“Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso…”
F. Nietzsche
La psicología, de forma inadvertida, es la narrativa moderna cuya función es ser un refugio del hombre ante al nihilismo, así que crea ídolos ahí donde el martillo de la historia los había derrumbado, una de las imágenes que prueban este hecho es el esquema crisis-renacimiento que presupone que de un momento caótico o angustiante devendrá, si el sujeto así lo desea, el aprendizaje, la riqueza y el crecimiento, tal afirmación se deriva de la antigua creencia cristiana sobre el paraíso prometido, al que el buen creyente podrá ir después de sufrir lo suficiente en este mundo.
Tal modelo de relación con la propia experiencia indica varias situaciones en cuanto al papel de la psicología en el discurso moderno. Una de ellas es que los objetivos psicoterapéuticos tienen su raíz en el anterior contexto religioso y reproducen la moral cristiana de la que Nietzsche sospechaba con tanta vehemencia. También, dicha imagen, confiere al hombre un papel determinante en los procesos psíquicos que le acaecen, con toda la inflación y el peso producidos por asumir un destino que no le es propio, circunstancia a la cual los primeros psicólogos llamaron neurosis. Por último, propone que el sujeto, frente a la realidad, solo debe atender a su experiencia si ésta le es favorable, aunque sea como promesa, delirando con un falso sentido de control sobre la misma.
El nihilismo es la pérdida necesaria de los antiguos valores, la muerte de Dios como representante de un mundo que ya ha transitado a una forma inédita de sí mismo ¿no es acaso, esperar un futuro propicio un mecanismo de defensa contra el vacío de la existencia, contra la falta de significado propia del crepúsculo de una cosmovisión moribunda? La idea de un buen porvenir alivia la angustia ante la incertidumbre, pero a la vez prueba la verdad de los tiempos presentes, que ya no hay significado y que solo podemos acceder a éste a través de crearlo artificialmente con propósitos meramente personales.
Pensar que los sucesos están hechos para la superación personal del sujeto o que el individuo debe aprovecharlos ¿no expresa un exceso de importancia personal? ¿No es una muestra de soberbia? ¿Y no implica esta soberbia un complejo de inferioridad de la especie humana?
¿Qué pasaría si el hombre asumiera que el mundo es caótico, que la crisis es una constante de la existencia y que no necesariamente habrá un buen final para los sucesos? ¿Qué pasaría si entendiera que la realidad no está hecha a su imagen y semejanza sino que son los fenómenos los que transitan hacia sí mismos y solo como agregado podrá acaso sacar algún partido, que por supuesto siempre será efímero? Y además ¿Cómo sería una psicología liberada de su necesidad de mejorar al individuo, de generar significado, de curar, es decir, emancipada del proyecto de alejar al sujeto de sí mismo y de la lógica del alma?
