Transcripción y traducción de Alejandro Chavarria
Buenos días queridos colegas y amigos, estoy profundamente impresionado por lo que escuché de Marcus Quintaes y André Dantas. Este profundo agradecimiento significa mucho para mí. Muchas gracias por este cordial saludo y por la presentación.
Ahora comenzaré con mi charla de esta mañana acerca de la publicación de mi libro «La Vida Lógica del Alma» en su traducción al portugués. Es, por supuesto, una ocasión feliz para mí y una oportunidad para expresar mi agradecimiento de una vez a todos los involucrados que hacen posible esta publicación y al editor por sacarla a la luz durante estos tiempos difíciles. Pero en lugar de hablar acerca de mis sentimientos me gustaría aprovechar mi tiempo, esta mañana, para hacer algunos comentarios sustanciales a modo de introducción.
Permítanme comenzar con un dicho proverbial: «él, o ella, no ve el bosque a causa de los árboles», la acusación que implica este dicho no es que se mire tan fijamente a un solo árbol que no se es consciente del bosque como la colección completa de todos los árboles; no, el dicho habla directamente de que se ven los árboles en plural, los mismos árboles que componen el bosque, pero el problema es que son vistos sólo como árboles individuales. Porque la atención está fijada en los árboles individuales, no podemos elevarnos al nivel superior de un bosque conceptual. En el bosque conceptual, todas estas cosas individuales, los árboles individuales, tienen que integrarse en una singularidad, en una unidad, este concepto todavía contiene una forma en que, como árboles individuales, han desaparecido en esta nueva unidad conceptual.
Mencioné esto porque este es también el problema de la psicología terapéutica, los psicólogos generalmente están obsesionados con los muchos casos individuales de los pacientes, se centran en lo que sucede dentro de las personas que vienen al consultorio, la perspectiva del psicólogo es la del clínico o del practicante clínico. Pero Jung dijo, por ejemplo, y cito, que «su psicología analítica rompe las cadenas que hasta ahora la habían atado al consultorio del médico», la psicología en su sentido es algo más que el estudio y tratamiento clínico de los problemas psicológicos de las personas, el trabajo con los pacientes y su psique subjetiva, desde el punto de vista de la psicología junguiana, no puede ser más que una psicología secundaria.
La psicología junguiana debe entenderse como el bosque. A diferencia de los árboles individuales, su objeto es el alma objetiva; mientras que la psique personal está dentro de cada individuo, el alma objetiva es el alma en la que están contenidos los individuos junto con su psique subjetiva, de la misma manera que los árboles con sus propias características particulares están contenidos en el bosque.
La diferencia entre los árboles y el bosque, entendida en la forma en que la analicé puede servirnos como una ilustración preliminar de lo que yo llamo: «la diferencia psicológica». Esta es la diferencia que constituye a la psicología, la diferencia entre el hombre y el alma, entre la psique y el alma, o entre la antropología y la psicología.
Mi libro tiene el subtítulo hacia una noción rigurosa de la psicología, al agregar este subtítulo quería enfatizar que mi libro está comprometido con esta visión crucial y con la profunda preocupación de C. G. Jung. Quería dejar claro desde el principio que el tema de mi libro es la psicología en sí misma, no los casos de los pacientes y sus experiencias.
La pregunta a la que está dedicada este libro es: ¿qué es necesario para que la psicología sea realmente fiel a lo que su nombre (psico-logía) implica, es decir, ser el logos o el estudio del alma?. Lo que hoy en día se entiende por psicología en la realidad práctica es, en cambio, el estudio del comportamiento de las personas, las emociones, las fantasías y los deseos.
Con la pregunta de qué se requiere para una psicología que merezca su nombre, también sigo los pasos de James Hillman cuyo interés decisivo fue revisar la psicología (Re-visioning Psychology), en su libro con ese título encontramos la afirmación de que «la medida adecuada de la humanidad es el hombre, la de la psicología es del alma»; esta afirmación es una expresión de la diferencia psicológica que nos exige pasar de los árboles al bosque desde una concepción de la psicología como estudio de lo humano demasiado humano a una psicología como el estudio del alma. La máxima de Hillman rechaza el sesgo personalista de la llamada psicología convencional.
