El uso del lenguaje “vulgar” en la interacción del docente con el alumno

Educación posmoderna

De acuerdo a las normas institucionales que rigen el trabajo del servidor publico y especialmente del trabajo docente, una de las pautas de interacción que deben de seguirse es el decoro en el lenguaje y la actuación en la relación del trabajador con su medio laboral. Lo cual implica mostrar un léxico adecuado al trabajo que se desempeña y una apariencia que destaque los valores que la institución en cuestión pretende formar en los educandos. Sin embargo, en el trabajo cotidiano con los alumnos surgen algunas premisas que es debido analizar ante las categorías de respeto y de decoro.

El trabajo del docente  requiere, en la practica, lograr un ambiente confortable y de desarrollo socioemocional en el salón de clases, en la interacción con los alumnos, en la relación con los directivos y en el trato hacia los padres de familia. El énfasis en el decoro recae en el trabajo con los jóvenes pues se tiene la creencia de que su léxico, así como sus valores y conducta, están en desarrollo y requieren ser moldeados, llevándolos del estado de precariedad lexicológica al uso adecuado, es decir, adulto del lenguaje. Se concibe entonces a los jóvenes como adultos en potencia cuya incompletitud está implicita en su condición adolescente.

Sin embargo, se omite la situación de que el lenguaje indecoroso, como lo son las groserías, las observaciones vulgares, las formas escatologícas verbales, asi como los mensajes sexualizantes, tienen funciones sociales importantes y juegan un papel relevante en la asunción de la identidad personal, entre estas funciones están:

  • La formación de la autonomía del sujeto ante el lenguaje “adulto” de casa, situación que promueve la construcción de la identidad al ser capaz de romper los tabúes que son impuestos de forma arbitraria, lo que es necesario para el proceso de convertirse en uno mismo, de acuerdo las teorías psicodinámicas.
  • El uso de las emociones consideradas negativas como forma de integración de lo reprimido en la consciencia del sujeto, pues contrario de lo que se piensa el lenguaje soez es usado de forma cotidiana entre pares como una manera inerme de expresar emociones agresivas y de poder canalizarlas sin la necesidad de un daño real. Por lo cual, el uso de las expresiones vulgares tiene como efecto la disminución de los conflictos intergrupales, pues permite el “desahogo” de procesos emocionales que cuando son reprimidos, por la moral y las buenas costumbre, resultan en explosiones temperamentales y exabruptos que en el salón de clases se traslucen en peleas físicas y continuos conflictos interpersonales.
  • La integración del alumno entre pares a través de formas de expresión llamadas indebidas, por que contravienen las reglas morales, lo que permite la configuración de lazos de lealtad que fomentan su autonomía y la socialización de manera más adecuada, es decir, que los jóvenes utilizan el lenguaje vulgar como un conjunto de códigos que los distinguen y les dan pertenencia en su circulo social.
  • Las groserías también son factores de resiliencia pues fomentan la capacidad del sujeto de afrontar el dolor físico y emocional de manera activa y compartida.
  • En los círculos sociales juveniles, las vulgaridades tienen un efecto de solidaridad y camaradería, lo que permite, como se ha dicho, la integración de los alumnos a los grupos de convivencia que les son benéficos para la estructuración de su ser social.
  • Entre otros beneficios y necesidades, el uso de formas vulgares del lenguaje también desarrolla las capacidades intelectuales, pues los juegos que surgen del uso de ese tipo de léxico son verderamente complejos, como en el caso de los albures que potencian habilidades cognitivas y verbales. Al contrario de lo que se piensa el uso ingenioso de las groserías es llevado a cabo en círculos donde las habilidades intelectuales son altas.
  • También, el uso de las groserías, ofrece una imagen de honestidad y claridad de quién las emite, por lo cual un mensaje donde estan dichas con propósitos instruccionales tendrá mayor efecto que aquel en el que solo se utilizan palabras decorosas, pues el uso exagerado de estas últimas denota, al contrario, deshonestidad y opacidad en las intenciones.
  • Por último, las bromas de carácter sexual permiten el acercamiento a tales temas cuya conotación social es represiva, hablar de forma velada de temas que tiene que ver con su vida erotica da la apretura de construir, entre pares, una imageneria sobre lo realcionado con la sexualidad, que es parte primordial del sujeto en esta etapa de su existencia.

Entre otras características se puede observar que las palabras y comportamientos soeces son parte de la identidad juvenil y de la camaradería en todas los estadios de la vida. Por ello el docente necesita revisar la importancia de este tipo de lenguaje en la interacción con los educandos, pues el uso de las groserías permite entre otras cosas: disminuir los conflictos intergrupales, construir un liderazgo integrativo por parte del docente al permitir que el estudiante se sienta aceptado como un sujeto por derecho propio, fomentar la construcción de la autonomía del joven y que el docente pueda comunicarse de forma más honesta con sus alumnos y no desde el pedestal de la pedantería formal. Esto siempre y cuando sea utilizado como una herramienta psicopedagógica, que tome en cuenta que el alumno y el docente utilizaran estos códigos en forma de mutuo acuerdo y de manera limitada, pues es debido respetar las formas institucionales, lo cual requiere que la linea de demarcación recaiga en aquellos que no comparten este tipo de acuerdo de lenguaje y en las reglas propias de la institución, esto implica el aprendizaje de que hay un equilibrio entre un lenguaje que permite la expresión honesta de la personalidad y la asunción de reglas de comportamiento.

Ademas de estos elementos, el lenguaje vulgar con los alumnos utilizado como forma de interacción psicopedagógica, advirtiendo con antelación que será un acuerdo que terminará cuando alguien se sienta incomodo con las expresiones, uno de los efectos colaterales es coadyuvante en el mejoramiento del rendimiento académico, situación que atribuida a la comodidad del ambiente que se construye en la permisividad de las expresiones emocionales que comúnmente son vistas como negativas, pero que son necesarias para la integración del sujeto consigo mismo y con su medio.

Por lo tanto, en la relación con el adolescente se debe revisar la contigüidad del respeto y el decoro, pues específicamente en ese momento del propio desarrollo, el respeto implica la aceptación de la persona con sus formas particulares de interacción y el lenguaje que le es particular para poder expresar sus emociones reprimidas de forma adecuada, aunque esto conlleve formas de interacción que no se adecuan al modelo social de decoro.

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