El estado del mercado psicológico actual

Logos del alma

Entre los peligros que corre un enfoque psicológico centrado en el alma uno de ellos es la adecuación del mismo a la dinámica comercial del paradigma del desarrollo personal, es decir, aquella posición ideológica cuyo objetivo es cosificar al sujeto convirtiéndolo en un producto que se autoproduce, y se vuelve así un consumidor del discurso psicológico, de la autoayuda, que infla la importancia personal con la fantasía de que la psique le pertenece al individuo y que el alma es un epifenómeno de la experiencia cotidiana, ya sea como producto del cerebro o de la conducta personal.

Este paradigma antropotécnico ha devorado el cascarón vacío de un sin fin de prácticas ancestrales y de rituales religiosos para transformarlos en aparatos adoctrinadores que alimentan la gran máquina comercial de la época actual. Su matiz ideologizante aglutina en su esfuerzo tecnológico tanto a la nostalgia revivalista del neochamanismo como a la hegemonía reduccionista del cientificismo.

El esfuerzo del mito psicológico está dirigido a la erosión paulatina de las relaciones entre el sujeto y la vida anímica, enalteciendo la perspectiva unilateral que confluye con el valor del máximo beneficio, propio del espíritu de los tiempos. Desde esta visión, la proliferación incesante del capital es una forma de la maximización de la pulsión de muerte que objetiva todo proceso psíquico transformándolo en materia de control y eficacia, donde el ego sueña que el mundo está hecho a su imagen y semejanza.

Para el aparato de control psicológico, lo importante es la capacidad de replicación de sus resultados y la difusión de su ideología técnica en todas las facetas de la reproducción social. Se ramifica en las escuelas donde se vende en la forma de una educación socioemocional que tiene como fin dotar de herramientas pertinentes a los alumnos y maestros para gestionar emociones que consideran como propias, aunque las emociones realmente nunca han pertenecido a los individuos.

La narrativa psicologista también se multiplica en los medios de comunicación y en las redes sociales. Ahí se constituye como un espectáculo que emite de manera constante imágenes y videos reiterativos que aunque parecen tratar sobre diversos temas, tienen la única función de repetir un discurso ideologizante que sostiene la realidad de la cultura. Es en la lógica del meme, ese aparato de difusión que inocula a las personas de ideas que se vuelven virales, donde el concepto vivo del capital se apodera de la mirada con la que la gente observa al mundo. El trabajo del meme es la construcción de la realidad moderna.

Así, las plataformas de video y las redes sociales se hallan inundadas de psicólogos profesionales y amateurs que ofrecen consejos y opiniones de lo más prácticos para resolver las muchas afecciones de la vida común. Se difunde un evangelio de la voluntad y del crecimiento personal que propone la curación del dolor, el fin de la angustia y la evasión del conflicto como las metas culturales de una sociedad que no soporta la incertidumbre y el sufrimiento propios de la asunción de la otredad.

Pero vivir, supone la experiencia del otro, de la sombra que se cierne sobre cada individuo en la forma de un peregrino oscuro cuya presencia se anuncia en la aparición del síntoma, en la inquietud de la angustia y en la asunción de la muerte. Es el animus asesino que lleva al hombre más allá de su existencia virginal, del encierro en su subjetividad y lo obliga a asumir el mundo como un peligroso terreno dialéctico, donde la amenaza perenne es el alma misma, ese gran otro.

Por eso la psicología hegemónica enarbola al ego como el objeto y sujeto único de su estudio, en el fisicalismo del cerebro, en el reduccionismo de la conducta o en el misticismo del inconsciente, todos los fenómenos psíquicos han de surgir del individuo y para el individuo, y donde debería haber un otro, tiene que estar el Yo, con mayúsculas, inflamado de importancia y despojado de sus relaciones psíquicas.

De esta forma, los sueños, los síntomas, las imágenes y los deseos son entendidos como patologías (pathos-logos) del yo, que traen mensajes, tareas e información sobre la vida de las personas. Éstas últimas tendrían que aprender técnicas de control para aprovechar de manera eficaz sus manifestaciones anímicas y acudir a talleres de psicología femenina, de control de la ira, de búsqueda de la vocación y del sentido personal, de la administración de las emociones, del descubrimiento del trauma, de la sanación del niño interior o de la herida de abandono, en constelaciones familiares, terapias breves, procesos cognitivo conductuales o cualquier otra dinámica de entronización del ego.

Ante la marea negra de la psicología positiva, la posición junguiana se sostiene como una postura crítica hacia el materialismo y hacia el individualismo que impregnan a una ciencia que tiene como destino el alma como un proceso objetivo y autónomo, y que de ninguna manera ésta sujeta a las vicisitudes del individuo y su limitado horizonte. Sin embargo, en el frenesí de no ser descartada como una opción en el mercado de psicoterapias en le presente se ha alineado cada vez más a las necesidades comerciales de la época.

Los analistas venden un paradigma que utiliza las imágenes míticas, los sueños, la alquimia y otras representaciones psíquicas como moneda de cambio para lograr la aceptación del gran público. Promueven el descubrimiento de las diosas de cada mujer, del mito personal, de los mensajes de los sueños, por medio de mandalas, cajas de arena y demás instrumentos que guardan en su núcleo conceptual el mensaje moderno, anti-psicológico, de que la psique debe servir al individuo y que el alma es el dominio del hombre.

Lo anterior forma parte de la institucionalización de la psicología analítica, donde mora la visión pecuniaria en la que el alumno es un cliente que debe ser complacido, a quien no se le debe exigir demasiado para no lastimar su ego y al cual se le debe proporcionar comodidad consigo mismo y un confort teórico que lo motiven a consumir más de los productos que se ofrecen en el mercado de la formación psicológica.

Sin embargo, este lucrativo negocio de ensamblaje de psicólogos no permite que el profesional entrene su mente para el difícil y arduo proceso de ingresar al ámbito psicológico, pues no es el material quien debe estrecharse para ser comprendido, sino que es la mente del sujeto la que debe ampliarse para comprender las vicisitudes del fenómeno que se le presenta. Sin la complejización del espíritu racional la visión de los fenómenos permanecerá reducida y pretenderá que éstos se acoplen a la miseria de sus limitaciones

Por ello, es tan común que los psicólogos no toquen nuevamente un libro luego de su formación o que solo acudan a materiales y formaciones que les confirmen lo que ya saben. Para ellos estudiar un tema significa homogeneizarlo de tal manera que siempre les diga lo mismo. Pero una mente abierta no puede confirmarse en aquello que estudia, al contrario, su investigación continua lo confronta con nuevos retos y frustraciones, y el psicólogo permanece en ese despedazamiento continuo que es la comprensión y el encuentro con el otro, para que sea el tema quien haga el trabajo en él y a fuerza de persistir experimente la mortificación del pensamiento del fenómeno psicológico.

Querer ser psicólogos sin pagar el precio de dicho atrevimiento es el nombre del mercado de formación profesional actual, cuyo ambiente lingüístico incluye palabras como: “curación”, “auto cuidado”, “crecimiento personal”, “integración” o “resiliencia” y que se engloban en la idea de que el campo de lo psicológico tiene como centro a un solo complejo, el ego, alrededor de cual deben girar las demás dimensiones del alma; en ese sentido aún se está a la espera del giro copernicano en la intrincada teoría psicológica que reivindique a la disciplina como una ciencia del alma y para el alma.

Presentación del libro «Psicologia do animus» de Wolfgang Giegerich 2024

Traducciones

Presentación de W. Giegerich en Thiasos, de la traducción al portugués de su libro «Animus-Psychologie».

Transcripción y traducción de Alejandro Chavarria

Lo primero que quiero decir es gracias a Marcus Quintaes y a todos los organizadores por este evento, por haberme invitado a hablarles esta mañana. Hola a todos, me pregunto si hay tanta gente participando en este evento de todo el mundo. Y después de estos pocos comentarios introductorios, comenzaré con lo que preparé para hoy.

En 1948, se fundó el primer Instituto C.G. Jung en el mundo, el Instituto C.G. Jung en Zúrich. Hoy en día, parece que hay institutos de formación junguiana en todas partes del mundo. Curiosamente, el propio Jung se oponía al establecimiento de programas de formación y también a las sociedades de psicología analítica. Sin embargo, cuando se fundó el Instituto de Zúrich, Jung pronunció el discurso inaugural. Pero como Sonu Shandasani nos informó, comenzó su discurso según un testigo con un comentario, cito: «Mi abuelo fundó un hogar para niños retrasados, ahora estoy fundando uno para adultos retrasados». Fin de la cita.

Imagínense, el Instituto C.G. Jung como un instituto para adultos retrasados. Qué golpe a las altas aspiraciones que conectamos con la formación de los futuros analistas, los analistas junguianos. No sé si Jung realmente dijo esto, ni cuáles fueron sus razones exactas para esta afirmación, si es que la hizo. Una idea que ciertamente estaba en su mente es que él, al igual que uno de sus discípulos, C.A.  Meier, se opuso a cualquier “cinta trasnportadora de la que salieran analistas prefabricados”, fin de la cita.

Jung era muy exigente con los posibles analistas. Pero dejando aquí a un lado cuáles pueden haber sido las propias razones de Jung para la oposición a los programas de entrenamiento, me concentraré en lo que creo que es problemático con ellos.

Es un problema, pero podemos distinguir diferentes aspectos del mismo. El primer aspecto es el del horizonte. En los institutos de formación, la atención se centra inevitablemente en los casos. El problema es curarlos. La orientación es principalmente práctica. La psicología analítica es entonces vista como una de las profesiones de ayuda, y explícita o implícitamente concebida según el modelo de la medicina.

Por supuesto, además de los pacientes en el sentido más estricto, también están aquellos analizandos que simplemente quieren profundizar en su vida interior, y posiblemente someterse a un proceso de individuación en el sentido de Jung. Ciertamente, esto ya no es análogo a la medicina, pero, sin embargo, en lo que se refiere al horizonte mental y al enfoque en la persona del análisis en cuestión, no hay diferencia en el tratamiento de los pacientes.

El horizonte en ambos casos es lo que sucede dentro de las personas, es el individuo. ¡Qué fatídico estrechamiento del horizonte mental de Jung, del enfoque de sus obras! En los muchos volúmenes de sus Collected Works, Jung nunca publicó una presentación de  lo que discutía en su psicología sobre temas como el simbolismo de la misa, los platillos voladores, la controversia de los universales en la antigüedad y en la edad media y, las ideas estéticas de Schelling, el Zaratustra de Nietzsche, los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, el Árbol Filosófico, por mencionar solo algunos de una multitud.

No tienen ninguna relación inmediata con la psicoterapia. Se ocupan de temas psicológicos, es decir, del alma como tales. Estos pocos ejemplos nos dan una idea de la amplitud y profundidad del horizonte psicológico de Jung.

Los programas de entrenamiento de hoy en día comienzan por el lado equivocado. Van directamente a lo que se necesita para la preocupación práctica de tratar a los pacientes. Sin preocuparse antes por la adquisición del horizonte intelectual de la psicología junguiana por parte de los candidatos. Así, comienzan con una mezquindad, con un opus parvum, a pesar de advertir la pérdida de la gran conexión, afirman que el que niega lo grande debe buscar causas en lo pequeño. Es quizás similar a cómo sería si los que quieren convertirse en matemáticos fueran enviados a formarse a los departamentos de contabilidad de las empresas.

¿Qué le hace a la psicología junguiana y a las mentes de los miembros de la comunidad junguiana a largo plazo, si los junguianos de todo el mundo están entrenados para enfocarse en lo insignificante?, cualquier entrenamiento real en psicología, una psicología que merezca su nombre, debería ser de arriba hacia abajo. El horizonte de la psicología como estudio del alma objetiva debe ser lo primero. Y entonces no sería un programa de formación para profesionales, sino para psicólogos.

Tendría que ser, por un lado, el desarrollo privado y el refinamiento psicológico de la personalidad del candidato. Y por otro lado, un entrenamiento muy personal de la mente para permitirle pensar los grandes pensamientos que el alma ha tenido en su larga historia. Sólo a partir de entonces, la mente así entrenada también podra dirigirse a los problemas humanos-demasiado-humanos de los pacientes individuales. Pero ahora veran estos problemas desde una perspectiva ampliada y desde la profundidad de un horizonte verdaderamente psicológico. Hasta aquí el primer aspecto.

Un segundo aspecto, tal vez aún más grave, es que el enfoque en los casos solidifica imperceptiblemente la actitud y la creencia personalista natural que es la suposición tácita o explícita de que la gente o las personas individuales son el sustrato real, y el alma es un atributo de este sustrato. Algo que él o ella tiene de una manera similar a cómo las personas tienen un cerebro, un corazón y un estómago.

Lo que esta creencia significa es que la psicología no tiene ninguna posibilidad. La psicología propiamente dicha sólo existe si para ella el alma es la única sustancia real de la que se ocupa la psicología. Si para ella, el alma es una realidad por derecho propio, una realidad objetiva y autónoma, y no algo sobre o en las personas. Las personas están en el alma, no al revés.

Así también en este sentido, vemos que la formación convencional de los analistas junguianos comienza en el extremo equivocado. Comienza con los individuos y subsume la vida del alma en ellos, ubicándola en su interior. Pero, el único lugar legítimo del alma es la psicología, no la personalidad.

¿Por qué la psicología es el único lugar legítimo para el alma? Porque el alma no tiene realidad empírica. No es nada. No existe como el sol, la luna, los animales, las plantas y las personas, no como existen los órganos del cuerpo. Sólo existe como ideas, conceptos, puntos de vista, prejuicios, ficciones.

De hecho, el término alma no es más que una forma de hablar mitologizante, una forma abreviada de referirse simplemente a la lógica y la profundidad de la vida cultural colectiva e individual en curso. Podríamos decir también a la fenomenología de su desarrollo lógico.

En este caso, no hay más que un pequeño paso hacia el tercer aspecto del problema de la formación de las personas como analistas profesionales a través de los programas habituales de formación del Instituto. Este tercer aspecto es la fijación del objeto que necesariamente viene con un enfoque en el paciente y el analizando y es con la orientación de toda la consulta.

Equivale a una separación entre objeto y sujeto. Es decir, entre lo que se observa en la consulta y la teoría psicológica con la que interpretamos y tratamos estos fenómenos observados.

Así, los freudianos hacen una diferencia entre la fenomenología psicológica, por un lado, y la llamada metapsicología. Por otro lado, C.G. Jung, por el contrario, nos mostró que tal disociación entre sujeto y objeto, entre el hecho observado y la teoría o interpretación sobre el hecho, es insostenible en psicología. Es igual, por ejemplo, decir que hay personas que tienen una psicología freudiana o una psicología adleriana o junguiana. En otras palabras, la psicología es a la vez la teoría y la vida vivida de la que trata esta teoría.

La psicología y el alma están urobóricamente entrelazadas. El alma es sujeto-objeto u objeto-sujeto. Por la misma razón Jung nos enseñó que las neurosis existen porque la conciencia tiene la actitud equivocada, las ideas equivocadas que no se adaptan a la realidad interna o externa de la persona. En otras palabras, según este punto de vista, la neurosis es una disociación de la psicología misma en dos. Es la discrepancia entre la psicología en la que creo y la psicología que realmente es.

En relación con mi crítica de la fijación del objeto, debo mencionar los dos principales logros de Hillman. La primera fue la publicación de un libro de un joven analista de la posguerra, The Logos of Soul. La segunda fue su Re-imaginar la Psicología.

Vemos que el verdadero tema de Hillman era la psicología misma, nuestro pensamiento, no las personas, no los pacientes, no el objeto. Habiendo dicho esto acerca de Hillman, ahora puedo llegar a nuestro propio tema en cuestión, mi libro Animus Psychology.

Al igual que en el caso de Hillman, mi libro es sobre la psicología misma más que un libro de psicología sobre un objeto en particular, el Animus, por lo que uso el título psicología animus y no psicología del animus.

En este libro, el título “animus” se usa como un adjetivo o atributo que califica a la psicología, y como tal especifica un punto de vista particular de la psicología discutida en el libro.

En un libro de este tipo, también se debe discutir qué es qué es animus o qué se entiende exactamente por animus. No se trata del animus solo como un fenómeno particular de toda la gama de todos los diferentes fenómenos del alma, como el anima, la gran madre, el ouroboros, la sombra, etc.

Pero, ¿por qué la psicología del animus en primer lugar? Puede que sea más fácil explicarlo históricamente, con el tiempo en que escribí y publiqué este libro. Desde el principio, me había comprometido profundamente con el impresionante trabajo de Hillman y había sido un firme partidario de la psicología arquetipal y colaborador de él. Y algún tiempo después de revisar la psicología, Hillman comenzó a cambiar un poco a lo que él llamaba psicología imaginal, y comenzó a descuidar otras opciones que en realidad todavía estaban presentes en su re-imaginar la psicología.

De hecho, este mismo proyecto de re-visión es otro problema. Es un cambio lógico, un movimiento puramente intelectual, y precisamente no puede realizarse sobre la base de imágenes, ni explicarse imaginalmente. Sus ensayos sobre el ánima habían incluido claramente la importante idea de que el anima es un lado de la Sicigia, el otro lado de la tijera es el animus.

Pero si el anima y el animus tienen polos opuestos, finalmente forman un par y están dominados por la tijera, entonces pensé que la psicología no debe elegir unilateralmente el anima y lo imaginal como su punto de vista decisivo o principio rector. Con el fin de ser una psicología de pleno derecho, debe esforzarse por llegar y tomar su posición en el punto teórico más elevado, la Sicigia, y aprender a ver los fenómenos psicológicos desde ese punto de vista más elevado de comprension.

En el moviento de Hillman hacia una psicología predominantemente anima, es decir, hacia una identificación del alma con el anima y con la imagen, desde el punto de vista de la Sicigia, faltaba algo esencial. Hillman, por ejemplo, no pudo o no quiso incorporar la historia a su pensamiento psicológico, la historia del alma. Y no podía dar una respuesta verdaderamente psicológica a la modernidad a todas las tremendas abstracciones características del mundo moderno, más que estar en contra de ella.

Su respuesta a la modernidad siguió siendo algo nostálgica, por ejemplo, del universo al cosmos. Esto no significa que no haya podido apreciar muchas de sus siempre estimulantes discusiones novedosas por derecho propio. Sólo significa que vi lo que para mi mente faltaba, y lo que por lo tanto sentí que se necesitaba suministrar. Este es el trasfondo histórico personal de mi libro.

Y después de lo que dije acerca de la unilateralidad que creo ver en el Hillman tardio, comprenderán que la psicología animus no está destinada a eliminar el pensamiento imaginal en psicología, y a su atención en el anima en el sentido más amplio. El interés en el libro es sólo traer la otra mitad que falta, y apuntar a miras más altas para el punto de vista de mayor rango de la psicología de la Sicigia. La psicología debe ser como el mercurio alquimico, utriusque capax.

Sin duda, la imagen que pinté de anima y animus, como una pareja unidos en la Sicigia, por muy correcta que sea, puede ser engañosa. Este sería el caso si se leyera sólo desde el punto de vista de un lado de la pareja, es decir, desde el punto de vista del anima, y no también desde el punto de vista del animus.

Desde la perspectiva del anima, el anima y el animus tienen, como marido y mujer, naturalezas diferentes, pero están en el mismo nivel. Desde la perspectiva de animus, por el contrario, la diferencia entre ellos consiste precisamente en el hecho de que él es de un orden superior al anima, no en el sentido de que sea mejor, sino simplemente porque representa el poder de la negación, la negación lógica de lo que el anima produjo.

El anima da a todo lo que le concierne la forma de imagen de las personas o cosas existentes, las representa como entidades. Como tal, establece o mantiene la unio naturalis. Por misteriosas y fantásticas que sean, mitológicas o fantásticas, las imágenes producidas, sin embargo, son parte de la realidad ordinaria. Aunque las sirenas, centauros, esfinges, no existen en la realidad empírica, son imaginadas como seres reales.

Así, el ánima es el arquetipo de la lógica de la personificación y la sustanciación. También podríamos decir que es el arquetipo de todo el mundo imaginario, el Mundus Imaginalis, en el sentido de Corbin o de Hillman.

El animus, por el contrario, es el arquetipo de la lógica de la negación. Pero la negación no significa que aniquile. Lo que niega es la inocencia o la ingenuidad de la forma imaginal, la forma de la semejanza de las cosas. El animus, podríamos decir con una palabra moderna, deconstruye, des-ontologiza, subla, destila, reduce a la estructura o a la forma conceptual.

El ánima es ingenua porque ignora a su propio otro y sólo existe en virtud de su inocencia imperturbable. El animus no es inocente porque sabe de su otro, el anima. De hecho, sin ella, ni siquiera podría existir. Al estar dentro de sí mismo el conocimiento de sí mismo y de su otro, así como la relación con el otro, el animus es ya en sí mismo implícitamente toda la Sicigia.

Cuando hablo del animus y me refiero a él como un «él», debemos ser conscientes del hecho de que estamos hablando del «animus» de «manera anima». Él es personificado, cosificado contra su propia naturaleza real. En realidad, no es una entidad, sino más bien un viento, su espíritu, puro proceso de negación.

De la misma manera, el ánima no es una figura. Ella solo se presenta como tal. Nuestro hablar del anima es también un façon de parler anima. El anima mismo es como el proceso del animus, vida lógica, pero en contraste con el animus, no es un proceso de negación, sino de invención, de producción, de representación.

Volviendo a esta descripción de la diferencia esencial entre anima y animus con respecto a la Sicigia como tal, vemos que la Sicigia puede verse como una unión de una pareja, muy parecida a una pareja casada, que sería el punto de vista inocente e ingenuo de la anima. Pero también puede verse como lo que realmente es, es decir, una contradicción interna. Y el hecho de que sea contradicción es lo que la hace que viva. La Sicigia como contradicción interna de sí misma es la fuente, o tal vez simplemente el nombre de la vida lógica del alma.

Lo que les conté hoy no pretendía ser un resumen del contenido de mi libro, ni una introducción al mismo. El libro se explica por sí mismo.  Y para saber de qué se habla todo lo que contiene, hay que leerlo.

Baste indicar aquí que se trata de un libro de gran alcance y que abarca toda una gama de temas, algunos de los cuales pueden resultar completamente inesperados, con sólo escuchar el título del libro, como el animus como el espiritu asesino como amor, o a modo de otro ejemplo, el tema de la Trinidad.

Lo que quería hacer hoy con mi pequeño discurso era sólo contarles algo sobre la situación de fondo que hizo parecer necesario escribir este libro, y sobre los pensamientos que me motivaron. Y quiero saber que al final de mi charla, solo me queda agradecer, de corazón, a todos los que hicieron posible la publicación brasileña de este libro, sobre todo, a Sonia de Carvalho y André Dantas, y agradecerles a todos ustedes por su atención.

Pregunta 1. Implicaciones del avance tecnológico y la IA.

Sobre la inteligencia artificial y el alma, forma parte de la cuestión integral de la tecnología y el alma. Jung una vez señalo que en la modernidad, el espíritu ha descendido de sus alturas ardientes, que las estrellas han caído del cielo. Este es un evento que sacude al mundo. La pregunta para nosotros es, ¿a dónde, a qué lugar, han caído? La respuesta de Jung fue: «En el inconsciente». Ese es su error, un error fatal.

No, han caído en la tierra en la materia y, por lo tanto, en la tecnología. La tecnología es espíritu, pero el espíritu como realidad terrenal, física, como hecho positivo. Espíritu encarnado en la realidad material empírica. La inteligencia artificial y su hermana, la investigación del cerebro, la fisiología neuronal, son el máximo ejemplo de que las estrellas han caído del cielo. Porque aquí vemos claramente este espíritu como realidad material.

El alma no está en el inconsciente. Está en el desarrollo tecnológico continuo y en constante aceleración. Así también, la inteligencia artificial en sí misma como herramienta que utilizamos no es alma. Sin embargo, es producido por el alma.

El inconsciente, por el contrario, no es más que un patio de recreo subjetivo, un poco como cómo algunas personas hoy en día juegan con trenes de juguete, con trenes de juguete. Es solo el opus parvum

La segunda pregunta sobre el miedo a que la inteligencia artificial pueda reemplazar a los humanos no tiene nada que ver con el alma. Se refiere al ser humano ordinario, a todos los sentimientos o fantasías humanas. Yo diría que tales miedos en diferentes formas acompañan a todos los nuevos inventos tecnológicos. Pero la idea que subyace a este miedo no es plausible.

La inteligencia artificial puede reemplazar ciertos tipos de empleos que ahora existen, pero también creará otros nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, lo que realmente hay que temer es el daño a nuestra humanidad y a la cultura. Cuanto más personas utilizan la inteligencia artificial, más delegan su propia capacidad de pensamiento a algoritmos externos. Pero sin la práctica constante del propio pensamiento, del propio recuerdo, y sin el propio conocimiento sólido, la mente humana se atrofia.

Pregunta 2. De la psicología animus a la vida lógica del alma

Se podría decir que la idea principal de mi psicología animus es un precursor preliminar de la vida lógica del alma. O se podría decir que mi libro Psicología Animus presenta la psicología todavía vestida con el ropaje de un cuento mitológico sobre actores separados, personajes separados con anima y animus como figuras actuantes.

En este sentido, mi libro es una presentación en una forma similar a la que también utilizamos si queremos hacer algo complicado, fácil de entender para los niños, es decir, la forma de una narración con personas o poderes personificados que hacen esto o aquello.

Los niños pequeños necesitan sus dedos para hacer sumas y necesitan historias e imágenes para lo que realmente requeriría pensamiento conceptual. De otra manera, también se podría decir que al escribir este libro, entré en el juego convencional del lenguaje junguiano o en la jerga de la época. Y en su interior trató de expresar una visión de la psicología que va decididamente más allá de este juego de lenguaje.

En mi trabajo posterior, anima y animus, por así decirlo, ya habían sido destilados químicamente, evaporado. Por lo tanto, su Sicigia había vuelto completamente a casa consigo misma. Y este medio se reveló a sí misma como simplemente el alma en su propia vida lógica, contradictoria, interna. Y como un proceso autopoiético.

Esta es la razón por la que ya no necesité las tempranas muletas de Jung de animus y anima. No debemos olvidar que el origen del anima y el animus de Jung es la idea de que fueron concebidos naturalistamente para ser contrasexuales. El anima como parte de la psique de los hombres, el animus como parte de la psique de las mujeres, que es irremediablemente biologista y antipsicológica.

Vacilación y lentitud. Puerta de entrada a la profundidad de la psique

Traducciones

Stanton Marlan, EE.UU.

Publicado originalmente en (2005). The San Francisco Jung Institute Library Journal , 24(1), 1–12.

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria

Este capítulo fue presentado por primera vez en el Congreso de la Asociación Internacional de Psicología Analítica en Barcelona, España, el 30 de agosto de 2004, y luego fue impreso en The San Francisco Jung Institute Library Journal , 2005, vol. 24, núm. 1, 1–12.

El que duda está perdido, dice un viejo adagio, y esa sabiduría convencional dice una verdad. Hay momentos en los que la acción espontánea y la franqueza rápida ganan el día. Un momento de vacilación y todo está perdido. Pero hay otros momentos en los que la rapidez traiciona a la psique, cuando su franqueza directa pasa por alto la oportunidad, y es en esta ausencia que la vacilación sigue un camino tortuoso, no euclidiano; sigue la curva de la psique hacia espacios vacíos, hacia una nada donde se muestra la alteridad del inconsciente y se revelan contornos que el camino directo ignora o cubre. Para el filósofo posmoderno Jacques Derrida (1978), es esta “conciencia de nada, sobre la cual toda conciencia de algo se enriquece, tomando significado y forma. Y sobre cuya base puede surgir todo discurso” (p. 8). Este reconocimiento es tan cierto para el análisis como para la filosofía. En el contexto de esta reflexión, imagino la vacilación como una apertura fecunda, una puerta hacia el inconsciente y hacia la nada de la que habla Derrida. Es una nada que enriquece tanto el proceso dialéctico del análisis como nuestra especulación teórica. En este contexto, la vacilación es también una profundización de la interioridad y del espacio psicológico— el cual, para James Hillman, aumenta a través de la lentitud. Para Hillman (1979),

Esta mayor interioridad significa que cada nueva… inspiración, cada idea candente… será atraída primero por los caminos laberínticos del alma, que la serpentean, la ralentizan y la nutren por muchos lados.
(pág. 68)

De acuerdo con los alquimistas, Hillman se refiere a la “paciencia como una primera cualidad del alma” (Ibid., p. 94).

Cuanto más reflexiono sobre el análisis y lo practico, más me impresiona que la vacilación y la lentitud son una forma de llegar a la profundidad de la psique. La palabra vacilación generalmente significa ser lento para hablar, decidir o actuar; contenerse, hacer una pausa o vacilar; vacilar debido a la duda o incertidumbre sobre qué hacer o decir. Con el paso de los años, mi incertidumbre ha seguido profundizándose, y con ella mi sentido de curiosidad y asombro sobre el análisis. La vacilación puede, por supuesto, tener muchos significados negativos; puede referirse a la inacción, como el miedo a los comienzos o una inhibición obsesiva. Como indicador complejo, señala un conflicto dinámico y, a veces, una variedad de estados patológicos. Pero, en el mejor de los casos, puede manifestarse en una reserva de juicio más consciente y orgánica. Esto pone la intención consciente en suspensión y abre un espacio para la deliberación, la repetición y la circunvalación lenta. Tanto Freud como Jung hablaron de esta reserva. Freud (1958) escribió sobre una «atención constantemente suspendida» (p. 111). Su consejo a sus colegas era “retener toda influencia consciente… [y] simplemente escuchar” (Ibíd., p. 112). En resumen, la vacilación de Freud condujo a una abstinencia diseñada para liberar al analista y al paciente, respetar la autonomía del otro y crear un espacio vacío, una nada en la que las proyecciones de sus analizantes pudieran desplegarse.

De la misma manera, Jung (1954) aconsejaba mantener bajo control toda “autoridad y deseo de influencia” en nombre de no ejercer violencia sobre sus pacientes. Si bien Jung desarrolló finalmente su propio enfoque dialéctico, él, al igual que Freud, valoraba una reserva consciente en su compromiso con sus analizados. En el trabajo de análisis, yo también siento la importancia de estos gestos de vacilación y la necesidad de ralentizar el proceso psicológico, de escuchar imágenes una y otra vez y de volver a los comienzos.

Resulta extraño estar describiendo estas reflexiones a mis colegas porque, de una forma u otra, creo que todos conocemos y practicamos este espíritu de vacilación. Lo hemos aprendido desde el comienzo mismo de nuestra formación analítica y se lo enseñamos a nuestros candidatos. Sin embargo, dudo en darlo por sentado. Es una forma de ser que se desarrolla y se personaliza y asimila a lo largo de largos años de práctica analítica, encuentros con la realidad psíquica y la seriedad de sentarse con pacientes y/o con ideas. Por mi parte, sé que a menudo sigo corriendo el peligro de utilizar conceptos abreviados para reemplazar la lucha lenta por una nueva comprensión. Y al trabajar con candidatos en formación en análisis de supervisión y control, a menudo he encontrado la necesidad de reducir la velocidad, ayudarlos a sentarse con el material, apoyar su desarrollo y resistir la presión de respuestas rápidas, ya sea motivada por demandas de transferencia o por compulsiones internas. En Alchemical Studies ( 1953/1968), Jung afirma que

Un conocimiento más profundo de los problemas del desarrollo psíquico nos enseña pronto que es mucho mejor reservar el juicio en lugar de anunciar prematuramente a todo el mundo lo que es. Por supuesto, todos tenemos un comprensible deseo de claridad cristalina, pero tendemos a olvidar que en cuestiones psíquicas nos ocupamos de un proceso de experiencia, es decir, de transformaciones a las que nunca se les debe dar un nombre fijo si su movimiento vivo no ha de petrificarse en algo estático.
(párrafo 199)

Esta reserva de juicio es en parte una respuesta al encuentro con otro, tanto interno como externo. Cuando nos encontramos con ese otro de manera respetuosa, nos hace reflexionar. Interrumpe nuestra propia demanda narrativa de significado y soluciones, nos hace retroceder y abre a los participantes a un compromiso con la psique, y requiere una relativización del ego. Esto prepara el escenario para un proceso dialéctico complejo que es difícil de describir y que varía de un paciente a otro y de un analista a otro.

El movimiento vivo del que habla Jung exige lentitud psíquica, sobre todo en medio de la considerable presión de una cultura que se nutre de la velocidad y la productividad. Quizá ya sea un cliché señalar cómo el tratamiento médico y psicológico se ha visto infectado por el rápido crecimiento de la tecnología que ha producido, a su paso, una industrialización de la realidad psíquica. Fuera de los recintos sagrados de la sala de consulta analítica, la presión por tratamientos más rápidos, terapias farmacológicas y atención médica administrada son marcas de nuestro tiempo. Como analistas, muchos de nosotros diferenciamos nuestras prácticas de estas tendencias. Pero creo que las demandas colectivas de nuestra cultura se han deslizado inconscientemente en nuestras salas de consulta, y la psique tanto de los pacientes como de los analistas ha sido infectada por lo que Carl Honoré (2004) ha llamado el “culto a la velocidad” (p. 11). Honoré cita al psicólogo británico Guy Claxton, quien afirma: “Hemos desarrollado una psicología interna de la velocidad, del ahorro de tiempo y de la maximización de la eficiencia” (Ibíd., p. 4). En su libro Praise of Slowness, Honoré describe su propia vida como “convertida en un ejercicio de prisa”, y señala que el médico estadounidense Larry Dossey “acuñó el término ‘enfermedad del tiempo’ para describe la creencia obsesiva de que “el tiempo se nos escapa, que no hay suficiente y que hay que pedalear cada vez más rápido para no quedarse atrás” (Ibid., p. 3).

Hace muchos años, un joven italiano que estaba en tratamiento se quejaba de sus padres inmigrantes “atrasados”. Eran una familia italiana del viejo mundo que tenía un viñedo y cultivaba uvas en el patio trasero de su casa en un barrio de clase media contemporáneo. Avergonzaban a mi paciente, y él quería distanciarse, encajar y adaptarse al mundo moderno. Soñaba con conducir un supervehículo a más de 200 millas por hora. Estaba a un metro del suelo y todo lo que lo rodeaba era borroso. El vehículo se llamaba “El espíritu de América”. Impulsado por la ansiedad y su deseo de distanciarse de su familia y de sus valores y actitudes del viejo mundo, que consideraba fuera de sintonía con los tiempos, experimentaba la vida como si volara. Nunca tenía tiempo suficiente para lograr lo que quería hacer y obtenía poca satisfacción de sus logros. Uno podría imaginar que su sueño reflejaba la calidad de su impulso sin fundamento y su incapacidad para concentrarse y ver las cosas con claridad.

La particular cualidad de huida maníaca que exhibe este paciente se puede entender a través de su historia psicológica personal, pero también refleja un movimiento continuo en la psique cultural y arquetípica. A un paciente así no lo puede ayudar ningún análisis que esté contaminado por la prisa. Jung ya era consciente de esta tendencia en la década de 1960. En Memories, Dreams, Reflections (1961/73), escribe sobre “nuestro desarraigo, que ha dado lugar a los ‘descontentos’ de la civilización y a tal frenesí y prisa que vivimos más en el futuro… que en el presente” (p. 236). El precio que se paga por “nuevos métodos o artilugios… son engañosos endulzantes de la existencia”, que “de ninguna manera aumentan la satisfacción o la felicidad de la gente en general” (Ibid., p. 236). Pone el ejemplo de “comunicaciones más rápidas que aceleran desagradablemente el ritmo de la vida y nos dejan con menos tiempo que nunca antes. Omnis festinatio ex parte diaboli est —toda prisa es del diablo, como solían decir los viejos maestros” (Ibid., p. 236).

Asimismo, el texto alquímico The Ordinal of Alchemy señala: “El Diablo hará todo lo posible para frustrar tu búsqueda con uno u otro de tres obstáculos, a saber, la prisa, la desesperación o el engaño” (Norton 1953 , p. 22). Continúa:

Porque quien tiene prisa no acabará su obra ni en un mes ni en un año; en este Arte siempre será cierto que el hombre que tiene prisa nunca estará libre de motivos de queja.
(Ibíd., pág. 23)

Si toda prisa es del diablo, seguramente así es el caso del análisis, que comienza con vacilaciones y pausas, silencios que ralentizan y una contención que permite que los ritmos de la psique salgan a la luz.

Creo que el análisis requiere la capacidad de soportar lo que Goethe llamó la “naturaleza infinita” o lo que el pintor Ad Reinhardt llamó la “duración infinita”. En las artes y la filosofía, como en el análisis, la vacilación y la lentitud juegan un papel destacado. El filósofo Martin Heidegger, por ejemplo, pidió que su pensamiento—y en principio, todo pensamiento—deba evadir el “desastre de una presentación inmediata” (citado en Derrida y Leavey 1989, p. 6), y el poeta proyectivo Charles Olsen en una ocasión fue descrito como “un hombre que nunca se dejaba apresurar” (Boer 1975 , p. 11). La vacilación y la lentitud parecen requerir lo que el filósofo francés Paul Ricoeur (1970) llamó “una humillación o herida del conocimiento perteneciente a la conciencia inmediata” (p. 377). Para Ricoeur, como para Jung, esta desposesión del ego requiere un desplazamiento del “origen del significado hacia otro centro que ya no es el tema inmediato de la reflexión” (Ibíd., p. 54). Uno podría imaginar, en términos junguianos, que el origen del significado se desplaza en última instancia hacia un centro transpersonal, un centro distinto del ego. El filósofo Immanuel Levinas amplificó este sentido de alteridad al señalar que “el otro no se da como un tema para el pensamiento o la reflexión” ( Critchley 2002 , p. 8). El otro “no es un fenómeno sino un enigma, algo en última instancia refractario a la intencionalidad y opaco a la comprensión” (Critchley 2002, p. 8). El trabajo de Levinas proporciona quizás la expresión ética más radical de la preocupación compartida por Freud y Jung de no violar a la otra persona. Es un recordatorio importante para los analistas, porque es muy fácil perder la conciencia del enigma de la alteridad con nuestros pacientes a medida que caemos en comprensiones rápidas y estereotipadas, y en el aplanamiento de un encuentro primario, y cuando comenzamos a pensar en ellos en el lenguaje trillado de la taquigrafía analítica. La vacilación y la lentitud -y la experiencia analítica- nos colocan en el umbral de un remedio para este tipo de inconsciencia. Como analistas, la vacilación nos enseña que debemos aprender a esperar a la psique y a apreciar la lentitud del viejo Saturno, el Senex, el juego eterno del niño, el capricho del anima, la lentitud de la gestación y la digestión, la temporalidad orgánica del cuerpo, los kairos del momento y el tiempo geológico del Sí-mismo. Frente a estas realidades clínicas, las narrativas del ego se interrumpen y se retrasan. Nos vemos obligados a esperar, a encontrar la vía indirecta, a resistir la tentación de la técnica fácil o la respuesta rápida. Siempre he imaginado el análisis como un baluarte contra la marea negra de la la tecnología, pero también es cierto que esos baluartes preparan el terreno para una enantiodromía. No hay que ignorar la tecnología y, con ella, el deseo de rapidez de comprensión, de comentarios directos y, a veces, de esas intuiciones espontáneas que resultan estar más arraigadas en la psique objetiva que en contratransferencias irreflexivas.

En definitiva, la calidad del análisis no se puede identificar por sus pausas literales y sus hiatos temporales, sino en una cierta riqueza de compromiso. Junto a omnus festinatio ex parte diaboli est (toda prisa es del diablo), conviene reconocer el valor de la máxima renacentista retomada por los alquimistas, festina lente, a menudo traducida como “date prisa lentamente”. Esto añade complejidad a la noción de vacilación, que no se puede identificar adecuadamente en la simple dicotomía de rápido y lento. Tiene que ver más bien con el kairos , el momento adecuado, y con la moderatio , el grado adecuado. El dicho festina lente ha sido discutido por Erasmo, quien explica la importancia del “momento adecuado y el grado adecuado, gobernados por igual por la vigilancia y la paciencia, de modo que nada lamentable se haga por prisa y nada se deje sin hacer por pereza” (Erasmo 1991). En ocasiones, el adagio ha recibido una representación visual, por ejemplo, en una “moneda emitida por Tito Vespasiano” ( Erasmo 1991, p. 13). En el reverso de esta moneda había un ancla, en cuyo eje central había un delfín enrollado. Erasmo señaló que:

la moneda en sí es un círculo y representa la eternidad, [que] (no tiene principio ni fin), el ancla (retiene y ata un barco) [y] representa la lentitud, y el delfín expresa velocidad (como el más rápido y en sus movimientos el más ágil de los seres vivos).
(Erasmus 1991, pág. 13)

La imagen es un complexio oppositorum o un contraste de opuestos. Muchas imágenes amplifican esta coincidencia de opuestos, y la alquimia está llena de expresiones de esta actitud sutil. La imagen del cangrejo y la mariposa es un ejemplo.

Me gusta especialmente otra expresión de esta actitud: la conocida imagen del alquimista árabe Avicena (980-1037 d. C.) señalando una cadena que une un águila a un sapo mientras exclama: “El águila volando por el aire y el sapo arrastrándose por el suelo son el magisterio” (Fabricius 1976/1989 , p. 55). Fabricius sugiere que esta imagen refleja “la idea central del procedimiento hermético: la conjunción de los opuestos… expresada en el arduo intento de los alquimistas de unir el águila y el sapo, el espíritu y el cuerpo, el intelecto y el instinto, la mente y la materia” (Ibid., p. 55). Si esto es así, para mí también refleja el espíritu de festina lente. Creo que es en este espíritu que debemos entender la vacilación, no como una oposición unilateral a la rapidez, sino como un signo para expresar la cualidad irrepresentable de las acciones relegadas por Matura, la sabiduría que sabe que “cuando las cosas no se hacen ni prematuramente ni demasiado tarde, las llamamos maduras” (Mnemosyne). Este espíritu es una gracia que late en el corazón del arquetipo antes de que se desgarre y que está disponible en un momento de vacilación, intuición o gesto de integridad. El poeta Rumi describe un momento así en un verso de un poema: “quien llega sediento a la fuente y encuentra la luna reflejada en ella” (Rumi 1997 , p. 10). Aquí la exigencia del “instinto” da paso a algo más y recién descubierto en el estanque de la psique. Aunque no estoy exactamente seguro de lo que Rumi tenía en mente, para mí, la belleza de la imagen captura un momento de gracia e integridad en el corazón de un arquetipo indiviso. Es un momento en la encrucijada del tiempo, entre el cielo y la tierra, el instinto y el alma, otro ejemplo de enantiosis, un gesto sutil entre los llamados opuestos.

Este gesto de integridad también fue bien comprendido por las mentes prácticas de los sabios chinos en el ámbito de la acción y se expresa en el concepto wei wu wei. Es un dicho que a menudo se traduce como “hacer-no hacer”, y también es una paradoja de ideas e imágenes contrastantes. Para los chinos, es un dicho que tiene que ver con la acción sin fisuras y se refiere al flujo incesante del cambio. Señala un momento en el que el esfuerzo y la falta de esfuerzo son imposibles de describir en términos que se consideren totalmente independientes uno del otro. La idea está motivada por “un sentido de uno mismo como conectado con los demás y con el propio entorno” (Hardash, sf). No está motivada por un sentido de separación. Es una acción que es espontánea y sin esfuerzo, pero “al mismo tiempo no debe considerarse inercia, pereza o mera pasividad” (Hardash, sf).

Chung Tzu se refiere a esta forma de ser como “vagabundeo sin propósito”, y propongo que consideremos esta noción junto con la “atención uniformemente suspendida” de Freud y la de Jung “mantener bajo control todo deseo de influencia”. Si bien el punto de vista taoísta podría imaginarse como una enantiodromía romántica de nuestra cultura altamente tecnológica, es mejor verlo como otro adagio que significa una noción compleja de vacilación, no muy diferente de festina lente. Apresúrate lentamente ahora puede vincularse con la acción-no acción, y al hacerlo, tal vez podamos ver la luna en el manantial de Rumi, incluso ante la exigencia instintiva. Por eso, me apresuraré a llegar a mi conclusión.

Al proponernos examinar las orientaciones contemporáneas de la teoría y la práctica, tengo la esperanza de que podamos aplicar nuestra sensibilidad analítica al trabajo de reflexión y que la vacilación y la deliberación lenta puedan desempeñar un papel en nuestras consideraciones. Los intereses profesionales son a menudo el lugar de nuestros compromisos más apasionados y están sujetos a las mismas complejidades psicológicas que todos los demás esfuerzos humanos. Cuando nos esforzamos por hacer nuestras contribuciones, nuestros esfuerzos se incrustan en nuestros “instintos” inconscientes y nuestros deseos—en nuestras necesidades de reconocimiento, poder, autoexpresión, identidad y relación con los otros, tanto internos como externos.

