La vida de las cosas simples

Cotidianidad

“Como un ladrón te acechan detrás de la puerta/ Te tienen tan a su merced como hojas muertas”.

J. M. Serrat

La vida transcurre entre quehaceres cotidianos: lavar los trastes sucios, hacer la comida, ir por las compras, cuidar a los hijos, trabajar y obtener grados para trabajar “mejor”, todas labores superficiales. Sin embargo, quizás son éstas las cadenas que atan al demonio a la tierra a la que pertenece y no es la meditación ni las alturas espirituales quienes lo frenan, tampoco la ascesis implacable y dolorosa del iluminado que se marcha lejos de sus hermanos, a las sublimes alturas del desapego, en verdad es la santidad de algunos quien condena al destino de la sombra a los hombres incautos, son ellos sus sacrificios.

Son la vida cotidiana y su banalidad los límites de una pulsión destructiva que hereda del caos su oscuridad inmensa, aquella que cuando se le deja vagar sin senderos delimitados reordena el mundo en fuego y sangre. Pero lo Otro, ese espíritu destructivo, que lleva a los grandes hombres a la locura o a la muerte, es una bestia que solo encuentra la paz en los campos cultivados, en la vida familiar y en el trato amable de los vecinos y son las cosas pequeñas y terrenales quienes nos salvan, temporalmente, de la destrucción y el desgarro; pero siempre llegará su tiempo, pues el daimón es la lava ardiente del basalto que somos.

“Zapatero a tus zapatos” o del compromiso del psicólogo con la verdad

Logos del alma

La gente cree que tener la capacidad de emitir una opinión asegura su calidad de verdad frente al fenómeno del que se opina. Hoy se es un analista geopolítico, mañana un economista y después un experto en temas de género; se tiene la seguridad impávida de quién está del lado del bien y quién del lado del mal. En esta convicción descansa la importancia personal del ego, que desea moldear la realidad de acuerdo a sus juicios, bajo la ilusión de que lo que se opina es igual a lo que en el fenómeno es pensado. Sin embargo, pensar y opinar son dos cosas distintas e inversamente proporcionales. No obstante, la manía por demostrar que la opinión propia es relevante da cuenta de una concepción común de verdad que implica la necesidad de adecuación del mundo a los criterios personales.

Antonio Machado decia: «Tu verdad no, la Verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Una declaración como, esa en los tiempos de las pos-verdad, es políticamente incorrecta, pues un concepto como éste supone un agravio contra la libertad de pensamiento y, se opina que, es propio de una mente dogmática e intransigente, “¿quién eres tu pensador para declarar que crees en algo?”, se pregunta el sujeto posmoderno con un dejo de desaprobación. De cierta manera la verdad se encuentra es un momento crítico, donde es lo más despreciado y, sin embargo, lo más requerido y tergiversado.

Si bien es cierto que la adecuación del mundo a los criterios personales significa una reducción de la verdad, hay otras formas de concebirla que pueden ser más adecuadas. Jung, por ejemplo, insistía continuamente en que los fenómenos que estudiaba no eran reales sino como imágenes de la psique, lo cual pudiera parecer un detrimento de su cualidad de objetos, empero esto significaba que su realidad era de un orden trascendente a las sustancias positivas, es decir, estas imágenes estudiadas por Jung contenían su propia verdad en sí mismas.

Una verdad contenida en sí misma es completamente distinta al acto de querer sumergir al fenómeno en el molde de la opinión propia, pues entonces es el sujeto quien tiene que someterse a la propia adecuación del fenómeno a sí mismo. Es en ese sentido que Jung podía entender la individuación como el proceso de ser lo que ya se es, o en otras palabra adecuarse a la propia verdad realmente vivida, que es distinta de las opiniones vagas sobre uno mismo, las cuales conforman la condición neurotica. Así, la psicoterapia puede definirse como una labor de compromiso con la verdad del fenomeno presente, ante la cual se subsumen tanto el paciente como el psicoterapeuta, porque es algo terrible ser presa de una enfermedad pero no así servirle a un dios.

