En la cosmogonía órfica, Ananke y Cronos, unidos en el abrazo primigenio, en la unidad antes de la unidad y su diferencia, rompen el huevo del que nacerá el cosmos, pero a su vez la rotura es causada por el protogono. En la teogonía, Hesiodo sitúa en el papel de quebrantador a Eros, la luz que emerge del caos y que representa al impulso creativo por el cual el universo será formado. De tal manera que el niño, como también alude Jung, es una representación de un nuevo estadio que se gesta en la negación de la antigua forma. Es en la contradicción de lo ya establecido que nace aquello que destroza lo antiguo; no es un agente externo, es la realidad naciente de un nuevo momento en el fenómeno y que se representa numerosas veces como el nacimiento de un niño. También por eso el final del mismo proceso tiene al niño como símbolo, pues el fin es principio y el principio fin (hysteron-proteron); de esta rotura consigo mismo surge la imagen del puer, pero el puer es la rotura en sí.
