La enseñanza inconsciente (5)

Educación posmoderna

“La educación debe comenzar por la superación de la contradicción educador-educando. Debe fundarse en la conciliación de sus polos, de tal manera que ambos se hagan, simultáneamente, educadores y educandos.”

Paulo Freire, Pedagogía del oprimido

El docente, en pos de su labor, debe de reconocer al alumno cómo un sujeto completo en sí mismo. El adolescente y el niño no están incompletos, ni son inadecuados, no necesitan madurar, ni crecer o desarrollarse, esas son fantasías de la cultura que tendrían que ser reflexionadas debidamente pues están basadas en la visión progresista de la modernidad occidental y surgen aledañas al paradigma socio-económico imperante.

En realidad, el hombre no se desarrolla o mejora, simplemente ya es quién es, en cada punto de su vida, pues como sujeto representa la completitud de él mismo y su contexto en cada momento actual. Así, el joven y el niño son completos y tienen todo lo que requieren en todo momento y con cada experiencia; y si sus circunstancias lo permiten, se harán conscientes de sí en cada nueva faceta vivida.

La labor docente consiste, bajo esta perspectiva, en la construcción de puentes que permitan el acercamiento consciente de cada individuo hacia sí mismo, comenzando por el propio profesor, quien al poder estar de forma honesta frente a sí, permite que sus alumnos se reconozcan y puedan mantener la reflexión constante sobre sus circunstancias.

En cambio, si el docente se acerca al estudiante, protegido tras la fantasía de progreso, el joven siempre se sentirá inadecuado y reaccionará de una u otra manera a tal violencia, se esforzará por adecuarse, por lo tanto, a un modelo externo a su existencia y perderá la oportunidad, junto al docente, de ser quien es, en la búsqueda vana por tratar de ser quien podría ser.

El profesor como camino

Educación posmoderna

El profesor es un camino que los alumnos siguen, es miembro de su grupo y a la vez está fuera de él; cuando asoma la cabeza al mundo de los jóvenes aprende de ellos sus juegos, sus temas, sus palabras y sabe que aunque incompatibles con los cánones de la moral en turno son vitales para ellos. Entiende que palabras más absurdas son las de «niño» o “adolescente”, cuando son concebidas como un tránsito a un estadio superior, más deseable; pues realmente son momentos absolutos, absorbidos en sí mismos, en los cuales el individuo es todo lo que debe ser en ese instante. No le hace falta nada, el fenómeno siempre es completo.

El profesor mira fuera del mundo de los jóvenes a su propio mundo, que ahora ya no es el único, está absorbido en la otredad, y se descubre a sí mismo en lo que ha aprendido de sus alumnos; él no les enseña, él es enseñado por ellos, por el respeto a la alteridad que ellos significan. Juntos, entonces, construyen mundos nuevos, nuevas visiones y comparten el pan diario del proceso de íntima relación que implica el diálogo con el conocimiento.

Así, el profesor es un camino que él mismo ha de seguir, el cual es la única enseñanza que de verdad puede legar a las generaciones venideras, el aprendizaje de ser simplemente lo que ya es.

La enseñanza inconsciente (4)

Educación posmoderna

“Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela.

George Bernard Shaw

¿Cómo se le convence a un joven de que la educación le depara un buen trabajo si se empeña, cuando el mundo profesional está lleno de ejemplos donde los puestos mejor remunerados son para los que cumplen algún mérito personal o por nepotismo, sin importar su grado de preparación y donde las influencias son lo más relevante, pues es suficiente con fingir o con dejar que otro haga la labor. Cuando alguien que solo terminó la educación básica gana muchísimas veces más que quien ha obtenido un posgrado. Cuando el crimen organizado paga altas regalías. Cuando las tasas de desempleo entre profesionistas desafían tal prerrogativa? ¿Y cómo se le insta a un joven a creer que la escuela es el mejor lugar para aprender, cuando las habilidades que requiere el mundo moderno se aprenden, en su mayor parte, fuera de la escuela, cuando toda la información y las formas de aplicación se pueden encontrar de mejor manera en Internet, en tutoriales, en cursos en línea, en el material inmenso que hay en la red y cuando todo esto puede obtenerlo por sí mismo en contra de la curricula redundante de los centros educativos?

