El padre no es necesario

Cotidianidad

“El padre común, ordinario, no es solo ordinario, sino en su mayor parte es innecesario. […] el padre ordinario juega un papel menor en la familia y en la vida de los niños. Su función natural es la de un articulo de lujo.” 

Adolf Guggenhbuhl-Craig

Existe el consenso de que la figura del padre es primordial para el desarrollo psicosocial del infante y que es un pilar de las estructuras familiares equilibradas, por ello el enunciado de Guggenbuhl-Craig puede parecer estremecedor, ¿dónde queda entonces la estela del padre que introduce al niño en lo social, del padre castrante al que hay que destruir, del padre protector o del padre ogro?

Pero nuestra sociedad, sin embargo, desprecia lo paterno, en la forma de las figuras de autoridad que cada vez son más cuestionadas, de las instituciones que resultan menos verosímiles y de los ejes culturales que han demostrado no haber podido sostener la angustia de un mundo que ya no se siente más confortado por formas metafísicas que le ofrezcan sentido a su existencia.

En el malestar del feminismo, por ejemplo, se erige la forma ideológica de un padre terrible, violador, tiránico, de una figura proyectiva del animus no asumido que se reifica en un desprecio por el hombre como representante simbólico del constructo social llamado patriarcado. Y sin embargo, en el núcleo emocional de tal malestar no hay otra cosa más que el enojo por la ausencia del padre, es decir, por la falta de ejes sociales que ofrezcan cierta seguridad a esas hijas que han de imaginar un animus sombrío con tal de poder tener al menos un rastro de lo paterno. Como si fuera preferible lo destructivo del padre a su ausencia.

La crisis de lo paterno es evidente cuando se observan la incongruencia entre los valores culturales reales y los estipulados por un conjunto de instituciones que ya no gozan de credibilidad: el estado, la escuela, la familia y el matrimonio. Todas estructuras paternantes que dotaban de sentido a la cohesion del sujeto con su comunidad y con los estatutos sociales.

Efectivamente el padre es ya innecesario y si esto es cierto, quiere decir que el esfuerzo de nuestra cultura por encontrar el lugar del padre está fincado en un error, pues el padre ya no tiene una función primordial como quizás sí lo tenía en la época de los mitos y de los padres celestiales. «Dios ha muerto», quizás porque el padre se ha diluido en el sujeto.

Aunque, como dice Guggenbuhl-Craig, algunas veces es mejor tener un objeto de lujo a no tenerlo. Así queda la pregunta abierta sobre el papel del padre en el alma moderna qué tal vez pueda ser entendida con el precepto bíblico “el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán un solo ser”, entonces podría ser que el padre sea innecesario porque ha sufrido un proceso de irrelevantificación en la consciencia, imprescindible para esta conuntio con aquello Otro que también es ella misma.