Diálogo sobre la totalidad y sus partes

Cotidianidad

Hombre 1: “El todo no es igual a la suma de sus partes”

Porque al interactuar, cada parte desarrolla nuevas propiedades que se manifiestan, por fin, en el todo. Por tanto, en el todo se emergen características que las partes por sí solas no podrían generar.

Hombre 2: “El todo es diferente a la suma de sus partes, pero no más complejo”

Y es que al relacionarse las partes, algunas de sus funciones son cesadas en beneficio de la totalidad. Dicha represión funciona a favor de la mejor coherencia del todo que se suscita. De otro modo tendría que lidiar con demasiadas contradicciones y paradojas. Por ello no se puede asegurar que el todo sea mayor o más complejo que sus partes, únicamente es diferente.

Hombre 3: “El todo y las partes son iguales”

El todo y las partes conviven en las dimensiones espaciales y en la dimensión temporal de nuestro universo. Todo espacio y todo tiempo son infinitamente divisibles. A causa de ello el todo y las partes también son infinitamente divisibles y, bajo esta óptica, lo que es infinito también es igual.

Hombre 4: “El todo y las partes son incognoscibles”

Ya que “todo” y “partes” son meros conceptos, es decir, palabras que pretenden hacer comprensibles una serie de objetos, pero al final no dejan de ser un conjunto de códigos y nunca los objetos que representan. El mundo no es experimentable en sí, sólo perceptible.

Hombre 5: “El todo y las partes no existen”

Un viento frio rondó las habitaciones vacías, y pronto ese viento y esas habitaciones tampoco ya eran.