La vida de las cosas simples

Cotidianidad

“Como un ladrón te acechan detrás de la puerta/ Te tienen tan a su merced como hojas muertas”.

J. M. Serrat

La vida transcurre entre quehaceres cotidianos: lavar los trastes sucios, hacer la comida, ir por las compras, cuidar a los hijos, trabajar y obtener grados para trabajar “mejor”, todas labores superficiales. Sin embargo, quizás son éstas las cadenas que atan al demonio a la tierra a la que pertenece y no es la meditación ni las alturas espirituales quienes lo frenan, tampoco la ascesis implacable y dolorosa del iluminado que se marcha lejos de sus hermanos, a las sublimes alturas del desapego, en verdad es la santidad de algunos quien condena al destino de la sombra a los hombres incautos, son ellos sus sacrificios.

Son la vida cotidiana y su banalidad los límites de una pulsión destructiva que hereda del caos su oscuridad inmensa, aquella que cuando se le deja vagar sin senderos delimitados reordena el mundo en fuego y sangre. Pero lo Otro, ese espíritu destructivo, que lleva a los grandes hombres a la locura o a la muerte, es una bestia que solo encuentra la paz en los campos cultivados, en la vida familiar y en el trato amable de los vecinos y son las cosas pequeñas y terrenales quienes nos salvan, temporalmente, de la destrucción y el desgarro; pero siempre llegará su tiempo, pues el daimón es la lava ardiente del basalto que somos.

Del pensamiento contenido en el objeto al pensamiento contenido en sí mismo

Logos del alma

Pensar, como movimiento lógico, desligado de una entidad que sostenga tal acto, es difícil de imaginar sino imposible, la imaginación requiere un sujeto al que atar el movimiento, y un espacio que enmarque tal acción. Esto tiene una razón, la cual implica que en un tiempo histórico pensar, imaginar y actuar estaban con-fundidos, encerrados en sí mismos. Antes de que el logos pudiera ser consciente de su separación del mundo, y ser a la vez alma objetiva y reflexión subjetiva, el pensamiento estaba atrapado en el acto ritual.

El acto ritual implica una idea actuada sin reflexión, dicho hacer no necesita la visión externa de sí para tener significado, es auto suficiente y si bien el hombre es necesario lo es como mero ejecutor del acto. No es el sujeto quien mata al animal sacrificial, son realmente los dioses, es la mano del dios que actúa a través del ser humano y que impone su voluntad en su actuación para poder desarrollar su dinámica. El pensamiento aquí no es consciente de sí mismo, puesto que se despliega sin necesidad de la reflexión, es decir, no hay que volver sobre los pasos del ritual para entenderlo, sino que el cuchillo hundiendose en la carne del animal sacrificial es su propio entendimiento, y no tiene necesidad de separarse de sí mismo.

Hay entonces una contención del pensamiento en el acto ritual que persiste en su relato, es decir en el mito. Cuando Homero comienza la Iliada no habla sino en nombre de las musas, es la musa quien cuenta la historia, son sus palabras las que son escuchadas, así como en la Biblia es la voz de Dios quien realmente se expresa y por ello es posible decir que la Biblia está dictada por el espíritu, es el espíritu que aun no ha llegado a su estado de paráclito, aun no hay separación en el logos, pues la encarnación solo puede ser posible una vez que el espíritu se ha separado de sí mismo y ha reflexionado sobre su propio pensar.

El mito es más cercano a la realidad presente en el acto ritual que a la consciencia moderna, separada de sí misma. Sin embargo, acudir al mito es recurrente pues al hacerlo se evita la angustia de la separación. Así como es difícil separarse de los padres, pero necesario para ser uno mismo, es complicado asumir que la realidad del mito ha quedado rebasada por formaciones que expresan la verdad de la época de forma más compleja que lo que las imágenes míticas pueden ofrecer. Es mas sencillo pensar en fenómenos metafísicos que den sentido a la existencia desde afuera, que encontrar el propio sentido en cada cosa que existe. Ejemplos de tales entes son conceptos como: el inconsciente, los arquetipos, la libido, el daimón, sobre todo cuando son vistos como procesos teleológicos a la medida de las personas.

Los procesos psicológicos actuales ya no están en las personas, sino fuera de ellas, pero de una forma distinta al de la época ritualista, en la dinámica que envuelve a los sujetos y que los construye como tales. El pensamiento tiene entonces una doble existencia, como el contexto lógico de ideas que en que la humanidad se desarrolla y en la reflexión que se hace en las personas sobre este contexto. La unidad de la igualdad y la diferencia entre ambas facetas constituye el pensamiento del alma, que es pensamiento tautológico. Es debido aclarar que el hombre poco tiene que decir sobre ello, y que lo conciencia egoica insiste en centrarse en sí misma con el fin de sostener una importancia que no tiene. Esto último hace que pueda concebirse una revolución copernicana final, que exprese la verdad de los tiempos actuales: el pensamiento se piensa a sí mismo, siempre.