Además de los complejos de nuestra psicología personal, los contenidos arquetípicos pueden empujarnos hacia una claridad rápida y prematura y hacia un cierre ontológico. Nuestras teorías a menudo se parecen a los dioses y diosas en cuyo poder trabajamos para desarrollar nuestras visiones y a cuyo servicio nos convertimos en guerreros de sus verdades. Nos convertimos en proveedores de puntos de vista particulares: clásicos, evolutivos, arquetípicos, modernos o posmodernos. Nuestras verdades tienen sus raíces en la psique o la biología, en la filosofía, la física o la poesía, o incluso en la deconstrucción de cualquier punto de vista. No podemos escapar de los dioses; son necesarios. Nos ofrecen santuario, no sólo en nuestro mundo interior sino también en nuestro mundo exterior: nuestras organizaciones profesionales, universidades, consultorios y estudios privados.

Aun así, como analistas, nos esforzamos por liberarnos de las garras de esos demonios personales o arquetípicos. Cuando está bajo su control, nuestra función emocional sigue siendo primitiva. Pero la vacilación puede permitirnos reservarnos el juicio y resistirnos a formulaciones unilaterales. Puede permitirnos mantenernos firmes frente a la presión por ideas claras y distintas que desvitalizan nuestro trabajo y excluyen una apertura a la psique en el umbral del significado y de esa nada con la que la psique se enriquece. Cuando ese espacio abierto se derrumba, caemos en la inconsciencia, nuestras teorías se vuelven obtusas y perdemos algo esencialmente humano.

Me gustaría terminar con un pasaje del poeta Rainer Maria Rilke. En sus Letters to a Young Poet, escribe:

Dejad que vuestros juicios se desarrollen en silencio, sin perturbaciones, y esto, como todo progreso, debe surgir de lo más profundo y no puede forzarse ni acelerarse. Todo es gestación y luego nacimiento. Dejar que cada impresión y cada embrión de un sentimiento llegue a su plenitud, enteramente en sí mismo, en la oscuridad, en lo indecible, en lo inconsciente, más allá del alcance de la propia comprensión, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora en que nazca una nueva claridad: esto es lo único que significa vivir como artista: en la comprensión como en la creación.

En esto no hay medida del tiempo, un año no importa, y diez años no son nada. Ser artista significa no enumerar ni contar, sino madurar como un árbol que no fuerza su savia y se mantiene firme en las tormentas de la primavera, sin temor a que después el verano no llegue. Llega. Pero llega sólo para aquellos que son pacientes, que están allí como si la eternidad se extendiera ante ellos, tan despreocupadamente silenciosa y vasta. Lo aprendo todos los días de mi vida, lo aprendo con dolor y estoy agradecido: ¡la paciencia lo es todo!
(1984, págs. 23-24)

Para recuperar el arte del análisis, los analistas haríamos bien en recordar nuestros complejos, en recordar y liberar a nuestros dioses, y, en mi opinión, no está de más tener en cuenta a Rilke.


Boer, C. (1975). Charles Olsen in Connecticut. Chicago, IL: The Swallow Press Inc.

Critchley, S. (2002). Introduction. In S. Critchley & R. Bernasconi, Eds., The Cambridge companion to Levinas (pp. 1–30). Cambridge, UK: Cambridge University Press.

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Jung al desnudo por sus biógrafos, incluso. Introducción y Conclusión

Logos del alma

Sonu Shamdasani, Inglaterra

De Jung Stripped Bare by his Biographers, Even, ed. Karnak, pp. 1-7, 117-118

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Introducción: biografía, ficción, historia

«Nada lo habría impedido», afirmó Jung. «Quiero decir, ¡imagínate! Un hombre intenta suicidarse con una cuchara. Me parece una justa desesperación. No tuve nada que ver con eso.

«Te ganaste el favor de él. En el momento en que le sostuviste la chaqueta, supo que te tenía en la palma de su mano. Me desespero. Hiciste esto con Blavinskeya. Te enstusiasmaste con las maravillas de la Luna. Lo hiciste con el Hombre Perro. Permitiste que su cuidador lo llevara encadenado. ¡Le dijiste al Hombre de la pluma imaginaria que pensabas que había creado el escrito más hermoso que jamás habías leído! Te juro que no quieres traerlos de vuelta. ¡Quieres dejarlos abandonados en sus sueños!»

Jung se volvió hacia la cómoda y tocó una fotografía en un marco plateado. Mostraba a una mujer que parecía estar de luto: ojos bajos, barbilla gacha, cuentas y vestido negros.

«No es cierto», dijo, «que quiera abandonarlos a sus sueños. Pero alguien tiene que decirles que sus sueños son reales». Luego agregó: «y sus pesadillas».

«No son reales. Son lo que son: manifestaciones de locura».

«La Luna es real», dijo Jung. «La vida de un perro es real. La palabra imaginada es real. Si ellos creen estas cosas, nosotros también debemos hacerlo… al menos hasta que hayamos aprendido a hablar sus idiomas y escuchar sus voces».

Esta conversación entre C.G. Jung y el Dr. Fürtwangler no tuvo lugar. Ni los pacientes: el Hombre-Perro , el Hombre-de-la-pluma-imaginaria, Blavinskeya ni el propio Dr. Fürtwangler , existieron jamás. El diálogo ocurre en Pilgrim, una novela de Timothy Findlay, que presenta el encuentro imaginario entre «pilgrim», un hombre que nunca podrá morir, y Jung, a quien conoce cuando lo internan en el Burghölzli en 1912. En realidad, Jung había abandonado el Burghölzli en 1909, pero esta presunción permitió a Findlay imaginar cómo podría haber reaccionado «Jung» ante el extraordinario destino de un individuo así, si tales acontecimientos hubieran ocurrido. Para dar cuerpo a su relato, Findlay se basó en información histórica sobre Jung que entrelazó con su fantasía, inventando generosamente escenas que nunca tuvieron lugar, algunas de las cuales, sin embargo, como en el relato anterior, pueden tener cierta plausibilidad, dada la historia histórica de Jung. insistencia en la realidad psíquica de las fantasías y la importancia de tomar en serio los delirios. En el contexto de una novela, tales elaboraciones son enteramente legítimas. Pero la historia es una empresa bastante diferente.

La novela de Findlay no es la primera obra, ni probablemente será la última, en la que Jung aparece en un contexto ficticio. ¿Qué tiene él que atrae tales ficciones? ¿Por qué atrae el interés de novelistas y dramaturgos? Una respuesta a estas preguntas puede encontrarse en la plasticidad de las imágenes contemporáneas de Jung. En el discurso cultural, su nombre se evoca a menudo para denotar toda una serie de cuestiones culturales, religiosas, filosóficas, políticas y psicológicas como una especie de taquigrafía. Las discusiones que aparentemente giran en torno a él pueden, examinadas más de cerca, tener escasa relación con la realidad histórica.

Como resultado de esto, hoy nos enfrentamos a una situación grave. Actualmente, vastos sectores del público son incapaces de distinguir entre los relatos ficticios de Jung y la figura histórica, debido a los mitos, ficciones y errores que abundan en la profusión de literatura sobre él. Es alarmante que los profesionales junguianos no sean inmunes a esto. Esta situación se ve agravada por la escasez de información histórica y biográfica confiable sobre él y el hecho insuficientemente consciente de que muchos manuscritos, seminarios y miles de cartas aún permanecen inéditos.

¿Cómo surgió esta situación y qué se puede hacer para remediarla? Se puede encontrar una respuesta rastreando la historia de los intentos de proporcionar relatos biográficos de la vida de Jung y evaluando su éxito. Antes de hacerlo, podemos considerar algunos aspectos generales de cómo se ha entendido a Jung.

Freud y Jung han sido ampliamente considerados los fundadores de la psicoterapia y la psicología profunda moderna. Esta perspectiva presenta una visión particular del tipo de campos que son: en lugar de ser vistas como disciplinas que surgen de desarrollos complejos en el pensamiento y la sociedad occidentales, que abarcan muchas disciplinas e involucran a muchas figuras, la psicoterapia y la psicología profunda han sido vistas como las creaciones solitarias de Freud y Jung. Estos mitos de creación de la psicoterapia han tenido a su vez importantes funciones legitimadoras de la identidad misma de estos campos.

Durante las últimas décadas, varios estudiosos han presentado explicaciones radicalmente diferentes de la génesis de estas disciplinas. Recientemente, presenté una nueva explicación de la génesis de la psicología de Jung, junto con una nueva explicación de aspectos del surgimiento de la psicología y la psicoterapia modernas. Este trabajo cuestionó lo que podría llamarse la «leyenda junguiana». Los aspectos importantes de esto pueden resumirse de la siguiente manera: que Freud fue el fundador de la psicoterapia; que Jung fue discípulo de Freud y de él derivó sus ideas; que las dos figuras más importantes para Jung en la génesis de su obra fueron Freud y Spielrein; que tras su ruptura con Freud, Jung sufrió una crisis nerviosa y de ahí surgió la psicología analítica; que durante este «enfrentamiento con el inconsciente» descubrió (o inventó) sus ideas de inconsciente colectivo , arquetipos e individuación; que la psicología analítica representa una revisión del psicoanálisis; que Jung escribió una autobiografía, que ha sido tomada como la principal fuente de información sobre su vida y obra; y que la psicología analítica actual desciende directamente de Jung y, de hecho, fue fundada por él.

De esta forma, la leyenda junguiana es en parte un tributario de lo que se ha llamado la «leyenda freudiana». Los elementos principales de esto son las afirmaciones de que el psicoanálisis ha tenido un amplio impacto en la sociedad del siglo XX y ha llevado a transformaciones a gran escala en la vida social; que Freud descubrió el inconsciente; que Freud fue el primero en estudiar los sueños y descubrir su significado; que Freud fue el primero en estudiar la sexualidad, descubrir la sexualidad infantil, y sus descubrimientos provocaron una tormenta de desaprobación debido a la represión victoriana; que Freud inventó la psicoterapia moderna y que el psicoanálisis era la forma más avanzada de psicoterapia; que estos descubrimientos se basaron en su autoanálisis y observación de los pacientes. En las últimas cuatro décadas de estudios de Freud, bajo el escrutinio crítico de los historiadores de Freud, esta leyenda ha muerto. Sin embargo, de algún modo, en el discurso general, la leyenda sigue viva.3

Estas leyendas sirvieron para reducir la historia intelectual a una visión de la historia de los «grandes hombres» y reducir la historia del psicoanálisis y la psicología analítica a una batalla entre genios solitarios. Por un lado, estas leyendas cumplen una función de deshistorización radical: Freud y Jung son desarraigados de sus contextos sociales e intelectuales, como fundadores de teorías universales. Por otro lado, estas leyendas sirven para legitimar los discursos contemporáneos y funcionan como convenientes mitos de la creación. Así, con frecuencia se invocan los nombres de Freud y Jung para autorizar concepciones y prácticas que no tienen necesariamente una conexión con las suyas propias.

El éxito de estas leyendas también se ha visto favorecido por dos estilos de pensamiento particulares. La primera es lo que Mikkel Borch -Jacobsen y yo hemos llamado «interprefaction«, que designa un rasgo clave del pensamiento psicoanalítico: la interprefaction significa la manera en que las interpretaciones y construcciones son tratadas como hechos. Cuando prevalece la interprefaction, la exigencia de evidencia disminuye. Debido en parte al impacto del pensamiento psicoanalítico en la biografía, la interprefaction ha llegado a desempeñar un papel crítico en las biografías y ha llevado a formas laxas de psicobiografía. En tales obras, elementos del registro histórico se entrelazan en narrativas basadas en modelos psicodinámicos. La interpretación psicoanalítica llena los vacíos del registro histórico, y cuando encuentra obstáculos, los acontecimientos y sucesos simplemente se resignifican para encajar en un marco predeterminado, a través de una serie de equivalencias simbólicas en las que cualquier cosa puede sustituir a cualquier otra cosa. La trama de una vida la proporciona una teoría ya preparada y disponible en el mercado.

El segundo estilo de pensamiento es la valorización de una concepción subjetivista de la verdad. En esto se sostiene que cada individuo tiene su «propio» Freud o Jung, y que esto es «psíquicamente real» y tiene tanta validez como el Freud o Jung de cualquier otra persona. En algunas variantes, esto está aliado a formas de perspectivismo radical derivadas de lecturas dudosas del pensamiento postestructuralista. Por útil que pueda ser tal concepción en psicoterapia, cuando se aplica a la historia tiene consecuencias nocivas. Como figuras históricas, Freud y Jung quedan anulados y uno puede decir lo que quiera sobre ellos. Todos los puntos de vista son tratados como opiniones al mismo nivel y la historia, como disciplina, es negada.

En este contexto, la biografía juega un papel particular. «Nos hemos convertido en una cultura de la biografía», señaló Justin Kaplan en 1994, comparando la «presencia saturante de la biografía» con «una invasión de ladrones de cuerpos».5

En la introducción a un volumen reciente sobre biografía científica, Michael Shortland y Richard Yeo señalaron la paradoja de que, si bien estamos en la «Era de la biografía», y aunque las encuestas muestran que las biografías son la forma más popular de no ficción en Gran Bretaña, la biografía sigue siendo una de las «formas de escritura contemporánea menos estudiadas».6 Dos cuestiones que comentan plantean problemas particulares para la historia: la erosión de la distinción entre biografías y novelas ¿Y cuán poco se basan muchos biógrafos en el trabajo de los historiadores? Así, para el público en general, es más probable que el paisaje histórico esté configurado por biógrafos que por historiadores.

Esto es particularmente marcado en los casos de Freud y Jung. Dada la vasta extensión de sus obras y las montañas de literatura secundaria sobre ellas, las personas recurren a las biografías para obtener la clave para comprender su vida y su obra. Las nuevas biografías de Jung, a diferencia de las nuevas obras de Jung, reciben amplias reseñas en periódicos y publicaciones periódicas, y se venden mejor que sus obras. Por lo tanto, vivimos en una época en la que dichas biografías desempeñan un papel fundamental en la configuración de la percepción y recepción pública de su obra. En consecuencia, las imágenes contemporáneas de Jung se deben más a las biografías que a cualquier otro género. En tal contexto, es aún más crítico que las biografías sean históricamente precisas.

En el caso de Jung, el atractivo de las biografías se ve incrementado por la dificultad de algunos de sus escritos. En 1946, le escribió a Wilfred Lay:

En verdad has comprendido mis propósitos, incluso hasta mi estilo «erudito». De hecho, mi intención era escribir de tal manera que los tontos se asustaran y sólo los verdaderos eruditos y buscadores pudieran disfrutar de su lectura.8

Así, las biografías de Jung ofrecen la promesa de hacer su obra más accesible, en particular para los lectores en general.

Las biografías de los psicólogos también sirven para humanizarlos. Los detalles mundanos de las actividades cotidianas y los incidentes «demasiado humanos» sirven para acercarlos y funcionan como una compensación por el estatus mítico más grande que la vida que han obtenido. Dado que los psicólogos han propuesto nuevas formas de vida, uno busca investigar sus vidas para ver cómo vivieron y encarnaron su propia psicología, y también para ver cómo sus idiosincrasias particulares pueden haber moldeado sus psicologías. Así, las biografías desempeñan un papel fundamental como herramienta para evaluar sus obras y funcionan como tipos informales de «crítica psicológica».

En las biografías de psicólogos, el uso de modos formales o informales de interpretación psicológica por parte de los biógrafos suele ser particularmente problemático. Los principios de una escuela particular de psicología, o la psicología casera del biógrafo, se consideran con demasiada frecuencia como explicaciones universales del carácter y la motivación, superiores a las del psicólogo en cuestión. Por lo tanto, las biografías pueden servir para legitimar interpretaciones, perspectivas y prejuicios particulares preexistentes, incorporándolos a la narración de una vida.

Así, el género de la «vida» proporciona un marco que da permanencia a una lectura particular de Jung. Esta perspectiva corre el riesgo de provocar un cortocircuito en la compleja tarea de evaluar un trabajo multifacético. Al recurrir a la biografía para dar cuenta de la génesis de una psicología, la biografía se convierte en un sustituto, un sucedáneo de la historia. Así, en lugar de evaluar el trabajo de Jung en relación con los avances pasados y presentes en psiquiatría, psicología, psicoterapia, ciencias humanas, religión comparada, teología, etc., las opiniones relativas a su conducta personal en circunstancias reales o imaginarias constituyen con demasiada facilidad la última posición para juzgarlos.9

Ha habido muchas biografías de Jung, que abarcan medio siglo. Así, las biografías de Jung forman una subdisciplina en sí mismas. ¿Pero nos han acercado fundamentalmente al Jung histórico? ¿Puede alguno de ellos pretender ser definitivo? ¿Cómo deberíamos ver sus relatos contradictorios? Este trabajo se propone abordar estas cuestiones. Comienza con una consideración de las opiniones de Jung sobre biografías y autobiografías, y sigue los intentos de escribir obras biográficas sobre Jung durante su vida por parte de Lucy Heyer, E.A. Bennet y Aniela Jaffé . Describe las vicisitudes de la publicación de las Collected Works de Jung e indica las consecuencias insospechadas que esto ha tenido para las biografías y obras posteriores sobre Jung. Considera los proyectos biográficos de Barbara Hannah, Vincent Brome, Gene Nameche y R.D. Laing, Paul Stern, Gerhard Wehr , Frank McLynn , Ronald Hayman y Deirdre Bair. Finalmente, se pregunta: ¿cuántas vidas póstumas le corresponde vivir a Jung?

Conclusión: ¿la vida después de la biografía?

Comenzamos considerando las reservas de Jung sobre su idoneidad como tema para una biografía. En retrospectiva, parece que sus escrúpulos estaban bien fundamentados y, de hecho, incluso podría considerarse profético del destino que le esperaba. Sobre la base de lo anterior, sostengo que ninguna de las biografías de Jung hasta la fecha puede considerarse definitiva y que todas dejan mucho que desear. Las múltiples vidas de Jung desde su muerte no nos han acercado significativamente al Jung histórico, y la primera, de Barbara Hannah, es, en mi opinión, la más fiable y la más importante.

Hemos visto que las «vidas» de Jung después de su muerte han proporcionado una variada serie de retratos. A veces puede resultar difícil reconocer el tema de uno como el mismo que el de otro. Este trabajo ha intentado evaluarlos en términos de su evidencia documental, su uso de fuentes publicadas e inéditas y la coherencia de sus argumentos. Las siguientes son algunas de las deficiencias que hemos visto en algunos de ellos: confusiones cronológicas, falta de consulta de todos los materiales publicados pertinentes, malas interpretaciones de materiales de dominio público y de archivos, dependencia de fuentes anónimas, interpretaciones, repetición de mitos, comprensión insuficiente de las ideas de Jung y su contexto histórico, y consulta insuficiente de los manuscritos y correspondencias del propio Jung. También hemos visto cómo los sueños y fantasías de Jung, con demasiada frecuencia, han funcionado como manchas de tinta de Rorschach y han atraído todo tipo de fantasías, y que la línea divisoria entre las novelas y obras de teatro sobre Jung y las obras de no ficción no siempre ha sido tan clara como podría ser.

¿Cuáles son, entonces, las perspectivas para futuras biografías de Jung? En realidad, estas deficiencias pueden corregirse de manera sencilla, mediante el uso de métodos históricos contemporáneos.387 Como algunos han señalado, no hace falta decir que una biografía definitiva de Jung sólo será posible una vez que todas las fuentes clave estén disponibles y se estudien. La publicación de sus manuscritos inéditos, correspondencias y seminarios en ediciones históricas académicas permitirá que las biografías futuras, de hecho, todos los estudios futuros de Jung, estén mejor fundamentados en los textos primarios. Después de la publicación del Libro Rojo de Jung, es posible que las futuras biografías finalmente empiecen a basarse en el material primario más importante. Al mismo tiempo, es importante subrayar que la biografía no puede sustituir la contextualización histórica.

Si este estudio de medio siglo de intentos de escribir la vida de Jung ha demostrado que han dejado mucho que desear, esta conclusión subraya al mismo tiempo el hecho de que aún queda por hacer una gran cantidad de investigación primaria realizada por muchas manos. Esta investigación tiene el potencial de transformar las opiniones actualmente recibidas sobre Jung hasta un punto difícil de imaginar.


Notas

1. Findlay, 1999, pág. 57.

2. Shamdasani, 2003.

3. Sobre la leyenda freudiana, véase Henri Ellenberger (1970a, pp. 547-548), Frank Sulloway (1979, pp. 489-495) y Mikkel Borch -Jacobsen y Sonu Shamdasani, de próxima publicación.

4. Por ejemplo, Christopher Hauke, 2000; Susan Rowland, 1999, 2002.

5. Justin Kaplan, 1994, págs.1, 8.

6. Shortland y Yeo, 1996, pág. 1.

7. Ibíd., págs. 3-4.

8. 20 de abril de 1946, en Adler, 1973, p. 425.

9. Se puede contrastar esto con la advertencia de Nietzsche sobre la evaluación de las obras de los artistas en La genealogía de la moral: «lo mejor es separar al artista de su obra, no tomarlo tan en serio como a su obra. Después de todo, es sólo la condición previa de su trabajo, el útero, el suelo, a veces el estiércol y el estiércol sobre el cual crece y, por lo tanto, en la mayoría de los casos es algo que uno debe olvidar si quiere disfrutar del trabajo mismo» (Nietzsche, 1887, II, 4).

387. Para ejemplos de obras biográficas que hacen plena justicia a los contextos sociales e intelectuales, véanse la biografía de Darwin de Janet Browne (1995, 2002), la de Erikson de Lawrence Friedman (1999) y la de Piaget de Fernando Vidal (1994). Una consideración más completa de estas obras llevaría a distinguir entre dos géneros distintos: la biografía de biógrafos profesionales, que ha sido la consideración principal de este libro, y la biografía de historiadores de la ciencia. También es importante señalar que, junto con la tradición biográfica de Jung, muchos estudiosos han llevado a cabo silenciosamente importantes investigaciones históricas sobre Jung.

Jung al desnudo por sus biógrafos, incluso. 4. Una nueva vida de Jung

Traducciones

Sonu Shamdasani, Inglaterra

De Jung Stripped Bare by his Biographers, Even, ed. Karnak, pp. 87-116

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Llegamos ahora a la biografía más reciente de Jung, Jung: A Biography, de Deirdre Bair (el título es el mismo que el de la edición inglesa de la biografía de Wehr ). Este es el más largo y detallado hasta la fecha. En este capítulo planeo examinar algunas de las afirmaciones que en él se hacen y examinar la evidencia que las respalda. Dada su escala, merece ser examinado con más detalle que las obras anteriores.

Cerca del comienzo del libro, Bair se refirió a la asistencia de Jung durante sus días de estudiante a sesiones espiritistas en la casa de una figura conocida sólo como «Walze».256 Sin embargo, esta figura resulta no ser otra que el propio Jung. Su amigo de toda la vida, Albert Oeri, recordó más tarde: «Carl–o el ‘Walze’ [rodillo], es como todavía lo llaman sus viejos amigos con el apodo de esa época».257 Al leer el libro de Bair a la luz de mis investigaciones sobre Jung, esta impresión de identidades erróneas permaneció conmigo en todo momento.

Sólo en 1995 se terminaron las Collected Works alemanas, cuya preparación contó con el apoyo de la familia, y sólo en 1993 se preparó una lista completa de los manuscritos de Jung en la ETH. En 1992, el comité ejecutivo de los herederos tomó la resolución de estudiar el corpus inédito de manuscritos, seminarios y correspondencias de Jung, y considerar posibilidades de futuras publicaciones. A Bair se le concedió acceso a los documentos de Jung en la ETH de acuerdo con las condiciones generales de acceso para todos los estudiosos, pero no se le concedió acceso a los materiales de los archivos familiares. El comité ejecutivo también acordó responder preguntas específicas. Desafortunadamente, las respuestas no fueron enviadas para su verificación.259 Bair estudió algunas de las correspondencias de Jung en la ETH y fue el primer biógrafo en utilizarlas. Con respecto a estos, señaló que el catálogo de fichas estaba restringido y que tenía que saber qué correspondencias quería consultar.260 En general, no estudió los manuscritos inéditos, señalando que el acceso había sido limitado por el patrimonio de Jung y el personal de la ETH.261 Según las condiciones de acceso, el patrimonio de Jung no puede restringir el acceso a los manuscritos.

Al igual que Hayman, Bair utilizó los protocolos de Memories y las entrevistas de Nameche. Al igual que Brome, entrevistó a personas que conocían a Jung y, al igual que Brome, utilizó fuentes anónimas. Además, también utilizó archivos privados anónimos. Hizo más uso de materiales de archivos públicos y privados que sus biógrafos anteriores. Así, para el público en general, la biografía de Bair presentaba mucho más material hasta entonces desconocido que las biografías anteriores de Jung. Al mismo tiempo, esto hace que sea más difícil de evaluar para cualquiera que no esté familiarizado con algunos de estos materiales.

Retomamos la historia en la época en que Jung entró en comunicación con Freud. En 1907, Jung estaba cada vez más desencantado por las limitaciones de los métodos experimentales y estadísticos en psiquiatría y psicología. En la clínica ambulatoria de Burghölzli, presentó demostraciones hipnóticas, lo que llevó a su interés por la terapéutica.262 Esto llevó a su interés por la terapéutica y al uso del encuentro clínico como método de investigación. Jung conoció a Freud por primera vez en 1907.263

Como hemos visto, la relación de Jung con Freud ha sido muy mitificada. Está claro que Freud y Jung procedían de tradiciones intelectuales bastante diferentes y estaban unidos por intereses compartidos en la psicogénesis de los trastornos mentales y la psicoterapia.264 Su intención era formar una psicoterapia científica basada en la nueva psicología y, a su vez, en fundamentar la psicología en la investigación clínica en profundidad de la vida individual. Con el liderazgo de Bleuler y Jung, el Burghölzli se convirtió en el centro del movimiento psicoanalítico. Gracias a su defensa, el psicoanálisis ganó audiencia en el mundo psiquiátrico alemán.

A partir de 1909, Jung se embarcó en un extenso estudio de la mitología, la religión comparada, la antropología y el folclore. Se esperaba que la aplicación del psicoanálisis iluminaría la historia cultural, que a su vez iluminaría la psicología del individuo. Intentaba construir una psicología filogenética de base biológica basada en las teorías de la memoria de finales del siglo XIX y una psicología transcultural colectiva. Supervisó el trabajo de los estudiantes a quienes animó a realizar investigaciones sobre dichos temas. Uno de esos estudiantes fue J. J. Honegger.

Para Bair, siguiendo a Richard Noll, lo que estaba en juego es la cuestión de si Jung robó la obra de Honegger y, en consecuencia, la idea del inconsciente colectivo.265 Esto es absurdo. Como he mostrado en otro lugar, las nociones de un inconsciente colectivo o transindividual estaban tan extendidas en el último cuarto del siglo XIX que resulta sorprendente que el término real, «inconsciente colectivo», no se utilizara antes de Jung, hasta donde yo sé.266

La investigación de Honegger se centró en un paciente, E. Schwyzer, que nació en 1862. Era dependiente de una tienda y no había tenido estudios superiores. Había vivido en París y Londres y, tras un intento de suicidio, fue internado en un asilo en Londres durante un año y medio. Después de esto, fue a Zurich, donde fue internado en el Burghölzli el 7 de octubre de 1901. El caso fue el tema de la presentación de Honegger en el congreso psicoanalítico de 1910 en Nuremberg. Según Bair, Jung vio algo universal en la visión del falo solar del paciente en 1901, pero no hay evidencia que respalde esta datación. He sostenido en otro lugar que el giro específico que tomaron las fantasías del paciente se debió en realidad al impacto sugestivo del modo de interrogatorio de Honegger, y que la observación puede haber seguido al inicio del proyecto mitológico.267

En 1911, Honegger se suicidó. Según Bair, los documentos de Honegger indican su «enfermedad mental».268 He leído estos artículos y no veo de qué está hablando Bair.269 En cuanto a los indicios contemporáneos de la condición mental de Honegger, tenemos el comentario de Jung a Freud de que Honegger se suicidó para evitar una psicosis,270 pero no hay ninguna implicación en el parte de Jung que Honegger tenía una enfermedad mental cuando ejercía como psiquiatra y trabajaba con Jung como estudiante y asistente. De hecho, en marzo de 1910, cuando Jung realizó un viaje a América, confió sus pacientes a Honegger.271

Por esta época, el desarrollo teórico de Jung provocó cambios en su técnica.272 Estos cambios jugaron un papel importante en su disputa con Freud. Ernst Falzeder ha reconstruido el papel que jugó en esto Elfriede Hirschfeld, una paciente que fue tratada tanto por Freud como por Jung. Falzeder señaló que «Freud y Jung se criticaron mutuamente, utilizando el caso de Frau Hirschfeld como motivo aparente».273 El 2 de enero de 1912, Jung le escribió a Freud:

Le dije que lo único que quería era un poco de simpatía que usted, por muy buenas razones que usted mismo conoce, quizá le haya negado… Yo mismo no me comportaba, a menudo muy malgré moi, de una manera tan abstracta, porque a veces no podía reprimir mi simpatía y, como de todos modos ya estaba ahí, se la ofrecía con gusto al paciente, diciéndome que el paciente como ser humano tenía derecho a tanta estima y preocupación personal como el médico considerara oportuno otorgarle.274

Como señaló Falzeder , en retrospectiva, Freud hizo los siguientes comentarios en un documento entregado a su «comité secreto» en 1921:

También fue la primera vez que Jung reveló su carácter dudoso… Durante una estancia de vacaciones en Zúrich, una vez le dejó venir a conocerlo. En esta ocasión expresó su asombro de que ella pudiera soportar estar en análisis conmigo sin calidez ni simpatía, y se recomendó un tratamiento con mayor temperatura y con más brío.275

En 1914, en su historia del movimiento psicoanalítico, Freud citó una carta de un paciente de Jung sobre su análisis con Jung para indicar «la forma adoptada por la terapia neo-Zurich bajo estas influencias»:

Esta vez no se prestó ni la más mínima atención al pasado o a la transferencia. Dondequiera que creí reconocer este último, se decía que era un símbolo libidinal puro. La instrucción moral fue muy fina y la seguí fielmente, pero no avancé un paso. Era aún más molesto para mí que para él, pero ¿cómo podría evitarlo? … En lugar de liberarme mediante el análisis, cada día me traía nuevas exigencias que debía cumplir si quería vencer la neurosis—por ejemplo, la concentración interior mediante la introversión, la meditación religiosa, la reanudación de la vida con mi esposa en devoción amorosa, etc. Estaba casi más allá de las fuerzas de uno; apuntaba a una transformación radical de toda la naturaleza interior de uno. Salí del análisis como un pobre pecador con intensos sentimientos de contrición y las mejores resoluciones, pero al mismo tiempo en completo desánimo. Cualquier clérigo habría aconsejado lo que él recomendó, pero ¿dónde iba a encontrar fuerzas?276

El objetivo de la cita de Freud era mostrar que la técnica terapéutica de Jung no tenía nada que ver con el psicoanálisis. El paciente en cuestión parece ser nada menos que Oskar Pfister. En 1914, Karl Abraham escribió a Freud a propósito de Pfister: «su carta citada en la ‘Historia’ fue escrita en oposición a Jung; con su cambio de actitud regresa a Jung, ¡y ahora de nuevo a ti!»277 Después de leer la obra de Freud, Jung le comentó a Poul Bjerre :

En violación de la discreción médica, Freud incluso hizo un uso hostil de la carta de un paciente, una carta que el interesado, a quien conozco muy bien, escribió en un momento de resistencia contra mí. ¡¡¡Y si publicara lo que me han contado sobre Freud!!! Estas prácticas son características de las políticas vienesas. Un enemigo así no merece ese nombre.278

A pesar de utilizar material del artículo de Falzeder, Bair afirmó que Jung sentía que su ruptura con Freud lo privaba del derecho a utilizar la psicología de Freud en su terapia,279 y que Jung se dio cuenta de que no tendría credibilidad después de la cita de la carta de Freud.280 No se dan fuentes para estas afirmaciones, que presentan una mala interpretación de los conflictos entre Freud y Jung. No hay indicios de que su ruptura con Freud llevara a Jung a cambiar su práctica. Más bien, los cambios de técnica de Jung fueron una fuente de su conflicto.281

El resultado de las investigaciones mitológicas de Jung fue Transformation and Symbols of the Libido. Aquí, Jung sintetizó las teorías del siglo XIX sobre la memoria, la herencia y el inconsciente y postuló una capa filogenética del inconsciente que todavía estaba presente en todos y que consistía en imágenes mitológicas. Jung intentó aplicar su nueva teoría de la libido para explicar el simbolismo de la mitología y el folklore. Para Jung, los mitos eran símbolos de la libido y representaban sus movimientos típicos. Utilizó el método comparativo de la antropología para reunir una vasta panoplia de mitos y luego los sometió a una interpretación analítica. Más tarde lo llamó método de amplificación.282 El trabajo de Jung se basó en una interpretación psicológica de un artículo escrito en francés por la señorita Frank Miller, «Algunas instancias de imaginación creativa subconsciente», que fue publicado originalmente por Theodore Flournoy en su revista Archives de Psychologie.283

En la segunda parte de la obra, Jung revisó y amplió el concepto de libido. Observó que si bien el término provenía de la esfera sexual, su connotación en el psicoanálisis se había vuelto mucho más amplia. Presentó un nuevo modelo de libido, en el que había tres fases de desarrollo: una etapa presexual, una etapa prepuberal que comienza entre los tres y cinco años y la madurez. Había una multiplicidad de impulsos e instintos distintos de la libido.284

Bair afirmó que el «terror» de escribir la segunda parte de la obra llevó a Jung a practicar yoga. Observó que para Jung, la segunda parte estaba en un lenguaje que correspondía a cómo hablaban los arquetipos, que lo avergonzaba y iba contra la corriente, pero se vio obligado a escribirla.285 No se proporciona ninguna fuente para estas declaraciones. En realidad, provienen de las Memories o de los protocolos, y se refieren al posterior enfrentamiento de Jung con el inconsciente, y en concreto a la composición de los Libros Negros. En Memories, Jung afirmó:

Con frecuencia estaba tan alterado que tenía que eliminar las emociones mediante prácticas de yoga. Pero como mi propósito era aprender lo que estaba pasando dentro de mí, lo haría sólo hasta que me hubiera calmado y pudiera retomar el trabajo con el inconsciente.286

También en Memories, al referirse a escribir sus fantasías en los Libros Negros, Jung afirmó:

Primero formulé las cosas tal como las había observado en el «lenguaje altisonante», pues eso corresponde al estilo de los arquetipos. Los arquetipos hablan del estilo de la alta retórica, incluso de la grandilocuencia. Es un estilo que me resulta embarazoso; me irrita los nervios… pero como no sabía lo que estaba pasando, no tuve más remedio que escribirlo todo en el estilo seleccionado por el propio inconsciente.287

Así, los comentarios de Jung sobre sus experimentos con la imaginación activa a partir de 1913 se interpretan erróneamente como referencia a la composición de una obra académica de 1911-1912.

Fue en 1913 cuando Jung rompió su relación personal con Freud. El 21 de septiembre, Freud escribió una carta a Alphonse Maeder en la que indicaba que dudaba de la «buena fe» de Jung.288 Maeder se lo comunicó a Jung, quien luego escribió a Freud indicándole que había renunciado a su puesto como editor del Jahrbuch.289

Como hemos visto, la confrontación de Jung con el inconsciente ha atraído todo tipo de diagnósticos. Al igual que Frank McLynn, Bair se refirió a las experiencias de Jung como visiones «psicóticas», siguiendo el conocido mito de la locura de Jung.290 No proporcionó pruebas de su diagnóstico. En el curso de mi propio estudio de este período, basado en los Libros Negros y el Libro Rojo de Jung, no he encontrado ninguna evidencia que apoye tal diagnóstico.

En su seminario de 1925, Jung narró un acontecimiento significativo que ocurrió cuando estaba escribiendo sus fantasías en los Libros Negros. En una ocasión se preguntó qué estaba haciendo y escuchó una voz que decía que era «arte». Esto le llevó a pensar que: «Quizás mi inconsciente está formando una personalidad que no soy yo, pero que insiste en salir a expresarse».291 Continuó sus diálogos con esta figura. Reconoció esta voz como la de una paciente holandesa, que había hecho creer a uno de sus colegas que era un artista incomprendido. Anteriormente he sostenido que la mujer en cuestión (la única holandesa en el círculo de Jung en ese momento) era Maria Moltzer, y que el colega en cuestión era el amigo y colega de Jung, Franz Riklin , quien cada vez más abandonaba el análisis por la pintura.293

Como hemos visto, Brome, McLynn, Hayman y otros han presentado reinterpretaciones insuficientemente fundamentadas de la teoría de Jung. El sueño de «Siegfried» en términos de Freud y Sabina Spielrein. En Memories, la fecha del sueño es el 18 de diciembre de 1913. Bair comentó este episodio y criticó lo que, según ella, eran las libertades que Jaffé se tomó con los protocolos. Bair notó que en los protocolos, en ninguna parte se da la fecha, y que no hay ningún relato del pánico que sería suficiente para contemplar la posibilidad de dispararse, como se narra en Memories.294 Por el contrario, Bair afirmó que Jung atribuyó este sueño a llevar su confrontación con el inconsciente a una «conclusión satisfactoria».295

¿Qué está pasando aquí? En la página 98 de los protocolos, encontramos el siguiente comentario de Jung sobre este sueño: «Tendría que matarme a tiros, si no entendía este sueño, pensé en ese momento».296 Jung le había dado a Jaffé acceso a los Libros Negros. Si los miramos, encontramos que la fecha está anotada exactamente como la dio Jaffé : 18 de diciembre de 1913.297 Además, encontramos allí que Jung notó que si no entendía el sueño, sentía que debía suicidarse. Así, el relato de Memories concuerda con el relato contemporáneo de Jung en los Libros Negros. También concuerda con el relato que Jung le hizo a Bennet del sueño, que ni McLynn , Hayman ni Bair citaron, a pesar de que fue publicado.298

Fue el 13 de diciembre cuando Jung dio el paso decisivo de comenzar a evocar fantasías en estado de vigilia y a elaborarlas. Si el sueño de Sigfrido hubiera puesto realmente fin a su confrontación con el inconsciente, su fase crítica sólo habría durado una semana, un tiempo bastante corto para un «descenso al inframundo». No he encontrado ningún lugar donde Jung afirme que el sueño llevó esto a una conclusión satisfactoria, lo cual sería peculiar, ya que apenas estaba comenzando su «confrontación con el inconsciente». Tampoco hay ninguna sugerencia al respecto en sus comentarios a Bennet, citados anteriormente.

A lo largo de 1914, Jung continuó con su autoexperimentación de forma regular. Mantuvo su práctica y su plena actividad profesional, y en su tiempo libre se dedicaba a estudiar sus fantasías, que escribía en sus Libros Negros.299 Aparte de dos semanas de servicio militar, dos semanas en Italia, una semana en Inglaterra y un par de días en la Engadina, permaneció en Zúrich en 1914.300 Entre junio y julio de 1914, Jung tuvo tres veces el sueño de estar en tierra extranjera y tener que regresar rápidamente a casa en barco, seguido del descenso de un frío glacial.301 Bair afirmó que Jung veía estos sueños como una precognición de la guerra.302 Sin embargo, en los Libros negros de Jung no hay evidencia de esto. En realidad, fue sólo después del estallido de la guerra que Jung consideró retrospectivamente que sus fantasías habían sido precognitivas.303 Después de darse cuenta de esto, Jung comenzó a escribir el Libro Rojo. El estallido de la guerra lo había convencido de que algunas de sus fantasías eran precognitivas. Como señala en Memories, «tenía que intentar comprender qué había sucedido y en qué medida mi propia experiencia coincidía con la de la humanidad en general».304

Según Bair, después de su conferencia en Aberdeen el 28 de julio de 1914, Jung se dio cuenta de que la única manera de formar un sistema distinto del de Freud era tratarse a sí mismo como a un paciente. Señaló que recordaba los diarios que había llevado hasta 1900, y que decidió revivirlos para dedicarse a observarse a sí mismo y a meditar sobre el inconsciente , «lo que más tarde llamaría individuación».305 Añadió que decidió limitarse a las «metáforas del lenguaje». No se proporciona ninguna fuente para esta declaración, pero parece basarse en la siguiente declaración de Jung a Aniela Jaffé en los protocolos:

Este fue un intento de meditar sobre mí mismo y comencé a describir mi condición interior. Esto se me representó en una metáfora literaria: por ejemplo, yo estaba en una nube y el sol brillaba. insoportablemente (sol = conciencia).306

Esta afirmación en realidad se refiere al comienzo de los Libros Negros, que ocurrió en octubre de 1913. Estos libros no consisten en «pensamientos aleatorios», «acontecimientos diarios» o «anotaciones de lecturas», como afirmó Bair.307

El Libro Rojo no ha estado disponible públicamente para su estudio. Sin embargo, a diferencia de los biógrafos anteriores de Jung, esto no impidió que Bair hiciera una serie de afirmaciones sorprendentes sobre su contenido. Por ejemplo, señaló que en el Libro Rojo, Jung presentó «dibujos ilustrados de sus fantasías acompañados de textos interpretativos».308 Sin embargo, en el Libro Rojo, los dibujos de Jung generalmente no representan sus fantasías, ni las interpreta. Lo mejor es considerar las pinturas como imaginaciones activas por derecho propio .

Bair afirmó que el Libro Rojo contiene variaciones de las fantasías de Salomé, Elías y Filemón.309 Este no es el caso en absoluto. Llegó incluso a decir que «todas» las figuras internas de Jung procedían del Fausto de Goethe.310 Esto no es cierto: una lectura de Memories es suficiente para refutar esta afirmación, ya que Jung se refiere a figuras que no aparecen en el Fausto de Goethe, como Ka y Atmavictu (sin mencionar a Elías y Salomé), y el texto real contiene muchos más.

Bair afirmó que en ese momento Jung abandonó los Libros Negros por el Libro Rojo, ya que sentía que se necesitaba un libro especial para las metáforas del lenguaje que surgían cuando Filemón hablaba.311 Sin embargo, Jung no abandonó los Libros Negros y continuó escribiendo en ellos mientras trabajaba en el Libro Rojo.

Una fuente del Libro Rojo que citó Bair fue Richard Hull. Señaló que en 1961 Jung invitó a Hull a leer el Libro Rojo, y que Hull consideró que proporcionaba «la prueba más convincente de que todo el sistema de Jung se basa en fantasías psicóticas» y que era obra de un lunático.312 Añadió que Jung decidió no publicar el Libro Rojo «ya que deja salir el gato de la bolsa».313 La última declaración está entre comillas, pero su fuente no está identificada. Después de ver el Libro Rojo, Hull le escribió lo siguiente a William McGuire:

Ella [AJ] nos mostró el famoso «Libro Rojo», lleno de dibujos realmente locos con comentarios en escritura monacal; ¡No me sorprende que Jung lo mantenga bajo llave! Cuando entró y lo vio tirado (afortunadamente cerrado) sobre la mesa, le espetó: «Eso no debería estar aquí. ¡Llévatelo!». aunque ella me había escrito antes que él me había dado permiso para verlo.314

Por tanto, está claro que Hull no hizo ningún estudio prolongado de la obra. En mi propia experiencia, me llevó varios años de estudio comprender la obra correctamente, y no fue hasta que estudié los Libros Negros que la entendí completamente.

Si bien el Libro Rojo aún no se ha publicado, sí se ha publicado un texto crítico de este período. En 1916, Jung compuso una obra que tituló «Los siete sermones a los muertos». En Memories, Jung señaló que «estas conversaciones con los muertos formaban una especie de preludio de lo que tenía que comunicar al mundo sobre el inconsciente: una especie de patrón de orden e interpretación de sus contenidos generales».315 El texto presenta un esbozo de una psicocosmología escrita en un estilo literario y simbólico. Bair afirmó que es como un libro de texto de autoayuda, lo cual es una descripción extraña.316 Según Bair, los Sermones surgieron espontáneamente de la nada.317 En realidad , los Sermones presentaban una síntesis preliminar de los puntos en los que Jung había estado trabajando lentamente en los Libros Negros y en el Libro Rojo. En Memories, Jung dio el siguiente relato de las circunstancias en las que surgió:

El domingo, alrededor de las cinco de la tarde, el timbre de la puerta empezó a sonar frenéticamente. Fue un verano brillante; las dos criadas estaban en la cocina, desde donde se podía ver el espacio abierto ante la puerta principal. Todos inmediatamente miraron para ver quién estaba allí, pero no había nadie a la vista. Estaba sentado cerca del timbre de la puerta y no lo escuché, pero lo vi moverse. Todos simplemente nos miramos el uno al otro. ¡El ambiente era espeso, créanme! Entonces supe que algo tenía que pasar. Toda la casa se llenó como si hubiera una multitud presente, abarrotada de espíritus. Estaban amontonados hasta la puerta y el aire era tan denso que apenas se podía respirar. En cuanto a mí, me estremecí cuando pregunté: «Por el amor de Dios, ¿qué es esto?». Luego gritaron a coro: «Hemos regresado de Jerusalén donde no encontramos lo que buscábamos». Así es el comienzo del septiembre. Sermones.318

Según Bair, este suceso ocurrió en un día sofocante del verano de 1916.319 Ella contó cómo Toni Wolff se había ido después de comer con la familia y pasar la tarde con Jung junto al lago. Añadió que se avecinaba una tormenta y que todos esperaban que eso pusiera fin al incómodo calor.320 La narración suena casi como el relato de un testigo presencial. Bair afirmó que su relato se basa en dos «protocolos», que no están identificados.321 Si uno consulta los Libros Negros, verá que el día en cuestión fue en realidad el 30 de enero de 1916.322 Las olas de calor no son precisamente comunes en Zúrich durante los inviernos.

