La demanda de honestidad y transparencia en la pareja

Logos del alma

En las relaciones de pareja aparece de forma constante la demanda por la honestidad, uno o ambos miembros acusan al otro de no ser abierto, de ocultar cosas, de ser emocionalmente infieles, pretenden así que su pareja sea totalmente transparente a su vista, que no haya secretos en su trato cotidiano. Sin embargo, se puede entender que esta solicitud no solo ocurre como una petición de los individuos, sino que, de igual modo, es una búsqueda cultural condenada, por supuesto, al fracaso. Byung-Chul Han dice: “Las cosas se hacen transparentes cuando abandonan cualquier negatividad […]. Las acciones se tornan transparentes cuando se hacen operacionales […]”, por lo tanto, se puede asumir que la solicitud de la honestidad radical en realidad tiene que ver con un deseo implícito de dominio completo del otro, que no solo es el prójimo sino la misma alteridad como concepto, aquello Otro que a su vez es el propio alter-ego.

El psicoterapeuta sabe que el grado de honestidad que se idealiza es irrealizable, nadie puede acceder a tal magnitud de apertura ante sí mismo, pues existen un conjunto de mentes autónomas que se contraponen a la visión de la realidad unificada del paciente. El síntoma, por ejemplo, está estructurado como un lenguaje (en este sentido es un mito), él mismo habla y piensa de forma narrativa sobre un deseo particular, tiene un telos propio y dicha finalidad no siempre es igual a la que la persona desearía ya que la expresión patológica prefiere sendas ajenas a la normalidad. La soberanía del síntoma es un residuo de aquella antigua experiencia maniaca donde un dios se imponía sobre el albedrío de las personas y actuaba a través de ellas; en la actualidad el carácter inescrutable de lo divino aun mora como la interioridad lógica de todo proceso experimentado.

Por lo tanto, hay múltiples discursos en el individuo, quien es nombrado así solo a modo de un eufemismo, que lo protege de la multiplicidad que verdaderamente es, pues su nombre real es Legión. Por eso la continuidad en la terapia es una ilusión, el terapeuta debe preguntarse en cada sesión: “¿quién acude hoy a este encuentro?” y entonces construir lentamente un altar para recibir a ese huésped casi siempre indeseado. A su vez, el miedo, en el contexto del consultorio, por que el paciente pueda mentir tiene que ver con aquel ya mencionado en el caso de la pareja, ahí se trasluce la petición inconsciente de ejercer poder sobre el cliente e imponer la voluntad propia (que nunca es realmente propia), en forma del diagnostico o de la interpretación sobre el Otro.

No obstante, la mentira tiene muchas funciones, una de ellas es la emancipación del sujeto, su consolidación como alguien separado de un medio determinado. El niño que miente a sus padres, lo hace para crear un lugar donde resguardarse de la omnisciencia de ellos, es así como se crea el secreto, por medio de una distancia infranqueable, pues el infante no es otra cosa sino una traición constante, que en pos de ser él mismo tiene que llevar a cabo de manera intermitente el cruel acto de la felonia. Esa separación, que ocurre como una herida narcisista, es el proceso necesario para poder ser uno mismo, que Jung llamó La individuación.

Por todo esto, se comprende que la honestidad y la mentira siempre van juntas y que no es posible saber donde empieza una y comienza otra, pero la empresa moderna por querer ser totalmente transparentes desvía la negatividad del fenómeno hacia las personas circundantes y es entonces que los otros tienen que encarnar el secreto, las oscuras vías de la voluntad del Otro, de aquello que los psicoanalistas denominarón como lo inconsciente.

Los miembros de la pareja se esfuerzan por someter aquello que no comprenden, quieren operatividad completa, un domino inmarcesible que los acerque al objeto del gozo que nadie jamas alcanzará; así surge, debido al énfasis unilateral en la transparencia, la fantasía del rompimiento, de la separación. Se alza entonces la búsqueda por la autodeterminación, o la lucha contra el dragón, pues el control absoluto de la Gran Madre precede siempre al acto heroico de la muerte del gran Satán o el rompimiento del huevo cósmico, y ya que el secreto es inalcanzable, porque tiene una inteligencia propia, éste se escapa constantemente de nuestra necesidad de retenerlo, es así que busca lugares para refugiarse, en la infidelidad, en una familia secreta, en la adicción o en la perversión, en un síntoma que se estructure como una mentira, como un mito, que permita la vivencia de la separación y la autonomía ante la exigencia de una vida emocional imposiblemente diáfana.