De la ignorancia

Cotidianidad

De camino a la salida del edificio, el vigilante me alcanza y dice: “ha llegado un libro, es suyo ¿verdad?”, le interpelo que no y me responde: “que raro, pensé que era suyo, es al único al que le llegan libros”, cabe mencionar que en el condominio habitan otras setenta y cinco familias con un perfil profesional alto.

Mientras pensaba en lo curioso de la situación, de que haya tan poco interés por la lectura o en los libros, llego a la ferretería y pido un papel lija muy abrasivo, el dependiente se me queda viendo y me increpa un: “no entiendo”, la duda me obliga a regresar de mis pensamientos y le contesto: “que raspe bien”, una luz se trasluce en los ojos del joven frente a mi y vuelve de inmediato con lo pedido.

Después de hacer las compras, llego a casa y mi mujer me dice con tono de reproche: “no es la sopa que te pedí, acuérdate que ésta no nos gusta”, entonces me doy cuenta de que cada quien carga con su ignorancia a cuestas, no leer, no conocer una palabra o no saber la marca de la sopa, todo delata nuestra pobreza implícita.

Historia de Vida (1)

Cotidianidad

En una ocasión, muchos años atrás, mientras compraba libros en una conocida librería de la ciudad de México, encontré el tomo más reciente de “Nueva memoria del tigre” de Eduardo Lizalde, uno de los libros que más aprecio. Contento por la compra, antes de salir, advertí que en una mesa de la librería, acompañado de otras personas, tomaba café, me parece, el mismísimo Eduardo Lizalde. Sorprendido por la ocasión, tuve la idea de pedir que me autografiara el libro. Sin embargo, soy un hombre tímido así que desistí, y me fui de ahí decepcionado. Mucho tiempo después cuando vuelvo a tomar ese libro para releerlo, me doy cuenta de que si me hubiera sobrepuesto al miedo, y hubiera creído en mí, tendría un hermoso libro rayoneado por un completo extraño. Y esa es la historia, ahora ya no voy a librerías pues en amazon los libros son más baratos y el envío es gratis con mi suscripción.