Después de completar el trabajo, Jung lo imprimió de forma privada. A lo largo de los años, regaló muchos ejemplares a estudiantes, amigos y colegas. Bair afirmó que cuando Jung volvió a copiar el texto, quedó horrorizado por lo que leyó y decidió dejar que pocas personas lo leyeran.323 No se proporcionan fuentes para este comentario. El «horror» de Jung sería muy extraño, dado que los Sermones presentaban la elaboración de lo que había estado trabajando durante varios años, y continuaría elaborando, y además, dado que lo consideraba como «una especie de preludio de lo que yo tenía que comunicar al mundo sobre el inconsciente».324 En 1925, la obra fue traducida por H. G. Baynes y publicado de forma privada por Watkins Books. Jung entregó copias de estos a sus estudiantes de lengua inglesa. Como han señalado correctamente varios comentaristas, los Sermones presentan el primer relato de muchos temas importantes que preocuparían a Jung a lo largo de su obra posterior.325

En este momento, Bair afirmó que Jung abandonó el Libro Rojo, así como la figura de Filemón, al darse cuenta de que no podía mostrar públicamente la materia prima de los Sermones.326 En realidad, continuó trabajando en el Libro Rojo durante más de una década más y continuó deliberando sobre si publicarlo. Sólo hacia 1930 lo dejó de lado. Bair señaló que la composición del Libro Rojo y los Sermones cumplieron dos funciones importantes: disiparon los fantasmas que rondaban su casa y proporcionaron armonía doméstica, y provocaron el fin de su concentración en su inconsciente personal.327 En la propia comprensión de Jung, su confrontación con el inconsciente no significó una concentración en su inconsciente personal, sino que marcó la exploración del inconsciente colectivo. Y este esfuerzo no terminó en 1916. En su posdata del Libro Rojo, Jung escribió:

Trabajé en este libro durante 16 años. El conocimiento de la alquimia en 1930 me alejó de ella. El principio del fin llegó en 1928, cuando Wilhelm me envió el texto de la «Flor de Oro», este tratado alquímico. Allí el contenido de este libro se hizo realidad. Ya no podía trabajar en ello.
A un observador superficial le parecerá una locura. También podría haber llegado a serlo, si no hubiera sido capaz de sostener la fuerza abrumadora de la experiencia original. Siempre supe que aquella experiencia contenía cosas valiosas, y por eso no supe nada mejor que escribirla en un libro «valioso», es decir, caro, y pintarlo con las imágenes que aparecían.328

Como se señaló, el Libro Rojo constituye el centro del trabajo posterior de Jung. Si no se hace esto bien, se producirán graves consecuencias acumulativas. Si no se sitúa la confrontación de Jung con el inconsciente en una perspectiva adecuada, o no se comprende el significado del Libro Rojo, no se está en condiciones de comprender plenamente el desarrollo intelectual de Jung desde 1913 en adelante, y no sólo eso, sino también su vida: porque era su vida interior la que dictaba sus movimientos en el mundo. Si una obra no presenta una descripción precisa de las principales preocupaciones de Jung en la adolescencia y en la década de 1920, no está bien posicionada para mostrar cómo las preocupaciones de Jung en las décadas de 1930, 1940 y 1950 surgieron directamente de esto. Porque el trabajo de Jung sobre sus fantasías en los Libros negros y el Libro rojo formó el núcleo de su obra posterior, como él mismo afirmó. El Libro Rojo está en el centro de la vida y obra de Jung. Una biografía definitiva de Jung sin un relato preciso de ella sería como escribir la vida de Dante sin la Comedia o Goethe sin Fausto.

Hemos visto algunos indicios de las deficiencias de cómo la biografía de Bair aborda la vida interior de Jung. ¿Cómo le va con la organización social de la psicología analítica y las relaciones de Jung con sus seguidores? Podemos abordar esta cuestión observando su tratamiento del Club Psicológico.

Fue fundada a principios de 1916 en Zürich, gracias a una donación de 360.000 francos suizos de Edith Rockefeller McCormick. Inicialmente estuvo ubicado en una suntuosa propiedad en la calle Löwenstrasse 1. En sus inicios, tenía aproximadamente sesenta miembros. Para Jung, el objetivo del Club era estudiar la relación de los individuos con el grupo y proporcionar un entorno naturalista para la observación psicológica para superar las limitaciones del análisis uno a uno y proporcionar un lugar donde los pacientes pudieran aprender a adaptarse a situaciones sociales. Al mismo tiempo, un cuerpo profesional de analistas continuó reuniéndose como la Asociación de Psicología Analítica.329

El Club estaba infrautilizado y había poca participación de los socios. Esto dio lugar a largas discusiones sobre el «problema del club», en las que los miembros intentaron llegar a un acuerdoen cuanto al valor y propósito del Club. Bair afirmó que el 13 de noviembre de 1916, Harold McCormick leyó un documento en el Club sobre el tema del problema del Club.330 Sin embargo, un examen de las actas del Club de Psicología indica que tal evento no tuvo lugar. En realidad, Emma Jung envió una carta a los miembros del Club, solicitando sus opiniones sobre el problema del Club.331 La copia del trabajo de McCormick en los archivos de McCormick tiene lo siguiente anotado a mano: «Al comité ejecutivo del Club de Psicología, Frau Dr. Carl Jung-President, By Request. Presentado respetuosamente, Harold F. McCormick, 13 de noviembre de 1916».332 Por lo tanto, fue en realidad su respuesta a la circular de Emma Jung. Bair afirmó que la mayoría de los miembros dirigieron sus respuestas al artículo de Harold McCormick y señaló que Moltzer lo llamó «desdeñosamente» una carta.333 Este no es el caso, ya que muchas de las respuestas no mencionan la respuesta de McCormick. Como se ha señalado, no se trató de un documento entregado al Club, por lo que la descripción de Moltzer no resulta inapropiada.

En un trabajo anterior, estudié en detalle un texto sin firmar, que había sido la base de las afirmaciones de Richard Noll de que, con el pretexto de formar una ciencia psicológica, Jung había formado una nueva religión basada en su autodeificación como el Cristo ario. El texto, que llamo «colectividad analítica», esboza un modelo para el desarrollo psicológico del individuo, a través del sufrimiento y la superación de la experiencia de la deificación, y desarrolla paralelismos entre ésta y la crucifixión de Cristo. Termina esbozando cómo los individuos que experimentan esto podrían unirse para formar una colectividad analítica, que según el autor fue anticipada proféticamente por Goethe en su poema «Los misterios». Por esta razón, el autor aprueba el Club de Psicología y lo ve como un vehículo para encarnar dicha colectividad analítica. Noll había afirmado que el texto era de Jung, que fue presentado por él en la reunión inaugural del Club de Psicología, que tuvo lugar el 26 de febrero de 1916, y que presentaba la misión esotérica mesiánica del Culto a Jung.334 Demostré que tal texto no fue presentado en la reunión inaugural, y que había evidencia suficiente para demostrar que Jung no era el autor del texto, y que la autora más probable era Maria Moltzer.335

Bair criticó mi trabajo y defendió la erudición de Noll, y argumentó que cada uno de nuestros argumentos de autoría debe considerarse como no probado. Planteó el caso de que se debería considerar a Franz Riklin como otro candidato y sugirió que tanto Riklin como Moltzer podrían haber sido responsables del contenido del texto y que parte de la escritura del texto se parecía a la de Riklin. Otra posibilidad que sugirió es que Riklin escribiera estos comentarios sobre el borrador de Jung, o que él fuera el autor.336

La cuestión de considerar a Riklin como candidato a la autoría del texto es ciertamente válida. Sin embargo, en realidad consideré esto y lo descarté durante el curso de mi investigación para mi libro anterior. Estudié detenidamente ejemplos de la escritura de Riklin y descubrí que no se parecían en nada a la escritura del texto de la biblioteca de Countway.337 Más críticamente, Riklin escribió una respuesta a la investigación del Club, fechada el 16 de noviembre de 1916. Declaró que sus pocas visitas al Club lo habían convencido de que allí había un espíritu que no era bueno para él y que no presentaba nada en común con su vida y sus necesidades. No pudo identificar al Club con el análisis y descubrió que muchos estaban en su contra, lo que consideraba iba más allá de lo que consideraba relaciones humanas tolerables. Señaló que habría soportado lo que había experimentado hacia él si tuviera la sensación de que lo necesitaban, pero que tenía otras tareas. Terminó dándole la vuelta a la pregunta, y preguntando ¿qué quería el Club de él, o qué quería criticar? Hasta el momento, había oído poco que fuera útil.338 Me parece bastante inconcebible que la misma persona que escribió lo anterior también hubiera escrito el manifiesto visionario del Club encarnado en la «colectividad analítica». Por tanto, la autora más probable sigue siendo Maria Moltzer.339

Si hay deficiencias en cómo la biografía de Bair aborda la vida interior de Jung y la organización social de la psicología analítica, ¿cómo aborda su vida exterior? Para explorar esta cuestión, podemos considerar cómo la biografía trata los viajes de Jung.

En la década de 1920, Jung se embarcó en una serie de viajes al norte de África (1920), a Nuevo México (1924-1925) y a Kenia y Uganda (1925). Estos viajes formaron parte del intento de Jung de forjar una psicología que tuviera validez transcultural. Además, dadas las tesis de Jung sobre la herencia filogenética, se deducía que lo que se podía presenciar en culturas menos civilizadas podría corresponder de alguna manera a capas filogenéticas en el inconsciente de los europeos. Para Jung, estos viajes podrían considerarse como una forma de viaje filogenético en el tiempo. Por tanto, la motivación de sus viajes surgió directamente de las cuestiones teóricas con las que estaba comprometido.

A finales de 1924, Jung visitó Nuevo México. Bair afirmó que el etnólogo y lingüista Jaime de Angulo había sostenido que los Pueblo eran «demasiado civilizados » y no merecían un estudio serio.340 En realidad, el caso era lo contrario. El 16 de enero de 1925, Jaime de Angulo había manifestado sus intenciones a Mabel Dodge:

Decidí secuestrarlo si fuera necesario y llevarlo a Taos. Fue una gran pelea porque su tiempo era muy limitado, pero finalmente lo logré. Y no se arrepintió de haber ido. Fue una revelación para él, todo el asunto. Por supuesto que había preparado a Mountain Lake. Él y Jung se pusieron en contacto inmediatamente y tuvieron una larga conversación sobre religión. Jung dijo que tenía toda la razón en todo lo que había intuido sobre su condición psicológica. Aquella tarde dijo: «Tuve la extraordinaria sensación de estar hablando con un sacerdote egipcio del siglo XV antes de Cristo».341

Según Bair, lo que Mountain Lake le dijo a Jung fue superficial.342 En realidad, Jung consideraba que ésta era una de las conversaciones clave de su vida. A Cary de Angulo le escribió que: «Me hice amigo de Mountain Lake y le hablé con simpatía como si fuera un paciente en análisis avanzado, fue un gran momento».343 Según Bair, lo que Jung tenía que decir sobre el tiempo que pasó en Taos se redujo a unos pocos párrafos de los protocolos de Memories en los que parecía irritado por tener que hablar de ello.344 En realidad, Jung trató extensamente sus experiencias en Taos en un manuscrito titulado «Viaje a África».345

Ese mismo año, Jung visitó la Exposición de Wembley en Londres, donde quedó impresionado por el estudio de las tribus bajo el dominio británico. En consecuencia, decidió hacer un viaje a África.346 Jung hizo el viaje junto con H. G. Baynes y George Beckwith. En el camino, conocieron a una mujer inglesa llamada Ruth Bailey, quien luego se unió a ellos durante el resto del viaje. El viaje causó una profunda impresión en Jung. De regreso siguieron el curso del Nilo hacia el norte. Posteriormente Jung recordó:

Así, el viaje desde el corazón de África hasta Egipto se convirtió para mí en una especie de drama del nacimiento de la luz. Ese drama estaba íntimamente conectado conmigo, con mi psicología… No sabía de antemano lo que África me daría; pero aquí estaba la respuesta satisfactoria, la experiencia plena. Valía más que cualquier rendimiento etnológico… Quería saber cómo me afectaría África y lo había descubierto.347

Por el contrario, Bair veía los viajes de Jung como una forma de escapismo.348 Observó que el viaje de Jung a África Oriental le permitió reflexionar sobre lo que en su «atmósfera» hogareña estaba «demasiado cargado para soportarlo».349 La implicación es que Jung viajó para alejarse de la situación triangular entre él, su esposa, y Toni Wolff. La frase citada en realidad proviene de Recuerdos, y Jung no se refería a su «hogar» sino a Europa en general: «la atmósfera en Europa se había vuelto demasiado cargada para mí en Europa».350 Bair afirmó que, al regresar Jung, se preguntó por qué había ido.351 No se proporciona ninguna fuente para esta afirmación, y se contradice con la sensación permanente de la importancia de su viaje que está presente en Memories.352 Según Bair, Jung reconsideró los artículos y charlas que había estado produciendo y se preguntó si contenían un mensaje coherente.353 No se proporciona ninguna fuente para esta declaración. En realidad, a su regreso, Jung continuó trabajando en el Libro Rojo y no hay señales de que tuviera alguna duda de que contenía un mensaje coherente. Bair luego se refirió a la siguiente declaración de los protocolos de Memories, sin señalar de dónde son:

Mi pregunta «científica» fue: ¿qué pasaría si desconectara la conciencia? En sueños noté que algo estaba en el fondo y quería darle una oportunidad justa de salir a la luz.354

También se refirió a los comentarios de Jung sobre el recurso al yoga, a los que ya se había referido anteriormente en relación con la composición de la segunda mitad de Transformations and Symbols of the Libido.355 En realidad, estos pasajes no se refieren a los pensamientos y actividades de Jung después de su viaje africano, sino a su confrontación con el inconsciente, y más específicamente, a los años comprendidos entre 1913 y 1917.356 No hay evidencia de que Jung continuara practicando yoga después de este período. La cronología es la base del trabajo histórico. Sin una cronología precisa, una biografía carece de una base firme.

Como hemos visto, fue en 1928 cuando el trabajo de Jung sobre el Libro Rojo comenzó a llegar a su fin, cuando el sinólogo Richard Wilhelm le envió una copia del texto chino, The Secret of the Golden Flower. Las colaboraciones de Jung con orientalistas como Wilhelm, Heinrich Zimmer, Walter Evans-Wentz y Wilhelm Hauer desempeñaron un papel importante en su intento de construir una psicología que tuviera validez tanto histórica como transcultural. Según Bair, The Secret of the Golden Flower dio a Jung el valor para hacer público su estudio de la alquimia, que había estado manteniendo «casi tímidamente oculto».357 Añadió que esto le permitió superar las objeciones de Toni Wolff de que la alquimia era simplemente charlatanería. El propio Jung dijo lo siguiente sobre la importancia del texto para él en su prefacio a la segunda edición alemana de 1938:

Mi amigo fallecido, Richard Wilhelm… me envió el texto de The Secret of the Golden Flower en un momento crucial para mi propio trabajo. Esto fue en 1928. Había estado investigando los procesos del inconsciente colectivo desde el año 1913, y había obtenido resultados que me parecían cuestionables en más de un aspecto… Mis resultados, basados en quince años de esfuerzo, no parecían concluyentes, porque no se ofrecía ninguna posibilidad de comparación… El texto que me envió Wilhelm me ayudó a salir de esta dificultad. Contenía exactamente aquellos elementos que durante mucho tiempo había buscado en vano entre los gnósticos. Así, el texto me brindó una grata oportunidad de publicar, al menos en forma provisional, algunos de los resultados esenciales de mis investigaciones.
En aquel momento me pareció sin importancia que The Secret of the Golden Flower no fuera sólo un texto taoísta relacionado con el yoga chino, sino también un tratado alquímico. Un estudio más profundo de los tratados latinos me ha enseñado mejor y me ha mostrado que el carácter alquímico del texto es de primordial importancia.358

Por lo tanto, Jung aquí señala que inicialmente no se dio cuenta del significado de la naturaleza alquímica del texto y, de hecho, ¡no se refiere a la alquimia en su comentario al texto!359

En cuanto a la relación de Toni Wolff con la alquimia, es interesante observar que Thadeus Reichstein, que posteriormente ganó el Premio Nobel de Química, presentó un artículo sobre el tema en el Club de Psicología el 7 de noviembre de 1931. Comenzó diciendo que el presidente del Club lo había invitado a dar una conferencia sobre alquimia hace un año. La presidenta del Club era Toni Wolff.360 En 1946, presentó un artículo en el Club de Psicología Analítica de Londres, que trataba de explicar y justificar por qué Jung se dedicó a la alquimia e indicaba la importancia de su estudio.361

Otro orientalista con quien colaboró Jung fue el indólogo Wilhelm Hauer, quien también fundó el Movimiento de Fe Alemán. Bair afirmó que Jung había practicado yoga durante veinte años y estaba interesado en los puntos de vista de Hauer sobre su utilidad en psicoterapia.362 Sin embargo, no hay evidencia de que Jung haya practicado yoga durante veinte años: con frecuencia advirtió a los occidentales contra su uso, y su correspondencia con Hauer no muestra signos de interés práctico por el yoga.363 Lo que interesaba a Jung era el simbolismo del yoga y los paralelos entre éste y los procesos de individuación de sus pacientes. Bair afirmó que en 1934, Jung cortó toda conexión con Hauer.364 Este no es el caso, ya que su correspondencia, que continúa hasta 1938, muestra que mantuvieron términos amistosos colegiados y discutieron la posibilidad de varios proyectos de colaboración.365 De hecho, Hauer En 1938 presentó una serie de conferencias en el Club de Psicología, que Bair anotó más tarde, lo que contradice las declaraciones anteriores.366

Las relaciones interdisciplinarias de Jung con tales académicos ocuparon un lugar destacado en su discurso en la fundación del Instituto Jung en 1948, donde presentó una lista de unos veinte temas para futuras investigaciones en psicología compleja.367 Según Bair, esta lista en realidad representaba los temas en los que Jung se centró por el resto de su vida y que completó la investigación sobre ellos. Un estudio de sus obras posteriores muestra que ninguno de los dos es el caso. Como quedó claramente indicado, la lista representaba las recomendaciones de Jung para los estudiantes.368

Finalmente, llegamos al tema del sexo. 369

Jung a Spielrein: Cuando me enamoro, uno de mis primeros instintos es sentir lástima por la mujer involucrada, porque sé que, independientemente de lo que ella imagine cuando comienza la aventura, lo que realmente quiere es algo permanente, la paz eterna del lecho matrimonial, algo resuelto.370

Esta afirmación ocurre en la obra reciente de Christopher Hampton, The Talking Cure. No hay evidencia de que eso, ni nada parecido, haya ocurrido alguna vez. Como hemos visto, muchas especulaciones y rumores han rodeado las relaciones de Jung con sus pacientes femeninas, y se han tomado como hechos establecidos.

Una ex editora del Journal of Analytical Psychology, Coline Covington, afirmó que:

Poco después del tratamiento de Sabina [Spielrein], Jung sufrió lo que parece haber sido un ataque psicótico. Después de este episodio, Jung continuó exhibiendo transferencias eróticas convincentes hacia sus pacientes (hasta el punto de incluir a Toni Wolff en su hogar) en las que replicaría sus relaciones infantiles: su intensa relación con su niñera y una más distante con su madre y su deseo de eliminar a su padre por completo para no tener que saber acerca de su propia necesidad de un padre que lo amara a él y a su madre.371

La implicación de esto es que el tratamiento de Jung y la relación con Spielrein jugaron un papel en su «crisis psicótica». Sin embargo, el tratamiento formal que Jung dio a Spielrein en realidad tuvo lugar en 1905. Covington no cita a qué pacientes se refiere, ni ninguna evidencia que demuestre que Jung tenía «transferencias eróticas convincentes» hacia ellos, pero de alguna manera «sabe» lo que Jung no sabía, es decir, que en estas relaciones, Jung estaba replicando inconscientemente sus deseos edípicos no confesados.372

Un caso que ha suscitado especulaciones es el de Christiana Morgan. En la década de 1930, Jung presentó una serie de seminarios en el Club de Psicología sobre sus visiones. Al comienzo de su seminario, indicó su intención:

las conferencias tratan sobre el desarrollo… de la función trascendente a partir de sueños y visiones, y la representación real de aquellas imágenes que en última instancia sirven en la síntesis del individuo: la reconciliación de los pares de opuestos y todo el proceso de individuación.373

Christiana Morgan ha sido objeto de una biografía de Claire Douglas. En esto, Douglas sostuvo que Jung explotó a Morgan y entabló una relación sexual con ella. Douglas declaró que después de la muerte de Morgan, Henry Murray envió su correspondencia con Jung a Gerhard Adler, quien la reenvió a Franz Jung. Ella comentó:

Hasta que la familia Jung publique los documentos que posee, sólo puede haber suposiciones sobre los problemas de J’s con su ánima y con la contratransferencia, y sobre el rumor de que Jung rompió varios anillos de fuego de sus pacientes al explotarlos sexualmente.374

Bair, a su vez, citó y afirmó esta posición. Afirmó que los herederos de Jung afirman que las cartas existen, pero, hasta 2003, no las han puesto a disposición de los académicos.375

Los miembros vivos de los herederos de Jung no conocen tal alijo de documentos ocultos.376 Hay varias cartas entre Jung y Christiana Morgan en los archivos de Jung en la ETH, a las que se puede acceder. Los consulté en 2002. No proporcionan ninguna evidencia de explotación sexual por parte de Jung y no respaldan el relato de su relación presentado por Douglas y Bair. Tampoco encontré evidencia de esto en los artículos de Christiana Morgan en la Biblioteca de Medicina Countway de Harvard, ni en los artículos de Henry Murray en la Biblioteca Houghton de Harvard. Si las personas desean hacer tales afirmaciones, están obligadas a proporcionar pruebas que las respalden. El 31 de octubre de 1930, Jung le escribió a Morgan:

Esta carta es una humilde petición: ¿me daría usted permiso para utilizar el material que confió en mis manos para explicar los secretos de los procesos de iniciación inconscientes? De hecho, ya lo usé en un curso con 12 médicos alemanes, desde un punto de vista puramente impersonal, por supuesto, ocultando cualquier inferencia personal.377

Mientras se desarrollaban los seminarios, Jung envió a Morgan copias de las notas que se habían preparado. En junio de 1931, Morgan agradeció a Jung por no haber restado calidad a las visiones y por haberlas mejorado.378 Durante el transcurso de los seminarios, hubo algunos chismes sobre la identidad del tema. El 5 de noviembre de 1931, Morgan le escribió a Jung diciéndole que había considerado esto de antemano y que se sentía bien al respecto. No le agradaba que Peter Baynes hubiera informado a alguien sobre su identidad, pero en última instancia tenía la sensación de que tales experiencias no eran puramente personales y pertenecían tanto a Jung y su trabajo como a ella misma.379 En una carta posterior, del 15 de agosto de 1932, Jung explicó la actitud que adoptó ante su material:

En cuanto a los trances, soy muy consciente del aspecto personal, pero me mantuve cuidadosamente alejado de cualquier indicio de implicaciones personales. De lo contrario, la gente empieza a encontrarlo demasiado interesante y luego cae en el error de devorar la psicología personal de los demás en lugar de buscarse a sí mismos y aprender la tarea más difícil de una actitud impersonal. Hay algunos que son lo suficientemente rápidos como para captar algo de sus antecedentes personales y, a menudo, es difícil mantenerlos fuera del rastro. La vida a nivel personal es un asunto menor, pero el nivel superior es impersonal. Y existe la responsabilidad ante la historia.380

Muchos años después, Morgan le escribió a Jung informándole del agradecimiento que ella y Henry Murray le tenían. Ella le informó que fue a través de él, y en particular de su concepto del ánima, que encontraron el «Camino» y que a él le debían su vida creativa y su alegría.381

De manera similar a Brome, Bair utilizó fuentes anónimas. Al igual que Brome, estas fuentes se mencionan en relación con comentarios sobre las supuestas relaciones extramatrimoniales de Jung. Bair señaló que alrededor de 1907 «A medida que las mujeres revoloteaban ante él, sus numerosos coqueteos se volvieron cada vez más peligrosos y, por extensión, cada vez más excitantes».382 No se proporciona ninguna fuente para esta afirmación. Refiriéndose a los acontecimientos de 1909, argumentó que los diarios de algunas mujeres ricas que vivían en Zürichberg insinuaban otras relaciones, y que hay una en la que una mujer describe gráficamente «sesiones de tratamiento» en su casa que se convirtieron en sexo.383 Éste es un serio alegato. Va más allá de las afirmaciones de Brome sobre las relaciones extramaritales de Jung, ya que alega que estos encuentros tuvieron lugar en un contexto de tratamiento y, por lo tanto, habrían constituido negligencia. En la nota a pie de página, Bair señaló que en sus entrevistas con las hijas de estas mujeres, ellas indicaron que «algo entre coqueteo y aventuras reales» había ocurrido entre sus madres y Jung.384 No se nos dice cuántas mujeres eran. En el trabajo histórico, es esencial proporcionar evidencia de las propias afirmaciones. De lo contrario, no hay forma de juzgar su veracidad. He estudiado varios diarios de pacientes de Jung. Según mi propia experiencia, en algunos de ellos no siempre es fácil diferenciar los acontecimientos y conversaciones relatados de los sueños, las imaginaciones activas o las fantasías.

Además de las fuentes anónimas, hay bastantes declaraciones de las que no se facilita ninguna fuente. Un ejemplo es el siguiente: hablando de las circunstancias financieras de Jung en 1914, Bair se refirió a «la insistencia de Jung en que era incapaz de realizar actividades adultas».385 ¿De dónde viene una afirmación tan extraña?

Las relaciones que Brome y Bair alegan pueden haber tenido lugar, pero es necesario aportar pruebas firmes de ellas. Dados los errores en sus trabajos, por el momento daré poco crédito a tales acusaciones hasta que los documentos se presenten en el dominio público. Lo mismo ocurre con otra información atribuida a fuentes anónimas, archivos privados no identificados e información no atribuida.

Este capítulo de ninguna manera ha sido una revisión exhaustiva de la biografía de Bair y se ha centrado en errores fácticos, de los cuales hay muchos más que los detallados anteriormente.386 Como resultado del efecto acumulativo de estos errores, encuentro que el retrato general de Bair Jung en esta biografía resulta bastante poco convincente. Si, como había sostenido Jung, la tarea fundamental de cualquier biografía suya era poner en el centro el desarrollo de su pensamiento, la última biografía no lo logra, como tampoco las anteriores.




Notas

256. Bair, 2003, pág. 46.

257. Oeri , 1935, pág. 526. Unas páginas antes, Bair se había referido al artículo de Oeri (p. 44). En los protocolos de la sociedad Zofingia , la organización de debate estudiantil a la que asistía Jung, su nombre suele figurar como «Jung vulgo Walze» (Staatsarchiv, Basilea).

258. Comunicación personal, Ulrich Hoerni.

259. Comunicación personal, Ulrich Hoerni.

260. Bair, 2003, pág. xi.

261. Ibíd., pág. 830, n. 57. Estudié el catálogo de fichas de las correspondencias en 1994 y he ido repasándolos desde entonces. También comencé a estudiar los manuscritos inéditos en 1994, y varios de ellos se analizan en Shamdasani, 2003. Varios otros académicos también los han estudiado.

262. Bair afirmó que Jung no practicaba la hipnosis ni creía en sus poderes (p. 738, n. 84). Este no es el caso. Los volúmenes 1 a 4 de las Obras completas de Jung presentan numerosos casos de hipnosis y discusiones sobre la misma. Para un relato de la implicación de Jung con la hipnosis, véase Shamdasasni , 2001. En 1913, Jung recordó que había decidido abandonar el uso de la sugestión hipnótica no porque fuera ineficaz, sino porque no entendía cómo curaba: «Estaba decidido a abandonar completamente la sugestión antes que dejarme transformar pasivamente en un hacedor de milagros» (CW 4, § 582).

263. Cuando Jung visitó a Freud en marzo de 1909, se produjo un fuerte ruido en un punto crítico de la conversación, que interpretó parapsicológicamente como una «exteriorización catalítica». fenómenos». Para la comprensión de Freud de este evento, ver Freud a Jung, 16 de abril de 1909, (McGuire, 1974, p. 218). Bair afirmó erróneamente que esto ocurrió en su primer encuentro (p. 117).

264. Véase Shamdasani, 2003.

265. Bair, 2003, pág. 189.

266. Shamdasani, 2003, sección 3.

267. Shamdasani, 2003, pág. 216.

268. Bair, 2003, pág. 189.

269. Los documentos de Honegger se encuentran en los archivos de la ETH de Zurich. Hace varios años, se le entregó una copia a William McGuire para su estudio personal. Posteriormente, McGuire los depositó en la Biblioteca del Congreso. La ETH solicitó la devolución de sus materiales. Bair afirmó que los herederos de Jung reclamaban la propiedad de los documentos (2003, p. 642), lo cual es falso ( comunicación personal , Ulrich Hoerni ).

270. Marzo de 1911, McGuire, 1974, pág. 412. El 28 de junio de 1911, Jung informó al psiquiatra estadounidense Trigant Burrow que Honegger se había suicidado después de darse cuenta de que había tomado decisiones equivocadas y no creía lo suficiente en la vida (P).

271. Jung a Freud, 9 de marzo de 1910, McGuire, 1974, pág. 302.

272. Sobre esta cuestión, véase el análisis de Jung sobre esta cuestión en sus conferencias de 1912 en la Universidad de Fordham, «Intento de retrato de la teoría psicoanalítica», CW 4, §§ 407-457. Mientras Jung estaba en Estados Unidos en este viaje, Bair afirmó que Emma Jung le escribía normalmente todos los días (2003, p. 229) y señaló que las cartas están en el archivo de la familia Jung (ibid., p. 723, n. 60). . Sin embargo, allí no se encuentran cartas de Emma Jung a C.G. Jung del año 1912 (comunicación personal, Andreas Jung).

273. Falzeder , 1994, p. 313.

274. McGuire, 1974, págs. 476-477 tr. mod.

275. Citado por Falzeder, 1994, p. 316.

276. Freud, 1914, págs. 63-64.

277. 16 de julio de 1914, Falzeder , 2002, p. 258. Las vacilaciones de Pfister parecieron continuar. En 1916, Abraham volvió a escribir a Freud sobre él: «Su carta, que usted citó en la ‘Historia del movimiento psicoanalítico’ era efectivamente correcta, pero fue escrita en un período de resistencia personal contra J., y con su cambio de actitud. actitud todo su fino discernimiento se ha desvanecido de nuevo». (23 de enero de 1916, ibíd., pág. 323).

278. 17 de julio de 1914, Adler, 1975, págs. xxix-xxx.

279. Bair, 2003, pág. 247.

280. Ibíd., pág. 246. Bair añadió que Jung no respondió a la cita de de la carta Freud debido a su angustia y confusión. La carta citada a Bjerre antes citada sugiere lo contrario.

281. En agosto de 1913, Jung presentó una ponencia en Londres en el Congreso Médico Internacional. Bair afirmó erróneamente que dio una serie de conferencias (2003, p. 239). De hecho, Jung dio una conferencia, «Aspectos generales del psicoanálisis» (CW 4).

282. Bair argumentó que el trabajo de Jung comenzó como un intento de mostrar cómo se podían utilizar los mitos para explicar conceptos psicológicos, lo cual es un error (2003, p. 201). La obra aplicó la teoría de la libido a la interpretación de símbolos mitológicos.

283. Bair afirmó erróneamente que Flournoy le dio a Jung su traducción de las fantasías de Frank Miller con lo que había aprendido de ella en conversaciones y correspondencia (2003, p. 213). Frank Miller escribió un artículo en francés, al que Flournoy escribió una introducción. Bair también afirmó que Frank Miller en realidad inventó sus fantasías (p. 214). No hay evidencia que respalde esto. Sobre Frank Miller, véase Shamdasani, 1990.

284. Bair afirmó que en la segunda parte de la obra, Jung argumentaba que el impulso sexual no tenía primacía, pues estaban presentes otros factores, como los arquetipos del inconsciente colectivo (2003, p. 201). Esto es para confundir las teorías posteriores de Jung con sus argumentos de 1912.

285. Bair, 2003, pág. 224.

286 . Jung/ Jaffé , 1962, pág. 201, trad. mod. Protocolos, LC, pág. 145.

287. Ibíd., pág. 202. Protocolos, LC, pág. 145.

288. Archivos de Freud, LC.

289. 27 de octubre de 1913, McGuire, 1974, pág. 550. Bair señaló que Freud informó a Maeder que Jung era un antisemita, pero la referencia dada es a la carta de Jung a Freud sobre la «buena fe» (p. 240). La carta de Freud a Maeder del 21 de septiembre de 1913 (LC) no contiene ninguna referencia al antisemitismo. Esto puede ser una confusión con la declaración de Maeder en su entrevista con Nameche de que recibió una carta de Freud en la que escribió: «Maeder , eres un antisemita» (CLM, p. 4).

290. Bair, 2003, 290.

291. Jung, 1925, pág. 42. Según el relato de Jung aquí, parece que este diálogo tuvo lugar en el otoño de 1913.

292. Jung/ Jaffé , 1962, Errinerungen, Träume, Gedanken, p. 190.

293. Bair afirmó que en los protocolos, Jung identificó esta figura como Maria Moltzer (p. 291). Una identificación tan explícita no se encuentra en los protocolos de la Biblioteca del Congreso. El argumento a favor de Moltzer como la mujer en cuestión lo presenté yo mismo (Shamdasani, 1995, p. 129, 1998a, p. 16). Si existe documentación donde Jung hizo explícitamente esta identificación, se debe presentar. A principios de la década de 1920, Riklin pintó frescos en los techos del Amsthaus 1 de Zúrich, junto con Augusto Giacometti. Bair fechó erróneamente esto en 1912 (p.

223). Sobre Moltzer, véase también Shamdasani, 1998b.

294. Bair, 2003, pág. 727, n. 13.

295. Ibíd., pág. 244. La fuente dada para esta declaración son dos protocolos no identificados, p. 746, n. 13.

296. Protocolos, LC, pág. 98. En los protocolos, sigue luego un extracto de la discusión de Jung sobre este sueño en el seminario de 1925 (protocolos, págs. 99-100; Jung 1925, págs. 56-57). Lo que Bair citó como la discusión de Jung sobre este sueño en los protocolos de la p. 727, n. 13 es en realidad una cita de este extracto.

297. Jung, Libro Negro 2, pág. 56f, archivo de la familia Jung. Además, al analizar el sueño en el seminario de 1925, Jung señaló que ocurrió «poco después» de la fantasía del 13 de diciembre (p. 48).

298. Véase supra, pág. 40.

299. Bair afirmó que a Emma Jung se le prohibió leer los Libros Negros y que, a principios de 1914, Toni Wolff era la única persona que podía leerlos. (por. 249-250). El material de los archivos de la familia Jung sugiere lo contrario, como quedará claro cuando se publique el Libro Rojo. Bair también informó que Jung «dibujó» en los Libros Negros, lo que generalmente no era el caso.

300. Información de Andreas Jung. Bair afirmó erróneamente que estuvo fuera más de lo que estuvo en casa ese año (p. 248).

301. Bair señaló erróneamente que estos sueños contienen «inundación amarilla» y «sangre roja oscura» (2003, p. 243). Estos motivos no se encuentran ni en las Memories ni en los Libros negros.

302. Ibídem.

303. Memories, pág. 200; Psicología Analítica, pág. 44.

304. Jung/ Jaffé 1962, pág. 200.

305. Bair, 2003, pág. 291.

306. Protocolos, LC, pág. 23. En los márgenes de este párrafo está escrito «Libro Negro».

307. Bair, 2003, pág. 291.

308. Ibíd., pág. 292.

309. Ibíd., pág. 292. Bair también afirmó que la figura de Filemón llevó a Jung a estudiar el gnosticismo (p. 396). Sin embargo, las notas de lectura de Jung (JA) y las referencias en Transformations and Symbols of the Libido indican que comenzó a estudiar el gnosticismo en 1910. Bair reprodujo una fotografía del mural de Filemón de Jung junto con su mural de un mandala y afirmó que están en la pared de su «habitación privada» en su torre en Bollingen (frente a la página 370). En realidad, están en dormitorios separados.

310. Ibíd., pág. 399.

311. Ibíd., pág. 292.

312. Bair, 2003, pág. 293.

313. Ibíd., pág. 293.

314. Hull a McGuire, 17 de marzo de 1961, BA.

315. Jung/ Jaffé, 1962, pág. 217.

316. Bair, 2003, pág. 297. Bair afirmó que los Sermones seguían el estilo y el tema de las obras de G. R. S. Mead, y que Jung estaba estudiando dieciséis o dieciocho volúmenes de la obra de Mead en ese momento (p. 296). La primera afirmación es errónea. No se proporciona ninguna fuente para el segundo y no existe evidencia que lo respalde.

317. Ibíd., pág. 290.

318. Jung/ Jaffé 1962, págs. 215-216.

319. Bair, 2003, pág. 293.

320. Ibídem.

321. Ibíd., pág. 746, n. 13.

322. Jung, Libro Negro 5, pág. 190, archivos de la familia Jung.

323. Bair, 2003, pág. 295.

324. Jung/ Jaffé, 1962, pág. 217.

325. Los Septem Sermones se publicaron como apéndice de la edición alemana de Memories y se añadió a las ediciones americanas posteriores. Véase especialmente Christine Maillard, 1993, y Alfred Ribi , 1999, págs. 132-257.

326. Bair, 2003, pág. 295.

327. Ibíd., pág. 297.

328. Jung/Jaffé, Errinnerungen, Traume, Gedanken, 1962, pág. 387.

329. Sobre la formación del Club Psicológico, véase Shamdasani (1998a).

330. Bair, 2003, pág. 274.

331. Bair afirmó que el único miembro del Club que se negó fue Fanny Bowditch Katz. En realidad, respondieron entre la mitad y dos tercios de los miembros.

332. Documentos de McCormick, Sociedad Histórica del Estado de Wisconsin, Madison.

333. Bair, 2003, pág. 276.

334. Noll, 1994, 1997.

335 . Escribí: «estos puntos sugieren fuertemente que ‘Colectividad analítica’ fue escrito en realidad por Moltzer. Aunque esto no está definitivamente probado, el balance de la evidencia apunta claramente en esta dirección» (Shamdasani, 1998a, pag. 72). «Hemos visto que no ha surgido ninguna evidencia corroborativa positiva que indique que la ‘colectividad analítica’ fuera de Jung, y que existe evidencia suficiente para refutar la afirmación de que Jung fue el autor, más allá de toda duda razonable» (p. 84).

336. Bair, 2003, pág. 741, n. 17 y 18.

337. Estaré encantado de proporcionar un archivo PDF de los scripts relevantes a cualquier persona interesada.

338. Archivos, Club de Psicología, Zúrich. Riklin no hizo ninguna referencia a la carta de Harold McCormick.

339 . Moltzer renunció al Club en 1918. Bair afirmó que posteriormente regresó a Holanda para el resto de su vida (p. 259). De hecho, permaneció en Suiza y vivió en 198 Zollikerstrasse , Zollikerberg . Fue enterrada en el cementerio de Zollikon .

340. Bair, 2003, pág. 335.

341. 16 de enero de 1925, Dodge Papers, BL.

342. Bair, 2003, pág. 336.

343. 19 de enero de 1925, BP.

344. Bair, 2003, pág. 337.

345. Bair afirmó que el relato de Memories evidentemente fue reconstruido a partir de lo que Jung dijo sobre Taos en varios pasajes de las Collected Works. (pág. 762, n. 40). En realidad, fue un extracto del manuscrito «African Voyage». En Memorias se afirma explícitamente que la sección es un «extracto de un manuscrito inédito» (1962, p. 274). En esta sra. , véase Shamdasani, 2003, págs. 323-328.

346. Jung/ Jaffé, 1962, pág. 282.

347. Jung/ Jaffé , 1962, págs. 303-304.

348. Bair, 2003, pág. 357.

349 . Ibíd., pág. 340.

350. Jung/ Jaffé 1962, pág. 303. La frase en alemán dice en realidad : «Que el aire se había vuelto demasiado espeso para mí en Europa».

351. Bair, 2003, pág. 357.

352. Bair afirmó que el Club de Psicología quería un seminario adicional basado en las experiencias de Jung (2003, p. 357). Tal solicitud no consta en el acta del Club. Bair también afirmó que Jung recibía solicitudes de nuevos escritos y traducciones «todos los días» (ibid.). He realizado un estudio exhaustivo de las correspondencias de Jung en la década de 1920 y éste, sencillamente, no es el caso.

353. Bair, 2003, pág. 357.

354. Protocolos, LC, pág. 381.

355. Bair, 2003, pág. 357. Véase supra, pág. 94.

356 . Después de su viaje a África, Bair se refirió al mes anual de servicio militar de Jung (págs. 361-362). Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial, Jung sólo estuvo en el servicio militar dos veces: durante cinco días en 1923 y 1927 (comunicación personal, Andreas Jung).

357. Bair, 2003, pág. 395. Con respecto a las actitudes religiosas de Jung, Bair afirmó que Jung una vez se describió a sí mismo como un «agnóstico de mentalidad cristiana» (p. 127). La frase proviene de una carta que Jung le escribió a Eugene Rolfe el 19 de noviembre de 1960, en respuesta al libro de Rolfe, Introducción al cristianismo del agnóstico inteligente. Jung escribió: «has cumplido tu tarea de demostrar el acercamiento al cristianismo a un agnóstico de mentalidad cristiana» (Adler, 1975, p. 610). La frase no es una autodescripción, sino que se refiere al lector previsto del libro de Rolfe. Sobre la correspondencia de Rolfe con Jung en relación con su libro, véase Rolfe,1989, pág. 130f.

358. Jung, CW 13, págs. 3-4.

359. Bair afirmó que los primeros resultados de la investigación de Jung sobre la alquimia fueron The Psychology of the Transference en 1946 (p. 526). En realidad , esto fue precedido por «Símbolos oníricos del proceso de individuación» (1936), «El proceso de redención en la alquimia» (1937), «Algunas observaciones sobre las visiones de Zosimosm» (1938), «El espíritu Mercurius» (1943), Psicología y Alquimia (1944), «El enigma de Bolonia» (1945) y «El árbol filosófico» (1945).

360. «Über Alchemie», Biblioteca del Club de Psicología, Zürich. Posteriormente, Reichstein ganó el Premio Nobel de Química.

361. Toni Wolff, (1946). Hayman plantea una observación similar al citar este artículo (1999, p. 288). También podemos señalar que el artículo de Toni Wolff, «El cristianismo interior», tomó su punto de partida de Psicología y Alquimia de Jung (en Wolff, 1959).

362. Bair, 2003, pág. 434. Sobre la colaboración de Jung con Hauer, véase mi introducción a Jung, 1932.

363. Jung, «Yoga y Occidente» (1936). CW 11.

364. Bair, 2003, pág. 434.

365. JA.

366. Bair, 2003, pág. 469. Este es un ejemplo de lo que Richard Ellmann se refirió en su reseña de la biografía de Bair Beckett como la forma en que Bair «se aferra a puntos de vista erróneos incluso mientras acumula información que los desacredita» (Ellmann, 1978, p. 236).

367. Bair, 2003, pág. 750, n. 36. Bair señaló que Jung abandonó este término y se refirió a su trabajo como «psicología analítica». En realidad, ocurre lo contrario.

368. Ibíd., pág. 534. Sobre este tema, véase Shamdasani, 2003, págs. 345-347.

369. Justin Kaplan señaló: «Según los estándares actuales, las biografías sin emociones voyeristas y eróticas son como hot dogs sin mostaza» (1994, p. 1).