La escuela ya ha fracasado hace mucho tiempo, al menos en sus objetivos explícitos, se enseña sobre los restos de un cadáver, actuando como si las lecciones del docente fueran aún relevantes. El maestro apasionado, que ama su tema, ofrece una agradable ilusión que dura lo que dura el entusiasmo, pero el mundo pronto advierte que el profesor ya no es necesario, que la escuela pertenece a un universo ya devastado y que el esfuerzo por mantener este cadáver de pie implica el uso de un monto de energía semejante al de los grandes sacrificios rituales de otras civilizaciones. Rendimos tributo con esta tarea sin sentido, que es la educación, al dios que rige la vida de la cultura actual y rezamos con nuestra rutina a ese nuevo dios inadvertido que se llama también «el libre mercado». Educamos sacrificios.

Sobre educación y tecnología

Ensayos

Cuando comúnmente se habla de tecnología, en el ámbito de la educación, surge la imagen de las computadoras personales, de los recursos técnicos elaborados como: pantallas inteligentes, teléfonos de última gama o del software más preciso para las tareas de la educación del siglo XXI. La imagen común de la tecnología transita por la misma senda de ese otro gran mito de la modernidad que es el progreso, se piensa que a mayor alcance de los medios técnicos más avanzados habrá también una evolución comparable en los ámbitos educativos. Durante los últimos años se ha asistido, incluso, al anuncio constante del internet gratuito y a la publicidad de empresas y gobiernos al dotar de equipos de computo a los más vulnerables. Sin embargo, una frase popular en los ámbitos digitales dicta que “cuando el servicio es gratis, el producto eres tu”, lo cual debería poner en cuestión la bondad de los recursos tecnológicos que se han desplegado durante esta etapa singular.

Por su definición habitual la palabra técnica se entiende como una serie de protocolos destinados a la consecución de un objetivo práctico, su tarea es teleológica, son los fines los que importan. Así, se puede decir que gran parte del trabajo de los centros educativos está dirigido por un objetivo técnico, la implantación de la reforma educativa en turno y la toma de evidencias de tal acción, lo demás es el trabajo de los actores educativos por mostrar que ésta se aplica y que funciona, ello a través de la recolección y presentación de datos e información muchas veces vacíos.

Byung-Chul Han nota, que una característica importante de esta época es la mutación de los sistemas de cosas en formas libres de información, las no-cosas, aquellas formas sublimes de los objetos técnicos, tangibles y visibles, en meros datos abstractos que, sin embargo, son cada vez más dominantes. La evolución de los objetos muestra una situación desfavorable para el ser humano, mientras en épocas previas a la revolución industrial el objeto es común con la identidad de la persona y forma parte de ella, en la revolución industrial los objetos se multiplican y la identidades, antes fijas, se dividen en identidades móviles; hoy surge una nueva época donde los objetos se vuelven sutiles, al igual que la identidad, ésta se esfuma y se vive a guisa de información, lo que es posible observar claramente en la vida de los jóvenes que transcurre en la redes sociales y que con el paso del tiempo parece destinada a convertirse en mera virtualidad.