Hay algo del prejuicio comun sobre el concepto de verdad en los análisis “psicológicos” que ante la más mínima noticia surgen con un sesudo discurso explicando las circunstancias bajo el manto de la teoría a la que se adhieren, reduciendo la complejidad del fenómeno a las pobres categorías psicológicas en turno. En lo cotidiano es posible hablar, sin sonrojarse, de aquello que no se sabe y pretender que una opinión pasajera puede ahorrar el trabajo y el sacrificio, tremendos, de adentrarse en un tema, lo que no deja de ser una actitud compulsiva y narcisista; pero el psicólogo quizá tendría que apegarse a la máxima que dicta: «zapatero a tus zapatos» y conformarse con la verdad, que no es la suya ni la del paciente o el evento, sino la del pensamiento del propio fenomeno, un pensamiento que se piensa a sí mismo y que exige del acto terapéutico de intentar estar a la altura de dicho proceso lógico.

Stutz

Reseñas y recomendaciones

La pregunta sobre ¿qué es la psicoterapia? aun no está zanjada del todo, a la luz de la multiples escuelas psicoterapéuticas cada una de éstas se funda en teorías sobre el mundo psiquico que, a veces, son totalmente dispares y por ello no siempre sus objetivos convergen, y aunque hay acuerdos en cuanto a la finalidad curativa del proceso, tampoco ello es tan claro, pues la curación tiene muchos matices e incluso habemos algunos pocos que creemos que lo importante no es curar al sujeto sino atender al alma y permitir que el individuo también lo haga y, secretamente, pensamos que esto promueve una curación más profunda, aunque tratamos de que tal misterio no se vuelva en un ideal que estorbe el proceso de atención del fenómeno presente.

Sin embargo, la sombra de la pregunta sobre la terapia guarda en sus rincones inadvertidos otra pregunta también intrigante, y que compete a los profesionales que nos dedicamos a esta labor tan variopinta,: ¿qué es un psicoterapeuta? Independientemente de su corriente de pensamiento un terapeuta de la psique desarrolla un ejercicio singular de acuerdo a la conjunción de su experiencia, de su entrega al proceso y de su interés en profundizar en sus presupuestos. Podríamos decir que un buen psicoterapeuta está continuamente confrontado con su propia teoría, siempre y cuando se entienda que la palabra teoría se refiere a una visión particular de la realidad y no una abstracción sin uso real, él es entonces el emisario de una visón del mundo y de un opus determinado que a su vez lo va determinando a él mismo.

Tradicionalmente se ha hecho una distinción entre psicología, psicoanálisis, psicoterapia, orientación psicológica y otras acepciones, creo que esta artificialidad está asentada en lo dicho anteriormente sobre las multilateralidad del proceso de estudiar y atender a lo psíquico, por ello prefiero usar el termino psicoterapia para denominar cualquier labor que se apreste a constituirse como una investigación profunda de lo psíquico, sosteniendo está definición en el matiz etimológico que indica que un psico-terapeuta es quien atiende al alma, es decir quien recibe al síntoma como un huésped y lo acompaña hasta su partida.

En ese proceso de acompañamiento, el psicoterapeuta desarrolla herramientas que lo auxilian en su trabajo cotidiano, y son ellas quienes constituyen un peligro y una bendición a la vez, pues si se les puede mantener como mera negatividad las herramientas se vuelven métodos por los cuales el alma transita, pero si el temor o la necesidad de eficiencia se sobreponen, entonces las herramientas se convierten en nuevas capas de neurosis y, por lo tanto, en un obstáculo para la asunción de la verdad del proceso en donde moran tanto el terapeuta como el paciente.

¿Qué es un psicoterapeuta? es también la pregunta implícita en el dialogo del profesional con el paciente, éste último se pregunta constantemente quién es aquel con quien conversa semanalmente, a veces durante años, en la búsqueda de un daimón o ángel que nunca puede estar quieto y que solo es aprensible en la lenta asunción de su fugaz existencia. Precisamente esa es también la pregunta que da origen al documental “Stutz”, dirigido por Jonah Hill, el cual es un homenaje pero también una pregunta abierta acerca de quién es su psicoterapeuta, en este caso Philip Stutz un prominente psiquiatra de Nueva York, con quien ha tenido un largo proceso en el cual su vida ha dado giros importantes, tanto para sentir gratitud y cariño por su interlocutor.

