La psicoterapia es, antes que nada, un negocio

Logos del alma

Solo por medio del autoengaño los psicoterapeutas podemos adornar la labor terapéutica como la búsqueda del verdadero ser, de la individuación o del bienestar del paciente y observar el espacio terapéutico como un antiguo y sagrado temenos. Lo cierto es que la psicoterapia es, antes que nada, un negocio que vende un producto especifico: la narrativa posmoderna del sujeto como objeto de mercado o la búsqueda del significado, que no es sino un escape, entre tantos, de la consciencia de la inanidad del hombre que vaga desnudo por su propia existencia.

Tampoco es, esencialmente, una labor de ayuda, pues en cuanto la psicoterapia trata de ser una actividad de indulgencia se topa indefectiblemente con las relaciones transferenciales que limitan la acción del terapeuta y que convierten al paciente en el objeto del gozo del psicólogo. Así mismo, la psicología nada tiene que ver con el mejoramiento del mundo ya que su narrativa está al servicio de un dogma particular que es la acumulación y la proliferación del capital, que se dirigen a la logizización del mundo y su conversión en mera información, a la encarnación del Logos, paradójicamente, al precio de la destrucción de todo sustrato positivo.

Pero el hecho del trasfondo pecuniario de este trabajo no funge en detrimento de su dignidad, pues el terapeuta es un sujeto atado a su entorno social, que requiere un medio para vivir y las herramientas necesarias para su profesionalización. Hay un mercado que requiere su acción y su preparación. La inflación de su labor, al contrario, con términos míticos o alusiones a contextos sagrados, o con objetivos humanitarios, no permite ver la importancia justa de su actividad y la ensalza de forma neurótica, condenando el trabajo en terapia a la búsqueda de subterfugios ante la banalidad de su propósito.

La psicoterapia es una forma de ganarse la vida, por medio de una vía determinada por el espíritu de la época y depende del terapeuta hacerlo eficazmente y, si es posible, con un tanto de honestidad.

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