El problema con el que comencé contiene otra idea útil, aunque quiere que veamos el bosque en lugar de solo los árboles, ahora tenemos que darnos cuenta de que un bosque no se puede ver en absoluto, ¿por qué no? Porque es un concepto y un concepto sólo puede pensarse. Concebido en la mente no es un objeto visible o tangible. Siempre y cuando lo que se exija sea ver en el sentido literal el proverbio no tiene sentido, pero ver literalmente no es realmente de lo que se trata el problema, sino del paso del árbol al bosque.
También quiere que la conciencia deje de aferrarse a cosas concretas y de depender de lo tangible, visible e imaginable y, en cambio, se eleve al nivel de las nociones, de las ideas, de los términos generales, de los conceptos universales, en sentido figurado, podríamos decir que quiere lograr el cambio del niño que todavía depende de sus dedos para calcular, a la mente madura capaz de hacer aritmética mental. El paso de lo visible e imaginable a lo noético es tan importante en psicología porque, como señaló el filósofo George Berkeley «el alma siempre piensa». El alma piensa incluso cuando se encara con sus deseos impulsados por emociones o imágenes entretenidas, tal como el niño que hace aritmética, todavía necesita usar sus dedos o manzanas para hacer sumas.
Con estos comentarios he construido un puente hacia un término en el título principal de mi libro, el término
Lógica, o al menos a un primer aspecto del mismo. Lógico se refiere al carácter de logos, el carácter noético de la realidad del alma.
Mitológicamente, el carácter logos del alma se manifiesta, por ejemplo, en el hecho de que para los primeros griegos el alma era algo que, a diferencia de la vida emocional humana, sólo se volvía relevante después de la muerte. El alma tienen su lugar auténtico en el inframundo, es empíricamente inexistente, fantasmal, incorpórea, exangüe, la sombra frías y sólo puede susurrar.
En un nivel teórico muy diferente el carácter del logos también aparece en Jung, en la teoría de Jung, de que el alma se compone principalmente de arquetipos porque, según él, los arquetipos son patrones abstractos, estructuras meramente formales sin contenido, deben distinguirse estrictamente de las imágenes arquetípicas en las que estos patrones aparecen ya encarnados e inmersos en una realidad aparentemente empírica, el principal acceso al alma para nosotros es, por supuesto, precisamente a través de los mitos, los sueños y otros materiales imaginables, pero estos fenómenos imaginales no son en sí mismos el alma. Nosotros como psicólogos no debemos confundirlos con el alma misma, son simplemente la prenda sensual con la que el alma se viste para la conciencia humana ordinaria y con la que se revela y se oculta a la vez. La psicología no debe tomar la forma imaginal al pie de la letra, no debe caer en la forma imaginal.
Lo que todo esto significa puede quedar claro en el último capítulo de mi libro en el que trabajo extensamente con el mito de Acteón y Artemisa, que termina con el desmembramiento dionisiaco de Acteón. Al leer este capítulo, es especialmente importante tener en mente la diferencia psicológica y la noción de la vida lógica del alma, así como lo que dije sobre el enfoque de mi libro, a saber, que el foco es el de psicología rigurosa, de lo contrario, sería muy fácil malinterpretar de qué se trata mi discusión sobre el mito de Acteón.
A modo de advertencia ahora discutiré brevemente tres errores muy probables y, por lo tanto, resaltaré algunas ideas más cruciales.
El primer error sería tratar de tomar el mito personalmente, es decir, aplicarlo a uno mismo, como si el mito estuviera hablando indirectamente de nosotros los humanos, en este sentido se podría leer, por ejemplo, como un modelo que nos muestra lo que podría o idealmente debería sucedernos en una profunda individuación personal. En este proceso se podría tener la idea de que todos deberíamos sufrir una especie de desmembramiento dionisíaco como experiencia existencial esencial en general, no sólo con respecto a la historia de Acteón. Podríamos llamar este tipo de aplicación a uno mismo, la explotación de los mitos u otros materiales imaginales por y para el ego.
Para mí, como psicólogos este mito no habla de nosotros en absoluto no tiene relevancia existencial inmediata y personal. No, el alma habla, fría y objetivamente, sólo sobre sí misma y para sus propios fines. El mito expresa la propia necesidad interna del alma, describe una necesidad de la propia vida lógica del alma, una forma particular de su propia autorrealización, el mito no tiene nada que ver con nosotros. Si el propósito de la psicología es crear el alma, es decir, servir al alma de tal manera que pueda volverse real, entonces es la psicología la que necesita ser iniciada en el mito de Acteón, no nosotros.
