Enmudecidos redondos, cierran suaves sus cortos superficiales. Un húmedo llano toca pacientemente aquellas nimias tempestuosas y una articulada, voluptuosa, retira su rojo fluyente de tu elíptico y encantador lindante.
¿Recuerdas acaso el líquido resplandor que sobre tu largo hiladizo despertaba a la fragmentaria suavidad del lento carmesí moribundo? ¿Recuerdas el punzante agudo, las intempestivas mesurables pasando a nuestro lado, destruyendo nuestro fluir, amando nuestro silencioso resquebrajamiento?
Una última luminosa descubre las cuadradas, planas, instancias, que semejan, acaso, nuestra propia larga duración. No estarás ahí otra vez, o estarás pero de forma diferente. Los lentos espiroidales susurrantes, el viejo y suave rectangular, la fría y desierta mullida, tal vez te rememoren, pero la antigua oscura vigilante se acerca y mi profunda trivial ya se despide de tu haz desesperante.