370. Hampton 2002, pág. 50.

371. Covington, 2001, pág. 114.

372. Se ha escrito mucha mitología sobre Sabina Spielrien y la relación de Jung con ella. Para correctivos, consulte Angela Graf-Nold (2001), Zví Lothane (1999) y Fernando Vidal (2001).

373. Jung, 1930-1934, pág. 3. Bair sugirió que la razón por la que Jung pudo haber elegido discutir el trabajo de Morgan fue porque ofrecería una oportunidad para que las relaciones triangulares entre los participantes se desarrollaran en un terreno neutral, lo cual es bastante inverosímil. Afirmó que las conferencias eran paralelas a la «fuerte atracción» de Jung hacia Morgan, pero no proporciona pruebas suficientes de ello (Bair, 2003, p. 391).

374. Douglas 1993, pág. 167. No hay indicios de una aventura entre Jung y Morgan en la biografía de Henry Murray escrita por Forrest Robinson (1992), que se basa en extensas entrevistas con Murray.

375. Bair, 2003, pág. 777, n. 67.

376. Comunicación personal, Ulrich Hoerni .

377. JA, orig. en Inglés.

378. Ibídem.

379. Bair afirmó erróneamente que no hubo tales chismes durante el transcurso de los seminarios, al tiempo que afirmó que Jung traicionó la privacidad de Morgan, de tal forma que podía ser reconocida (2003, p. 391).

380. JA, orig. en Inglés.

381. 8 de junio de 1948, JA.

382. Bair, 2003, pág. 114.

383. Ibíd., pág. 181.

384. Ibíd., pág. 708, n. 46.

385. Ibíd., pág. 253.

386. Sobre los errores de Bair en su tratamiento de la relación de Jung con Victor White, véase Ann Lammers, 2004.

La ilusión de la reparación psicológica

Logos del alma

El mundo es la perpetua representación de una violencia primera. La existencia, el resultado de esa violencia.
Chantal Maillard

La hipótesis junguiana de una psique objetiva atenta contra varios principios que rigen la visión cotidiana de la realidad. Uno de estos es la presunción causalista lineal de los fenómenos psicológicos, que indica que cada uno de ellos es el resultado de un momento anterior al mismo. En esta lógica se cimentan varios supuestos cuestionables de la psicoterapia actual, por ejemplo: la influencia de la niñez en el desarrollo de la persona, el rol de los padres en la construcción de la personalidad del hijo, el motivo del trauma como desencadenante de trastornos psicológicos y la idea del resarcimiento psicológico.

En la lógica causal, cualquier situación sintomática se entiende como el estado inmediato de un suceso que ha marcado el destino de un proceso psíquico. El padre golpeador, la madre indiferente, el acoso escolar y otros hechos han violentado la existencia del sujeto y se supone que deberían desencadenar una serie de síntomas que perturbarán la vida de las personas hasta que éstas puedan encontrar la manera de reparar lo que otro ha estropeado.

La persona agraviada siente el derecho y la necesidad de una reparación ante la falta padecida, asume que si ha sido dañada, quien cometió tal vileza tendría que compensarle de alguna forma, si bien esto es complejo en lo social, psicológicamente es impracticable. La fantasía de reparación exige que un momento de la existencia, que ha sido perturbado por la violencia, pueda ser restaurado a su antigua inocencia, como si la flecha del tiempo fuera reversible. Pero no lo es.

Ser lastimado es ser lanzado hacia una experiencia turbia. Otrora, la vida había sido inmaculada, pero el maltrato o el abuso someten al individuo a la oscuridad de la naturaleza anímica. No obstante, lo que se experimenta no es únicamente la agresión del otro, sino que su amargo encuentro es con el rompimiento y el desgarro de la dimensión impoluta, puramente anima, de la consciencia. Es decir, que el perjuicio sufrido no hace otra cosa más que abrir la mirada a la existencia ineludible de la incertidumbre, de la otredad.

Esta consciencia desmembrada es inevitable, ya que en el incesante devenir de las experiencias, que forman esa unidad ilusoria que se ha nombrado como “personalidad”, los embates de la vida son una constante del movimiento psíquico. La consciencia construye su estructura dinámica de forma continua a partir de la confrontación dialéctica con los sucesos, mismos que son interiorizados y reconstruidos en imágenes y conceptos, de tal manera que resulta más importante la misma reconstrucción (rememoración) que lo realmente vivido.

Se puede haber tenido una infancia alegre o desgraciada, pero eso no es relevante, en cambio, lo importante es cómo estos hechos fueron asimilados por el desarrollo de la propia consciencia en sus imágenes y conceptos. Es evidente que son las representaciones anímicas el verdadero sujeto del desarrollo psicológico, no las personas; es el alma la que sufre, aprende y sana, no el hombre, quien solo sirve como escenario para el drama de las figuras oníricas que se encarnan en su deslustrada efigie.

La psique autónoma recompone las fantasías de sufrimiento en el vaso alquímico de la elaboración de la consciencia. Así como el sueño recordado es el sueño reconstruido, la evocación de las vivencias no se refiere a algo que sucedió en el pasado, alude, en cambio, a una recapitulación del momento presente. Es la actualidad del fenómeno la que es sometida a la brutalidad del fuego del atanor e interiorizada dentro de sí misma hasta ser asumida como algo privado.

Una vez que las experiencias han sido reflexionadas por el proceso psíquico, éstas ya no pertenecen al ámbito de lo positivo, han cobrado autonomía, se han vuelto negativas, liberadas de su aprisionamiento en la literalidad de la materia. No importa si se han padecido maltratos, si la vida ha sido injusta, si se ha experimentado la brutalidad de los semejantes, no hay que hacer un escándalo por ello, en el plano psicológico eso ya ha sucedido y ha sido integrado en la estructura psíquica.

El dolor que otro causó es ya el dolor propio y, por lo tanto, nadie más puede hacerse cargo de él, nadie puede repararlo y no hay compensación posible, el mismo sujeto tiene que pagar el precio por esa experiencia y entenderla dentro de la definición particular de quien se es. Al fin y al cabo, la presencia del animus que irrumpe, es decir, la epifanía del otro, siempre es dolorosa. Es este ruido atronador o punzada lacerante la que acaece en el encuentro con la vida, con el otro, con el alma.

“La vida es peligrosa”, dice Giegerich y no es posible eludir la destructividad de la realidad. El mundo está lleno de inconveniencias, pero estas dificultades son el terreno y el alimento del alma en la confrontación lógica consigo misma. Incluso, se puede alegar que vivir es subsistir en constante confrontación con lo que ya ha sucedido, porque la vida siempre es lo que ya ha pasado, se encuentra hecha y es tarea de cada persona ponerse a la altura de sus circunstancias.

Por todo esto, la reparación de los daños no es posible, y la búsqueda de tal fantasmagoría condena a las víctimas a hundirse en el deseo regresivo de la restauración, anhelando el paraíso perdido al que la propia realidad impide el regreso. Nadie puedes ser compensado, pero esperar tal enmienda es el núcleo de lo que Freud nombraba como “la compulsión a la repetición” y que en el lenguaje popular se ha llamado “reiteración de patrones”. En esa redundancia subyace la esperanza de volver a lo que se ha perdido irremediablemente.

Regodearse en la emoción experimentada o bajo la categoría de víctima, implica verse sumergido en un complejo y vivir como si el tiempo se hubiera detenido en el instante del daño, en un intento compulsivo por lograr el imposible resarcimiento. En cambio, permitir que la emoción se libere requiere dejar que lo pensado en dicha emoción la niegue y, entonces, el sujeto pueda atender el hecho de que la vida es dolorosa, que el daño ya ha ocurrido y que no hay una diferencia sustancial entre él y sus heridas.

Ser uno mismo requiere permitir que el dolor haga su trabajo y, entonces, tomar responsabilidad de la vida en sus propios términos, no en los que el individuo desearía para sí mismo. Tal es la condición del alma objetiva, cuyo propósito autonómo (telos) ha de ser tenido en cuenta para diferenciarse del mismo y reconocerse como un ser expulsado hacia la muerte y someterse, por ende, a la naturaleza inmanente del concepto de hombre como criatura doliente y sin redención, pero solo por ello digno de ser lo que, de hecho, ya es.

Jung al desnudo por sus biógrafos, incluso. 3. Otras vidas

Traducciones

Sonu Shamdasani, Inglaterra

De Jung Stripped Bare by his Biographers, Even, ed. Karnak, pp. 59-86

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Pasamos ahora a las biografías que se intentaron después de la muerte de Jung. ¿Tuvieron sus biógrafos posteriores más éxito en «atrapar el pájaro»? Si Jung no se consideraba «forraje para las necesidades sentimentales medias del público en general», ésto que no impidió que otros lo consideraran un tema adecuado para biografías comerciales dirigidas al público en general. Además, Memories, Dreams, Reflections resultó ser un gran éxito de ventas e indicó que, efectivamente, existía un gran mercado para las vidas de Jung. Así, «Jung» se convirtió en un tema atractivo para los biógrafos profesionales.

El siguiente estudio presta especial atención al período que Jung llamó su «confrontación con el inconsciente», que posiblemente haya sido el aspecto más mitificado de la vida de Jung. A partir de 1913, Jung se embarcó en un período de autoexploración, que durante mucho tiempo se consideró central para el desarrollo de su obra posterior. Antes de considerar lo que se ha hecho de este período, es necesario esbozar algunos de los acontecimientos críticos que tuvieron lugar.

En su prefacio a la edición revisada de Transformations and Symbols of the Libido de 1952, Jung recordó que poco después de escribir la obra (1912), se dio cuenta de la importancia de lo que significaba vivir sin un mito. A raíz de esto, señaló que

Me vi impulsado a preguntarme con toda seriedad: «¿cuál es el mito que estás viviendo?» No encontré respuesta a esta pregunta y tuve que admitir que no vivía con un mito, ni siquiera en un mito, sino más bien en una nube incierta de posibilidades teóricas que comenzaba a mirar con creciente desconfianza… Así que de la forma más natural, me encargué de conocer «mi» mito, y lo consideré como la tarea de las tareas, porque—así me dije—¿cómo podría, al tratar a mis pacientes, tener debidamente en cuenta el factor personal, para mi ecuación personal, que es sin embargo tan necesario para un conocimiento de la otra persona, si yo fuera inconsciente de ello?159

Esta pregunta llevó a Jung a emprender un largo período de autoexperimentación. En el seminario de 1925, Jung narró un hecho ocurrido durante un viaje en tren a Schaffhausen en octubre de 1913:

Estaba viajando en un tren y tenía un libro en la mano que estaba leyendo. Comencé a fantasear y antes de darme cuenta ya estaba en el pueblo al que me dirigía. Esta era la fantasía: estaba mirando el mapa de Europa en relieve. Vi toda la parte norte e Inglaterra hundirse hasta que el mar se hundió sobre ella. Llegó a Suiza y luego vi que las montañas se hacían cada vez más altas para proteger a Suiza. Me di cuenta de que se estaba produciendo una catástrofe espantosa, que las ciudades y la gente estaban destruidas y que los restos de naufragios y los cadáveres se arrojaban sobre el agua. Entonces todo el mar se volvió sangre. Al principio sólo miraba desapasionadamente, pero luego la sensación de catástrofe se apoderó de mí con una fuerza tremenda. Intenté reprimir la fantasía, pero volvió a surgir y me retuvo durante dos horas. Tres o cuatro semanas después volvió a ocurrir, cuando estaba de nuevo en un tren. Era la misma imagen repetida, sólo que la sangre estaba más enfatizada.160

Jung no entendió lo que esto significaba en ese momento y comentó: «Tuve la sensación de que era una psicosis sobrecompensada, y de esta sensación no fui liberado hasta el 1 de agosto de 1914».161 Jung inicialmente vio esta fantasía diurna subjetiva y prospectivamente, es decir , como una representación de la inminente destrucción de su mundo. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, pensó que su fantasía no representaba lo que le sucedería a él mismo, sino a Europa.

Siguiendo esta fantasía diurna, Jung se dedicó a un proceso de autoinvestigación. Hasta alrededor de 1900 había llevado un diario, que retomó como medio de auto observación.162 Escribió las fantasías que estudió. Al estudiar sus fantasías, se dio cuenta de que estaba estudiando la función de la mente creadora de mitos.

El 13 de diciembre de 1913, decidió inducirse activamente fantasías en estado de vigilia. La primera vez se encontró frente a una cueva oscura. La entrada a la cueva estaba bloqueada por un enano momificado, al que pasó a toda prisa. Vio una piedra roja, a la que intentó alcanzar a través del agua fangosa. La piedra cubría una abertura en la roca. Pegando la oreja a la abertura, oyó un arroyo y vio pasar a un hombre que había sido asesinado, y también a un escarabajo negro. Un sol rojo brillaba en el fondo del arroyo y había serpientes en la pared que se arrastraban hacia el sol y finalmente lo cubrieron. La sangre brotó y luego disminuyó.163 En retrospectiva, comentó:

me di cuenta de que era un héroe y un mito solar, un drama de muerte y renovación, el renacimiento simbolizado por el escarabajo egipcio. Al final, debería haber seguido el amanecer de un nuevo día.164

Cinco días después, tuvo el importante sueño de matar a Siegfried, que ya hemos citado anteriormente.165 Continuó invocando fantasías en estado de vigilia. Poco después tuvo una serie de encuentros fantásticos con las figuras de Elías y Salomé.166 Jung los interpretó de la siguiente manera: «Salomé es una figura del anima… Elías es la personificación del elemento cognitivo, Salomé de lo erótico… se podría hablar de estas figuras como las personificaciones del Logos y Eros.»167 Sin embargo, inmediatamente advirtió: «Esto es práctico para el juego intelectual… pero… es mucho mejor dejar las figuras como están, es decir, como eventos, experiencias.»168 Como veremos, contrariamente al consejo de Jung, muchos encontrarían ese «juego intelectual» extremadamente atractivo.

Una figura crítica en las fantasías de Jung durante este período fue la de Filemón. En Memories, Jung rememora que Filemón se le apareció por primera vez en un sueño. En éste, Jung vio un cielo azul marino, cubierto por terrones de tierra marrón que parecían romperse. De la nada, vio a un anciano con alas de martín pescador y cuernos de toro volando por el cielo, llevando un manojo de llaves. Después del sueño, Jung pintó la imagen, ya que no la entendía. Mientras hacía esto, se sorprendió al encontrar un martín pescador muerto en el fondo de su jardín a la orilla del lago, ya que los martines pescadores son raros en Zurich. A partir de entonces, Philemon jugó un papel importante en las fantasías de Jung.169 Para Jung, él representaba una visión superior y era como un gurú para él. Jung conversaba a menudo con Philemon mientras paseaba por el jardín de su casa en Küsnacht. Para Aniela Jaffé, recordó: «Él era simplemente un conocimiento superior, y me enseñó la objetividad psicológica y la realidad del alma… Formuló y expresó todo lo que yo nunca había pensado».170 La figura de la fantasía de Jung se basaba en la figura de Filemón que había aparecido en Las Metamorfosis de Ovidio y en el Fausto de Goethe.

Además de los biógrafos, este período también atrajo la atención de novelistas y dramaturgos. La fantasía de Jung sobre la inundación catastrófica aparece en la novela de Morris West, The World is Made of Glass. West lo reformuló como un sueño y añadió el siguiente detalle:

Luego comencé a distinguir, entre los muertos, a personas que conocía. Freud estaba allí, Honegger, Emma, los niños y mi propio padre. Me oprimía el miedo y la vergüenza porque ellos estaban muertos y yo estaba vivo y no quería abandonar el cálido carruaje y correr el riesgo de ahogarme.171

West luego presentó un relato ficticio del análisis de Jung de este sueño y agregó esta interpolación:

Como todo hombre casado que alguna vez se ha embarcado en una aventura amorosa, tengo fantasías de volver a estar soltero y libre. Mi esposa, mi familia, son obstáculos para esa libertad. Mi inconsciente alberga el pensamiento de que, si murieran, todos mis problemas se solucionarían. Freud y mi padre están unidos en otro contexto. El padre está muerto. Estoy libre de su dominio. Si Freud estuviera muerto, yo heredaría su manto de autoridad.172

Aquí vemos la leyenda freudocéntrica de Jung impregnando incluso las fantasías de los novelistas.

Esta fantasía de vigilia también apareció en la obra de Christopher Hampton, The Talking Cure, ahora como «sueño recurrente», que Jung le narró a Sabina Spielrein en el verano de 1913.

SABINA: ¿Qué crees que significa?
JUNG: No tengo idea: a menos que esté a punto de suceder. Después me siento mal; y avergonzado. ¿Cuáles son tus planes?173

Jung no conoció a Spielrein en 1913 y este diálogo nunca tuvo lugar.

El archivo biográfico de C.G. Jung

Después de enterarse de la muerte de Jung, su alumno, el psicólogo Henry Murray, escribió a la psicóloga analítica Frances Wickes que «la muerte del gran Viejo fue como un cataclismo de la naturaleza». Murray planteó la pregunta:

¿Hay alguien en el mundo a la altura de la tarea de escribir su biografía? Quizás algún amigo talentoso y devoto podría, antes de que sea demasiado tarde, editar una colección preliminar o una antología de impresiones o bocetos de quienes han estado cerca de él o se han beneficiado mucho con algunas conversaciones con él. Las grabaciones de los recuerdos de sus encuentros podrían constituir la base para una biografía completa que se escribiría más adelante.174

En la Clínica Psicológica de Harvard, Murray había sido pionero en la investigación psicológica en profundidad de la vida individual. Wickes tenía la intención de reservar un fondo para promover el trabajo de Jung y, después de su muerte en 1967, se estableció la Fundación Wickes. Murray era uno de los miembros de la junta directiva de la Fundación y retomó la idea que le había presentado a Wickes años antes.

En 1968, Murray se acercó a un psicólogo clínico, Gene Nameche, para ver si estaba interesado en emprender un proyecto biográfico sobre Jung. Murray había elegido Nameche porque había oído cosas buenas sobre su investigación sobre el estudio de las vidas y sentía que era importante que el proyecto lo llevara a cabo alguien que no fuera junguiano. Murray había sentido que un grave inconveniente en el proyecto de entrevista sobre Freud que había sido realizado por los Archivos de Sigmund Freud era que las entrevistas habían sido realizadas por un freudiano, a saber, Kurt Eissler.175

El proyecto fue financiado por la Fundación Wickes. El objetivo del proyecto era entrevistar a personas que habían conocido a Jung y registrar sus recuerdos. Durante el proyecto, Nameche observó que sólo seis de las 205 personas contactadas para entrevistas se negaron.176 Algunos de los que se negaron dieron razones interesantes para hacerlo.

Cary Baynes escribió a la Fundación Wickes negándose a ser entrevistado para que el libro sobre Jung se basara en entrevistas grabadas de personas que lo conocieron:

Estoy convencido de que es más probable que este tipo de libros conduzcan a una menor comprensión de Jung que a una mayor. Cada informe individual podrá hablar sólo de un aspecto muy limitado del carácter de Jung, porque, en mi opinión, nadie, ni siquiera aquellos más cercanos a él, lo conoció en su totalidad. Además, hay demasiados años entre mí y la época en que viví en Zúrich como para sentirme competente para presentar una imagen válida de Jung en ese entorno.177

Gerhard Adler también se negó a conceder una entrevista, alegando dos razones principales. En primer lugar, señaló que al hablar de su relación con Jung, sería reacio a hablar de sus experiencias íntimas, pero eran precisamente esas experiencias las que serían más reveladoras. Añadió que, como introvertido, le resultaría más difícil ser entrevistado que un extrovertido, y como este sería generalmente el caso, las experiencias narradas estarían desequilibradas. La razón más importante fue la siguiente:

Mi principal objeción es que hay demasiadas proyecciones y relaciones de fantasía al respecto. Demasiadas personas viven con una imagen de su relación con Jung que es completamente irreal. No veo ninguna manera de distinguir entre relaciones reales y de fantasía.178

Añadió que las restricciones de diez o veinte años para consultar las entrevistas en realidad empeorarían las cosas, ya que nadie podría evaluar su realidad o irrealidad.

A principios de la década de 1970, se colocaron 7.000 páginas de transcripciones en los Archivos Médicos de Harvard, y la mayor parte de estas entrevistas estuvieron disponibles en la década de 1980. Para Nameche, el objetivo de las entrevistas era mostrar el lado humano de Jung y centrarse en los contactos personales con él, en contraposición a sus ideas, y en gran medida lo lograron.179 Como tal, las entrevistas constituyen un recurso invaluable, pero desafortunadamente, fueron mal conducidos. En muchos casos, Nameche simplemente no había hecho suficientes deberes para darse cuenta del significado histórico de las figuras con las que habló.180 Las entrevistas contienen muchos chismes y rumores, y deben usarse con cuidado. Los problemas destacados por Cary Baynes y Gerhard Adler son claramente evidentes. El nivel de conocimiento de Nameche sobre la obra de Jung también dejaba mucho que desear.181 Sin embargo, en general, el objetivo de Henry Murray se había cumplido: las entrevistas constituían un recurso esencial para cualquier futura biografía de Jung. La mayor parte de las entrevistas se hicieron accesibles abiertamente en 1983.182

Ellenberger

1970 marcó un hito en los estudios de Jung, ya que vio la publicación de The Discovery of the Unconscious: The History and Evolution of Dynamic Psychiatry de Henri Ellenberger. Aunque no es propiamente una biografía, el trabajo de Ellenberger tuvo implicaciones críticas para las biografías de Jung, que, lamentablemente, generalmente no fueron tomadas en cuenta por los biógrafos.

Ellenberger fue un psiquiatra de origen suizo que trabajó en la Universidad de Montreal, con especial interés en la psiquiatría fenomenológica. Aunque no era un historiador formado, el trabajo de Ellenberger fue fundamental en el desarrollo de la historia de la psiquiatría. Ellenberger había sido analizado por Oskar Pfister y observó que la discrepancia entre la versión aceptada de algunos acontecimientos de la historia del psicoanálisis y lo que había oído directamente de Pfister y de Alphonse Maeder fue uno de los instigadores de sus investigaciones históricas.183 Al principio, enunció su métodología : «(1) Nunca des nada por sentado. (2) Compruébalo todo. (3) Reemplace todo en su contexto. (4) Trazar una clara línea de distinción entre los hechos y la interpretación de los hechos.»184

Amplió esto en un ensayo publicado el mismo año titulado «Metodología para escribir la historia de la psiquiatría dinámica». Su objetivo era ubicar la historia de la psiquiatría dinámica sólidamente dentro de la disciplina de la historia. Comenzó señalando que el psiquiatra dinámico promedio no estaba capacitado en métodos históricos ni tenía conocimientos históricos, y probablemente era partidario de una escuela en particular. Respecto a esto último, sostuvo que:

Haber pasado por un análisis freudiano o junguiano, o cualquier formación similar, es una clara ventaja, pero también puede ser una grave desventaja para el historiador. No es infrecuente que los seguidores de una escuela en particular vean las enseñanzas de otras escuelas de manera distorsionada, incluso cuando se creen imparciales. Aquí, el historiador debería «poner entre paréntesis» todo lo que sabe sobre su propia escuela y debería esforzarse en identificarse con el objeto de su estudio para reconstruir la enseñanza de otra escuela, del mismo modo que el fenomenólogo psiquiátrico se esfuerza por reconstruir. pieza a pieza el universo interior de un paciente esquizofrénico.185

Esta afirmación indica la importancia de una perspectiva cuasi fenomenológica para la historiografía de Ellenberger. Insistía en que había que comprobar escrupulosamente los datos biográficos, estudiar las obras en orden cronológico, no basarse nunca en traducciones y leer siempre las primeras ediciones y no las obras completas de un autor. Desde el punto de vista de la disciplina de la historia, tal metodología parecería elemental y podría darse por sentado. Sin embargo, dentro de un ámbito dominado por leyendas, rumores y chismes, tal énfasis en la evidencia documental y las fuentes primarias fue revolucionario. Concluyó que tal metodología, aunque requiere mucho tiempo, «produciría obras definitivamente más gratificantes que aquellas basadas en material de segunda, tercera o cuarta mano, repitiendo indefinidamente los mismos errores que nunca han sido cuestionados y han adquirido una desafortunada apariencia de veracidad».186

Ellenberger dedicó largos capítulos a Janet, Freud, Adler y Jung. Por primera vez, el trabajo de Jung se presentó en el contexto de la historia de las ideas y no quedó subsumido ni subordinado al psicoanálisis. Su capítulo sobre Jung, que tiene más de cien páginas, comenzó con la declaración inicial:

Carl Gustav Jung, al igual que Alfred Adler, se desvía del psicoanálisis de Freud, y su psicología analítica no debería medirse con la vara del psicoanálisis freudiano más de lo que el psicoanálisis debería medirse con la vara de la psicología analítica. Ambos deben entenderse en términos de su propia filosofía.187

No es una gran exageración decir que se podría decir que esta afirmación marca el inicio del campo de la historia de Jung como un dominio distinto.188 La obra de Ellenberger cumplió dos tareas: separar a Jung de la sombra de Freud y, al mismo tiempo, la reconexión del trabajo de Jung dentro de un campo más amplio de relaciones con otros desarrollos y desarrollos contemporáneos. La importancia del relato de Ellenberger sobre la vida de Jung fue que dio prominencia a sus ideas y a la evolución de su trabajo. Fundamentalmente, el estudio de la vida de Jung estuvo integrado en una vasta recontextualización de la historia de la psiquiatría dinámica. Mientras Ellenberger iniciaba investigaciones de archivo sobre la vida de Jung, el estatus de Memories era incuestionable.

Conceptualmente, el trabajo de Ellenberger combinó los enfoques de un historiador y el de un psiquiatra existencial, y en ocasiones existen tensiones entre estas orientaciones. Una idea específica destacó en su tratamiento de Jung: el concepto de «enfermedad creativa». En 1964, escribió un ensayo sobre este tema, siguiendo el ejemplo de Novalis, quien había comentado:

Las enfermedades son ciertamente un asunto importante para la humanidad, porque son muy numerosas y porque todos tienen que luchar contra ellas. Pero conocemos sólo de manera imperfecta el arte de darles un buen uso. Estos son probablemente los materiales y estimulantes más importantes para nuestro pensamiento y actividad.189

Ellenberger se preguntó si se podrían encontrar ejemplos históricos de procesos creativos ocultos bajo «la aparición o desaparición de una neurosis o una enfermedad psicosomática». Proporcionó el siguiente esquema general de la «enfermedad creativa»: la enfermedad comienza después de un período de intenso esfuerzo intelectual; durante la enfermedad, el sujeto está obsesionado con un problema intelectual, espiritual o estético. La terminación de la enfermedad se vive no sólo como la liberación de un período de sufrimiento psicológico, sino también como una iluminación. Finalmente, a esto le sigue una transformación de la personalidad y, a menudo, un aumento de seguidores. Citó ejemplos entre los chamanes y místicos religiosos, y también , en particular, Freud y Jung. Este último, sostuvo, «Sufría una especie de trastorno neurótico prolongado», tras su ruptura con Freud. Ellenberger sostuvo que «los rasgos esenciales de las enseñanzas de Jung, por tanto, son el resultado de su neurosis creativa».190 La «enfermedad creativa» era un término ambiguo. No cuestionó los diagnósticos de los episodios en cuestión como «enfermedades», pero intentó indicar que también estaban involucrados procesos creativos. Desafortunadamente, si bien la historia de la psiquiatría dinámica de Ellenberger abrió un gran número de fuentes críticas para el estudio contextual de la obra de Jung, el concepto de enfermedad creativa actuó en la dirección opuesta, extendiéndose hasta la «neurosis creativa» de Jung.

Después de Ellenberger, académicos de diversas disciplinas realizaron un número cada vez mayor de estudios históricos sobre Jung y aspectos del desarrollo de su obra, en forma de monografías, artículos y disertaciones. Estos trabajos estaban vinculados a una reescritura completa de la historia de la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicología y la psicoterapia y las ciencias humanas que se estaba llevando a cabo al mismo tiempo. Sin embargo, estos trabajos se dispersaron y causaron poca impresión en la profesión de la psicología analítica y en el debate público más amplio sobre Jung. Además, tales estudios tuvieron poco efecto sobre los continuos intentos de escribir biografías de Jung, que experimentaron un desarrollo separado. Lamentablemente, la metodología histórica general que Ellenberger promovió no siempre fue respetada en la tradición biográfica de Jung.

Jung: su vida y obra

En 1976, Barbara Hannah publicó su obra Jung: His Life and Work. Una memoria biográfica. Hannah era pintora y había llegado a Zúrich a principios de 1929 para trabajar con Jung.191 Permaneció en Suiza y ejerció como analista. En la década de 1930, preparó un currículum en varios volúmenes de las conferencias de Jung en el Instituto Federal de Tecnología y también tradujo algunos de sus escritos.192

En el prefacio de su libro, afirmó que, como memoria biográfica, su objetivo era mostrar la vida de Jung tal como ella la veía. Consideró que era demasiado pronto para una biografía detallada, ya que había muchos documentos en poder de la familia Jung que aún no eran accesibles para su estudio. Admitió que sabía poco de la vida familiar de Jung, pero que la abordaba únicamente desde su propio punto de vista, es decir, el de un estudiante que también lo conocía fuera del análisis. Su objetivo era mostrar cómo él «primero vivió su psicología y sólo mucho después formuló en palabras lo que había vivido».193 Por lo tanto, su atención se centró en su propio proceso de individuación. Un objetivo secundario era dejar constancia de información que de otro modo podría morir con ella y, en particular, la relativa a su relación con Toni Wolff. En un artículo escrito en 1967, «Algunos destellos del proceso de individuación en el propio Jung», Hannah señaló que la presencia continua de Jung en los sueños y en la imaginación activa de las personas «nos da la sensación de su presencia cercana», e hizo que su muerte fuera menos una «barrera de hielo» que la de otros que la habían afectado.194 En cierto sentido su biografía busca evocar esta sensación de presencia.

En los primeros capítulos de su libro, se basó en gran medida en Memories, Dreams, Reflections, complementados con anécdotas que Jung le contaba y cosas que había oído de otras personas. La obra cambia cualitativamente después de la llegada de la propia Hannah a Zúrich en la década de 1920, dada su presencia en algunos de los acontecimientos que narraba, su relación con otras figuras del círculo de Jung y la manera en que tomaba nota de los comentarios hechos por Jung. El relato de Hannah sobre su «confrontación con el inconsciente» siguió fielmente el relato de Memories, complementado con comentarios que Jung le hizo a Hannah. Aunque no es un estudio académico ni un trabajo profesional de historia, el trabajo de Hannah se basó en la implicación de toda una vida con la psicología de Jung. Contiene información valiosa de primera mano. Sin embargo, no siempre es posible evaluar la veracidad de sus relatos.195 Si el libro contiene chismes no verificados, al menos son chismes de primera mano, que no han sido sometidos a décadas de elaboración. Como «memoria biográfica», el trabajo de Hannah está restringido en lo que se propone hacer, pero esta restricción demuestra ser su fuerza. Como tal, la considero todavía la única biografía indispensable de Jung. Las biografías posteriores no han hecho más que realzar su importancia.

Al evaluar estos trabajos, es importante observar las convenciones narrativas empleadas. De los biógrafos «póstumos», Hannah pudo aprovechar años de contacto directo con Jung para preparar su libro, y frases como «Jung me dijo » aparecen con frecuencia. No ocurre lo mismo con el siguiente grupo de biógrafos. Como vimos en el caso de Memories, una narración en primera persona contribuyó en gran medida a que un relato particular fuera tomado como definitivo. En las obras a las que nos referimos ahora, vemos cómo, en menor medida, las narrativas en tercera persona todavía podrían usarse de una manera que dé la impresión de que la biografía en cuestión presenta una ventana a los pensamientos íntimos de Jung ­, incluso sin evidencia documental.

C.G. Jung: El profeta embrujado

En 1976, el psicoterapeuta Paul Stern publicó una biografía de Jung titulada C.G. Jung: The Haunted Prophet. El enfoque de Stern fue abiertamente crítico. En su opinión, Jung era un «vidente» disfrazado de científico. Stern consideraba Memories como «un evangelio consciente y una Biblia de la dispensación junguiana, en forma de parábola»,196 y el Instituto Jung en Zúrich como el «cuerpo místico» de Jung. Stern observa la historia de vida de Jung como «una parábola convincente que ilustra los usos creativos de la locura incipiente».197 El trabajo de Stern está mal referenciado y no tenía ninguna nota a pie de página. Parece incluir alguna información que puede provenir de las entrevistas de Nameche.

Es significativo señalar que parece que los primeros en afirmar que Jung estaba loco (de una forma u otra) fueron los psicoanalistas. Su posición es bastante clara: la llamada locura de Jung fue utilizada para explicar su abandono del psicoanálisis. En consecuencia, su obra podría simplemente descartarse como producto de una psicosis. Por ejemplo, el 9 de diciembre de 1912 Freud escribió a Sándor Ferenczi: «Jung está loco [meschugge]».198 Unos meses más tarde, utilizó una expresión similar en una carta a Karl Abraham.199 El 25 de abril de 1913, Ernest Jones escribió a Freud que Jung

la conducta reciente en Estados Unidos me hace pensar más que nunca que no reacciona como un hombre normal y que está mentalmente trastornado en grado grave; produjo una impresión bastante paranoica en algunos de los psiquiatras de Ward’s Island.200

¿De qué otra manera explicar la apostasía de Jung de la Causa Freudiana, excepto invocando la locura? Después de Freud, esta opinión fue repetida por los psicoanalistas y ha tenido un importante efecto propagandístico. En 1982, Eissler publicó un ensayo titulado «Inicios de una patografía de la personalidad de CG Jung», que es un ejemplo de difamación en psicoanálisis, donde queda bastante claro que diagnosticar a Jung era una forma de desacreditar sus ideas.201

Stern consideraba el ‘enfrentamiento de Jung con el inconsciente’ como «los años de semi-psicosis»,202 En su opinión, la solución de Jung a su crisis fue que «personalizó y mitificó las fuerzas psicóticas dentro de él».203 Así, para Stern, la vida de Jung demuestra el nacimiento de una psicología a partir de una psicosis, y la manera en que Jung la construyó es suficiente para repudiarla. La lectura de Stern no se centró en el significado de acontecimientos particulares, sino en las tendencias generales de Jung que, según él, demostraban. En sus comentarios sobre el sueño de Siegfried de Jung, Stern escribió que Jung:

No pude ver cuán solipsista y «junguiana» era en realidad su interpretación . Había caído en la trampa que invariablemente condena los intentos de autoanálisis, viendo en el sueño sólo lo que quería ver. Ignorando su punto ciego, atrapado en un estrecho mundo de sombras, viendo cada imagen onírica simplemente como otra faceta de sí mismo, pudo mitigar el terrible impacto de la realidad exterior, al precio de reducir su contacto con ella.204

Stern consideraba que la figura de Filemón representaba lo que Jung había «buscado, aparentemente encontrado y luego trágicamente perdido en Freud: guía paternal, disposición para atender sus necesidades espirituales».205 Sin embargo, Stern le da crédito a Jung por haber logrado superar su terrible experiencia:

La figura de Carl Jung es la prueba viviente de que aún en el siglo XX una persona puede ser visionaria, «alucinar» fantasmas y demonios, sin estar manifiestamente loca. Ahí radica parte de su importancia para nosotros ahora.206

Stern no presta atención al contexto social e intelectual de la obra de Jung. Su juicio general sobre Jung y su trabajo es condenatorio:

En el ámbito intelectual, la gran síntesis de Jung se mantuvo en gran medida en el nivel de meras operaciones verbales cuyas superficialidades estaban ocultas por un impresionante despliegue de erudición. La frecuentemente observada falta de lucidez de Jung, su estilo turgente, la falta de fluidez de su lógica, su incapacidad para distinguir entre hipótesis y hechos son otros tantos signos reveladores de esta falta de integración. Y los hechos biográficos que hemos relatado con cierta extensión reflejan el mismo fracaso en el ámbito existencial.207

Las críticas a cómo vivió Jung su vida van acompañadas de un rechazo de su obra, sin siquiera entrar en una consideración detallada de la misma. Así, la biografía proporcionó una vía sencilla para una crítica global de Jung.

Jung: el hombre y el mito

En 1978, Vincent Brome, biógrafo profesional, publicó su biografía, Jung: Man and Myth. Según la propaganda de la portada, el libro «nos revela la verdad detrás del mito del Mesías semimístico». Brome, que había conocido a Jung en dos ocasiones, entrevistó a una treintena de personas que habían conocido a Jung. Entre las personas que entrevistó se encontraban algunas personas a las que no nombró. Al principio, Brome afirmó que su libro no era un trabajo definitivo, por lo que consideraba que tendríamos que esperar otros treinta años.208 Para su relato de los primeros y últimos años de Jung, Brome se basó en gran medida en Memories, Dreams, Reflections, sin ser consciente de su situación problemática. La actitud de Brome hacia el trabajo de Jung queda clara en un apéndice sobre el «modelo de psique de Jung», donde presentó un resumen de las ideas de Jung, que criticó. Brome simpatiza mucho más con el psicoanálisis y presentó interpretaciones freudianas de Jung.209

De ahí que el enfoque de Brome pueda caracterizarse como psicobiográfico más que histórico. Brome resumió su evaluación general del trabajo de Jung en la siguiente declaración:

En cierto sentido, el modelo de Jung de la psique humana convertía la autobiografía en psicoterapia. Había experimentado cada detalle de su modelo y era como si hubiera elevado un elaborado proceso de autoanálisis a la categoría de teoría abstracta, convencido de que tenía aplicación universal.210

Si uno sostiene tal posición, se deduce que una biografía de Jung presentaría la clave para comprender su obra y su génesis. Semejante posición niega la historia intelectual.

El acercamiento psicobiográfico de Brome es particularmente evidente en su versión del «enfrentamiento con el inconsciente» de Jung, que él entendió como un «colapso». Para ser más preciso, Brome diagnosticó a Jung como «una personalidad ciclotímica que sufría una psicosis maníaco-depresiva» y plantea la cuestión de si en la «enfermedad» de Jung estaban presentes factores hereditarios.

Brome cuestionó las afirmaciones de Jung de que su autoexploración era una empresa emprendida deliberadamente:

Es difícil establecer hasta qué punto la deliberación entró en el proceso y hasta qué punto las fuerzas patológicas lo llevaron involuntariamente de regreso a sus comienzos… con una psique tan compleja, rica y poderosa, cada complicación concebible fertilizaba el proceso hasta que lo racionalmente deseado era indistinguible de lo compulsivamente ineludible.212

Los sueños y fantasías críticos de Jung fueron sometidos a interpretaciones reduccionistas. Podemos ver esto considerando su tratamiento de la «confrontación con el inconsciente» de Jung.

Brome interpretó la fantasía de vigilia de Jung del 13 de diciembre de 1913 y el sueño de Siegfried citado anteriormente desde la perspectiva de la ruptura «traumática» de Jung con Freud. Sobre el primero comentó:

Jung medía seis pies, Freud cinco pies siete, uno relativamente enano con respecto al otro, y allí, en el primer sueño, la entrada a la cueva estaba bloqueada por un enano momificado. El muerto Freud frenó la lucha de Jung por el renacimiento con tanta fuerza que cuando el sol de un nuevo día salió en la cueva, de repente lo arrasó todo con un estallido de sangre, que simboliza simultáneamente el renacimiento y la muerte.213

Brome interpretó el sueño de Siegfried en términos de la supuesta «identificación» de Jung con Freud.214 Dejó a un lado las propias interpretaciones de Jung de la fantasía y el sueño en Memories. Su enfoque fue ver las experiencias de Jung durante este período en términos de dinámica interpersonal. Su interpretación general de la confrontación de Jung con el inconsciente se reduce a lo siguiente:

Lentamente, el hombre casado, razonablemente «normal», convencionalmente fiel, que creía en una forma de Dios, se había revelado como una persona con potencial bisexual, que cometía adulterio, no estaba reconciliada con el Dios personal del cristianismo y era capaz de asesinar a su propio padre [ es decir, Freud] de una vez.215

El error de la lectura freudocéntrica de Jung resulta evidente en este relato. Además, se ve cómo se utilizan interpretaciones psicoanalíticas para insertar a «Freud» en textos en los que él está completamente ausente. Jung «debió» haber estado preocupado por Freud en ese momento, por lo tanto estas experiencias «debieron» haber sido sobre su relación con Freud. Además, ¿qué evidencia hay de que Jung fue realmente capaz de asesinar a Freud, aparte de la imputación de hostilidad edípica? El problema con tales interpretaciones es que son completamente arbitrarias. Si uno emplea tal hermenéutica, cualquier cosa puede representar cualquier cosa, sin necesidad de ninguna evidencia que lo respalde.216

En el trabajo histórico, a diferencia del periodismo, es crucial que las referencias y fuentes estén claramente dadas, ya que ésta es la única manera en que otros académicos pueden evaluar potencialmente la confiabilidad del material en cuestión y las afirmaciones hechas sobre él. Una característica del libro de Brome es su dependencia de fuentes anónimas. La información sobre las discusiones monetarias de Jung con su esposa durante su luna de miel se atribuye a un «psiquiatra inglés anónimo».217 Un evento en el que Jung supuestamente se despertó por la noche para escuchar a su hija menor llorar y se fue a buscar consuelo con Toni Wolff se atribuye a una entrevista con «X».218 Brome se refería a una persona anónima que habló con él «bajo un pesado manto de anonimato con nada más que evidencia verbal corroborativa de fuentes similares».219 La red de intriga se espesa: ahora tenemos fuentes anónimas que respaldan otras fuentes anónimas. Brome afirmó juiciosamente que sería un error considerarlos confiables, pero luego en la misma frase continúa presentando a otro testigo anónimo «que conocía íntimamente la situación y lo describió [a Jung] como no un gran amante. Su sexualidad era muy sencilla y todo el discurso mitopoético se desvaneció en una nube de pasión sencilla».220 Hablar de sexualidad y anonimato a menudo parece ir de la mano. No nos queda forma de evaluar la veracidad de estos relatos, ni de determinar en qué medida se basan en pruebas de primera, segunda o tercera mano, ni de juzgar la fiabilidad de los testigos. En el caso de Jung, dado el nivel de fantasía y chismes que lo rodearon desde sus primeros días en el Burghölzli , esto presenta un problema especial. Como hemos visto, fue por este tipo de razones que Cary Baynes y Gerhard Adler declinaron ser entrevistados para el proyecto biográfico de Jung.

Brome presentó información de una mujer que había sido paciente de Jung y que insistió en mantener el anonimato, a quien llamó «Ana María». Anna Maria era una mujer inglesa que había sido enviada a Jung cuando tenía dieciocho años porque padecía anorexia. Brome comentó: «el caso es particularmente interesante porque Jung desarrolló su nuevo análisis mitológico con este paciente».221 Si este fuera el caso, este paciente sería un caso paradigmático de vital importancia, pero ni siquiera se nos dan las fechas del momento en que se realizó el análisis. Sin estos detalles, dicha información es inutilizable desde una perspectiva histórica.

«Jung y las personas: un estudio sobre el genio y la locura»

En 1983, Nameche completó el manuscrito de una breve biografía de Jung, escrita con R.D. Laing, titulada: «Jung and Persons: A Study in Genius and Madness». La obra nunca fue publicada. El foco del trabajo fueron las relaciones de Jung con los demás. En la introducción, Laing y Nameche escribieron:

Ofrecemos este libro, como un aporte a la memoria, platónica y freudiana, al perdón, a la reconciliación e, incluso, a la celebración, de la existencia de un gran espíritu humano, que no fue un santo, ni fue un cerdo, sino un hombre incorregible. Como dicen los mexicanos, un hombre es raro.222

Indicaron los requisitos que incumben a cualquiera que se embarque en una biografía de Jung:

Sin embargo, para llegar hasta el final, negativamente, según Jung, uno tiene que ganarse su rango. Quizás sea un tonto, un charlatán, un completo bastardo. Pero para tener derecho a emitir tales juicios, uno tiene que hacer sus deberes, muchos de ellos propios, y al menos estar en condiciones de apreciar lo que estaba diciendo. Ciertamente no hablaba de tonterías, como algunas personas son tan estúpidas como para suponer y muchas otras quisieran hacer creer.223

La siguiente es una lista de los capítulos de la obra:

  1. Ancestros y fantasmas del pasado Herejía y herencia
  2. 
Fundamentos de la experiencia temprana 1875-1902 De personaje a personaje
  3. El joven Dr. Jung 1903-1912 Freud, familia y fama
  4. Reorientaciones de la mediana edad, 1913-1925 Desintegración, entrada y salida
  5. Reuniendo la identificación 1926-1945
 Viajes y Honores; Guerra y preocupaciones
  6. Jung alrededor de los hombres
 Celos, Desgracia y Fidelidad

  7. Mujeres alrededor de Jung
 Los dos coros: ¿Gracia salvadora?
  8. El viejo doctor Jung 1946-1961
 Pérdidas, fama y talla en piedra

Aparte de algunas reflexiones ocasionales, la biografía de Laing/ Nameche es una obra decepcionante, que tiene poco de la brillantez de la primera ni de la investigación de la segunda. De hecho, cuando escribió esto, Nameche parece haber olvidado gran parte de la información de sus entrevistas. El trabajo de ninguna manera representa la culminación de su proyecto de entrevista.224

Jung: una biografía

En 1985, Gerhard Wehr publicó un trabajo sobre Jung titulado, Carl Gustav Jung: Life, Work, Effect, que fue traducido como was translated as Jung: A Biography. A diferencia de los biógrafos profesionales, Wehr había escrito previamente sobre los aspectos religiosos del pensamiento de Jung. En 1972, escribió un estudio comparativo de Jung y Rudolf Steiner (Wehr , 1972). En 1975 publicó un trabajo sobre las relaciones de la obra de Jung con el cristianismo, con la intención de ver cómo la psicología analítica podría contribuir a una «teología profunda». (Wehr, 1975). Así, su trabajo surgió de una implicación sostenida con el pensamiento de Jung.

