Que difícil es hablar de este punto con los docentes, no se entiende (y me parece que no se entenderá en mucho tiempo) que el respeto por el alumno es una practica necesaria para la enseñanza y que ese respeto implica respetar la alteridad del educando y no simplemente coaccionarlo a seguir normas que para él no tienen sentido. Respetar a un alumno es observar su propia autonomía y ayudarlo a desarrollarla, incluso imitando su semántica, no decirle: “Te respeto siempre y cuando actúes como yo quiero, con el lenguaje que a mi me parece adecuado y con la conducta que yo se que es buena para ti”, esta última es la postura neurótica de la docencia. Paulo Freire lo entendía mejor:
”El profesor que menosprecia la curiosidad del educando, su gusto estético, su inquietud, su lenguaje, más precisamente su sintaxis y su prosodia; el profesor que trata con ironía al alumno, que lo minimiza, que lo manda «ponerse en su lugar» al más leve indicio de su rebeldía legítima, así como el profesor que elude el cumplimiento de su deber de poner límites a la libertad del alumno, que esquiva el deber de enseñar, de estar respetuosamente presente en la experiencia formadora del educando, transgrede los principios fundamentalmente éticos de nuestra existencia.”
Paulo Freire, “Pedagogía de la autonomía”