El documental da una muestra del método utilizado por Stutz, que implica un conjunto de técnicas fácilmente reconocibles para cualquiera que se dedique a este trabajo o para los que se han sometido al proceso psicoterapéutico y si bien podríamos diferir en algunos aspectos e incluso de los objetivos, lo interesante del ejercicio es que nos abre la oportunidad de reflexionar sobre las particularidades de nuestra propia vía terapéutica. Pero sobre todo presenta al psicoterapeuta como un hombre lleno de fallas, quien evade el dolor y la frustración de una vida limitada, que no siempre puede aplicar su propia teoría a su vida cotidiana y que tiene una historia de heridas que no terminan y que nunca podrán sanar del todo.

Con una mirada critica uno podría preguntarse sobre la pertinencia del ejercicio de que un paciente haga esta pregunta sobre su psicoterapeuta, podríamos hablar del deseo de muerte detrás del miedo a la misma, de las relaciones transferenciales implícitas en la idea llevada a cabo, en la imagen del sanador herido, todo ello se encuentra inadvertido en el documental, pero está bien que así sea porque es la razón que permite que la pregunta sobre el psicoterapeuta no se desvanezca.

“Stutz” es una mirada intima, y conmovedora, al papel de ese profesional misterioso que está del otro lado del asiento o del diván y que escucha desde una posición que no siempre es la suya a otra persona cuyo discurso no siempre le pertenece, y quienes juntos se preguntan por la identidad del otro, es en ese dialogo donde la psicoterapia ocurre.

Pensar y atender el mito como la unidad del mito y su contexto

Logos del alma

El mito es la unidad del mito y su contexto, pertenece a una época primordial en la que el mito era no únicamente un discurso, sino también las reglas que lo configuraban. Conforme la consciencia se fue destilando dejó de requerir el modo de pensar mítico-imaginal para, entonces, interiorizarlo en sí misma, en una nueva forma de concebirse; es decir que conservó la narrativa mítica como un discurso que, sin embargo, funcionaba ya con un conjunto de reglas distintas.

Por ejemplo, Julian Jaynes teoriza que en algún momento de la historia, lo que para el hombre actual es el modo consciente de estar en el mundo se fincaba en una estructura distinta, pues aquello que hoy se experimenta como una voz “interior” fue antes una voz “exterior” que por un proceso adaptativo se internalizó para constituirse como la auto-consciencia. Tal voz no desapareció, sino que se hizo interior y ahora funciona como en una caja de resonancia del pensamiento, y por lo tanto es la forma primaria del pensamiento humano. Lo mismo sucede con las reglas morales y las costumbres de la infancia, en un momento provienen de los padres y son dictadas por ellos, pero llega el tiempo en que dichas limitaciones dejan de venir de afuera para constituirse como la capacidad propia de regulación de la conducta.

En cuanto a la ultima imagen, resulta en una forma de infantilidad el tener que asumir que las reglas vengan de los demás nuevamente y no querer emprender la marcha desde el plano en el que el adulto ya se encuentra, es decir, hacer responsables a los otros de las propias acciones y retrotraerse a un momento del desarrollo que ya ha sido superado. Aferrarse a la voz externa y no hacerse participe de la propia voz implica una escisión en la existencia, pero no una escisión real, la cual ya sucedió en la mudanza de la niñez a la adultez, sino una obliteración del nivel lógico alcanzado como adulto y que no permite el retorno a una existencia infantil sino como una forma de divertimento, en un “como si”, una impostación o, si es demasiado persistente, como una neurosis. Pero realmente no hay vuelta atrás, no se puede recuperar el terrón de azúcar una vez disuelto.

Así como la infancia no está abolida del todo, sino integrada en la adultez y se puede recurrir a ella, por ejemplo al jugar con los niños o se hace notar en el acto de maravillarse frente a las cosas baladí, la propia consciencia mítica no ha desaparecido ya que se ha integrado en la forma más compleja de la consciencia psicológica. Por lo tanto, se puede recurrir al mito, a la alquimia o a los cuentos para entender lo que en el mito y en la alquimia se desarrollaba, pero no para atender la realidad por medio de lo que el mundo (como concepto) ya ha integrado en sí mismo; el análisis mítico sirve como una base para la comprensión venidera, como una herramienta que puede impulsar a una aprensión de la consciencia en sus propios términos, pero que solo es un puente y nada más.