A diferencia de las biografías que la precedieron, no presentó ningún material de archivo nuevo ni se basó en entrevistas con personas que conocieron a Jung. Wehr se basó en gran medida en Memories, Dreams, Reflections, que fue tomado acríticamente como la biografía de Jung. Después de considerar el trabajo de Brome, resulta un alivio encontrar una ausencia de interpretación psicobiográfica. En cambio, Wehr presentó los propios relatos de Jung sobre su experiencia y mostró una firme comprensión de sus ideas.225 Wehr se basó en material que ya había sido publicado. Por lo tanto, si bien hay pocas novedades en el libro de Wehr que lo hagan destacar, también está libre de los muchos defectos de algunas de las biografías anteriores de Jung, y los hechos generalmente conocidos están narrados de manera confiable.

Al considerar la «confrontación de Jung con el inconsciente», el relato de Wehr siguió fielmente el de Memories, complementado con información de la biografía de Hannah. Wehr añadió su propio diagnóstico de Jung como «un caso límite» en el umbral entre la neurosis y la psicosis».226 Wehr planteó la cuestión de si la empresa de Jung era realmente voluntaria, o si eran sus «conflictos internos» los que «lo estaban llevando al borde de la locura».227 Sin embargo, añadió que tal experiencia no podía entenderse únicamente con criterios psicopatológicos, sino que también debía verse como un ejemplo del arquetipo del «viaje nocturno por mar», invocando Transformations and Symbols of the Libido de Jung de 1912.228 También sugirió que había paralelos con la experiencia de Jung en la historia del esoterismo cristiano. Respecto al sueño de Jung de matar a Siegfried, Wehr añadió a la propia interpretación de Jung el hecho de que «muchos de sus colegas judíos alguna vez lo consideraron como un ‘gigantesco rubio Siegfried'» y que «Siegfried era también el nombre del hijo que Sabina Spielrein anhelaba».229 La biografía de Wehr concluye con tres breves ensayos que examinan la recepción cultural de la obra de Jung, particularmente en los círculos religiosos.

Carl Gustav Jung: una biografía

En 1996, Frank McLynn , otro biógrafo profesional, publicó su biografía de Jung. Al principio, afirmó que su libro «no pretende ser una biografía definitiva de Jung. Tal trabajo no será posible hasta que toda la documentación relevante sea liberada al dominio público».230 Si la última frase parece presentar una posición apropiadamente cautelosa, queda anulada por la siguiente afirmación: «Sin embargo, me sorprendería que futuros descubrimientos alteraran significativamente nuestra percepción de las doctrinas de Jung y sus implicaciones».231 ¿Cómo está McLynn en posición de conocer la insignificancia de lo que no ha leído? Sin embargo, expresó su certeza de que investigaciones futuras revelarían los nombres de las amantes «desconocidas» de Jung y las fechas de sus relaciones.232 Añadió que debido a las controversias en torno al trabajo de Jung, no «buscó asesoramiento de expertos ni lecturas académicas» para para no «absorber ninguno de los parti pris conscientes o inconscientes que el hombre y sus doctrinas provocan».233 No se presenta ninguna nueva investigación sobre Jung. En cambio, tenemos el espejo opuesto de Wehr: en lugar de un seguimiento respetuoso de los acontecimientos conocidos de la vida de Jung y las interpretaciones que el propio Jung hace de ellos, McLynn es duramente crítico con Jung.

McLynn consideraba a Memories sin sentido crítico, lo que le llevó a emitir juicios precipitados. Afirmó que «Jung no amaba, en ningún sentido significativo de la palabra, a Emma [su esposa]. Este hecho podría inferirse, como sugiere Anthony Storr, del simple hecho de que Emma se menciona sólo dos veces, en contextos completamente triviales, en Memories«.234 De manera similar, interpretó la falta de mención de Bleuler de la siguiente manera: «La ira de Jung hacia su padre, al parecer, repercutió en todas las ‘figuras paternas’ sucesivas».235 Sin embargo, en los protocolos de las entrevistas de Jung con Jaffé para Memories, hubo varios comentarios significativos sobre su esposa y Bleuler, que hacen que las fantásticas extrapolaciones de McLynn se derrumben.

Lejos de evitar el parti pris, este trabajo personificó la visión freudocéntrica predominante de Jung. Esta perspectiva es claramente evidente en su lectura de la «confrontación de Jung con el inconsciente», que él veía como «un proceso general de desintegración mental que lo llevó al borde del abismo».236 Para McLynn , Jung tenía una «enfermedad mental». En la explicación que McLynn hace de Jung, todo gira en torno a Freud. La idea fija del biógrafo pasa a atribuirse a Jung. Esto es evidente en su lectura del sueño de Siegfried de Jung: «Una vez más, Jung evitó el significado obvio. Es un lugar común de la hermenéutica junguiana que Siegfried representa a Freud y que el asesinato y la culpa representan el ‘parricidio’ de Jung».237 McLynn afirmó que Salomé representaba a Toni Wolff, aunque dejó abierta la posibilidad de que ella también haya representado a Lou-Andreas Salomé.238

Con respecto a Filemón de Jung, McLynn afirmó categóricamente que «toda la experiencia de Filemón fue un episodio esquizofrénico, un síntoma psicótico que no se diferenciaba en nada esencial de los delirios y las voces percibidas por los pacientes de Burghölzli».239 McLynn miró la pintura de Filemón de Jung y sólo pudo ver a Freud.240 Por lo tanto, Filemón puede ser considerado «como una figura de Jano: a la vez un signo de que Jung está recuperando su propia autoridad… después de destruir a Freud/Siegfried y una prefiguración de su énfasis en las tareas de la segunda mitad de la vida, cuando los gurús y los viejos sabios se hacen realidad».241

Al igual que Stern, McLynn consideraba a Jung como un profeta disfrazado de científico: «Se podrían haber ahorrado acres de letra impresa si Jung hubiera confesado y admitido que era un profeta».242 Consideró que el trabajo de Jung estaba «lejos de ser intelectualmente coherente».243 Sin embargo, uno puede cuestionar el nivel de su familiaridad con él. Por ejemplo, Jung, afirmó, «nunca estuvo muy interesado en la psicología infantil».244 En consecuencia, concluyó: «Quizás el defecto más grave en la psicología de Jung es la falta de cualquier teoría o análisis de la infancia».245 Sin embargo, Jung llevó a cabo investigaciones detalladas sobre los sueños de los niños, sobre las cuales impartió un seminario que duró varios años, publicado en alemán en 1987.246

En cuanto a la vida amorosa de Jung, McLynn se sintió libre de nombrar amantes a voluntad. Explicó la advertencia de Jung a Sabina Spielrein acerca de conocer a Mira Gincburg afirmando que «presumiblemente ella era otra de las amantes de Jung cuyas revelaciones podrían ser embarazosas».247 No se proporciona ninguna evidencia que respalde esta afirmación. McLynn simplemente afirmó que Fräulein Aptekmann y Martha Boddinghaus también eran amantes de Jung, sin aportar ninguna prueba.248 La imagen de Jung que emerge en esta obra es la de un mujeriego psicótico. Lamentablemente, esta imagen no se limita a la biografía de McLynn.

Una vida de Jung

En 1999, Ronald Hayman, otro biógrafo profesional, publicó su biografía de Jung, A Life of Jung. Hayman fue el primer biógrafo que tuvo conocimiento del estatus de Memories, Dreams, Reflections y se basó en los protocolos de las entrevistas de Aniela Jaffé con Jung. Además, fue el primer biógrafo que se basó en las entrevistas de Countway , complementadas con algunas entrevistas propias. De los biógrafos de Jung hasta la fecha, Hayman dedicó más espacio, comparativamente hablando, a dar resúmenes de los escritos reales de Jung. Además, no se basó en las traducciones existentes de las obras de Jung y, en ocasiones, revisó las traducciones existentes y proporcionó las suyas propias. Al igual que los biógrafos anteriores, Hayman no consultó los archivos de Jung en Zúrich.

Al igual que Stern, Brome y McLynn antes que él, Hayman presentó su propio análisis retrospectivo de Jung. Esto queda particularmente marcado en su relato de la «confrontación de Jung con el inconsciente», que consideraba una ruptura. Hayman empleó la rúbrica de «enfermedad creativa» de Ellenberger, pero fue más allá al enfatizar lo que consideraba la naturaleza psicopatológica de las experiencias de Jung. En su lectura del sueño de Siegfried de Jung, Hayman sostuvo que la «necesidad de guardar silencio» de Jung sobre Sabina Spielrein le impidió «escribir honestamente sobre este sueño», ya que Siegfried obviamente significaba la fantasía de Siegfried de Spielrein, una conexión que había sido propuesta por Wehr.249 La suposición de que uno sabe lo que «realmente significaba» este sueño llevó a afirmar que Jung no escribió honestamente sobre él. Al igual que Brome y McLynn, Hayman vio a Freud como la figura crítica en la «confrontación con el inconsciente» de Jung. En su discusión sobre las figuras de Salomé y Elías, señaló:

Un factor de su desorientación fue la pérdida de las personas que más le importaban: Freud y Sabina. Ambos judíos, ambos podrían estar asociados con el Antiguo Testamento. Aunque especuló extensamente sobre el significado de Salomé y Elías (señalando que en los mitos un anciano suele estar acompañado por una joven que representa lo erótico mientras él representa la sabiduría), nunca hizo las ecuaciones obvias. … Al igual que los disidentes que han sido eliminados en una purga soviética y desaparecen de nuevas copias de fotografías antiguas, no se mencionan en ninguno de los relatos de Jung sobre sus sueños y visiones. Era como si se hubiera prohibido pensar en ellos. … Quizás lo vio pero no se atrevió a admitir que estaba confundiendo a Sabina con Lou Andreas-Salomé.250

En ninguna parte se proporciona evidencia de tales afirmaciones.251 Las interpretaciones de Hayman se toman como hechos y da la impresión de conocer el contenido oculto de la mente de Jung. Respecto a las propias interpretaciones de Jung de su experiencia, Hayman argumentó que Jung «siempre tendió a mitificar su experiencia, y ahora estaba al borde de la psicosis; el gnosticismo le dio una especie de licencia».252 Es sorprendente cuántos comentaristas han reinterpretado las fantasías de Jung en términos de las personas en su vida, dejando de lado sus propias interpretaciones de ellas en términos de tendencias subjetivas o funciones de su personalidad. Hayman leyó la tendencia de Jung a la personificación, como en la figura de Filemón, en términos de las tendencias de los esquizofrénicos.253 Atribuyó «delirios de grandeza» a Jung.

Además, a tales tendencias se atribuyen características centrales de la obra de Jung: «Su inclinación a creer en lo que llamó la independencia del inconsciente está en consonancia con su negativa de niño a aceptar la responsabilidad de imágenes como el pene gigante y la mierda divina».254 La psicobiografía se convierte así en una herramienta de crítica. Jung se rehace según las ideas fijadas de cada biógrafo.

Fundamentalmente, ninguna de las biografías analizadas en este capítulo se basó en los extensos manuscritos y notas inéditos de Jung, ni en su voluminosa correspondencia en la ETH. Estos están disponibles para que los académicos los estudien previa solicitud. Ninguno de los biógrafos tuvo acceso a los archivos de la familia Jung, que contienen materiales privados, como la correspondencia de Jung con su esposa, los Libros Negros y el Libro Rojo. Por tanto, los materiales inéditos más importantes quedaron sin examinar.255

Ante esta situación, se podría simplemente basarse en lo que se sabe y tener cuidado de no sobrepasar los límites de la documentación disponible.

Las obras de Hannah y Wehr entran en esta categoría. Por otro lado, existe el peligro de llenar los vacíos de la información disponible con intreprefacciones . Las obras de Stern, McLynn, Brome y Hayman a veces entran en esta categoría.



Notas

159. Jung, CW 5, (1952), págs. 13-14. Bair fechó erróneamente este episodio en 1915. (2003, pág. 255).

160. Jung, 1925, pág. 41.

161. Ibíd., pág. 44.

162. Protocolos, LC, pág. 23.

163. Jung, 1925, págs. 47-48; Jung/ Jaffé , 1962, pág. 203.

164. Jung/ Jaffé , 1962, págs. 204-205. Cf. Jung, 1925, pág. 62.

165. Véase supra, pág. 40.

166. Jung, 1925, págs. 63-64.

167. Ibíd., pág. 89.

168. Ibídem.

169. Jung/ Jaffé , 1962, pág. 207.

170. Protocolos, LC, págs. 23-24.

171. West 1983, p.105

172. Ibíd., pág. 107.

173. Hampton 2002, pág. 85. Findlay también añadió algunos adornos a esta fantasía (1999, p. 477).

174. 22 de Junio de 1961, Colección Frances Wickes, LC.

175. Información de Gene Nameche, «The Origins of the CG Jung Biographical Archive», archivos de R.D. Laing, Universidad de Glasgow. Sobre la historia de los archivos de Freud, véase Borch -Jacobsen y Shamdasani, 2001.

176 . Ibídem. Según mis cálculos, el catálogo de la biblioteca de Countway enumera 152

177. Cary Baynes a Anne Phalon, 1 de octubre de 1969, documentos de McGuire, LC.

178. Gerhard Adler a Hazard Gillespie, 16 de septiembre de 1968, Ibíd.

179. Gene Nameche, «Los orígenes del archivo biográfico de C.G. Jung», Archivos Laing.

180. Un ejemplo de ello es su entrevista con Alphonse Maeder .

181. Namenche cuenta cómo cuando entrevistó a Jolande Jacobi en 1969, ella le dijo: «‘Por supuesto, Dr. Nameche, usted ha leído todas las obras de Jung’. ‘Le respondí: ‘He leído todas las obras de Jung’. Ella se rió de buena gana.» Jung y las personas: un estudio sobre el genio y la locura, artículos de R.D. Laing, Universidad de Glasgow, p. 166.

182. Cuando se disolvió la Fundación Wickes, se concedió una subvención terminal al Instituto C.G. Jung de San Francisco. También se otorgó una subvención de 5.000 dólares a los Archivos de Sigmund Freud para la adquisición de cartas de Freud (Kurt Eissler a William McGuire, 8 de mayo de 1970, documentos de McGuire, LC).

183. Ellenberger, 1970a, pág. xiv. Sobre Ellenberger, véase la introducción de Mark Micale a Ellenberger, 1993.

184. Ibíd ., pág. v.

185. Ellenberger, 1970b, págs. 34-35.

186. Ibíd., pág. 39

187. Ellenberger 1970a, pág. 657.

188. Véase Eugene Taylor, 1996. Posiblemente la primera monografía histórica fue el estudio ejemplar de James Heisig , Imago Dei: A Study of Jung’s Psychology of Religión (1979)

189. Ellenberger, 1993, citado, p. 328. Sobre la enfermedad en el romanticismo alemán, véase David Krell, 1998.

190. Ibíd., pág. 339

191. Hannah 1976, págs. 190-191.

192. Bair describió a Barbara Hannah como lesbiana (Bair, 2003, p. 364). Emmanuel Kennedy, el albacea literario de Hannah, que tiene sus diarios, afirmó que esto no es cierto. También señaló que muchas de las descripciones que Bair hace de Hannah son despectivas (comunicación personal).

193. Ibíd., pág. 7.

194. Hannah, 1967, pág. 10.

195. Una persona que criticó este aspecto de su estudio fue el fallecido C.A. Meier. Comentó que Hannah escribió sobre cosas que ella posiblemente no conocía (comunicación personal).

196. Popa, 1976, pág. 17.

197. Ibíd., pág. 9.

198. Falzeder, Brabant y Giampieri-Deutsch, 1993, p. 440.

199. «Jung está loco [ verrückt ]», 1 de junio de 1913, Falzeder , 2002, p. 186

200. Paskauskas, 1993, pág. 1999.

201. Eissler, 1982. Es importante señalar que no fueron sólo los críticos de Jung quienes sostuvieron esta opinión. Por ejemplo, encontramos a Anthony Storr afirmando que Jung pasó por un «episodio psicótico» y sufrió «delirios de grandeza» (Storr ,1997, pág . 89, pág . 91).

202. Popa, 1976, pág. 156.

203. Ibíd., pág. 10

204. Ibíd., pág. 120.

205. Ibíd., pág. 122.

206. Ibíd., p.120.

207. Ibíd., págs. 256-257.

208. Brome, 1978, pág. 12.

209. Un ejemplo es la interpretación que hace Brome del complejo de Edipo de Jung, ibid., p. 35.

210. Ibíd., pág. 284.

211. Ibíd., pág. 168, pág. 162.

212. Ibíd., pág. 158.

213. Ibíd., pág. 163.

214. Para Kurt Eissler, Siegfried era una figura de hijo y, por tanto, representaba a Franz Jung, quien, según Eissler , estaba en el apogeo de su fase edípica (1982, p. 119). Robert Smith señala que «Casi todos los intérpretes psicoanalíticos han establecido una conexión directa y explícita entre SIGmund Freud y SieGfried» (1997, p. 64).

215. Brome, 1978, pág. 168.

216. El primero en postular que Jung tenía un «deseo de muerte» contra Freud fue el propio Freud cuando estuvieron en Bremen en 1909, como una interpretación del interés de Jung por los cadáveres recientemente encontrados allí (Jones, 1955, p. 166). Jung le comentó a Bennet: «Me había marcado a mí mismo al identificarme con Freud. ¿Por qué debería querer que muera? Yo había venido a aprender. Él no se interpuso en mi camino: él estaba en Viena, yo en Zurich. Freud se identificó con su teoría; en este caso, su teoría del anciano de la tribu cuya muerte todo joven debe desear; el hijo debe querer desplazar al padre. ¡Pero Freud no era mi padre!» (Bennet 1961, p. 44). Según Jones, fue en Bremen donde persuadieron a Jung para que tomara su primera bebida alcohólica desde que abandonó el Burghölzli , con su régimen abstemio (1955, pp. 61, 165). Este punto lo repiten Paul Roazen (1974, p. 246), McLynn (1996, p. 135) y Bair (2003, p. 161). Sin embargo, al comentar la biografía de Jones, Jung le señaló a Bennet que esto estaba equivocado y que había celebrado su salida del Burghölzli bebiendo (Bennet, diario, 18 de septiembre de 1959, documentos de Bennet, ETH).

217. Brome, 1978, pág. 83.

218. Ibíd., pág. 170.

219. Ibídem.

220. ibídem.

221. Ibíd., pág. 178.

222. Artículos de R.D. Laing, Universidad de Glasgow, pág. IV.

223. Ibíd., pág. en.

224. En 1984, Colin Wilson publicó un libro breve titulado C.G. Jung: Lord of the Underworld. Una vez más, encontramos que este trabajo presenta una lectura de Jung en el marco de la narración de su vida, cuyos detalles, en este caso, son proporcionados por Memories, Dreams, Reflections, y complementados por la biografía de Brome.

225. En 1969 Wehr también publicó un retrato ilustrado de Jung, que contenía una serie de fotografías hasta entonces inéditas, incluidas algunas de las pinturas de Jung.

226. Wehr, 1985, pág. 175.

227. Ibídem.

228. Ibíd., p.177

229. Ibíd., pág. 180.

230. McLynn, 1995, pág . IX.

231. Ibíd.

232. Ibíd.

233. Ibíd., p. x.

234. Ibíd., pág. 83.

235. Ibíd., pág. 57.

236. Ibíd., pág. 233.

237. Ibíd., pág. 237. Se supone que McLynn se refería a la hermenéutica «freudiana».

238. Ibíd.

239. Ibíd., pág. 239.

240. Ibíd., pág. 240. Para Kurt Eissler, Filemón era un «sucedáneo» de Freud. (1982, pág. 121). Para Susan Rowland, Philemon «puede estar conectado tanto con el propio padre de Jung como con Freud» (1999, p. 46).

241. Ibíd.

242. Ibíd., pág. 316.

243. Ibíd., pág. 311.

244. Ibíd., pág. 103.

245. Ibíd., pág. 314.

246. Actualmente se está preparando una edición en inglés.

247. Ibíd., pág. 113.

248. Ibíd., pág. 161. En una carta a Freud del 8 de septiembre de 1910, Jung señaló que había «celos amorosos hacia mí» entre Moltzer y Boddinghaus (McGuire, 1974, p. 352).

249. Hayman, 1999, pág. 176.

251. En mi opinión, la familia de Jung significaba mucho más para él que Freud o Spielrein . Esta mitología está demostrando ser obstinadamente longeva. En su novela, The World is Made of Glass, Morris West escribió: «Salomé… es la mujer hostil que desempeña para mí el papel de seductora desnuda, un hombre que no la desea. Hay una clara conexión con Sabina. Spielrein , quien pensé que había escrito su salida de mi vida para siempre» (West, 1983, p. 131). Encontramos a Susan Rowland afirmando que «Varios estudios han notado lo que Jung parecía no notar, que en Elijah y Salomé, tenía versiones de las dos personas importantes que acababa de perder, Freud y Sabina Spielrein » (2002, p. 9). . Rowland citó a F-X. Charet, John Kerr y Hayman.

252. Hayman, 1999, pág. 178.

253. Ibíd., págs. 178-179.

254. Ibíd., pág. 60.

255. Esta situación ha disuadido a algunas personas de emprender una biografía de Jung: por ejemplo, a finales de los años 1980, William McGuire había considerado escribir una biografía de Jung. Como la familia Jung no estaba dispuesta a cooperar en la medida en que él lo solicitó, decidió no emprender el proyecto, ya que consideró que los documentos hasta entonces restringidos serían esenciales para tal proyecto (McGuire a Fordham, 7 de marzo de 1988, CMAC)

Jung al desnudo por sus biógrafos, incluso. 2. Las obras incompletas de Jung

Traducciones

Sonu Shamdasani, Inglaterra

De Jung Stripped Bare by his Biographers, Even, ed. Karnak, pp. 47-58

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Además de los intentos de escribir la biografía de Jung, se estaban realizando esfuerzos para publicar sus obras. El destino de este proyecto iba a tener consecuencias críticas e insospechadas para las biografías posteriores y, de hecho, para todos los estudios de Jung. Los volúmenes que se han producido: Las Collected Works, varios volúmenes de seminarios y correspondencias, dejan mucho que desear y están notoriamente incompletos. Así, las biografías de Jung que se han escrito, junto con la literatura secundaria, se han basado en un corpus textual que no es del todo sólido.

Cuando fueron presentadas por Jack Barrett de la Fundación Bollingen con una copia del primer volumen de las Obras completas que se publicaría, Jung se quejó de que parecía un ataúd.121 El proyecto de una edición recopilada de los escritos de Jung fue propuesto por Herbert Read, quien en ese momento era director editorial de Kegan Paul en 1945 (Kegan Paul se convirtió en Routledge & Kegan Paul en 1947).

Al mismo tiempo, la Fundación Bollingen en Estados Unidos presentó una propuesta similar. En 1947 se llegó a un acuerdo para publicar conjuntamente las obras. Por sugerencia de Jung, Michael Fordham fue nombrado editor.122 Como Fordham no hablaba alemán con fluidez, Jung sugirió que se designara a Gerhard Adler para verificar las traducciones. Jung consideró absolutamente necesario que esto lo hiciera un hablante nativo de alemán.123 Para Jung, la manera en que usaba el lenguaje era una parte integral de su psicología. El 17 de junio de 1952 escribió a Zvi Werblowsky,

el lenguaje que hablo debe ser equívoco, es decir ambiguo, para hacer justicia a la naturaleza psíquica con su doble aspecto. Me esfuerzo consciente y deliberadamente por expresiones ambiguas, porque son superiores a las inequívocas y corresponden a la naturaleza del ser.124

Jung comentó a Fordham sobre los problemas especiales que enfrenta cualquier traductor de sus obras:

mi estilo alemán no es en modo alguno simple y necesita un oído específicamente entrenado para escuchar las insinuaciones un tanto sutiles que abundan en ciertos artículos… Veo una y otra vez que ciertos puntos son mal entendidos o mal interpretados por traductores que no comprenden completamente el valor de ciertas palabras… Estoy bastante ansioso por que mis obras se presenten al público inglés en una forma inglesa que exprese lo que dice el texto alemán. Por supuesto, necesita a alguien que tenga conocimientos más amplios que la psiquiatría o la psicología académica, ya que mi lenguaje es a menudo más literario que meramente «científico». También utilizo alusiones o citas de literatura clásica, lo que, para un lector inglés, sería perfectamente extraño.125

Como Jung le dijo más tarde a Herbert Read, se tomó muy en serio la cuestión de la traducción de su obra, sobre todo porque había tenido algunas experiencias molestas.126 Adler también debía establecer los equivalentes de la terminología alemana, mientras que Fordham debía revisar la traducción con miras a su estilo inglés.127

Fordham aceptó que Adler fuera nombrado editor de traducciones, pero Adler quería estar en pie de igualdad con él. Fordham informó a Herbert Read que se había reunido con Adler, quien le había dicho que quería ser co-editor por el bien de su prestigio personal. Fordham consideró que no era el adecuado para la tarea y, además, también había tenido dudas sobre su competencia para comprobar las traducciones, debido a la mala calidad de su inglés,128 Jung pensó que la propuesta de Adler no era una buena idea, y consideró que debería haber un editor. Intentó convencer a Adler de ello, pero no lo consiguió.129

Richard Hull fue designado traductor. La primera obra que Hull tuvo que traducir fue Psychology and Alchemy de Jung. Hull era un traductor profesional, con poca exposición previa al trabajo de Jung.130 Se especializó en obras literarias y filosóficas, y también tradujo las cartas de Rilke en 1946, y obras de Martin Buber y Martin Heidegger en 1949. Fue un poeta publicado, y algunos de los que lo conocieron lo recordaron como un ardiente racionalista.131

En las notas de una reunión entre Jung, Herbert Read y Jack Barrett en 1949, se registra que: «El profesor Jung comenta que el Sr. Hull parece tener dificultades para comprender algunos de sus conceptos (de Jung) (es decir , el Sí-mismo).»132 Jung sugirió que Hull debería continuar colaborando con Barbara Hannah en futuras traducciones. Respondiendo a Herbert Read sobre este plan de contratar a Hannah como asesora de traducción, Hull le informó que se trataba de un deseo que no había confesado a nadie, ya que en ocasiones había tenido problemas para comprender las ideas de Jung y no había recibido suficiente aclaración al respecto por parte de Adler y Fordham cuando traducía Psychology and Alchemy.133 En 1953, Jung revisó la traducción de Hull de su ensayo sobre Sincronicidad y le escribió lo siguiente: «Ciertamente entiendes cómo transformar las pesadas formas gramaticales alemanas en un inglés líquido».134 De hecho, las traducciones de Hull son tan fluidas a nivel literario que generalmente no se leen como una traducción. Una semana después, Jung le escribió a Barrett sobre la traducción de Hull:

He controlado parcialmente la traducción de Hull de «Sincronicidad» y he visto que es absolutamente necesario que alguien que entienda los argumentos del artículo, además del alemán, revise con detenimiento la traducción que ya ha sido controlada por Miss Hannah, y por lo tanto propongo que la traducción final se entregue al Dr. Adler.135

Dos años más tarde, Jung volvió a comentar sobre la traducción del texto realizada por Hull en una carta a Michael Fordham:

Les devuelvo por este mismo correo las galeradas de «Sincronicidad». Mis correcciones están en el texto. Hull tiene la desafortunada tendencia a inventar diferentes palabras para un mismo concepto; eso está generando confusión.136

Ninguno de los editores era un erudito capacitado y, además, la magnitud de la empresa no fue evidente de inmediato. Con el paso del tiempo, Adler y Fordham se retiraron a un papel más supervisor (lo que por sí solo generó una correspondencia considerable). Posteriormente, la mayor parte del trabajo editorial fue realizado por William McGuire, Richard Hull y Alan Glover. En reconocimiento de esto, McGuire fue nombrado editor ejecutivo en 1967 (Fordham sugirió que Hull también debería haberlo sido, ya que su participación fue mucho más allá de la traducción).137 De hecho, Hull consideraba que su papel implicaba la corrección silenciosa de los textos de Jung. A Herbert Read, le escribió:

¿Tiene sentido para usted que los textos de Jung se sigan tan fielmente que los descuidos, oscuridades o inconsistencias en la exposición se reproduzcan o no se corrijan salvo a costa de una explicación editorial? ¿Para qué sirven los editores sino para aclarar y corregir cuando sea necesario, sin llamar la atención?138

Los responsables de las Collected Works lograron que la mayor parte de los escritos publicados de Jung estuvieran disponibles en un lapso de tiempo comparativamente corto desde la muerte de Jung. No es necesario indicar el valor de esto. Ha tenido un efecto inestimable en la difusión del trabajo de Jung y en el fomento del desarrollo de la profesión de la psicología analítica en el mundo de habla inglesa. No es casual que el mundo de habla inglesa sea donde la obra de Jung ha tenido su mayor impacto. Además, en su investigación para preparar la edición, los editores hicieron muchas contribuciones importantes para comprender el desarrollo histórico de la obra de Jung. En retrospectiva, resultan evidentes numerosas deficiencias. Es necesario señalar la manera en que estas deficiencias han obstaculizado la comprensión de la obra de Jung, así como la de su desarrollo. Estos obstáculos seguirán siendo obstáculos sólo mientras los individuos confíen incondicionalmente en las Collected Works y consideren la tarea de editar la obra de Jung como algo que ya ha sido completado.

La primera gran dificultad de las Obras Completas es la elección de su contenido. A petición de Jung, el plan para la edición alemana de sus obras, editada por Marianne Niehus -Jung, Lena Hurwitz Eisner, Franz Riklin Jr, Lilly Jung- Merker, Elisabeth Rüf y Leonie Zander, siguió el de la edición inglesa.139 En consecuencia, las decisiones tomadas respecto de la edición de la edición inglesa también se trasladaron a la edición alemana. Muchos de los problemas de la edición inglesa se aplican igualmente a la edición alemana. Sin embargo, hubo una coordinación insuficiente entre las dos ediciones y los editores de la edición alemana parecen no haber estado al tanto de las revisiones que Jung llevó a cabo específicamente para la edición inglesa. En consecuencia, hay lugares donde la adición en inglés contiene material significativo que no está representado en la edición alemana.140

Una dificultad importante que enfrentaron los editores fue que no había una bibliografía completa de los escritos de Jung. Continuamente surgían nuevos textos. Además, después de la muerte de Jung, salió a la luz una gran cantidad de material adicional, en diversas etapas de finalización. A esto se le llamó «material flotante». La pregunta de qué hacer con este material llegó a un punto crítico en una reunión celebrada en Küsnacht en 1964 entre Marianne Niehus , Walter Niehus , Franz Riklin, Aniela Jaffé, Herbert Read, John Barrett y Vaun Gillmor. La cuestión de la disposición final del material flotante se centró en la conveniencia de disponer de un volumen adicional de artículos diversos, al que se hacía referencia informalmente como «volumen de basura». Los presentes en la reunión se manifestaron en contra de la necesidad de tal volumen, y también en contra de la propuesta de que se permitiera a Hull preparar una nueva traducción de la edición original de 1912 de Transformations and symbols of the Libido, que Jung había reescrito extensamente en 1952. Las discusiones revelaron que había tensiones fundamentales sobre lo que deberían ser las Complete Works. Como Herbert Read le dijo a Richard Hull:

Ahora está bastante claro que Fordham y Adler siempre han tenido una concepción de las Complete Works diferente a cualquiera que yo haya tenido. Mi idea era una versión autorizada que presentara un texto final autorizado de lo que Jung deseaba preservar. Ahora parece que Fordham y Adler han estado peleando todo el tiempo por lo que sólo se puede llamar una edición variorum. Conceden gran importancia a todo lo que Jung escribió y sostienen que las Complete Works deberían presentar el desarrollo de su pensamiento.141

Los presentes en la reunión de Küsnacht se pronunciaron firmemente a favor de la concepción de Read (de los que no estuvieron presentes, Hull apoyó a Read y McGuire apoyó a Adler y Fordham). Adler y Fordham sintieron que se estaba socavando su autoridad. Este último había emprendido el proyecto en el entendido de que se incluirían todos los trabajos publicados de Jung y, como simplemente informó a Read, «no tengo ningún criterio para excluir nada de lo que Jung escribió»142. En estas discusiones, ambos partidos afirmaron que sus propuestas habrían contado con el apoyo de Jung.

Si bien el volumen «basura» finalmente salió adelante, la selección de material que se incluyó se vio muy restringida. La importancia de esto fue que en el momento de la reunión de Küsnacht simplemente no se conocía toda la extensión de los restos literarios de Jung, y no fue hasta 1993 que se preparó un catálogo. La cantidad de material inédito de este catálogo superó con creces lo que se conocía hasta ahora.

Tal como están, las Collected Works están mucho más cerca del ideal de Read que del de Fordham y Adler. En consecuencia, si bien existe una Collected Works de Jung, ésta está lejos de ser una obra completa de Jung. Los escritos de Jung publicados e inéditos de importancia crítica permanecen fuera de las Collected Works. La primera categoría contiene elementos que se conocían y estaban excluidos, así como elementos que no lo eran. Por lo tanto, hay muchos artículos de Jung que son tan importantes como cualquier otro de las Collected Works que han permanecido desconocidos hasta el día de hoy.143

A pesar de que el propio Jung estaba a favor de un enfoque estrictamente cronológico, los editores adoptaron una disposición temática.144 A lo largo de su carrera, Jung revisó con frecuencia sus obras y publicó diferentes versiones de ensayos en diferentes contextos. Excepto en unos pocos casos, los editores optaron por política incluir lo que consideraron la versión final de un trabajo en particular. Sin embargo, no siempre quedó claro qué constituía una versión final. Esto ha tenido como consecuencia que las formulaciones y declaraciones históricamente críticas de Jung simplemente no se encuentran en las Complete Works. Un ejemplo de esto es el libro fundamental de Jung de 1917, The Psychology of the Unconscious Processes.145 Otro ejemplo es un artículo breve pero importante publicado por Jung y Bleuler que detalla sus desacuerdos sobre la etiología de la demencia precoz.146 Además, un resultado de este enfoque es que a menudo uno no puede determinar cuándo se escribió un pasaje en particular, lo que hace difícil, si no imposible, estudiar el desarrollo de su obra sobre la base de las Complete Works.147

La reproducción de las obras de Jung no estuvo exenta de errores y ciertos pasajes de las ediciones originales no fueron reproducidos en la edición de Collected Works. Así, lo que se supone que es el texto de la primera edición de «The structure of the unconscious» de 1916 no se corresponde exactamente con lo publicado en los Archives de Psychologie. Algunas de las notas editoriales contienen errores. Una nota en CW 18 afirma que Jung contribuyó con resúmenes en 1908 a Folia neurobiologica y que «como se trata de resúmenes sin comentarios críticos, no están traducidos sino simplemente enumerados aquí».148 Sin embargo, si uno inspecciona estos resúmenes, uno ve que en realidad no es así. Una nota editorial afirma que un artículo de 1907 de Jung «Associations d’idées familiales» no se incluyó porque su contenido era similar a la conferencia de Jung en la Universidad Clark, «The family constellation», a pesar de que la primera tiene varias páginas de material importante que no se encuentra en la segunda.149

El aparato editorial de las Collected Works, si bien proporciona información histórica importante, es mínimo y la edición está lejos de ser una edición histórica crítica. El nivel de información proporcionada en el aparato editorial es muy inferior al presente en la edición estándar de la obra de Freud, y mucho menos en ediciones históricas críticas como las obras de William James de Harvard University Press, o incluso la edición ejemplar de las obras de Samuel Taylor Coleridge de la Fundación Bollingen. Así, por ejemplo, no se anota información procedente de correspondencias y borradores manuscritos que arroja luz sobre la composición de los libros y ensayos en cuestión, ni se añaden notas suficientes para contextualizar y explicar las referencias de Jung.

La traducción al inglés, si bien estilísticamente fluida a nivel literario, deja mucho que desear y contiene interpolaciones, reformulaciones, conceptos incomprendidos y errores generales. Una consideración completa del trabajo de Hull está más allá del alcance de este capítulo. Los siguientes son algunos breves ejemplos. En «Theoretical reflections on the essence of the psychical», aparece una frase que afirma que la tragedia de la psicología fue que no tenía «ninguna matemática autoconsistente a su disposición, sino sólo un cálculo de prejuicios subjetivos»150. La última cláusula no es encontrado en el original alemán. En «On the archetypes of the collective unconscious», aparece una frase en inglés que dice: «lo que viene después de la puerta es, sorprendentemente, una extensión ilimitada llena de incertidumbre sin precedentes… «.151 En lugar de una puerta (Tor), la palabra en alemán es muerte (Tod). Debido a este error, las siguientes frases pierden sentido. En «The relation of psychotherapy to the cure and of soul», aparece una frase en inglés que dice: «la actitud del psicoterapeuta es infinitamente más importante que las teorías y métodos de la psicoterapia».152 La última parte de esta frase debería ser, «teorías y métodos psicológicos». El quid de la frase reside en el contraste entre psicoterapia y psicología. En el discurso inaugural de Jung en la fundación del Instituto Jung en Zurich en 1948, Jung afirmó que «para la psicoterapia, la investigación casuística de los sueños en conexión con el simbolismo comparativo sería de gran valor práctico»153. Esta frase se omite por completo en la traducción inglesa. Estoy de acuerdo con la opinión de Paul Bishop de que «la reputación de Jung crecería en gran medida con una versión inglesa corrupta de sus textos».154 En mi opinión y en la de otros que han considerado este tema, una nueva traducción completa de las Collected Works en Inglés es muy deseable.155 Finalmente, la bibliografía de los escritos de Jung no es en modo alguno completa.

A medida que avanzaba el proyecto de las Collected Works, llegó a incluir la publicación de los seminarios y la correspondencia de Jung. En 1974 se publicaron las Cartas de Freud-Jung, editadas por William McGuire y Wolfgang Sauerlander. El trabajo editorial de esta edición fue ejemplar y ha fijado el estándar para todos los volúmenes posteriores de correspondencias de Freud. Gran parte de la literatura secundaria posterior sobre la relación Freud-Jung ha sido en gran medida parasitaria de la información proporcionada en las notas a pie de página de este volumen.

En 1973 y 1975 se publicó una selección de las cartas de Jung, editada por Gerhard Adler, en colaboración con Aniela Jaffé . Los editores afirmaron que, dejando de lado las cartas comerciales de rutina de las 1.600 cartas escritas por Jung entre los años 1906 y 1961, seleccionaron más de 1.000.156 Esto da la impresión de que aproximadamente dos tercios de las cartas de Jung que han sobrevivido se publicaron en este volumen. Además, la publicación de 196 cartas de Jung a Freud en 1974 (de las cuales sólo siete habían aparecido en el volumen Cartas) dejaría sólo unas 400 cartas inéditas. Esto es seriamente engañoso. Según mis investigaciones, estimaría que la cantidad de cartas de Jung representadas en estos volúmenes es menos del diez por ciento. Además, su política de publicar únicamente las cartas de Jung y no las de sus corresponsales descontextualizó efectivamente las cartas que decidieron incluir. Al comparar las cartas inéditas que he leído, se desprenden problemas en la elección de las cartas que seleccionaron los editores. La mayor parte de las cartas que reprodujeron los editores eran de los últimos años de Jung y, de hecho, del período en que Aniela Jaffé era su secretaria. Además, los editores dieron prioridad a las cartas sobre temas religiosos. En consecuencia, su edición no ofrece en modo alguno un retrato plenamente representativo de la correspondencia de Jung.

La consecuencia de las deficiencias y la falta de fiabilidad de los volúmenes de Collected Works y Letters es que, en efecto, hay que «descolectar » las obras y comenzar con la investigación primaria básica y la comparación de los manuscritos con la primera y posteriores ediciones, junto con el estudio de correspondencias completas.157 Poco de este trabajo se ha hecho. Las razones por las que tales obras deberían publicarse en ediciones históricas adecuadas son claras: porque la calidad de cualquier campo de pensamiento depende críticamente de la amplitud y confiabilidad de su literatura primaria. Sin tales publicaciones, la literatura secundaria y terciaria sobre Jung seguirá basándose en bases inestables.

En 1967, la Fundación Bollingen se disolvió y transfirió la publicación estadounidense de las obras de Jung a Princeton University Press, dejando fondos para la finalización de las Collected Works. Según los términos del acuerdo, los fondos no utilizados volverían a la Universidad de Princeton. En la década de 1990 el proceso de publicación fracasó, incluso antes de que se publicara el seminario más importante y extenso que Jung impartió entre 1932 y 1941 en el Instituto Federal Suizo de Tecnología. A finales de la década de 1990, Princeton University Press declaró cerradas las Collected Works de Jung, a pesar de la extensión de las obras inéditas. Las Complete Workss de Jung siguen siendo una tarea para el futuro.158


Notas

121. Comunicación personal, Ximena Roelli . A Richard Hull, Jung le escribió que prefería con diferencia la cubierta y la encuadernación de la edición de Routledge a la «apariencia de ataúd» de la edición de Bollingen (Jung a Hull, 6 de julio de 1953, LC).

122. En 1933, Fordham había ido a Zurich para recibir formación de Jung, pero fue rechazado debido a las dificultades de los extranjeros para encontrar trabajo. (Fordham 1993, págs. 67-69). La fecha de este viaje está confirmada por el diario de Fordham (posesión privada, Max Fordham). Bair fechó erróneamente esta reunión en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial y afirmó que en ese momento Fordham estaba enojado porque Baynes había publicado un relato de su análisis que era demasiado fácilmente reconocible (2003, p. 472). La Mitología del alma de Baynes no apareció hasta 1940. Bair también afirmó que hasta su muerte, Fordham insistió en que no estaba resentido con Jung, y alegó que su «rencor» hacia él era tan grande como el que tenía hacia Baynes (ibid.). En el transcurso de muchas conversaciones que sostuve con Fordham entre 1988 y 1995, no noté ningún resentimiento expresado hacia Baynes o Jung: su actitud hacia ellos era de admiración y gratitud.

123. Jung a Read, 4 de junio de 1946 , RA. A medida que avanzaba el trabajo, Adler tendió a restringir su trabajo a abordar cuestiones específicas planteadas por Hull (comunicación personal, Michael Fordham). Para ser justos con Adler, en mi propia experiencia, he descubierto que comprobar las traducciones puede llevar tanto tiempo como traducir.

124. Adler, 1975, pág. 71, trad. modificación.

125. 18 de abril de 1946, Contemporary Medical Archives, Wellcome Trust Library for the History and Understanding of Medicine, Londres (en adelante, CMAC), orig. en Inglés.

126. Jung to Read, 4 de marzo de 1948, RA.

127. Jung a Read, 8 de octubre de 1946 , Jung to Adler, 12 de septiembre de 1946, RA.

128. «… su inglés de ninguna manera es bueno; es pesado, está sobrecargado de palabras». Fordham a Read, 3 de julio de 1946, RA. Read había sugerido el nombramiento de un editor de traducciones independiente , en cuyo caso, según lo vio Fordham, Adler sería el segundo editor de traducciones.

129. Jung a Read, 17 de julio de 1946, RA. Bair afirmó que la mayor parte de la correspondencia de Jung durante el proyecto de Obras Completas fue con Hull (2003, p. 582). Este no es el caso, ya que Jung mantuvo extensas correspondencias con Gerhard Adler, Michael Fordham y Herbert Read.

130. Al aceptar la invitación de Read para asumir la dirección de traducción de las obras de Jung, Hull le escribió el 14 de junio de 1946 que los dos únicos libros de Jung que conocía bien eran Modern Man in Search of a Soul y The Integration of the Personality. (RA).

131. Comunicación personal, Ximena Roelli .

132. RA.

134. 1 de septiembre de 1949, RA.