Se ha dicho, de manera descuidada, que los objetos técnicos no determinan el uso que se les destina, que son inermes al destino que el sujeto les presenta, se les puede utilizar para acciones terribles o constructivas. Este parecer surge de la atribución sin base que tiene el sujeto moderno sobre su propia naturaleza, pero aquí es donde la palabra tecnología adquiere relevancia. Cuando Aristóteles caracteriza al ser humano como un animal racional lo decía como: “zoon lógon échos”, es decir, el ser vivo capaz de discurso. El diálogo es el atributo humano que lo diferencia de los demás animales, pero el diálogo debe entenderse como la capacidad de construir narrativas que permitan estructurar realidades comunes, se puede decir de esta forma: el hombre es el ser vivo que contribuye a construir la realidad mediante el diálogo, esto de forma consensuada, de ahí la otra definición aristotélica del hombre como “zoon politikón”. Mientras el animal encuentra su realidad como algo dado y él es determinado por está, el ser humano construye su relación con el mundo en el diálogo común. Por ejemplo, en la cosmovisión ptolemaica el universo es un conjunto de esferas cerradas donde la tierra es el centro de la creación y está vuelta sobre sí misma, la técnica, por lo tanto, está supeditada a este logos, no así cuando las esferas celestiales se rompen en la nueva visión copernicana, es entonces que la técnica por fin puede abrirse paso y descubrir nuevos mundos, un universo abierto, con ello comienza una nueva etapa de la historia humana: la caída de la monarquía, el inicio de la globalización, la revolución industrial y el capitalismo. Todo ello no surge de la nada, sino que es parte del nuevo logos que se va construyendo en el diálogo constante que la consciencia tiene con su realidad.

La tecnología es, entonces, el diálogo en el que está inscrita la técnica y ese discurso no es un monólogo humano, es decir, no es una invención pura del sujeto sino una relación en donde las personas se inscriben y que se expresa también en la técnica. El logos de la técnica, la tecnología, por lo tanto, determina el mundo.

Por todo ello la labor de los docentes no solo debe estar dirigida a la implementación y el dominio de las nuevas tecnologías al ámbito educativo, como si ellas fueran la panacea para el rezago educativo y bastará con agregarlas a las aulas para ofrecer una mejor educación. Esta situación implica un abordaje compulsivo, es decir, inconsciente de la labor docente, pues no surge de la pregunta esencial del acto de educar, que implica sacar a la luz lo que se es, es decir, estar a la altura de la condición humana; esta pregunta es la pregunta por el ser, pues la técnica para Heidegger guarda en su esencia el des-ocultamiento de la realidad, la aletheia, la verdad. 

No se debe olvidar que educar no significa llenar al estudiante de contenidos, ni calificarlo con una escala arbitraria que lo compara con otros individuos y sus condiciones diferentes, ni mucho menos ofrecer índices de aprovechamiento que no toman en cuenta el proceso contextualizado del aprendizaje. Educar, en cambio, y con base a lo ya dicho, significa des-ocultar el diálogo que el sujeto tiene con su mundo de tal forma que aquello que lo hace humano emerja de forma consciente y pueda estar frente a él, esto implica constituirse como un ente crítico y consciente. Pero el ambiente tecnológico actual, siguiendo el planteamiento teórico de Han, tiene como objetivo el ocultamiento de esta realidad, la desaparición de la mente crítica y la prevalencia del sujeto de rendimiento, aquel que se evapora a través del esfuerzo medido en datos.

Así, educar en el siglo XXI, en el medio de una crisis sanitaria y de un logos técnico particular, es un acto transgresor, pues requiere ir en contracorriente de lo que el contexto tecnológico apremia, para ello los docentes requieren tener claro que las tecnologías educativas no son necesariamente los nuevos aparatos tecnológicos ni los sistemas virtuales de información, sino simplemente las maneras que el estudiante y el docente tienen de construir un diálogo, reflexionar sobre un logos, entre ellos y la realidad. Ambos son enseñados por el mundo y sus experiencias en él, en el trabajo constante por llegar a ser lo que son, para ello no se necesita internet, ni plataformas, ni teléfonos inteligentes, basta con la palabra, con el proceso didáctico que permita abrirse tanto a uno como al otro a su condición humana.

