¿Qué significa “pensar” en la obra de Wolfgang Giegerich?

Logos del alma

Cuando se habla de pensar en la obra de Giegerich no estamos ante algo dado o sobreentendido, es una idea que hay que aprender en su transcurso. Si quisiéramos calcificarla en una definición o insinuar que ya se sabe de lo que estamos tratando tendríamos una idea falsa, un fenómeno a medias entre su verdad y el ocultamiento de la misma. Por ello es que pensar, primero que nada, tiene que ser entendido como un proceso que se despliega, no como una categoría que encierra y clasifica para posteriormente ofrecer digerido aquello que se quiere entender. Pensar, en cambio, es actividad, solo productividad en sí misma, pero ¿de quién?.

Dice Giegerich: “El sujeto o el agente del propio pensamiento, del verdadero pensamiento, por contraste, no es el ego, no es la gente, sino, hablando mitológicamente, es «el alma». Pensar es una actividad del no-ego.” Esto no quiere decir que quien piensa sea el alma en lugar de ego, como si cambiáramos simplemente de sujeto. El que el alma sea quien piense supone que el alma misma es pensamiento, pensamiento en el proceso de pensarse a sí mismo. Es decir, que todo ello no ocurre como una posibilidad en algún ente, corpóreo o incorpóreo, pues es un proceso lógico que se desarrolla de manera negativa, por ello Giegerich lo refiere al “no-ego”, que es el ego que no es ego, o la negación del ego en sí mismo, que no es otro ego positivo sino la negatividad de la posición lógica del ego, cuya noción ha sido liberada de su “literalidad” e interiorizada en el acto de pensar. Toda esta jerga, que en Giegerich es muy clara si uno se adentra en sus escritos, quiere decir que el alma es su propio proceso de desenvolvimiento en lo real, no es otra cosa que movimiento, pero no físico sino noético.

Si bien la jerga de Giegerich es compleja, se debe entender que él mismo no trata un tema simple, sino que habla sobre una dimensión que no es abordada en la psicología académica, misma que se ha esforzado por ser solo una practica tecnológica. Pero la psicología no tendría que ser una técnica en busca de eficiencia sino una disciplina que se ocupe del alma y su desarrollo, por ello se hecha mano de una base filosófica que entiende mejor los fenómenos noéticos, y sin embargo tampoco la psicología se reduce a la filosofía, mas bien la supera precisamente al rechazar la sistematización de una teoría y centrarse en la propia teoría que el alma proponga, el psicólogo es un naturalista negativo, pues no observa para aprender, sino que en su investigación él mismo es aprendido, diría Giegerich que el cazador es devorado por sus propios perros.

Tales consideraciones impiden que el proceso de pensar se reifique en dos posiciones clásicas, una es la del pensamiento como proceso cognitivo o como función psíquica de orientación, siendo esta una explicación mecanizada que trata de explicar particularidades del fenómeno psíquico orientado a la ubicación del ego en la realidad. Esta posición provee de una herramienta muy sencilla para los psicólogos-técnicos que buscan clasificar y reducir el fenómeno psíquico a su mínima expresión para poder entenderlo, pero esto no es sino técnica en el sentido en que Heidegger alude cuando dice que la ciencia no piensa. La otra posición que no tiene que ver con el pensamiento es la lógica formal que busca pensar de manera adecuada y que dice Giegerich, abstrae doblemente el fenómeno, pues lo descontextualiza y luego lo reduce a signos.

Entonces pensar no es ni una función del ego, ni una manera de aprender la realidad. Es el alma, como movimiento lógico, en el acto tautológico de pensarse a sí misma. Por lo tanto, al hablar de este termino no se alude a la cognición o las funciones psíquicas individuales, y cuando se dice que el alma siempre piensa es un descuido confundirlo con racionalismo, pues esta confusión indica que aun no se ha podido acceder a la importancia del tema que aquí se trata ya que se viene vestido de calle a la gran fiesta a la que se nos ha invitado, misma a la que para entrar hay que quedarse fuera, es decir, que para entender primero hay que asumir que quien entiende no será el ego sino el alma, un proceso de sacrificio que no todos están dispuestos a hacer, y que no trae recompensas, sino solo disolución, pues el verdadero psicólogo no es el sujeto sino la vida lógica.

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