134. 6 julio 1953, LC, orig. en Inglés.

135.13 de julio de 1953, BA, orig. en Inglés.

136. 11 de mayo de 1955, CMAC, orig. en Inglés. Bair afirmó que Jung elogió las traducciones de Hull en todas las declaraciones existentes y que no hay evidencia de que tuviera reservas sobre ellas (2003, p. 583). Las citas aquí indican que este no fue el caso. En opinión de Hannah, como un «tipo pensante», las traducciones de Hull dejaron de lado los sentimientos y lo irracional. (1976, pág. 334). Von Franz observó que los escritos de Jung tenían un doble aspecto: por un lado, un argumento lógicamente comprensible y, por otro, el «inconsciente» tenía derecho a decir: «el lector… se encuentra al mismo tiempo expuesto al impacto». de esa «otra voz», el inconsciente, que puede atraparlo o asustarlo, esa «otra voz» puede, entre otros factores, escucharse en la manera especial que tiene Jung de revivir los significados etimológicos originales de las palabras y permitir tanto el sentimiento como la imaginación. elementos para entrar en su exposición científica.» Señaló que «desafortunadamente, este doble aspecto de los escritos de Jung no se ha conservado en la monumental edición inglesa de sus Obras completas, traducida por RFC Hull» (Von Franz, 1972, p. 4). Franz Jung recordó las acaloradas discusiones entre Jung y Hull sobre cuestiones de traducción. Señaló que Hull vendría a ver a Jung con una traducción completa y no estaría dispuesto a corregir lo que había hecho (comunicación personal).

137. 3 de marzo de 1967, CMAC. Fordham añadió que el papel de McGuire debería distinguirse del de ellos, ya que no tenía responsabilidad sobre las decisiones importantes.

138. I de noviembre de 1964, RA. Sobre un intento de revisión importante por parte de Hull, véase Shamdasani, 1994.

139. «Vorwort der Herausgeber » GW 16, p. 9. Sobre la historia de la Gesammelte Werke alemana, véase Paul Bishop, 1998.

140. Hull escribió a Fordham que los editores suizos no estaban plenamente conscientes de los cambios que Jung realizó en la edición inglesa (13 de marzo de 1969, CMAC). Un ejemplo de esto es el artículo de Jung sobre la «sincronicidad» (CW 8), donde pasajes importantes escritos para la edición inglesa no fueron trasladados a la edición alemana.

141. 29 de marzo de 1962, RA.

142. Mayo de 1964, RA.

143. Varios de ellos se estudian en Shamdasani, 2003.

144. Fordham a Jack Barrett, 2 de enero de 1948, BA. Como me informó Fordham, Jung adoptó una actitud de laissez faire con sus editores y, en general, los dejó a su suerte.

145. Este libro fue una reelaboración y una versión muy ampliada del ensayo de Jung «New paths in psychology». Solo el ensayo y la versión final. El ensayo y la versión final aparecen en las Collected Works. Al darse cuenta de la importancia de la edición de 1917, Hull quiso hacer una nueva traducción , pero no obtuvo el visto bueno.

146. Como Fordham informó a McGuire: «Hull estaba en contra de publicar la discusión entre Bleuler y Jung… Estoy bastante seguro de que Read estaría en contra, lo que me deja en una minoría de uno…» (10 de mayo de 1960, BA). No es casualidad que Fordham fuera la única persona involucrada que tenía experiencia en psiquiatría.

147. Un autor que prescindió por completo de las Obras completas y se basó en las primeras ediciones fue CA Meier, en su libro de texto de varios volúmenes , The Psychology of CG Jung. Indicó que sólo de esa manera era posible seguir el curso original de desarrollo de las ideas de Jung y colocarlas en su contexto (1984, p. xii). No es casualidad que esta sea la exposición más fiable de la obra de Jung.

148. CW 18 § 1025.

149. CW 2, § 999.

150. (1946), CW 8, § 421.

151. (1954), CW 9, 1, § 45

152. (1932), CW 11, § 537.

153. CW 18, § 1138.

154. Obispo, 1998, pág. 375.

155. Para un estudio detallado de los errores en una sección de la traducción de Hull de las «Reflexiones teóricas sobre la esencia de lo psíquico» de Jung, véase David Holt, (1999).

156. Letters 1, pág. xii.

157. Un caso en el que la primera edición de un texto muy revisado se reeditó recientemente como parte de las Obras completas en 1992 fue la traducción de 1916 de Transformaciones y símbolos de la libido de Beatrice Hinkle. Hay que decir que esta reedición marcó el punto más bajo de las Obras Completas. El 10 de abril de 1942, Jung escribió a Mary Mellon: «La ‘Psicología del Inconsciente’ debería traducirse nuevamente, lo cual realmente necesita con urgencia» (JA), original en inglés. En enero de 1944, en respuesta a una pregunta de Stanley Young, Jung señaló que la traducción de la obra debería revisarse. (BA). Según Joseph Henderson, Jung quería que se volviera a traducir el texto, pero tuvo problemas con los derechos de autor (comunicación personal). Más tarde , Richard Hull quiso volver a traducir el texto, pero no se le dio el visto bueno. En 1964, Adler escribió a Read que «es un hecho bien conocido que la traducción de Hinkle, debido a su falta de claridad y estilo, ha hecho un gran daño a la psicología de Jung, y creo que su reedición en cualquier forma es una grave error» (12 de octubre de 1964, RA).

158 . En 2003, se creó la Fundación Philemon para recaudar fondos para realizar esta tarea. Para más detalles, consulte http://www.philemonfoundation.org.

Jung al desnudo por sus biógrafos, incluso. 1. «Cómo atrapar al pájaro»: Jung y sus primeros biógrafos

Traducciones

Sonu Shamdasani, Inglaterra

De Jung Stripped Bare by his Biographers, Even, ed. Karnak, pp. 9-46

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

En la historia de la psicología, la psiquiatría y la psicoterapia modernas, varias figuras destacadas escribieron memorias o autobiografías: como Auguste Forel, Stanley Hall, Emil Krapelin y Wilhelm Wundt. En el campo del psicoanálisis, Freud, Ernst Jones y Wilhelm Stekel publicaron obras autobiográficas. En la década de 1930, el psicólogo estadounidense Carl Murchison editó una serie de volúmenes titulados A History of Psychology in Auto-biography, en los que logró conseguir importantes psicólogos como Édouard Claparède, Pierre Janet, William McDougall, Jean Piaget, William Stern, J.B. Watson y muchos otros para escribir contribuciones autobiográficas. Murchison comenzó su libro señalando: «El autor de una historia reciente de la psicología descubrió que era imposible obtener datos relativos al desarrollo científico de ciertos individuos excepto de esos propios individuos».10 Por tanto, para que la historia de la psicología fuera posible, era inevitable alguna forma de investigación biográfica. De diferentes maneras, estos relatos mostraron cómo los psicólogos podían utilizar sus propias historias de vida como herramientas importantes para establecer sus explicaciones sobre la génesis de sus trabajos, promover sus propias estimaciones de su importancia histórica y ajustar cuentas con sus rivales y competidores. Al mismo tiempo, tales autobiografías presentaban obstáculos formidables a cualquier intento de establecer relatos históricos imparciales de la génesis de sus obras.

En este contexto, desde el principio hubo un gran interés por la historia de la vida de Jung.11 Lo más cerca que estuvo de presentar algo de esto en público fue en un seminario celebrado en el Club de Psicología de Zurich en 1925. Cary de Angulo (más tarde Baynes)12 tomó notas de estos seminarios. Comenzó estos seminarios diciendo a su audiencia: «Me gustaría ofrecerles un breve esbozo del desarrollo de mis propias concepciones desde el momento en que me interesé por primera vez en los problemas del inconsciente».13 Esto resume la perspectiva de Jung: su interés era para dar cuenta del desarrollo de sus concepciones, y sólo habló de su experiencia personal en la medida en que la iluminaba. Al mismo tiempo, Jung dejó claro lo que no estaba diciendo. Al hablar de la génesis de su trabajo sobre tipología psicológica, comentó:


Todo esto es la imagen exterior del desarrollo de mi libro sobre los tipos. Podría perfectamente decir que así surgió el libro y ahí llegó su final. Pero hay otro lado.
Un tejido sobre errores, pensamientos impuros, etc., etc., que siempre es muy difícil para un hombre hacer público. A él le gusta darte el producto terminado de su pensamiento dirigido y hacerte entender que así nació en su mente, libre de debilidad. La actitud de un hombre pensante hacia su vida intelectual es bastante comparable a la de una mujer hacia su vida erótica.

Si le pregunto a una mujer sobre el hombre con el que se ha casado: «¿Cómo surgió esto?» ella dirá: «Lo conocí y lo amé, y eso es todo». Ella ocultará con mucho cuidado todas las pequeñas mezquindades y situaciones de coqueteo en las que pueda haber estado involucrada, y le presentará una perfección de suavidad incomparable. Sobre todo ocultará los errores eróticos que ha cometido…

Lo mismo ocurre con un hombre acerca de sus libros. No quiere hablar de las alianzas secretas, del paso en falso de su mente. Esto es lo que convierte en mentiras la mayoría de las autobiografías. Así como la sexualidad es en gran medida inconsciente en las mujeres, así también lo es en gran medida este lado inferior de su pensamiento en el hombre. Y así como una mujer erige su bastión de poder en su sexualidad y no revela ninguno de los secretos de su lado débil, así un hombre centra su poder en su pensamiento y se propone mantenerlo como un frente sólido contra el público. particularmente contra otros hombres. Piensa que decir la verdad en este campo equivale a entregar las llaves de su ciudadela al enemigo.14

En esta notable afirmación, lo que Jung ve como la casi imposibilidad de la honestidad, que «convierte en mentiras la mayoría de las autobiografías», resulta ser la principal contraindicación para emprender tal esfuerzo. Claramente, Jung no tenía la más mínima intención de «entregar las llaves de su ciudadela» a sus enemigos.

En los años posteriores a este seminario, Jung mantuvo constantemente esta posición. En 1953, Henri Flournoy, hijo del mentor de Jung, el psicólogo suizo Théodore Flournoy, le transmitió a Jung la pregunta del doctor Junod sobre si había escrito una autobiografía o tenía intención de hacerla.15 Jung respondió: «Siempre he desconfiado de una autobiografía porque nunca se puede decir la verdad. En la medida en que uno es sincero, o cree que es sincero, es una ilusión o de mal gusto».16 En una carta a Gustave Steiner, su amigo de toda la vida, Jung expresó su continua resistencia a emprender una autobiografía, a pesar de la presión concertada:

Durante los últimos años, en varias ocasiones me han sugerido que escriba algo parecido a una autobiografía de mí mismo. No he podido concebir nada parecido. Conozco demasiadas autobiografías y sus autoengaños y mentiras oportunas, y sé demasiado sobre la imposibilidad de la autodescripción como para entregarme a un intento en este sentido. 17

Jung no se mostró menos optimista respecto a la posibilidad de una biografía de su vida. En respuesta a J.M. Thorburn, quien había sugerido que Jung debería encargar una biografía de su vida, Jung respondió:

Si estuviera contigo no debería preocuparme por mi biografía. No quiero escribir ninguna, porque aparte de la falta de motivo no sabría cómo emprenderla. ¡Mucho menos puedo entender cómo alguien más podría desenredar este monstruoso nudo gordiano de fatalidad, densidad, aspiraciones y todo eso! Cualquiera que intente una aventura así debería analizarme mucho más allá de mi propia cabeza si quiere convertirla en un verdadero trabajo.18

En 1954, Jung concedió una entrevista a Cleonie Carroll Wadsworth, en la que comentó sobre su idoneidad como tema para una biografía:

Alguien quiere escribir mi biografía pero es una tontería. Soy un simple burgués. Rara vez viajo; me siento aquí y escribo o camino por mi jardín; mi vida no ha sido dramática. Ahora el viejo Schweitzer se dedica al teatro: toca el órgano, trabaja con una larga bata blanca entre las palmeras o va con la Biblia bajo el brazo a predicar o curar a la gente. Nadie sabe lo que estoy haciendo, no se puede pintar y no se puede tomar una fotografía.19

Esto plantea la pregunta: ¿qué convenciones de representación serían adecuadas para representar la vida de alguien dedicado a la exploración de los acontecimientos internos?

La resistencia de Jung a escribir una autobiografía o a que se escribiera una biografía suya no impidió que otros lo presionaran sobre ambos puntos.

Una biografía de C.G. Jung

En el mismo período, Jung estaba entrando en una fase retrospectiva. El 2 de enero de 1949 le escribió a Alwina von Keller: «En este momento también me encuentro en una fase retrospectiva y por primera vez en 25 años estoy ocupado fundamentalmente conmigo mismo, en el que recopilé y reuní mis viejos sueños.»20

En 1952, Lucy Heyer, la esposa de Gustav Heyer, propuso una biografía de Jung, que iba a ser publicada por Daniel Brody de Rhein Verlag. Tenía la intención de basar su trabajo en entrevistas extensas con Jung, lo que lo diferenciaría de todos los demás trabajos sobre él.21 Inicialmente, había propuesto colaborar con Cary Baynes en la biografía.22 El 5 de septiembre de 1952, su hija Ximena de Angulo le escribió a Cary Baynes sobre este proyecto después de una conversación con Jung:

A estas alturas has recibido mi carta diciendo que C.G. me dijo claramente que no le importaba que Lucy emprendiera esto sola, sino sólo en colaboración contigo. Por supuesto, habría sido mejor si hubiera podido hacer que Brody entendiera esto claramente; no sabría decir por qué no lo hizo. Cuando me di cuenta de que Brody y Lucy tenían la ilusión de que ella era aceptable sólo para él, no sentí que me correspondiera corregir esa impresión. … Él [Jung] definitivamente quiere que lo emprendas. … C.G. dijo que no veía por qué usted debería tener tantas dudas y temores en cuanto a su competencia, que había hecho admirablemente las Notas de 1925, y visualizó esto como una especie de amplificación de esa técnica. Dijo que la idea de una biografía le producía cierta incomodidad, que ciertamente nunca escribiría una autobiografía (como también dijo en Bollingen dos veces años atrás, cuando lo interrogué en su nombre) pero que se dio cuenta de que las circunstancias lo hacían necesario. Tuve la impresión de que le gustaría mucho que se hiciera de una manera que él pudiera controlar, para que no se produjeran tonterías, al menos por parte de algún tonto después de su muerte. Le pregunté si el método de entrevista que había pensado no le resultaría muy agotador y me dijo, oh no, eso no sería tan malo, que podría hacerlo bastante bien.23

Esto indica que, en la concepción de Jung, el proyecto sería «una ampliación» del seminario de 1925, y que el factor que estaba superando su aversión a una empresa biográfica era la creciente comprensión de que alguien estaba obligado a emprenderla de todos modos. Ximena de Angulo intentó persuadir a su madre para que colaborara con Lucy Heyer, indicando que, en su opinión, Lucy Heyer estaba demasiado asombrada por Jung, sus sentimientos se herían con demasiada facilidad y no estaba suficientemente familiarizada con sus ideas.24 Añadió que Jung había indicado que pensaba que Lucy Heyer no lo conocía bien. El 26 de septiembre, Ximena de Angulo volvió a escribirle a su madre:

Creo que existe un peligro real de que un extraño entre en escena, Jung pareció insinuar eso cuando me dijo que veía que había llegado el momento de emprender un proyecto de este tipo. Ahora los periodistas lo entrevistan constantemente, y no pasará mucho tiempo antes de que alguna persona emprendedora vea la posibilidad de que se publique un libro sobre él.25

Lucy Heyer solicitó financiación a la Fundación Bollingen, indicando que tenía intención de escribirlo en colaboración con Cary Baynes.

El 6 de enero de 1953, Olga Froebe-Kapteyn informó a Jack Barrett de la Fundación Bollingen que Jung había aceptado el compromiso de Lucy Heyer. Añadió que Cary Baynes tenía una idea completamente diferente de un trabajo sobre Jung, y le escribió a Lucy Heyer para que hiciera su proyecto por su cuenta.26 Como la Fundación había dejado de financiar nuevos proyectos de este tipo, Paul Mellon, quien lo inició, estuvo de acuerdo en directamente apoyar el proyecto con sus propios fondos. Lucy Heyer recibió una subvención de 5.000 dólares durante dos años.27 El 7 de octubre, Jung escribió a Cary Baynes sobre el asunto:

Respecto al gran plan de una biografía, quiero decirte que aunque estoy totalmente de acuerdo con Lucy Heyer como la persona adecuada para realizarla, he insistido desde el principio en que deberías participar. Representas un punto de vista completamente diferente que es presumiblemente bastante importante. En cualquier caso, me gustaría que usted se uniera y colaborara con la señora Heyer, ¡y será mejor que se dé prisa antes de que me vuelva demasiado senil!28

Para Jung, la participación de Cary Baynes fue fundamental para el proyecto.

Mientras tanto, Lucy Heyer presentó el siguiente esquema de su biografía:

SUGERENCIAS para una BIOGRAFÍA de C.G. JUNG

Debe ser un relato del origen y desarrollo de su obra; una imagen del proceso en el que nacieron y maduraron las ideas de Jung; de las fuentes de las que se alimentaban; de los períodos históricos y ancestros o precursores que determinaron definitivamente el desarrollo de Jung y de las tradiciones que ha asumido y a las que ha dado continuidad.

En la medida en que el origen y la ascendencia de Jung, la atmósfera de la familia y el paisaje, la educación, la escuela, la universidad y la profesión fueron influyentes y, por lo tanto, importantes como factores en el crecimiento de su personalidad, se incluirán en el estudio biográfico, pero sólo en el grado en que han ayudado a formar al hombre y a su obra. Lo mismo puede decirse de sus contactos con personas, países y las diversas formas e historia de la cultura.

El mayor énfasis, sin embargo, se pondrá en el origen y la formulación de sus descubrimientos más decisivos. En ellos se ha regenerado una antigua herencia occidental, como la de la Gnosis y la Alquimia. Pero en estas revelaciones también vemos la consumación de síntesis, concebidas en una visión creativa, que apenas comienzan a tomar forma en el mundo concreto, en un aspecto histórico y sociológico: la síntesis de Oriente y Occidente en un sentido espiritual e intelectual.

Los individuos grandes y creativos sirven como reflector de aquellas percepciones y realizaciones que se adelantan a su tiempo y que reciben su huella válida a través de un acto creativo interno de dicho individuo. Jung lo ha logrado en gran medida para nuestros tiempos. Por lo tanto, su personalidad no puede mostrarse sin incluir aquellas fuerzas manifiestas y ocultas que tejen el patrón de nuestra época.

Una tarea adicional de este libro consistiría en revelar los diversos caminos por los cuales los pensamientos e ideas de la antigüedad y de la Edad Media, así como la sabiduría de Oriente, fluyeron en la mente de Jung, en su esfera de pensamiento, impregnándola y extendiéndola. .

Esta tarea exige un examen del papel desempeñado en el desarrollo de Jung por los autores de los siglos XIX y XX, los filósofos (por ejemplo, Kant, Schopenhauer, Nietzsche), los psicólogos (escuelas francesa, inglesa, alemana) y los poetas ( Goethe, los poetas románticos).

En tercer lugar, sería necesario mostrar cómo los descubrimientos, realizaciones y formulaciones de Jung afectan ya a su propia época, cómo han fertilizado no sólo la teoría y la práctica de la Psicología Profunda, sino también la de otras ciencias, y qué impulsos irradian de su trabajo al mundo de hoy. Esta parte del estudio tendrá que ser fragmentaria porque estos efectos apenas comienzan a ser evidentes y su alcance no puede preverse.

Para la recopilación de este material, además de la literatura y las fuentes históricas, se debe tener en cuenta la evidencia del propio Jung. El libro tendría que escribirse en contacto continuo con él y representaría una síntesis de extensas entrevistas personales sobre todas las cuestiones importantes. debería ser un libro «autorizado» y, por tanto, se diferenciaría de todas las demás publicaciones relacionadas con la psicología de Jung, ya sea como reseñas o estudios críticos. A diferencia de las representaciones que ya existen, el libro que concebimos no trataría la obra de Jung desde un punto de vista sistémico, sino más bien dinámico –una sección longitudinal– y constituiría por tanto una biografía válida.

Lucy Heyer-Grote

CONTENIDOS DE LA BIOGRAFÍA DE CG JUNG

(Provisional. La formulación y secuencia final se desarrollarán a partir de las entrevistas con CG Jung.)

Parte 1. Historia de vida.

Origen.—Antepasados.—Padres y hogar.—Escuelas y Universidad.—Profesión.—Viajes.—Importantes contactos con estudiosos contemporáneos. (Burckhardt, Freud, Bleuler, Wilhelm, Zimmer y otros).

Parte II. Desarrollo cronológico de la Psicología Compleja de Jung en sus elementos separados.

Los TIPOS.

El INCONSCIENTE COLECTIVO y los ARQUETIPOS.

Investigación sobre SÍMBOLOS. ( SUEÑOS: en la Antigüedad.—en el LEJANO ORIENTE.—en el cristianismo primitivo.—en la Alquimia.—en el Simbolismo Primitivo.)

ENERGÍA PSÍQUICA Y LIBIDO.

Parte III. Los «Padres» espirituales e intelectuales de Jung.

Antigüedad: los presocráticos. Platón.

Edad Media: Plotino.—Agustín.-Padres de la Iglesia.—Paracelso.—Los Alquimistas.

Tiempos Modernos: Goethe.—Carus.—Poetas románticos.—Kant.—Nietzsche.—Schopenhauer.-Dubois.—Janet y muchos otros.

Parte IV. La influencia de CG Jung en nuestros tiempos.

En MEDICINA y PSIQUIATRIA.

En otras ciencias.

En Literatura y Arte.

Alumnos.—Sucesores.—Oponentes.29

Si bien su tono es indudablemente reverencial y presenta a Jung como un individuo histórico mundial, la obra proyectada propone, no obstante, una ubicación contextual integral de la obra de Jung en la historia intelectual occidental y su recepción contemporánea.

El apoyo de Jung al proyecto de Heyer fue decisivo para que la Fundación Bollingen deseara apoyar financieramente su proyecto. En una carta a Jung, Cary Baynes expresó algunas reservas sobre el enfoque filosófico de Lucy Heyer. Respondió:

Después de muchas y largas ceremonias de iniciación, Lucie Heyer se ha instalado en Basilea y ahora ha empezado en serio. Le he regalado un libro sobre Freud de Ernest Jones para que se haga una idea de lo que se habla de mí. No debéis tener miedo: haré todo lo posible para acabar con todo intento de convertirme en un filósofo.30

Terminaba la carta comentando: «Tengo curiosidad por ver cómo va a proceder Lucie Heyer: todavía no veo exactamente cómo planea atrapar al pájaro».31

Escribiendo a Paul Mellon, Lucy Heyer expresó su satisfacción con el progreso de la biografía: «El profesor Jung ha mostrado gran interés en el trabajo y está muy dispuesto a darme toda la información que necesito».32 Sin embargo, Jung tenía cada vez más reservas con respecto a Lucy Heyer y su idoneidad para la tarea. Además, sus dudas sobre la posibilidad de una biografía no habían disminuido. El 4 de abril de 1954 le escribió a Cary Baynes:

Respecto a nuestra querida Lucy Heyer, cada vez tengo más la sensación de que me has dejado con el bebé en brazos. A ella le gustaría verme al menos una vez a la semana para poder escribirle una biografía. He tratado de producir algunas moscas para que ella las atrape, pero no sé si logró algún resultado con ese juego. Debo decir que nunca se me hubiera ocurrido ayudar a alguien tan lejos como Lucy Heyer a escribir mi biografía. Simplemente la obligaste a entrar y yo, pensando que ella podría aliviar tu tarea, dije que sí, y tú simplemente te desvaneciste. Soy incapaz de continuar con este divertido juego de biografía. También podrías pedirme que ayude a esa tonta American Radio-Company para producirme en forma de película.33 No voy a la iglesia los domingos con un libro de oraciones bajo el brazo, ni llevo bata blanca, ni construyo hospitales, ni me siento en el órgano. Así que no soy pasto para las necesidades sentimentales promedio del público en general. Y así será con mi biografía. Simplemente no hay nada muy interesante en ello.34

La respuesta de Cary Baynes arroja una luz interesante sobre la génesis del proyecto:

Me ha tomado mucho tiempo descubrir por qué pensabas que había «metido» a Lucy Heyer en la situación y luego te dejó «sosteniendo al bebé». Brody fue la persona que hizo el trabajo muscular y fue un hecho consumado antes de que supiera que se había abordado el tema. De la carta que me envió en agosto de 1952, estaba claro que Lucy pensaba que tenía el mandato de escribir el libro, de escribirlo conmigo si era posible, pero si yo no podía colaborar, de todas formas escribirlo ella sola.

Después supe de Ximena que definitivamente me querías en la foto. Luego te escribí a través de Emma (estabas enferma en ese momento) y te expliqué algunas de las razones por las que era poco probable que pudiera colaborar con Lucy. Adjunté a esta carta una copia de la que había recibido de Lucy y llamé la atención de Emma sobre el hecho de que, para evitar más malentendidos, habría que decirles a Brody y Lucy dónde se habían descarriado. Esto es lo que dije; «¿Aclarará esta confusión introducida por Brody? Es decir, ¿le escribirá a Brody que no quiere que Lucy lo haga sola? Creo que será necesario que él le diga directamente para resolver el asunto».

Esta palabra nunca fue enviada a Brody y así, Lucy, después de saber definitivamente de mí que no podía colaborar, siguió pensando felizmente que el mandato se cumplía tal como ella lo había entendido. Al no escuchar nada en contrario, yo también concluí que usted estaba dispuesto a que ella escribiera el libro sola. Honestamente pensé que ella era capaz de hacer el tipo de biografía que había esbozado.

Sin embargo, si Lucy te agota y sientes que está demasiado lejos de ti para que puedas hablar con ella, eso es una prueba positiva de que es incapaz de hacer la biografía. No creo que tuvieras este sentimiento hacia ella si no se hubiera mostrado obtusa. Obviamente ella no puede curarse de su estupidez a estas alturas de la historia, pero igualmente obviamente no hay que soportarlo. Lo mejor que puedes hacer ahora es romper con ella por motivos de salud. Es una razón perfectamente válida. Hablé de esto con Jack Barrett antes de que se fuera y estuvo totalmente de acuerdo. En el aspecto financiero, dijo, no hay que dudar, porque ella no recibe una subvención, sino una contribución personal de Paul Mellon. Jack también dijo que ni él ni Paul querrían ser parte de nada que agotara tus fuerzas.35

El 9 de septiembre, Jung le escribió a Cary Baynes: «En todas las entrevistas que he tenido con ella hasta ahora, no encontré nada de lo que pudiera concluir que ella sería capaz de producir algo que pareciera una biografía inteligente. Debo decir «Estoy a favor de una biografía, un caso absolutamente carente de interés, así que no me sorprende que ella no llegue a ninguna parte.»36

El 28 de septiembre, Lucy Heyer escribió a Barrett solicitando más fondos para completar su trabajo. Dio como razón de su retraso el hecho de que la velocidad del libro dependía de la salud de Jung y de su disposición a concederle entrevistas. Como ejemplo del trabajo que había completado, afirmó que había escrito un capítulo que demostraba que la noción de energía psíquica de Jung estaba «enraizada en una experiencia de la infancia de Jung y en cómo creció y se desarrolló a lo largo de sus escritos».37 El 16 de noviembre , Barrett le escribió a Jung informándole de la solicitud de Heyer. Añadió que Mellon estaba dispuesto a añadir uno o dos años de financiación, pero que él (Barrett) quería saber primero si Jung pensaba que esto era aconsejable.38 La respuesta de Jung es reveladora en términos de su actitud hacia el proyecto, e indica una actitud menos que una respuesta entusiasta al trabajo que había realizado:

Hasta el momento no he visto ni una línea de lo que ella ha escrito sobre mi biografía. Hace un tiempo le dije que sería bueno ver alguna vez algo de todas las entrevistas que le había dado. Pero hasta ahora no he visto nada. No estoy del todo seguro de si ha resuelto algo o no. Siempre me pregunté qué iba a hacer con sus entrevistas, pero no puedo decir que tenga idea de ello. Comprenderá que, en estas circunstancias, cada vez tengo menos ganas de entretener a la querida anciana y lamento la pérdida de un tiempo bastante valioso para mí. Por lo tanto, si se me permite expresar mi opinión sobre la situación, no derramaría muchas lágrimas si alguien quisiera llevarse amablemente a la triste dama. Debo decir que con mi limitada imaginación no puedo concebir cómo ella podría construir una biografía mía, pero como no soy un literato, difícilmente sabría cómo escribir una biografía.39

Sobre esta base, Mellon decidió proporcionarle una «modesta suma» para acompañarla hasta finales de 1955, a fin de que pudiera poner en forma el material que había reunido. Unos meses más tarde, sin embargo, Jung decidió poner fin al proyecto. Heyer le había enviado a Jung un manuscrito y él respondió el 2 de febrero de 1955:

Mi decisión no indica en modo alguno un juicio negativo sobre su inteligencia o su capacidad, sino que surge enteramente de mi comprensión de que, en mi caso, el abismo entre mis malditas obligaciones y mi deber es realmente terrible. Esto me desanimaría por completo si me confiara tal tarea.40

El 24 de marzo, escribió a Cary Baynes: «Detuve mis entrevistas biográficas con la señora Heyer; tomó demasiado tiempo y ha resultado muy poco. Ella no tiene el impulso necesario».41 En una carta sin fecha a Daniel Brody que parece ser una explicación de la terminación del proyecto, Jung escribió:

Por lo que he leído tengo la impresión de que mi vida no contiene en absoluto la materia a partir de la cual uno podría hacer una biografía que valga la pena leer. Temí esto desde el principio y por eso nunca pude imaginar cómo sería posible exteriorizar una imagen plausible de una vida [Lebensbild] a partir de una larga cadena de banalidades y cosas discretas.42

No está claro qué parte de su trabajo proyectado completó realmente ni la naturaleza de sus entrevistas con Jung. La retirada de su apoyo detuvo efectivamente el proyecto por completo.

Una ‘Eckerfrau’

Mientras tanto, el legendario editor Kurt Wolff había intentado sin éxito durante años que Jung escribiera una autobiografía. En el verano de 1956, sugirió a Jung un nuevo proyecto en la conferencia de Eranos, similar a las Conversaciones con Goethe de Eckermann.

Jolande Jacobi propuso a Aniela Jaffé para esta tarea porque, como secretaria de Jung, le resultaría más fácil hacer preguntas sobre su vida en las horas libres.43 En otoño, Kurt Wolff le escribió a Aniela Jaffé:

Siento que sería muy deseable presentar el material de una manera muy directa, al estilo de Eckermann, o más bien, dando los recuerdos de Jung sobre personas, lugares y eventos en sus propias palabras en la primera persona del singular «como se lo contó a Aniela Jaffe».44

Unos meses más tarde, le escribió que

Evitemos por todos los medios la palabra y la idea de una «biografía.» Después de todo, la idea general del libro es que no debería ser una biografía, sino, en la medida de lo posible, una autobiografía.45

En ese momento, Jung ya tenía contratos exclusivos con Routledge y Kegan Paul y la Fundación Bollingen. Que otro editor lograra publicar la «autobiografía» de Jung fue todo un golpe, aunque claramente uno que Kurt Wolff estaba dispuesto a aceptar. En un artículo titulado «Sobre cómo atraer a los autores, o cómo los autores y los editores se separan», Wolff escribió:

Todos los países del mundo tienen leyes estrictas sobre la trata de blancas. Los autores, en cambio, son una especie desprotegida y deben cuidar de sí mismos. Se pueden comprar y vender, como las niñas para la trata de blancas, excepto que en el caso de los autores no es ilegal.46

A Richard Hull, el traductor de Jung, Kurt Wolff le describió cómo:

durante varios años había tratado de persuadir a Jung para que lo escribiera en forma autobiográfica, cómo Jung siempre se había negado y cómo finalmente a él (Kurt) se le ocurrió la feliz idea de una «Eckerfrau» a quien Jung pudiera dictarle al azar, la Eckerfrau será Aniela Jaffé.47

En una carta a Herbert Read, Kurt Wolff escribió que, en última instancia, fue Aniela Jaffé quien convenció a Jung para que emprendiera esta tarea.48 Uno de los primeros títulos provisionales fue «Memorias improvisadas de Carl Gustav Jung». Se iba a presentar en primera persona.49 Para Kurt Wolff, la obra no estaba destinada a los junguianos, sino a lectores en general. Esperaba que fuera un libro que «condujera al forastero al interior de la obra».50

Debido a la participación de otro editor, el libro no siguió los mismos canales editoriales que el resto del trabajo de Jung, lo que tuvo importantes consecuencias para lo que siguió. Al igual que Lucy Heyer, Jaffé llevó a cabo una serie de entrevistas periódicas con Jung, de las que anotó brevemente. Estas notas fueron luego mecanografiadas. Actualmente se encuentran copias de las notas de estas entrevistas en la Biblioteca del Congreso en Washington y en la ETH en Zurich (en adelante «protocolos»).51 Jaffé se refirió a estas entrevistas como sus «horas de biografía».52 En estas entrevistas, Jung habló sobre una amplia gama de temas. Jaffé, con la estrecha colaboración de Kurt Wolff, seleccionó el material de estas entrevistas y las organizó temáticamente. Luego se organizó en una serie de capítulos aproximadamente cronológicos. Jaffé le indicó a Kurt Wolff que tenía la intención de centrarse en «Jung y la naturaleza: interior y exterior». Es decir, su relación con los sueños y todo lo relacionado con ellos, por un lado, y por el otro, con la tierra. Cuando Jaffé empezó a enviar a Kurt Wolff los protocolos de sus entrevistas con Jung, éste quedó muy impresionado con ellos y pensó que debían editarse lo menos posible.54

En su introducción a Memories Aniela Jaffé escribió :

Comenzamos en la primavera de 1957. Se había propuesto que el libro no se escribiera como una «biografía» sino en forma de «autobiografía», con el propio Jung como narrador. Este plan determinó la forma del libro, y mi primera tarea consistió únicamente en hacer preguntas y anotar las respuestas de Jung.55

Añadió que la génesis de la obra determinó su forma final. De ahí que sean necesarias unas palabras sobre Aniela Jaffé y su relación con Jung. Jaffé conoció a Jung por primera vez en 1937 y posteriormente se analizó con él. Veinte años después, se convirtió en su secretaria. Era un trabajo para el que estaba bien preparada, ya que ya había trabajado como secretaria independiente para los profesores Gideon y von Ischarner. En 1947 se convirtió en secretaria del Instituto Jung.

En una entrevista con Gene Nameche, recordó que después de la muerte de su esposa, Jung no tenía ganas de contestar su correspondencia, y que ella contestó muchas cartas en su nombre, leyéndole sus respuestas, a las que él en ocasiones hacía pequeñas correcciones. Este arreglo de trabajo muestra el nivel inicial de confianza que Jung mostró en Jaffé, permitiéndole «escribir en su nombre». Además, nos ayuda a comprender cómo se compuso Memories. Al principio, Jung confió en su capacidad para «asumir su ‘yo'» y representarlo ante el mundo exterior. Para Jaffé , el proyecto era de suma importancia. Informó a Alwina von Keller que consideraba que su papel de «catalizador» era el más fundamental de su vida.58

Al comienzo del proyecto, Jung escribió una carta a Jaffé dándole permiso para publicar las notas de sus conversaciones con él y complementarlas con extractos de notas autobiográficas que él había escrito, como el Libro Rojo, los Libros Negros, su diario de África, sus «Impresiones de un viaje por la India» y el seminario de 1925.59 Así, Jaffé disponía de abundantes materiales primarios.

Durante la composición de la obra hubo muchos desacuerdos entre las partes involucradas en cuanto al contenido del libro, su estructura, el peso relativo de las contribuciones de Jung y Jaffé, el título y la cuestión de la autoría. También hubo disputas legales entre los editores involucrados sobre quién poseía los derechos del libro.

En 1958, Jung decidió escribir una memoria de sus primeros recuerdos, algunos de los cuales ya le había transmitido a Aniela Jaffé en sus entrevistas.60 Jaffé informó a Kurt Wolff que Jung le había informado que al hablar de su vida, el significado de muchas cosas ahora le habían quedado claras.61 Las memorias se titulaban «De las primeros experiencias de mi vida», y estaba dirigido a sus hijos. Comenzó con las siguientes líneas:

Cuando escribo, siempre, consciente o inconscientemente, tengo un público ante mí, y lo que escribo es siempre una carta al mundo, por eso os encuentro, mis queridos hijos, en la primera fila de mi auditorio. Me gustaría contarles cómo me desarrollé, es decir, contarles lo poco que puedo recordar de las tinieblas de mi juventud.62

Jung informó a Kurt Wolff que era consciente de que esto «chocaba en cierto sentido» con el trabajo de Jaffé , pero pensó que podrían entablar una colaboración. Kurt Wolff se alarmó ante la perspectiva de la publicación paralela de dos autobiografías de Jung y viajó a Suiza para resolver la situación. Se decidió incluir las memorias de Jung en el texto de Memories. Sin embargo, Jung quería que esto estuviera firmado con su nombre y claramente delimitado del resto del libro. Como escribió Jaffé a Kurt Wolff: «Esta cesura a mitad del libro es importante para él como indicación de la situación real».65

La actitud de Jung hacia el proyecto fue fluctuante. El 14 de octubre de 1958, Jaffé escribió a Helen Wolff informándole que Jung quería que cambiara la forma de la obra. Sólo había leído el capítulo sobre el «enfrentamiento con el inconsciente». Estaba perturbado por el hecho que había reunido diferentes declaraciones de diferentes protocolos sobre el mismo tema en un capítulo entero, que al hacerlo había tenido que introducir muchos de sus propios comentarios en primera persona del singular, y que mucho de lo que él le había dicho había sido sido remodelado. En consecuencia, le sugirió que añadiera breves secciones propias, como Eckermann, incluyendo sus reacciones y sueños, en lugar de las frases de conexión.66

En agosto de 1959, Jung le escribió a Kurt Wolff desde Bollingen:

La situación actual, un tanto difícil y delicada, del libro se debe a que Frau A. Jaffé se ha extendido demasiado debido a la naturaleza del material. Nunca tuve la intención de escribir una biografía mía, porque sabía que no sería algo fácil, pero sí quizás una empresa imposible, que nunca me atrevería a abordar. Si alguna vez hubiera soñado que intentaría escribir una autobiografía, tendría que escribirla según mi punto de vista, es decir, no de forma simplemente bidimensional, sino tridimensional, es decir, con la inclusión del inconsciente y la sombra, que muestra que un cuerpo real ha entrado en el rayo de la conciencia fenoménica.67

Agregó que como resultado de esto, tuvo que intervenir más, por lo que el equilibrio del trabajo cambió. Para rectificar esta situación, había pedido a Jaffé que volviera a insertarse en la obra y que añadiera sus comentarios en el texto, en las notas a pie de página y al principio y al final de los capítulos.

Sin embargo, después de que Jaffé hiciera esto, Kurt Wolff consideró los resultados como catastróficos, ya que rompieron la continuidad de las declaraciones de Jung y destruyeron la atmósfera. Kurt Wolff quería que se eliminaran o que se colocaran en las notas a pie de página o en la introducción.68 Kurt Wolff se quejó de que le resultaba difícil contactar a Jung directamente, particularmente porque Jaffé abría todas sus cartas y estaba presente cuando se reunían.69 En cuanto a las sugerencias de Jung en su carta de agosto, Kurt Wolff consideró que el trabajo podría haberse presentado como un diálogo, si se hubiera concebido así al principio (y luego idealmente con alguien como Erich Neumann, en lugar de Aniela Jaffé), pero que no se podía introducir otra voz en un monólogo.70

En febrero de 1960, Jaffé informó a Hull que Jung quería verlo a fin de mes. Hull narró:

El anciano apareció… dijo que quería hablar, y habló sólidamente durante más de una hora sobre la autobiografía. Deduje que había cierta controversia en cuanto al texto «auténtico». (En ese momento no había visto ningún texto.) Me recalcó, con el mayor énfasis, que había dicho lo que quería decir a su manera -«un poco directo y crudo a veces» – y que no quería que su obra sea «tantifiziert» («auntified» o «oldmaidified», en la acertada frase de Jack). «Verás a qué me refiero cuando recibas el mensaje de texto», dijo. Mientras hablaba con cierto detalle sobre la práctica de la «escritura fantasma» por parte de los editores estadounidenses, deduje que la «Tantifierung» sería realizado por Kurt. Entonces le pregunté a Jung si tendría autoridad para «des-old maidify» el texto que me había proporcionado Kurt. «En esos casos», afirmó, «los peces gordos entrarán en acción», señalándose a sí mismo. Encontré todo esto bastante desconcertante, porque Kurt había dicho antes que, especialmente en los primeros tres capítulos, el impacto residía precisamente en el tono muy personal y la franqueza poco ortodoxa, que debía preservarse a toda costa.71

El 9 de mayo de 1960, Hull escribió a Kurt Wolff después de leer un manuscrito del texto con los cambios marcados con tinta verde. Descubrió que estos cambios atenuaban la viveza de las expresiones de Jung y comentó que los comentarios de Jung inicialmente le habían llevado a creer que Kurt Wolff era responsable de atenuar el tono del manuscrito.

Ahora, sin embargo, sus sospechas eran que era Jaffé la responsable de ellos. Inicialmente, Hull había pensado que Jung simplemente estaba descontento con los comentarios que Jaffé había agregado, y notó que Jung le había dicho: «Ella ha escrito muchas cosas sobre mí que simplemente no sirven». Hull pensó ahora que ella había sido la responsable de exaltar el texto. Posteriormente, llegó a pensar que Jung no la tenía en mente a ella, sino a su propia familia.72

La cuestión de a quién se refería exactamente Jung es menos insignificante que las consecuencias de la manera en que se compiló y editó el texto. Es necesario distinguir dos estratos de alteraciones. El primer estrato consiste en la manera en que Jaffé utilizó materiales de sus entrevistas con Jung y editó los manuscritos de Jung que ella utilizó. El segundo estrato consiste en los cambios realizados entre el primer manuscrito que preparó y la versión publicada. Mucha gente estuvo involucrada en el segundo estrato de cambios. Se realizaron varias modificaciones al manuscrito a petición de un representante de la familia Jung en una etapa avanzada del proceso editorial. Una comparación línea por línea de los protocolos con manuscritos posteriores y las versiones publicadas en inglés y alemán, junto con el estudio de las correspondencias editoriales, muestra que la mayor parte de las eliminaciones y cambios se encuentran en el primer estrato, es decir, entre los protocolos, los manuscritos de Jung y el primer manuscrito alemán. Si bien las declaraciones de los protocolos que aparecen en la versión publicada generalmente se reproducen de manera confiable, en muchos casos se pierden el contexto, el estado de ánimo y las conexiones asociativas. Secuencias enteras se rehacen con elementos extraídos de diferentes fuentes en forma de mosaico. Esta reordenación a menudo reformula el significado de las declaraciones. En algunos lugares, las frases pronunciadas por Jung en diversos contextos y con meses de diferencia se unieron para formar una secuencia de párrafos. Desde una perspectiva histórica, los protocolos son mucho más importantes que las versiones publicadas.

Posteriormente, Hull se preguntó si la tensión entre el deseo de Kurt Wolff de publicar la autobiografía de Jung y el intento de Aniela Jaffé de hacerse cargo del proyecto de Lucy Heyer de escribir una biografía era responsable de algunas de las dificultades que siguieron.74

En su introducción, Jaffé afirma que Jung «leyó el manuscrito del libro y lo aprobó».75 Sin embargo, esto simplemente no pudo haber sido el caso, ya que Jung nunca vio el manuscrito final. El 6 de mayo de 1961, un mes antes de morir, Jung le escribió a Gerald Gross, editor de Pantheon, sobre su «biografía». Expresó su pesar por no poder releer los capítulos que había «controlado» y le pidió que le enviara los que no había controlado «(‘Bollingen,’ Visiones, ‘Vida después de la muerte’, etc.).» Finalizó diciendo que en caso de incapacidad, confiaría a Jaffé la responsabilidad de la versión final del manuscrito.76

Se suponía que Memories incluiría un capítulo titulado ‘Encuentros’ (‘Begegnungen’). Hay una carta manuscrita tardía y sin fecha de Jung a Jaffé, en la que le pregunta qué había pasado con esto. Señaló que había visto y hablado parcialmente, entre otros, de Theodore Roosevelt, Paul Valéry , el rabino Beck, Hitler, Mussolini, Goebbels, Miguel Serrano, Scheler, Toynbee, Eddington, Sir James Jeans, el Grossherzog de Hessen, Kaiser Wilhelm y el Príncipe Heinrich, y Frobenius, y señalaron que «éste no se había ‘encontrado’ (‘begegnet)».77 No hay respuesta escrita a esta carta.

