La enseñanza inconsciente (2)

Educación posmoderna

No es un secreto que la escuela, y la educación como su praxis, es un dispositivo, un instrumento de reproducción de las relaciones de poder en la sociedad. No importa el currículo abierto, incluso las ideas de izquierda son transmitidas a partir de un aparato que reproduce sistemas de pensamiento que desde sí mismas podrían llamarse colonialistas. Esto es evidente cuando se nota la premisa de que en la forma actual de la escuela siempre hay un sujeto del saber que dicta aquello que se debe de aprender y cómo se debe hacerlo. Aún en sistemas educativos que ofrecen libertad y creatividad al estudiante, éste se encuentra a las expensas de la teoría pedagógica en turno, que decide por él lo que es mejor para su aprendizaje.

Esta lógica se repite en el aula, donde el profesor trata de convencer al estudiante que hay ciertos saberes que debe aprender a manera de verdades absolutas. Todo ello en contra de uno de los significados etimológicos de la palabra “educación” que implica elucidar lo que en el sujeto yace en potencia, no implantarlo desde fuera.

La educación no permite el desarrollo de la individualidad sino que la cubre por completo con un conjunto de prejuicios a los que llama conocimientos. Vista así, la educación es una labor neurótica.