Midnight pretenders

Cotidianidad

Sé muy bien que pertenece a la dimensión del cliché manejar por la noche escuchando City Pop, con ese ambiente nostálgico y onírico que nos remite a un tiempo que nunca existio y que sin embargo persiste, como si la vida no fuera sino un leve sueño que pronto sucumbirá a la abrupta vigilia. Todos conocen, de forma secreta, aunque no se lo confiesen, que el final de la noche trae consigo una singular melodía y es a ella hacia donde, sin lugar a dudas, nos dirigimos; dentro de ella, como llamados por una voz inaudible que vive tras esa musica atrapante, que nos arrebata. En mi caso era Midnight Pretenders de Tomoko Aran, ese viejo pop que ofrecía una salida frágil a un terror insoslayable.

Quizás porque aquel día mi vida no era mi vida, yo manejaba rápido hacia un sonido que no estaba ni dentro ni fuera sino en sí mismo rodeado de sí y yo absorbido totalmente por ese Aleph sonoro del que no podía, y quizás aun no puedo, escapar. Todavía, despierto a veces, con pánico, en la noche y sé que sigo en esa carrera frenética y que esto es solo el sueño breve entre el pisar el acelerador y una vía rapida en la que nunca podré detenerme, yendo hacia un sonido, hacia una musica, que se aferra a mi como un destino interminable.