Los manuscritos que Jung vio sufrieron considerables ediciones después de su muerte. Un ejemplo de esto es la siguiente declaración extraída del acta de una discusión entre Aniela Jaffé, Herr Rascher y Fraulein Poggensee el 22 de enero de 1962:

Collins ha hecho algunas muy buenas sugerencias de resúmenes, que ella ha seguido. Sobre todo, deberían omitirse los relatos «extrovertidos» y un tanto superficiales de Londres y París, recortar un poco África, mientras que todas las secciones «introvertidas» deberían ampliarse y desarrollarse en algunos lugares. Según Pantheon, la sección del encuentro con James y Flornoy [sic] debería eliminarse aún más, así como mantendremos las de Oeri y Zimmer.78

Es fundamental señalar que estas deliberaciones sobre cuán introvertido o extrovertido debería ser el libro, cuántos de los viajes de Jung deberían incluirse y si personas como Flournoy, James, Oeri y Zimmer estaban dentro o fuera, tuvieron lugar después de la muerte de Jung. No se trata de cambios menores (los capítulos sobre París y Londres estaban entre los que Jung había leído realmente).79

La versión publicada de Memories jugó un papel importante en el fomento de la leyenda freudocéntrica de la vida y obra de Jung. En Memories, la única sección que lleva el nombre de un individuo es la de Freud, lo que deja la impresión de que las dos figuras más importantes en la vida de Jung fueron Freud y Dios, lo que ha dejado a los comentaristas discutiendo cuál de estos dos aparece primero. Esta impresión se ve reforzada en las ediciones americana e inglesa, ya que los apéndices sobre Flournoy y Zimmer, que están en las ediciones alemana y francesa, están ausentes.80 Esto fortalece la lectura freudocéntrica de Jung. El manuscrito de Countway presenta una organización radicalmente diferente. Esta versión muestra variantes de disposición de los capítulos que alteran considerablemente la estructura de la narrativa. La sección que sigue al capítulo sobre Freud se titula «Memories. Flournoy—James—Keyserling—Crichton Miller—Zimmer.» Este título luego se tacha a mano y se reemplaza por «Théodore Flournoy y William James».81 Estas variaciones por sí solas muestran la contingencia del arreglo en Memories. Además, en este arreglo, los homenajes a Flournoy y James siguen directamente a la sección sobre Freud.

En el capítulo sobre Freud en Memories, Jung diagnostica que Freud sufre una neurosis grave y afirma que sus seguidores no han comprendido el significado de la neurosis de su fundador.82 Para Jung, las afirmaciones universales hechas por la psicología de Freud son inválidas, debido a la neurosis. En la versión publicada, el capítulo que sigue inmediatamente retrata el «enfrentamiento de Jung con el inconsciente» y su descubrimiento de arquetipos y, a través del descubrimiento de su propio mito, un medio para que «el hombre moderno encuentre su alma». Los recuerdos promueven el mito del descenso heroico y la autogeneración de Jung, después de que se liberó de las cadenas de la psicología freudiana, fundando una psicología expósito, sin antecedentes, sin ningún modelo previo a seguir, sólo el contraejemplo de Freud.

El manuscrito de Countway presenta una versión muy diferente. En las secciones sobre Flournoy y James, que siguen inmediatamente al capítulo sobre Freud, se abordan los problemas de cómo fundar una psicología no neurótica, en la que Jung afirma que Freud fracasó, parece haber recibido ya una respuesta afirmativa antes de Freud, por parte de Flournoy y James. Además, Jung retrata la positividad de la relación de mentoría, en la que no eran necesarias rupturas. Jung atribuye su importancia a que le ayudaron a formular sus críticas a Freud y le proporcionaron los presupuestos metodológicos para su formulación de una psicología posfreudiana.83

En el capítulo sobre James, Jung da cuenta de su contacto e intenta explicar su deuda intelectual con James. Jung cuenta que conoció a James en 1909 y lo visitó al año siguiente. Dijo que James era una de las personas más destacadas que jamás haya conocido. Lo encontró aristocrático, la imagen de un caballero, pero libre de aires y gracias. Habló con Jung sin menospreciarlo, Jung sintió que tenían una excelente relación. Sintió que sólo podía hablar fácilmente con Flournoy y James, que veneraba su memoria y que era un modelo para Jung. Descubrió que ambos se mostraron receptivos y le ayudaron en sus dudas y dificultades, lo que nunca más volvió a encontrar. Estimaba la franqueza y la visión de James, que eran particularmente marcadas en su investigación psíquica, que discutieron en detalle, y en sus sesiones con la médium, la Sra. Piper. Vio la trascendental importancia de la investigación psíquica como medio de acceso a la psicología del inconsciente. Jung dijo que también estuvo muy influenciado por el trabajo de James sobre la psicología de la religión, que también se convirtió para él en un modelo, en particular, la forma en que lograba aceptar y dejar las cosas como estaban, sin forzarlas a un sesgo teórico.

También hay casos en los que no se llevaron a cabo las recomendaciones específicas de Jung. La importancia de la relación de Jung con Richard Wilhelm queda indicada por el hecho de que Jung quería que el texto que Richard Wilhelm había escrito sobre él en 1929, «Mi encuentro con C.G. Jung en China», se incluyera como apéndice.84 Jung también fue escéptico sobre el prólogo del libro, encontrando su estilo «demasiado femenino» y «estético».85

Varios capítulos del libro se basan en los propios escritos de Jung. Una vez más, los manuscritos que escribió Jung no corresponden exactamente a lo que se imprimió en la obra final. Esto se ve claramente en su tratamiento de «Desde las primeras experiencias de mi vida» de Jung. Algunos pasajes fueron eliminados y otros agregados por Jaffé de sus entrevistas, y otras personas involucradas en el proyecto realizaron más cambios.86

La selectividad es una parte inherente de cualquier proceso editorial, y es bastante legítimo que un biógrafo dé forma a sus materiales según sus propias perspectivas. Sin embargo, surgen problemas críticos cuando el relato de un biógrafo particular se identifica con la propia autocomprensión del sujeto. A mi modo de ver, esto es precisamente lo que ocurrió en el caso de Memories, Dreams, Reflections, y ha sido causa de un sinfín de malentendidos.

En este sentido, el estado de las Memories es bastante crítico. En lugar de ser vista como una biografía entre otras, se la vio como la autobiografía de Jung. Hull destacó la importancia de este tema:

existe toda la diferencia del mundo entre un libro anunciado como «La Autobiografía de C.G. Jung» y un libro de memorias de Jung editado por Aniela Jaffé (de quien pocos han oído hablar). Uno es un éxito de ventas automático, el otro no.87

En las notas de un encuentro con Aniela Jaffé el 15 de noviembre de 1959, Helen Wolff señaló que Jaffé pensaba que la gente quería separarla del libro para tenerlo únicamente como libro de Jung, con el fin de convertirlo en un bestseller. En consecuencia, Helen Wolff señaló que debía dejarse a Jung decidir en qué forma debía aparecer la autobiografía y si debía aparecer como una autobiografía.88

Dados sus derechos sobre los propios escritos de Jung, era natural esperar que a los editores alemanes e ingleses de Jung les hubiera gustado publicar la obra. Además, la creciente participación de Jung en el texto puso esta cuestión en primer plano, y fue retomada tanto por Rascher Verlag como por Routledge. En el acta de una reunión entre el Dr. Karrer y el Sr. Niehus (en representación de Jung) y el Sr. Rascher y la Sra. Poggensee el 23 de marzo de 1959 se indica:

El Dr. Karrer informó que hace unos años Pantheon Books (Dr. Wolff) propuso a la señora Jaffé escribir una biografía de Jung, posiblemente en forma de conversaciones con Jung… Pero ahora el asunto se ha desarrollado de manera diferente a lo planeado anteriormente, en el sentido de que el Prof. Jung se ha visto cada vez más involucrado, de modo que de «objeto de observación» ha pasado a ser un colaborador.89

Para Rascher, esto planteó la cuestión de si el trabajo se incluiría en los contratos existentes. Después de una nueva reunión unos meses más tarde, se indica en el acta que «aún no se sabe si el libro navegará bajo la bandera ‘Jung’ o ‘Jaffé'».90

Routledge y Kegan Paul plantearon preguntas similares. En una carta del 18 de diciembre de 1959, Cecil Franklin le escribió a Jung:

Creo que la historia de este libro es que comenzó como una obra de Aniela Jaffé que habría escrito con tu estrecha ayuda; pero que surgió de eso y mucho más allá hasta que de hecho se convirtió en su autobiografía… Hemos examinado nuestro acuerdo para 1947 y descubrimos que si esta es realmente su autobiografía… los derechos de publicación estarían con nosotros… Hemos esperado con ansias el momento en que pudiéramos publicar su autobiografía … Nos preocuparía mucho y podría dañar nuestra reputación aquí si se nos considerara editores únicamente de sus libros más estrictamente técnicos.91

¿Consideró Jung la obra como su autobiografía? Durante la composición de la obra, los participantes se refirieron a ella como la «biografía», la «Vita», la «autobiografía», la «llamada biografía» y la «llamada autobiografía», incluido el propio Jung. El 5 de abril de 1960, Jung escribió a Walter Niehus-Jung, su yerno y albacea literario:

Quiero agradecerles por sus esfuerzos en nombre de mi llamada «Autobiografía» y confirmar una vez más que no considero este libro como una tarea mía sino expresamente como un libro escrito por Frau A. Jaffé … El libro debería publicarse bajo su nombre y no bajo el mío, ya que no representa una autobiografía compuesta por mí mismo.93

El 25 de mayo de 1960, Herbert Read escribió a John Barrett sobre el libro:

Ahora parece que tendrá un título como:

Aniela Jaffé

«Reminiscencia, Dreams, Thoughts»

con aportes de C.G. Jung.94

Tras estas negociaciones, se redactó una resolución del Comité Editorial de las Obras Completas de Jung, que permitía que el libro se publicara fuera de los contratos exclusivos con la Fundación Bollingen y Routledge y Kegan Paul. Contiene la siguiente declaración:

C.G. Jung siempre ha sostenido que no consideraba este libro como su propia empresa sino expresamente como un libro escrito por la señora Jaffé . Los capítulos escritos por C.G. Jung debían considerarse como sus contribuciones a la obra de la señora Jaffé. El libro va a ser publicado a nombre de la señora Jaffé y no a nombre de C.G. Jung, porque no representaba una autobiografía compuesta por C.G. Jung (carta de C.G. Jung a Walter Niehus del 5 de abril de 1960).

En una conferencia celebrada el 26 de agosto entre el Prof. CG Jung, el Sr. John Barrett, la Srta. Vaun Gilmor, Sir Herbert Read, el Sr. y la Sra. W. Niehus-Jung y la Sra. Aniela Jaffé, C.G. Jung confirmó nuevamente que consideró estrictamente este libro como una empresa de la Sra. A. Jaffé a la que sólo había dado sus contribuciones… El Comité Editorial decide por la presente formalmente que no aprobará ninguna decisión del Subcomité Ejecutivo que agregaría el libro de la Sra. . A. Jaffé a las Obras Completas.95

Estas declaraciones son bastante enfáticas e inequívocas. Sin embargo, en opinión de Helen y Kurt Wolff, estas formulaciones eran tretas para resolver la situación con Rascher y Routledge.96 Helen Wolff escribió a Cary Baynes el 9 de junio de 1960:

Tienes toda la razón al decir que si el libro aparece con el nombre de Aniela seguramente será un fiasco—la gente no está interesada en Aniela Jaffé, sino en C.G. Jung. Además, realmente es su libro y en el fondo de su corazón sabe que es suyo. Me pregunto quién le dio la idea de que no es lo suficientemente bueno para ser suyo.97

Está bastante claro que la intención original de Kurt Wolff era publicar la autobiografía de Jung, y que era plenamente consciente del diferente potencial de ventas de una autobiografía y una biografía de Jung. En mi opinión, las declaraciones de Jung de que la obra no debe considerarse su autobiografía son totalmente consistentes con sus declaraciones anteriores que explican por qué no quería realizar una autobiografía y la naturaleza de su colaboración con Jaffé. El 6 de enero de 1960 le escribió a Emma von Pelet:

Siempre me he prometido que nunca escribiría una autobiografía y en este caso sólo me he mojado un poco los pies; es más bien Frau Jaffé quien está escribiendo una biografía mía en la que he hecho algunas contribuciones.98

Ese año, Random House compró Pantheon y Kurt y Helen Wolff no volvieron a participar en el proyecto. En 1961, Jung murió el 6 de junio. Los obituarios aparecieron de manera destacada en periódicos y publicaciones periódicas de todo el mundo. Al año siguiente, aparecieron extractos de Memories en Die Weltwoche y Atlantic Monthly. El primer extracto de Die Weltwoche se tituló simplemente «La autobiografía de C.G. Jung». El libro apareció en 1962 en inglés y alemán. En 1966 apareció una edición francesa titulada My lige: Memories, Dreams and Thoughts.99

Lo que en realidad era una biografía notable ha sido interpretada erróneamente como una autobiografía.100 La suposición ampliamente difundida de que la obra era la «autobiografía» de Jung, junto con la narración en primera persona, le dio a la obra un estatus definitivo en toda la literatura sobre Jung durante las tres siguientes décadas, que de otro modo nunca habría poseído.101

En 1980, Jaffé firmó un contrato con Bonz Verlag para un libro titulado Erlebtes und Gedachtes, que extraía material adicional de los protocolos restantes, incluido un capítulo sobre Toni Wolff.102 A Jaffé se le había informado que tenía los derechos sobre el material y no había pedido permiso a los herederos de Jung, y se inició una demanda.103 El trabajo sigue inédito y la compleja cuestión de los derechos sobre los protocolos espera resolución.

«Engañada por el Maestro»

Memories no fue el único estudio biográfico autorizado de Jung que apareció en esta época. Poco después de la muerte de Jung, apareció un trabajo sobre Jung escrito por su amigo, el psiquiatra inglés E.A. Bennet. En su introducción, Bennet señaló que el plan del libro había sido discutido con Jung, y como Jung había leído el trabajo mecanografiado y anotado en él, se podría considerar que «las declaraciones hechas aquí están de acuerdo con sus puntos de vista».104 Por lo tanto, el libro fue anunciado como un estudio autorizado de Jung, escrito con su cooperación.

Bennet afirmó que el plan inicial había sido escribir una biografía de Jung y añadió que, con este fin, Jung le había proporcionado una gran cantidad de información sobre su vida. Sin embargo, señaló Bennet,

después de reflexionar pensó que esto sería una empresa casi imposible debido a la variedad de su trabajo y la complejidad de su personalidad. Al final decidió que debía escribir una autobiografía, y así lo hizo (parte de un volumen—a Life—desde entonces escrita por la señora Aniela Jaffé). Terminó esta tarea nada agradable—como la describió—en septiembre de 1959.105

Bennet no se refiere a la obra de Aniela Jaffé como constitutiva de la autobiografía de Jung, sino más bien como incorporándola, por lo que tenía en mente los tres primeros capítulos, «De las primeras experiencias de mi vida».

Algunas de las conversaciones de Bennet con Jung que grabó fueron publicadas posteriormente por su esposa. En una conversación, el 30 de agosto de 1956, Jung habló de las dificultades que implicaba escribir su biografía:

Durante el desayuno, C.G. habló de las dificultades implícitas en la idea de que alguien escriba su biografía; dijo que requeriría una comprensión total de su pensamiento, y nadie lo entendió completamente. La vida de Freud, dijo, podía describirse fácilmente porque su pensamiento estaba expuesto de forma sencilla. Pero para él era más complejo, porque a menos que el desarrollo de su pensamiento fuera central en su biografía, no sería más que una serie de incidentes, como escribir la biografía de Kant sin conocer su obra.106

Los comentarios de Jung aquí son significativos, en términos de la forma en que se entendieron posteriormente Memories. Para muchos, los detalles biográficos que contenía han sido tomados como la clave para comprender la obra de Jung, lo cual es diametralmente opuesto a la posición que Jung plantea aquí.

Los comentarios de Jung aquí pueden considerarse como una elaboración de sus comentarios frecuentemente repetidos sobre la importancia de la ecuación personal para comprender una psicología particular: que es necesario comprender la psicología del psicólogo para comprender su vida.

Como ilustración de este punto, Jung le narró a Bennet un sueño «trascendental» que tuvo en 1913 durante su «confrontación con el inconsciente», que fue un gran punto de inflexión en su vida, y comentó que si estuviera relacionado, pocos la gente entendería el significado que tenía en ese momento de su carrera. El sueño fue el siguiente:

Estaba subiendo por un empinado sendero de montaña, girando hacia la cima, y a la derecha el valle estaba en sombras porque todavía era de noche; delante, el sol estaba detrás del pico y nacía, pero todavía oculto. Frente a él estaba un hombre primitivo (el hombre de todas las edades, de piel morena y peludo); estaba siguiendo a este hombre y cada uno estaba armado para cazar, probablemente gamuza. Entonces salió el sol y en la cima de la montaña apareció Sigfrido con una armadura brillante, un escudo y una lanza; llevaba algo parecido a unos esquís y se deslizaba sobre las rocas. Los esquís estaban hechos de huesos: los huesos de los muertos. Entonces el hombre primitivo le indicó que debían dispararle a Siegfried con sus rifles, y lo acecharon y lo mataron. El hombre primitivo (la sombra) era el líder; fue a recoger el botín. Pero C.G. se llenó de remordimiento y corrió montaña abajo hacia un barranco y subió al otro lado; tenía que escapar del terrible crimen. Estaba lloviendo y todo estaba mojado; pero si bien esto borró todos los rastros del crimen, no hizo ninguna diferencia en el sentimiento de culpa que oprimía su conciencia.107

Bennet pasó a notar las reacciones de Jung ante el sueño:

Se despertó y quiso volver a dormir, pero sabía que debía intentar comprender el sueño. Durante un tiempo, el remordimiento por haber asesinado a Siegfried, el héroe, borró todo lo demás, abrumándolo hasta el punto de sentirse impulsado a sacar su revólver del cajón y pegarse un tiro,»suicidarse»; el sueño y el impulso eran terriblemente vívidos y podría haberlo hecho de no ser por el hecho de que sus pensamientos sobre el sueño comenzaban a tomar forma: el héroe, al realizar el acto tan heroico, fue asesinado por el hombre primitivo. Es decir, el sueño señalaba al hombre primitivo, a nuestros ojos inmoral o subdesarrollado, como líder, a quien había que seguir. Para él, esto significaba que debía seguir no el aquí y el ahora de la conciencia, los logros aceptados, sino al hombre de todas las épocas que representaba el inconsciente colectivo, los arquetipos.108

Como veremos en los comentarios que los biógrafos posteriores han hecho sobre este sueño, hay algo profético en la cita que hace Jung del mismo para indicar con qué facilidad se pueden malinterpretar los puntos de inflexión cruciales en su vida.

El 5 de septiembre de 1956, Bennet le escribió a Jung indicándole que Ruth Bailey le había sugerido que escribiera una biografía de Jung. el 10 de octubre, Jung le escribió:

Como usted sabe, soy un fenómeno un tanto complicado, que difícilmente puede ser abordado por un solo biógrafo… Por lo tanto, me gustaría hacerle una propuesta similar, es decir, que siga su línea como lo ha hecho un médico como lo ha hecho Philp en su papel como teólogo. Siendo médico, usted indagaría en la anamnesis de su paciente y haría las preguntas y yo respondería como respondería un paciente. De este modo usted seguiría las líneas de su pensamiento habitual y podría producir una imagen de mi personalidad comprensible al menos para personas más o menos médicas. Sin duda, Philp me daría una imagen igualmente satisfactoria de mi aspecto religioso. Dado que es innegable que entre varios aspectos uno es médico y el otro teológico, una biografía escrita por especialistas en su campo tiene mayores posibilidades de ser exacta, aunque no exhaustiva en la medida en que la síntesis psicológica específica exigiría a alguien que se sintiera igualmente cómodo en la psicología primitiva, mitología, historia, parapsicología y ciencia, e incluso en el campo de la experiencia artística.109

Así, tal como lo veía Jung, cualquier biografía suya estaría inevitablemente moldeada por las presuposiciones y ecuaciones personales del biógrafo. La naturaleza multifacética de su vida y obra significaba que simplemente no podía haber una biografía definitiva de él.

Bennet aceptó la sugerencia de Jung y le envió una lista de preguntas.110 Jung respondió que sería demasiado largo dar respuestas por escrito, por lo que invitó a Bennet a pasar quince días. Agregó las siguientes reflexiones sobre el emprendimiento:

Todo esto es una tarea delicada y parece bastante difícil porque el lector medio difícilmente sería capaz de entender de qué se trata. He estado expuesto a tantos malentendidos que tengo bastante miedo de decir la verdad sobre mi biografía, tal como la veo. Por lo tanto, preferiría que primero intentaras encontrar tu camino a través de la jungla de los recuerdos.112

Es posible que fuera precisamente porque Jung pensaba que no había ningún individuo con suficientes conocimientos de su psicología para escribir su biografía, que deliberadamente narró parte del mismo material a Bennet y a Jaffé, de modo que ninguno de los dos fuera el único en contarlo. El 11 de enero de 1957, Aniela Jaffé informó a Kurt Wolff que Jung opinaba que su trabajo y el de Bennet no se superpondrían, ya que eran personas completamente diferentes y tendrían puntos de vista diferentes. Así pues, cuestiones como la relación de Jung con Freud y Charcot probablemente serían abordadas por Bennet.113

El 14 de enero, Bennet le escribió a Jung: «Tu elogio del plan de que escribiera una biografía, basada en tus contribuciones a la medicina, fue muy alentador».114

Esta cuestión de la relación del proyecto de Bennet con el proyecto de Jaffé se aborda con más detalle en una conversación que Bennet mantuvo con la hija de Jung, Marianne Niehus, el 24 de marzo de 1959:

Le dije que C.G. ya había escrito gran parte de su autobiografía (lo recuerdo hablando de las dificultades de escribir sobre su vida hace uno o dos años y tal vez esto le trajo la idea a la mente). Dijo que la señora Jaffé quería publicar lo que él había escrito. Le di mi Introducción para que la leyera. Dijo que mi enfoque era bastante diferente al de la señora Jaffé y me presionó para que continuara. Dijo que la mía era más masculina y que el hecho de que estuviera preparando otra biografía no debía impedirme seguir adelante.115

Así, Marianne Niehus parecía considerar ambos proyectos como biografías autorizadas de un estatus más o menos similar.

El 7 de febrero de 1959, Jung le escribió a Bennet:

En cuanto a su plan de escribir algo sobre «el desarrollo de mis ideas y su impacto en la medicina, me agrada mucho mucho. Por supuesto, no tengo ninguna objeción por mi parte a que usted incorpore algunas de nuestras primeras conversaciones en los libros.116

Si bien Jung aparentemente no estaba preocupada por la superposición entre el proyecto de Bennet y el de Jaffé, ella tenía otra opinión. El 20 de julio de 1961, Kurt Wolff escribió a Cary Baynes, transmitiéndole la reacción de Jaffé al leer el libro de Bennet:

A Aniela le provoca rabietas el libro y entiendo bien por qué: Jung le contó a Bennet no todo, pero sí un montón de cosas que le dictó a Aniela para su autobiografía (muchos de sus sueños, por ejemplo, entre ellos el sueño de Basler Münster ), y ahora su libro sale antes de que se publique la autobiografía en primavera. Aniela se siente engañada por el Maestro.117

De esto, parece que Jaffé inicialmente no estaba consciente de que Jung le estaba contando a Bennet parte del mismo material personal que él le estaba contando, lo que ella había pensado que era de forma exclusiva. Si bien era poco lo que se podía hacer con respecto al libro de Bennet, tal como ya había aparecido, aún era posible retrasar la publicación de una edición en alemán. El 9 de marzo de 1962, Rascher escribió a Gerald Gross, editor del libro en Pantheon:

No pasa un día sin que libreros y lectores privados pregunten sobre el libro, y mucho peor, noticias de editores y particulares que anuncian que se están preparando biografías de C.G. Jung, algunas de ellas basadas en material informativo personal del propio Prof. Jung. Para evitar que el más importante de ellos, escrito por el Dr. Bennet, salga antes que las memorias anteriores, hemos adquirido los derechos de la edición alemana, intentando esperar a que se publique, para que la memorias Jung-Jaffé puedan ser las primeras.118

Retrasar la aparición de un libro es una de las razones más inusuales para adquirir los derechos sobre el mismo.

Sin embargo, a pesar del solapamiento, Jaffé no tenía por qué temer. Si bien Memories se convirtió en un éxito de ventas y se considera la fuente más importante sobre la vida de Jung, el libro de Bennet prácticamente ha desaparecido. Descatalogado desde hace mucho tiempo, es una obra que rara vez se cita y que ha sido casi olvidada, a pesar de la importante información que contiene, como una correspondencia detallada entre Jung y Bennet sobre la naturaleza de la prueba científica y la psicología.119

El libro de Bennet fue publicado en Londres por Barrie & Rockliff. A juzgar por la escasez de críticas, su presupuesto publicitario no se parecía en nada al de Random House o Collins. De hecho, el libro de Bennet ni siquiera parece haber sido mencionado en las copiosas reseñas de Memories, que daban la impresión de que este último proporcionaba el primer vistazo a la vida íntima de Jung.

El propio Bennet escribió una reseña de Memories en el British Medical Journal, titulada «La vida interior de Jung». Su reseña consistía en un retrato comprensivo de Jung, y sólo el párrafo inicial se refería directamente a Memories, donde afirmaba: «Es un libro inusual y aparentemente ha sido un gran problema para los críticos, muchos de los cuales lo aceptaron como una autobiografía. Ciertamente no es eso.»120 Bennet fue casi el único entre los comentaristas que afirmó este punto.

Si bien existen discrepancias interesantes entre los detalles de algunos de los recuerdos y sueños de Jung en el libro de Bennet y Jaffé, la más importante con diferencia es el hecho de que este último está escrito en primera persona. Si no hubiera sido por esto, el destino posterior de estos dos libros podría no haber sido tan radicalmente diferente. En 1982, la viuda de Bennet, Eveline Bennet, publicó una selección de sus diarios detallando sus conversaciones con Jung. Irónicamente, es esta obra la que más se parece a uno de los prototipos de Memories, las Conversaciones con Goethe de Eckermann.


Notas

10. Murchison, 1930/1960, pág. IX. Murchison no se acercó a Jung para esto, pero le había pedido que contribuyera a su volumen, Psicologías de 1930 (Murchison 1930b). Jung se negó y recomendó a su asistente HG. En cambio, Baynes (Murchison a Jung, 2 de noviembre de 1928, archivos de Jung, Eid-genössische Technische Hochschule (Instituto Federal Suizo de Tecnología), Zürich, [en adelante, JA]).

11. Este capítulo se basa en material presentado en Shamdasani 1995 y 2000.

12. A diferencia de algunos de sus seminarios posteriores, estos fueron verificados por Jung y pueden considerarse confiables. El 19 de octubre de 1925, Jung escribió a Cary de Angulo: «Trabajé fielmente en las Notas, como verás. Creo que en su conjunto son muy precisas. Algunas conferencias son incluso fluidas, es decir, aquellas en las que no puedes obstaculizar tu libido». fluido.» (Original en inglés, artículos de Baynes-en adelante, BP). A menos que se indique lo contrario, las cartas inéditas de Jung están en alemán y las traducciones son mías.

13. Jung, 1925, pág. 3.

14. Ibíd., págs. 32-33.

15. Henri Flournoy a Jung, 8 de febrero de 1953, JA.

16. Jung a Henri Flournoy, (Adler, 1975, p. 106, original en francés, tr. mod.). En una nota dedicatoria a una colección de sus separatas para Jürg Fierz, Jung simplemente escribió: «Yo mismo siento aversión por la autobiografía». 21 de diciembre de 1945, en Adler, 1973, pág. 404.

17. 30 de diciembre de 1957, en Adler, 1975, p. 406, trad. modificación.

18. 6 de febrero de 1952, ibíd., págs. 38 y 39.

19. Marzo de 1954, Biblioteca de Medicina Countway, Facultad de Medicina de Harvard (en adelante, CLM).

20. JA.

21. El 25 de julio de 1951, Lucy Heyer envió a Jung una sinopsis en cinco capítulos (JA).

22. Bair señaló que Jung le pidió a Cary Baynes que escribiera su biografía en la década de 1930, sin citar una fuente (Bair, 2003, p. 585). No hay ninguna mención de esto en su correspondencia.

23. ВР.

24. Ídem.

25. ВР.

26. Archivo Bollingen , Biblioteca del Congreso (en adelante, BA).

27. Paul Mellon a Lucy Heyer, 14 de abril de 1953, BA.

28. BP, original en inglés.

29. Traducido por Olga Froebe-Kapteyn, BA.

30. Noviembre de 1953, BP, orig. en Inglés.

31. 28 de marzo de 1954, BA, orig. en Inglés.

32. BA.

33. A pesar de este comentario, Jung posteriormente consintió en varias entrevistas filmadas: una entrevista con Stephen Black en julio de 1955, una parte de la cual fue transmitida por Panorama; en agosto de 1957, una extensa entrevista con Richard Evans, y en octubre de 1959, una entrevista con John Freeman para su programa Face to Face.

34. BP, orig. en Inglés.

35. 4 de agosto de 1954, BP.

36. BP, orig. en Inglés.

37. BA .

38. BA.

39. 24 de noviembre de 1954, BA, orig. en Inglés.

40. JA.

41. BA, orig. en Inglés.

42. JA.

43. Aniela Jaffé , borrador de prólogo a Memories, Archivos Rascher, Zentral-bibliothek, Zürich ( en adelante RZ), p. 1. Sobre la composición de Memories, véase también Alan Elms, 1994.

44. 24 de octubre de 1956. Biblioteca Beineke, Universidad de Yale (en adelante, BL).

45. 16 de enero de 1957, BL.

46. En Ermarth, 1991, p. 21.

47. Richard Hull, “A record of events preceding the publication of Jung’s autobiography, as seen by R. F. C. Hull”, 27 de julio de 1960, BA. La analogía entre Eckermann y Goethe no pasó desapercibida para Jung; en una carta a Kurt Wolff, escribió: «Dios me ayude, cuando leí las Conversaciones de Eckermann, incluso Goethe me pareció como un pavo pavoneándose» 1 de febrero de 1958, en Adler, 1975, p. 453).

48. 27 de octubre de 1959, BA.

49. El 2 de enero de 1957, Kurt Wolff llamó la atención de Jaffé sobre una obra de Paul Claudel titulada Mémoires improvisés (1954), BL. Se trataba de una serie de entrevistas retransmitidas por Jean Amrouche en las que interrogaba a Claudel sobre su vida. La forma dialógica de las entrevistas se conserva claramente en la versión publicada.

50. Kurt Wolff a Cary Baynes, 18 de septiembre de 1959, BP (“dass die outsider inside the work fuehrt”).

51. Esta copia de los protocolos fue donada por Helen Wolff a Princeton University Press, quien a su vez los donó a la Biblioteca del Congreso en 1983, imponiéndoles una restricción de diez años. Los estudié en 1991 y han estado en acceso abierto desde 1993. Bair afirmó que la copia en la Biblioteca del Congreso, que está en la colección de Bollingen, está restringida (2003, p. 657, n. 7). En realidad, esto no tiene restricciones y se trasladó a una colección separada. La copia en la ETH de Zurich está restringida.

52. «Biographie-Stunden», Jaffé a Kurt Wolff, 10 de enero de 1958, BL.

53. Jaffé a Kurt Wolff, 11 de enero de 1957, BL.

54. Kurt Wolff a Jaffé, 28 de mayo de 1957, BL.

55. Jung/Jaffé , 1962, pág. 7.

56. CLM, pág. 11.

57. Ibíd.

58. Jaffé a Alwina von Keller, 25 de agosto de 1959, JA (presentado con la correspondencia de Jung a von Keller).

59. Jung a Jaffé, 27 de octubre de 1957, BA. En cuanto al Libro Rojo, sólo la posdata de Jung se incluyó como apéndice a la edición alemana de Memories. El Libro Rojo podría describirse mejor como una obra literaria de psicología. En mayo de 2000, los herederos de CG Jung decidieron liberar la obra para su publicación, de modo que primero estuviera disponible al público en una edición académica definitiva, que sería preparada por el presente autor.

60. 10 de enero de 1958, BL.

61. Ibídem.

62. Jung, «Desde las primeras experiencias de mi vida», JA, p. 1. El 22 de mayo de 1960, Richard Hull le escribió a Kurt Wolff indicándole que había sugerido cortar esto y comenzar con la línea «Cuando tenía seis meses», ya que este sería «el comienzo adecuado de un cuento de hadas» (BL). El pasaje fue eliminado en la versión publicada.

63. 1 de febrero de 1958, BL.

64. Kurt Wolff a Aniela Jaffé , 9 de noviembre de 1958, BL.

65. 19 de octubre de 1958, BL.

66. En un momento, se consideró un plan para simplemente publicar los protocolos tal como estaban, pero se pensó que no serían suficientemente accesibles para el público. lector. (Memorando de Wolfgang Sauerlander a Helen Wolft, 18 de octubre de 1958, copia, BP). El 29 de enero de 1958, Jaffé escribió a Kurt Wolff que Jung había sugerido varias veces que ella debería publicar los protocolos y que él publicaría sus notas, pero ella no creía que esto fuera en serio (BL).

67.BL.

68. Kurt Wolff a Cary Baynes, 18 de septiembre de 1959, BP. Consideró que la combinación de la forma «yo» con la forma «él» era inviable (Kurt Wolff a Cary Baynes, 20 de septiembre de 1959, BL).

69. Ibíd.

70. Ibíd.

71.Hull, «Un registro de eventos», BA, págs. 1-2.

72 . Entrevista con Gene Nameche, CLM, pág. 17. A este comentario, Nameche añadió la siguiente nota: «Algunas personas creen que fue Frau Jaffé y la familia quienes quisieron ‘tificar’ a Jung » .

73 . Cuando hizo los comentarios anteriores, Hull no había consultado los protocolos.

74. Hull to Read, 2 de septiembre de 1960, archivos de Routledge, Universidad de Reading (en adelante, RA).

75. Jung/Jaffé, 1963, p. 9.

76. JA.

77. JA. Jung analizó algunas de estas figuras en los protocolos de la Biblioteca del Congreso (en adelante, LC).

78. RZ.

79. Jaffé a Wolff, 18 de enero de 1961, BL.

80. El tributo de Jung a Flournoy se publica en inglés en Flournoy, 1994.

81. ms., pág. 197, CLM.

82. El capítulo sobre Freud se compiló a partir de comentarios que Jung hizo en diversos momentos durante sus entrevistas con Aniela Jaffé .

83. Para la relación de Jung con James, véase Taylor, 1980 y Shamdasani, 2003.

84. Neue Zürcher Zeitung , 21 de enero de 1929. Jaffé a Wolff, 19 de diciembre de 1960, BL. En el manuscrito de Countway, se incluyó en el texto un extracto de cuatro páginas como apéndice (CLM, págs. 523-526). En su homenaje, Wilhelm señaló que las ideas de Jung eran paralelas a las del Lejano Oriente y señaló las estrechas similitudes. Señaló que era mucho más difícil para un occidental como Jung llegara a ellos, razón por la cual tal vez no había sido apreciado en Europa. Wilhelm pensó que no era casualidad que cuando regresó de China con la antigua sabiduría china, descubriera que podía discutir estos asuntos con Jung, a quien debía muchas sugerencias. Sugirió que había tres posibles explicaciones para los notables paralelismos entre las ideas de Jung y las de los antiguos sabios chinos: primero, que Jung había sido chino en una vida pasada; segundo, que Jung era telepático; y tercero, que fue la explicación que aceptó Wilhelm: que los sabios chinos y Jung descendieron a las profundidades de la psique colectiva donde encontraron los mismos estados del ser, y su acuerdo demostró la verdad esencial de sus concepciones.

85. Jaffé a Wolff, 19 de octubre de 1958, BL.

86. Countway ms., CLM; Traducción del borrador del casco, LC; Proyecto de traducción, BL. Durante la edición, hubo cierta discusión sobre un pasaje del manuscrito. En el borrador de la traducción de Hull de la fantasía infantil de Jung sobre la catedral de Basilea, el manuscrito dice: «Dios se sienta en su trono dorado, muy por encima del mundo, y se caga en el eatedro; de debajo del trono cae una enorme mierda» (p. 32, LC). En el manuscrito de Countway, el mismo pasaje dice: «Dios se sienta en su trono dorado, muy por encima del mundo, y se caga en la mano etédrica: se caga en su iglesia]» (CLM, p. 32). Bair comentó que ni Jaffé ni Marianne Niehus permitirían a Jung usar la palabra «mierda» en este contexto, sugiriendo que estaba censurada (2003, p. 635). Sin embargo, el texto original alemán mecanografiado dice: «unter dem Thron f ä llt ein ungeheures Excrement» («un enorme excremento cae bajo el trono») JA, p. 19). Este manuscrito está en acceso abierto. Reproduce correctamente el manuscrito de Jung (archivos de la familia Jung, comunicación personal, Ulrich Hoerni).

87. Hull, «Un registro de eventos», p. 4, BA.

88. BL.

89. RZ.

90. «Aktennotiz ü ber Besprechung zwischen Herrn Dr. Karrer, Herrn Niehus, Herrn Rascher, sr., Herr Albert Rascher und Fr. Poggensee, 1 de mayo de 1959. También se señala en el acta que «Herr Niehus añadió que el propio Herr Prof. Jung no quería que se utilizara la palabra ‘autobiografía'». RZ.

91. 19 de diciembre de 1959, BA.

92. Según Hull, Jung sugirió en un momento que el trabajo podría titularse «Fragmentos de una autobiografía no intencionada». (Hull a Kurt Wolff, 2 de junio de 1960, BL).

93. Adler, 1975, pág. 550, tr. modificación. Bair describió esta carta como «curiosa» y afirmó que indicaba el poder que tenían Marianne y Walther Niehus (2003, pag. 606-607). Sin embargo, como muestran los documentos aquí citados, esta carta está en consonancia con otras declaraciones críticas de Jung.

94. ВА .

95. «Resolución del Comité Editorial de ‘Las Obras Completas’ del Prof. C.G. Jung”, BA. Firmado por Jung el 29 de noviembre de 1960, y por Barret el 13 diciembre de 1960. Vaun Gillmor de Bollingen Base proporcionó el siguiente relato de esta reunión: «Sobre el tema de la biografía que está preparando Frau Jaffe, el Dr. Jung declaró que desea que este libro se llame una biografía tal como se la contó a Frau Jaffe. También afirmó que él mismo ha escrito tres capítulos de el libro, el resto fue escrito por Frau Jaffe a partir de notas tomadas en una conversación con él. Dijo específicamente que no desea que el trabajo sea considerado suyo ya que solo ha contribuido al libro de Frau Jaffe.
«Conversación con el Dr. Jung 26 de agosto de 1960», BA.

96. Helen Wolff a Cary Baynes 13 de julio de 1960, BP.

97. ВР .

98. Adler, 1975, pág. 531, trad. modificación.

99.»Die Autobiographie von C.G. Jung», Die Weltwoche, 31 de agosto de 1962.
Otros elementos de la edición alemana que faltaban en las ediciones inglesas eran una carta de Jung a un «joven estudiante», la posdata de Jung a su Libro Rojo y “Detalles sobre la familia de C.G. Jung” de Aniela Jaffé . Este último artículo fue publicado en inglés en la primavera de 1984. Hay muchas discrepancias entre la Ediciones en alemán e inglés, en particular numerosos pasajes de la primera que faltan en la segunda. Algunos, pero no todos, fueron publicados en inglés por Shoji Muramoto (1987).

100. En respuesta a mi primer artículo sobre este tema, el difunto Franz Jung me escribió: «Esto me da al menos algunas pruebas, lo que antes sólo intuía, de que no todo ha ido bien y ni siquiera sabemos hasta qué punto CGJ conocía y estaba de acuerdo con la formulación o las omisiones que en realidad estaban cometiendo Frau Jaffé, Hull o incluso terceros / Es muy bueno que usted haya recordado en nuestra memoria la carta del 5 de abril de 1960 y la carta de Herbert Read a J. Barrett, 25 de mayo de 1960, al proponer un título que deja claro quién fue el autor.
Hoy en día la mayoría de la gente no conoce estas afirmaciones y saca conclusiones equivocadas».
(14 de agosto de 1995, posesión personal).

101. A finales de la década de 1980, Alan Elms y yo llevamos a cabo una investigación sobre la composición del texto de forma simultánea e independiente (ver Elms 1994 y Shamdasan 1995). Antes de esto, el estatus del texto era incuestionable en el dominio público. Bair afirmó que las divergencias provocadas entre las ediciones inglesa y alemana llevaron a especulaciones sobre la censura entre académicos desde el momento en que se publicó la obra (2003, p. 638). Simplemente no fue así, ya que no hubo ningún debate público sobre la censura hasta que se publicó nuestra investigación. En su nota a pie de página, escribió: «los más destacados entre ellos Shamdasani y Elms, quienes basan muchas de sus acusaciones en pruebas incompletas y especulaciones no objetivas» (p. 847, n. 69). No se proporciona ninguna evidencia de esto, y Bair ni siquiera proporciona la referencia de nada de lo que he escrito sobre el tema.

102 . Jung habló de su relación con Toni Wolff en los protocolos, LC, pag. 98, págs. 171-174; véase Shamdasani, 1995, págs. 124-125. Bair afirmó que en los protocolos que leyó no había ninguna discusión al respecto (2003, p. 838, n. 61).

103. Gerda Niedieck a William McGuire, 20 de enero de 1981, McGuire papers, LC.

104.Bennet, 1961, pág. viii.

105. Ibíd., pág. vii.

106. Bennet, 1982, pág. 61.

107. Ibíd., págs. 61 y 62.

108. Ibíd., pág. 62. En 1925, Jung había dicho de este sueño: «El héroe… es el símbolo del mayor valor reconocido por nosotros… parecía como si Siegfried fuera mi héroe. Sentí una enorme lástima por él, como si A mí mismo me habían disparado.
Entonces debí tener un héroe que no apreciaba, y fue mi ideal de fuerza y eficiencia el que maté. Había matado mi intelecto, ayudado por una personificación del inconsciente colectivo, el hombrecito moreno que estaba conmigo. En otras palabras, destituí mi función superior» Jung, 1925, p . 57).

109 . JA, original en inglés. Howard Philp también había estado considerando un trabajo biográfico sobre Jung. Después de modificaciones, el resultado de Philp fue su Jung y el problema del mal (1959). Las respuestas de Jung a sus preguntas también se reprodujeron en CW 18 bajo el título «Jung y las creencias religiosas».

110. Bennet a Jung, 7 de diciembre de 1956, JA.

111. Jung a Bennet, 10 de diciembre de 1956, JA, orig. en Inglés.

112. Ibíd.

113. BL.

114. JA.

11 5. Bennet 1982, pág. 111.

116. JA. Original en inglés.

117. ВР .

118 . RZ.

119 . El estudio posterior de Bennet, What Jung Really Said (1966), ha tenido mucho más éxito, a pesar de contener menos material histórico directamente de Jung.

120. 23 de septiembre de 1963.

Interiorizar una frase subrayada en sí misma. Algunas reflexiones sobre ser «sólo eso»

Traducciones

Greg Mogenson, EE.UU.

Capitulo 4 de Psychology as the Discipline of Interiority, compilación editada por Jennifer. M. Sandoval y John Knapp.

Proceso de traducción a cargo de Alejandro Chavarria Rojo

Introducción

Un amigo mío, un chico del campo, al igual que yo, se ahorró el costo de un viaje a la India, o de uno de los muchos cursos de meditación que tenía a su disposición en su localidad, inventando un mantra propio para cantarlo. Al oírlo, me pregunté cuál sería el mío. No importa que no sea meditador ni tenga planes de serlo, al menos no en el sentido habitual. El hecho de que mi amigo se hubiera inventado su propio mantra me hizo preguntarme cuál sería el mío. O quizá sea más exacto decir que me sirvió para darme cuenta de que ya sabía cuál sería mi mantra, es más, ¡que ya tenía uno en mente!

«¡Sólo soy eso!»
«¡Sólo soy eso!»
«En última instancia limitado».
«¡Sólo soy eso!»