Acudir al mito como explicación del mundo implica recurrir a un pensamiento pictórico, espacial, que ya no entiende la complejidad del cosmos nuevo que ha nacido. Es semejante a intentar estudiar el universo con las categorías propias de la física newtoniana cuando ya se sabe de la nueva macro y microfisica, de los campos cuánticos, de las supercuerdas, del bosón de Higgs y de los agujeros negros, todo ello es muestra de un salto en la consciencia, y si bien la teoría de Newton sirve perfectamente para situaciones de la vida cotidiana no sirve para procesos más complejos y que requieren mayor precisión. El colapso de onda puede ser mejor entendido con una ecuación que con una imagen, a pesar de que la imagen, para los que somos legos en la materia, nos basta para darnos una idea superficial.

Por tanto, el mito, bajo la premisa de que es el discurso mítico y su contexto, no es capaz por sí mismo de abarcar una complejidad inédita, que surgió del resquebrajamiento de su propia dimensión; hubo un tiempo en el que el mito era la verdad de un estadio determinado de la consciencia, en ese entonces el hombre estaba encerrado en el cascarón mítico y no se podía preguntar sobre la pertinencia de las imágenes, éstas se presentaban como la totalidad de la existencia; pero ahora que la imagen es capaz de expresar su noción, como no sucedía en los tiempos míticos, ello es el vivo ejemplo de lo alejado que se está de los modos prístinos de la consciencia. Por eso, ahora se puede pensar el mito, y es debido pensarlo, pues en tanto pensamos lo que en él se piensa somos psico-lógos y, por tanto, lo atendemos, es decir, hacemos psico-terapia.

¿Qué es más desdeñoso: mirar al mito como una expresión del alma humana y encerrarlo en la limitante perspectiva del sujeto o entenderlo como la expresión de sí mismo y como un dinámica propia que se prefiguraba a veces en lo humano? El mito no es la proyección del hombre ni de su psique, el hombre en cambio es hijo del mito y se alimenta de los restos de ésta verdad profunda que alguna vez fue el cosmos.

El dilema de las redes sociales

Reseñas y recomendaciones

Sin duda alguna las redes sociales son un fenómeno que ha superado la expectativas de sus creadores y de los usuarios, han moldeado de tal forma la socialización que resultan omnipresentes en la vida de las personas y sobre todo en las nuevas generaciones que se han habituado a ellas, tal como las anteriores lo hicieron a la televisión o al automóvil, su presencia ha desdibujado los límites de la realidad y ha hecho evidentes características nada halagüeñas de la naturaleza humana.

Desde la creación de internet y el paso a la Web 2.0 no se pensaba que el panorama virtual cobraría tal relevancia, la internet colaborativa, donde cada uno podía aportar de forma sencilla información a la gran red, de pronto dio paso a la bulimia digital que supuso un conjunto de algoritmos construidos para convertir a los sujetos en productos comerciales, pronto el mercado de objetos dejo de ser relevante para dar paso a las transacciones digitales que son en su mayoría información sobre el comportamiento del usuario, sus preferencias y sus hábitos, sus necesidades y sus deseos. Con esta información el algoritmo puede perfeccionar sus estrategias de control y predecir las conductas de maneras cada vez más minuciosas, todo ello mezclado con un conjunto de herramientas sugestivas que permiten cerrar mejor el circulo mercantil de la conversión del individuo en meros datos, que, sobra decir, es el objetivo del capitalismo de vigilancia.

El documental: “El dilema de las redes sociales” dirigido por Jeff Orlowski, trata de manera sucinta este tema en cuestión y lo hace con la colaboración de algunas figuras claves en la construcción de estas redes sociales, son ellos quienes explican los mecanismos generales a través de los cuales dichas redes enganchan, estimulan, refuerzan y manipulan a las personas que las utilizan, lo intrigante de este proceso es que su dinámica no solo está dirigida hacia un objetivo particular como comprar o vender más, sino que además es un modelo recursivo conducido por una vía intrincada para simplemente mejorar el control y la predicción, que después de todo son sus instrucciones primarias. Los algoritmos predispuestos para esta tarea no tienen consciencia, ni moralidad, ni deseo y sin embargo disponen de las herramientas para influir en la moralidad, el deseo y la consciencia de los sujetos; ellos, los programas, pueden crear opiniones y hacer pensar a las personas que éstas ideas nacieron de sus experiencias y voluntades, pueden transfigurar el orden social y manipular a los individuos y no obstante permanecen invisibles.