Tampoco hay que olvidar que los contenidos educativos son pretexto para despertar la reflexión en el estudiante y que el conocimiento se crea en la interacción de los sujetos, pero la tecnología actual navega firmemente al aislamiento de los individuos y a su atomización, entonces una educación dependiente de los medios tecnológicos actuales sin duda reproducirá ese logos intangible pero hegemónico. Por ello, no es relevante, en el medio educativo actual, si se cuenta con los recursos tecnológicos de punta o con el software más actual en cuestiones pedagógicas, sino que la labor básica de la escuelas, en cualquier nivel, sea brindar educación, formar seres humanos que puedan construir un mejor mundo para ellos y para la generaciones venideras, para eso basta con planteles educativos que tengan el apoyo económico de las instituciones públicas a cargo, maestros que cuenten con las condiciones adecuadas para dedicarse a su trabajo de forma comprometida y estudiantes dispuestos a aprender, y una didáctica que permita la labor educativa en la esencia de lo meramente humano, es decir, en el diálogo con el nuevo logos de la técnica actual. 

Lo que enseña el momento actual, a los actores educativos, sobre la tecnología, es que la crisis es el momento de reflexión sobre las dimensiones que son necesarias para la correcta consecución de la labor docente. No se aprende, solamente, frente a una computadora, la educación surge en el contacto del alumno con el profesor, con sus compañeros, con su familia, la educación es un acto dialógico entre sujetos y los objetos siempre son medios nunca fines en sí mismos, pero también se puede atender al diálogo latente en ellos. Al final, la escuela no necesita integrarse en la lógica de las redes sociales, sino al contrario, debe dotar a los jóvenes de la capacidad crítica para poder interactuar con esa marea informacional que paulatinamente destroza las formas más humanas de reciprocidad. 

La enseñanza inconsciente (3)

Educación posmoderna

El problema real no recae en los métodos de aprendizaje, sino en que aquello que se aprende tiene como contexto una forma de control y normalización que contradice de la visión cultural de la educación. La neurosis se puede conceptualizar de manera sencilla como la existencia de dos momentos contradictorios de una idea pero, además, un esfuerzo porque la contradicción no sea consciente. Así, en la educación hay una escisión neurótica entre lo que se predica y lo que realmente se hace.

El profesor, sin darse cuenta, y con la mejor intención, impone en el estudiante una forma fija de pensar y al mismo tiempo ejerce su propia necesidad de poder sobre el alumno. A veces, esta imposición tiene matices salvíficos y se hace presente un docente que actúa como si redimiera de la ignorancia a sus alumnos, o a veces se es testigo testigo del docente liberal que convence y coacciona a través de la confianza y la crítica, e incluso quizá el menos dañino sea el profesor que abiertamente ejerce su poder sobre los alumnos sobajándolos, ya que ante él, el alumno tiene aún la oportunidad de sentirse conscientemente vulnerado y luchar contra tal situación.

Hay una sombra en la labor docente que actúa en contra de lo que dicha labor pretende y no importa el esfuerzo de los individuos, ni de las instituciones, siempre hay una mano oculta que hace claudicar los objetivos más generosos y las didácticas más certeras. Se puede decir que la educación es una empresa técnica y como tal su labor es realmente la comercialización de los sujetos, su conversión en objetos de cambio. Por eso está destinada a fracasar en sus objetivos abiertos, así los mejores estudiantes serán buenos engranes del sistema y los peores terminarán como combustible y desecho. Debido a ello, la labor del profesor está más cerca de la del clérigo que de la del filósofo, pues su trabajo esencialmente, aunque no lo sepa y aunque se esfuerce por lo contrario, es convertir a los hombres a la fe del sistema.

(¿Hay una alternativa a este sombrío panorama? A modo de Koan se puede decir que educar solo es posible fuera de la escuela, pero como la escuela es omnipresente, a ésta se le debe permitir llegar hasta su culmen, hasta su sofocación en la negatividad de la anti-escuela, en la enseñanza del no-saber)

La enseñanza inconsciente (2)

Educación posmoderna

No es un secreto que la escuela, y la educación como su praxis, es un dispositivo, un instrumento de reproducción de las relaciones de poder en la sociedad. No importa el currículo abierto, incluso las ideas de izquierda son transmitidas a partir de un aparato que reproduce sistemas de pensamiento que desde sí mismas podrían llamarse colonialistas. Esto es evidente cuando se nota la premisa de que en la forma actual de la escuela siempre hay un sujeto del saber que dicta aquello que se debe de aprender y cómo se debe hacerlo. Aún en sistemas educativos que ofrecen libertad y creatividad al estudiante, éste se encuentra a las expensas de la teoría pedagógica en turno, que decide por él lo que es mejor para su aprendizaje.

