El lamento de Fafnir

Cotidianidad

Ya no puedo saber cuanto tiempo he estado en esta caverna, los años se diluyen lentamente en el olvido. A pesar de ello no he descuidado mi tarea. Los rumores de la gente me conceden muchas formas y algunos atributos, unos dicen que mi calidez es tan grande como la de una criatura angélica y otros comparan mi humildad con la ascesis más implacable. Por supuesto esas bocas ignorantes mienten, no conocen ninguna de las atrocidades que guarda mi pasado, no saben que terribles imágenes inundan los confines de mi sueño. Ningún ser está libre de pecado, todos somos culpables, aunque a veces no lo sepamos, la limpidez es una tentación continua y horrorosa. Yo mismo he tenido que brindar a mi padre una muerte salvaje y deshonrosa para poder ser yo mismo, para ser dueño de este lecho que guarda una alianza en su centro.

Las muchas lunas me han concedido visiones infaustas, he visto a los hombres luchar patéticamente desde el principio de las eras y antes que ellos a las razas de los dioses destruirse en guerras monótonas para luego volver a crearse, acaso ese sea el único ciclo de este universo. Pero he visto, entre tantas ilusiones, aquella de un hombre que se bañara en mi sangre y por fin podré dormir tranquilo, pues él cortara, junto con mi vida, los hilos de la necesidad que tanto me pesan, entonces mis alas podrán servir a su propósito. Mientras tanto espero y el fuego de esa esperanza me consume por dentro.