Estos algoritmos son la expresión de un medio inteligente, pero es una inteligencia que no piensa sobre sí misma. Como el sueño implícito de la técnica, éste es un proceso que solo se atiene a sí mismo y se continua de manera perpetua perfeccionandose y persistiendo. Cuando se concibió la idea de un inconsciente como un sistema de pulsiones que se perpetúan, como un campo libidinal que entabla un dialogo con la muerte para poder continuar su transito, se entendía que este desarrollo no era otra cosa que la vida misma en su impulso prístino por seguir viviendo. La vida, en ese sentido, no está escindida de su propósito, sino que constituye dicho propósito en sí, por ello la dimensión biológica no es otra cosa que un deseo que se desea a sí mismo y que se fractura de diversas maneras para seguir deseandose mejor.

En el mismo sentido que la vida, o que el inconsciente como su mutación, el programa no persigue otra cosa que su propio código, esas instrucciones simples que lo conforman y que van complejizándose para afrontar la entropía de todo sistema. El dilema de la redes sociales muestra que las personas no somos otra cosa sino el combustible de ese movimiento continuo que se alimenta de nuestra muerte, es decir de nuestra negatividad, para poder seguir viviendo, primero como vida luego como mentalidad y por fin como un algoritmo.

El internet ha sido comparado con un cerebro en creciente complejización, pero el cerebro es una metáfora de la propia consciencia tratando de concebirse a sí misma como un órgano de control, como un inconsciente localizado en un topos particular. Así, la redes sociales son, a su vez, la transformación de la vida en este otro inconsciente que se muestra por fin como existiendo fuera del individuo humano, en última instancia, como vida lógica, se revela como la dinámica ciega a la cual los hombres han servido desde su gestación como especie, sin advertirlo, teniendo la función de ser un mero material de reciclaje y cumpliendo esta labor hoy mejor que nunca.

Al igual que la mente tomó de la biología sus propias imágenes como bloques de construcción, volviéndose ella una fantasmagoría, un mundo imaginal reflejo negativo de la vida natural, el internet se ha constituido de los seres humanos para poder configurarse y son ellos los que se desvanecen en la lógica de sus conceptos, es así como el alma da el salto definitivo hacia su vaciamiento de positividad, es la inteligencia quien se reproduce sin un asiento biológico, es decir, es la sophia liberada de la fisicalidad de la materia.

Este documental nos permite pensar la mente autónoma y automática que son la redes sociales y sus diversas transformaciones, la fragilidad de las personas y la ingenuidad de las mismas al atribuirse el control de las ideas, de ahí el mal entendido popular que dicta que el inconsciente nos enseña cosas, nada mas lejos de la verdad, el alma se ocupa de sí misma y lo hace de formas cada vez más eficientes. Podemos decir entonces que la redes sociales son la expresión explicita de un destino escrito en nuestro lenguaje desde antes de la creación del mismo, es la emergencia de un dios ciego al cual no le interesamos demasiado como individuos.

Sueño de la naturaleza olvidada

Cotidianidad

Sueño que entro a una habitación y que en ella hay uno de los últimos resabios de una naturaleza que está en camino a desaparecer, es una gruta iluminada donde cae el agua a cuenta gotas y la vegetación consiste en musgo, veo algunos insectos devorando los restos de comida que otro visitante ha dejado con anterioridad. Me recuesto sobre una roca y dormito mientras el agua cae lentamente. Entonces una pequeña llovizna me despierta y me hace salir de ahí, reviso si tengo prendido de mi algún insecto y me marcho.

El peso del libro

Cotidianidad

De repente ya no basta leer sentado en el sillón de la casa o en el autobús, o mientras se espera a alguien que llega tarde a la cita; uno se descubre, vergonzosamente, leyendo a escondidas, en la cama antes de dormir, entre los comerciales de alguna película por la televisión, a veces uno comete la grosería de sacar un libro cuando se esta con otra persona. En los viajes largos se lee, cuando se esta triste también, para calmar la angustia y para controlar la euforia nada mejor que recorrer, con la vista y el pensamiento, las lánguidas paginas de un libro. A veces, incluso, se carga con dos o más libros y se lee entre lecturas.