Esta lógica se repite en el aula, donde el profesor trata de convencer al estudiante que hay ciertos saberes que debe aprender a manera de verdades absolutas. Todo ello en contra de uno de los significados etimológicos de la palabra “educación” que implica elucidar lo que en el sujeto yace en potencia, no implantarlo desde fuera.

La educación no permite el desarrollo de la individualidad sino que la cubre por completo con un conjunto de prejuicios a los que llama conocimientos. Vista así, la educación es una labor neurótica.

La enseñanza inconsciente (1)

Educación posmoderna

La profesión docente es ciega ante algunos elementos de las relaciones humanas que subyacen al proceso de enseñanza-aprendizaje, es el caso de las relaciones transferenciales que se suscitan en el contacto cotidiano con los alumnos y que tendrían que ser tomadas en cuenta de forma seria por los profesores. El docente no solo enseña contenidos, sino que, y más importante aún, muestra la forma en que un ser humano se relaciona con el mundo, la cultura y el saber.

Día con día, el salón de clases se conforma como un espacio de instrucción inconsciente donde el maestro da testimonio de la construcción de su propia autonomía ante los prejuicios del entorno social y los alumnos aprenden de él como erigirse como entes independientes ante ideas fijas y dogmas, así forman juntos su relación con el conocimiento.

Lo que se enseña entonces es una posición ante la realidad. Dicha posición depende de muchos factores y uno de los más importantes es: cómo el profesor ha podido sobreponerse a los obstáculos que cualquier existencia provee y que lo han formado como individuo. Si el docente no ha podido estar a la altura de su propia existencia entonces usará el proceso de enseñanza como un medio más para evadirse de su responsabilidad para consigo mismo y su cátedra estará, sin darse cuenta, hablando de su propia falta, de sus necesidades anímicas insatisfechas.

La educación socioemocional como herramienta neoliberal

Educación posmoderna, Logos del alma

La cuestión de sí hay una correcta y una incorrecta educación socio-emocional es una ilusión conceptual. El acento de ambas posturas está puesto en el priorizar las habilidades del ego para ser más eficiente, lo cual ya es un discurso neoliberal y solo puede existir en una sociedad capitalista como la nuestra. No hay un desarrollo socio-emocional liberado de la tarea de hacer del individuo una mejor maquina de producción; por más abierta o critica que sea la teoría del docente, terapeuta o psicólogo, su discurso cultural siempre será autorreferente, pues quien habla nunca es la persona sino la cultura. 

La cultura terapéutica es la narrativa del capitalismo posmoderno y puede tener muchas vertientes, algunas en apariencia más nobles que otras, pero al final todas desembocan en el mismo cauce. Cuando se recomienda a un alumno que maneje sus emociones de manera eficiente ya se esta culturizando al sujeto en la lógica maquinal de la industria, cuando se le insta al paciente a trabajar consigo mismo, como un ente autónomo, ya se está cargando sobre sus hombros un peso que solo puede llevar un individuo sumido en la búsqueda moderna de sentido, justo en el tiempo donde el sentido ya no reside en la esencia de lo humano. No importa si es coaching, transpersonal, psicoanálisis, junguiano, cognitivo conductual, psiquiatría, neurología, pedagogía etc., el hilo conductor es el acento en el valor del máximo rendimiento.

No se mal entienda la critica, pues es bastante preferible estar bien con uno mismo, tener una visión consciente de las emociones, reflexionar continuamente sobre las necesidades psíquicas, ello permite un margen de acción más amplio y más complejo. Pero no somos más libres, ni dejamos de ser maquinas, simplemente somos obreros más eficientes en la gran industria del desarrollo personal.