Se propone la enseñanza de valores como una panacea para hacer mejor al hombre, pero todavía no nos preguntamos: ¿De dónde vienen nuestros valores? ¿A quién sirven? ¿Qué es un hombre bueno? Y antes aún: ¿Qué es el hombre? La enseñanza de los valores es vacía si no se ha observado detenidamente el suelo en que se sostienen, los valores tradicionales enseñados en las escuelas son enfermedades que laceran el corazón del hombre moderno y debilitan su espíritu pues le enseñan a ver desde abajo, cuando su vista naturalmente busca la perspectiva del ave que surca el cielo.