La psicología desde el punto de vista objetivo, el cual es el único que puede percibir en primer lugar algo como el alma. Esta psicología tiene que ser la precisión del mito. Es la conciencia psicológica la que necesita seguir a Acteón y sufrir un desmembramiento dionisíaco; este desmembramiento entonces no es una experiencia espantosa y altamente emocional, es bastante sobria, una transformación de la constitución lógica de esa conciencia que quiere ser psicológica. El desmembramiento dionisíaco significa aquí la destrucción o descomposición alquímica del punto de vista naturalista de la conciencia ordinaria del ego, así como de la conciencia enfáticamente imaginable.
Los ritos de iniciación en las culturas indígenas solían tener como elemento esencial el propósito de vivir una experiencia de la muerte. El objetivo era hacer posible de este modo la vida de un adulto maduro que vive su vida como una persona lógicamente ya fallecida, como alguien que no tiene la muerte delante de sí en el futuro, sino psicológicamente detrás de sí. Este tipo de iniciación era una experiencia personal y decididamente experiencia existencial ahora lo que para los iniciados de las culturas indígenas arcaicas era justamente una experiencia personal para el psicólogo moderno tiene que ser la muerte o deconstrucción de la constitución lógica ordinaria de esa conciencia que quiere hacer de la psicología una transformación metodológica, es fácil ver que esto la diferencia entre las iniciaciones arcaicas y la transformación moderna de la conciencia es la misma diferencia en el nivel práctico que la teórica mencionada antes, es decir, la diferencia entre el mito que inevitablemente viene en forma imaginal y la psicología no debe caer en esta forma imaginal
El segundo error tiene que ver con cómo uno ve las figuras que aparecen en el mito. Obviamente es muy fácil y seductor leer un mito más o menos de la misma manera que leemos nuestras novelas o cuentos, las cuales tratan sobre personas que tienen sus propios personajes particulares, deseos, miedos, intenciones, etc. Pero el mito no se trata de personas como seres humanos. Acteón no se siente movido por el deseo de ir a cazar, ni se excita sexualmente al ver a Artemisa desnuda, ni siente remordimientos, ni sufre al ser despedazado por sus propios perros. De la misma manera Artemisa no está enfurecida por estar congelada y no quiere vengarse, las figuras de los mitos no son personas, son visualizaciones y personalizaciones de conceptos o, mejor dicho, de funciones, su comportamiento no se debe a ninguna motivación personal, sino que sus acciones son el paso a paso, de la explicación de las diferentes facetas de lo que son de la lógica interna de esa función particular que en cada caso representan. Estas figuras simplemente desempeñan sus roles asignados dictados por la necesidad objetiva superior del concepto, o la verdad del alma que el mito retrata. Podríamos llamar al segundo error: el de introducir de contrabando el ego sentimental, del sujeto moderno, en tales figuras.
El tercer error se acerca al segundo: consiste en ver las figuras del mito como individuos separados, individuos separados, como personas en la vida real, y ver sus acciones e interacciones con los demás, como sucesos, algo así como eventos contingentes en analogía con las interacciones de la vida real. Pero aquí nuevamente tengo que enfatizar que desde un punto de vista psicológico en los mitos no sucede nada, los sentimiento en los mitos no tienen una existencia separada, sino que en cada mito en particular estas figuras son desde el principio contrapartes coexistentes entre sí y se definen mutuamente en la vida real cuando una persona dice que su esposo muere, otra persona en mi examen la mayor parte de la mitología muestra que los arquetipos o la lógica de las verdades del alma no son entidades estáticas, el hecho de que tienen tal complejidad interna de su lógica es una de las razones principales por las que pienso en la vida lógica del alma. Están vibrantes de vida, pero esta vida es vida lógica.
Aquí, al final de mi charla, finalmente puedo describir el segundo aspecto que tiene el término lógico en mi psicología: se refiere a la dinámica interna que se desarrolla y que prevalece en tales verdades del alma y se refiere a la consistencia interna, de hecho, al carácter de necesidad absoluta de todos los diferentes momentos y aspectos que hace, por ejemplo, de un mito, un coherente y unificada totalidad.
Gracias, muchas gracias por su atención.
