Factores lógicos del dinero

Logos del alma

“El dinero es otro tipo de sangre, y cuando circula por nuestras manos viene quizás con más de lo que queremos saber.”
Russell Lockhart

El dinero ciertamente es un problema psicológico, no solo por las dificultades psíquicas que se asocian con su manejo, ni por la incertidumbre que ocasiona el tener poco o por la ansiedad que supone quererlo demasiado. Como símbolo su valor es más profundo del que pudiera parecer a primera vista, sin embargo, por su cotidianidad no siempre se advierte, pero la lógica del dinero está impresa en cada rincón de la vida moderna, ésta depende tanto de su acción que los fenómenos económicos son el flujo que convulsiona la historia.

La lógica del máximo rendimiento expande su influencia en los sectores como la psicoterapia, la educación o la autoayuda, cuyo fin común es el de sustentar una estructura ideológica con la ayuda de técnicas pedagógicas de conversión de los sujetos en empresarios de sí mismos; quienes deben trabajar incansablemente por convertirse en objetos de cambios para una cultura que requiere de su convencimiento en la leyes de mercado, que se encarnarán en sus objetivos profesionales y personales y donde, incluso, su tiempo libre y de sueño será parte de sus horas de trabajo.

También la sombra del mundo está ligada al dinero: la trata de blancas, el tráfico de órganos, el robo de infantes, la proliferación del narcotráfico, la esclavitud y la guerra, tienen como propósito poner en circulación la economía. En los momentos de tránsito político, cuando la gente ingenuamente defiende a un partido o a otro, es siempre el dinero quien decide quien administra al sistema político en turno, para sostener y proliferar sus fenómenos sombríos. Como el antiguo dios Okeanos lo monetario marca los límites de la existencia y sus epifanías son propias del inframundo.

El capitalismo es el sistema económico donde se exalta el concepto mismo del capital, su proliferación a través del libre mercado es un ritual continuo al dios pecuniario que se multiplica sin cesar, a pesar del desgaste del mundo y por medio del sufrimiento del hombre. En su altar se exhibe descaradamente que la vida nunca es propiedad de los sujetos, sino que es el propio movimiento del capital aquello que funciona de manera autónoma y objetiva, como el Inconsciente Colectivo o como un gran Otro que impone su voluntad sobre los hombres. Es el capital a quien se suplica: “que se haga tu voluntad, no la mía”.

La fantasía del comunismo, desde otro ángulo, gira en torno al mismo ídolo, pero pretende, ilusamente, someterlo. No obstante, los regímenes socialistas terminan siempre como capitalismos de estado, con una clase sacerdotal que rinde plegarias y genera dogmas para los creyentes del paraíso, que también es nombrado como: la sociedad comunista; una utopía, donde el dinero está al servicio de la gente y donde el sujeto ha logrado someter al gran Otro a sus necesidades. Es así que la imagen del socialismo es necesaria para servir mejor al dios tremendum del capital, a través del engrandecimiento de la voluntad del hombre como grupo.

Se puede decir, por lo tanto, que el dinero es ineludible, pues, como la vida, crece incesantemente y a pesar de los obstáculos (inflación, recesión, caídas, devaluación), es la parte maldita que se alimenta de la materia para volverla lógica. Quizás el hombre no sea sino un altar vivo de ese gran proceso devorador que es la lógica monetaria. Habría que recordar que la diosa Juno, la avisadora (Moneta), era una representación de la fuerza vital y la fertilidad, y por lo tanto, como Russell Lockhart intuye, es también una faceta del Sí-Mismo, aquello Otro que constituye la verdadera voluntad del ser más intimo que niega las certidumbres individualistas y los esquemas humanistas.

Tal vez por ello el dinero es una carga, una forma ritual inconsciente que obliga al individuo a producirlo sin descanso y a nunca estar satisfecho con lo que se tiene, porque el alma sigue un trayecto en el que el hombre queda siempre detrás, como un cadáver del cual se han vendido ya sus órganos principales y que ha comerciado por unos breves instantes con su propio pedazo de existencia, y que al final lo ha perdido todo en el mercado de cambio, porque su vida no era sino un préstamo efímero que debía pagar con intereses variables y obligatorios.

El dinero y el hombre quedan así inextricablemente atados. Si bien Okeanos ha dejado de circundar el cosmos y se ha vuelto hacia el interior de las personas, como la noción que palpita en sus corazones lógicos, la economía ha tomado el lugar de los antiguos dioses muertos y sobre sus recuerdos ha recreado el cosmos a su imagen y semejanza. Es la psique el verdadero hogar del capital, desde ahí gobierna al mundo y el hombre dedica su tiempo completo a la adoración de este deus absconditus, que sin embargo se esconde en la ubicuidad del libre mercado.

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