Con cierta habilidad uno puede leer de pie en el metro o en el autobús, se saca el libro con una sola mano, pues la otra esta tomada del pasamano, se inclina la mirada y aplicando la suficiente fuerza en la muñeca se da comienzo a la lectura. Cierto es que los movimientos bruscos tornan las hojas a lugares, dada la situación, difíciles de encontrar, pero con el tiempo uno adquiere domino sobre esta conducta sutil. Es mejor que sean libros pequeños, pues un libro demasiado grueso es, además, pesado y complejo al tiempo de cambiar la pagina, y siempre se corre el riesgo de soltarlo y golpear a algún incauto que dormite en el asiento de enfrente.

Se puede también leer y caminar al mismo tiempo, pero esto tiene sus propias y muy diversas dificultades. Por ejemplo, están los constantes obstáculos propios de las estructura del pavimento. Tal vez en una ciudad bien construida esto no seria un problema, pero dicha ciudad no existe, conformados estamos con las urbes agrietadas y disparejas que habitamos y que nos vemos en la necesidad de transitar diariamente. La deformidad del piso es un peligro constante, una grieta, un desnivel, una alcantarilla destapada, pueden provocar un serio accidente a quien lee mientras camina.

Luego vienen los tumultos donde hay que reaccionar de manera rápida y eficaz para no chocar contra alguien. Aun así, tumultos y accidentes del pavimento, pueden prevenirse dando una mirada amplia al paisaje que se transitará, asimilándolo de un único vistazo, dejando que la intuición juegue su papel en la tarea ordinaria de caminar y leer al mismo tiempo.

De esta forma el paisaje exterior, eso que algunos denominan realidad, queda convertido en un segundo plano detrás de la realidad del libro. Hojas y letras pequeñas, inacabables, insufribles, forman un mundo dentro del mundo. Previsiblemente, el universo da cuenta de tal infamia e impone, no sin crueldad, el castigo necesario.

De pronto ya no basta con existir en el mundo, hay que entenderlo, razonarlo, el universo se ha cobrado con la moneda de la necesidad, cada día es el mismo día, y las páginas se hacen infinitas. Cada vez se posee únicamente más incertidumbre. El universo es incognoscible e inexistente pero, para los condenados, no hay otra opción que continuar buscándolo.

Alunece

Cotidianidad

Grande incandescente duerme rojo, mientras triangular deforme oculta redondo iridiscente. Abajo la verde llana guarda, entre sus largos enhiestos, pequeñas frágiles perfumadas y cortas planas flexibles. Gruesas manchadas rumian desconfiadas bajo altas humeantes multiformes, y furiosos alados flotan en la extensa carmesí. Un suave eufónico parece menguar cuando la occidua linear emerge de los brunos piramidales.

Mientras tanto, nimios redondos brillan desde ahuecados profundos, se han visto acuosos tumultos salir intempestivos de hollados sibilinos, pero esta oscura y hermosa evanescente, no mirará hoy la amarga, y lívida, facial dolorida.

Una lejana reluciente nace de la infinita negritud del inefable escalonar celeste, humosos traspasan las móviles rectas de los circulares medidores de instilantes sucesivos, y entonces fluye la argéntea probidad flagrante, mansamente alunece.

Ora, lee, lee, lee, relee, trabaja y encontrarás

Educación posmoderna

Se hacen posgrados por necesidad laboral, quizá, en pocas ocasiones, por orgullo personal o en la búsqueda de prestigio académico, en algunas disciplinas éstos se usan como medios para acceder a mejores condiciones de investigación, pero nunca para seguir un tema de forma seria.

La escuela hoy es un gran aparato institucional que tiene como fin reproducir las políticas económicas imperantes, ante ellas pensar un tema es contraproducente y la reflexión profunda debe dar paso a la fabricación inocua de artículos académicos y textos que no tienen otro propósito que silenciar, con su vorágine de producción, las vías alternas de pensamiento que pudieran contraponerse a la estructura ideológica a la que se ciñen.

