Del sacrificio

Logos del alma

En la cultura azteca se alimentaba al dios sol con los corazones de hombres que les eran extraídos mientras aun estaban con vida, los Olmecas mucho antes que ellos sacrificaban niños al dios de la lluvia. Toltecas, Mayas, Totonacas, mataban, degollaban e incluso comían la carne de sus prisioneros, fueran niños o adultos. La masacre era, por así decirlo, el pan de cada día. Cuando sucedió la conquista, las culturas precolombinas fueron sacrificadas, diezmadas, su última sangre fue derramada a un dios que sacrifica a su hijo, que se sacrifica a sí mismo para existir.

La lógica de la destrucción y la violencia recorre la historia. Somos herederos de la sed de sangre, de la vida que se destruye a sí misma para perdurar.

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