Adaptación de una declaración de Jung que aparece hacia el final del capítulo «Sobre la vida después de la muerte» de su autobiografía,1 estas son las palabras que me vinieron a la mente cuando me pregunté cuál sería mi mantra. Por casualidad, hace más de treinta años, recuerdo cómo mi espíritu se aceleró tanto al intuir su importancia que inmediatamente tomé mi pluma de lector y las hice mías. Aunque Jung era su autor, al mismo tiempo eran mías, ya que habían tocado una fibra sensible en mí. Y así fue como puse mi línea bajo las palabras de Jung. Pero aquí, ahora, al recordar aquel momento, me viene otro recuerdo. Con la misma urgencia me viene a la memoria que, cuando le preguntaron a Joseph Campbell qué yoga practicaba, la respuesta que dio fue: «¡Subrayar frases!».2

Esta, sin duda, fue una respuesta espléndida. Campbell era un estudioso de los mitos. Con la pluma en la mano, pasó gran parte de su vida leyendo. Su práctica espiritual -su yoga- no era algo separado y al margen de esto, el eje principal de su vida. No era, a la manera de lo que Hegel diagnosticó como el mal infinito, algo externo, separado y limítrofe con sus actividades académicas finitas y cotidianas. Era más bien la interioridad meditativa de éstas.

Subrayado especulativo

De acuerdo con la caracterización que hace Campbell del subrayado de frases como una especie de yoga, en lo que sigue me detendré en esa línea de Jung que mi pluma de lector ha reclamado como mi mantra: me detendré en ella, profundizaré en ella, la leeré y releeré. También puede decirse que meditaré sobre ella. Sin embargo, a diferencia de mi amigo, cuya práctica meditativa consiste en interiorizar el sonido y el sentimiento de su mantra cantándolo en silencio, mi práctica meditativa consistirá en interiorizar reflexivamente la frase que con un trazo de bolígrafo he reclamado como mi mantra, no en mi interior, no en mí, sino contemplativamente en sí misma.

Ahora bien, lo primero que hay que comprender al emprender esta empresa es la «unidad de la unidad y la diferencia» del subrayado de un lector y el texto subrayado. Hace muchos años, en una mesa redonda con James Hillman, declaré que mi subrayado de sus textos era tan inspirado como los propios textos, lo que me valió un «choca esos cinco» por mi comentario.3 Lo que quería decir con este comentario era la interdependencia mutuamente determinante y mutuamente constitutiva de la lectura y la escritura. Leer y escribir se implican mutuamente. De hecho, podría decirse que cada una es como el despliegue de la otra, incluso cuando se convierten fácilmente la una en la otra. Aunque empíricamente, por supuesto, el texto del autor es anterior al lector que más tarde se encuentra con él, a veces puede ocurrir que el subrayado de un lector, si se trata de un subrayado anímico, sea lógicamente anterior y conceptualmente más profundo que el texto original del autor.

Limitándome a un solo ejemplo, recuerdo al analista junguiano Wolfgang Giegerich subrayando aquellos pasajes de los textos de Jung en los que éste habla de la falta de un punto de vista arquimédico de la psicología fuera de la psique.4 Giegerich, como se ha visto, ha sido un lector más profundo, serio y minucioso de estas líneas que Jung, su autor.5 Incluso podría decirse que su extensa autoría no es otra cosa que un largo y extenso subrayado en el que la idea seminal de Jung se aplica a sí misma y se libera en lo que implica universalmente como concepto. Y en este sentido, me viene a la memoria una respuesta que Giegerich dio una vez en una entrevista cuando le hicieron una pregunta sobre el hecho de haber escrito textos tan difíciles y desafiantes. Realizando lo que yo llamaría una inversión dialéctica, respondió hablando de sí mismo no como escritor, sino como lector. Cuando se trata de su propia lectura voluntaria, afirma Giegerich, sólo lee libros que aún no comprende. Por difíciles que sean esos textos, si al mismo tiempo resultan cautivadores por el interés que se ha puesto en ellos, esto demuestra, como afirma Giegerich más adelante, que «por debajo de mi no comprensión, el alma que hay en mí ya se ha incendiado por lo que leo, pero no comprendo».6 Esta, seguramente, es una experiencia familiar. Como lectores de Jung, Hillman y ahora también de Giegerich (por nombrar sólo a los escritores clave de nuestra tradición), probablemente todos leemos de esta manera, cogiendo el bolígrafo para subrayar aquellos pasajes que, aunque no entendamos, nos han encendido el alma.

Ahora bien, a lo que Giegerich se refiere como «el alma en mí [ya] se ha incendiado por lo que leo», y a lo que yo, con un guiño a Campbell, me he referido como la práctica meditativa de subrayar frases, corresponde a lo que en la Psicología como Disciplina de la Interioridad se denomina autorrelación especulativa,7 por un lado, y a la dialéctica implícito/explícito,8 por otra. Nacida de la intuición antes mencionada de que para la psicología no existe ningún punto de vista externo, ninguna posición arquimédica exterior, la Psicología como Disciplina de la Interioridad se ocupa total y exclusivamente de desplegar las profundidades anímicas de cualquiera que sea el fenómeno que ha llamado su atención y que ha reclamado como propio. Digo «reivindica como propio» porque en la relación que aquí se establece, sujeto y objeto, yo y lo otro (esto, aquello y lo otro) no se encuentran separados, externos el uno al otro. Se trata, más bien, de su identidad especulativa, es decir, de una autorrelación de superación de la diferencia o de sublimación de la diferencia, en la que lo semejante conoce a lo semejante y la diferencia se considera como el despliegue de los matices de lo mismo. Como disciplina carente de un punto arquimedico, la psicología se encuentra a sí misma en sus tópicos y temas, del mismo modo que, según otro pasaje de Jung que estoy seguro de no ser el único en haber subrayado, «nos encontramos a nosotros mismos una y otra vez con mil disfraces en el camino de la vida».9

Lectura meditativa

Mis observaciones hasta ahora son suficientes para mostrar el carácter especulativo de las frases subrayadas. Teniendo esto en cuenta, podemos pasar ahora al tema del despliegue meditativo del significado especulativo de tales frases, o como también podría llamarse, la dialéctica de la lectura anímica.

Al tomar una frase de un texto que nos mueve a subrayarla, o una situación de la vida que podría expresarse en forma de frase, la metodología psicológica se esfuerza por comprender su significado inmanente y su sentido intrínseco como una declaración del alma sobre sí misma. Como ya he dicho, se trata de que nos tomemos en serio la idea de Jung de que la psicología carece de un punto de Arquímedes, al igual que, por ejemplo, Giegerich ha hecho con su idea complementaria de que «para la psicología no hay Otro». O [más bien] el otro que hay es el propio otro ‘del alma’, su otro interno, es decir, él mismo como otro».10

Tomado con este espíritu, el enunciado que se lee no se interpreta como un objeto o cosa separado de un sujeto observador a la manera de la observación empírica. La diferencia de conciencia que suele establecerse entre un sujeto, por una parte, y su objeto, por otra, tampoco se distribuye entre el lector y el texto, ni siquiera (y esto es lo más importante) entre el sujeto de la oración y su predicado. Se trata más bien de su identidad especulativa. Pero, más concretamente, ¿qué significa esto? Cuenta la leyenda que Lutero arrojó su tintero al diablo y a partir de entonces escribió con el diablo en su tinta. Al arrojar la tinta de nuestro subrayado a un texto concreto, podemos descubrir, de forma similar, que tanto nosotros, como sujetos lectores, como el tema que habíamos pensado que era el tema de una frase o un párrafo, se modifican especulativamente, se redefinen especulativamente.

Digo «especulativamente» porque un pasaje de Hegel que subrayé una vez se transmitió de esta misma manera a mi propio pensamiento como psicólogo. En su Fenomenología del espíritu, Hegel habla de lo que se ha dado en llamar la proposición filosófica, la proposición especulativa o, más sencillamente, la frase especulativa. Curiosamente, dado lo que ya hemos dicho sobre la lectura de textos desafiantes, el contexto en el que se trata este tema tiene que ver con la orientación que Hegel ofrece con respecto a la queja que a menudo se levanta contra los libros de filosofía de que son tan densos y abstractos que cuando el lector llega al final de una frase o párrafo no está seguro de lo que parecían tratar hace un momento y tiene que volver sobre ellos de nuevo, incluso muchas veces quizás.11 Como dice Hegel: «Aprendemos por experiencia que [como lectores serios] queríamos decir algo distinto de lo que queríamos decir; esta corrección de nuestro significado obliga a nuestro saber a volver sobre la proposición y entenderla de alguna otra manera».12 Lo que Hegel quiere decir con esta descripción de lo que estoy seguro que es una experiencia de lectura familiar es que las sentencias filosóficas se autodefinen, o mejor dicho, se autoredefinen. No es porque estén mal escritas por lo que tenemos que volver sobre ellas. Al contrario, es porque nuestra primera comprensión del tema se ve a menudo completamente cuestionada al final de la frase o del párrafo, y nuestro sentido de su significado puede haber cambiado por completo.

Por lo general, cuando leemos un texto o experimentamos acontecimientos de la vida, prevalece una firme distinción entre sujeto aquí y objeto o atributo allá. En sentido estricto, el sujeto se considera una sustancia que posee diversas propiedades y atributos, por un lado, y que limita e interactúa con cosas que le son externas, por otro. Expresando esto en términos gramaticales podríamos decir que el sujeto se caracteriza o se discute en términos de predicados que especifican cualidades. De un tema o asunto concreto se puede afirmar o describir esto, aquello o lo otro. La proposición especulativa, por el contrario, sublima esta manera ordinaria de cognición leyendo el predicado como un predicado esencial. Lejos de indicar una mera cualidad del sujeto, se considera que el predicado es el sujeto de nuevo, él mismo por segunda vez.

Nuestra frase y su contexto

«¡Sólo soy eso! ¡Sólo soy eso! Limitado en última instancia. Sólo soy eso!» Antes de examinar lo que Jung había querido decir con estas palabras, obsérvese que su frase principal – «¡Sólo soy eso!»– tiene la forma de una frase especulativa. Como los ejemplos de Hegel de tales oraciones, «Dios es el Ser» y «lo real es lo universal14 el sujeto de la frase de esta línea digna de mantra se encuentra una vez más en su predicado. Su «yo», aprendemos, no es «yo» en el sentido directo y presuntamente autoidéntico de «yo = yo» de la lógica formal y la gramática sujeto-atributo. Tampoco es, como podríamos haber supuesto a primera vista, una entidad positivamente existente que tiene esta, aquella u otra cualidad positiva. Más bien, leyendo y releyendo, su significado se revela a sí mismo a través del movimiento lógico del pensamiento que es dentro de su autorrelación como sujeto y predicado esencial. Se trata de una mediación. Reflejado en un predicado que, a pesar de las diferencias aparentes, se identifica expresamente como el mismo que él mismo, el yo sujeto se redefine más rigurosa y concretamente en su concepto. No es un yo que primero existe y luego, humillándose, confiesa que es «sólo eso». Al contrario, sólo existe en primer lugar como resultado de su propio despojamiento, es decir, en virtud de su sólo-eso.

Pero, ¿qué había querido decir Jung con estas palabras? En su propio contexto, en su propia época, antes de que lectores como usted y yo las hayamos hecho nuestras con nuestro subrayado, ¿qué había querido decir cuando habló de que uno es «sólo eso»? En consonancia con el tenor de la obra de su vida en su conjunto, la afirmación de Jung está tomada de una época y hablada en una época en la que la formación religiosa del alma había pasado en gran medida a su forma sucesora, la psicología. Mientras que en una época anterior su tema habría sido la preocupación cristiana por la salvación del alma inmortal de uno, en su propia época, ahora psicológica, tenía que ver con ayudar al individuo de los tiempos modernos que está desprovisto de tal concepción a discernir lo que es esencial en su vida y a vivir en devoción a ello. Como Jung dijo en el párrafo inmediatamente anterior al que contiene su afirmación sobre ser «sólo eso»:

La pregunta decisiva para el hombre es: ¿está relacionado con algo infinito o no? Esa es la pregunta reveladora de su vida. Sólo si sabemos que lo que verdaderamente importa es lo infinito podremos evitar fijar nuestro interés en futilidades, y en todo tipo de metas que no tienen verdadera importancia. … En última instancia, sólo contamos por lo esencial que encarnamos, y si no encarnamos eso, la vida es un desperdicio.14

Jung, por supuesto, se refiere exclusivamente al hombre moderno, no a nuestros antepasados. Sólo en los tiempos modernos los hombres y las mujeres se encuentran ante lo que Jung llama «la cuestión decisiva». En épocas anteriores era totalmente distinto. Como ha dicho Giegerich, al no haber nacido todavía del alma, el hombre religioso había vivido simplemente con las respuestas para empezar.15 Plenamente provisto en lo metafísico, no se enfrentaba por sí mismo a preguntas esenciales, y mucho menos a la llamada «pregunta decisiva» que posteriormente llegó a plantearse al hombre moderno sobre si «¿está relacionado con algo infinito o no?». No tuvo que confesarse, y de hecho no podría haberlo hecho, como «sólo eso». La vocación, el género, los roles familiares, los cargos cívicos y las etapas de la vida simplemente tenían el carácter de infinitud incorporado, incluso cuando le fueron conferidos por una tradición todavía vital y antigua.16 Como alguien que tendría que decidir por sí mismo sobre estas cuestiones, el individuo aún no existía. Y aquí se podría argumentar, en el verdadero espíritu de Jung, que la psicología y su piedra de toque, el hombre como individuo, se constituyeron por la misma despojamiento que las palabras, «¡Sólo soy eso!», confiesan, admiten, reconocen como verdad. Porque, en efecto, es en contra y en contraste con la situación anterior del hombre religioso sabiéndose a sí mismo como ser en el alma, hijo de Dios y poseedor de una esencia inmortal, que uno se encuentra ahora siendo «sólo eso«.

El capítulo de las memorias de Jung del que se ha extraído nuestro pasaje subrayado, «Sobre la vida después de la muerte», es un buen ejemplo. La declaración de Jung, digna de un mantra: «¡Yo sólo soy eso!», sigue a una larga discusión de una colección de sueños y experiencias a partir de los cuales había construido sus propias opiniones personales sobre la vida después de la muerte. Sin embargo, lo que hay que entender es que el tributo que Jung parece rendir a esta preocupación tradicional por el alma es en realidad una desviación de la misma. Nunca antes, en el pasado cristiano, la vida después de la muerte o el más allá había necesitado que se acumularan pruebas en apoyo de la inferencia de que podría ser así. Era simplemente un concepto existente, una fantasía comunitaria vital, una verdad del alma creída por todos en todas partes. Impartidas a través del sacramento del bautismo, la vida eterna y la salvación del alma inmortal tenían significado como verdades de este mundo durante toda la vida y antes de la muerte. La prueba no tenía nada que ver con ello. Sólo después del nacimiento del hombre -es decir, después de que naciéramos de la religión y la metafísica a la modernidad ilustrada- las dudas sobre la veracidad de la vida después de la muerte impulsaron esfuerzos empíricos como los de Jung para apuntalarla contra su evidente desaparición.

La verdad de la época de Jung, por tanto, no era en absoluto la que él, como antiguo ejemplo del hombre moderno en busca de un alma, extraía anacrónicamente de su interior y plasmaba decorosamente en su Libro Rojo y sus memorias. Se trataba más bien, como había anunciado Nietzsche, de que Dios, y junto con él las esperanzas de los fieles de salvación en la eternidad de una vida después de la muerte, había muerto. Y esto, la idea de la muerte de Dios, no necesitaba más pruebas de las que había necesitado el Dios vivo en todas aquellas épocas anteriores en las que los símbolos de la deidad eran una expresión vital del alma comunitaria y de la lógica de la vida realmente vivida. Bastaba con que la idea pudiera formularse, bastaba con que pudiera anunciarse tan abierta y públicamente, sin que la tormenta de herejías cayera sobre la cabeza de su autor.17

La diferencia empirismo/especulación

Dije que el tributo que Jung parece rendir a la vida después de la muerte en su capítulo «Sobre la vida después de la muerte» es en realidad un alejamiento de esa verdad tradicional del alma. En efecto, basta con comparar las experiencias espurias y el material onírico a partir de los cuales improvisó sus opiniones personales sobre la vida después de la muerte con la realidad de peso que este concepto tenía como verdad comunitaria dentro de las doctrinas y sacramentos de la Iglesia para encontrar poco asombro en el hecho de que, rompiendo con su discusión sobre la vida después de la muerte, Jung pase a declarar en las últimas páginas de su capítulo: «¡Yo sólo soy eso!». En este caso, el déficit se debe a que Jung adopta un enfoque empírico de lo que tradicionalmente había sido una verdad especulativa. Aunque reconoce de buen grado que el tema de la vida después de la muerte está fuera del alcance de las ciencias empíricas, hace una apasionada defensa del beneficio que supone para la vida que cada individuo establezca para sí mismo una concepción empíricamente fundamentada de la vida en el más allá basada en «indicios que nos envía el inconsciente».18 Los individuos que son capaces de formular tales puntos de vista, afirma Jung, tienden a encontrar consuelo con ello. «Viven más sensatamente, se sienten mejor y están más en paz».19 Pero aquí debemos objetar: ¿de qué le sirve a un hombre ganar toda clase de seguridades psíquicas y perder el alma de lo real? Jung, sin duda, tiene razón en su opinión de que muchos individuos están más en paz cuando prevén que sus vidas continuarán de algún modo después de la muerte. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, no importa si la vida después de la muerte, o Dios en realidad, existe o no. Lo que importa, más bien, es lo que tales figuras muestran con respecto a la conciencia y dicen con respecto al alma durante las diversas épocas históricas.

Sobre ser «sólo eso»

Una vez establecido el contexto de la línea de Jung que he subrayado en su autobiografía, podemos entregarnos ahora a la tarea más meditativa de leerla especulativamente. A primera vista, de hecho durante casi toda la primera lectura, el capítulo de Jung «Sobre la vida después de la muerte» parece completamente sencillo. En consonancia con su intención de presentar experiencias que apuntan a la posibilidad de una vida en el más allá, sus frases tienen la forma de simples afirmaciones. Nunca nos queda ninguna duda sobre su tema. Sólo hacia el final del capítulo, sólo con los párrafos que culminan en nuestra afirmación «¡Sólo soy eso!», nos damos cuenta de que tal vez necesitemos «volver a la proposición» de todo el capítulo «y entenderla de otra manera».20

Los párrafos que tengo en mente aparecen en las últimas páginas del capítulo. Después de haber compartido sus puntos de vista sobre la vida después de la muerte en las veinticinco páginas anteriores, Jung termina reflexionando anímicamente sobre esta vida. En comparación con la comodidad que se supone que fomentan las ideas que uno va desarrollando sobre la vida después de la muerte, estas reflexiones finales son más serias y psicológicamente rigurosas. Ya no tienen que ver con el ego y su compra del otro mundo, sino con lo que Jung, limitándose a este mundo y a esta vida, llama diminutivamente el único-eso-que-es-el-ser-uno-mismo. Todo un descenso desde el tema «paranormalmente» misterioso en que se ha convertido la vida después de la muerte en nuestros tiempos. Es como si, después de contar lo que él llama sus historias de fantasmas junto al fuego,21 Jung hubiera tenido que darse cuenta de que la kenôsis que caracteriza la autoexperiencia de la modernidad ya no puede evitarse.

Más arriba he citado la línea con la que comienza este giro especulativo, aquella en la que Jung afirma: «La pregunta decisiva para el hombre es: ¿Está relacionado con algo infinito o no?». Más adelante, prosigue: «En última instancia, sólo contamos por lo esencial que encarnamos, y si no encarnamos eso, la vida es un desperdicio.» Y luego, en el párrafo siguiente, llegamos al clímax especulativo de todo el capítulo: El sentimiento de lo infinito, sin embargo, sólo puede alcanzarse si estamos limitados al máximo. La mayor limitación para el hombre es el «yo»; se manifiesta en la experiencia: «¡Sólo soy eso!».22

Fíjate en lo que ha ocurrido aquí. En estas penúltimas frases del capítulo de Jung, lo infinito y lo finito se encuentran como la esencia misma de la autoexperiencia de este mundo. Ya no están distribuidos entre la conciencia y el inconsciente, esta vida y la siguiente, en una relación secuencial, externa, uno al lado del otro, o uno después del otro. Por el contrario, después de que Jung abandonara su antiguo intento de apuntalar las concepciones religiosas tradicionales de la vida después de la muerte con indicios empíricos extraídos de sus experiencias psíquicas, la relación entre lo infinito y lo finito puede reconocerse ahora como una relación dialéctica de este mundo. También podemos decir que se reconocen como una parte y una parcela la una de la otra, incluso cuando el yo como órgano de la verdad y alma de lo real se aviva y se produce al estar «limitado al máximo». Yo no soy más que eso.

La psicología como el más allá de sus temas y materias

Jung sabe, por supuesto, como dijo en otro contexto, que «el cielo y el infierno son destinos impuestos al alma y no al hombre civil [es decir, al ego], que en su desnudez y torpeza no tendría ni idea de qué hacer consigo mismo en una Jerusalén celestial».23 Sabe, como dijo el poeta Wallace Stevens, que «el cielo y el infierno/son uno, y aquí, oh terra infidel«.24 Tal vez por eso, en las últimas páginas de su capítulo, rompe con su discusión ego-consoladora sobre la vida después de la muerte, porque incluso aquí, en sus memorias personales, el verdadero psicólogo estaba trabajando en él después de todo. O tal vez, pensándolo bien, no sea Jung como autor de este texto a quien haya que reconocer el mérito en esta ocasión, sino a nosotros como autores de nuestro propio subrayado. Porque habiendo subrayado, como muchos de nosotros, la frase de Jung «¡Yo sólo soy eso!», somos nosotros quienes debemos demostrar que merecemos esa designación, aunque sólo sea volviendo sobre el capítulo del que hemos estado citando y entendiéndolo de alguna otra manera.

He dicho que el carácter especulativo o anímico de una exposición sólo se hace evidente en lecturas posteriores. En consonancia con esto, puede observarse ahora que al comienzo mismo de su capítulo «Sobre la vida después de la muerte», en una afirmación que probablemente no hayamos tenido plenamente en cuenta hasta una segunda o tercera lectura, Jung declara que la totalidad de sus obras de psicología «no son fundamentalmente más que intentos, siempre renovados, de dar una respuesta a la cuestión de la interacción entre el ‘aquí’ y el ‘más allá'».25 ¿Pero cómo puede ser esto? Tipología, esquizofrenia, cristianismo, alquimia, cuentos de hadas, mitos, sincronicidad, ovnis: la lista de temas y asuntos de Jung es variada y diversa. ¿Qué pensar entonces de su afirmación de que las imágenes y pensamientos que le han sacudido con respecto a la vida después de la muerte subyacen en todas estas obras?

Volviendo especulativamente a los últimos párrafos del capítulo para considerar de nuevo de qué se trataba en primer lugar, baste decir que la afirmación inicial de Jung de que sus trabajos en psicología no son más que «intentos… de dar una respuesta a la cuestión de la interacción entre el ‘aquí’ y el ‘más allá'» sólo tiene posibilidades de ser cierta si lo que luego dice sobre la vida después de la muerte no es más sobre el más allá en sentido literal de lo que lo que había dicho sobre la alquimia había sido sobre la alquimia en sentido literal.26

Interiorizar la diferencia «aquí» y «más allá» en sí misma

Antes hemos oído decir a Hegel que una y otra vez, en el curso de nuestra lectura, nos vemos obligados a volver sobre una proposición o un texto hasta que se nos revela una comprensión muy diferente de lo que se trataba en primer lugar. Explicando esto con más detalle en un pasaje relacionado, escribe que «El pensamiento… pierde la firme base objetiva que tenía en el sujeto cuando, en el predicado, es arrojado de nuevo al sujeto, y cuando, en el predicado, no vuelve a sí mismo, sino al sujeto del contenido».27 Lo mismo ocurre con la psicología. También la psicología pierde la firme base objetiva que parecía tener como ciencia empíricamente determinada de la psique cuando, en el espíritu de ser «sólo eso», se ve especulativamente arrojada de nuevo sobre sí misma por el carácter ya psicológico de los temas y materias que al principio se había planteado inconscientemente como tales. ¿De qué otra forma podría ser? Como dice Jung, reiterando su idea de que la psicología carece de un punto de vista arquimédico, «mientras que en todos los demás departamentos de la ciencia natural un proceso físico es observado por un proceso psíquico, en la psicología la psique se observa a sí misma, directamente en el sujeto, indirectamente en el prójimo».28 es decir, en otros campos.

Ahora, con estas reflexiones, queda al descubierto la contradicción del texto de Jung. Recayendo en un estilo de pensamiento sustancialista, Jung designa la vida después de la muerte y la relación entre el «aquí» y el «más allá» como los opuestos de los que se ocupa. Adoptando un enfoque casi empírico de estos temas, la mayor parte de su capítulo tiene que ver con la edificación del individuo con creencias anímicas construidas sobre la base de sueños y otras experiencias psíquicas que pueden sugerir la continuación de la existencia personal en un más allá real. Pero aunque su exposición trata de esto, tampoco trata de esto en absoluto. Desde el principio, como ya se ha dicho, «la interacción entre el ‘aquí’ y el ‘más allá'» se describe como el tema esencial de sus numerosos escritos, independientemente del tema. Tomada al pie de la letra, la implicación de esta afirmación es que la psicología es el más allá de sus temas y materias, incluso cuando, «sublimada desde el principio,»29 sólo a través de la percepción de que han salido del «aquí» de su positividad como temas de su propia ciencia o de alguna otra, que es lo que quita el alma y constituye la psicología, pueden ser comprendidos en términos del «más allá» o de la infinitud interior de lo que su ser-para-la-conciencia dice sobre el alma.30

Volver a mi mantra

«¡Sólo soy eso! ¡Sólo soy eso! Limitado en última instancia. Sólo soy eso». Mi regreso a estas palabras dignas de mantra sigue a una serie de digresiones. Pero se puede argumentar que ésta es una característica familiar de la meditación en general. En el transcurso de cualquier sesión, la atención del practicante tiende a desviarse. Los sonidos distraen, las fantasías se apoderan, los pensamientos surgen. Durante segundos, e incluso durante mucho más tiempo, el canto puede cesar. Esto, sin embargo, no indica un fracaso en la meditación. Al contrario, es un momento inherente a su dialéctica. Porque así como la meditación implica la elaboración de los contenidos de la mente (a través de la cesión a los pensamientos y fantasías), también y en la misma medida está comprendida por su retorno negativo a sí misma como la forma o resultado de la sublimación del contenido de todo lo que ha elaborado. Y así es como, al darse cuenta de que está pensando en otras cosas, el meditador simplemente vuelve a la disciplina de su mantra una vez más como interioridad de lo que, desde una perspectiva más externa, simplemente es o ha sido.

Ahora, por supuesto, nuestro compromiso meditativo en estas páginas está concebido de forma muy diferente a la práctica real de cantar un mantra. Como dije al principio, nuestra preocupación no es interiorizar el sonido y el sentido de un mantra en nuestro interior, sino interiorizarlo especulativamente en sí mismo. Pero dicho esto, la analogía que acabo de establecer con las digresiones e iteraciones que componen la dialéctica de la meditación real sigue siendo pertinente en nuestro contexto. El hecho de que en estas reflexiones hayamos tenido que hacer repetidas digresiones para hablar de la frase de Jung (incluso cuando el giro especulativo que contiene nos ha impulsado a volver a ella una vez más), es indicativo del hecho de que en la psicología de Jung hay mucho que trabajar.

Lo que quiero decir aquí es que la psicología de Jung es una psicología en gran medida de contenidos. Jung, por ejemplo, escribe sobre el contenido de la neurosis, el contenido de la psicosis, y sobre las relaciones entre el yo y el inconsciente como opuestos concebidos positivamente, como entidades. Asimismo, en sus escritos, el yo no tiene carácter propio, sino que se habla de él como si tuviera el carácter de un objeto venerado (y a veces vilipendiado). Lo mismo ocurre con las verdades especulativas sobre las que escribió (el arquetipo de la madre, el renacimiento, etc.). Pretendiendo abordarlas empíricamente (cuando un enfoque especulativo se habría adaptado mejor tanto a ellas como a su visión de la falta de perspectiva arquimédica de la psicología), las estudió a la manera de un naturalista, es decir, como arquetipos frente a la conciencia, lo que equivale también a decir, como contenidos del inconsciente colectivo. Y eso por no hablar de la importancia que atribuía a que nos entregáramos a ese bochorno de riquezas que es la vida simbólica. Los junguianos posteriores, irritados por la búsqueda del mito y el símbolo, se han entregado a todo tipo de disparates en pos de su mito personal. Búsqueda de héroes, iniciaciones chamánicas, dioses y diosas en cada hombre y mujer: no es de extrañar que ya en 1966 Philip Rieff describiera la psicología junguiana como una «especie de religión para diletantes espirituales, que coleccionan símbolos y significados como otros coleccionan cuadros».31

Surge la pregunta. ¿Cómo puede el sujeto junguiano pronunciar las palabras «¡Sólo soy eso! Aunque Jung, sin duda, también habló en ocasiones de la necesidad de «confesar con firmeza nuestra pobreza espiritual».32 su psicología del inconsciente colectivo parece habernos hecho multimillonarios a todos. Y sin embargo, estas palabras se pronuncian. Abandonando su antiguo esfuerzo por crear una vida después de la muerte para el hombre moderno (¡y me estremezco al pensar en la tumba de faraón que sería, dado el concepto de Jung del inconsciente colectivo!), se sumerge humildemente en su finitud en esta vida, enfrentándose a sí mismo y a su lector con la mencionada «cuestión decisiva» de si, en y a través de su finitud, está relacionado con el infinito, no después de la muerte, sino en esta vida.

Reflexiones finales

Se ha dicho que todos los escritos de un verdadero pensador no son sino el desarrollo en profundidad de un pensamiento. ¿Podría decirse lo mismo del lector, bolígrafo en mano, que se siente impulsado a subrayar tal o cual frase en el curso de una vida de lectura? Nuestros trazos como lectores, ¿son igualmente el desentrañamiento del pensamiento único que encontramos en aquellos autores que nos han reclamado como por nuestro propio otro que acelera el alma? Baste decir que, en tal caso, el subrayado se puede caracterizar, como lo he hecho aquí, como una práctica de yoga o meditación.

Pero ahora llego al final de mis reflexiones. Haciendo un poco de digresión (para volver por última vez a esa línea especulativa que reivindiqué como mi mantra), quiero terminar con tres pasajes más de la obra de mis subrayados, uno de Yeats y dos últimos de Jung.

Al final de su carrera como poeta, Yeats experimentó una sequía de inspiración. Durante seis semanas, busca en vano un tema poético digno. Finalmente, sin embargo, describiéndose a sí mismo como «un hombre roto», el poeta se da cuenta de que no hay nada para ello, sino que debe contentarse con su propio corazón. Y así, con éste como tema, «enumera viejos temas», los triunfos poéticos de su pasado. A éstos los caracteriza como sus «animales de circo», incluso es a partir de esta imagen que da título a su poema, «El abandono de los animales de circo». Menciono ahora todo esto para citar los versos de la última estrofa, pues éstos, según creo, pueden marcarse con un trazo de bolígrafo que es continuo con el trazo de bolígrafo que hace tiempo dibujé bajo la frase de Jung: «¡Yo sólo soy eso!».

Esas imágenes magistrales porque completa
Crecieron en la mente pura, pero ¿de lo qué empezó?
Montón de desechos o barreduras de una calle,
Viejas teteras, viejas botellas y una lata rota,
Hierro viejo, huesos viejos, trapos viejos, esa zorra delirante
Que guarda la caja. Ahora que mi escalera se ha ido,
Debo acostarme donde empiezan todas las escaleras
En la asquerosa tienda de trapos y huesos del corazón.33

Son especialmente esas últimas líneas las que quiero subrayar aquí, las que afirman:

Ahora que mi escalera se ha ido,
Debo acostarme donde empiezan todas las escaleras
En la asquerosa tienda de trapos y huesos del corazón.

Pasando del yo-soy-sólo-eso de las líneas finales de este poema a mis viñetas sobre Jung, la primera de ellas está extraída del relato de Jane Pratt sobre un seminario que Jung impartió en Nueva York en octubre de 1937. Según la señora Pratt, la última de las presentaciones de Jung, una conferencia titulada «El concepto del inconsciente colectivo», fue en gran medida un fiasco debido a numerosas dificultades técnicas que interfirieron en el propósito didáctico de Jung. Aunque asistieron «los más destacados partidarios y detractores neoyorquinos de Jung… la ocasión», como explica la señora Pratt, «no fue propicia»:

La conferencia… requería diapositivas, muchas, y un entusiasta seguidor se había ofrecido voluntario para proyectarlas, pero o bien las habilidades de este hombre eran insuficientes, o bien las diapositivas estaban poseídas. Se proyectaban al revés o invertidas, y se caían al suelo cuando él intentaba enderezarlas. Si Jung quería volver a ver una, avanzaban; si le decía que siguiera, retrocedían. Así que Jung permanecía de pie, puntero en mano, en una plataforma elevada ante su enorme audiencia, esperando a que aparecieran las imágenes correctas o apresurándose a comentarlas inteligentemente antes de que pasaran. Mientras tanto, sus seguidores sufrían. Reaccionando al principio con gran consideración ante la torpeza de su asistente, sus comentarios se hicieron más agudos por los matices -ya que los sentimientos negativos se apagan- y el sufrimiento de sus adeptos aumentó. Sin embargo, la desafortunada conferencia terminó sin que se destruyera nada básicamente humano, ni siquiera la relación de Jung con el asistente, quien admitió la justicia de cierta irritación. Sólo el embrollo y todas las interrupciones habían destruido por completo la continuidad del importante argumento de Jung. Más tarde se contó que le había dicho a alguien: «He sido analizado esta noche, como nunca antes«.34

A propósito de la estrofa que he citado de Yeats, esta afirmación de Jung también tiene carácter de «¡Yo sólo soy eso! Creo que esto resulta aún más convincente cuando examinamos la transcripción de la charla improvisada que Jung dio en la cena de gala que se celebró esa misma noche y que marcó el final de su visita. Publicada bajo el título «¿Es la psicología analítica una religión?», Jung analizó en esta charla cómo la psicología, aunque no es en sí misma una religión, ha surgido en la estela de la religión que la precedió. En nuestro contexto, son especialmente dignos de mención sus comentarios sobre Jesús al final de su charla:

Y recuerdan ese extraño incidente, la entrada triunfal en Jerusalén. El fracaso total llegó en la Crucifixión con las trágicas palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Si se quiere comprender toda la tragedia de esas palabras hay que darse cuenta de lo que significaban: Cristo vio que toda su vida, consagrada a la verdad según su mejor convicción, había sido una terrible ilusión. La había vivido a fondo con absoluta sinceridad, había hecho su experimento honesto, pero no dejaba de ser una compensación. En la Cruz, su misión le abandonó. Pero como había vivido tan plena y devotamente, ganó el cuerpo de la Resurrección.35

Al leer estas palabras, una mente retentiva recordará la ocurrencia que Jung había hecho a raíz de su entrada triunfal en Nueva York tras haberse ido de rositas esa misma noche: «Me han analizado esta noche, como nunca antes«. Pero permítanme citar algo más de esta charla, para que también pueda apreciarse el carácter de «¡Yo sólo soy eso!» de las siguientes frases de Jung:

Debemos hacer exactamente lo que hizo Cristo. Debemos hacer nuestro experimento. Debemos cometer errores. Debemos vivir nuestra visión de la vida. Y habrá errores. Si evitas el error no vives; en cierto sentido puede decirse que toda vida es un error, porque nadie ha encontrado la verdad. Dios se hace hombre. Esto suena como una terrible blasfemia, pero no es así. Porque sólo entonces podemos comprender a Cristo como él querría ser comprendido, como un semejante; sólo entonces Dios se hace hombre en nosotros.36

Ahora, mi subrayado final. Se trata de un comentario que Jung hizo después de que le recordaran una carta que había escrito a Freud unos cincuenta años antes. En esa carta anterior, Jung había escrito con mucho entusiasmo sobre la perspectiva, tal como él la veía entonces, de que el psicoanálisis pudiera reavivar entre los intelectuales el sentimiento por el símbolo y el mito, transformando suavemente a Cristo de nuevo en el dios adivino de la vid, que era, y de esta manera absorber esas fuerzas instintivas extáticas del cristianismo con el único propósito de hacer del culto y el mito sagrado lo que una vez fueron: una fiesta ebria de alegría donde el hombre recuperó el ethos y la santidad de un animal.37

Una afirmación notable. Jung continuó:

Esa era la belleza y el propósito de la religión clásica, que por Dios sabe qué necesidades biológicas temporales se ha convertido en un Instituto de la Miseria. Sin embargo, ¡qué infinito arrebato y desenfreno yacen latentes en nuestra religión, esperando ser conducidos de nuevo a su verdadero destino! Un auténtico y propio desarrollo ético no puede abandonar el cristianismo, sino que debe crecer dentro de él, debe hacer fructificar el himno de amor, la agonía y el éxtasis por el dios moribundo y resurgente… -sólo este desarrollo ético puede servir a las fuerzas vitales de la religión.38

Pero lo que nos interesa no es tanto esta afirmación en sí como la diferencia que puede suponer medio siglo. Aunque hay mucho en los escritos posteriores de Jung que sugiere que realmente siguió este programa extático (estoy pensando especialmente en su autodenominación como terapeuta del cristianismo), cuando se le mostró esta carta unos cincuenta años más tarde respondió con considerable disgusto.

Muchas gracias por la cita de esa correspondencia maldita. Para mí es un recuerdo desgraciadamente inexpungable de la increíble locura que llenó los días de mi juventud. El viaje desde el país de las nubes a la realidad duró mucho tiempo. En mi caso, el Progreso del Peregrino consistió en tener que bajar mil escaleras hasta poder tender la mano al pequeño terrón de tierra que soy.39

«¡Sólo soy eso! ¡Sólo soy eso! Limitado en última instancia. Sólo soy eso». Tras reflexionar sobre la afirmación de Jung de ser «analizado esta noche, si nunca antes», su imagen de tender la mano al «pequeño terrón de tierra que soy» y los versos de Yeats sobre «la asquerosa tienda de trapos y huesos del corazón», volvamos de nuevo a este mantra en cuanto a la redefinición del propio sujeto junguiano.


Notas

  1. Jung, MDR, 325.

2. En una entrevista realizada por Jeffrey Mishlove, “Understanding Mythology with Joseph Campbell,” Campbell Recuerda haber dado esta respuesta a Allan Watts. http://archive.is/tPTd, downloaded September 14, 2016.

3. Mesa redonda sobre el tema de “The Immortals” en el Festival de Archetypal Psychology, University of Notre Dame, South Bend, Indiana, July 12, 1992.

4. Jung, CW 8, § 421, 429; Jung, CW 9i, § 384; Jung, CW 16, § 254; Jung, CW 17, § 161, 162, 163.

5. Con respecto a esta afirmación, ver Wolfgang Giegerich, “Introduction,” en The Neurosis of Psychology (Collected English Papers, Vol. I) (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2005), 1–17.

6. Wolfgang Giegerich, “Love the Questions Themselves,” in R. & J. Henderson, editors, “Enterviews” with Jungian Analysts, Vol. 3 (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2010), 279.

7. Mi trabajo, “Entering the Speculative Mind,” presentado en el Summer workshop of The International Society for Psychology as the Discipline of Interiority, Chestnut Conference Centre, Toronto, Canada, July 20, 2013.

8. Cf. Wolfgang Giegerich*, The Soul’s Logical Life: Towards a Rigorous Notion of Psychology* (Frankfurt am Main; New York: Peter Lang, 1998), 45–50.

9. Jung, CW 16, § 534.

10. Wolfgang Giegerich, David L. Miller and Greg Mogenson, Dialectics and Analytical Psychology: The El Capitan Canyon Seminar (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2005), 26.

11. G.W.F. Hegel, Phenomenology of Spirit, A.V. Miller, trans. (Oxford: Oxford University Press, 1977), § 63.

12. Hegel, Phenomenology of Spirit, § 63, p. 39.

13. Hegel, Phenomenology of Spirit, § 62.

14. Jung, MDR, 325.

15. Wolfgang Giegerich, “The End of Meaning and the Birth of Man: An essay about the state reached in the history of consciousness and an analysis of C. G. Jung’s psychology project,” in The Soul Always Thinks (Collected English Papers, Vol. IV) (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2010), 216–217.

16. Wolfgang Giegerich, What Is Soul? (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2012), 299; also his Neurosis: The Logic of a Metaphysical Illness (New Orleans, LA: Spring Journal, Inc., 2013), 83–101.

17. De acuerdo con este punto de vista, Jung escribe: «Cuando Nietzsche dijo ‘Dios está muerto’, pronunció una verdad que es válida para la mayor parte de Europa. La gente está influenciada por ello no porque él lo haya dicho, sino porque es un hecho psicológico generalizado… [Su declaración] tiene, para algunos oídos, el mismo sonido espeluznante que el antiguo grito que resonó sobre el mar para marcar el final de los dioses de la naturaleza: «El Gran Pan está muerto».” C. G. Jung, Psychology and Religion: West and East (The Collected Works, Vol. 11), ed. Sir Herbert Read and Gerhard Adler, trans. R.F.C. Hull, 2nd edn (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1975), § 145.

18. Jung, MDR, 301.

19. Jung, MDR, 301.

20. Hegel, Phenomenology of Spirit, § 63.

21. Jung, MDR, 300.

22. Jung, MDR, 325.

23. Jung, CW 9ii, § 56, in Giegerich’s modified translation.

24. Wallace Stevens, The Palm at the End of the Mind, ed. Holly Stevens (New York, NY: Vintage Books, 1972), 253–254.

25. Jung, MDR, 299.

26. Además de mi tesis sobre «la psicología como vida después de la muerte de sus temas y temas», vea la sección 1.10 of Giegerich’s What Is Soul? Aquí (ver especialmente las páginas 76-77) se señala que, si bien todos los diversos campos de estudio (por ejemplo, las humanidades, la historia intelectual, la lingüística, los estudios religiosos, etc.) reflejan el alma y, en esta medida, juntos proporcionan, aunque solo sea implícitamente, una psicología conmovedora, todavía se necesita una disciplina real de la psicología para estudiar lo que estos diversos campos, como expresiones fenomenales del alma, tienen que mostrar o decir sobre el alma.

27. Hegel, Phenomenology of Spirit, § 62.

28. Jung, CW 17, 161.

29. Para una discusión de la sublatación fundamental de la psicología, consulte Giegerich, Soul’s Logical Life, 124; 191–201.

30. Pertinente a estas reflexiones es una declaración que Jung hizo sobre la perspectiva de la muerte que está mediada por el Tibetan Book of the Dead:

Es muy sensato que el Bardo Thödol deje claro al hombre muerto la primacía de la psique, porque eso es lo único que la vida no nos deja claro. Estamos tan atascados por las cosas que empujan y oprimen que nunca tenemos la oportunidad, en medio de todas estas cosas «dadas», de preguntarnos por quién son «dadas». … Se necesita una gran inversión del punto de vista, que requere mucho sacrificio, antes de que podamos ver el mundo como «dado» por la propia naturaleza de la psique. Es mucho más directo, más dramático, impresionante y, por lo tanto, más convincente, ver todas las cosas que me pasan que observar cómo las hago realidad.

(CW 11, § 841)

Para obtener más información sobre la psicología y su perspectiva de la muerte, consulte James Hillman, The Dream and the Underworld (New York, NY: Harper & Row, 1979). Also, Giegerich*, Soul’s Logical Life*, 22–24, 192.

31. Philip Rieff, The Triumph of the Therapeutic: Uses of Faith after Freud (New York, NY: Harper & Row, 1966), 139.

32. Jung, CW 9ii, § 28.

33. W.B. Yeats, Selected Poetry (London, UK: Pan Books, Ltd, 1976), 202.

34. William McGuire, ed., C. G. Jung Speaking: Interviews and Encounters (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1977), 94–95 (Cursiva mía). Quiero dar las gracias a Tom Kapacinskas por hacerme consciente de este texto en el Seminario East Aurora de 1998 y por su discusión de él como un reflejo de la propia desilusión de Jung con respecto a su hipótesis sobre el inconsciente colectivo.

35. McGuire, ed., C. G. Jung Speaking: Interviews and Encounters, 97–98.

36. McGuire, ed., C. G. Jung Speaking: Interviews and Encounters, 98.

37. William McGuire, ed., The Freud/Jung Letters: The Correspondence between Sigmund Freud and C. G. Jung, trans. R. Manheim and R.F.C. Hull (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1974), 294.

38. McGuire, ed., Freud/Jung Letters, 294.

39. C.G. Jung, Letters 1: 1906–1950 (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1973), 19 (Nota 8 cerca de la parte superior de la página). Para una discusión perspicaz en la que la imagen de Jung de agacharse a sí mismo como un terro de tierra se interioriza en sí misma a la luz de su contradicción inherente, véase Giegerich, «El fin del significado y el nacimiento del hombre», 235-236. También hay un enlace hecho aquí por Giegerich con el «¡Solo soy eso!» de Jung