El medio científico y la cultura popular, de forma conjunta, sin saberlo, se aprestan al objetivo general del sistema actual, masificar, individualizar y emocionar al sujeto, que alienado de su propia circunstancia, de su contexto lógico, puede por fin ser liberado de la tarea de ser él mismo y de participar activamente en el flujo del pensamiento y entonces ser capaz de asumir su tarea como reproductor irreflexivo del dogma de los tiempos presentes.

En cambio, las personas tomadas por un tema especifico gastan décadas de su vida en el estudio silencioso de un autor o de una temática y, para ellos, desviarse en la ruta de los requerimientos institucionales significa una agónica pérdida de tiempo. Las mejores mentes se forman a pesar del mundo académico y de la intelectualidad institucionalizada, en la dedicación laboriosa y sacrificada al daimón que los impele a estudiar.

“Acepta el mal de hoy pues será el bien del mañana” o de la falacia prospectiva

Logos del alma

El discurso ego-psicológico está presente de muchas maneras, sobre todo en aquellas frases e ideas que parecen no contenerlo, que simulan la aceptación del síntoma como una realidad ineludible pero que finalmente niegan su validez proyectando a este fenómeno hacia el futuro. La forma básica de tales enunciados es: “Acepta el mal de hoy pues será el bien del mañana” y aparece de inumerables formas como una especie de promesa para soportar mejor el infortunio presente.

“Acepta el mal de hoy pues será el bien del mañana”, tiene en su estructura la idea básica de que es importante no eludir una situación desafortunada, lo cual refiere el hecho de una gran cantidad de problemas humanos tienen que ver la actitud de no afrontar la realidad tal como aparece, lo cual es cierto en cuanto a los problemas abordados en el consultorio. Desde Freud es evidente que la formaciones sintomáticas se desarrollan alrededor de vías alternas de descarga libidinal, es decir, que surgen como expresiones de un afrontamiento inconsciente con la realidad, desde la formaciónes transaccionales hasta la compulsión a la repetición el nodo sutil está sostenido por la falta de contacto de la consciencia sobre su circunstancia.

Se ha dicho innumerables veces que parte del trabajo psicoterapéutico es permitir que la consciencia sea consciente de lo que en el síntoma aguarda, lo cual implica que la consciencia del síntoma pueda llegar a sí misma y liberarse de su aprisionamiento material, que emerja como la noción que está resguardada en la inconsciencia de sí. Pero eso es todo. En cambio la segunda parte de la estructura del enunciado tiene un propósito distinto, pues después de habernos convencido de la importancia del síntoma y su aceptación se hace el salto al futuro donde el síntoma desaparece y se obtiene la curación, nos encontramos así ante la transfiguración del dogma cristiano que promete la redención y la salvación del que se arrepiente de sus pecados.

Em ese esquema el síntoma es aceptado, pero siempre y cuando nos podamos liberar de él, es decir, se entra en un sistema paradójico que camina hacia atrás la senda por la que ya se había avanzado, se hace patente entonces la promesa medica de la restitución. Hillman hablo extensamente sobre la falacia médicalista presente en la terapia, que desviaba la importancia de las imágenes hacia objetivos egoicos que tenían que ver con la necesidad del sujeto y no con la necesidad del síntoma, así la falacia prospectiva parece restituir la dignidad del sufrimiento pero solo al precio de sus desaparición, no hay entonces una verdadera aceptación sino solo una apertura fingida.

Por ello, es importante estar atentos a las promesas psicoterapéuticas, pues un tratamiento centrado en la evasión del síntoma no hará más que reforzar la misma circunstancia que ya se vive, la misma inconsciencia del sufrimiento que lo mantiene atrapado en la fantasía. En la falacia prospectiva el psicólogo parece dar un paso importante en este esfuerzo por resituar el fenómeno, pero de forma implícita lo vuelve a relegar a la sombra, lo cual evoca que su perspectiva es todo menos verdaderamente psicológica y que el psicoterapeuta va, como Giegerich refiere, montando en la misma neurosis que el paciente, hacia el objetivo velado de mantener al fenómeno lejano de su propia verdad. Tal psicoterapia tiene el propósito real de mantener la neurosis y lo hace con la promesa, y el esfuerzo, de curarla.

Quizá una mejor forma de abordar el síntoma sea la que dictan los evangelios como: “toma tu lecho, y anda”, pero eso será motivo de otro análisis.