¡Quién tuviera la convicción de los ingenuos!, la dulce mirada de los que lo saben todo, para ellos no hay misterio o si lo hay es un promesa de conocimiento, primero la sombra, luego la luz. Los ingenuos enarbolan banderas y se lanzan envueltos en ellas, son los héroes del mundo, los profetas que están seguros de que las cosas van mal y saben porque.
Los otros en cambio, dormimos intranquilos, temerosos de que a cada paso el suelo se desvanezca, comemos nuestras propias alas para domarnos y nos entregamos, con los ojos cerrados, al frío silencio de un mundo sin dioses.
¡Quién tuviera la suave convicción de los ingenuos!
