antes de cualquier intento de tratar, o incluso de comprender, los fenómenos patologizados, vamos a su encuentro en un acto de fe, considerándolos auténticos, reales y valiosos tal como son. No disminuimos su valor considerándolos signos de enfermedad médica ni lo acrecentamos considerándolos signos de sufrimiento espiritual. Son caminos de la psique y caminos que nos conducen al alma.”

Por lo tanto, entendemos que la patologia psiquica no es propiedad del sujeto que llega a terapia, sino que es el terreno en el que su existencia se asienta, pero en principio es el alma quien sufre, la psique crea sufrimiento para poder hacerse a sí misma, en consecuencia cuando se desea curar realmente se está intentando deshacerse de aquello que no se entiende, o lo que se teme, de la vida psicologíca, primero despojando de su autonomía, de su otredad, a un fenómeno singular y encerrándolo en la causalidad del individuo para luego fantasear evasivamente con un tratamiento externo que elimine al complejo sintomático. El tratamiento, en realidad no busca remediar la enfermedad sino hacer desaparecer de la consciencia la vida simbólica subyacente. Con ello el sujeto pierde la perla de gran valor a cambio de la tranquilidad de permanecer intocado por su propia existencia.

*Todas las citas corresponden al libro Re-imaginar la Psicología, ed. Siruela, pp. 171-178